Capítulo 7: Por hoy dejamos de ser enemigos.

Kenshin suspiró al aparcar el Ferrari delante de la puerta de su casa.

Era increíble que después de media hora aún siguiera excitado. Pero claro, no era de extrañar si tenía en cuenta que no dejaba de imaginársela desnuda bajo su cuerpo. Casi incluso podía sentir el contacto de sus manos sobre la piel.

Sacudió la cabeza y se bajó del coche. Al cerrar la puerta pasó la mano por la chapa.

¡Maldita valla! Había salido tan aprisa cuando había descubierto a los abuelos espiándolo, que no se había percatado de que el hueco para pasar el coche era estrecho, con lo cual, se había dejado parte de la pintura de su flamante Ferrari.

Maldijo de nuevo. Al día siguiente lo llevaría a reparar.

Entró en la casa a paso cansado. Le extrañó ver las luces encendidas. Normalmente a esas horas Megumi dormía. Miró alrededor ¿qué demonios pasaba allí¿dónde estaba su perro? El chucho siempre salía a babearlo cuando llegaba a casa.

Quizá estuviera con Ayame. Subió las escaleras y se dirigió al cuarto de su sobrina. Abrió la puerta con sigilo para no despertarla y sonrió al verla hecha un ovillo, con una mano apoyada en su mejilla y la cabeza de Notaro apoyada en su costado.

El perro lo miró y se dirigió hacia él. Kenshin lo acarició en la cabeza y tapó a Ayame con el edredón antes de salir y cerrar la puerta.

Se dirigió al cuarto de Megumi, y la vio dormida de costado con una mano bajo la cabeza y tapada hasta la barbilla. Sonrió. Se le habría olvidado apagar las luces. Siguió su camino hasta llegar a su cuarto.

Sabía que por más que lo intentara no podría dormir, así que se cambió el traje por unos vaqueros y una camiseta de deporte y salió de su cuarto. Ver una película lo relajaría.

Pasaba por la puerta del cuarto de baño cuando esta se abrió de golpe y se chocó contra el pecho de Sanosuke.

-¡Joder, Kenshin! Tío¿podrías hacer más ruido cuando llegues? Casi me matas de un susto.

A Kenshin se le abrió la boca de golpe. ¿Pero que hacía Sano en su casa? Y con tan solo una toalla cubriendo su cuerpo.

Kenshin acercó la mano a la toalla y Sanosuke se retiró de inmediato.

-Ehh, tío. Que a mi no me va ese rollo.

La mirada de Kenshin lo calló de golpe, estaba claro que a él tampoco. Esa vez si permitió que Kenshin tocara la toalla.

La ira se reflejaba en los ojos del pelirrojo.

-¡Joder! Entras en mi casa, usas mi baño, me exiges que haga ruido para no asustarte y te colocas en "eso" que tienes ahí y que no quiero ver por nada del mundo, mi toalla favorita del gimnasio. ¿Qué cojones está pasando aquí?

Megumi le había avisado de lo que podría pasar si Kenshin lo pillaba allí, pero no... el no podía hacerle caso. Tenía que seguir sus instintos, que por cierto últimamente andaban bastante mal.

-Mira, Kenshin. Todo tiene una explicación.

Kenshin enarcó una ceja y se apoyó en la pared del pasillo. –La espero pues. Si la tiene, dámela.

Estaba metido en un buen lío. ¿Qué le iba a decir? Si mira tío, me pone cachondo tu hermana y he venido a tu casa a tirármela. O no, no aún mejor: Resulta que me cepillo a tu hermana siempre que puedo, y oye, por cierto, tu bañera de hidromasaje es la ostia, si, esa que tienes en tu cuarto y que no permites que nadie use excepto tu hermana. Oh, y esta toalla es una gozada. Es tan suave que me pongo a cien solo con el roce.

No, definitivamente no tenía explicación lo suficientemente buena como para salvar el pellejo. Carraspeó.

-No tienes explicación.

Vale, el tonito relajado de Kenshin había conseguido acojonarlo. ¿Quería una razón convincente no? Él podía dársela.

Abrió la boca y levantó la mano. Cerró la boca de nuevo, bajó la mirada y negó con la cabeza.

Kenshin se acercó a él. –No creas que soy imbécil, Sano. Salgo contigo por las noches, se como tratas a las mujeres. Si le haces daño a mi hermana, no habrá agujero lo suficientemente grande para esconderte.

Kenshin siguió su camino y Sanosuke lo detuvo agarrándole del brazo.

-Me gusta.

Kenshin guardó silencio durante unos segundos y contestó sin girarse a mirarlo.

-¿La quieres?

Realmente no sabía como responder a esa pregunta. Su relación nunca había sido seria, pero con la única mujer que le gustaba volver después de haberse saciado de ella, era Megumi.

-Me importa. Me gusta estar con ella.

Kenshin chasqueó la lengua. –No me has respondido, Sano.

Sanosuke lo soltó. No podía decirle que la quería. Eso sería mentir. Pero Kenshin no estaba dispuesto a recibir un "no" por respuesta.

-¿Por qué la proteges tanto? Es mayorcita.

Kenshin se tensó ante la pregunta, y como era su costumbre cuando le preguntaban por su vida o por su familia, no contestó.

Sanosuke suspiró. –Mira tío, yo no sé que es lo que siento por tu hermana, solo sé que me gusta estar con ella. Lo suficiente como para poner en peligro nuestra amistad. Sabes que te quiero como a un hermano, pero no puedo evitarlo.

Kenshin sabía muy bien lo fuerte que podía llegar a ser ese sentimiento. Entendía lo que Sanosuke le explicaba porque él también se sentía así con Kaoru.

Asintió dando por buena la respuesta de Sanosuke y empezó a bajar las escaleras.

Al momento Sanosuke escucho el rugido del afinado motor del Ferrari seguido del chirriar de las rudas.

Bueno, parecía que no se lo había tomado tan mal¿no? Miró alrededor con nerviosismo. Esperaba que el chucho siguiera en la habitación de Ayame y que Kenshin no lo hubiera soltado. Ese perrazo tan grande le tenía manía.

----------------------------------------------------------------------------

Kenshin comprendía a Sanosuke, pero Megumi y Ayame eran lo único que le quedaba en la vida, y caminaría hasta el mismo infierno con tal de que nadie les hiciera daño.

Antes de darse cuenta de lo que hacía, había aparcado el coche en el desastroso jardín de Kaoru.

¿Qué estaba haciendo? Eso no estaba bien. El sabía que era mejor olvidarse de esa mujer. Pero el problema era, que no quería olvidarse de ella.

No muy convencido, bajó del coche y subió los escalones del porche antes de tocar al timbre.

Nadie respondió. Se apartó para mirar las ventanas. Podía apreciarse luz en el interior. Lo intentó de nuevo. Nada, no contestaba. La llamo por su nombre y obtuvo el mismo resultado.

Preocupado hasta limites que no se podía imaginar, trepó la valla del lateral y saltó al interior del patio trasero.

Se disponía a dirigirse a la puerta de la cocina, cuando la vio. Estaba tumbada en el suelo, sobre una tolla, a plena intemperie.

Se acercó a ella y cuando se detuvo a su lado, se dio cuenta de que Kaoru estaba dormida. Se había quitado el vestido y llevaba un fino pijama de algodón. A su lado había un libro por lo que supuso que estaba leyendo y el sueño la había vencido.

Se puso en cuclillas para mirar el nombre del libro. ¿El depilado¿Qué clase de libro era ese? Miró a Kaoru y no supo si alegrarse de que estuviera bien y de que no lo hubiera pasado nada, o si enfadarse por verla allí afuera tumbada para que cualquiera pudiera hacerle dios sabe que cosas.

-Kaoru.

No se movía.

-Maldita sea, Kaoru. Venga no me hagas echarte agua. Despierta.

Kaoru se movió para ponerse de lado, dándole la espalda y gruñó en sueños.

Pero que sueño más profundo tenía... Kenshin la zarandeó con fuerza.

-Kaoru vamos despierta, si te quedas ahí dormida solo conseguirás un... ¡Ay mierda!

¿Como había hecho eso? Hacía un momento estaba profundamente dormida, y ahora la tenía encima y una de sus manos presionaba su garganta.

-¿Qué hace en mi...¿Kenshin?

Kenshin aprovechó su desconcierto para girar sobre ella, cubriéndola totalmente con su cuerpo. La agarró por las muñecas y se las sujeto sobre la cabeza, inmovilizándola.

-¿Qué crees que haces pequeña fiera? A faltado poco para que me dejaras sin respiración.

-No sabía que eras tú ¿qué haces aquí¿cómo has entrado?

-Pues está claro que no estoy aquí para jugar al parchís y que no he entrado por la puerta principal.

-Pensaba que era un ladrón. Me has dado un susto de muerte.

Vaya¿era la frase favorita de la noche o que¿Así que creía que se estaba defendiendo de un ladrón? Eso le pasaba por quedarse dormida allí afuera.

En ese momento, Kenshin fue consciente del cuerpo que tenía debajo, de sus suaves curvas y de la manera en que respiraba.

La tenía agarrada por las muñecas sobre la cabeza, obligándola estar en postura de sumisión. Y tenerla así le gustaba. Le encantaba. A esas alturas estaba seguro de que Kaoru habría notado su erección presionándole el abdomen.

Kaoru le miró la boca y esto lo excito más si era posible. Cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y empezó a moverse sobre ella rítmicamente. Estaba seguro que de estar desnudos ya hubiera perdido el control.

Le pasó la lengua por los labios y Kaoru no pudo evitar gemir. Le agarró las dos muñecas con una sola mano y deslizó la otra entre sus cuerpos para tocarle sobre la tela del pantalón.

Deslizó su mano hacía las caderas y las levantó un poco empezándose a mover entre sus muslos, simulando una penetración.

Kaoru quería decirle que la soltara, que se apartara y que le diera una explicación del porque había entrado sin su permiso, pero toda su resolución se perdió en el momento en el que notó los rítmicos movimientos de las caderas de Kenshin contra su cuerpo.

Kaoru... quiero que seas mía... Déjame que te haga mía.

Su voz había sonado profunda y enronquecida por el deseo y Kaoru no pudo más que arquearse contra él. Sabía que no debía hacerlo, que se arrepentiría, pero en ese momento su sentido común no le pertenecía.

Kenshin la liberó de su agarre para quitarse la camiseta, dejando su pecho al descubierto. Contempló a Kaoru que lo miraba con los ojos entrecerrados. Poco a poco empezó a deslizar la fina blusa del pijama hacía arriba dejando al descubierto sus pechos.

Kenshin asaltó sus labios y sin dejar de abrazarla continuó besándola de forma ardiente y profunda mientras frotaba su hinchado miembro contra el interior de sus muslos. Cuando cerró los ojos inhaló su aroma a Jazmines dejando que lo inundara.

Kaoru se quejó cuando él se alejó. Kenshin sonrió y la despojó de su pantalón y de sus braguitas antes de arrojar al suelo ambas prendas.

Kaoru se sentía completamente desnuda y le avergonzaba lo que pudiera pensar Kenshin de su cuerpo, o al menos eso pensaba hasta que lo sintió tenderse de nuevo sobre ella. Gimió al percibir de nuevo su sabor.

Kaoru no sabía que fuera capaz de algo semejante, pero ahí estaba con las manos rodeándole sus caderas y dirigiéndose hacía la cremallera del pantalón. Notó un bulto enorme y encojió las manos al acto.

Kenshin sonrió y cogió sus manos guiándolas de nuevo hacía la cremallera del pantalón. Kaoru le bajó la cremallera poco a poco y deslizó el pantalón y los boxers por sus musculosas piernas.

Kenshin se deleitaba en la expresión de Kaoru mientras la dejaba explorar su cuerpo. Ella subió sus manos por los muslos y las cerró en torno a su erección. Kenshin gimió de placer mientras se mecía despacio entre sus cálidas manos.

Apartó sus manos para poder terminar de quitarse los pantalones. Kaoru suspiró cuando él inclinó la cabeza para capturar uno de sus pezones. Comenzó a deslizar la mano por su vientre hasta llegar a los suaves rizos de su intimidad y ella jadeó y se estremeció cuando le separó con delicadeza los pliegues de su sexo para acariciarla en profundidad.

Kaoru apretó la cabeza de Kenshin contra su pecho mientras abría más las piernas embriagada por las caricias que él le proporcionaba. Cuando Kenshin hundió los dedos en su interior no pudo contener un grito.

Kenshin atrapó su mano y sin soltarla la posó sobre su miembro mientras se hundía en ella poco a poco, con delicadeza. Gimió al sentirse rodeado por su humedad y la mano de Kaoru.

Kenshin estaba duro y excitado y la llenaba por completo. Kaoru pensó que era la sensación más maravillosa que había sentido en su vida.

Kenshin se incorporó entre sus piernas y la agarró de las caderas para poder penetrarla mejor con embestidas lentas y profundas. Kaoru empezó a estremecerse ante la ternura de sus movimientos y empezó a retorcerse a causa del placer que le proporcionaban esas íntimas caricias.

Kenshin no perdía detalle de su expresión mientras se introducía de nuevo en ella más hondo y con más fuerza que antes.

-Eres preciosa y me vuelves loco...

Kenshin se movía de forma magistral, la excitaba con las manos, acariciándola con los dedos al mismo ritmo de sus embestidas.

Cuando Kaoru se corrió, fue tan intenso el placer que sintió que dejó escapar un grito que resonó en todo el patio.

Kenshin gruñó al escucharla y aceleró sus embestidas hasta que se unió a ella, dejándose caer entre sus brazos.

Kaoru acunó su cabeza con delicadeza mientras besaba su cabello. Completamente satisfecha y con la respiración entrecortada, le acarició la espalda mientras disfrutaba de la sensación de tenerlo así, entre sus brazos. En ese momento sabía que no eran enemigos, y quería prolongar esa sensación un poco más.

Kenshin se levantó y la alzó en brazos empezando a caminar hacía el interior de la casa.

-¿A donde me llevas?

Kenshin sonrió. –A dentro.

-¿Sabes donde está la habitación?

-No, pero nos quedaremos en la primera que encuentre por el camino.

Kaoru soltó una carcajada. Ese hombre estando de buen humor era genial. –Segunda planta, tercera puerta a la derecha.

CONTINUARÁ

Vale, un respiro. Cuesta más de lo que me pensaba. Primer lemon y me parece que con los apuros que he pasado será el último . Uff... no...supongo que no será el último...creo. Aunque me aseguraré de beberme unas cuantas botellas de whisky antes de escribir el próximo ...

Bueno actualice rápido ¿no?

Paso a agradecer los reviews porque son las 3 de la mañana y mañana madrugo.

Gracias por los reviews a: Nadeshiko miko, sakura 03, gabyhyatt, mai maxwell, pali-chan, melissa, Satsuki Haru, coolis17, lorena, Tenshi of Light, BattousaiKamiya y Maat Sejmet