Hola.

Perdonen la tardanza pero aquí tienen el nuevo. Espero lo disfruten y por favor espero sus comentarios y sugerencias.

evazqueen: Qué gusto que te gustó. Fue una equivocación en personajes pero ya corregí. Regina es difícil enojada pero Emma siempre ha sabido cómo calmarla. Gracias por leer.

CrimsonSavior: Es una cita que no es una cita, ahora que leas el capitulo entenderás. Espero disfrutes éste, gracias a ti por leer.

Guest: Me gusta que los personajes expongan sus razones, que te sientas parte dé. Gracias por leer. Espero que disfrutes éste tanto como el anterior.

15marday: Una disculpa la tardanza pero espero que lo valga. Gracias por leer.

Julianny : Será una Emma más atrevida en los siguientes capítulos y una Regina con sus reservas. Espero disfrutes éste también. Gracias por leer.

Guest: Muchas gracias por los ánimos. A ver qué te parece éste. Gracias por leer.

CAPITULO VII. El que se involucra pierde.

El taxi no duro más de 15 minutos en llevarla a casa. No le quedaba claro cómo fue que pasó de tener un sábado tranquilo y de trabajo a un sábado en el que comería con Emma Swan. Era una situación muy extraña la que vivía con Emma, le daba miedo la conexión que sentía con ella y era por eso que no quería tenerla cerca pero cuando la tenía cerca no podía evitar coquetear con ella, era algo que salía de forma natural. No le gustaba las atribuciones que se había tomado con ella, no le gustaba que invadiera su espacio personal pero lo que menos le gustaba era el efecto que tenía en ella cuando lo hacía. ¿Dónde había quedado la Emma nerviosa y tímida que había pisado su oficina o la que le marcó para decirle que no a mi editorial? pensó.

La actitud de Emma la tenía desconcertada pero por mucho que quisiera negarlo también le atraía, no estaba acostumbrada a alguien así. Regularmente era ella la que seduce, la que pone nerviosa, la que se acerca y confunde, no era presa Regina Mills siempre era el cazador. ¿Emma quería jugar con fuego? pues entonces se iba a quemar. Ella también sabía cómo jugar ese juego, era experta en ello. Evidentemente le provocaba cosas, de nada serviría negarlo ya pero no era tan tonta como para involucrarse en una relación donde el control no lo tuviera ella o al menos eso creía. La verdad es que no le interesa tener una relación con ella es sólo que no iba a permitir que la intimidara, es una cuestión de orgullo y de poder. Era medio día y tenía sólo dos horas para estar lista, 'Son suficientes' pensó. Iba a ser en definitiva un día muy interesante.

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Empezaba a ponerse ansiosa, perdió 40 minutos tratando de convencer a Graham de que le hiciera el favor, tenía resaca y se rehusaba a ir a trabajar. Finalmente dijo que sí cuando ofreció dos semanas de papeleo y lavar su patrulla por una semana entera. Era poco para lo que obtendría. La morena valía eso y más.

Había recogido su escarabajo en la comisaría y estaba a punto de llegar a casa de Elsa, le había marcado apenas Regina se había marchado, no le había explicado nada sólo le pidió que la recibiera en su departamento y la ayudara a vestirse, tenía una 'cita no-cita' y quería dar una buena impresión. Era una suerte que la casa de Regina estuviera a tan sólo diez minutos de la de Elsa. Tenía cuarenta minutos para estar lista. Definitivamente empezaba a ponerse muy ansiosa. Llegó a casa de su mejor amiga y rápidamente tocó el timbre, Elsa abrió y sin siquiera saludar se pasó, no quería perder más tiempo.

-Elsa, necesito tu ayuda. Tengo una cita que no es una cita, es mas bien el pago de un favor pero digamos que quisiera que fuera una cita o pensándolo bien no, pero la mujer me gusta, me gusta muchísimo. Necesito verme bien.- Mientras decía todo esto se iba quitando la ropa para quedar sólo en ropa interior, no podía perder más tiempo. -Para serte sincera había pensado que podía mantenerme alejada y dejarla tranquila ya sabes que estoy rota, sentimentalmente hablando digo, pero el destino la puso de nuevo en mi camino y digo claro que tengo fuerza de voluntad pero si la vieras en ese vestido negro montada en el capo de mi patrulla tu fuerza de voluntad se iría al diablo, exactamente como la mía.- Miró a su amiga esperando su opinión de todo lo que había dicho. Elsa la miraba con los brazos cruzadas entre divertida y preocupada.

-¿Estás borracha Emma?- Sabía que no lo estaba pero le gustaba hacer enojar a su amiga. Con que esto es lo que te pasaba, pensó. Tenía unos días muy rara, desde el miércoles para ser exacta, le había preguntado qué le pasaba pero Emma se había cerrado en banda, no quiso soltar prenda y ella le dio tiempo, Emma vendría cuando estuviera lista, la conocía demasiado bien. Y mírala ahora, en su sala, en ropa interior, balbuceando algo sobre citas que no eran citas, vestidos negros, fuerza de voluntad y la necesidad de verse bien. En definitiva algo le había pasado a su amiga en estos días o más bien alguien.

-No tengo tiempo para tus bromas Elsa.- Soltó una Emma desesperada. Sabía que Elsa se pondría pesada porque no había querido decirle nada y de pronto estaba en su casa. -Ayúdame Elsa, por favor. Te prometo que terminando mi no-cita vendré para acá y me quedaré contigo, te contaré todo pero por favor.- Puso cara de cachorro y juntó sus manos en señal de suplica.

-Está bien, está bien. Agradece que tengas esa cara bonita a la que es muy difícil decirle que no.- Empezó a moverse hacia su habitación. -¿A dónde irán? ¿Cómo quieres verte, muy elegante, sexy, recatada? Necesito ideas para empezar a darte opciones.- Entró a su recámara y abrió su gran armario, tenía vestidos para toda ocasión y aunque Emma era un poco más menuda que ella, regularmente les quedaban las mismas cosas. -Empieza a contarme algo de esta mujer, ¿Dónde la conociste? ¿Quién es?

-Gracias, gracias, gracias.- La seguí y la abracé por la espalda. -No se qué haría yo sin ti. Pues no estoy muy segura, no quiero algo muy elaborado, no quiero que piense que me estoy quebrando la cabeza por ella, supongo que casual pero sexy, pero no muy sexy como desesperada sino más bien como 'en este outfit sencillo también me veo hermosa y tengo un cuerpo de infarto'

-Jajaja, ¿Estás esperando que un outfit diga todo eso? estás loca pero creo que entiendo un poco cuál es la idea que quieres. Déjame empezar a buscar algo. Mientras tanto empieza a hablar, rubia. Tienes media hora para darme un adelanto de quién te ha robado el corazón.- Empezó a sacar la ropa, sabía perfectamente qué era lo que se tenga que poner su amiga. Tomó un suéter largo color rojo, unas mallas negras y un abrigo a cuadros, botas cortas de media altura. Era el outfit perfecto, cuando se quite el abrigo va a mostrar sus bien formadas piernas y la tomará por sorpresa, pensó.

-Pues es una larga historia. Te voy a decir la versión corta. Me llamaron para publicar el libro, ahí la conocí, se llama Regina y me ofreció un contrato pero no lo acepté. Hace un rato tuvo un accidente y yo le ayudé con eso a cambio de una comida, aceptó y yo quise cobrarla hoy.- Empezaba a ponerse la ropa que su amiga había dejado en la cama. Hacía como que estaba concentrada en vestirse, no quería mirarla, sabía que en cuanto lo hiciera Elsa se daría cuenta que iba más allá de lo que decía.

Estaba ya muy nerviosa y no quería escucharla, ya sabía lo que le diría, por eso no había querido decirle lo que había pasado. Estaba en sus planes olvidarlo todo y hacer como que nada había pasado. Todo iba bien, claro que había estado algo distraída y triste pero tenía muy claro que en esta vida todo pasa, que algunas veces sólo necesitamos tiempo para dejar ir. Pero ver a Regina la trastornó, lo que un principio habían sido nervios por el libro y por lo que sintió cuando la conoció se había convertido en ganas de conocerla más, de tenerla cerca, se sentía como las abejas con la miel.

Cuando la vio en el accidente había olvidado todos los nervios que sitió y de pronto había sido ella, la Emma Swan que cuando alguien le gusta coquetea y consigue lo que quiere y lo había hecho, tenía su comida, ahora quería su teléfono y haría lo que fuera necesario para tenerlo.

Elsa la miraba suspicaz, su amiga se había quedado pensando con una bota en la mano. Era extraño verla así de nerviosa por una mujer que acababa de conocer. Emma era una mujer muy segura y no solía pedirle consejo para una cita, de hecho casi no hablaban de las mujeres con las que se metía porque sabía que no estaba de acuerdo con esa forma de llevar las cosas. Quería que su amiga fuera feliz pero no podía con esa rubia cuando intentaba hablar del tema.

-¡Emma, despierta! se te va a hacer tarde.- Le encantaba ver a su amiga así, quizá esta persona fuera diferente a las otras y ella fuera capaz de hacer cambiar de idea a su amiga. Ya estaba logrando cosas que excluyendo a Lily nadie más había conseguido.

-¡Me estas distrayendo Elsa!, deja de preguntarme tonterías que ya voy tarde.- Terminó de vestirse y le pidió a su amiga que la maquillara. Fue algo sencillo y muy natural. Ahora empezaba a sentirse mareada, faltaban ya quince minutos. Si lograba llegar a tiempo sería un verdadero milagro. -Me voy, Elsa. No le gusta la impuntualidad, me lo advirtió. Muchas gracias por todo, te debo una.- Dijo todo esto mientras tomaba la bolsa que su amiga le había preparado mientras ella se cambiaba y corría hacia la puerta. -¡Deséame suerte!- Gritó mientras subía a su escarabajo.

-¡Suerte! No olvides pasarte más tarde, rubia.- Sonrió. Definitivamente esta vez será diferente.

Tranquilízate Emma, es sólo el pago de un favor, además tu fuiste la que insististe en que fuera hoy, es sólo una comida con una conocida y nada más, pensó. No podía estar más nerviosa, ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo debía comportarse? No sabía qué hacer, por un lado quería coquetear con ella y ver a dónde podía llegar todo esto pero por otro no quería lastimarla, sabía de antemano que lo haría, era un rompecorazones hecha y derecha. Los sensaciones que Regina le producía eran muy intensas y algunas nunca las había sentido al menos no por alguien. Aunque no quería aceptarlo más que lastimar a Regina a lo que más miedo le daba era que llegado el momento no iba a poder alejarse y que la que terminara lastimada fuera ella. Por eso no había aceptado, por eso quería mantenerse lejos.

Inmersa en todos esos pensamiento llegó a la casa de la morena. Faltaban tres minutos para las 2 de la tarde, justo a tiempo, pensó. Salió de su escarabajo amarillo y se miró en el espejo del automóvil, le gustó lo que mostraba, sonrió. No podía fingir ni pretender alguien que no era, no le gustaban las mentiras y no era buena diciéndolas, antes que decirlas había preferido no estar cerca de Regina pero ahora que todo se había salido de control ya no quería alejarse quería ser Emma y nada más.

Ya frente a la casa de Regina respiró profundo y tocó el timbre.

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Tenía treinta minutos que estaba lista, no le había costado mucho trabajo decidir qué ponerse, sabía perfectamente la impresión que quería dar y estaba segura de que lo conseguiría.

Se preparó un café para calmar los nervios que empezaban a manifestarse con un ligero temblor en las manos y esas mariposas infernales que se habían instalado de forma permanente en su estómago. No estaba segura de cómo reaccionaría, cuando tenía a Emma cerca no era capaz de controlar lo que hacía y mucho menos lo que decía.

Tenía que pensar un plan, le gustaba trabajar así, no era partidaria de las improvisaciones. Le pagaría la comida que le debía, agradecería el favor, trataría de convencerla para que firmara con la editorial, un último esfuerzo.

Iba a ser Regina Mills la mujer de negocios que arrasaba a su paso y si en el camino estaba Emma Swan pues tendría que pasar sobre ella también. No creía mucho en esto último pero se lo repetía constantemente necesitaba creérselo.

El timbre sonó y su corazón dio un salto, había llegado. Puntual. Rápidamente tomó su bolsa y se acercó al espejo del vestíbulo para mirarse una última vez. Estaba conforme. Sonrió y se precipito a la puerta. Jugar con fuego siempre le había iluminado la sonrisa. Aquí voy, pensó.

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La primera vez que la vio le sorprendió lo hermosa que era, entró en el café y no pudo quitarle los ojos de encima, imponía con su elegancia, era ese tipo de mujer que uno no conoce y aún así te atrapa. Después ocurrió la reunión y ahí le asombró lo imponente que resultaba cuando de negocios se trataba, irradiaba confianza y al escucharla hablar se dio cuenta que era brillante, entendía perfectamente la razón por la que su Editorial era un éxito. Tras esas dos ocasiones se dio cuenta que nunca había conocido a una mujer así, se dio cuenta que Regina Mills era una mujer diferente. Después vino lo del accidente y ahí se entero del carácter que tenía Regina, era una mujer fuerte y de armas tomar, no se dejaba intimidar y eso le gustó aún más. A pesar de lo poco que la había tratado se dio cuenta que cada que descubría una nueva particularidad la invitaba a conocerla. Era de esas mujeres a las que con el paso del tiempo uno se vuelve adicto y simplemente quiere más y más.

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Regina acababa de abrir la puerta y bastó verla para entender que quería correr el riesgo. La dejó sin aliento, el porte de esa mujer era algo que no se vena todos los días. Vestía un vestido azul de manga corta justo por debajo de la rodilla, medias negras y zapatos de tacón. Su maquillaje era perfecto, sus labios de rojo intenso y una media sonrisa dibujada en su rostro. Era tan jodidamente bella. No supo cuánto tiempo pasó admirándola, estaba inmersa en sus pensamientos, no era que no supiera qué decir era más bien que estaba pensando en lo única que era Regina, en lo mucho que le gustaría conocerla.

-Hola de nuevo, señorita Swan.- Sonreía. No estaba acostumbrada a dejarse dominar por los nervios. Había trabajado mucho para desaparecer esa sensación en su vida diaria. Casi nunca los experimentaba y cuando lo hacía sabía perfectamente cómo controlarlos.

-Estás preciosa.- Las palabras salieron antes de que Emma pudiera detenerlas. Ladeo la cabeza y le sonrió.

-Gracias, querida. Basta o vas a hacer que me sonroje.- Lo decía medio en broma, tratando de ocultar su creciente rubor. -¿Nos vamos?-

-Perdona, quería decir que estabas muy bonita con tu vestido y tus zapatos y ahora me callo.- Se golpeó la cabeza maldiciendo la bocota que tenía. Se aturdía cuando Regina estaba cerca y muy guapa y cerca. -Claro. Sígueme.- No podía creer lo hermosa que era, la presencia que tenía, no podía dejar de admirarla. Caminó hacía su escarabajo. Justo cuando iba a abrirle la puerta. La voz de Regina la sacó de su ensimismamiento.

-¿No pensará que voy a subirme a ese cacharro señorita Swan?- Tenía que ser una broma.

-¿Lo dices por mi bonito escarabajo?- Paso cara de circunstancia, le haces gracia la cara que Regina había puesto a su carro. -Venga Regina, uno: tiene sentimientos así que no le hables tan fuerte o no lo hará pagar. Dos: tienes que conocerlo para que pueda enamorarte, dale una oportunidad y no te defraudará y tres no tienes carro debido al pequeño problema que tuviste en la mañana así que no tienes otra opción.- Sonrió al recordar a la Regina enojada de la mañana y abrió la puerta de su escarabajo. -Sube anda que tengo hambre, un accidente tempranero me mantuvo muy ocupada y no me dio oportunidad de desayunar como se debe.- Le guiño un ojo.

-Tampoco es que hayas estado toda la mañana ocupada en mi caso. Creo que tiene tendencia a exagerar un poco las cosas señorita Swan.- Cruzó los brazos sobre el pecho. -Está bien. Yo también tengo un poco de hambre así que vamos.- Se subió al carro y espero a que Emma diera la vuelta. Estaba tensa, no creía que Emma se hubiera dado cuenta de la forma en que la había observado mientras iban había el carro. Las piernas de Emma eran cosa sería, era muy hermosa y en verdad le costaba concentrarse cuando la veía a los ojos. -¿Ya sabe a donde iremos?

-Sí, lo estuve meditando mucho y conozco un restaurante de comida italiana que creo que podría gustarte, es muy tranquilo y podrás contarme cómo es que te metes en un accidente en un sábado por la mañana cuando todo mundo debería estar durmiendo.- La miró de reojo, esa cicatriz la estaba desquiciando.

-Lo que usted quiera señorita Swan, le recuerdo que la que tiene que pagar el favor soy yo. Habemos personas que nos levantamos temprano y somos felices con ello, no necesitamos una razón en particular.- Miraba por la ventana, no quería tener contacto visual con Emma, por lo menos no hasta llegar a su destino.

-Venga que puedes llamarme Emma, yo te estoy llamando Regina desde el accidente ya.- Emma manejaba tranquila, sin ninguna prisa, quería disfrutar ese momento a su lado.

-No la conozco señorita Swan, no tengo por qué darme esas atribuciones con usted.- Ya había notado que Emma siempre la había llamado Regina y ciertamente aunque sonara extraño no le molestaba cómo sonaba su nombre en su boca, le gustaba como lo paladeaba. Evidentemente preferiría cambiar su precioso Mercedes por ese cacharro antes que confesarlo.

-Pero podríamos conocernos, digo, es sólo una idea.- Le encantó como Regina, que no había querido mirarla desde que subieron al carro, había volteado a verla con una ceja levantada, intentando esconder una sonrisa, pero Emma sabía que estaba ahí.

-¿Es usted siempre así de coqueta, Swan?.- Le sorprendía esa Emma, con su sonrisa picara y sus ojos verdes que la hacían perderse y recordar por qué estaba intentando esconder la sonrisa.

-Pues veras, es algo que tengo en mi naturaleza, pero no lo hago con todo el mundo. Podrías considerarte afortunada si me preguntas.- La miró sería y después le guiño un ojo.

-Pues qué suerte la mía entonces.- Estaba tratando del mantenerla a raya, cuando sentía que la controlaba Emma salía con una respuesta que la descoloraba. Gracias a Dios era muy buena controlando sus emociones.

-No, Regina. La que se llevó toda la suerte el día de hoy fui yo.- Sonrió. -Llegamos.-

Entregó el automóvil al valet del lugar. Entraron y Regina seguía burlándose de la cara que puso el chico cuando le recibió el carro.

-No te enojes, Swan. Evidentemente le sorprendió que siguiera en circulación un auto así, no podemos culparlo.- Volteó a mirarla y suspiro profundamente. Emma con esa cara de puchero conseguía que se olvidara de la burla y sólo quisiera ir y consolarla ¡Venga Regina! contrólate, pensó.

-No todos saben valorar los clásicos, es lo único que diré al respecto.- Estaba enfurruñada pero ver a Regina con esa sonrisa valía completamente la burla de la que había sido objeto.

Les guiaron a la mesa que Emma había reservado. Tenía que admitir Regina que era un lugar muy bonito, por lo menos el local era de su gusto.

-Buena tarde. Me llamo Emilio. Yo voy a ser su mesero el día de hoy. ¿Puedo traerles algo de beber?

-¿Vino?- Preguntó Regina, mientras veía la carta que les habían entregado.

-Por supuesto. ¿La botella?- Contestó con una media sonrisa.

-¿Intenta emborracharme, Swan?. Déjeme decirle que es prácticamente imposible. Ni lo intente.- Regina era muy buena tomando, era muy difícil que alguien consiguiera emborracharla. Le dedico una mirada profunda a Emma. Cuando a uno no puede decir lo que piensa son las miradas las que están cargadas de palabras.

-Por supuesto que no Regina, no esta noche por lo menos. Aunque podríamos apostar. Me gustan los retos sobre todo cuando tienen una bonita sonrisa.-

-Tráiganos éste por favor. La botella.- Dijo Regina al mesero. Señaló en la carta el vino que quería y regreso su atención a Emma.

-¿Qué tan inapropiado sería que intentara convencerla de reconsiderar lo de su manuscrito?- La miró directamente a los ojos y levanto una ceja. No iba a desaprovechar esa oportunidad para intentar atrapar a Emma, con suerte esa tarde no sólo pagaba una deuda sino podría salir con un libro en el bolsillo.

-¿Qué tan inapropiado sería decirte que si me miras así mientras me lo pides puedes quedártelo ahora mismo?- Emma la miraba embelesada. Esa mujer sabe qué hacer para conseguir lo que quiere, pensó. Emma ya sabes su respuesta, si Regina insistía le diré que sí con tal de tenerla cerca, pero si en el camino podía conseguir su teléfono u otra cena no estaría nada mal.

-—

La había visto desde que llegó. Regina Mills iluminaba el lugar en el que entraba, eso ya lo sabía. Estaba preciosa, como siempre. Con ese vestido y esa sonrisa. Venía acompañada por esa rubia, es bonita aunque más joven ¿Quién será? pensó. No sabía si debía saludar o no. Hacia tanto tiempo que no hablaban. Un sentimiento extraño le embargo, añoranza. Se levantó y camino hacia ella, no perdía nada.

- ¿Regina?

Gracias por comentarios y sugerencias. Espero les haya gustado.

Saludos.