Nota de la traductora: YenGirl subió este capítulo justo la pasada Nochebuena, así que tendremos que hacer un esfuerzo para ponernos en situación. Dos de los villancicos que se nombran, "Deck the halls" y "Jingle Bells", son típicamente ingleses y creo que no tienen versión en castellano. "Silent Night" sí que la tiene, es "Noche de paz", pero preferimos mantener los versos en inglés. Son muy conocidos y la letra tampoco es relevante para la historia. Al final del capítulo encontraréis la letra de "Noche de paz".
Nota de la autora: ¡Aquí está el capítulo navideño, tal como prometí! Pretendía que cada capítulo fuera más o menos correlativo con el anterior, pero en este caso hay un salto bastante grande entre el tiempo soleado y caluroso del capítulo anterior al frío invierno de éste, así que han pasado unos cuantos meses desde la Caza del Tesoro. La letra del villancico de este capítulo la saqué de la Wikipedia. Siempre me he imaginado a Zero como alguien con inclinaciones musicales, y hay un fanfic genial en el que aparece como alguien con auténtico talento. Buscad "Purity", de LeaNicolai. :D
Espero que disfrutéis con este capítulo y no os olvidéis de enviar una review, ¿vale?
Resumen: Kaname invita al director Cross, Zero y Yuuki a la cena de Nochebuena en la Residencia Luna. Cuando la buena comida y el alcohol dan paso a bromas subidas de tono, Zero acaba siendo empujado bajo una ramita de muérdago con Kaname. ¿La situación acabará en una exhibición en público o en un momento privado y mágico sólo para ellos?
--Inicio del capítulo—
-¡Venga, Zero, vamos a llegar a tarde!-la muchacha de pelo cobrizo volvió a picar en una de las puertas de las habitaciones para invitados del director Cross, impaciente.
Normalmente, los dos prefectos dormían en la Residencia Sol con los otros estudiantes de la Clase Diurna pero, desde el inicio de las vacaciones de Navidad hacía dos días, el dormitorio estaba vacío, con todos los estudiantes en sus casas para celebrar las fiestas con sus familias y seres queridos. Así, igual que había ocurrido los últimos años, el director Cross había acomodado a Zero y Yuuki en las habitaciones para invitados. El tiempo se había vuelto muy frío aquellos días, pero todavía no nevaba.
Era Nochebuena y Kaname aún estaba en la Academia Cross junto con Takuma y un puñado de sus leales nobles. El joven rubio sabía lo que le desagradaba a su amigo purasangre la idea de pasar las Navidades (o cualquier fiesta) en casa de su abuelo y había conseguido postergar la visita hasta las primeras horas de la mañana del mismo día de Navidad.
Después de que tanto el Presidente de la Residencia Luna como su Ayudante anunciaran que pasarían la Nochebuena en la Academia, Aido y Ruka decidieron acto seguido que también se quedaban, lo que inevitablemente quería decir que Kain, Shiki y Rima también lo harían. Todos habían avisado a sus familias del cambio de planes y sus respectivos transportes llegarían al mismo tiempo que la limusina de Ichijo para llevarlos a sus casas.
Yuuki suspiró y volvió a picar a la puerta. La verdad es que no llegaban realmente tarde, pero no quería perderse ni un minuto de la afectuosa compañía de Kaname. Estaba muy contenta de que aquel año estuviera allí en Nochebuena y de que sus nobles más cercanos hubieran decidido hacerle compañía, porque sabía que, a pesar del respeto y la admiración que suscitaba, Kaname parecía a menudo bastante solo y, de hecho, lo estaba.
Este año iba a ser aún mejor. Después de saber que el director tenía intención de cocinar la cena completa con pavo relleno, el purasangre había encargado a los chefs de la Residencia Luna una cena festiva digna de un restaurante de lujo: pavo asado relleno con castañas, salsa de arándanos, puré de patatas jugoso, verduras y pudín de ciruelas. Yuuki rozó el éxtasis cuando Kaname apareció una tarde para invitar al director, a Zero y a ella misma a la cena de Nochebuena en la Residencia Luna. Según dijo, Takuma ya había instalado un árbol de Navidad en el espacioso salón y pensaba que sería bonito reunirse allí e intercambiar regalos después de cenar.
El director Cross se había conmovido hasta el borde las lágrimas, teniendo en cuenta que la invitación de Kaname había llegado justo a tiempo para cancelar su encargo de un pavo congelado, e informó felizmente de la invitación a Zero y a Yuuki aquella misma noche. Zero reaccionó con su calma habitual, pero interiormente no pudo evitarse sentirse aliviado al saber que la cena de aquel año la prepararían cocineros competentes y no el excéntrico Cross, mientras se preguntaba qué habría motivado la generosidad de Kaname aquel año. Llegó a la conclusión de que Yuuki le habría hecho algún comentario y habría implorado su ayuda, sabiendo que ni él ni Kaname eran capaces de rechazar sus apasionadas súplicas.
La alegre sonrisa de Yuuki recibió a Zero cuando finalmente abrió la puerta de su habitación y le devolvió el gesto, con los ojos violetas admirando la hermosa visión de ella envuelta en un vestido de lana roja hasta las rodillas, cuello alto y mangas largas. Tenía las mejillas sonrosadas por la excitación, llevaba las piernas abrigadas con unos leotardos negros y se cubría las manitas con unos guantes rojos a juego. También se había anudado una bufanda estampada en rojo y negro alrededor del cuello de su chaqueta de lana.
-¡Eh, estás muy guapa!- la piropeó con sinceridad.
Yuuki sonrió, dándole felizmente las gracias. Llevaba una bolsa de plástico con un gran oso de peluche de suave piel beige, con un lazo a cuadros rojos y verdes alrededor del cuello. La campanilla que remataba el lazo tintineó suavemente cuando ella movió la mano. Era su contribución al intercambio de regalos después de la cena.
Yuuki enarcó las cejas al ver cómo iba vestido su compañero. El pelo plateado de Zero resaltaba contra la bufanda roja que llevaba alrededor del cuello, que contrastaba con la camisa de ante violeta de manga larga. Yuuki le había regalado aquella camisa dos navidades atrás, pero era la primera vez que se la veía puesta y se preguntó dónde la habría guardado todo aquel tiempo...
-¡Guau, estás genial, Zero!-devolvió el cumplido- ¿Te has arreglado así para alguien?- no pudo evitar pincharle un poco, después de todo, nunca le daba ni la hora a las chicas de la Clase Diurna, mucho menos a las de la Clase Nocturna.
Zero frunció el ceño inmediatamente.
-Desde luego que no.- respondió secamente.- Pero apuesto a que Kuran espera que vayamos lo mejor vestidos posible para su cena pija.
Funcionó.
-Zero.- Yuuki suspiró mientras le dirigía una mirada de reproche.- Sabes que Kaname-senpai no es así. Además, ¿te acuerdas de que este año hemos estado comiendo restos de pavo de la cena que el director cocinó las navidades pasadas?- estalló en risitas al ver la mueca de él.
El prefecto se encogió de hombros en su larga chaqueta de cuero antes de recoger una cajita de cartón de su escritorio que contenía un estuche con acabados en brillante acero inoxidable.
-Kuran habrá pensado que es mejor invitarnos que arriesgarse a que el director lo invite a él, eso es todo.- afirmó, en tono de ligera burla. Tampoco es que culpara al purasangre por haberlos invitado.
-Bueno, al menos yo estoy muy agradecida a Kaname-sempai.-declaró Yuuki mientras Zero cerraba la puerta de su habitación.- Además, será bonito compartir la cena de Nochebuena con los demás nobles, ¿a que sí?- suspiró de felicidad mientras salían.
Zero se encogió de hombros evasivamente, pensando que una cosa era ilusionarse con una cena exquisita y elegante y otra muy distinta disfrutarla en presencia de una panda de arrogantes chupasangres.
No te olvides de que tú también lo eres.
Su ceño se volvió más pronunciado al oír aquella voz en su cabeza. Como si pudiera olvidarlo...
Y si la idea de cenar con semejante panda de chupasangres arrogantes no te emociona, ¿entonces por qué te has puesto la camisa que sabes que conjunta a la perfección con tu color de ojos? No es que te la hayas puesto para Yuuki, precisamente...
Zero meneó silenciosamente la cabeza ante aquella maliciosa vocecilla. ¡No se la había puesto para Kuran, ni pensarlo! Y, además, ¿qué pasa si así fuera? El purasangre ni se iba a enterar, con todos los nobles vestidos con sus mejores galas, ¿verdad?
El director Cross les esperaba ya en el exterior de las habitaciones de huéspedes, envuelto en su abrigo largo marrón y su perenne bufanda, esta vez una con alegres cuadrados verdes y rojos. Llevaba una bolsa de papel con dos botellas de vino y una caja rectangular arriba del todo.
-¡Galletas de chocolate caseras!- anunció con orgullo al enseñarles la caja.- ¡Las hice al horno ayer mismo!
La alegre sonrisa de Yuuki se desinfló un tanto al intercambiar una mirada cautelosa con Zero.
-Eh, eso está muy bien, director. Oh, ¿también has traído vino?- cambió de tema rápidamente antes de que el hombre pudiera empezar a especular quién sería el agraciado que recibiría su regalo.
Cross asintió alegremente mientras echaban a andar hacia la Residencia Luna.
-Sí, Yagari me las regaló el año pasado, así que pensé que...
Zero y Yuuki le dejaron cotorrear a sus anchas mientras caminaban. Aunque sólo eran las cinco y media de la tarde, el cielo ya había empeado a adquirir una tonalidad oscura y las luces doradas que se derramaban desde las múltiples ventanas de la Residencia Luna creaban una atmósfera de cálida bienvenida, con las grandes verjas abiertas de par en par como si les estuvieran esperando.
-o-
El adusto vigilante debía estar avisado de su llegada, porque les cedió el paso sin hacer preguntas. Cuando Cross picó en la puerta principal de la Residencia Luna, Takuma Ichijo les dio la bienvenida con una alegre sonrisa y los ojos verdes chispeando bajo un desenfadado gorro de Papá Noel que cubría sus cabellos rubios.
-¡Feliz Navidad a todos!- les dedicó una sonrisa radiante.
Senri Shiki, de pie a su lado, les sonrió mientras sostenía un saco rojo medio lleno para que depositaran sus regalos, ya que tanto él como Rima Tooya eran los encargados de envolver todos los presentes.
Después del intercambio de cumplidos, durante el cual Zero hizo el esfuerzo de mantener a raya su malhumor habitual, Takuma los condujo hacia el salón a través del recibidor.
-La cena se servirá dentro de una hora y media, así que, por favor, sentíos como en casa.- invitó cortesmente mientras cogía sus abrigos y bufandas para guardarlas en el lujoso salón, decorado con espumillón y acebo.
Un magnífico árbol ricamente decorado ocupaba orgullosamente el puesto cercano a la chimenea, donde ya prendía un alegre fuego. Yuuki y el director se sentaron en el sofá mientras Zero se mantenía de pie, con las manos en los bolsillos, cotemplando un pequeño piano de cola de un negro pulido cerca de las ventanas. No recordaba haberlo visto la última vez que había estado allí.
-¿Dónde está Kaname-kun, entonces?- el director Cross fue quien formuló la pregunta que llameaba en la mente de Zero y Yuuki.
Takuma se disculpó por la ausencia de todo el mundo y les informó de que Kaname se estaba arreglando en su habitación en aquel momento porque se había tenido que despertar pronto para ocuparse de correspondencia de última hora.
-Oh, está bien, Takuma-kun.-replicó el director al punto.- No te disculpes, por favor. Ya nos damos cuenta de que para vosotros es primera hora de la mañana.- añadió con una risita ahogada.
Yuuki sonrió y asintió, pero la mirada de Zero volvió a desviarse hacia el piano. Vale, esperaba volver a ver a Kuran. Habían pasado algunos meses desde que había formado equipo con él durante la Caza del Tesoro que había organizado el director y, desde entonces, apenas había visto al enigmático purasangre, mucho menos había tenido ninguna oportunidad de hablar con él. Cuando se habían encontrado brevemente durante el cambio de clases, Kaname se había comportado con su habitual compostura distante y la mayor parte del tiempo estaba fuera de la escuela, ajetreado con asuntos externos. O, quizás, el purasangre le estaba... ignorando. Zero no podía decir si estaba complacido o enfadado por eso porque sentía las dos cosas.
Lo habían hecho bastante bien en la Caza del Tesoro, después de allanar el camino de ciertos prejuicios y actitudes (vale, la mayoría por su parte). Pero después de aquella mirada confundida e indecisa de Kaname cuando había murmurado algo sobre que Zero no era "sólo un compañero de equipo", el prefecto no podía evitar preguntarse si ésa era una de las razones por las cuales el purasangre le estaba ignorando. Creía ser capaz de entender el por qué, a fin de cuentas Kaname se había mostrado bastante vulnerable en la habitación del hotel que habían compartido antes, cuando había revelado accidentalmente algunos secretos desagradables de su pasado. Quizás no se sentía cómodo ante la idea de volver a ver a Zero porque le recordaba cuán vulnerable había sido en las garras de sus pesadillas.
Pero aún así, le dolía. No había muchas personas en la escuela con las cuales se sintiera cómodo, lo sabía perfectamente, y solía recordar aquellos momentos de inesperada cercanía que había experimentado con Kaname. Momentos durante los cuales ambos habían bajado la guardia, habían hablado con libertad y se habían tratado como iguales, no como enemigos o rivales ni como un purasangre y un Nivel D. Momentos durante los cuales habían podido comprender sin palabras lo que el otro intentaba decir.
-Zero, ¿por qué no tocas un villancico o algo?- preguntó Yuuki. Zero no se había percatado de lo que se había acercado al piano, perdido en sus pensamientos.- Seguro que a Kaname-sempai no le importará.
-Seguro que no, Yuuki. Venga, Zero.- le animó el director. Tenía un viejo piano en su salón, pero era un modelo antiguo que había vivido tiempos mejores y éste sería una delicia para el chico.
-Está bien.-murmuró el prefecto.
A fin de cuentas, no tenía nada mejor que hacer a parte de darle vueltas a la extraña forma en la que el purasangre ocupaba constantemente sus pensamientos aquellos últimos días. Se sentó en el banco del piano y levantó la tapa, ilusionado con la idea de tocar en un instrumento tan hermoso. Pulsó algunas teclas a modo de prueba. Nuevo y perfectamente afinado. Yuuki se acercó al piano, apoyando ambos brazos sobre la pulida cubierta.
-¡Toca algo divertido!- pidió.
Zero enarcó una ceja.
-¿Cómo qué, Yuuki?
-Um... ¡Como 'Deck the Halls'!
Ah. Zero tocó la alegre melodía de memoria y Yuuki empezó a cantar al punto, por lo que controló instantáneamente su expresión, reprimiendo una mueca. Yuuki podía ser hermosa, alegre, espontánea y cariñosa, pero seguir la tonada no estaba entre sus dones, especialmente en las partes del "Fa la la la la la la la la".
El director Cross, sentado en el sofá detrás de Yuuki, empezó a cantar mientras intentaba camuflar su desatino con su aguda voz de tenor. Era una táctica que nunca había funcionado en pasadas Navidades y tampoco lo hizo esta vez. Zero no se atrevió a mirar el creciente ceño del director, por miedo a echarse a reír y herir los sentimientos de Yuuki. Después de todo, estaban en la Residencia Luna y no en las habitaciones del director. Y ahora Cross cantaba cada vez más alto, ¿es que el muy idiota no sabía que sólo conseguiría que Yuuki gritara más?
Efectivamente, eso fue lo que pasó. Para cuando la canción acabó, Zero estaba luchando contra el imperioso impulso de aporrear las últimas notas, pero suspiró y meneó la cabeza, rozando suavemente las teclas con los dedos.
-Todavía eres incapaz de seguir una tonada, Yuuki.- le informó con una sonrisa compungida para luego quedarse de piedra al distinguir una figura justo en el umbral del salón.
Kaname Kuran.
Los largos dedos de Zero reposaron inmóviles sobre las teclas y su sonrisa se desvaneció mientras bebía de la visión del purasangre recién duchado, elegantemente ataviado con una chaqueta oscura sobre una camisa blanca como la nieve y unos pantalones hechos a medida. Fue quizás en ese momento cuando Zero se dio auténtica cuenta de cuanto había echado de menos al confiado y atrayente purasangre, especialmente a la calmada, solitaria y vulnerable persona que era en su interior.
-o-
Kaname estaba cansado. No le habrían venido nada mal unas cuantas horas más de sueño, pero sus movimientos fueron diestros y seguros mientras se secaba después de una ducha rápida, enfundándose una camisa y unos pantalones limpios. Había acabado con todo el papeleo hacía poco y estaba considerando la posibilidad de una siesta de media hora antes de la cena cuando Takuma había picado a su puerta para informarle de que el director, Zero y Yuuki habían llegado temprano. La educación exigía que Kaname recibiera inmediatamente a sus invitados pero, a pesar de no poder descansar, se encontró canturreando por lo bajo mientras se ponía la americana.
Suponía que estaba contento porque iba a poder disfrutar de la compañía de Yuuki durante unas cuantas horas antes de partir con Takuma, ésa tenía que ser la única razón. Bueno, también estaría bien ver al director Cross y desearle una Feliz Navidad, a fin de cuentas, Kaname también lo apreciaba. Mientras se cepillaba el pelo recién lavado rechazó considerar que podía haber un tercer motivo que explicaría por qué su corazón latía un poquito más rápido de lo habitual. Incluso antes de abrir la puerta, oyó a Yuuki y al director cantando un popular villancico, acompañados por alguien al piano. Los labios de Kaname se curvaron en una sonrisa cariñosa mientras bajaba las escaleras; Yuuki era realmente una gran chica, pero no le vendrían mal unas cuantas lecciones de canto. Aunque no pensaba decírselo nunca, claro.
La puerta del salón estaba cerrada. Kaname la abrió en silencio, se coló dentro y la cerró detrás suyo quedamente, intentando no perturbar la improvisada sesión de canto. Ah, así que Zero era quien tocaba. Kaname permaneció al lado de la puerta mientras evaluaba la camisa del prefecto. ¿De dónde habría sacado una camisa del mismo color que sus ojos? No el violeta oscuro y tormentoso de cuando estaba enfadado o malhumorado, sino aquel claro amatista que tenía cuando estaba pensativo o tranquilo. O cuando se sentía inseguro. O cuando acababa de despertarse. La delgada figura de Kaname tembló levemente y cerró los ojos un instante. Sí, especialmente cuando Zero acababa de despertarse después de haberse apoyado en su brazo tras aquel concierto de piano, o en la habitación del hotel cuando el prefecto le había permitido recostar la cabeza sobre su brazo.
El purasangre parpadeó y desvió rápidamente la mirada hacia Yuuki, con su esbelta figura silueteada por un bonito vestido rojo al lado del piano, de espaldas a él. Luego miró hacia el director Cross, que seguía sentado en el sofá, también dándole la espalda. Kaname mantuvo una expresión neutra cuando la canción acabó con una nota discordante de Yuuki, sin que el valiente esfuerzo del director pudiera salvar el villancico del destrozo. Oyendo el comentario casual de Zero, Kaname tuvo la sensación de que no era la primera vez que decía algo parecido. Luego, Zero levantó la mirada, le vio... y sus ojos se encontraron.
¿Había pasado tanto tiempo desde que se habían visto, desde que realmente se habían mirado el uno al otro? Aquel pensamiento distraído cruzó la mente de Kaname mientras su mirada permanecía en el prefecto, sentado casualmente al piano. Sí, aquella camisa era exactamente del mismo color que los ojos de Ze... que los inusuales ojos de Kiryu. ¿Cuánto tiempo había pasado exactamente? Demasiado, sospechó, porque justo en ese momento se dio cuenta de cuánto había echado de menos al gruñón y cabezota prefecto, especialmente a la calmada, solitaria y vulnerable persona que era en su interior.
-o-
Tanto Yuuki como el director Cross se giraron, siguiendo la mirada de Zero.
-Hola Yuuki, y bravo.- Kaname le sonrió al entrar en la habitación, aplaudiendo suavemente.
-¡Oh, Feliz Navidad, Kaname-sempai!-Yuuki se adelantó para darle un abrazo rápido.
El purasangre le devolvió el cálido abrazo y depositó un beso suave en su brillante cabello cobrizo antes de soltarla y estrechar la mano del director.
-Feliz Navidad, director. Gracias por venir y siento no haber podido recibiros adecuadamente.- se disculpó con elegancia.
Cross descartó la disculpa con una ancha sonrisa.
-¡No te disculpes, Kaname-kun, llegamos pronto! ¡Felices fiestas a ti también!
Kaname se giró hacia Zero.
-Feliz Navidad, Kiriyu-kun.-dijo suavemente.- Gracias por venir.
-Kuran.- Zero asintió, incómodo.
Sería diferente si estuvieran solos, pero no lo estaban. Kaname lo había llamado por su nombre en un par de ocasiones pero no ahora y Zero no podía culparle por ello cuando él estaba en las mismas, ¿cierto? Le había parecido correcto llamarle "Kaname" en aquellas ocasiones... pero ahora no.
-Espero que no te moleste que hayamos estrenado el piano, Kaname-kun.- se disculpó el director y él negó con la cabeza al punto.
-En absoluto, sentiros como en casa.- replicó antes de girarse hacia Yuuki.- ¿Por qué no cantas algo más para mí?- preguntó con amabilidad, ignorando los frenéticos gestos del director detrás de ella.
Zero resopló por lo bajo mientras ejecutaba una escala cromática perfecta en orden descendente, utilizando tanto las teclas negras como las blancas.
-Tienes que estar sordo para pedirle eso.- comentó con franqueza.
Su tono era más divertido que burlón, pero Yuuki compuso un mohín, disgustada por recibir críticas justo delante del purasangre al que adoraba.
-¿Tanto desafinaba, Kaname-sempai?-preguntó, con unos grandes y suplicantes ojos marrones.
-Claro que no, Yuuki.
La respuesta de Kaname fue inmediata y Yuuki le arrugó la nariz a Zero, que se limitó a poner los ojos en blanco.
-Sólo está siendo educado y lo sabes, Yuuki.-replicó al captar el leve centelleo en los ojos del purasangre dando silenciosamente la razón a lo que Zero acababa de decir.
-¡Umf!-gruñó Yuuki, con unos modales poco apropiados para una dama, cruzando los brazos.- Aunque lo hiciera, tienes que saber, Zero, que Kaname canta muy bien. ¡Así que te reto a hacerlo mejor que él!
El director pareció en éxtasis al oírlo.
-¡Oh, Zero también canta muy bien!-exclamó con felicidad.- ¡Tenéis que cantar juntos!
Kaname y Zero intercambiaron miradas de incomodidad, pero el director ya estaba empujando al purasangre más cerca del piano, con una mano apoyada paternalmente en su espalda.
- Acércate al piano, Kaname-kun.
-Eh, no creo... –comenzó el purasangre, incómodo, hasta que Yuuki tironeó de él.
-Sí, Kaname-sempai, por favor, enséñale a Zero lo bien que cantas.-imploró.
Cuando Kaname se encogió de hombros y se acercó al piano, Yuuki le dedicó una sonrisa triunfante a un sorprendido Zero. El prefecto contempló al director con una mirada sombría.
-No voy a cantar y punto.- declaró, tajante.
Kaname se dijo que, al menos, no se había negado a cantar con él e intentó animarse con aquella constatación
-¡Oh, por favor, Zero!-suplicó Yuuki.
-¡Pero es Navidad!-coreó el director.
Zero suspiró, volviendo a mirar a Kaname, a menos de un metro de él.
-Yo toco, tú cantas.- concedió finalmente en tono cortante e ignorando el mohín de Cross.- ¿Qué va a ser?
-¡Oh, "Silent Night", desde luego!-trinó Yuuki con ojos chispeantes.
Siempre le había gustado aquel villancico, era uno de los que Kaname solía cantarle hacía muchos años. Zero se encogió de hombros y tocó las últimas siete notas de la canción para que Kaname conciera la clave, C mayor. El prefecto nunca le había oído cantar, pero sospechaba que aquella voz suave podía ser la de un tenor.
Lo era.
También era el tenor más hermoso que había oído nunca y contempló a Kaname con sorpresa. Afortunadamente, podía tocar sin mirar las teclas, porque se había quedado absorto tanto con la voz de Kaname como por la suave expresión de sus ojos. El purasangre había empezado muy bajito, algo titubeante, pero al mirar alrededor y ver al director asintiendo para animarle y a Yuuki sonriendo con los pulgares hacia arriba, volvió a mirar a Zero, cantando con voz más segura.
Silent night, holy night,
All is calm, all is bright.
'Round yon virgin mother and Child,
Holy infant so tender and mild,
Sleep in heavenly peace
Sleep in heavenly peace
Zero sintió un escalofrío en la columna vertebral y sus mejillas enrojecieron cuando Kaname le miró con fijeza, como si estuviera cantando sólo para él. Se giró hacia Yuuki mientras el purasangre llegaba a la última frase del primer verso y la pequeña jovencita volvió a arrugarle la nariz, desafiándolo a hacerlo mejor.
Bueno, ¿por qué no? El diablillo travieso que había permanecido dormido durante un tiempo en la mente de Zero despertó, impulsándole a hacer cosas que normalmente no haría. Kaname no le vio mirando a Yuuki porque el purasangre se había girado hacia Cross, que asentía y le hacía señas, animándole a continuar. Kaname se giró hacia Zero al comenzar el segundo verso, sorprendido cuando el prefecto se unió a él con una voz profunda, rica y llena de matices.
Silent night, holy night,
Shepherds quake at the sight.
Glories stream from heaven afar,
Hev'nly hosts sing Alleluia;
Christ the Saviour is born
Christ the Saviour is born
Kaname titubeó en la segunda palabra, asombrado al ver que Zero cantaba bien. El prefecto asintió y Kaname continuó cantando a partir de la segunda línea. Parecía que la voz de Zero servía para algo más que para ladrar a las chicas de la Clase Diurna, después de todo. Pero las dos juntas... ninguno había esperado que sus voces se fundieran de forma tan hermosa, tan perfecta, pero así era. El director Cross y Yuuki escucharon en silencio, hechizados, y los ojos del hombre empezaron a llenarse de lágrimas. Finalizaron el segundo verso y continuaron con el tercero sin vacilar.
Silent night, holy night,
Son of God, love's pure light.
Radiant beams from Thy holy face,
With the dawn of redeeming grace,
Jesus, Lord at Thy birth
Jesus, Lord at Thy birth
Zero había elevado un tercio su voz, uniéndose a la armonía del eterno villancico y sus voces se mezclaron aún con mayor belleza, como si cantara una sola persona pero con una voz más rica y llena, clara como una campana.
Ninguna de las cuatro personas se había dado cuenta de que la puerta del salón se había abierto de nuevo al principio del tercer verso. Justo fuera de la vista, retenidos por Takuma con un dedo en los labios, había un sorprendido grupo de nobles escuchando el sonido más inesperado: el de su querido Kaname-sama cantando a dúo con alguien. Alguien cuya voz todos reconocieron pero que nunca habían oído cantando, sólo en escarnio y en órdenes. La única persona que siempre trataba a su líder purasangre con rudeza y desprecio. Pero, juntas, sus voces eran mágicas.
Las expresiones de todos ellos iban de la sorpresa al sobrecogimiento, excepto la de Ruka, que fruncía el ceño y, al cabo de un momento, llegó a abrir la boca para decir algo. La silenciosa advertencia de Takuma puso freno a su comentario y, al mirar hacia Kain para protestar, guardó silencio cuando el alto noble se llevó también un dedo a los labios, previniéndola de hacer sonido alguno.
El villancico acabó y la última nota se desvaneció en el aire, dejando sólo el silencio, con el director y Yuuki demasiado asombrados incluso para aplaudir. Zero estaba perdido en los ojos de Kaname, mientras los últimos meses y la incertidumbre desaparecían como si nunca hubieran existido. El brillo húmedo en los ojos del purasangre le había robado el habla.
Kaname también era incapaz de pronunciar palabra. Nunca había cantado así con nadie en toda su vida. Oh, había cantado villancicos antes, él solo y con Takuma, cuando eran mucho más jóvenes, y también el "Feliz Cumpleaños" en casa de Yuuki y del director, así como nanas cuando ella era pequeña. Pero aquello era diferente. Había interpretado uno de sus villancicos favoritos con alguien con quien nunca habría esperado hacerlo, con alguien de quien ni tan sólo había creído que supiera cantar. Para ser sinceros, Kaname no sabía si cantaba bien, pero aquella mirada de Zero, cada vez más evidente con cada línea, le había conmovido. Le decía que lo hacía mucho más que bien, que era increíble. Y la manera en que sus voces se fundían, como si estuvieran hechas para cantar juntas. Y la forma en que Zero le miraba, como si estuviera cantando sólo para él...
El prefecto esbozó una media sonrisa repentina que alcanzó el corazón de Kaname, súbitamente muy vulnerable.
-Ha estado bien, Kaname.-dijo suavemente. Llamar al purasangre por su nombre ahora sí parecía adecuado.
-Gracias, Zero.-murmuró Kaname, emocionado más allá de las palabras, percibiendo distraídamente que los ojos del prefecto eran, efectivamente, de la misma tonalidad que su camisa.
Luego, aquellos ojos parpadearon y miraron más allá. Los aplausos empezaron a sonar, con Yuuki y el director animándoles sonoramente. Pero había más de dos personas aplaudiendo. Kaname se giró para ver a los nobles entrando en la habitación con Takuma al frente, sonriendo y aplaudiendo con ganas, y los demás justo detrás. Los grandes ojos azules de Aido tenían una mirada entre celosa e incrédula, la expresión de Ruka era más bien sombría y Seiren se mostraba tan impasible como siempre. El momento de intimidad se había roto.
Los nobles dieron mecánicamente la bienvenida a los invitados para arremolinarse en torno a Kaname, alabando su talento y encomiándole a cantar de nuevo. Aido estaba directamente proclamando a su querido Kaname-sama como el mejor cantante del mundo mientras Kain le tomaba el pelo pidiéndole un dóo con el purasangre. Kaname eludió sus alabanzas y sus peticiones con una sonrisa rápida para girarse hacia Zero, sin sorprenderse de encontrarlo mirando por la ventana, con las manos en el regazo y los hombros algo hundidos.
-Kiriyu también lo hace bien.- remarcó Rima del brazo de Ruka, que frunció el ceño ante el comentario.
Desde luego, la joven habría preferido que Kaname cantara con ella, pero algo en la forma en que se estaban mirando él y el prefecto cuando habían entrado en el salón la entristecía. Era como si estuvieran ajenos al resto, perdidos en su propio mundo mientras sus voces se unían en la canción. Rima se encogió de hombros ante su falta de respuesta y se acercó al piano. En aquella ocasión, la modelo se había dejado el pelo rubio suelto, en vez de lucir sus usuales coletas, adornado con una cinta roja de satén en honor de la ocasión. Zero se levantó rápidamente del banco y se apostó junto a la ventana mientras ella y Shiki entonaron una improvisada versión de "Jingle Bells".
Aido espió brevemente a Zero, celoso de que el gruñón prefecto -¡de entre todas las personas!- hubiera podido cantar con Kaname. La verdad es que le habría gustado poder hacerlo él, aunque sabía que no cantaba tan bien como Kiriyu y que, probablemente, se habría quedado helado allí mismo, con perdón por la expresión tratándose de él.
Takuma sirvió bebidas para todos y, tras unos minutos de charla informal, se anunció que la cena estaba lista y todo el mundo se dirigió al impresionante comedor al otro extremo del pasillo de la Residencia Luna, bellamente decorado. La mayoría de las mesas se habían apartado para dejar espacio a dos, que se habían juntado para crear una única, cubierta con un níveo mantel de lino salpicado de ramilletes de acebo. Los candelabros de plata situados a los lados portaban velas aromáticas que llenaban el aire con fragancias de canela y naranja. Igual que en el salón, la chimenea también estaba encendida.
Kaname ocupó su puesto en la cabecera de la mesa, indicando al director que se sentara a su derecha y a Yuuki a su izquierda. Normalmente, quien se sentaba a su derecha era Takuma, pero el encantador noble no hizo ningún comentario al ocupar el asiento al lado de Zero. El prefecto había guardado silencio desde que se había dado cuenta de que le habían oído hablar con el purassangre y escogió la silla al otro extremo de la mesa, lo más lejos posible de él. Ni se le pasó por la mente que, aunque estuviera lejos, la posición le permitía un contacto visual directo con Kaname.
-Cantas muy bien, Zero.- comentó Takuma con una sonrisa mientras desplegaba su servilleta y se la ponía sobre las piernas.
Zero, que había estado ocupado mirando su plato, levantó la vista con suspicacia, pero los ojos del Ayudante del Líder de la Residencia eran amistosos y su sonrisa parecía genuina, así que asintió con cautela.
-Gracias.- dijo en voz queda.
-Somos nosotros los que tendríamos que estar agradecidos.- continuó Takuma.- Ninguno hemos sido capaces de conseguir que Kaname cantara en Navidad, ¿sabes?- su voz tenía ahora un tono nostálgico.
Sabía que Kaname cantaba bien, lo habían hecho juntos en otras navidades cuando eran mucho más jóvenes. Los dos niños solían bajar a las cocinas de la mansión Ichijo para entretener a los cocineros y sirvientes, una audiencia apreciativa que les escuchaba con toda atención, premiándolos con aplausos, cumplidos, dulces y galletas. Pero no, el joven noble no había oído cantar a su amigo desde hacía años.
Zero enrojeció un tanto ante la mirada admirada de Takuma.
-Fue Yuuki quien consiguió que cantara.- masculló.
-Quizás.- dijo Takuma evasivamente, sonriendo de nuevo.- Pero fuiste tú quien cantó con él. Eso también es importante.-tomó nota de la mirada de sorpresa de Zero antes de girarse cuando los camareros uniformados llegaron con el primer plato y la cena se dio por comenzada.
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La cena cumplió con las expectativas de todos. El pavo estaba perfectamente asado, con la piel dorada y crujiente y la carne tierna. Los otros platos eran igualmente soberbios e incluso Zero encontró difícil mantener su habitual actitud sardónica mientras Kaname descorchaba unas cuantas botellas de buen vino que crearon una atmósfera apacible y animaron el humor de todos.
Quizás, en un día normal, tanto los nobles como Zero habrían encontrado difícil de digerir la idea de sentarse juntos a la misma mesa, comer, reír e intercambiar pullas festivas. Pero en aquel comedor exquisitamente decorado, con una comida y bebida excelentes, incluso al silencioso prefecto le parecía posible.
Takuma era también un gran anfitrión y se encargó de incluir a Zero en la conversación que fluía de manera natural entre los nobles. Hablaron de cosas normales, de un respiro de las clases, de los regalos que esperaban recibir, parientes cotillas que les iban a visitar y se divirtieron pinchándose entre sí, especialmente a Aido. De vez en cuando, Zero espiaba al purasangre sentado en la cabecera de la mesa. A pesar del ruido y de que tenía que entretener tanto al director como a Yuuki, Kaname siempre levantaba la vista para encontrarse con sus ojos. Las miradas eran fugaces, pero les mantenían conectados. Quizás no podían hablar entre sí porque estaban sentados uno a cada punta de la mesa y no tenían nada que decirse que quisieran que los otros oyeran, pero cuando sus miradas se encontraban era suficiente para ambos.
Kaname se alegraba más de lo que esperaba al ver que Zero lo estaba pasando bien. En realidad, el taciturno prefecto se dedicaba más a escuchar las conversaciones a su alrededor que a participar en ellas, pero los nobles sabían que aquella noche era un invitado y lo trataban mejor de lo que lo habrían hecho normalmente. Por su parte, Zero no frunció el ceño más de lo necesario, sonrió con algunos chistes e incluso se le escapó alguna risilla con los más pícaros. Kaname sorbió su vino sin molestarse en escuchar las bromas, bebiendo de la imagen de las raras sonrisas de Zero y cómo cada una de ellas parecía iluminar sus ojos...
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La cena fue larga y todos estaban llenos de comida y de vino para cuando volvieron al salón. Rima volvió a sentarse al piano y tocó más villancicos mientras Kaname abría otra botella de brandy. Al cabo, vio que Yuuki bostezaba sentada en una punta del sofá, frotándose los ojos de vez en cuando. Miró hacia el gran reloj sobre la chimenea, sorprendido al darse cuenta de que eran más de las once y media de la noche.
-Bueno, se está haciendo tarde.- murmuró.- ¿Empezamos con el intercambio de regalos?
Aido saltó como un resorte, dando palmadas en el hombro de Kain para atraer su atención.
-¡Ahora traemos los regalos, Kaname-sama!- exclamó, ofreciéndose voluntario él mismo y su primo.
Rima dejó de tocar y levantó la vista.
-Ruka, ¿puedes acompañarles? Están en nuestra habitación.
La aristócrata asintió y se levantó con languidez.
-Igualmente, tenía que empolvarme la nariz.
Estaba mirando a Kaname cuando dijo aquello, pero fue Kain quien se giró, admirando la forma en que su vestido blanco de gasa enmarcaba su elegante figura, con una rosa roja en la gargantilla acentuando su largo cuello.
-Vamos.- asintió son suavidad y los tres subieron por las escaleras.
A penas dos minutos después, Ruka siguió a Aido y Kain de vuelta abajo mientras los dos chicos acarreaban el gran saco de los regalos. Cruzaron el recibidor hacia el salón y Aido se paró justo en el umbral, mirando hacia arriba.
-¿Qué narices estás buscando, Aido?-preguntó Ruka justo detrás, medio enfadada porque el rubio le estaba bloqueando el paso.
-Nada.- Aido negó con la cabeza sin mirarla.
Ruka enarcó una ceja hacia Kain, que sostenía el saco justo a su lado. El alto noble se encogió de hombros, acostumbrado al comportamiento de su primo. Ruka, medio de espaldas, dio un paso al frente y tuvo que recurrir a todos sus reflejos vampíricos para evitar chocar contra Aido, que seguía plantado en el umbral mirando hacia arriba.
-¡Oh, entra ya!-le soltó, enfadada.
-Está buscando muérdago.- Kain soltó una risita entre dientes.
-¡No lo hacía!-protestó el rubio de inmediato, mirando hacia atrás.
-Di que sí, Hanabusa.- replicó Kain, con una risita malvada mientras enarcaba las cejas. Él también estaba de buen humor, gracias al alcohol que habían bebido. Le dio un codazo a su primo en la espalda para que echara a andar y dejara de obstaculizar el paso.- Vamos, admítelo.-siguió pinchándole.- ¡Estabas buscando muérdago para acorralar a Kaname-sama y hacer que te besara!
Era algo que Kain normalmente no habría dicho, pero el vino y lo guapa que estaba Ruka aquella noche se habían combinado para soltarle la lengua. Aido se dió la vuelta para fulminar a su primo con la mirada, con las mejillas sonrojadas de culpabilidad.
-¡Pues claro que no!-proclamó acaloradamente.
Kain se encogió de hombros con neglicencia.
-Pues entonces es mejor que te muevas porque tienes una rama de muérdago justo encima, y no me apetece tener que besar a mi propio primo.-dijo, arrastrando las palabras.
Al parecer, Takuma se había escabullido al salón antes de que sirvieran los postres de la cena y Kain había visto la ramita de muérdago enganchada en el marco de la puerta con zelo. Aunque besar a Ruka sería algo muy distinto...
La mirada fulminante de Aido se intensificó y Kain notó que la temperatura del aire a su alrededor bajaba un par de grados.
-¡No tengo ninguna intención de engañar a Kaname-sama para que me bese!
Mientras hablaba, el noble rubio dio un paso atrás hacia el salón. Por desgracia, su tono de voz había sido más alto del que pretendía y todo el mundo oyó sus palabras en una pausa de la conversación. En el silencio que siguió, Aido se encontró mirando a los ojos muy abiertos de Kain antes de oír una risita a su espalda que se parecía sospechosamente a la de Yuuki. Se giró con la horrible sensación de que sus tripas se retorcían, amenazando con vaciar el contenido de su estómago, y se enfrentó a los sorprendidos ocupantes del salón.
Oh, mierda.
Todos le estaban mirando. El director Cross y Yuuki, sentados en el sofá; Takuma en una silla cercana con Shiki sentado en uno de los brazos; Zero, con las manos en los bolsillos unos pasos dentro de la habitación; Serien, en su habitual posición discreta cerca de la chimenea... y Kaname Kuran al lado del pirano.
Ruka se cubrió rápidamente la boca con una mano de manicura perfecta, intentando disimular la risa, pero Kain se echó a reír sin reservas. ¡La cara de su primo era impagable!
-¡Ka... Kaname-sama!- espetó Aido con unas mejillas más rojas que la salsa de arándanos que acompañaba el pavo y los ojos azules llenos de pánico avergonzado.- ¡No escuches a Kain, por favor! No intentaba llevarte bajo el muérdago, ¡de verdad!
El purasangre sólo rió perezosamente.
-Está bien, Aido, no me lo tomo a mal.-dijo con calma.
El rubio noble suspiró de puro alivio antes de dedicar a Kain, que seguía riéndose, otra mirada mortal. Pero aquello no era el final del asunto. Los ojos de Kaname empezaron a adquirir un brillo travieso.
-Aunque hay muérdago aquí encima, también.- señaló hacia arriba con un dedo largo y todos vieron el pequeño ramillete verde, pegado al techo con cinta adhesiva.
De nuevo, se hizo el silencio, esta vez lleno de expectación. El director Cross parecía esperanzado, a fin de cuentas, sería divertido ver a alguien besando al joven y regio purasangre al que tanto apreciaba. Aido y Ruka parecían igualmente anhelantes, mientras que las expresiones de Takuma, Shiki y Rima eran simplemente divertidas. Yuuki se debatía entre la diversión y el anhelo, la expresión de Seiren no varió un ápice y Zero desvió la mirada, luchando contra un irritante dolor en el pecho.
-¿Yuuki?- ofreció Kaname suavemente mientras le sonreía.
La jovencita se sonrojó inmediatamente y negó con la cabeza. Zero se giró a tiempo de ver su sonrojo, resopló y volvió a apartar la vista.
-Bueno, ¿a qué estás esperando, Hanabusa?-preguntó Kain, en un murmullo teatral hecho para que todo el mundo lo oyera.- ¡Es tu gran oportunidad, vamos!-le animó mientras le daba un golpecito juguetón en el hombro.
El noble se mordió el labio, con una expresión cómica entre mortificada y deseosa.
-¡No seas estúpido, Akatsuki!- rechinó los dientes mientras le devolvía el codazo. Demonios, todo el mundo le miraba, incluso Kaname, claramente divertido por su pelea.- ¡Corta el rollo o te congelaré el culo!-le amenazó con un gruñido bajo antes de girar sobre sus talones.
El codazo había dolido, aunque fuera sólo un momento, y Kain quería venganza.
-¿Cómo? ¿Estás asustado, Hanabusa?- le acicateó con una sonrisa perversa mientras daba un paso adeltante y empujaba a su primo hacia Kaname, esta vez con más fuerza.
Pillado a contrapié cuando intentaba mirar hacia atrás, el joven noble trastabilló hacia al lado un par de pasos, meneando los brazos en vano antes de chocar con fuerza contra la espalda de Zero.
-¡Eh!
El sorprendido prefecto cayó hacia delante, sacando las manos de los bolsillos para intentar amortiguar la caída, pero al instante siguiente alguien lo sostuvo. Kaname se había movido con velocidad vampírica y, en el espacio de un latido, se había situado ante Zero, cogiéndole de los brazos. Pero con el peso de Aido contra su espalda, Zero cayó contra el pecho de Kaname y el purasangre tuvo que dar un par de pasos hacia atrás para recuperar el equilibrio, frenando con la espalda contra el piano.
Zero enrojeció, parpadeando ante la imagen de sus manos apoyadas contra la nívea camisa de Kaname, entre su chaqueta desabrochada. Notó el calor del pecho del purasangre en las palmas de sus manos, el firme latido de su corazón justo debajo y se incorporó para encontrarse mirando directamente a los ojos de Kaname.
El corazón del prefecto respingó ante la intensa forma en que le miraba Kaname, con un repentino impulso protector iluminándole los ojos.
-¿Estás bien?-preguntó con suavidad.
Tan cerca.
Estaban tan cerca que el cálido aliento de Kaname rozó el rostro de Zero con el fragante olor del brandy que acababan de beber. La atónita mente del prefecto era un torbellino. ¿Por qué le estaba mirando así? Aido se había estrellado contra él, fijo, y podría haberse caído, pero eso era lo peor que le podría haber pasado, ¿no? No había ninguna razón para que el purasangre lo mirara así, como si acabara de rescatarle de las garras de la muerte. Podrían haber seguido mirándose mucho más rato, incluso con Aido, totalmente lívido, levantándose de la alfombra y congelando a su primo, repentinamente silencioso, con miradas fulminantes, si no fuera porque Yuuki emitió un gritito excitado.
-¡Mirad, chicos, muérdago!-chilló emocionada, señalando al techo justo encima de sus cabezas.
Las cabezas de todos se elevaron al unísono. Todos habían estado contemplando la extraña forma en la que se miraban Kaname y Zero, pero ahora se fijaron hacia la inocente ramita verde enganchada en el techo. Algo tan pequeño y que, sin embargo, entrañaba una antiquísima tradición de...
-¡Un beso!- gritó Yuuki con felicidad y las mejillas arreboladas, ahora más por excitación que por timidez.
Quizás tendría que sentirse celosa que quien estuviera con Kaname bajo el muérdago fuera Zero y no ella, pero la situación simplemente le parecía graciosa, tratándose de las dos personas que menos se esperaba que se besaran. Por supuesto, aquello sólo lo hacía aún más embarazoso para los dos y mas divertido para todos. Bueno, para casi todos.
Alguien rompió a reír. Era Takuma, sonriendo y meneando la cabeza al mismo tiempo ante la inesperada oportunidad que había provocado su travesura. Sus ojos verdes mostraban diversión y también simpatía hacia su amigo purasangre.¡Guau, tendí una trampa para cazar a un noble moreno y he acabando atrapando a un purasangre!, pensó, divertido.
-¡Sí, Kaname-kun, besa a Zero!-pió Cross, con el rostro sonrosado debido al vino y al brandy tanto como a la extraña camaradería que podía percibir aquella noche.
Después de todo, Zero llevaba varias horas en compañía de la Clase Nocturna y aún no se había derramado ni una gota de sangre, así que el director prácticamente deliraba de felicidad. ¿A quién le importaba que se debiera a que era Nochebuena? Aquello era como uno de sus más queridos sueños hecho realidad, las personas a las que más quería juntas disfrutando de su mutua compañia.
Uh, oh.
La mirada atónita de Kaname se encontró con la igualmente atónita de Zero pero, un momento después, ambos desviaron la vista, infinitamente nerviosos y excitados al mismo tiempo. Aquello era de locos. Rápidamente, Zero retiró las manos del pecho del purasangre y dio un paso atrás, haciendo que Kaname le soltara los brazos. Las mejllas que ya estaban sonrosadas por el alcohol enrojecieron aún más.
-¡Que se besen! ¡Que se besen! ¡Que se besen!
Cada vez más personas se añadieron a la cantinela que había empezado Yuuki mientras Rima y Shiki daban palmas al ritmo. Nunca habrían hecho algo así cualquier otro día, desde luego, pero aquel era distinto. Todo el mundo estaba de buen humor para bromas. Excepto Kaname, Zero, Seiren, Ruka y Aido, a todos se les metió en el cerebro, algo ebrio, que sería increíblemente divertido ver al regio purasangre y al huraño prefecto verse obligados a hacer algo que no querían "por respeto a la tradición". Incluso Ruka y Aido encontraron difícil objetar contra el entusiasmo contagioso que flotaba en el aire.
Los sorprendidos ojos de Kaname y los de Zero, igualmente sorprendidos y asustados, recorrieron la sala, tomando nota de las caras sonrientes, de los aplausos y los cánticos de "¡Que se besen!" antes de que sus miradas volvieran a encontrarse. Los dos, con los mismos escalofríos de shock recorriéndoles la esaplda, vieron algo que los demás no podían. A los ojos violetas de Zero asomaba la esperada mezcla de confusión y vergüenza, pero no la repulsión que Kaname medio temía encontrar. En las profundidades marrones de Kaname brillaba la esperada sorpresa y el disgusto, pero no la repulsión que Zero medio temía ver.
-¿Y bien, Zero?- susurró Kaname, respirando rápidamente entre sus labios entreabiertos.
Zero tragó saliva, perdido en la expresión inconfundible del purasangre. Kaname parecía receloso, pero no forzado. Aquel conocimiento envió otro escalofrío a su espina dorsal y una parte de él se dio cuenta de que había acabado involuntariamente en una posición por la que tanto Ruka como Aido darían lo que fuera. Aquel pensamiento no le divirtió, como había creído que haría, sino que tuvo que admitir el hecho indiscutible de que la idea no le parecía desagradable en absoluto. Zero tuvo la súbita inspiración de que tenía que haber bebido demasiado alcohol para estar pensando esas cosas.
-¡Oh, vamos!- gritó el director Cross, a punto de morir de excitación.
Zero sintió como si le hubieran tirado un cubo de agua fría. Por amor de Dios, ¿qué estaba haciendo? ¿Realmente pensaba en besar a Kaname? ¿Es que se había vuelto loco? ¿Y delante de toda la gente?
Si hubiera estado menos asustado, se habría dado cuenta de que, en aquella situación, era mejor coger el toro por los cuernos, porque la cosa se ponía peor con cada segundo de espera. Kaname ya había llegado a aquella conclusión y, aunque tenía la mente algo nublada, seguía siendo lo bastante astuto como para darse cuenta de que todos se tomarían el beso con buen humor y no montarían mucho escándalo por ello. Después de todo, era Navidad, ¿verdad? Con un rápido roce en los labios sería suficiente...
Pero Zero estaba demasiado confundido como para pensar racionalmente. En lo que a él respectaba, el Destino había encontrado una nueva forma de humillarlo. Cuando dio otro vistazo rápido alrededor vio la sonriente cara de Yuuki mientras canturreaba junto con los demás. Así que ella tampoco estaba de su parte...
Zero volvió a mirar a Kaname. Cuando dio un paso atrás, el ligero atisbo de esperanza en sus ojos amatistas había queado totalmente oscurecido por la incomodidad y el rechazo. Algo en el corazón de Kaname que había empezado a expandirse se encogió y murió al darse cuenta de que Zero iba a negarse. El purasangre sabía que no podía obligarle a quedarse ni a besarle pero, por algún motivo, Kaname deseaba aquel beso. Estaba cautivado por la suave mirada de esperanza confudida en los ojos de Zero, que le recordaba aquellos otros momentos con el prefecto que guardaba en su corazón.
Pero no... era demasiado tarde. Con un suave gemido que sólo oyó Kaname, Zero se giró y huyó del salón, dejando la puerta abierta de par en par. La cantinela cesó de golpe y un coro de quejidos decepcionados llenó la sala, junto con gruñidos calificando a Kiriyu como un jarro de agua fría y aguafiestas nacional. Los aullidos más sonoros procedieron del mismo director Cross, sin que aquello fuera una sorpresa para nadie.
Entre el chismorreo general y las risas decepcionadas, Takuma arrastró rápidament del saco rojo y todos se arremolinaron alreddor para coger su regalo. El Ayudante del Líder de la Residencia pretendía aliviar cualquier atención hacia Kaname y la distracción del intercambio de regalos funcionó, con Aido insistiendo en ser el primero en sacar el suyo. Al final, sólo quedó un regalo en el saco, el destinado a Zero, que no estaba allí para recogerlo.
Takuma se encargó de servir otra ronda de bebidas para todos mientras desanudaban lazos y desenvolvían los papeles de regalos. El noble rubio fue el único en darse cuenta de que Kaname ya no estaba en la habitación pero nadie, ni siquiera él, percibió otros dos detalles. Uno, que el ramillete de muérdago enganchado en el marco de la puerta había desaparecido, y dos, que el saco rojo al lado de la silla de Takuma estaba vacío.
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Zero permanecía de pie junto al lago, dejando que el frío resfrescara sus mejillas mientras el latido de su corazón empezaba a calmarse. Había huído disparado, lisa y llanamente, y nunca se iban a hartar de recordárselo, especialmente el director y Yuuki. Oh, ¿por qué se había quedado allí donde Aido podía estrellarse contra él? ¿Y por qué Kaname había intentado amortiguar su caída? Aún más importante, ¿por qué el purasangre no se había echado atrás ante aquel beso? Todos le habrían hecho caso, ¿a que sí? Era Kaname Kuran. Ostras, ni siquiera el director o Yuuki se habrían atrevido a insistir si Kaname hubiera decidido que no quería honrar aquella estúpida tradición. Pero sabía que, al menos en aquel momento, Kaname había querido besarle. No era posible malinterpretar la melancólica esperanza que había llenado los ojos del purasangre, con su mirada abierta una vez más, como si quisiera que el prefecto supiera cómo se sentía.
Zero cerró los ojos, meneando levemente la cabeza. Parecía que todo el mundo estaba borracho, incluido Kaname. Esa tenía que ser la única respuesta a su extraño comportamiento y esperaba que nadie recordara aquel fiasco por la mañana. Supuso que era buena idea que hubiera saliendo corriendo, después de todo, porque no podía imaginarse cómo podría haber vuelto a mirar al purasangre si se hubieran besado.
Y hablando de él... La presencia de Kaname se inmiscuyó en sus sentidos y miró por encima del hombro. El purasangre llevaba su abrigo de invierno, la chaqueta de Zero en una mano y una bolsa de papel en la otra. Se detuvo a unos 70 centímetros del prefecto, que sintió que volvía a enrojecer. Maldita sea.
-Mira, te he traído la chaqueta, imaginaba que no ibas a volver.- Kaname mantuvo un tono de voz ligero y casual mientras le tenía la prenda.
Zero no pudo evitar mirarle a los ojos mientras cogía la chaqueta y se enfundaba en ella.
-Uh, gracias.- murmuró mientras hundía las manos heladas en los bolsillos con alivio.
-De nada, Zero.
El purasangre había vuelto a usar su nombre pero el prefecto hizo ver que no lo había oído.
-Acabamos de intercambiar los regalos y, como los otros ya han escogido el suyo, éste es para ti.- Kaname le tendió la bolsa de papel.
Sorprendido por la consideración de Kaname, asintió con agradecimiento y sacó un regalo envuelto en papel alegre de la bolsa. Medía unos 50 centímetros y tenía un tacto blandito.
-Es el de Yuuki.- comentó Zero en voz baja, recordando el osito de peluche que ella había traído, y apretó el suave paquete contra su pecho. Querida Yuuki.- Compró un oso de peluche.- añadió.
Kaname se encogió de hombros.
-¿De color beige con un lazo de cuadrados y una campana? Fue el que se quedó Aido.
Zero le dedicó una mirada sorprendida al darse cuenta con algo de retraso que aquel paquete no había emitido ningún tintineo. Algo incómodo, abrió el envoltorio y echó un vistazo. No era un osito de peluche sino una suave Hello Kitty, vestida con un disfraz de Papá Noel perfectamente diseñado en Edición Limitada, con un lazo rojo a juego justo debajo de su oreja izquierda. El muñeco devolvió con calma la mirada en blanco de Zero. Vale, ¿entonces quién...?
-Parece que te has quedado con mi regalo.- comentó Kaname casualmente.
Sabía que era el suyo a pesar de que Rima y Shiki habían sido los encargados de envolver todos los regalos y, aunque estaba extrañamente feliz de que Zero se hubiera quedado con él, el corazón empezó a latirle con nerviosismo mientras esperaba su respuesta.
¡Ostras, qué coincidencia! Las mejillas de Zero volvieron a sonrosarse al recordar cómo lo había abrazado cariñosamente antes, pensando que era el de Yuuki.
-Oh. Um.... eh, gracias.
Kaname se encogió de hombros.
-No sabía qué comprar porque no estaba seguro de quién lo recibiría.- contestó con ligereza, pero fue la incertidumbre en su voz lo que hizo que Zero levantara la cabeza.
Kaname volvía a tener aquella expresión otra vez. Le recordó a cuando el purasangre había estado observando cómo bebía de la botella de agua durante la Caza del Tesoro, como si no estuviera seguro de si el prefecto iba a seguir adelante o no. Zero volvió a sentir la necesidad de tranquilizarlo, especialmente ahora que nadie les veía. Con los dedos temblando ligeramente y el corazón latiendo a la carrera, bajó la cabeza y rozó con los labios una de las orejas blancas de la gatita.
-Me gusta.- murmuró, algo incómodo.
-Me alegro.- dijo Kaname suavemente, sonriendo aliviado.
Zero sólo pudo sostener aquella mirada cálida durante un par de segundos antes de volver a meter el peluche en la bolsa y girarse hacia el lago oscuro de nuevo, hundiendo aún más las manos en los bolsillos. Un minuto después, Kaname se acercó un paso a él. Zero le dedicó una mirada recelosa, pero el purasangre seguía con la vista fija al frente.
Empezaron a caer un par de copos de nieve...
-Bueno, ¿qué han dicho los demás?-preguntó Zero finalmente, con un pequeño gesto de la barbilla hacia la Residencia Luna para indicar a quién se refería.
Kaname rió entre dientes.
-Todos son de la opinión de que has echado a perder una tradición de Navidad. Incluso Yuuki. El director Cross está profundamente decepcionado, por supuesto.
Zero frunció el ceño y resopló al mismo tiempo.
-Sí, apuesto a que sí.-masculló. Pasó otro medio minuto de silencio, con ambos contemplando el lago. Luego, Zero empezó a disculparse.- Mira, yo... lo siento, Kuran.
-¿Por qué?- preguntó casualmente.
-Por dejar que Aido me empujara.- Zero exhaló.
Se oyó otra suave risita.
-Olvídalo. Me parece que él lo siente más que tú.-dijo.
La boca de Zero se torció, expresando su acuerdo, y luego dirigió al purasangre una rápida mirada inquieta.
-Así que, ¿no estás enfadado?- preguntó, vacilando.
El purasangre no parecía estarlo ni remotamente, pero necesitaba su confirmación, sabiendo lo bueno que podía ser guardándose sus sentimientos.
-Es Navidad.- repuso ligeramente con un encogimiento de hombros.
Zero volvió a guardar silencio después de aquello y Kaname suspiró, sintiendo la confusión que emanaba del chico a su lado, y al final se decidió a preguntar.
-Zero, ¿qué pensaste exactamente cuando te diste cuenta de lo que esperaban que hiciéramos?- pero el prefecto no contestó, tensando los hombros bajo la chaqueta.- ¿Estabas enfadado?-probó con amabilidad.
-No.- replicó con suavidad.
-¿Te daba... asco la idea?- volvió a probar.
Incluso aunque Zero había negado que encontrara repulsiva la idea de probar su saliva, e incluso había dado fe de ello bebiendo de la misma botella, Kaname aguantó la respiración mientras aguardaba su respuesta nervioso. Por favor, no digas que sí...
El prefecto se limitó a dirigirle una mirada sobresaltada antes de negar con la cabeza.
-No, desde luego que no.-contestó con un tono aún más suave.
Kaname exhaló otro suspiro aliviado. Pero si Zero no estaba enfadado ni repelido, ¿entonces qué?
-Zero, ¿no querías... hacerlo?- preguntó al final.
El prefecto no dijo nada, lo cual ya era una respuesta por sí misma y la frustración empezó a crepitar en Kaname cuando Zero desvió la mirada. El purasangre sintió el impulso de dar un paso al frente y obligarlo a levantar la barbilla. Zero era tan cerrado como una ostra. Tras otro minuto de tenso silencio, Kaname alzó el rostro hacia el cielo y exhaló, contemplando cómo su aliento se helaba. Cada vez caían más copos de nieve, bailando y arremolinándose a su alrededor, pero aquella noche no había magia en el aire, sólo amarga desilusión.
-Bueno, la fiesta se está acabando, igualmente.- el purasangre hizo una pausa tras decir aquello, pero Zero seguía sin reaccionar y su corazón empezó a dolerle por haber perdido una oportunidad que ni siquiera había sabido que iba a echar de menos.- Buenas noches, Zero.- dijo con voz ronca, forzándose a girarse y a echar a andar, con cada paso más pesado que el anterior, pero ninguno más que su propio corazón.
-Kaname, yo... ¡espera!
El purasangre se quedó helado, con el corazón golpeando repentinamente en el pecho, embargándole de una temblora expectación con cada latido. Se giró lentamente. Zero había dado un paso al frente, pero tuvo que obligarse a continuar cuando se enfrentó a la mirada ilusionada de Kaname.
-Si de verdad quieres saberlo, lo único que sentí en aquel momento fue... arrepentimiento.
Kaname se lo quedó mirando cuando la expectación jadeante se tornó amarga desilusión.
-¿Arrepentimiento?- repitió en shock.- ¿Porque... porque te empujaran bajo el muérdago conmigo?-consiguió sortear el dolor al rojo vivo que le apuñalaba el pecho, retorciéndose.
Arrepentimiento...
-Ya veo.- murmuró con voz inexpresiva.
Esta vez fue Zero quien se impresionó y tuvo que tragar saliva ante la mirada destrozada en los ojos del purasangre. Tomó aire bruscamente y volvió a abrir la boca antes de volver a acobardarse.
-No, Kaname. Arrepentimiento por que no estuviéramos... a solas.-confesó en un susurro tembloroso.
Oh.
¡Oh...!
¿Así que Zero deseaba aquel beso? El dolor desgarrador que sentía desapareció, pero el corazón de Kaname empezó a martillear de nuevo contra sus costillas. Dio un paso hacia delante impulsivamente, haciendo que Zero se quedara rígido.
-No... No estás diciendo eso, ¿verdad que no?-preguntó con rapidez. Zero movió la cabeza en silencio y los labios de Kaname temblaron con una pequeña sonrisa esperanzada.- Ahora estamos a solas.- le recordó con suavidad.
Zero se encogió de hombros, incómodo.
-Sí, pero no hay muérdago.- replicó en un tono que pretendía ser sarcástico pero acabó por parecer nostálgico. ¿Por qué Kaname le estaba mirando tan... bueno, con tanta expectación?
Kaname se detuvo un momento, frunciendo el ceño.
-¿Aún lo necesitas?-preguntó sin poderlo creer.
Zero frunció el ceño, asintió, negó con la cabeza y asintió otra vez. Con tozudez. Incluso fulminó a Kaname con la mirada por atreverse a preguntarle aquello, pero el purasangre se limitó a sonreír. Zero lo contempló en silencio, fascinado cuando la sonrisa alcanzó aquellos ojos marrones y los iluminó hasta que brillaron de nuevo con una tierna calidez. Kaname se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó algo que sostuvo a unos treinta centímetros por encima de sus cabezas, entre los dos.
-Eh, mira debajo de qué estamos.-dijo con los ojos fijos en el chico que tenía delante.
Zero alzó la cabeza y vio el pequeño ramillete de muérdago que el purasangre sostenía con firmeza entre sus dedos elegantes, contra el fondo de los copos de nieve que caían lentamente. Sus labios se abrieron de puro asombro y luego volvió a bajar la cabeza.
-Kaname.-murmuró, con una voz que era a penas un tembloroso susurro.
La sonrisa de Kaname desapareció. Sacudió un par de copos de nieve del cabello de Zero y depositó la ramita verde encima de los suaves mechones plateados. Luego apoyó ambas manos en sus hombros y se acercó a él, salvando la distancia entre los dos. El prefecto tragó saliva con fuerza pero sólo pudo mirarle, con los ojos lilas muy abiertos, brillantes de esperanza y de suave anhelo.
Sus rostros estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban. Entonces, exhalando un suspiro dolorido, Kaname se acercó los últimos centímetros y rozó los labios de Zero con los suyos. Ninguno sabía si tenía que ser un beso con la boca abierta o cerrada, pero cuando sus labios se encontraron, ambos estaban suavemente entreabiertos.
Fue un beso ligero y casto, un saludo indeciso aunque ambos sabían que el otro estaba temblando igual que él.
El beso no cesó, simplemente continuó. Las manos de Zero se habían enlazado con fuerza alrededor de la espalda de Kaname, y las del purasangre estaban alrededor de su cuello. Un hondo estremecimiento recorrió sus cuerpos al mismo tiempo y el beso se hizo más profundo cuando los labios cálidos se separaron aún más y las lenguas salieron a escena. De repente, estaban hambrientos por averiguar a qué sabía el otro y sus lenguas se encontraron y se enlazaron, con los dientes rozándose levemente, sin derramar sangre. Zero gimió en la boca de Kaname y oyó al purasangre gruñir suavemente como respuesta. Intercambiaron besos sin cesar, aferrándose el uno al otro, temiendo caerse si no lo hacían.
Cuando los besos acabaron, ambos respiraron entrecortadamente en busca de aire, separándose lo justo para poder contemplarse sin aliento, con miradas asombradas. En aquella ocasión, fue Kaname quien se sintió inseguro y Zero quien salvó la distancia, apretando su mejilla derecha contra la misma del otro al apoyar la barbilla en el hombro del purasangre.
-Kaname.- musitó.- Yo...
Pero el purasangre negó rápidamente con la cabeza.
-No, Zero. No digas nada.- murmuró temblorosamente sin querer, sin atreverse a romper aquel mágico momento entre ellos, no cuando les había vuelto a envolver en su abrazo algo tan precioso y tan frágil.-Sólo abrázame así, por favor.- rogó en voz baja.
Zero asintió al punto, estrechando los brazos alrededor de Kaname de nuevo, quien hizo lo mismo con él. Permanecieron allí en silencio, respirando entrecortadamente el aire frío y sus cálidos aromas. Ninguno se atrevió a mirar al otro, pero ambos oían y sentían el irregular latido del corazón del otro contra el suyo.
Justo entonces, las suaves notas de 'Silent Night' llegaron hasta ellos mecidas por los copos de nieve. Alguien debía haber puesto música porque la voz pura de un niño empezó a cantar los antiguos versos. Los ojos de ambos escocieron con lágrimas inexplicables pero parpadearon hasta reprimirlas y se aferraron el uno al otro hasta que el villancico acabó, dejando un suave dolor latiendo en sus corazones.
Kaname soltó a Zero y dio un paso atrás, con los ojos brillantes mientras sonreía.
-Feliz Navidad, Zero.-murmuró.
-Feliz Navidad, Kaname.- replicó en un murmullo, asintiendo.
¿Qué era aquel dulce dolor en su corazón, urgiéndole a que no permitiera que el purasangre se marchara? Contempló a Kaname falto de palabras, atreviéndose a dejarle ver cómo se sentía mientras volvía a hundir las manos en los bolsillos otra vez. La verdad es que era una noche gélida, pero no había tenido frío en los brazos del purasangre.
Kaname vio aquella mirada en los ojos de Zero y la atesoró en su corazón. Se sentía como si no hubiera tocado o besado al prefecto lo suficiente, pero asintió antes de girarse y echar a andar hacia la Residencia Luna, dejando huellas en la nieve. Todo estaba bien... Kaname sabía que ahora podía soportar la estancia en la mansión Ichijo.
Podía soportarlo todo.
-Fin del capítulo-
Letra de "Noche de paz"
"Noche
de paz, noche de amor
Todo duerme en derredor
Entre los astros
que esparcen su luz
Bella anunciando al niño Jesús
Brilla la
estrella de paz
Brilla la estrella de paz
Noche de paz,
noche de amor
Oye humilde el fiel pastor
Coros celestes que
anuncian salud
Gracias y glorias en gran plenitud
Por nuestro
buen redentor(bis)
Noche de paz, noche de amor
Ved que
bello resplandor
Luce en el rostro del niño Jesús
En el
pesebre del mundo la luz
Astro de eterno fulgor(bis)"
