wee, cap!!! gracias por los comentarios...voy a tratar d seguir mejorando la calidad del fic. Espero que les siga gustando chicas, bsos!! cualquier cosa me dicen. Bye bye;)
Capítulo VII
Si te mueres derruirás los peldaños de mi vida
Será como un vendaval inclemente
Hará pedazos mi calendario
Y despojado, sólo quedará un día para mí: el de tu muerte
Presagio:
Un gavilán hurgando cuerpos
El carnero volverá a ser sacrificado
El destino del minotauro
Los polos opuestos que se anulan
La ironía divina de la muerte
El merecido de una virgen incasta
La roca fría, miró al frente y sólo eso: al nivel de su mejilla y de todo su cuerpo la roca fría se extendía como un basto horizonte negro. Esa temperatura estaba bien para entumecer el dolor de sus heridas por lo que no iba a levantarse aunque pudiera hacerlo. Podía imaginar que su cuerpo había adquirido esa extraña postura en la que estaba acostado en el suelo, inmediatamente después de que fuera traído y arrojado a ese calabozo. No recordaba ese golpe, el de la caída...sí muchos otros anteriores. Quizás la cantidad había excedido la capacidad de su memoria y entonces ese había sido eliminado. Sin embargo...era menos complicado pensar que para ese entonces ya debía estar inconsciente. Sí, eso tenía que ser...y así es que había despertado respirando contra el frígido suelo.
Los ojos le dolían, uno en especial; no era para menos pues una inusitada hinchazón de ardor y calor en su párpado le indicaba que esa zona no había quedado intacta. Quería luchar por permanecer un poco más despierto pero el cansancio y la visión dolorosa lo hacían difícil. Ante lo irremediable del sopor que lo colmaba, se dejó desvanecer y mientras lo hacía, despegándose lentamente de la realidad y de lo escaso que alcanzaba a ver, divisó un bulto ajeno a su cuerpo...vivo en sus perezosos movimientos.
No podía jactarse de poseer un oído agudo pero si de algo estaba orgulloso era de su involuntaria habilidad para atraer las oportunidades. Se despertó una sola vez esa noche, no por un sueño abyecto pues pocas veces en sus sueños probaba una historia amarga o un recuerdo lapidado que resucitaba, llamado quizás por lo que a él le gustaba nombrar "suerte". Los ruidos provenientes de algunos pisos arriba de su templo, asediaron la habitación, indiferentes a su ropa de cama, su aspecto sedado por la inconclusa recuperación de sus energías. Sus sentidos, aletargados, se tomaron un tiempo en reconocerlos y eso fue probablemente lo que lo mantuvo impávido mientras escuchaba algo que tenía una forma desconocida. Cuando la somnolencia retraía nuevamente sus músculos y disipaba todo pensamiento de su mente, una súbita noción de peligro lo catapultó fuera de la cama y de cualquier posibilidad de volverse a dormir. Los castigos habían regresado...algo que se pensaba extinto estaba de vuelta en los pasillos del Santuario dispuesto a doblegar a aquellos que desobedecieran las normas...Jamás lo hubiera creído posible de Shion y en cierta forma por eso es que se había sentido tan seguro, deambulando a sus anchas en su vida privada...hasta ahora...
Eso ameritaba medidas drásticas y raudas. Edificar un plan a esas horas de la noche, con la somnolencia aún pesándole en los párpados lo hacía todo más difícil. Si lo hubiera sabido antes!Ah...pero la vida no era tan injusta después de todo y de eso daba pruebas que se hubiera despertado sin motivo aparente en el momento apropiado. Esa pequeña parte que había conseguido captar de una larga secuencia de alaridos lo había advertido con la suficiente anticipación para que pudiera abroquelarse debidamente. Y él, Afrodita de piscis, no era un derrochador, ni mucho menos un desagradecido de lo que los dioses le proveían...si en ese instante estaba sonriendo era ciertamente porque estaba más que agradecido.
Por la mañana el desayuno convocó a los santos dorados a la mesa comunal en donde se servían las comidas. No había obligaciones que los comprometieran a acudir por lo que muchos de ellos salteaban platos dos o tres veces a la semana(o cuando se les viniese en gana). Sin embargo, a tono con los acontecimientos por demás extraños que se habían sucedido durante los últimos días, todos los santos-a excepción de Dohko- en condiciones de presentarse ocuparon su silla esa mañana. El lugar del Patriarca estaba vacío pero nadie esperaba-o quería-que apareciera durante ese día. En lugar de eso, destinaban su total atención a lo que hacían o dejaban de hacer con su boca siempre que no hubiera nada sospechoso que vigilar en el comportamiento del compañero. Y en verdad daba lo mismo que una sospecha no fuera más que un recelo injustificado ya que en esa mesa todos eran acusadores y acusados y en su lectura ciega de las circunstancias el mutismo cauteloso que profesaban era el potenciador de su desconfianza. Así, la evidencia era la defensa de todos y de ninguno, un salvavidas anclado al suelo marino que los rescataba de un tribunal para ponerlos a ojo de otro. Sólo faltaba que alguien decidiera sentarse en el banquillo del acusado si es que antes otro no lo declaraba públicamente como culpable.
Tras quince minutos de repetida actividad, parecía que la situación iba a quedarse donde estaba por más insostenible que fuese. El temor aplacaba lo que la sospecha atizaba y en ese equilibrio neutral se pintaba una escena que en la superficie no mostraba más que un desayuno cuya armonía se plasmaba en el silencio. En el interior era distinto, como lo era cada uno en su vida privada. En el interior pocos no estaban jugando al detective pero sus piezas estaban quietas como peones en su reino temiendo ser comidos. Quién podía atreverse a mover primero? En eso, Afrodita se puso de pie y anunció:
-Bien...no quería llegar a esto muchachos, pero...no puedo permitir que un inocente como yo tenga que pagar por los errores de otros, es decir...los inocentes no tenemos porqué hacernos cargo de las responsabilidades de otros, cierto?
-Qué quieres decir con eso?
-Ve al grano Afrodita...
Conservaba el tono, no se dejaba afectar por la impaciencia de Aioria y Shura. Entonces miró fijo a uno de los santos y hacia él, inmediatamente, giraron los demás.
-Mu, debes confesar al Patriarca que tu eres el responsable del robo a Máscara Mortal...díselo de una vez, o es que pretendes que otro reciba el castigo que te corresponde?
Un breve silencio, impostergable, les sirvió para tragar sólo parcialmente lo atorado. Al menos así, alguno podía poner en funcionamiento su mandíbula caída por el peso de la incredulidad.
-Mu...era cierto entonces, por qué nos lo ocultaste?
-Aioria vas a creerle a este farsante? No es más que un pescado narcisista que sólo piensa en su propio pescuezo...
-Bicho asqueroso...tu qué pruebas tienes para decir que estoy mintiendo!?
- Afrodita tiene razón Milo,...Mu hasta ahora no ha hecho más que estar callado...sino dice nada es porque está ocultándonos algo importante!
- No sé cuáles serán sus razones pero yo no puedo creer nada de lo que está diciendo Afrodita!
-Tu sólo estás molesto aún por que tuve entre mis sábanas a tu queridito!
-Por supuesto que no! Eso no tiene nada que ver con esto! Yo sé de lo que eres capaz Afrodita...y no, no puedo creer que Mu haya hecho algo como eso!
-Pero sí lo hizo...además, qué podría un ebrio como tu saberlo?
-Cállate...
-Ja, ja, ja!Milo...crees que alguien podría fiarse de un hombre tan corrupto como el propio Mu? Tu eres de la misma escoria...
Milo hizo a un lado la silla y se levantó, todas las líneas de su cara se sacudían violentamente. El rostro del santo de piscis se agitaba también pero por una emoción por completo opuesta que de similar sólo guardaba el mismo ímpetu con que se generaba la de su contrincante. Afrodita reía, y su boca estallaba de un lado a otro, en muecas dispares y provocativas. "Ya es suficiente caballero de piscis...Su Santidad ya lo ha regañado por eso", intervino Aldebarán y luego Aioria se sumó intentando apaciguar a Milo antes de que la situación se fuera de los rieles nuevamente. Sus palabras, desoídas, obligaron a participar a Camus, quien con apatía dijo:
-Milo, siéntate...Toma conciencia de lo que estás haciendo...
-Ahora es cuando abres la boca? Te gusta hacerme ver mal verdad?! Tanto disfrutas humillarme?!
-No, no es así...estoy analizando la situación con frialdad, como tu deberías hacerlo Milo.
-Pero qué dices Camus! Te estás oyendo a ti mismo? Has olvidado que Mu es nuestro camarada?!
-Como así lo es Afrodita...
-Pretendes defender a ese pescado rancio?!
-No voy a discutir más contigo Milo...veo que no puedes entablar una conversación civilizada.
-Perdóname por mostrar algo de sensibilidad por la situación de otros Camus...veo que eso es algo que no puedes hacer tu, señorito correcto...
A esa altura de la contienda verbal, ya había un tercero de pie y los demás yacían momentáneamente vencidos por un enfrentamiento que no habían buscado y del que no podían escapar. El aire se veía bombardeado por un resentimiento electrificado y una desconfianza reprimida que en un arrebato mental podía justificar cualquier forma de brutalidad. Alguien tosió y movió a un costado el recipiente en el que había comido. La cuchara cayó en el fondo vacío de la vasija y pegó un gritito metálico y fugaz.
-No veo que a Máscara Mortal le preocupe demasiado encontrar a su despojador...tengo curiosidad de saber qué le robaron, tu lo sabes Afrodita? Me parece que...eso podría servirnos para descubrir quién fue el ladrón...
-Shaka, amas a Mu...vas a protegerlo a toda costa, pero aunque te cueste debes aceptar que él fue quien le robó a Máscara Mortal. Qué importancia tiene lo que le haya quitado? Ja, ja...acaso eso lo hace menos ladrón?
-Claro que no Afrodita,...no es eso lo que quise decir...en realidad lo que me pregunto es qué podría tener Máscara Mortal que le interesase a Mu...es decir, me imagino que tu debes saberlo para pensar que Mu ha tomado algo de sus manos.
-Es cierto! En eso tiene razón Shaka!-exclamó el escorpiano, el sueco le envió una réplica visual de soslayo: era una mirada feroz que exigía silencio por la negativa a que se entrometiera en sus asuntos.
-Y tu también lo sabes Shaka, por eso no debes dudar.
-Qué quieres decir?
El santo de piscis separó sus labios pero el toque discreto de una mano en su cuerpo disipó su intención de responder.
-Nada...no está diciendo nada-tarde pero seguro, el santo de cáncer abrió la boca irremediablemente arrastrado hacia el centro del conflicto. Eso no era tan extraño como el hecho de que hasta ese momento no hubiera hablado. Su experimentada fama en el arte de dialogar con hostigamientos de por medio reflejaba la postura de una persona que jamás perdía el control de la situación, aún cuando se lo viera actuando como un maniático.
-Tu eres parte de este problema caballero de cáncer,...estás de acuerdo con lo que afirma Afrodita? O qué es lo que piensas? Me parece que a ti te da lo mismo mientras no salga a la luz lo que no quieres que se sepa.
-Cree lo que quieras Shaka...lo que está claro aquí es que, yo soy el damnificado...Mu es tu pareja y Mu...tiene muchas posibilidades de ser el que me robó.
-Como cualquiera de nosotros.
-No, no como cualquiera.
Aún fuera de sus cálculos y de la reacción que había pensado mantener, el hindú elevó su indignación con su cuerpo. De pie, habiendo echado por borda el luto de sus ojos, observaba con severidad al desafiante caballero que con sus palabras le daba a beber más veneno.
-Qué quieres decir?! Habla de una vez desgraciado!
Crees que he hecho mal? Sé que vas a decirme que no sólo porque sabes, tu más que nadie, lo que sufro. Quizás...con mucha suerte, me digas que no ha sido la mejor decisión. Pero no merezco una crítica tan leve...
En un lugar donde por tradición se ha querido que nada se me discuta...en este momento, eso es lo que más necesito. Estoy solo Dohko, solo con el timón de un barco descarriado...
Ojalá puedas ver que no me hace bien tu gentileza,...tus "amables consejos y advertencias". Mis santos corrompidos, mi Santuario convertido en un antro que auspicia la maldad... no es eso un reflejo de su mentor, de aquel que debería estar guiándolos?
Combatir fuego contra fuego? La violencia jamás detendrá a la violencia como un incendio no puede apagarse con otro. Y sin embargo...aún sabiéndolo he hecho algo terrible...
Dohko...cada día siento más en mi corazón que no estoy hecho para esto. Pero no puedo claudicar...qué les diría sino a mis caballeros? Y a ti?...a ti ya no podría verte a la cara.
