Resident Geek

Historia original de cdunbar

Traducido por Noe Vazquez.

Beteado por Marta Salazar.

Fanfiction Addiction (Twilight)


EPOV

El viaje hasta mi apartamento no estuvo tan lleno de conversación como lo había estado en el camino hacia el simulador de tiro. Escuchamos más a Demetri Martin, pero era incapaz de centrarme en las divertidas payasadas de Bella porque estaba demasiado ocupado tratando de recordar si Ben había tirado a la basura aquella pizza de hace cuatro días. Y si yo tenía alguna pieza de mi ropa interior tirada en el suelo de mi habitación o de mi baño. Y si Ángela y Ben estaban allí.

Si Ángela aún estaba allí, podría distraer a Bella mientras yo limpiaba mi habitación… y la cocina… y la sala de estar… sólo para estar seguro que todo estaba bien.

Aparqué en el lugar habitual fuera de mi edificio de apartamentos y me giré en el asiento para mirar a Bella.

—¿Estás segura que quieres subir? En realidad no he tenido la oportunidad de limpiar…

—Pssh. Estoy segura que está bien —dijo alegremente, descartando mi débil argumento. Su mano flotó sobre la manilla de la puerta por una fracción de segundo y luego la apartó—. A menos que no quieras que suba. Si es así, podemos hacer otra cosa.

El destello de la duda en sus ojos y la decepción subyacente en su voz fortalecieron mi determinación. —No. Quiero que subas.

Me sonrió espléndidamente y abrió la puerta. Salí por mi lado y me reuní con ella delante del coche.

—¿Vamos? —pregunté, ofreciéndole mi brazo. Era un gesto completamente estúpido y anticuado, pero Bella rio y tomó mi brazo. La guíe escaleras arriba hasta mi apartamento del segundo piso, nervioso por lo que podría encontrar al otro lado.

Abriendo la puerta un poco, hice un rápido barrido para asegurarme de que nada vergonzoso o asqueroso estaba a la vista.

—Aquí estamos —dije haciendo una floritura, mientras abría completamente la puerta y me hacía a un lado para que Bella pudiese entrar primero—. Casa de Cullen y Cheney.

Entré tras ella y cerré la puerta mientras echaba un vistazo. Había algo en contemplar a Bella viendo este lugar por primera vez que me ponía nervioso. Con las demás a las que había traído, estaba bien. Pero ella era diferente.

Quería que le gustase lo que veía. Quería que ella aceptase las paredes más bien vacías, los muebles usados y demasiado grandes, y los pequeños desastres desperdigados por todo el apartamento. Esas eran normalmente las cosas con las que mi madre me machacaba cada vez que venía de visita.

Entramos en la sala y ella inmediatamente comentó la pieza más importante de la habitación.

—¡Whoa! ¿De qué tamaño es esa pantalla?

—Uh… Sesenta y dos pulgadas.

Sus ojos se abrieron como platos y silbó bajo en reconocimiento. —A mi padre le encantaría.

—Sí… A la mayor parte de los tíos les gusta. —Lo admito, era un poco grande para el estudiante universitario medio. Puede que mi padre se pasase un poco cuando mencioné que necesitaba una televisión más grande para poder ver lo que estaba pasando cuando jugaba con la pantalla partida en cuatro en mi PS2 o mi Xbox 360.

Bella vagó hasta la extensa colección de videojuegos y películas de Ben y mía, y recorrió de arriba abajo la torre, mencionando algunos de los títulos.

—Así que, básicamente… si es de acción, terror o kung-fu, lo tienes —puntualizó.

—Sí. Pero el kung-fu es cosa de Ben.

—Ah… Eso tiene sentido. Realmente no pareces el tipo de chico kung-fu.

Quería preguntarle qué quería decir con eso, pero ya había pasado a mi colección de series de televisión.

—¿Tienes algo con los vampiros? —preguntó con desinterés. Me sonrojé un poco. Aparentemente había visto que tenía todas las temporadas de Buffy y Ángel.

—No con los vampiros, de por sí. Tengo algo con Joss Whedon —le corregí.

—Oh, sí. Es guay. —Dejó de echar un vistazo y se giró para mirarme—. Él hizo aquel show "Firefly", ¿cierto?

Juro por Dios que si tuviese la menor oportunidad de que ella dijese "sí", saldría mañana y compraría un anillo.

—Sí —jadeé—, lo hizo.

—Huh. —Volvió a girarse y siguió donde lo había dejado. La observé en silencio mientras seguía inspeccionando el resto de la sala y luego dirigirse a donde me encontraba de pie.

—Así que… ¿puedo ver tu cuarto? —preguntó, una esquina de su boca se curvó hacia arriba en una esperanzada pero tímida sonrisa.

—Claro —contesté vacilante—. Solo déjame comprobar que no hay nada… hum… vergonzoso por ahí tirado.

—Vale.

Corrí hasta mi dormitorio e hice un rápido inventario. Nada tirado en el suelo: comprobado. Nada de fotografías obscenas de chicas a la vista: comprobado. Nada a la vista que pueda resultar ofensivo: comprobado.

—Vale, puedes entrar —la llamé desde mi puerta. Bella medio saltó, medio caminó, hacia mí. Pasó a mi lado y giró trescientos sesenta grados.

—Realmente te gusta La Guerra de las Galaxias. —Señaló jovialmente. De la forma en la que lo dijo, no estaba seguro de si era algo bueno o malo.

—Sí… ¿Qué te dio la pista?

—Oh… ya sabes… el poster, el R2D2 a tamaño real, los sables de luz, las figuras de acción en sus cajas originales… Soy una chica lista. Puedo sumar dos más dos —bromeó.

—¿Qué puedo decir? Siento una conexión con Luke Skywalker que la mayor parte de la gente no comprende.

—¿Luke, eh? Han siempre fue mi favorito. —Bella sonrió, la diversión hacía brillar sus ojos.

—Era un ligón. —Motivo por el que me identificaba más con Luke que con Han.

Asintió distraídamente, mientras caminaba hacia mi escritorio. —No me odies, pero solamente he visto las películas una vez.

Jadeé sorprendido y horrorizado. ¿Una vez? ¿Cómo era posible?

—Entonces, ¿cómo te diste cuenta de las referencias? —pregunté, confundido. Quizás tenía memoria fotográfica.

—Tengo un montón de amigos chicos. Tienden a citar sus películas favoritas cuando están un poco borrachos —dijo, encogiéndose de hombros como si eso lo explicase—. En serio. Probablemente podría regurgitar cada cosa que Will Ferrell haya dicho jamás, incluso aunque solo haya visto un puñado de sus películas.

—Está bien. —Me moví desde la puerta hasta estar parado a su lado—. ¿Es como creías que sería? —le pregunté, refiriéndome a mi habitación, no a las citas de Will Ferrell.

—Es… —Sus cejas se elevaron y ella calló, buscando la palabra adecuada—. No. No lo es. Pero me gusta —añadió apresuradamente—. Especialmente el poster de Darth Vader.

Los dos miramos al poster, el cual colgaba en la pared sobre mi cama. Mostraba a Darth Vader en una mitad, y luego tenía "Un tío puede ser llamado Annie unas pocas veces" en grandes letras blancas en la otra mitad. Era un poster de promoción para la primera vez que se mostraron los seis episodios de La Guerra de las Galaxias en Spike TV.

—Nunca he visto uno como ese. ¿Dónde lo conseguiste? —Fue hacia mi cama y se sentó. Verla en mi cama me hacía salivar de forma extraña y tragué fuertemente, tratando de despejar mi boca para no babear cuando hablase.

—Yo, eh, gané un sorteo de una web que suelo visitar. ¿Has oído hablar de ?

Ella sacudió su cabeza. —Nop.

—Bueno, tiene reseñas de un montón de cosas que me gustan y más. En ocasiones realizan sorteos. Y en esa oportunidad resulté ser el afortunado chico que ganó.

—Es guay.

Nos quedamos en silencio. Bella continuó mirando a su alrededor, y entonces, de repente, se giró hasta quedar tumbada en mi cama.

—Cómoda —dijo suavemente, encogiéndose en su lado para mirarme.

Oh. Dios. Mío.

Estaba en mi cama. Estaba tumbada en mi cama.

No me costaría nada tumbarme a su lado. Sería incluso natural.

Pero no podía hacerlo. Ella no quería que me metiese en la cama con ella.

Pero ahora mi cama iba a oler como Bella. Iba a respirar el intoxicante y frutal aroma de Bella toda la noche.

Oh, Dios.

¿Por qué me torturaba de esa manera? ¿Me odiaba?

Quizás esto era una de esas cosas. Una peculiaridad. Quizás iba a los dormitorios de chicos al azar y probaba sus camas.

Yo esperaba fervientemente que estuviese equivocado.

Lo que necesitaba era algo que me distrajese de la hermosa vista de Bella acurrucada en mi cama. Algo en lo que ella pudiese participar que la sacase de allí.

—¿Has visto alguna vez el blog de "Canta con el Dr. Horrible? —solté sin pensar, el alivio me recorrió ante mi rapidez de pensamiento sobre nuestra charla acerca de los shows de Joss Whedon. Agitó su cabeza negando, así que le expliqué lo que era, logrando alterarme un poco ante la posibilidad de compartir algo que realmente disfrutaba con Bella, quien realmente podría apreciarlo.

Se sentó, con una expresión interesada en su cara. Aparté la silla de mi mesa del ordenador y me senté, terminando la explicación. —Y los tengo todos en mi disco duro externo, si quieres verlos.

—Sí, parece divertido. Me encanta Neil Patrick Harris en "Cómo conocí a vuestra madre" —admitió Bella, levantándose y caminando hacia mí. Rápidamente me di cuenta de que no había otra silla para ella, y dado que estoy seguro que ella no querría sentarse en mi regazo (no importaba cuánto lo desease yo), le dije que se sentara en mi silla mientras iba a buscar otra al comedor.

Cargando torpemente la silla hacia mi habitación, hice una nota mental para comprar otra más pequeña. Al menos una plegable. Porque, maldita sea, era difícil cargar con esta silla. Mi madre tiene un gusto fantástico, pero comprar pesadas sillas de madera con respaldo alto para el apartamento de un universitario apuntaba hacia cierto nivel de gaysidad*. Simplemente no estaba bien.

Maniobrando para pasar la silla a través del marco de la puerta, busqué la forma de hacer un chiste sobre la necesidad de una puerta más grande, solo para encontrar a Bella mirando a la pantalla de mi ordenador, boquiabierta.

Cuando me percaté de lo que había en la pantalla y casi pierdo un dedo del pie al dejar caer la silla.

Su jodido perfil de Facebook estaba en la pantalla. Y ahora ella sabía que yo era un loco acosador.

Bella se giró y comenzamos a hablar al mismo tiempo.

—Yo… Yo acabo de encenderlo…

—Puedo explicarlo… Verás…

Los dos nos quedamos callados y nos miramos el uno al otro. Aclaré mi garganta y probé de nuevo. —Estuve buscando tu perfil antes de recogerte, sólo para ver lo que te gustaba hacer. Me imaginé que podría conseguir algunos temas de conversación de él si la conversación entre nosotros decaía en algún momento.

Eso fue penoso. Pero de alguna forma tenía sentido, de una forma retorcida.

Por supuesto, mi alternativa era decir algo incluso más retardado, del tipo: "Me gusta mirarte. Eres preciosa".

Bella rompió en una pequeña sonrisa. —Estabas haciendo algo de investigación.

—Sí, investigación. —Eso sonaba mucho más agradable que acoso. Necesitaba recordarlo para el futuro.

—Bueno, en ese caso… creo que es justo que vea tu perfil. —Ella sonrió alegremente y yo acepté con rapidez, arrastrando la engorrosa silla hasta ella y sentándome. Cliqué en mi perfil y le dejé leerlo detenidamente.

—No hay mucho —opinó, bajando hasta el final.

Me encogí de hombros. —Realmente no subo mucho.

Sonrió dulcemente. —Hecho.

—Vale… —Cerré la página web y abrí la carpeta del disco duro externo, clicando en la primera parte de DHSAB*—. Prepárate para la grandiosidad…

Rio suavemente y se acomodó en la silla. Yo la seguí y enseguida estábamos riéndonos con Neil Patrick Harris y Nathan Fillion mientras cantaban y luchaban el uno contra el otro.

Ahhh… Menudo genio es Joss Whedon.

—Esa es la cosa más triste que he visto jamás —dijo sentimentalmente después de que desapareciera la última imagen de DHSAB.

—Sí, es bastante desgarrador al final —convine, apagando la pantalla. Bella me regaló una sonrisa tenue y por un momento nos miramos el uno al otro. Quise darle un abrazo, o una palmadita en su hombro, o algo, pero me desaconsejé hacerlo.

—Ey, ¿Edward? —dijo vacilantemente.

—¿Sí?

—Gracias por salir conmigo. Me lo estoy pasando muy bien contigo.

—Yo también. —Lo que era cierto. Cada minuto era como una nueva aventura con esta chica y estaba reacio a que terminase. Sus ojos me absorbieron, atravesándome con sus profundidades ocultas.

Bella comenzó a deslizarse hacia mí, lentamente, poniendo una mano en mi rodilla para apoyarse, y la vi acercarse, pulgada a pulgada, mis ojos oscilando entre su mirada y sus exquisitos labios.

Oh, Dios mío. Va a besarme. Vale, mantén la calma, Edward. No te quedes aquí sentado como una estatua.

Con vacilación levanté la mano y acuné su mejilla, mi pulgar acariciando su pómulo. La piel de su rostro bajo mi mano era suave y estaba teñida de un rosa suave. Nunca me había parecido más preciosa.

¿Qué pasa si usa su lengua? No lo he hecho nunca antes. ¿Uso mi lengua?

¡Bah! Ojalá tuviera más experiencia en esto.

Sentí su cálido aliento sobre mis labios. Estaba tan cerca… podía oler su cautivador perfume hundiéndome en su canto de sirena, la promesa de un placer mayor del que jamás había tenido llamándome.

Y entonces…

—¡Hey, Edward! ¿Estás ahí?

Bella y yo nos separamos rápidamente mientras Ben nos gritaba desde la otra habitación, como si nos hubieran pillado haciendo algo sucio. Tomando una respiración profunda y sin saber qué decirle a Bella, me fui por el camino cobarde y me levanté de mi silla.

—¡Sí, estoy aquí! —le respondí a Ben, yendo hacia la puerta y abriéndola para encontrármelo junto con Ángela al otro lado—. ¿Qué pasa?

Ángela miró por encima de mi hombro y preguntó —¿Está aquí Bella?

—Sí, espera. —Me aparté y abrí más la puerta para que pudiesen entrar. Es decir, no es como si no nos hubiesen quitado ya las ganas. Podían haber acabado con mi cita… er… mi salida.

Ángela parecía aliviada cuando vio levantarse a Bella. —He estado tratando de localizarte la última media hora. ¿Por qué estás ignorando mis llamadas?

—Lo siento —Bella se disculpó rápidamente, elevando sus manos frente ella—. Me olvidé mi teléfono en casa. ¿Qué es tan urgente para que tengas que buscarme?

Ángela rio. —No te he buscado. Vimos el coche de Edward afuera y me imaginé que estarías aquí con él. Alice quería que te dijese que vamos a cenar juntos en una hora más o menos, en el sitio de siempre, si quieres venir. Está bastante enamorada de su nuevo amigo con derechos, así que supongo que quiere mostrárselo a todos.

Ben y yo intercambiamos una mirada. ¿Amigo con derechos? ¿Quién habla así?

—Oohh… ¿Es Jasper? —preguntó Bella, su voz cayó hasta un murmullo conspiratorio. Ángela asintió—. La chica trabaja con rapidez, tengo que reconocérselo.

Bella acaparó mi atención. —Entonces, ¿qué piensas? ¿Quieres ir?

Parpadeé sorprendido. ¿Acaba de invitarme? —Uhh… Sí, claro. Puedo ir.

Un millón de preguntas cruzaron mi mente, pero solo había una de la que pretendía conseguir una respuesta inmediatamente. Le lancé una mirada nerviosa a Ben, preguntándole silenciosamente si él también iba a ir. Asintió y se encogió de hombros con indiferencia, como si este fuese solo otro día, otra cosa a la que asistir.

Bueno, lo era para él. Probablemente iba a un montón de cosas de estas con Ángela.

Ese era el precio por salir con una chica de la fraternidad, supongo.

—Vamos —le dijo Bella a Ángela, mostrándome una rápida sonrisa. Me gustó eso. Nosotros. Como si ya fuésemos una pareja.

Me encontré acordando recoger a Bella a la misma hora a la que Ben pasaría a recoger a Ángela en la casa de las KD en media hora, así las chicas podrían cambiarse antes de la cena. Lo que quiera que la cena fuese. Vi a Bella marcharse con Ángela, un pequeño trozo de mi corazón se fue con ella. Sin beso, sin abrazo, ni siquiera un apretón de manos antes de irse. Solo la insinuación de una sonrisa y un pequeño gesto de la mano.

Una vez que se fueron, me abalancé sobre Ben para conseguir información. —Así que… ¿qué significa la cena?

Él sonrió. —Ya lo verás.

Confuso, esperé que me lo aclarase, pero simplemente agitó su cabeza y salió, sonriendo con suficiencia todo el tiempo. Demasiado para mi fuente de información infiltrada.

Algunas veces desearía vivir solo.


Nivel de gaysidad: Término inventado para la ocasión. En el original: gayness, algo así como la cualidad de ser gay.

DHSAB: Son las siglas para Dr. Horrible'sSing-Along blog, del que se hace mención.