Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Febrero, 6° mes
EPOV
Cuando Bella dijo que no quería estar sola, sentí una apremiante necesidad de protegerla, de retenerla en mis brazos y no dejarla ir. Entonces comprendí que estaba completa e irremediablemente enamorado de ella. A pesar de la lucha interna que tenía en esos momentos, no podía negarlo. Bella había llegado a mi corazón. Había deshecho las barreras que construí siete años atrás.
Pensé que febrero era un buen mes para comenzar, para decirle a Bella todo lo que pensaba, cuanto la amaba y los deseos incontrolables de estar con ella. Preparé una cena, un paseo por el parque y le compré flores y chocolates. No la había visto mucho, después de que Rosalie dio a luz Emmett y Bella se dedicaron a cuidarlos a ambos. Mi hermano estaba muy feliz, tenía una estúpida sonrisa en su cara todo el día.
-Edward, necesito hablar contigo, -dijo mi hermano un día, faltaba una semana para el día de los enamorados. Dejé lo que estaba comiendo y lo miré.
-Dime
-Compré una casa, para Rosalie en Nueva York. Por mi trabajo y ya que estamos casados tenemos que vivir juntos. Nuestro hijo necesita a ambos padres, -dijo soñadoramente.
-De acuerdo, -dije precavidamente.
-El problema es que Rosalie no quiere, no va a dejar sola a Bella.
-Pero ella no es su niñera, Bella puede cuidarse sola.
-Es su amiga Edward, no la quiere dejar sola. Aparte necesita el apoyo de su amiga en estos momentos, la necesita a su lado.
-Y ¿Por qué me estás diciendo esto a mí?
-Porque he visto que últimamente tú y Bella se han vuelto unidos. Si nos mudamos, ella se irá con nosotros, -entonces entendí lo que estaba diciendo. Se iba a llevar a Bella a Nueva York, no la iba a ver.
-No puedes, -dije de pronto, me puse de pie.
-Eso creí, -dijo sonriendo un poco. –Lo siento Edward, Bella ya aceptó y Rosalie también.
-Pero…pero…no, no puedes, -negué con la cabeza y sentí el pánico inundar mi cuerpo. No la podían alejar de mí, no ahora que sabía que la amaba.
-Puede que, no sé… cambie de parecer Bella. Si tuviera con quien vivir, -dijo mirando a otro lado.
-¿Estás sugiriendo que se quede a vivir conmigo? –dije con un tono de histeria y emoción. No estaba seguro de poder tomar una responsabilidad tan grande. Es decir, amaba a Bella, pero mi vida seguía siendo confusa, aun para mí.
-Solo fue una idea, -se giró y fue camino a la entrada. –En caso de que te interese, nos vamos el próximo mes.
Me senté de nuevo y miré mi comida, no, definitivamente ya no tenía apetito. Tomé mis cosas, listo para irme a trabajar. Al salir escuché ruidos en el jardín delantero de la casa de Bella. Ella estaba sonriendo, riendo, con Evan, el bebé de Rosalie, en brazos.
Se veía tan linda, maternal, lista para ser una madre. Su vientre había aumentado considerablemente desde la última vez que lo había tocado. Ahora era imposible que pasara desapercibido. Se veía tan hermosa. Mi corazón dio un vuelco cuando recordé que el próximo mes se iría de mi lado.
Me acerqué y me vio. Sonrió y se acercó a mí.
-Hola, -dijo alegremente.
-Hola, Bella. ¿Cómo te encuentras? Hacía tiempo que no hablaba contigo.
-Muy bien, gracias. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo va el trabajo? –me encogí de hombros.
-Igual que siempre, -asintió y el bebé comenzó a moverse. Se veía pequeño y delicado. –Bella, estaba pensando. ¿Tienes planes para este 14 de febrero?
-No, ¿Por qué? –dijo con el ceño fruncido.
-Me preguntaba si te gustaría salir conmigo. Solo es una cena y después podríamos ir a caminar o lo que sea.
-Me encantaría, -dijo sonriendo. –Gracias.
-No, gracias a ti, -quería abrazarla y rogarle que no se fuera.
Me fui al trabajo y estuvo calmado, dado que hacía más frío de lo normal nadie iba a acampar o al bosque. Comencé a pensar en una forma para que Bella no se fuera. De pronto la idea de Emmett no me pareció tan descabellada. Podía aguantar vivir con un ama de casa tan maravillosa como Bella. Podría sentir su cuerpo pegado al mío cuando durmiéramos juntos, a menos que ella quisiera un cuarto para dormir sola. Pero entonces no sería lo mismo. Si va a vivir conmigo, será como mi pareja, no como una inquilina.
Eso me hizo sonreír como tonto, la idea de pensar en Bella como mía. Tal vez, si se lo mencionaba después del 14, después de confesarle como me sentía, lo que sentía por ella. Pasé el resto del día pensando en eso.
El día llegó rápido, y estaba más que listo. Estaba ansioso. Me vestí con un traje negro, camisa blanca. Ya estaba listo y faltaba media hora. Comencé a dar vueltas por la habitación, nerviosamente. No cabía de la felicidad, por fin saldría con ella.
Cuando faltaban cinco minutos, no pude contenerme más y salí a buscarla. Toqué a su puerta y Alice me abrió.
-Hola, Edward. Pasa, -se hizo a un lado y entré.
-Hola, Alice. ¿Está Bella?
-Sí, está casi lista. Solo espera un poco, -subió precipitadamente las escaleras. Miré alrededor y vi a Jasper y a Emmett en la estancia, jugando videojuegos. No usaban el sonido. Entonces vi la pequeña cunita que había al lado de Emmett. No querían despertar al bebé.
-Hola Edward, -dijo Rosalie. Me giré y le sonreí.
-Hola Rose, ¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor?
-No tienes una idea, me quité como 3 kilos de encima, -bromeó.
-Es hermoso Rosalie, felicidades.
-Gracias, -platicamos un poco más y mis nervios estaban comenzando a carcomerme. No recordaba la última vez que había sentido esto. Sentí que alguien tocó mi hombro y me giré. Ahí estaba Bella, con un hermoso vestido color azul marino, del mismo que la otra blusa. Era ajustado de su vientre y su pecho, pero en sus piernas era holgado. Su rostro brillaba con el color de ese vestido y sus ojos parecían una piscina de chocolate.
-Hola, -dijo tímidamente, después de que la miré de arriba abajo. Mi boca se abrió y se cerró repetidas veces, no dije nada temeroso de que lo único que saliera fuera un gemido. Se veía absolutamente arrebatadora.
-Wow, -dije al fin. Ella se sonrojó y bajó la mirada.
-¿Te gusta? Escogí el color porque dijiste que era tu favorito.
-Te ves hermosa, más que hermosa, perfecta, -ella sonrió y se sonrojó un poco más.
Nos despedimos de todos y fuimos al restaurant done había conseguido reservaciones. Cenamos tranquilamente, hablando de cosas triviales. Bella me contó que sus padres habían muerto, dejándole dinero, lo suficiente para no tener que trabajar. Sabía que en algún momento tendría que hablar de mi pasado y no estaba seguro de estar listo.
Fuimos al parque y nos sentamos en una banca, la misma que utilizamos cuando venimos con Toby.
-Tu turno, -dijo de pronto.
-¿Cómo?
-Tu turno, dime tu pasado. Emmett me dijo que tenían la misma mamá, ¿murió verdad?
-Sí, -suspiré. Hoy sería el día. Bella me había confiado muchas cosas de su pasado. Entonces, ¿Por qué no contarle? –Mi madre era la más especial del mundo. La única mujer para mí. El día que entré a la universidad, conocí a alguien. Una chica agradable, bella y simpática llamada Lily. Nos hicimos amigos de inmediato. Con el tiempo mi cariño por ella se convirtió en amor. Y ella me correspondía. Antes de eso mi madre me dijo que tenía cáncer. Mi mundo se vino abajo, pero Lily seguía conmigo. Empezamos a salir y me enamoré aun más de ella. Mi madre empeoró pero dejé de prestar atención. Sentía como si todo el amor y el respeto que le tuve a mi madre, lo tuviera para Lily solamente.
-Le dije a mi madre que me pensaba casar con ella. Mi madre respondió que no debía precipitar las cosas. Me enfadé, mucho. Le reclamé que ella lo único que quería era su felicidad, que no pensaba en mí, -tomé aire profundamente y traté de tragar mis lágrimas. Bella me abrazó, escondiendo su cara en mi pecho. La abracé por la cintura y besé su cabello.
-Continúa, -dijo trazando círculos en mi espalda.
-Le grité cosas horribles, incluso le dije que la odiaba. Emmett estaba ahí y me pidió que me calmara. Le dije cosas a él también. Estaba tan enfadado, sentía que mi felicidad no les importaba. Mi madre me miró a los ojos y me dijo que Lily no era la correcta, sus ojos estaban llenos de lágrimas, me estaba rogando que no lo hiciera. Salí de la casa, dispuesto a buscar a Lily y decirle que se casara conmigo esa misma noche.
-Mi teléfono sonó y sonó toda la noche, después de que me marché de casa. Lo apagué. Cuando llegué a la casa de Lily había una luz encendida. Toqué la puerta y escuché ruidos. Cuando me abrió solo traía una bata, no me percaté de eso. Solo le dije que se casara conmigo, que la amaba, que nos fuéramos en ese momento. Ella me miró con pánico en los ojos, me dijo que estaba loco. Me enojé aun más y entré a su casa, dispuesto a convencerla. Entonces lo vi, ahí estaba mi mejor amigo, desnudo en el sofá. Cuando me vio se puso de pie y salió corriendo. Miré a Lily y ella me dijo que no me quería lo suficiente para casarse conmigo. Huí con el corazón partido y con la culpa apoderándose de mí. Lo único que quería era disculparme con mi madre. Ella lo único que había hecho era amarme y yo se lo pagué diciéndole que la odiaba.
-Llegué a mi casa pero estaba extrañamente oscura. No había ninguna luz y el auto de Emmett no estaba ahí. Tomé mi teléfono y marqué a Emmett. Contestó y me dijo que debía ir al hospital. En ese momento comprendí que mi madre estaba mal. Cuando llegué al hospital mi hermano estaba sentado, llorando con la cara en sus manos. Me acerqué y toqué su hombro. En cuanto me vio se puso de pie y me golpeó. Gritó que esto había sido mi culpa, que por mi culpa mi madre había muerto, -en este punto no pude contenerlo y comencé a sollozar. Bella me abrazó con más fuerza. –No alcancé a disculparme, mi madre murió pensando que yo la odiaba. Cada noche, cada día de mi vida, recuerdo su rostro. Rogándome por que no lo hiciera. Después de eso comencé a beber, perdía el conocimiento y despertaba en lugares en los que no había estado antes, con mujeres que no había visto.
-Mi madre se aseguró de que viviéramos bien. Tenía un seguro de vida y nos dio dinero suficiente a cada uno. Yo me mudé aquí porque era el lugar preferido de mi madre. Era a dónde veníamos de vacaciones de verano.
-Lo siento mucho Edward, -susurró Bella. –Tu madre sabía que la querías, solo estabas molesto. Las madres comprenden eso. No te atormentes, ella sabe que la amas y no le gustaría ver como destruyes poco a poco tu vida. Ella sigue a tu lado, lo sé.
-Gracias Bella.
La noche pasó y volvimos a la casa. Recordé que no le había dicho a Bella lo que realmente sentía por ella. Pensé en decirlo esa noche, antes de que se fuera a su casa. Detuve el auto y le ayudé a bajar. Estábamos en la entrada de mi casa.
-¿Quieres pasar a tomar un café o un té? –dije apuntando a mi casa.
-No, creo que debería irme, -asentí algo decepcionado.
-Hasta luego Edward, -estaba a punto de irse pero la tomé de la muñeca.
-Espera, hay algo que quiero decirte.
-No, por favor, -dijo mirándome, de pronto sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-¿Qué? Ni siquiera sabes qué te voy a decir.
-Sé que lo que me vas a decir. Va a decir que me quieres. No quiero que arruines esta noche, por favor, simplemente no lo digas.
-No lo puedo guardar por más tiempo, pero esperaré a que estés lista para escucharlo, -la tomé por la cintura y la miré a los ojos. Sus labios eran tan tentadores, pero no sabía si tenía permiso. En lugar de eso besé cuidadosamente su cuello. La noté temblar y sonreí. Pero cuando la vi, estaba llorando. No era de placer, era de miedo, miedo de mí.
-Bella, por favor, no llores –dije acercando mis labios a su cara. –No lo diré, solo no llores.
-No es por eso.
-¿Entonces por qué es? –tomó el cuello de mi camisa y me miró a los ojos.
-Porque me siento frustrada, te deseo pero sé que en el momento en el que termine, tu cariño o lo que sea que sientas se irá. Porque así eres, no se puede enseñar nuevos trucos a un loro viejo. Es tan frustrante el pensar que te he amado por dos años y que cuando por fin me notas, lo único que quieres es llevarme a la cama, es frustrante también que… -la besé. No lo soportaba más. Ella respondió el beso, no sin antes morder mi labio. Comencé a arrastrarla hacia la casa y ella se dejó. La tomé por la cintura y la hice que saltara, fue incómodo porque podía sentir su vientre entre nosotros. Entré a la casa con desesperación, sin dejar de besarla.
-Tal vez no se le puedan enseñar nuevos trucos a un loro viejo pero pueden resurgir trucos del pasado, -le dije cuando llegamos a la habitación y la puse sobre la cama. Jaló mi corbata y continuó besándome. Me puse sobre ella pero sentía como si aplastara a su hijo. Con un movimiento rápido cambié de posición, dejándola a ella sobre mí. Desabrochó mi camisa y la quitó. Sentirla sobre mí era grandioso.
Bajó para besarme de nuevo y quité su vestido, pasándolo por la cabeza. Ahí estaba, sobre mí con solo un sostén y unas bragas pequeñas. Su vientre estaba a toda vista. No pude evitar contemplarlo. Puse mis manos sobre él y acaricié con cariño todo su vientre. Me perdí tanto en mis pensamientos y emociones que solo volví cuando sentí mojada la mano. Miré y había una gota. Después miré a Bella y vi que estaba llorando. Logré sentarme, con Bella aun sobre mí.
-¿Qué sucede? –dije tomando su rostro entre mis manos y limpiando sus lágrimas con mis pulgares. –Lo siento mucho Bella, no debí hacer esto.
-No, no es eso. Sí quiero, es solo que… estoy gorda, -comenzó a sollozar y yo reí nerviosamente. Creí que la había ofendido, eso no me lo habría perdonado.
-Bella, eres mil veces más hermosa que cualquier mujer. No me importa si estás un poco hinchada. Al contrario, me asustaría si no fuera así. Dios, Bella. No puedo creer que digas eso, tienes a alguien dentro de ti. No puedo ni llegar a imaginarme lo que debes sentir. Debe ser maravilloso ser madre, -besé su frente y la pegué a mi pecho. –Eres hermosa, te admiro y te amo.
Nos quedamos en silencio y noté como se iba tranquilizando su respiración. Después se relajó sobre mí y supe que estaba dormida. La culpa me invadió en ese momento. Sentía como si hubiera tratado de aprovecharme de ella. Es solo una niña, pequeña e indefensa, confundida tal vez. Estaba tan cansada y yo tratando de que hiciera algo que ella quizá no quería. La abracé más fuerte y después la recosté en la cama. Fui por una playera mía y se la puse. Me quité el pantalón y me recosté a su lado. Se veía tan pacífica y dulce.
La abracé y ella se pegó a mi pecho. No pude dormir por un rato. La culpa no se alejaba de mí. Suspiré y me dejé llevar por el sueño.
En algún punto de la noche escuchaba que alguien me llamaba.
-Edward, -sabía que era Bella, pero estaba muy cansado para responder. Sentí que se subía sobre mí y acariciaba mi pecho. Desperté más y sentí su aliento en mi cuello. –Edward, despierta. –besó mi mejilla y mis labios. Sus manos bajaban y subían de mi pecho. Abrí los ojos y la vi. Sonrió y me dio otro beso en los labios. –Continuemos donde nos quedamos, -después me besó y efectivamente continuamos donde nos quedamos.
Cuando terminamos y ella estaba en mis brazos, a punto de dormirse, me acerqué a su oído.
-Bella, múdate conmigo, -sus ojos se abrieron de par en par y me miró.
-No puedo…Rose me necesita…yo
-Yo te necesito, quédate conmigo, -le rogué. - Al menos promete que lo pensarás, -asintió. La besé en la frente y la acuné en mis brazos hasta que volvió a dormir.
Despertar al lado de una magnifica, absoluta y maravillosa Bella desnuda, era la experiencia que ningún hombre debía perderse. Bueno, en realidad no deseaba que nadie más la mirara de esa forma. Ella era ahora mía. Entonces recordé que Bella y yo no éramos nada oficialmente. Me acerqué a ella y comencé a acariciar su vientre, ya que estaba bocarriba. Ella se movió, cambiándose de lado. Ahora tenía plena visión de su espalda. Me pegué a ella y seguí con su vientre.
-Bella, -susurré en su oído. –Bella, mi vida, despierta, -soltó un gruñido y yo reí sobre su cuello. Vi los vellos de su brazo erizarse. –Bella, hay algo importante que quiero decirte, -tomó mi mano, que estaba sobre su vientre.
-¿Qué quieres? ¿Por qué no puede esperar a que amanezca? –me reí con ganas.
-Bella, es casi mediodía. Vamos bella durmiente, despierta. ¿O es acaso que necesitas un beso? –dije jugando. Me acerqué a su rostro y al besé. Ella respondió con ímpetu.
-Tramposo, -dijo cuando estaba despierta. Se había percatado de su desnudez y ahora se tapaba con la sábana.
-Bella, me has visto en la faceta más horrible de mi vida y aun así me quisiste, yo quisiera que fuéramos oficialmente una pareja. ¿Quieres ser mi novia, solo hasta que te conviertas en mi esposa? –yo mismo me sorprendí preguntando eso. ¿Matrimonio? ¿De verdad estaba listo? ¿Y ella?
-¿Es una propuesta de matrimonio o de noviazgo?
-Es una de noviazgo con algo de matrimonio, -me miró ceñuda. –Bien, es solo de noviazgo. ¿Quieres ser mi novia?
-Claro Edward, sería estúpido decir que no después de que he dormido contigo y de haberte amado en secreto por tanto tiempo, -dijo acercándose a mi rostro. Me besó dulcemente.
Era tan feliz, ahora Bella era oficialmente mi novia y cuando sintiera que ambos estábamos listos, pediría su mano.
