Regreso a la oscuridad

De todos los días de la semana, el día más tranquilo para los sepultureros era el sábado. Los visitantes eran escasos (Todos prefieren el domingo) y los funerales aun más. Por tanto Kai, Yukito y Touya siempre se sorteaban ese día para que uno de ellos lo tuviera libre

Este sábado lo había ganado Touya. Sin embargo, el viernes había estado toda la tarde afuera ayudando a que "cierto muerto" se pudiera encontrar con su ex prometida. Así que, pese a toda la flojera, Touya se levantó

Y menos mal que lo hizo, ya que el desayuno que había en la cocina era casi de reyes.

En la mesa había una gran variedad de panes, pasteles y bizcochos. Se podía sentir el olor dulce de la leche tibia inundando el lugar. Había suficiente comida para 5 o 6 personas. Y ellos eran apenas tres

- ¿Va a venir alguien a visitarnos? – Preguntó Touya, aún perspicaz, observando a su hermana que estaba rellenando con miel unos panqueques.

- Para nada – Sonrió Sakura dándose vuelta – Es una regalo por parte de Shaoran.

- ¿Shaoran? – repitió su hermano. Ahora que lo pensaba, en ninguna parte se veía al huésped de la casa

- ¿Sí? – Se escuchó al muerto entrando por la puerta que daba al patio con unos leños en el brazo

- ¿Qué está pasando aquí?

- Oh… ¿Hablas por el desayuno? – Touya asintió – Es que quería agradecerles de alguna forma los que han hecho por mí. Y, mientras dormían, se me ocurrió hacerles el desayuno

- ¿Todo esto lo has hecho tú? – Preguntó el joven señalando la mesa y con la incredulidad claramente reflejada en su cara

- Créelo, hermano – Sakura dejó los panqueques en la mesa mientras que Shaoran dejaba los leños junto a la cocina – Cuando me desperté ya tenía casi todo listo. Sólo le estoy ayudando un poco.

- Jamás pensé que alguien proveniente de la aristocracia supiera cocinar – Murmuró Touya. Al escuchar eso, el muerto rió

- Es que, cuando era niño, solía pasarme tardes junto con la señora Onishi, la cocinera de mi casa. Ella me enseñó a preparar de las más variadas comidas. Mi madre nunca supo que muchos de los platos que se le servía los hacía yo.

- Me ha impresionado, señor Li – Dijo el joven Kinomoto fingiendo seriedad - Jamás esperé tales dotes por parte suya

- No es nada. En todo caso, nunca logré superar a la señora Onishi.

- Pues yo creo que no lo haces nada de mal – Repuso Sakura comiendo unos pasteles - ¡Todo está muy bueno!

- Gracias - Murmuró algo sonrojado el muerto.

- Bueno, a vista de tan delicioso desayuno, creo que es mejor que me apure para ser capaz de comerme todo esto antes de las 9:30 – Touya se acercó a la mesa

- ¿Y para qué apurarte? – Preguntó su hermana – Hoy tienes libre

- Eso se supone. Pero ayer falté al trabajo. No es justo que me tome dos días libres y dejarles todo el trabajo a Kai y Yukito

- Ay, no… - Murmuró Sakura – Eso arruina nuestros planes

- ¿Planes?

- Es que Shaoran nos iba a llevar a su casa – respondió la chica

- Sakura me dijo en la mañana que sentía curiosidad por conocer el lugar donde crecí – Dijo el ambarino – Y yo le ofrecía llevarla hasta allá. Pero pensábamos que tu también irías

- Hubieras sido interesante – Repuso Touya – Pero sería demasiado irresponsable de mi parte. Si quieren, vayan ustedes dos

- Pero esa no era la idea – se quejó con un puchero Sakura

- De verdad lo siento – Se disculpó el joven – Sé que es tu último día vivo, Shaoran, sin embargo no puedo…

- ¡Sakura! – Un grito desde afuera de la casa interrumpió a Touya - ¡El desayuno que estás haciendo huele delicioso! – La voz cada vez se iba acercando más y más - ¡Espero que no te moleste un poco de compañía!

- ¡Tu compañía, Kai, nunca me va a molestar! – Gritó a su vez la esmeralda

- ¡Supongo que la mía tampoco! – Ahora se escuchó la voz de Yukito. Los dos estaban entrando por la puerta de la cocina

- Tampoco. Ustedes nunca podrían molestarme

Finalmente se abrió la puerta. Sin pedir permiso ni con mucha formalidad, los dos sepultureros entraron a la casa. Cómodamente se sacaron sus gorras y las colgaron en un perchero que estaba al lado. Se sacaron la tierra de sus zapatos y se acercaron. Aunque algo les llamó mucho la atención

- ¿Y tú? – Preguntó Kai a Touya - ¿No deberías estar durmiendo? Hoy es tu día libre, por si ya te habías olvidado

- No se me ha olvidado. Pero tampoco lo tendré libre. Aún debo arreglar las vigas que están en la bodega

- Pero, Touya, es tu día libre – Repuso Yukito – En primer lugar, tu casi nunca tienes el sábado libre

- Pero eso es culpa de su mala suerte – Dijo por lo bajo Kai haciendo reír a Sakura

- Y, en segundo lugar, de los tres, tú eres el que más trabaja. No te has tomado nunca unas vacaciones en todos los años que has estado trabajando aquí

- Sí, pero… - Partió a replicar Touya

- Pero nada – Lo interrumpió Kai. Después puso cara de lamento – Y yo que venía a despertarte para fastidiarte un poco. Tendrá que ser para otro sábado. Lo bueno es que éste desayuno se ve delicioso

- Sí – secundó Yukito – Si hubiera sabido que cocinabas estas delicias cada mañana, vendría más seguido, pequeña Sakura

- Ay, pero si yo no he hecho nada. Todo esto lo cocinó… - Y la chica se calló.

Sakura miró a su hermano y él le devolvió la mirada, inquieto. Los dos se habían olvidado de su huésped. Los sepultureros no lo habían visto aún, pero, cuando Sakura miró hacia atrás, se dieron cuenta del extraño. Shaoran, por su parte, estaba tranquilamente sentado junto a la cocina escuchando la conversación.

- Oh… - Comenzó Yukito haciendo una reverencia – Lo sentimos mucho, no lo habíamos visto

- Disculpe nuestra impertinencia – Prosiguió Kai

- Chicos – Inició Touya tratando de inventar algo lo suficientemente coherente para dar explicación a la presencia del muerto – Él es…

- Mi nombre es Li, Shaoran – Se presentó el ambarino – Y no es necesario que se disculpen.

- Pero usted parece ser de la aristocracia – Repuso Yukito – Por lo tanto…

- ¿Yo? – Dijo fingiendo asombro el muerto - ¿Yo, ser parte de la aristocracia? Usted no puede estar más equivocado.

- Fue él el que hizo el desayuno – Intervino Sakura

- ¿Y cómo fue que terminó aquí? – Preguntó Kai

Ahora los hermanos pasaron de lo incómodo al miedo. "Piensa en algo, piensa en algo" se decía Touya, pero nada se le ocurría

- Me perdí – Respondió con total tranquilidad Shaoran

- ¿Se perdió? – Repitió Kai

- Sí. Este cementerio es más grande de lo que pensaba. La señorita Kinomoto me encontró. Como agradecimiento por su bondad, les hice el desayuno

"Muy bien pensado" suspiró para sus adentros Touya. Cruzó una mirada con su hermana y ella le sonrió

- Ah – Murmuró Kai – En ese caso no interrumpimos más.

- Será para otra el desayuno, pequeña Sakura – Secundó Yukito

- Y tú, Touya, quédate en la casa. Un día más fuera del cementerio no va afectar a los muertos

- En todo caso, la bodega aún aguanta una tormenta

- Pero sí se pueden quedar – Interrumpió Shaoran, levantándose de su silla – Hay suficiente comida para los dos

- ¡Sí! – Dijo entusiasta Sakura – Aparte, hace tiempo que me tienen abandonada

Kai y Yukito se miraron preguntándose silenciosamente si aceptar o no la proposición. Finalmente, Sakura le sirvió a Yukito lo que es el triple de comida para cualquier otra persona. Ella conocía perfectamente los hábitos alimenticios de su amigo.


- Mierda, Shaoran – Exclamó Touya – Y yo que pensaba que la casa de los Daidoji era un palacio.

Después de desayunar hasta quedar más allá de lo saciado, los hermanos Kinomoto despidieron a Kai y Yukito. Ellos, por su parte, felicitaron a Shaoran por su gran habilidad en la cocina y le dijeron que esperaban que fuera a visitarlos. El muerto sólo sonrió amablemente ante el ofrecimiento.

Así que los tres salieron del cementerio en dirección de la mansión de los Li. Sakura sentía una gran curiosidad por conocer dónde había vivido su amigo al menos 2 décadas. Y, en especial, porque eso había sido hace medio siglo atrás. Pero, al llegar, ella, junto con su hermano, no podía salir de su asombro al ver tal "hogar"

Tal vez la estructura no fuera más grande que la de la mayoría de las casas importantes de la ciudad. Pero esta, definitivamente, debía tener el jardín más grande en toda la región.

En total, el espacio que ocupaba la residencia de los Li debía de ser más o menos de la mitad del porte del cementerio. Y eso no era poca cosa.

- ¿Y qué diablos guardan atrás en todo ese patio? – Preguntó incrédulo Touya - ¿Un dragón?

- ¿La verdad? Gran parte del jardín lo ocupa una laguna oculta por los árboles. Por esa razón mi bisabuelo no siguió agrandando la casa – Respondió tranquilamente Shaoran

- ¿Y cómo vamos a entrar? – Repuso Sakura aún demasiado entretenida viendo los detalles de los portones

- Hay una puerta oculta por el lado izquierdo. Rueguen porque alguno de mis familiares no la haya bloqueado, sino tendremos que dar la vuelta completa

En sí, no era mucho caminar para ellos. Los hermanos estaban acostumbrados a ir del fondo a la entrada de cementerio sin muchos problemas. Y Shaoran… Bueno, Shaoran nunca daba signos de cansancio. Ni de hambre, ni de frío, ni de ninguna molestia.

La puerta estaba muy bien oculta. Sino fuera por el muerto, los hermanos hubieran pasado de largo. Se mimetizaba completamente con la pared

Primero Shaoran trató de abril la puerta de la forma correcta (Que consistía en unos giros por una pequeña obertura con ayuda de un fino fierro a falta de llave). Pero no se movió ni un centímetro. Así que decidió optar por la fuerza. Con un fuerte golpe y repitiendo el proceso anterior, finalmente, logró mover la puerta.

- ¿Sabes por qué construyeron esta puerta? – Preguntó Sakura tratando de ver que había al fondo del oscuro pasadizo.

- Nunca me lo había preguntado – Murmuró Shaoran con la mirada perdida

Touya miró a su hermana, dubitativo, al ver la expresión del ambarino. Era como si estuviera muy, muy lejos de ahí. Tal vez sí estaba lejos de ahí. Sin embargo, los hermanos estaban preocupados

De repente, a Touya se le pasó un fugaz, pero interesante, pensamiento por la cabeza.

- Estás recordando, ¿No? Recuerdas aquellos tiempos. Lo tiempos de vida

Shaoran no respondió. Seguía aún perdido dentro de si. Pasaron unos minutos antes de que respondiera.

- Esto no estaba en mis planes. O sea… Cuando Sakura me propuso venir a mi hogar, la idea me pareció estupenda – El muerto agachó la mirada - Pero, después, creció un profundo miedo en mí. No sé que hay allá dentro. No sé si aún hay alguien que me recuerde. No sé si sea capaz de reconocer mi hogar.

Más que asustado, parecía aterrado. Al menos así lo vio y sintió Sakura. Por lo que hizo lo único que podía hacer. Abrazarlo

Shaoran, al sentir esos delgados e infantiles, pero muy amables brazos rodearlo, quedó paralizado. De primera, para una chica como Sakura, social y moralmente, estaban prohibidos tales acercamientos con alguien del sexo opuesto y que no sea familiar de ella. Y, lo más importante, el ambarino llevaba décadas sin sentir un abrazo así. Inclusive antes de su muerte.

Era cálido y confortante. Le transmitía seguridad. Le recordaba que no estaba sólo. Que estaban Touya y Sakura a su lado para acompañarlo. Shaoran sintió como algo, muy en el fondo de él, se quebraba. Era la soledad de la muerte que se disipaba. Por un momento se olvidó de que pronto tendría que regresar a las tinieblas. Sonrió. Era una lástima que no hubiera conocido a estos tan peculiares hermanos en otras circunstancias

- Si quieres no entramos. Podemos hacer otras cosas éste día – Ofreció Touya – No te obligamos a nada

- No te preocupes – Dijo afablemente el muerto. Después alejó suavemente a la chica de él – Sólo prométeme algo, Sakura.

- Está bien – Dijo la esmeralda extrañada

- No abrazarás a otros hombres de la forma que me has abrazado recién en público.

- ¿Qué? – Preguntó la chica sin poder creerlo. Touya rió - ¿Por qué? ¿No te gustó el abrazo?

- No es eso. Pero me molestaría mucho que la sociedad hablara mal de ti por acciones como esta. Ya sabes como son de chismosas algunas mujeres

- Shaoran tiene mucha razón – Avaló el joven – Debes cuidar tu futuro, Sakura

- ¡Pero si tú no me detuviste!

- Es que Shaoran es un caso especial. No me preocupa mucho.

- ¡Ah! – Dijo con fastidio Sakura – Me caen mal los dos.

- Es por tu bien, mi querida hermanita

- Humm… - Murmuró esquiva

- Entonces… ¿Vamos? – Dijo el ambarino indicando el pasadizo

Shaoran fue a la cabeza sacando las telarañas, las ramas y todo lo que pudiera hacer tropezar a los hermanos. Se notaba que nadie había ocupado ese camino en muchos años. Después de caminar unos metros pudieron ver luz. Y, tras apartar unos matorrales, llegaron al patio

Si de afuera se veía hermoso, de adentro se veía imponente ese jardín. La laguna, con sus aguas cristalinas, reflejaba a árboles centenarios que estaban a su orilla. Se podía ver a lo lejos varios caballos. Más cercano a la casa se apreciaba una gran plantación de flores. Era un verdadero paraíso.

- Con mis hermanas y primos solíamos pasar días jugando aquí. Es curioso ver lo pequeño que es

- ¿Lo pequeño que…? - Touya no fue capaz de completar la oración ante tal estupidez – ¡Pero si el patio es gigante!

- Es distinto. Si ahora a ti te parece grande, ni te imaginas lo inmenso que me parecía a mi cuando era un niño

- ¡Acerquémonos! – Propuso Sakura – Me gustaría ver la casa más de cerca

Cómo sabían que no podían rodear la cocina ya que, lo más probable, habría gente, decidieron acercarse pasando por una huerta que estaba algo alejada de las ventanas y los demás sirvientes. La huerta debía de ser de hace poco ya que Shaoran no la recordaba.

En cierto modo, lo tres estaban fascinados observando. Los hermanos se maravillaban ante tanta belleza mientras que Shaoran unía las piezas de sus recuerdos. Después de todo, en 50 años muchos detalles se borraban.

- Esperen – Exclamó Touya - ¿No lo escuchan?

- ¿Qué cosa? – Preguntó Sakura

- El llanto

Touya se dio vuelta y se acercó al huerto. Cuando estuvieron más cerca, Sakura y Shaoran pudieron escuchar también. Cautelosamente caminaron guiados por el sonido. Era el llanto de un niño.

- Ahí está – Murmuró Touya

No debía tener más de 6 años. Estaba escondido tras unas plantas de tomates y su cara estaba llena de tierra mezclada con sus lágrimas. De repente levantó la mirada y vio a los tres intrusos. Las lágrimas volvieron a brotar torrentosas de sus ojos

- No voy a ir. No me importa lo que les haya dicho mi abuela – Su voz trató de sonar determinante, pero las lágrimas hicieron que sonara más bien temblorosa

- Nadie nos ha mandado – Dijo Sakura - ¿Por qué tu abuela te busca?

- Es que me acerqué a las escaleras prohibidas – Volvieron los ojos a llenárseles de lágrimas – Pero quería jugar

- ¿Escaleras prohibidas? – Preguntó Shaoran acercándose - ¿Qué escaleras?

- Las que están a la derecha de la biblioteca. Ninguno de nosotros podemos jugar ahí

- No me digas… - Susurró fingiendo impresión el ambarino mientras se arrodillaba a la altura del chico - ¿Y te han dicho el por qué esas escaleras son prohibidas?

- Creo… - El chico se pasó la manga por las narices – Creo que pasó algo malo ahí

- ¿Cómo un accidente? – Profundizó más el muerto. El niño asintió - ¿Y cómo se llama tu abuela?

- La abuela Futtie. Siempre es cariñosa con nosotros excepto cuando nos acercamos a esas escaleras

- Así que eres nieto de Futtie – Shaoran sonrió. Le costaba imaginarse a su hermana como abuela regañona - ¿Y cómo te llamas?

- Kisho

- Kisho… - Repitió - Es un buen nombre.

- Gracias… supongo – Agradeció extrañado el niño

- Entonces estás escondido entre estos tomates porque fuiste a jugar en la escalera "prohibida" – Divagó el muerto - ¿Y sólo tu no puedes usarla?

- Yo y mis hermanos y mis primos. La verdad es que mucho de los sirvientes más antiguos tampoco pasan a ese lugar pero no sé porque. A ellos no los regañan.

- ¿Y cuántos hermanos tienes?

- Dos. Yo soy el menor.

A esas alturas de la conversación, los hermanos ya estaban alejados. Se habían dado cuenta de las intenciones de Shaoran. A través de ese sobrino nieto se estaba enterando de su familia. Era un momento sólo de él y Kisho y no querían interrumpir. Aunque Kisho no supiera que ese extraño era su tío abuelo y que por culpa de su muerte él no podía ir a jugar en las escaleras que están al lado de la biblioteca


- Son las 2:20 de la mañana – Repuso Shaoran observando el reloj de la casa – ¿Crees que algún día tu hermana saldrá de su pieza?

- Supongo que sí. Realmente no entiendo su actitud – Touya se estiró en su asiento – No dijiste nada malo. Sólo comentaste que te quedaban 10 horas de vida

Shaoran junto con Kisho estuvieron hablando horas, mientras que los hermanos se daban vueltas por el jardín. Finalmente se vieron interrumpidos porque la madre de Kisho salió a buscarlo con unos sirvientes. Era hora de salir de esa propiedad privada

- ¿Y cómo saldrán? – Preguntó Kisho a Shaoran. Pese a que el niño sabía que ellos eran intrusos, no les preocupaba mucho.

- ¿Quieres saber? – Le ofreció el ambarino

Así que lo llevaron hasta la puerta secreta. Cruzaron el pasadizo y Kisho supo donde estaba exactamente la entrada en la pared exterior. No preguntó como sabían tal información. Estaba más asombrado ante ese nuevo descubrimiento.

Cuando llegaron a la entrada de la mansión, Kisho se despidió. No con un "Hasta luego", sino con un "Buen viaje". Y, por su parte, Shaoran le recordó que le contara a su abuela lo que habían hablado.

- ¿Qué le contaste? – Preguntó curiosa Sakura

- Cuando era pequeña, Futtie solía ir a jugar cerca de los caballos. Un domador se había lastimado gravemente por un descuido y nuestra madre nos prohibió terminantemente acércanoslos. Pero a Futtie no le importaba. Así que todas las tarde iba a jugar con los caballos. Nunca le pasó nada – Shaoran sonrió maliciosamente - Sólo quiero que recuerde eso y que no malgaste una buena escalera.

El regreso al cementerio fue agradable. Había mucha gente en las calles. Matrimonios paseando con sus hijos. Hermosas chicas luciendo sus vestidos nuevos. Jóvenes galantes en plena etapa de conquista. Gente en las ferias ofreciendo sus productos. Niños en los parques disfrutando los últimos rayos de sol. "Es una hermosa forma de despedirse" pensó Shaoran "Una hermosa vista, un hermoso recuerdo"

Al llegar a las puertas del cementerio, el ambarino le pidió la hora a Touya

- Son las 5 de la tarde

- Eso significa que me quedan 10 horas de vida

Y en ese momento Sakura corrió hasta la casa y se encerró en su pieza.

Ante tan extraño comportamiento, Touya y Shaoran decidieron esperar a que saliera. Ya iban 9 horas y 20 minutos en espera. Así que, en conclusión, decidieron hablar y comer. En todo caso, ellos dos no habían compartido mucho tiempo en la semana así que era un buen momento

Pero, ahora, ya sólo quedaba minutos para las 3 de la mañana. Era hora de prepararse.

- ¿Sabes? Si tu hermana no baja tendré que subir a su pieza – sentenció el ambarino – Ella no se querrá despedir, pero yo sí.

- Si va a bajar – Le restó importancia Touya

Pero Shaoran igual subió. Tocó la puerta pero no hubo respuesta.

- Sakura… Ábreme – Ordenó el ambarino

Nada. En sí, el muerto no entendía la actitud de la chica. Desde el comienzo los tres sabían que él tendría que volver de donde vino. No tenía más opción que esa. Siempre fue un hombre muerto andante (Literalmente). Respiró hondo y elevó la voz

- Sakura… Ábreme – Ahora, más que ordenar, rogó – Tu sabías que este día iba a llegar. Tan sólo había tenido una tregua con la muerte por una semana. No hagas esto más difícil.

Nada de nuevo. "Diablos, que es terca" pensó Shaoran. Aún así, no se rindió y cambió de táctica.

- Está bien. No importa. Aún puedo hablarte desde aquí – Touya llegó hasta donde estaba el muerto y se quedó a escuchar – En sí, que todo haya salido bien en esta semana te lo debo a ti. Tú me encontraste esa noche y aún me pregunto que hubiera sido de mí sin tu ayuda o la de tu hermano. Sakura, sin duda, eres la chica más extraordinaria que he tenido el agrado de conocer. Nada te detiene y el hecho de que vivas en un cementerio parece no afectarte en nada. Sigues amando la vida pese a estar rodeada de muerte.

Fue en ese momento cuando el peso de la despedida cayó en los hombros de Shaoran. Trataba de no pensar como serían las cosas si él estuviera vivo, pero no podía evitarlo. Una parte de él no quería irse. La otra, la racional, le decía que no podía desear eso. Le estaba prohibido. Shaoran miró a Touya. En una semana había logrado sentirse más cercano a esos hermanos de lo que estuvo con muchos de sus familiares. No quería pensar en eso.

- Gracias, Sakura. Es todo lo que puedo decir – Dijo finalmente el ambarino omitiendo el dolor de su alma (Si es que un muerto puede tener alma) - Y vive tu vida tal como lo estás haciendo ahora. Libre y con buena voluntad. Que no te contamine la sociedad que está afuera del cementerio.

- Shaoran – Murmuró Touya – Son las 2:45. Debemos ir a la entrada

- Está bien – Agradeció le muerto – Adiós, Sakura.

Así, con un sentimiento de gran pesar en su pecho, Shaoran se alejo de la puerta. Esta no era la forma con la que planeaba despedirse de esa pequeña chica que lo ayudó sin importarle quien, o que, era.

La noche estaba oscura. No se veía ninguna estrella, no había viento y el silencio que se sentía en el lugar no era el típico del cementerio. La muerte estaba buscando a uno de los suyos e incluso Touya lo pudo sentir.

Quedaban apenas 7 minutos para las 3 de la mañana

- Realmente no puedo creer que Sakura no se despida de mi – Dijo finalmente escéptico Shaoran – Una parte de mi tenía esperanzas de que iría a salir de su pieza

- Relájate – Repuso tranquilo Touya – Sí va a llegar. Es Sakura de la que estamos hablando, después de todo

- Queda demasiado poco tiempo. Yo creo que ya no bajó. ¿Qué hora es?

- 2:56 de la mañana.

- En ese caso, me despido – Anunció el muerto estirando la mano al joven

- Bueno… - Dijo Touya sonriendo – Si no quieres esperar, supongo que sería hora de la despedida

- Dile a la terca de tu hermana que, pese a todo, aún la aprecio – Repuso Shaoran rendido

- Yo igual te aprecio – Se escuchó entre la oscuridad.

Tal como había anunciado el hermano minutos antes, Sakura apareció.

Su cara estaba roja por la adrenalina y respiraba entrecortadamente. Se veía que había corrido desde la casa hacia la entrada del cementerio ya que su cabello estaba desordenado. Y, lo que más llamaba la atención y apenaba a Shaoran, eran sus ojos. Estaban lacrimógenos y tenían ojeras

- Luces horrible, Sakura – Acotó Touya

- Gracias – Respondió sonriente la chica

- ¿Sakura? – Partió Shaoran asombrado - ¿Qué te pasó?

- Bueno… - Comenzó a acercarse lentamente – Te quería dar esto – Y le pasó un pequeño oso de felpa

- Ah… - Dijo Touya – Así que era eso. Por un momento me había preocupado

Pero el muerto no entendía nada. Miró lo que la chica le había dado. El oso era un poco más grande que su mano y era de color gris. Después miró extrañado a los hermanos

- ¿Te acuerdas que te dije que antes le tenía mucho miedo a las fantasmas? – Partió Sakura

- Sí – Respondió Shaoran aún sin comprender

- La cosa es que, como de una u otra forma necesitaba movilizarme dentro del recinto, a mi hermano se le ocurrió algo.

- Debo confesar que ese juego ha sido una de las cosas más inteligentes que se me han ocurrido – Repuso Touya orgulloso

- La cosa es que mi hermano solía esconderme pequeños osos de felpas por todas partes del cementerio. De esa forma yo me animaba a buscarlos. Sin embargo, fue inevitable que alguna vez me perdiera – La chica sonrió - Pero esos osos me ayudaron a regresar

- Es que yo solía ponerlos en partes cercanas a las calles principales – Explicó el joven – De esa forma le dejaba las cosas más fáciles a ella, ya que pensaba que no se atrevería a caminar por las partes periféricas.

- Sé que es una tontera lo de ese oso, pero desde ese momento siempre he creído que los osos de felpa ayudan a regresar a casa – Los ojos de Sakura se volvieron cristalinos – Porque nuestra casa es tu casa, Shaoran.

Y al fin el ambarino pudo descubrir lo que estuvo haciendo Sakura toda la tarde. Le estaba confeccionando ese peluche. Era un regalo de despedida. Pero, lo más importante, es que a esos hermanos no les importaba que fuera un muerto o que tuviera más de 50 años. Simplemente lo apreciaban por lo que era. Por ser Shaoran y nada más. Así que, haciendo caso omiso de sus propias palabras, se acercó a Sakura y la abrazó.

- Me hubiera encantado conocerte hace 50 años atrás. A ti y a tu hermano.

- Pensé que no debía abrazar en público a personas de mi sexo opuesto – Murmuró Sakura

- No debes, pero puedes. Aparte, ahora es una ocasión especial – Explicó el ambarino. Después le besó la frente y se separó – Voy a estar muy celoso de tu esposo, pese a que voy a estar "al otro lado". Eres demasiado buena para el 90 porciento de los hombres

- Lo mismo digo todo el tiempo – Intervino Touya

- Y tu – Ahora el muerto se dirigió a el joven – Te tendrás que encargar de buscarle un buen esposo a tu hermana

- Tomaré eso como el último deseo de un moribundo – Sentenció el chico

- Y a un moribundo no se le puede negar el último deseo, ¿Verdad? – Sonrió Shaoran. Después levantó la mirada y miró el cielo – Ya es hora. Puedo sentir a la muerte sobre mis hombros.

Sakura no pudo controlar sus lágrimas. Su hermano la abrazó y el muerto se acercó a la entrada.

Shaoran los podía ver. Los demás muertos lo esperaban. Le decían que entrara antes de que sea muy tarde. Miró sus manos como se estaban transparentando y como sus pulmones ya no necesitaban tanto el aire. Se dio vuelta y observó a los hermanos una última vez.

- Hay algo dentro del oso de felpa, Shaoran – Dijo Sakura algo interrumpida por sus lágrimas. El muerto rió

- Está bien. Lo veré después – Y el reloj de pulsera de Touya dio la tres de la mañana – Adiós y hasta luego, Touya y Sakura.

De repente, en cosa de segundos, las luces de todo el cementerio se apagaron de golpe. Los hermanos se abrazaron y pudieron sentir fuertes ráfagas de viento por todo el lugar. Touya no supo cuanto tiempo pasó hasta que, de la misma forma que se apagaron, las luces se prendieron. Shaoran ya no estaba.

- Vamos – Dijo el joven a su hermana. Sakura controló sus lágrimas y asintió.

- ¿Crees que habrá logrado irse a más allá? – Preguntó la chica

- Yo creo que sí.

Caminaron lentamente de regreso a casa hasta que Touya se acordó de algo.

- ¿Qué es lo que hay dentro del oso de felpa, Sakura?

- Una cruz. Me la había dado hace muchos años una señora para el funeral de su hijo.

- ¿Y por qué te la dio?

- La verdad es que no me la dio.

- Bueno, ¿Te la dio o no te la dio? – Preguntó extrañado Touya - ¿O la robaste?

- ¡Claro que no la robé! – Contraatacó Sakura indignada – Me la dio, pero me dijo que yo debía dársela a alguien que, según me criterio, la necesitara más. Y yo se la quise dar a Shaoran.

- ¿Y por qué nunca me contaste eso?

- Porque nunca se me pasó por la cabeza contártelo.

- Me acabo de dar cuenta que tienes muchos secretos, hermanita – Repuso perspicaz Touya

- ¿Tantos como tiene este cementerio? – Sakura sonrió ante la idea – Lo dudo mucho.


Notas de la autora:

Estoy segura que ninguno de ustedes lloró. Al menos, eso es lo que traté de hacer. Pero yo lloré como la mayor de las estúpidas. Es que en mi mente me lo imagine mil veces peor. Fue realmente horrible U.U

Entonces... ¿A qué se debió mi desaparición? Veamos... Estuve ausente dos meses, ¿no?. El primer mes lo fue porque mi pc murió trágicamente. Perdí todo de todo. Inclusive este capítulo (Había dejado el aviso en mi profile). El otro mes lo hice por falta de ganas. Y porque las musas no apareción para escribir (Y eso que ya había escrito este capítulo una vez) No sé realmente lo que me pasó. Pero tienen mucha suerte de que mi sentido de la responsabilidad sea más grande xD

Lo único curioso que puedo decir de este capítulo es que, como había dicho al comienzo de la historia, fue lo primero que me imaginé. Todo se le agradece a la canción Dreamer de Apocalyptica (Aunque si la escuchan no creo que la relacionen mucho con la hstoria)

Gracias a los reviews, como siempre. Hacen que sean más felices mis momentos al escribir.

¿Epílogo? Claro que sí. Ya está escrito pero debo corregirlo. Quizás lo suba antes de lo que piensan

Good night and good luck!

PD: ¿Encontraron muchas faslta de ortografía? Lo más probable. Lo siento por eso!!

Hora: 23:00 hrs / 2 de octubre de 2008