Después de una noche mágica, llena de emociones desbordantes y peligro de caída en una torre de mas de trescientos metros, los dos intrépidos héroes de Paris supieron que su relación había cambiado para siempre. Se sentían eufóricos pero felices por sus sentimientos. No importaba nada mas. Sus kwamis respectivos se alegraban muchísimo por ellos y les costó conciliar el sueño. A pesar del riesgo que había supuesto desvelar sus identidades, la confianza fue clave.

A la mañana siguiente, Adrien se despertó de un salto, cinco minutos antes de que sonara la alarma. Su estado de ánimo era pletórico y lleno de energías. Se estiró cual felino y corrió al armario para prepararse e ir al instituto.

- ¡Plagg! ¡Vamos, marmota! ¡Espabila! –llamó al kwami con alegría.

El diminuto gatito negro bostezó en la mesa de noche y emitió algunos quejidos antes de abrir los ojos y flotar en el aire.

- ¿Alguien ha encendido la luz? –farfulló de mala gana.

El modelo trastabilló mientras intentaba ponerse la camisa y buscar sus zapatos. Nathalie llegaría en cualquier momento para el desayuno. Finalmente sus pies tropezaron con unos calcetines y cayó al suelo. Se quejó brevemente y volvió a levantarse.

- Plagg, ¿has visto mis playeras? –quiso saber algo nervioso.

- Debajo de la cama –replicó bostezando nuevamente.

- Gracias –se abalanzó sobre su objetivo y alcanzó sus zapatillas- vamos, tengo queso Camembert en la nevera.

- ¿Queso? ¿Dónde? ¿Dónde? –exigió saber el gatito abriendo mucho los ojos y revoloteando cerca de él.

Adrien sonrió satisfecho. Terminó de vestirse justo cuando Nathalie tocó a la puerta. La felicidad que el chico irradiaba fue contagiosa. Saludó de muy buen humor tanto a la mujer como a su padre en el comedor cuando desayunó y ni siquiera se quejó cuando le recordaron ciertas tareas en su agenda. Desayunó abundantemente y le dio un generoso trozo de queso a Plagg como le había prometido. La limusina lo llevó al instituto diez minutos antes de que el timbre sonara. Nino estaba en las escaleras y se sorprendió un poco al verlo.

- Buenos días, chaval –agitó la mano con entusiasmo y chocaron los puños cuando estuvieron cerca.

- Buenos días, auriculares –se burló amistosamente.

- Vaya, vaya, menudo humor. ¿Te levantaste con el pie derecho? –se rió con ganas. Lo notaba tan diferente. Despedía felicidad por los poros.

- Nunca me ha encontrado mejor en toda mi vida –confesó con una gran sonrisa.

- ¿Y no me piensas contar? –inquirió entrecerrando los ojos, fingiendo estar molesto.

- Te pareces a Alya –hizo una mueca de desagrado- ¿no se supone que quieres ser músico?

- ¡Oye! –abrió la boca en una gran "O", asombrado- eso no es justo.

El modelo se echó a reír al ver su cara. No se perdía detalle de su alrededor, esperaba ver a cierta personita con unas coletas y ese sonrojo irresistible. Y efectivamente, justo cuando estaba a punto de sonar el timbre, Alya y Marinette doblaron una esquina, caminando hacia la entrada. Su corazón latió desbocado en cuanto la vio. Era tan preciosa, tan linda. Un ángel. Ni Nino ni Alya se perdieron detalle de las expresiones de sus amigos en cuanto se vieron. Como era habitual, Marinette se sonrojó furiosamente y le temblaron las manos pero en esta ocasión, mantuvo su mirada, fascinada. Adrien, en cambio, lejos de ser tímido y haciendo honor a su osadía como Chat Noir, se acercó a ella. Por desgracia, el momento fue bruscamente interrumpido por la presencia de cierta rubia entrometida.

- ¡Adrien! –chilló Chloe emocionada, corriendo hacia su modelo favorito y apresarlo en un abrazo.

El rubio rodó los ojos y con un leve movimiento, se apartó lo justo para que ella tropezara y se cayera de bruces. La escena fue tan cómica que los estudiantes que aun estaban en la entrada, se rieron de ella.

- Perdona, Chloe, estoy ocupado –le dijo con arrogancia y retomó su camino hacia la peliazul.

Roja de vergüenza y cabreada por su mala pata, Chloe se incorporó con ayuda de Sabrina y pensaba recriminarle su actitud al modelo cuando presenció algo que le desencajó la mandíbula. Y no solo ella. Todos los presentes, en especial Alya y Nino, fueron testigos de cómo Adrien se acercaba a Marinette, la tomaba de la cintura para pegarla a su cuerpo y la besaba cálidamente. Ambos jóvenes se aislaron de su alrededor.

- ¡Marinette! ¡Marinette! ¡No puedes hacer eso! ¡Adrien Agreste es solo mío! –chilló Chloe, enloquecida de ver a esa perdedora besar a su modelo.

La peliazul, lejos de sentirse ofendida, rió entre los labios de su amado, plenamente feliz. Estaba sonrojada hasta las orejas pero le daba igual. Estar entre los brazos de Adrien le aportaba seguridad. Él rió con ella, ignorando los berridos de la rubia. Sin duda alguna, empezar los buenos días con un beso suyo era estar en la gloria. Sus mejores amigos los miraba en plan "¡Tenemos mucho de que hablar!". Mientras tanto, ese momento era solo de ellos.

Porque estaban hechos el uno para el otro.

-AUTORA-

Y aqui llega el fin de este fanfiction. Espero que os haya gustado y disfrutado tanto como yo de vosotros que me leeis. Si por lo que sea no estáis conformes con el final, puedo plantearme la posibilidad de ampliar el fic si asi lo deseais. Un saludo muy grande, mis queridos lectores.