¡Hola! Primero que nada, una disculpa por haber tardado tanto en publicar. He tenido mucho que hacer y esto se ha puesto demasiado agitado. Ya casi termina mi semestre, estoy en exámenes finales pero no tengo en realidad demasiado porqué preocuparme, me ha ido muy bien, jeje.
Segundo, muchas gracias por leer y comentar. Es un gusto recibir sus comentarios para saber en qué puedo mejorar y si les está gustando este fic.
Espero que siga gustándoles tanto como a mí el escribirlo.
Disc. One Piece y sus personajes son obra del genial Oda sama (*-*) yo solo tomé prestadas sus creaciones para la trama de este fic.
Los invito a leer :D
Por Instinto
Capítulo 7: But I'm broken…
Tanto el barco de la marina como el Sunny iban a toda velocidad a través del mar, pero los Mugiwaras sabían que no podían avanzar mucho más rápido y por lo tanto no conseguían darles alcance. Dada la ventaja que llevaban los marines, no los alcanzarían hasta que se detuvieran, o al menos eso calculó Nami. Pero no dudaba que lo harían, sin duda, la idea de Martella era esa, atraerlos.
Robin se había alejado de la barandilla y Chopper le había curado todas las heridas que tenía en la piel. Ninguna era peligrosa, pero había perdido una cantidad de sangre exacta para causarle, junto con el frío, una gran debilidad.
Sin embargo, después de haber visto a esa mujer, y a Zoro junto con ella, las energías de Robin se repusieron de manera súbita.
-Te harás daño- observó Chopper cuando notó que Robin estaba demasiado tensa, tanto, que apretaba con fuerza uno de sus puños, clavando en consecuencia las uñas en su palma. Robin lo miró y extendió la mano, un poco apenada de que Chopper fuera testigo de lo que para ella era un comportamiento bastante…impropio, impensable. No iba a dejar que la situación pudiera con ella con tanta facilidad.
Se mantuvo alejada de sus compañeros, para poder programarse primero a mantener la compostura y poder actuar como siempre. Su alejamiento no duró demasiado a pesar de sus esfuerzos; Franky se acercó pronto a ella con el evidente propósito de entablar conversación. Robin no rehuyó a hablar con él. Lo que fuera a decirle no iba a cambiar lo que había pasado.
Franky se sentó a su lado en el nido de cuervo, desde cuya ventana veían todo lo que pasaba en la cubierta del barco y aún más allá, hacia el mar.
-No fue tu culpa- le soltó de pronto, aunque en realidad ella no estaba pensando (ni preocupándose) específicamente por esa parte del problema. No contestó nada, y Franky interpretó su silencio como resultado de su pesadumbre-, esa mujer te tendió una trampa. No pudiste evitarlo así que no fue tu culpa.
-Lo sé, no necesitas decírmelo- contestó ella entonces, tratando no sonar grosera-estoy molesta, pero no me siento culpable.
En parte era verdad y en parte no. Claro que estaba molesta. Claro que la mayor parte de sus sentimientos negativos en ese momento se volcaban a esa despreciable mujer, y por supuesto que sabía que el hecho de que le hubiera tendido una trampa era algo que no se podía cambiar y sin duda alguna, cien por ciento propio de los marines.
Pero que no se sintiera culpable al respecto era en parte mentira. Sentía culpabilidad porque no debía haber enfrentado a esa mujer de la manera en que lo hizo, sobre todo sabiendo el tipo de persona, específicamente, el tipo de oponente que era. Era de esperarse que no jugara limpio y con más motivo ella debía haber sido más cuidadosa.
Ahora estaba molesta, sí, pero también estaba nerviosa y con el corazón oprimido. Si a Zoro le sucedía algo malo, ella se sentiría como la única culpable de todo, pero por el momento, por supuesto, se contentaba con dejarle el papel de culpable a Martella.
Una sonrisa amarga cruzó por su rostro sin que ella pudiera evitarlo; hasta Franky se dio cuenta de ello. Porque era una de sus sonrisas habituales, y no cualquiera se hubiera dado cuenta de la nota de dolor que llevaba con ella, pero ambos sabían que en una situación como esa, una sonrisa de parte de Robin, y más una tan cálida y suave como siempre, no podía deberse menos que a una triste ironía.
-¿Qué ocurre?
-Que esto solo comprueba la teoría de que a Zoro lo que le atrae es la piedra.
Su sonrisa se tornó un poco más ancha, y Franky, como cualquier hombre lo hubiera hecho, tuvo la sensación de que en cualquier momento ella comenzaría a llorar, y empezó a prepararse para enfrentar algo que, como cualquier hombre, sabía que no estaba en condiciones de aminorar.
Pero Robin no lloró ni se lamentó, en lo absoluto, y Franky tuvo que haberlo pensado antes pues estaba consciente de que su compañera estaba hecha de una pasta distinta a la de otras mujeres. Su sonrisa se fue desvaneciendo con la misma suavidad con la que había aparecido, pero no se derrumbó en ningún instante lo cual para su nakama fue al tiempo un alivio y un orgullo.
-Eso está bien. Al menos sabemos que no se fue con esa mujer por voluntad propia.
-Sí. Tenemos que traerlo de regreso.
Un rayo de esperanza había salido la noche anterior, en el último asalto sorpresa que Zoro había efectuado sobre ella al meterse en su cama. Al darse cuenta de que no traía la piedra consigo, y que aun así Zoro la había… ¿buscado?...había llegado a pensar que tenía algún tipo de atracción especial por ella, independientemente de la piedra, o de sus instintos o de sus inexistentes sentimientos.
Pero al verlo irse con esa mujer…
No podía. No podía ni siquiera tratar de imaginar semejante cosa.
Pensar en Zoro…en Zoro y en esa mujer, imaginárselos juntos, imaginarse uno en los brazos del otro…
¿Qué tal si la tipa tenía menos escrúpulos que ella y se metía con Zoro sin más? ¿Qué tal si… justo en ese momento…?
Sintió algo que le oprimía el pecho, sintió unas intensas y casi insoportables ganas de gritar, y no pudo decírselo a Franky porque ya había sido suficiente de exponerse y de justificar sus sentimientos y sus deseos.
Necesitaba dar un paso atrás. Necesitaba enfriarse, necesitaba regresar al pasado para enfrentar a esa mujer. Porque para alguien así no iba a desperdiciar amabilidad ni paz. Para alguien como Martella, ella debía seguir teniendo la habilidad actual de Nico Robin, pero con la frialdad, precisión y falta de misericordia de Miss All-Sunday.
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Nami había acelerado lo más que había podido el Sunny. Pensaron en usar alguno de los dispositivos especiales que Franky le había implementado pero no tenían suficiente cola en la bodega, producto de que en la isla del Ocaso no habían hecho las compras como normalmente lo hacían.
Mientras tanto el barco de los marines sí parecía avanzar cada vez más y esto enervaba sobremanera a la navegante, a quien su orgullo le repetía constantemente que no podía dejar que la venciera un estúpido barco de la marina comandado por semejante arpía.
Pasaron las horas y no parecía que se fueran a detener. Las primeras luces del amanecer llegaron a ellos, pálidas, lo más seguro era que ese día no iba a salir el sol.
Un poco más allá de donde estaba el barco de la marina, alcanzaron a ver una isla, y en esa isla había una construcción enorme, que podían distinguir con facilidad y cuya identidad supieron en seguida.
-Vaya, ¿por qué será que no me sorprende?- comentó Franky levantándose los lentes oscuros cuando todos se congregaron alrededor de la cabeza del Sunny, cerca de donde Nami estaba parada observando el horizonte con sus binoculares.
En lo alto de la imponente construcción hondeaba orgullosa una bandera blanca con el símbolo de los marines, y un poco más allá, una del gobierno mundial.
-No pensé que hubiera una construcción así cerca- comentó Nami al aire, sin dirigirse a nadie en particular-; tenía entendido que estas aguas estaban fuera de sus territorios. En ningún mapa de los que conseguí en las islas marca la existencia de esta fortaleza.
-Será que prefieren ocultarse para casos así- propuso Sanji- en realidad como dice Franky, a mí tampoco me sorprende.
-¿Llevarán allí a Zoro?- preguntó Chopper, preocupado.
-Claro, es la carnada. Pero… ¿piensan que somos tan idiotas de irnos a meter allí por nuestra cuenta?
-Pues hasta ahora nos hemos metido de cabeza en problema tras problema- repuso Franky al comentario de Ussop- yo no lo dudaría.
-Pues no hay nada que hablar- decidió Luffy con un entusiasmo repentino que llamó la atención de todos- entraremos y sacaremos a Zoro de allí cueste lo que cueste.
Robin se había quedado atrás del grupo, observándolos, escuchándolos, pero también atenta al barco de la marina…como si quedársele viendo le diera una pista de lo que estaba pasando allí. No comentó nada al respecto pero sus compañeros parecían comprender bien que ella estaba de acuerdo y dispuesta a adaptarse a cualquier situación. Lo único que todos tenían realmente claro era que ella no permitiría tampoco, por nada del mundo, que Zoro se quedara allí.
Pero, ¿cómo se supone que llegarían, o que entrarían siquiera a la fortaleza? Bueno, la pregunta era en el sentido de que seguramente los estaban esperando. ¿Debían ellos prevenirse de algún modo?
El barco de la marina entró por una enorme puerta y supieron que seguro había un depósito donde dejar el barco dentro de la isla. Ellos por supuesto no llevarían hacia allá al Sunny.
-Nami san- habló Brook de pronto, saltando desde la parte más alta de la torre de vigilancia- por allá hay un lugar donde anclar el barco. Hay piedras y una pequeña orilla, parece adecuado.
-Muy bien Brook, gracias.
Giraron el timón en la dirección que había dicho Brook y pronto vieron que efectivamente, había unas formaciones rocosas que parecían perfectas para resguardar un barco. Franky montó en el Mini-Merry y fue junto con Ussop a explorar las aguas y a asegurarse de que no hubiera rocas más pequeñas entre el agua que fueran a dañar al Sunny. Regresaron y avisaron a Nami de que todo estaba bien, así que se dirigieron allá.
Estaban atentos. En cualquier momento, de cualquier lugar, podían salir los marines a emboscarlos. Probablemente incluso un lugar tan accesible para anclar era la mejor trampa. A pesar de esto, los Mugiwara tenían un plan claro que incluía el enfrentamiento con ellos; cualquier cosa con tal de sacar a Zoro de allí. En realidad les venía valiendo un cacahuate si tenían que pelear o incluso destruir la isla por completo siempre que pudieran tener a su compañero de vuelta.
Sin embargo bajaron del barco y la paz que había alrededor fue absoluta. El día avanzaba poco a poco y la mañana fresca y tranquila en la isla los sorprendió. Si la fortaleza de los marines no se viera por encima de los árboles, ellos hubieran podido jurar que aquella era una isla desierta más entre todas las que habían visitado alguna vez en sus viajes. Los alrededores ni siquiera parecían mostrar intervención humana.
-Quizás lo que quiere es que nosotros mismos vayamos y entremos a la fortaleza- concluyó Ussop luego de pensarlo un poco.
-Martella es una mujer sádica y sin escrúpulos- la voz de Robin por fin se escuchó, luego de varias horas de haberse mantenido en silencio. Su acostumbrada armonía contrastó con la entonación lúgubre y la connotación de advertencia que tenían sus palabras. Todos sin excepción voltearon a verle, un poco, o más bien, bastante movidos por lo que acababa de decir-; ella no ve a las personas como tales. Sus subordinados son esclavos, sus prisioneros son juguetes y sus enemigos son entretenimiento. No es más poderosa únicamente porque no le han querido dar un puesto más alto que el de capitana, pero mucha gente le teme y ha sido la responsable de encarcelar y torturar a miles; piratas, rebeldes, civiles, marines por igual. No se confíen con ella. No crean que tendrá piedad o que pueda debilitarse por cualquier tontería. Si se muestra vulnerable o indefensa no le crean. Si propone una tregua o un trato tampoco hagan caso. Desconfíen de cualquier muestra de temor o agrado. No permitan que les ponga una sola mano encima, conoce todo tipo de trampas y aún si ustedes no atacan, ella no dudará en hacerles todo el daño posible si tiene la oportunidad.
Después de estas palabras de parte de la arqueóloga, el silencio era tan sepulcral que hubiera asustado a cualquiera. Robin había hablado de una forma tan sombría y a la vez tan precisa y vehemente, que las palabras habían logrado colarse en lo profundo de los cerebros de sus amigos. De pronto ella misma tuvo miedo, pero se repuso velozmente.
Quizás la razón por la que temía tanto, era porque casi junto con decirlo se fue dando cuenta de que la descripción que había hecho de Martella se parecía demasiado a lo que el mundo entero pensaba de ella, sobre todo luego de haber sido Miss All-Sunday.
En aquella época había hecho tantas cosas que actualmente le costaba pensar que alguien además de sus amigos pudiera tener una opinión positiva de la "Niña Demonio". Todas las personas que alguna vez habían escuchado su historia por parte de los marines creían que ella era un verdadero monstruo, lo cual al menos quería pensar que no era cierto.
Pero por otro lado, ella misma se labró poco a poco esa fama.
Al servicio de Crocodile hizo varias barbaridades que mejor era no mencionar. Lamentablemente varios factores estaban contra ella en esos momentos; su soledad, su indefensión, la meta a la que quería llegar, pero sobre todo, la imagen que tenía que aparentar frente a Crocodile si no quería que la matara antes de cumplir con sus objetivos.
¿Robar? ¿Engañar? ¿Tender trampas? ¿Torturar? ¿Asesinar sin misericordia?
Juego de niños.
Para Miss All-Sunday, claro.
Pero, ¿para Robin?
Tenía que preguntárselo detenidamente mientras pudiera, porque si de algo estaba segura (aun emprendiendo esa misión con sus compañeros) era que ella –Miss All Sunday- tenía que enfrentar a Martella en algún momento de la travesía. No lo dudaba por un instante.
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Caminaron para acercarse a la fortaleza, pero aun así no hubo señales de movimiento de parte de los marines. Cada vez les parecía más extraño per no se detuvieron, lo más probable era que les estaban preparando un muy buen "recibimiento".
No se iban a dejar intimidar. Se habían enfrentado a muchísimas cosas peores que esa en muchas ocasiones.
El caminar ligero de Luffy al frente del pequeño contingente era decidido y rápido, sin duda deseaba llegar a su destino pronto. Por su parte, los demás estaban atentos a los alrededores, sobre todo luego del discurso que les había dado Robin acerca de Martella.
Ella cerraba el grupo, siempre vigilante aunque su apariencia como siempre no demostraba especial turbación. Esperaba el momento de enfrentarla, pero nadie hubiera podido decir que esos eran sus planes.
El ambiente de esa isla era parecido al de las otras; las hojas de los árboles estaban amarillas y en algunos ya habían empezado a caer al suelo. El aire frío corría entre las ramas de éstos, y encima había un cielo nublado que aunque mostraba que era de día no permitía ni un rayo de sol que diera un poco de calor.
Robin recordó vagamente cuando ese extraño león-oso había aparecido y Zoro se había puesto a pelear con él sin dudarlo.
En seguida su mente volvió a su compañero. ¿Cómo estaría entre esos marines? ¿Sabrían ellos de la situación o solo pensarían que él actuaba así todo el tiempo?
Volvió a pensar en Martella. Por desgracia, esa mujer era lo suficientemente lista para darse cuenta de que algo realmente raro ocurría con Zoro y que la piedra tenía algo que ver con ello.
En todo caso, ¿estaría él peor que antes?
Ya había visto que su vista comenzaba a nublarse una vez más. Podría atacar a alguien y entonces lo atacarían a él. Y sin estar en completo dominio de sí mismo, de sus habilidades y de su poder, era más que probable que le hicieran verdadero daño. No era eficaz para pelear en ese estado; acaso para mantenerse a sí mismo con vida y para resistir, pero no para enfrentar a alguien como Martella.
Aunque unos días antes había dejado a Sanji casi completamente fuera de combate. Ojala…ojala no hubiera ningún problema. Ojala simplemente lo tuvieran…prisionero, y no tuvieran alguna interacción con él que pudiera perturbarlo. Así cuando lo encontraran, probablemente no presentaría problemas para llevarlo de regreso.
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Finalmente llegaron a la enorme barda que rodeaba la fortaleza. Seguía sin haber señales de vida de los marines. Había unas puertas de madera, muy grandes y abiertas de par en par. Si los estaban esperando, era claro que lo que Martella quería era una pelea.
Se detuvieron antes de decidir si entrar o no. En el patio interior todo estaba vacío, desierto, y no había ruidos ni movimiento. El aire sopló con bastante fuerza, enfriando un poco más el ambiente. Ya era mediodía y no parecía que fuera a hacer calor pronto.
-Pues vamos a entrar- resolvió Sanji, y luego de que Luffy asintiera todos avanzaron.
Una vez que todos pasaron las puertas, éstas se cerraron con un mecanismo activado a distancia. No le prestaron mayor atención y continuaron avanzando.
Antes de llegar siquiera a la mitad del patio, unos pasos se escucharon de fondo, y una silueta se fue haciendo un poco más clara conforme avanzaba hacia ellos.
Era esa mujer. Se veía tan tranquila, caminando a paso lento y con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta. Fumaba un cigarrillo lentamente y de cuando en cuando dejaba caer la ceniza al suelo.
Le dio una última calada, lo tiró y lo pisó para apagarlo. La piedra colgaba de su cuello, y en un momento en que su mirada se cruzó con la de Robin, la tomó entre sus dedos como si se estuviera burlando de ella. Robin no permitió que notara la oleada de odio que sintió correr por todo su cuerpo.
Sus ojos verdes pasaron por sobre todos los Mugiwaras y se detuvieron en Luffy.
-Así que vinieron. Es un gusto tenerlos aquí- sonrió ampliamente-, su amigo se ha portado muy bien, es de lo más…cooperativo.
-¿Dónde está Zoro?- Luffy preguntó, firmemente. Atrás de él los demás mantenían su pose más fuerte frente a la mujer, sobretodo Sanji, quien luchaba contra su deseo de portarse tan idiota como siempre y de asaltarla con sus atenciones y lanzando corazones con los ojos.
Una tensión extraña se sintió alrededor de ellos.
-Si quieren a su amigo pueden ir a buscarlo- contestó ella con resolución- todo es cuestión de que lo encuentren.
-¿Qué esperas lograr con esto?- preguntó Nami, enfadada por la actitud tan resuelta y calmada de la mujer.
-Lo que cualquier persona en mi posición querría, atraparlos- se encogió de hombros- claro, no sin divertirme un poco antes.
-No caeremos en algo tan ridículo, bruja…- reaccionó la navegante.
-¿Qué opción tienen?- ella no dejaba de sonreír. Volvió a mirar a Robin mientras acariciaba el diamante-, por cierto, gracias por el regalo, querida. Mira, no solo combina con mis ojos sino que también descubrí los beneficios que tiene el usarlo. Ahora entiendo con claridad porqué significaba tanto para ti.
La manera en que la miró y sonrió fue más que suficiente para que Robin sintiera su sangre arder y quemar sus venas, pero siguió sin responder abiertamente a la provocación. Ella volvió a dirigirse a los demás, que al parecer no habían comprendido- o no habían querido comprender- sus palabras.
-Si quieren buscar a su amigo, pueden entrar a la fortaleza. Lo que suceda en adelante es responsabilidad de ustedes.
Después de darle una última mirada a Martella, Luffy volteó a ver a los demás y les hizo una señal con la cabeza.
-Yo me quedaré aquí. Ustedes vayan y busquen a Zoro.
-No, Luffy- Robin se adelantó y puso una mano en el hombro de Luffy, para apartarlo- Yo me encargaré de ella.
-¿Estás segura, Robin?
Ella solo asintió. Luffy la miró un momento y sin mucha sorpresa ella confirmó que su capitán comprendía. Luffy asintió también.
-Pero…Robin…
-No se preocupen- Robin interrumpió la protesta de Nami sin dejar de ver a Martella- ustedes busquen a Zoro y váyanse pronto de aquí.
Martella rio con un desdén evidente.
-Lo hiciste muy personal, zorra.
Robin la fulminó con la mirada. Los demás parecieron aceptar el inminente enfrentamiento. Sanji quería ponerse a llorar solo de pensar que dos tan hermosas damas se pondrían en peligro peleando salvajemente entre ellas (aunque en realidad visualizar la idea no le desagradaba mucho), pero al igual que los demás mostró estar de acuerdo con la situación.
Después de mirarse para ponerse de acuerdo, los Mugiwara corrieron para entrar en la fortaleza, y fue entonces que Robin se sintió con mayor libertad para hablar.
-Se volvió personal cuando me quitaste esa piedra- repuso con la misma frialdad con que había hablado antes. Martella no se inmutó.
-Bien. No te culpo, en realidad, un hombre como ese lo vale.
Robin respiró profundo y avanzó hacia ella. Martella se sorprendió de que no mostrara ningún movimiento amenazante, no parecía que fuera a atacarla, pero cada vez se acercaba más a donde estaba.
-Esto va en contra de mi costumbre- aclaró Robin- no suelo atacar de frente y si me conoces tan bien como creo, supongo que lo sabes y lo tienes muy presente. Pelear como me es habitual no servirá de nada y eso lo sé, por eso me venciste antes. No cometeré el mismo error dos veces.
Martella retrocedió un paso, sin despegar sus ojos de los de Robin. Sacó un cuchillo de entre sus ropas, pero antes de que pudiera hacer otra cosa ya la tenía encima.
Dos cadenas de brazos habían crecido atrás de Martella, quien perturbada por el accionar de Robin no había puesto atención a su alrededor. La había tomado del cabello y la había jalado hacia atrás con tanta fuerza y sorpresa que la tiró sin problema alguno.
Por su parte, Robin se tiró sobre ella como un animal salvaje se va al cuello de una víctima. Martella la amenazó sacando de entre sus ropas muchas más navajas, pero Robin resistió. Le plantó las rodillas en el estómago y la inmovilizó contra el suelo, pero la pelirroja se afirmó con la espalda y se las arregló para empujarla con los pies para quitársela de encima.
Robin se incorporó pero no se apartó de ella. La sujetó por los brazos a pesar de que la patada que le dio en el estómago le había sacado bastante aire y que los filos escondidos entre las ropas de Martella le lastimaron las manos. Ella enfureció.
-No me provoques, puta. No podrás conmigo.
Robin no contestó, pero se lanzó hacia ella de nuevo a golpes. Martella no tardó mucho en descifrar qué era lo que ella quería. Robin iba directo a quitarle la piedra del cuello, por eso la atacaba así, de frente.
Robin, por su parte, sentía algo que probablemente nunca antes había sentido así en ella; su sangre arder al paso que corría por sus venas durante la batalla. Nunca había sentido tal furia contra un enemigo antes; jamás antes había tenido esa misma necesidad de vencer. Todo dentro de ella quemaba, el aire en sus pulmones, la saliva de su boca, incluso tenía la sensación de que podría hacer cualquier cosa estallar en llamas si se lo proponía solo con pasar sus dedos encima.
Sus ataques se volvieron cada vez más certeros y cada vez sintió menos el dolor, consciente de que Martella la había alcanzado a herir una, dos, tres, decenas de veces, aun así no pudo retroceder, no quiso retroceder.
Eso que quemaba dentro de ella la impulsaba para seguir. No le importó el rojo de su sangre correr por su piel así como tampoco le importó en lo absoluto que cada vez que golpeaba a Martella parecía un poco más débil y desorientada. Sus propias palabras anteriormente dichas a sus amigos resonaron en su cabeza; esa mujer no era débil y cualquier muestra de sufrimiento o debilidad no eran sino una trampa, jamás un motivo para detenerse o para tenerle compasión.
De modo que sus extremidades continuaron apareciendo en todas partes, propinándole golpes o torciéndola sin misericordia. Martella seguía atacando pero lucía terriblemente contrariada, pues realmente no se esperaba recibir este tipo de ataque por parte de la arqueóloga, y Robin descifró esto en sus ojos mientras se veía a sí misma golpeándola con todas sus fuerzas.
Las navajas y las trampas no le hicieron mayor daño que unos pocos roces, simples líneas que no perturbaron en lo absoluto su concentración. Aunque Martella hacía lo posible para moverse en los alrededores como un verdadero felino, su rival no se quedaba atrás. Robin se impresionó de su propia fuerza, de su poder… y todo lo que podía pensar estaba centrado en la joya, en la piedra que ahora colgaba del cuello de Martella…debía recuperarla, pero, ¿qué tenía que ver eso con la forma en que se comportaba? ¿Por qué sentía tanta fuerza en su interior, por qué no tenía miedo ni le dolían las heridas?
Se estaba comportando…
Como una bestia…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Martella la alcanzó con una navaja, haciéndole un corte limpio en el cuello.
Se asustó, la soltó y retrocedió mientras una sensación helada le recorría la columna… sabía lo que una herida así podría hacerle, estaba en peligro, podría morir…
Pero la herida no era profunda. Salió bastante sangre, pero no había alcanzado suficiente profundidad para matarla. Sin embargo, eso le provocó algo que no esperaba.
Se quitó la mano del cuello y la miró, manchada de su sangre. Era roja, rojísima, y muy brillante. Estaba hirviendo y el olor que despedía era uno de los más fuertes que Robin hubiera percibido en su vida. Y era su propia sangre.
Algo en su interior se activó. Su corazón se aceleró y su respiración se hizo más veloz y menos profunda. Levantó la vista hacia Martella, quien se mantenía de pie tratando de recuperar el aire. El miedo que sentía se mezcló con una enorme y despiadada furia que se concentró en sus piernas y la obligó a correr hacia ella para desahogar la descarga de adrenalina que simplemente no podía controlar en ese instante.
Contrario a lo que hubiera esperado, Martella no retrocedió ni se defendió; comenzó a correr hacia ella, igual de preparada para atacarla con todas sus fuerzas. Robin no se detuvo a pesar del miedo que sintió cuando vio la enorme navaja en manos de su rival. Se imaginó la hoja cortando su carne y ese pensamiento le dio más fuerzas para seguir corriendo hacia ella.
En un momento de lucidez una pregunta atravesó su mente.
¿Es así como se siente Zoro?
¿Era así como se sentía cuando tenía que defenderse de los ataques de otros? ¿Así era cada vez que peleaba? ¿Su miedo también se mezclaba de esa manera con su sangre y con su furia, de modo que lo obligaba a seguir peleando?
Antes de chocar con la navaja que portaba Martella, Robin recobró el sentido lo suficiente para usar sus poderes otra vez.
-¡Cien Fleur!
Una enorme pared de manos surgió y envolvió a Martella, pero ella no permitió que la detuvieran. Se libró de ellas con facilidad y continuó avanzando hacia Robin, a quien la lucidez iba volviendo poco a poco.
Alcanzó a sujetarla de la muñeca antes de que la navaja bajara pero las que estaban escondidas en sus ropas le lastimaron las manos.
Martella se libró de la mano de Robin que sujetaba la suya, pero no pudo clavarle la navaja como ella quería así que le soltó un puñetazo con la otra mano, que la hizo voltear la cara suficiente para sacarla de balance y tirarla al piso.
-Parece que se te acabó lo fiera, muñeca-se burló mientras se sentaba sobre su estómago, sujetándole las manos contra el piso.
Otras dos cadenas de manos florecieron y le tomaron el cabello con fuerza como al principio, jalándola hacia atrás de tal modo que Robin se pudo darle la vuelta a la situación.
-No me subestimes- advirtió firmemente, aun se encontraba perturbada por lo que había ocurrido con ella. Miró a Martella y se dio cuenta de que en realidad la había lastimado seriamente. Pero ella aún actuaba con la mayor tranquilidad.
-Qué gracioso, hace un momento estaba peleando contra una bestia salvaje…y ahora no veo más que una pequeña rata cobarde, llena de miedo.
Robin frunció el ceño, pero no contestó a la burla porque sabía que no lo podía ocultar. Era verdad, de pronto había sentido un miedo muy grande; miedo de sí misma y de lo que era capaz de hacer por perder el control.
Comenzaron a forcejear en el intento que hacía Robin por quitarle el diamante. Se incorporaron sin soltarse delos brazos, Robin se ayudaba con su poder pero aun así Martella era suficientemente astuta para escurrirse e impedir que la tocara.
En un movimiento rápido le lanzó otro puñetazo, que Robin esquivó por ver su puño armado con una navaja. Martella aprovechó para hacer que la soltara, y salió corriendo con rumbo a entrada de la fortaleza. Robin la siguió, pero en lugar de entrar, Martella se desvió hacia una puerta pequeña que había además de la puerta principal, que era enorme y pesada, hecha de metal.
Miss All Sunday decidió no perder la compostura una vez más así que caminó en su dirección con pasos firmes, pero sin prisa, buscando mostrarle quién tenía el control de la situación allí.
-No lo pediré una vez más, ya comprobaste lo que puedo hacer. Devuélveme esa piedra antes de que decida matarte.
Martella comenzó a reír a carcajadas. A pesar de que su apariencia había pasado a ser lamentable, ya que su piel estaba cubierta de moretones y de cortes, ella no parecía lamentarlo en lo absoluto ni tener miedo alguno.
-Ya veremos qué es lo que realmente puedes hacer, estúpida.
Abrió entonces la puerta más pequeña, que era la entrada a un pasillo oscuro, y Robin escuchó un ruido en el interior que le erizó la piel. Eran cadenas. Y gruñidos, como los de un animal salvaje. Un animal salvaje…atrapado, furioso…
-Ese espadachín…es un espécimen muy hermoso, sin duda, de colección- se burló Martella con un tono de voz entre sugerente y provocador- lástima que sea tan violento. Es bueno para la pelea, no hay duda…y por lo que he visto tampoco dudo que sea bueno para otras cosas.
Robin tragó saliva mientras retrocedía uno de los pasos que había avanzado. Martella solo la miró con una gran sonrisa.
-Espero que te haga sufrir mucho, me costó trabajo hacerlo enojar pero finalmente lo conseguí.
-¿Qué fue lo que le hiciste?
-Le di una buena paliza, eso fue lo que hice. Aunque pensándolo bien, no te preocupes, no creo que te haga sufrir demasiado, en el estado en que estás te matará apenas te ponga una mano encima.
Robin retrocedió otro paso mientras el ruido de las cadenas se hacía más fuerte, como si se fuera acercando hacia ellas. No se atrevió a moverse más.
-Bien…ahora, me retiro- Robin alzó la vista hacia Martella, quien comenzó a ascender al techo de la fortaleza, donde había unos marines que le habían lanzado unas cuerdas para que subiera- suerte querida. La vas a necesitar.
Robin miró a su alrededor. La puerta principal de la fortaleza comenzó a cerrarse, y aunque corrió no consiguió llegar antes de que lo hiciera por completo. La golpeó con todas sus fuerzas pero no consiguió nada. Iba a escalar la barda cuando escuchó un sonido más; como si de pronto todas las cadenas que había escuchado antes cayeran al suelo pesadamente.
Otro gruñido se escuchó, y fue entonces que ella se quedó plantada donde estaba. Respiró profundo antes de darse la vuelta muy lentamente, preparándose para lo que encontraría frente a esa puerta…
Allí estaba Zoro. Con las manos y los pies apoyados en el piso y la espalda erizada como la de un animal salvaje. Sus ropas estaban maltrechas, y él estaba cubierto de polvo, de moretones y su cabello estaba revuelto. Robin retrocedió lentamente otro paso. Ante este movimiento, él levantó la cara, y ella pudo ver sus ojos enrojecidos y nublados. Él se estremeció y sacudió la cabeza; dejar la oscuridad de ese lugar parecía lastimarlo, y esto solo sirvió para que gruñera con más fuerza.
Robin respiró profundamente antes de tomar la decisión. Sus piernas temblaban y todo dentro de ella se sentía encogido, tenso, doloroso.
Pero ella lo sabía muy bien, sobre todo después de verlo en ese estado. Por más terrible que pareciera, ella no podía huir. Zoro la necesitaba. No podía escapar nada más porque sí, él necesitaba de ella, en verdad. Él necesitaba su ayuda para volver a la normalidad.
Dominó su miedo. Dominó su sangre. Dominó todo lo que hasta ese momento no había conseguido controlar, y lo miró fijamente. Habló con la voz más baja y apacible que pudo mientras avanzaba lentamente hacia él, solo un paso, un corto y suave paso hacia adelante.
-Zoro…- le dijo, casi susurrando- Zoro…escúchame…soy Robin…
Al escuchar su voz, Zoro se tensó con mayor fuerza. Al escuchar su nombre, y luego el de ella, pareció estar aún más perturbado que antes, mucho más.
-Zoro…zo…Zoro, escúchame…- pidió, ahora hasta comenzaba a tartamudear- por favor… voy a ayudarte…
Se acercó un poco más, y Zoro se agazapó hacia atrás en el suelo, rehuyendo a su cercanía. Robin se planteó seriamente el dejarlo tranquilo, pero decidió que esa no era una opción; ella necesitaba ayudarle, no podía dejarlo así nada más.
-Zoro… por favor- se animó a avanzar aún más. Extendió su mano hacia él y Zoro se agachó todavía más-no…no te preocupes…yo jamás te lastimaría…
Se acuclilló, y finalmente consiguió que su mano tocara la cabeza de su compañero. Pero justo en ese instante, Zoro recibió un golpe muy fuerte en su espalda, eran municiones que estallaron contra la piel de su compañero causando un ruido muy fuerte y perturbador para él. Robin tuvo suficiente tiempo de mirar hacia arriba y ver a los marines que habían lanzado el proyectil pero el daño estaba ya hecho. Zoro relacionó el dolor que sintió con el toque de Robin y su pensamiento la identificó en seguida como la única culpable del ataque, que aunque inofensivo, lo hizo reaccionar de manera por demás violenta.
Robin se levantó de golpe cuando se dio cuenta de que los gruñidos se dirigían ahora hacia ella, amenazándola, como un lobo, como un león, Zoro comenzó a moverse hacia ella despacio pero ella conocía perfectamente bien qué era lo que estaba pasando con él en ese instante.
-No…- susurró- ¡No!
Se puso de pie y comenzó a correr en cuanto vio que Zoro se elevaba por los aires en un salto poderoso cuyo único fin era alcanzarla.
Ella supo que no podía perder más el tiempo. Corrió hacia la barda y tomó suficiente impulso; una cadena de manos hizo el resto para ayudarla a saltar hacia el otro lado con todas sus fuerzas. Pero apenas había caído en el suelo cuando se dio cuenta de que Zoro la perseguía muy de cerca y sin ninguna dificultad saltó la barda para continuar siguiéndola. Robin no perdió el tiempo; después de voltear rápido hacia atrás corrió con todas sus fuerzas en dirección al Sunny.
No se le ocurría bien qué era lo que podía hacer, pero quizás estar en un lugar familiar contribuiría a que Zoro recuperara algo de ser humano que aún debía de haber en él. Si es que de verdad aún quedaba algo.
Pero por más fuerte que corría, Zoro la seguía de cerca. Era lo más cerca que recordaba alguna vez haber sido perseguida por una bestia salvaje, no la iba a dejar así como así.
Trató de hablar con él pero su agitación era tan grande que no lograba hilar una sola palabra sin que se le cortara la respiración.
Necesitaba descansar un poco o simplemente no conseguiría llegar al barco antes de que él la alcanzara, así que decidió abrirse un camino para confundirlo en el bosque. Eso le daría tiempo cuando menos de detenerse un momento para tomar aire, claro, si conseguía perderlo.
Se internó entre los árboles buscando un camino que claramente no existía. La vegetación era demasiado espesa y apenas podía caminar.
De pronto la humedad y el frío aumentaron en el ambiente y Robin percibió que el cielo se oscurecía y se nublaba todavía más que antes. Escuchaba las hojas removerse pero no podía definir exactamente en qué lugar podría encontrarse Zoro, si la estaba buscando en ese momento.
Tenía que ser. No se le ocurría otra cosa.
Siguió andando, cada vez se introducía más en el bosque. Luego de un rato se dio cuenta; las nubes le impedían guiarse, y cada vez eran más oscuras y densas. La vegetación era tan espesa que no conseguía ver más allá de uno o dos metros delante de ella. Estaba perdida, casi no había pasado nada de tiempo cuando no supo dónde estaba. Quiso volver sobre sus pasos pero no podía enfrentar a Zoro en ese estado, necesitaban volver al Sunny. Pensó en escalar un árbol y guiarse desde arriba, pero entonces un enorme relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno que retumbó con tanta fuerza que la hizo estremecer. Comenzó a caer un aguacero con muchísima fuerza, tanto que por un momento no pudo ver por dónde iba, se confundía entre las ramas y las hojas y tropezaba con sus propios pies cuando trataba de caminar.
Los relámpagos seguían cayendo uno tras otro. Robin, desorientada y cansada, se acurrucó contra la raíz de un árbol y se abrazó las rodillas.
¿Dónde estaba? ¿Qué iba a hacer?
Decidió esperar allí, mientras pudiera hacerlo, hasta que se calmara aquella lluvia. Estaba empapada, herida, cansada…y asustada. Tenía miedo de Zoro. No lo podía dominar, y si ya era difícil antes, mucho más ahora que no tenía la piedra con ella. Él no iba a responder a su voz del mismo modo que antes, no iba a volver a confiar en ella con tanta facilidad como antes…y esto solo sirvió para hacerla sentir peor.
Sintió de nuevo tantas ganas de dejar salir lo que estaba sintiendo…necesitaba gritar. Necesitaba llorar para dejar de sentirse tan vulnerable y tan frágil, estaba demasiado fastidiada de sentirse así, quería que todo terminara pronto, necesitaba quitarse de encima tantos pensamientos, tantos sentimientos que solo la dañaban…
La lluvia no parecía que se fuera a detener pronto.
Pasaron varios minutos, y simplemente no dejaba de caer. Robin se preguntó… ¿dónde estaría Zoro en ese momento? ¿Estaría perdido como ella? ¿Estaría asustado, y congelándose, justo como ella?
Se puso de pie, no podía esperar más.
Pero se sentía mal. Se sentía mareada, desubicada. Todo lo veía demasiado borroso, a su paso solo distinguía manchas verdes que debían ser plantas, pero no podía ver el suelo sobre el que caminaba y no lograba ver mucho hacia adelante tampoco. No había ni una luz que la iluminara salvo los relámpagos que cada poco tiempo atravesaban el cielo.
Sus piernas estaban débiles y lo mismo con casi todo su cuerpo, se sentía adormilada y confundida. Palpó su propia frente; tenía una fiebre espantosa.
Casi al momento de despegar la mano de su frente se sintió caer. Perdía el equilibrio, y un fuerte dolor de cabeza la atacó.
Se tuvo que sujetar de algo que por el tacto adivinó que era el tronco de un árbol, y allí esperó un momento. Siguió avanzando.
De pronto, tras ella, escuchó un movimiento de ramas que no había oído antes; justo como cuando ella pasaba por entre la vegetación, alguien iba caminando por allí también.
Tenía que ser Zoro.
Presa de un miedo aún mayor, Robin continuó avanzando, pero la confusión que era presa, la debilidad que sentía y el dolor en su cabeza solo se sumaron a la sensación de ser perseguida.
Algo en su interior le decía que corriera, que avanzara con todas sus fuerzas, que tenía que llegar al Sunny, que allí estaría segura, pero ¿dónde estaba el Sunny? ¿Por dónde debía irse? No había ningún camino, no había manera de volver, no había forma alguna de que ella saliera de allí porque cada paso que daba parecía que se perdía más, como si se estuviera hundiendo en el lodo y cada movimiento solo sirviera para ahogarla y cubrirla.
Siguió avanzando únicamente porque los sonidos detrás de ella se volvían más cercanos y fuertes.
Volteó en todas las direcciones y no logró distinguir su procedencia y mucho menos determinar hacia donde debía de ir. No podía hacer mucho más así que continuó por donde podía hacerlo aun cuando a cada paso se sentía desfallecer. Sus ropas se atoraron en unas ramas y sintió sus pies hundirse en el lodo, y los pasos se escucharon aún más cerca de ella, que no pudiendo soportarlo más consiguió ponerse a correr.
Chocó contra todo, volteaba hacia atrás pero su vista era demasiado limitada y tenía el miedo a flor de piel. No podía más y no había salida, estaba caminando en círculos, bajo la lluvia, débil, enferma, asustada, vulnerable, tensa, asustada, confundida, herida, frágil, asustada, asustada, asustada…!
Sus pasos se abrieron por una senda que parecía despejada pero en un momento dado perdió sentido de toda la realidad; sus pies perdieron el camino y se encontró así misma cayendo, flotando…
Había caído en una fosa. Miró hacia arriba y vio las gotas de lluvia cayendo en la superficie del agua. Su cuerpo, más pesado que nunca, comenzó a descender cada vez más rápido. No tenía aire en sus pulmones, y sus ojos irritados comenzaron a cerrarse.
No había salida esta vez. No…no la había.
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Un calor extrañamente agradable le alcanzó la piel del brazo derecho… era fuego, un fuego muy amigable que conseguía poco a poco calentar su piel y traerla a ella de regreso a la realidad. Ahora temblaba de pies a cabeza, con tanta fuerza que no era capaz de moverse ni un poco por voluntad propia.
Sentía el piso debajo de ella, y el murmullo de la lluvia se había detenido por completo, sin embargo, el frio aún estaba presente en el ambiente. No podía abrir los ojos, no tenía fuerza para hacerlo, y su respiración no conseguía normalizarse.
¿Cómo había llegado hasta allí? ¿De dónde había salido ese fuego?
Su mente aún se encontraba tan perturbada y revuelta que no conseguía hilar las piezas del todo… nada estaba claro, no conseguía recordar con exactitud algunas cosas…lo último que recordaba era haber caído a la fosa, hundirse en el agua y luego…
Luego estaba allí…
Y…de pronto una sensación la asaltó, no estaba sola. Alguien se acercó a ella…alguien…tocó su brazo.
Alguien, la misma persona que le había quitado el abrigo que justo en ese momento se dio cuenta de que ya no tenía.
Ese alguien comenzó a desabotonar su blusa.
-…no…- pidió, su voz sin fuerzas, el resto de su cuerpo sin poder hacer demasiado por resistirse…
Un cuerpo bastante más pesado que el suyo se posó encima de ella. Sus labios fueron reclamados por una caricia extraña, un beso débil, lleno de inseguridad y miedo.
El sabor de esos labios no había sido opacado por el sabor a lluvia que ahora había en ellos. Lo malo era que ahora ella no tenía el poder, la fuerza ni la voluntad para negarse a nada…solo con sus palabras, que de cualquier forma se vieron silenciadas por ese beso, que muy a su pesar, no quería dejar, en lo absoluto.
Las manos de Zoro se introdujeron aún más en su ropa. Ella tenía miedo, pero no impidió que se deshiciera de su blusa. Él comenzó a acariciar su piel desnuda como si tuviera curiosidad de conocer cada detalle, cada centímetro de su extensión. Robin se estremeció bajo cada roce lleno de humedad y se dio cuenta de que bajo su cuerpo no estaba el suelo, sino una prenda, probablemente algo de ropa de su nakama…
Y fue entonces que también se dio cuenta de que Zoro estaba desnudo.
No por mirarlo ya que no había podido abrir sus ojos aún, sino por la claridad con que sus manos pudieron recorrerle la piel poco a poco, al mismo ritmo que él llevaba en la piel de ella.
Sus pantalones se deslizaron por sus piernas con la misma facilidad con que su blusa había sido retirada y al sentir a Zoro, piel con piel, una descarga se expandió por su cuerpo. Él cortó el beso y comenzó a mordisquear su cuello y sus hombros. Ella no podía hacer mucho más que dejarse hacer… no tenía fuerzas para oponerse ni para tratar de alejarlo de ella y además….lo estaba disfrutando.
Disfrutó como sus dedos se deslizaron deshaciéndose finalmente de su sostén y de sus pantis, y le abrazó con la poca fuerza que le quedaba cuando la boca de su compañero se perdió en su pecho, y sus piernas se entrelazaron con las de ella. Sus pieles se deslizaban de una manera extraña una contra la otra debido a la humedad, pero realmente eso carecía de importancia….
Porque no deseaba otra cosa. Deseaba que pasara.
Sintió una mordida fuerte en uno de sus senos y una de las pesadas manos de su compañero recorriéndole la espalda mientras con la otra sujetaba una de sus piernas para que no se escapara de él. Ella solo le abrazó con toda la fuerza que tenía, se prendió de su cabello, se removió contra su cuerpo buscando alargar la sensación y el contacto entre ambos…
Al fin pudo abrir los ojos, y le vio acercándose hacia ella, a sus labios. Se miraron fijamente un instante y ella volvió a cerrarlos al sentir el beso, mientras sus caderas se rozaban y se acariciaban…
Zoro la soltó de nuevo y continuó bajando con besos por su pecho y por su estómago. Acarició y besó sus piernas mientras no perdía de vista sus ojos, ella se sentía arder y perderse en éxtasis cuando los labios de su compañero le recorrían la piel.
Comenzó a suspirar y de un momento a otro, a gemir. No podía con esa sensación, era demasiado fuerte para su cuerpo, para su mente, para toda ella…
Él la hizo levantarse un poco y la acomodó sobre sus piernas. Sus pechos quedaron pegados y él le sujetó la espalda con fuerza mientras continuaba besándola, como si supiera que ella apenas podía moverse. Robin correspondió a cada beso, y a cada caricia como pudo hacerlo en ese estado… sus caderas comenzaron a efectuar un vaivén extraño, como anticipándose a lo inevitable.
Zoro le acarició el cabello mientras continuaban unidos por ese beso.
Se mordieron los labios. La lengua de Zoro entró en la boca de Robin casi como una completa intrusa, pero ella comenzó a acariciarlo en seguida, sin oponerse más.
El vaivén continuó hasta un punto que casi resultaba doloroso. Llegó un momento que no podía soportarlo más, sin embargo, Zoro la depositó de nuevo con la espalda recargada en el piso y se separó ligeramente de ella.
La miró un momento desde donde estaba.
Robin se sonrojó, pero no dejó de mirarlo, tratando de descifrar algo, a pesar de que no había nada que pudiera ella realmente sacar en claro.
Zoro se acomodó sobre ella una vez más. continuó besándola de una manera tan extraña…sus besos eran húmedos, largos, y daba la impresión de que cada vez que dejaba una marca o un mordisco era con toda la intención de que ella se diera cuenta…de que era suya y eso no iba a cambiar…
Y Robin no tenía manera de negárselo.
Recorrió todo su cuerpo con besos, mordidas y succiones. Robin se sentía como si de pronto hubiera caído en un mundo diferente al que realmente estaba; no había allí nada más que Zoro, ella y el suelo sobre el cual sus cuerpos estaban cada vez más juntos y unidos.
Robin respiró y trató de contenerse un poco mientras sentía los besos subir cada vez más por su cuerpo. Su piel se enchinó, sus músculos se tensaron y su respiración se tornó profunda mientras ella intentaba tranquilizarse un poco antes de continuar.
Los labios de Zoro se deslizaron desde su pecho hacia su cuello, y llegó a sus labios para besarla una vez más mientras su cadera se acoplaba a la de ella a un ritmo a la vez suave y salvaje.
Ya no sabía si la humedad era por el agua, por los besos o por el sudor, lo mismo que no sabía si el calor era por el fuego que los resguardaba o si lo estaban generando ellos.
Acarició mientras pudo el marcado y fuerte pecho de su compañero y luego hizo lo mismo con su espalda, la cual recorrió con la yema de sus dedos lentamente, fascinada de pensar que era suyo, que lo tenía todo para ella, que le pertenecía, y que ahora ella podía provocar en él las mismas sensaciones que le daba a ella, necesitaba confirmarlo así, necesitaba saberse la única capaz de lograr eso, escucharlo gritar y gemir para ella de esa forma tan masculina y perfecta que sólo él podía...
Se dejaron de besar y Zoro mordió su cuello al tiempo que ella le clavaba las uñas y le arañaba la espalda, no podía más, lo necesitaba…
-Te quiero…
Robin abrió los ojos de par en par. Los labios de Zoro habían subido a su oído, había besado y lamido su oreja con una suavidad realmente insoportable y luego había pronunciado esas palabras con la voz ahogada en lujuria. Robin lo tomó de los hombros y se removió desesperada tratando de hacer que le soltara.
-Zoro…Zoro, no, no, por favor…
Porque no era verdad.
No podía ser verdad.
Zoro no tenía sentimientos. Zoro no podía sentir nada, ¿no? de modo que él no estaba sintiendo lo que acababa de decirle.
Él no la quería, y darse cuenta de eso provocó que Robin tuviera un retorno abrupto y doloroso a la realidad, con la cual se estrelló de frente y sin piedad alguna y la dejó aturdida por un rato.
Se despreció tanto a sí misma en ese momento…estaba cayendo tan bajo….
Se sintió un ser inútil, patético, se sintió una traidora, un ser corrompido tan despreciable como…
Como Miss All Sunday a los ojos de todos.
Lo había logrado. Había vuelto a ser esa mujer. Pero no del modo que ella quería.
No podía hacer el amor con Zoro porque eso no sería hacer el amor. ¿Qué clase de amor podía estar reflejado en un acto tan vil, si Zoro no tenía sentimientos y ella estaba consciente de lo que estaba pasando con él?
Lo que estaba haciendo tenía un nombre pero no podía decidir si era egoísmo, si era deseo, si era lujuria, si era estupidez…
Era amor.
Claro que era amor.
Siempre lo fue.
Pero no así. No podía permitir…que fuera así.
Lo tenía que detener, aunque no estaba segura si le sería más doloroso detenerse en ese punto, tal y como iban las cosas…o continuar y sentirse mal después…
Pero ya le dolía en ese momento.
-Zoro, no. Por favor…detente- pidió con firmeza, como era habitual, aunque no pudo evitar que un gemido la traicionara cuando sintió el sexo de su compañero rozar con el de ella. Se besaron de nuevo pero ella cortó el beso apenas pudo tomar suficiente fuerza para hacerlo. Sujetó a Zoro firmemente de la cara y lo obligó a verle a los ojos.
-No. Zoro, no podemos hacerlo, por favor, tenemos que detenernos…
Zoro la miró con evidente confusión un momento. Dejó su frente tocarse con la de ella. Robin cerró sus ojos mientras él, contrario a lo que ella esperaba, la abrazaba con firmeza.
-Zoro…tú… dijiste eso porque crees que es lo que yo quiero, ¿no es cierto?
Abrió los ojos solo para ver que Zoro asentía sin dudarlo, pero después de todo su corazón no podía romperse mucho más de lo que ya estaba. Se sonrió.
-No es lo que yo quiero. ¿Comprendes? Ahora todo lo que quiero es…que estés bien… no podemos hacer esto, ¿comprendes? No es correcto.
A juzgar por su mirada, le pareció que Zoro comprendía.
Él la siguió abrazando con firmeza, pero se detuvo, no buscó continuar.
Pero sí la besó de nuevo. Sí se quedó largo rato oliendo su cabello y su cuello, y la recorrió de nuevo con las manos, solo un poco. Robin se mordió los labios para evitar que su cuerpo respondiera pero no pudo evitar que sus senos se endurecieran y que todo su cuerpo se excitara al recibir sus caricias. Pero no continuaron más. Eventualmente, se limitó a pequeños besos en sus hombros que se fueron deteniendo poco a poco.
¿Qué iban a hacer ahora? Robin no se sentía con fuerzas para salir de allí al menos por el momento. Estaban en una cueva y el ambiente era helado afuera. Estaba oscuro, así que se preguntó qué hora podía ser. Quizás ya era tarde, ¿cuánto tiempo habría estado inconsciente?
De pronto sintió que Zoro la soltaba, y tras ella, se movía un poco.
Regresó a ella, pero al tiempo que volvía a abrazarla desde la espalda, Robin sintió un roce helado en su cuello y una pesadez y un calor que le eran familiares.
La piedra.
Zoro se la puso alrededor del cuello mientras le besaba la nuca.
Robin no lo podía creer.
-Zoro…-la voz se le ahogaba con la sorpresa- ¿Tú…?
Él la miró y asintió, y ella no pudo menos que abrazarlo y besarlo una vez más, pues había dado una vuelta total a lo que estaba pasando, lo había vuelto todo mucho más fácil y ahora podía estar mil veces más tranquila que antes.
Se acomodó en sus brazos. Hacía rato que había aceptado su desnudez como lo más natural, y la de él, y su contacto. Él continuó besándola, y entre la relajación que venía después de haber recuperado la piedra, el cansancio que tenía desde antes y la sensación extraña pero placentera de los labios de su compañero contra los suyos, Robin se quedó profundamente dormida, sin poder evitarlo.
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Cuando despertó, era evidente que acababa de amanecer. Se incorporó de golpe, y vio a su compañero sentado afuera, dándole la espalda. La piedra…no había sido un sueño, colgaba de su cuello y estaba en su pecho.
Él la había arropado con su abrigo, y el resto de sus ropas ya estaban secas. La pequeña fogata ya estaba casi extinta.
Robin se miró a sí misma, y se dio cuenta de que había dejado pasar su única oportunidad. Pero por el momento estaba bien. La intimidad que habían compartido…probablemente no volverían nunca a tener un momento como ese. Se preguntó un poco culpable si Zoro había tenido que encontrar una forma de desahogarse a sí mismo después de que ella lo rechazara. No lo sabía bien, pero lo que sí sabía era que se había portado con ella de un modo que no esperó, considerado, tranquilo, comprensivo.
¿Debía ella pensar que era empático hacia ella, suficiente para detenerse en una situación así como lo había hecho la noche anterior? ¿O solo lo hizo porque ella quería que se detuviera?
No tenía respuestas a esas preguntas.
Una lágrima bajó por su mejilla, sorprendiéndola, pues no sabía cuándo había salido de su ojo, ni porqué. Pero la siguió otra y otra más. Se cubrió la cara con las manos y contuvo los sollozos para que él no la escuchara.
Seguía sintiéndose como un ser despreciable después de lo ocurrido. Su corazón no podía más con semejante carga…lo amaba, lo amaba tanto, pero no podía más…
Deseaba tanto irse encima de él y rogarle que la hiciera suya, que no se contuviera ni se detuviera aún si ella lo pedía, que la tomara una y mil veces hasta que ninguno de los dos pudiera más…pero no era posible. No iba a pasar.
Se secó la cara y recuperó la compostura.
Se puso de pie. Se vistió y salió de la cueva.
Tocó a Zoro en el hombro. Él volteó hacia ella y la miró, y Robin percibió en sus ojos esa mirada vacía que tanto estaba odiando… Ella juraría que la noche anterior eran más vivos y brillantes. Ya no comprendía qué estaba pasando.
-Busquemos a los demás. No creo que se hayan metido en algún problema, son muy fuertes pero…
No quiso pensar que algo malo hubiera pasado en su ausencia.
Se había preocupado tanto por Zoro y por su propio cansancio que se había olvidado de sus compañeros. Pero no era momento de lamentarse sino de actuar y hacer algo, mientras más pronto mejor. Zoro por su parte se puso de pie. Ella lo tomó de la mano y comenzaron a buscar el camino de regreso.
Continuará…
Aquí quedaron demasiadas cosas al aire, pero se irán resolviendo poco a poco.
Me siento un poco mal por Robin pero me parece que tomó la decisión correcta, ¿no? ya veremos pronto qué pasa con estos dos.
Espero que les haya gustado el capítulo, y ojalá me lo hagan saber :) de igual forma, dudas, preguntas, sugerencias, crítica constructiva, son bienvenidos. Espero poder escribir y publicar pronto el siguiente capítulo, ya que casi estoy oficialmente de vacaciones *-* pero aún no. Es el último estirón y hay que hacer las cosas bien.
Saludos y besos, espero leernos pronto n/./n
Aoshika October.
