Disclaimer:Los personajes que reconozcan de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer creadora de Twilight. La trama sin embargo nos costó –y mucho– a nosotras por lo que les pedimos que no la tomen como propia –no creemos que lo hagan, en realidad a nunca nadie se le ha ocurrido pero están de moda los plagios, ahaha–
xoxo
aLLe CuLLeN wAy y PaU MoShA
*'º'º TODO MENOS TU º'º'*
Bella esta fastidiada de la vida, nada le importa, todos le caen mal y
cree que la boda de su prima Tanya es lo peor que le ha pasado.
No sabe que dicho evento contará con la presencia de
la persona que menos espera:
Edward Cullen, su ex-novio.
CAPITULO 6
Frenesí
Bella POV
Alice estaba feliz de que Tanya la hubiera invitado al Club, aunque no estaba igual por el hecho de que mi prima la llamara cuñadita a cada rato.
Yo no estaba muy animada que digamos en cuanto a ir a una fiesta, es decir, ¿quién demonios inaugura un bar en Lunes? Supongo que eran costumbres de la gente rica, y ahora tenía que aguantarlas yo misma yendo a la fiesta.
Por la tarde, Alice pasó a la casa para arreglarnos juntas, pero no solo fue eso, también llevaba un vestido hermoso de su creación para que yo usara esa noche. La verdad en mi vida me había puesto algo así, ya que era incómodo pero como no tenía algo lindo que ponerme, acepté el regalo de Alice. Ella por su parte, también optó por un minivestido con el cual se veía muy bonita. Quería peinarme pero no la deje, simplemente decidí llevar el cabello suelto, más natural. Más Bella.
Después de un rato Tanya nos gritó desde el vestíbulo que ya era hora de irnos, al parecer Jasper y ella nos estaban esperando desde hacía siglos.
Bajamos y yo estaba muy nerviosa porque no sabía si las sandalias de tiras que me había escogido la enana eran la mejor opción para alguien tan torpe como yo. Seguramente terminaría con un tobillo roto.
Alice de inmediato se abalanzó sobre Jasper que lucía muy guapo, ellos hacían la pareja perfecta. Tanya para variar, también usaba un vestido corto dorado con su rubio cabello suelto, la muy maldita se veía divina.
Cuando bajamos, Edward aún no estaba en el vestíbulo con todos los de más, al parecer se le había hecho tarde en el trabajo, apenas iba a llegar de su casa después de cambiarse rápido. Esperamos un rato más, hasta que llegó, hecho un hermoso dios pagano.
Juro que si no me controlo al verlo, me hubiera lanzado encima de él de inmediato. Se veía muy desaliñado pero súper sexy. Llevaba una camisa blanca sencilla con un saco negro de un solo botón, tenía puestos sus jeans azules y a pesar de los años, pude ver que aun usaba sus tenis Nike, del mismo tipo de los que yo le había regalado. Su cabello alborotado daba click para el hombre perfecto para mí.
Cuando me vio, pude sentir el peso de su mirada, que me recorría de arriba abajo, me sentí como…muy hermosa, al menos esta vez estaba arreglada.
– ¿Nos vamos? – dijo Edward.
Edward sugirió que me fuera con él y con Tanya en el auto pero obviamente yo rechacé la invitación. Osea, ya me hubiera querido ver en el asiento trasero del Volvo de Edward con la boca abierta y sin poder quitarle los ojos de encima ante la mirada atónita de Tanya.
Así que mejor me fui con la otra pareja.
Llegamos al famoso club que llevaba por nombre Pure. Pude ver que no estaba tan mal por fuera, pero la verdad es que así me pasaba con algunos clubs en New York: tenían la mejor fachada pero por dentro eran una pocilga, así que prefería juzgar hasta que entráramos.
A pesar de ser la inauguración, había mucha gente en una fila esperando para entrar, obviamente, el status de Tanya de celebridad nos hizo saltar la fila de inmediato.
– Uy, debe de ser ya súper famoso este lugar y lo mejor es que debe de haber mucha gente bien allá adentro ¡Vamos a conocer a celebridades! – dijo Alice dando saltitos.
Tenía razón, así que puse mi cara de interesante, o más bien de estreñida como la tenía Tanya cuando entramos. Nunca se sabe, tal vez un descubridor de talentos raros me veía y me hacia famosa.
El Club estaba de lujo, igual o mejor que la fachada. El interior tenía un aire muy minimalista con sillones, sillas y mesas muy lindos de color blanco y negro. Al pasar por la entrada, se podía ver una piscina en donde la gente se congregaba a su alrededor como en las pool parties de la películas. En serio, si que estaba genial, muy producido si me preguntan.
Alice buscaba como no queriendo a gente famosa, Jasper la ayudaba también.
– ¡Dios!, ¿es esa Paris Hilton? – señaló a alguien a lo lejos– ven, vamos a saludarla Jazz– y se esfumaron dejándome sola.
Mucha gente me veía feo así que fui directo a la barra a pedir un trago, se me antojaba uno que había visto al entrar que era rosa y tenía pedazos de sandía. Estaba delicioso aunque un poco fuerte pero no me importó, me lo bebí todo de un trago. El barman se me quedó viendo divertido cuando le pedí otros dos.
No había señal de Tanya ni de Edward, eso era grandioso, me evitaba la pena de pensar sucio. La verdad, había muchos chicos muy guapos en el lugar. Incluso juro que vi a varios de los actores de Gossip Girl, no lo sé, creo que si eran ellos.
De pronto, la multitud se abrió y vi a un hombre que me parecía familiar. Me veía misterioso a pesar de que estaba rodeado de mucha gente, sobre todo de chicas muy guapas. Vi a mí alrededor y no había nadie más que algunos chicos, entonces pensé que era gay o que en verdad me estaba viendo a mi. Traté de acordarme de quién era pero no pude, hasta que llegó Alice y Jasper.
– Una decepción esa Paris Hilton, es horrenda en persona, y yo que me moría por hacerle su ropa– hizo un puchero–¡hey!, ¿ese que está ahí no es el modelo de la TV? –
Jasper y yo volteamos discretamente a donde apuntaba Alice.
– Si, es el de los comerciales de Hugo Boss, ¿cómo se llama?, ¿Adam?, ¿Nathaniel? – seguía señalando al tipo misterioso, aunque luego pareció olvidarse porque se fue a bailar con Jasper un buen rato.
Yo seguí pensando.
¿Hugo Boss?
¿Comerciales?
Algo hizo click en mi cabeza al recordar quién era el tipo que Alice decía. Era ni más ni menos que el modelo de mis sueños. Debo de confesar que la primera vez que lo vi en una revista recorté la página y la tenía en uno de mis recetarios de cocina, nada obsesivo, una inocentada.
En ese momento me estaba viendo a mí.
No pude evitar ponerme un poquitín colorada, pero luego, pude ver que Tanya y Edward se acercaban a saludar al modelo. Al principio me sorprendí, pero luego me puse a pensar que era obvio que la gente hermosa se juntara a criticar a los mortales. Tanya y el hombre se decían cosas al oído, seguramente me estaban criticando a mí, pero no me importó porque pude ver que Edward no me quitaba los ojos de encima.
Sólo lo tenía para mí viéndome con el mismo deseo que que en la noche anterior, se veía tan sexy tomando lo que parecía ser un whisky. Me dio pena pensar en Tanya en ese momento pero ella estaba ahora entretenida platicando con algunos hombres un poco más maduros que se habían unido a su conversación con el modelo.
Las miradas de Edward continuaron y cuando en verdad eran muy obvias yo me sonrojaba un poco y él sólo sonreía de lado dándole un trago a su bebida.
Luego de rato, una turba de gente se arremolinó en la barra sin dejarme verlo, entonces pedí otro trago rosado pero sin comprender por qué, algunos me aventaban de forma descortés sobre todo las chicas.
Hubo un listo que se pasó de la raya: sentí que alguien se recargó en mi, pegándose mucho. Volteé sumamente molesta a punto de darle una bofetada pero no pude, era Edward.
Lo fusilé un poco con la mirada.
– Lo siento, hay mucha gente– dijo con una sonrisa en sus labios.
Me hice un poco para un lado mientras las personas se iban esparciendo a lo largo de Club, Edward pedía otro whisky.
– Y, ¿qué te parece el lugar? –
– Esta muy lindo– hice mi cara de interesante y moví la copa igualmente – yo iba a lugares así todo el tiempo en New York…- una mentirilla
– Como sea. Debo que esta noche te ves hermosa, más de lo normal. Me dan ganas de besarte nuevamente–
En serio, Edward Cullen se estaba metiendo en problemas, mira que decirme esas cosas cuando se veía más guapo que nunca era algo verdaderamente malicioso.
– Vamos, hazlo. Te reto a hacerlo enfrente de tu novia– le dije burlona tapándome la boca.
Comenzó a reírse igual que yo.
– No juegues con fuego Bella, puedes salir hecha llamas–
Di un vistazo y pude ver que Tanya seguía platicando con un montón de hombres trajeados, calvos y maduros, parecía que se estaba divirtiendo.
– ¿No deberías de estar con Tanya?, hay muchos hombres a su alrededor–
– Yo no soy celoso, dejaré que disfrute, yo también lo estoy haciendo– dijo mirándome a los ojos.
Pareció como que Tanya había escuchado que la llamábamos, porque en ese momento apareció frente a nosotros.
– El lugar esta de lujo ¿verdad? Se ve que no vamos a divertir muchísimo– le dio un beso a Edward y a mí se me retorcieron las tripas– Por cierto Bella, estaba hablando con mi amigo Danny, el dueño del lugar y me dijo que ¡quiere conocerte! Creo que le gustaste mucho– dijo saltando estilo Alice.
Estaba en problemas.
No estaba de humor para conocer a ningún empresario maduro, tan ridículo como para dejarse llamar Danny a sus más de cuarenta años. No quería conocerlo, ni siquiera aunque fuera dueño de todo California. Pude ver el cambio de actitud de Edward, se puso completamente rígido y se bebió de un sorbo el whisky. Tanya insistió en que debía conocer a este tipo. Bueno, si platicaba con él un rato y me excusaba para ir al baño cada cinco minutos no estaría mal, así que acepté de mala gana.
– No te vas a arrepentir primita, Danny es el hombre más maravilloso del mundo– dijo Tanya para luego ir por el dichoso hombre que si era el más maravilloso del mundo, entonces debería de casarse con él y no con Edward.
Pero en fin.
Edward, que ya había pedido otro whisky, me miro alterado.
– ¿En serio lo quieres conocer?
– ¿Qué tiene de malo?, tal vez el tipo sea calvo pero al menos debe de ser un hombre libre. Uno nunca sabe, a lo mejor algo bueno sale de esto y me consigo una pareja para tu boda– no sé porqué pero le saqué la lengua como una niña pequeña– además, pensé que no eras celoso–
– No sé porqué pero contigo es diferente. Ahora mismo me estoy muriendo de celos– dio otro sorbo.
Yo hice lo mismo porque de reojo pude ver que Tanya venía hacia nosotros con un hombre. Ok, era hora de usar la sonrisa falsa característica de la familia Swan.
– ¿Bella?, mira, te presento a mi amigo Danny–
Volteé con una resignación de acero, lista para fingir simpatía pero me llevé una sorpresa. Extendiéndome la mano se encontraba el modelo de Hugo Boss, el de los comerciales de TV.
– Daniel Wolf, mucho gusto en conocerte Bella–
Me quedé un poco con la boca abierta, ¿ese era su amigo Danny? Entonces, si que tenía que salir con Tanya más seguido, tal vez la próxima vez conocería al mismísimo Brad Pitt.
– Sí, soy Bella, mucho gusto Daniel– le entendí la mano y él la besó, haciéndome sonrojar de pies a cabeza.
Se veía a leguas que Daniel tenía pinta de modelo. Era súper alto y tenía muy buen porte, una espalda enorme en donde podría – si no fuera tan floja– jugar un partido de futbol. Era guapo: sus ojos azules estaban acompañados de unas cejas y pestañas pobladas muy negras, además tenía unos labios muy carnosos que en ese momento dibujaban una sonrisa encantadora hacia mí. Vestía una camisa azul y encima de ella, un saco negro de raya de gis con un pantalón igual.
No tenía nada que ver con los hombres calvos que tenía pensado, gracias al cielo. Edward arqueó una ceja incrédulo cuando Daniel me besó la mano y yo me puse colorada.
Se veía que Tanya estaba feliz de hacerla de Cupido, lo contrario de su prometido que estaba que echaba humo. Mentalmente me repetía: ¡para que aprendas Edward Cullen!
Tanya sacó a Edward a bailar, dejándome sola con Daniel.
¡No!
Me dejaban sola con este despampanante hombre, ¿qué le iba a decir?, yo no era interesante y aparte, ya estaba un poquitín ebria, seguramente diría alguna estupidez. Bueno, además los modelos no tenían fama de ser muy inteligentes, seguramente me hablaría del último chisme que blogueó Pérez Hilton (que por cierto, también estaba en la fiesta).
Daniel me miró coquetamente así como en el comercial.
– Dime, ¿te la estas pasando bien? –
– Si, muy bien de hecho. Creo que has hecho un buen trabajo con el Club, no como los de New York que están muy cutres–
– ¿Cutres? – preguntó con una sonrisa.
– Ya sabes, que están muy feos– respondí, prometiéndome a mi misma que jamás volvería a usar palabras raras.
Daniel sonreía de oreja a oreja, era hasta ahora adorable.
– Tanya me contó que estas acá para su boda. Debo felicitarla, trajo a su prima más guapa–
Reí nerviosa por sus palabras, comencé a contarle que yo era la Dama de Honor de Tanya, que estaba en California para eso y nada más. Le conté por su propia petición a que me dedicaba y me dijo que tenía pensado en un futuro abrir también un restaurante. Me habló de él y de su incursión en el mundo de los negocios.
– La gente me veía sólo como alguien bien parecido cuando en verdad yo me siento la persona más normal del mundo. Por eso decidí darme a conocer por otra cosa así que entré a la Universidad a estudiar Administración de empresas y heme aquí. Este es mi tercer negocio y me gustaría tener muchos más–
Daniel parecía un hombre con los pies en la tierra, eso me gustó mucho, además de que era simpático y decía algunas frases chistosas al hablar.
La plática era bastante interesante, más de lo que me habría imaginado, además Daniel era de verdad sexy, de un modo diferente a Edward.
Mientras tanto, pude verlo a este último y a Tanya bailando algunas canciones. Ella casi se embarraba a Edward que sólo parecía interesado en mi plática con Daniel.
Estábamos aún en la barra cuando llegó Alice, casi desmayándose porque estaba platicando con el modelo de Hugo Boss.
– Alice, Jasper, les presento a Daniel Wolf, el dueño del Club– luego me dirigí a mi nuevo amigo – Daniel, ellos son Alice y Jasper, la hermana y el cuñado de Edward, respectivamente–
Después de las presentaciones, llegó una especie de guardaespaldas que le decía a Daniel que necesitaba hablar con él. Se disculpó con nosotros alegando que debía arreglar unos asuntos. Nos pidió que lo esperáramos, además ordenó que todo lo que consumiéramos esa noche no nos fuera cobrado. Antes de irse, me pidió que le reservara una pieza.
Alice estaba muy emocionada por el trato preferente que estaban a punto de darnos. Tanya y Edward llegaron a la barra a la par de una mesera sumamente guapa que nos dirigió a los salones VIP. Nos instalamos todos y estuvimos platicando acerca de lo bien que estaba el ambiente, incluso Alice escuchó su canción favorita y de inmediato se fue a la pista de baile con Jasper, dejándome sola con Tanya y Edward otra vez.
Basta decir que aquello fue muy incómodo, sobretodo porque Tanya tenía una sonrisa estúpida en los labios. Nos miraba a ambos muy raro.
– Ustedes como que no se llevan muy bien ¿verdad? –
Tuve que contener mi risa un momento, si ella hubiera sabido lo "bien" que nos llevábamos, le hubiera dado un infarto al miocardio. Luego de un rato, unos amigos de Tanya llegaron al lugar y se fue con ellos a platicar dejándonos a Edward y a mi solos en el cuartito VIP.
Yo la verdad ya estaba un poco mareada, había bebido un poquitín muy rápido y sentía como que las cosas daban miles de vueltas alrededor de mí. Así que no dudé en recostarme en uno de los sillones blancos del salón, siendo honestos a nadie le iba importar que yo lo hiciera. Edward permaneció sentado a la orilla del sillón y le pidió otra bebida a la mesara guapa.
Ella prácticamente lo desnudaba con la mirada y le coqueteaba abiertamente. No es que ella tuviera la culpa, Edward se veía guapísimo y más aún cuando se hacía el interesante. Yo estuve a punto de echarla del cuartito en cuanto escuché como que le pedía el número telefónico a Edward. Tuve que intervenir, pero no crean que estaba celosa, no, era por cuidar el bienestar y el futuro de Tanya.
– Hey tu, ¿podrías traerme un Martini de manzana?, pero por favor asegúrate que sea con jugo natural porque el otro me provoca jaqueca. ¡Ah! y también por favor, que sea light y de preferencia ponle hielo frappé pero así muy molido porque no quiero ahogarme cuando me lo tome. ¡Gracias! –le dije desde mi lugar sin moverme.
La mesera que se llamaba algo así como Shirley, me fulminó con la mirada pero no tuvo más remedio que ir por mi bebida, y la verdad, yo ni siquiera sabía si tenían Martinis de manzana. Edward nuevamente se sentó en el sillón y comenzó a reírse.
– ¿Sabes?, estaba disfrutando mi charla con Shirley– lanzó su bastarda sonrisa de lado – al menos ella no actuó como si yo no existiera– me echó en cara.
– Y que lo digas, estuvo a punto de lanzarse en toda tu existencia pero ese no era el punto de mandarla lejos. La verdad me muero por probar algo nuevo y la mesera aquí es ella así que... – me mordí el dedo– además, no creo que a Tanya le hubiera caído muy bien enterarse de que Shirley tratara de conquistarte así que digamos que estaba protegiendo el futuro de la "Huggies", sólo eso y nada más–
Edward se acercó más a mí, yo aún seguía recostada en el sillón y sin pensarlo, comenzó a acariciarme las piernas delicadamente. Poco a poco se colocó a un lado mío. Se dedicó a hacer círculos en mis brazos, sin importar que hubiera tanta gente en el lugar. Yo sentía que mi corazón y mi autocontrol estaban a punto de morir, mi mente estaba ya pensando cosas sucias.
– Yo creo que más bien estas celosa o ¿me equivoco? –no le dije nada, alarmada y fascinada a la vez porque alguien podría descubrirnos en ese instante – Y si tratas de proteger el futuro de Tanya, deberías mantenerme alejado de ti porque en serio, no sé cuanto tiempo voy a aguantar tenerte tan cerca sin poder hacer nada–
Entonces se acercó a mi rostro, juré que estaba a punto de besarme, eso se hubiera llevado al carajo cualquier lazo con Tanya y le hubiera respondido de la manera en que mi cuerpo entero me pedía. Pero el muy desgraciado sólo besó rápidamente la comisura de mis labios y se levantó de inmediato.
Me quedé pasmada, mientras permaneció parado jugando con las cortinas del cuarto.
– En serio, no sé cuánto tiempo me voy a poder controlar– susurró antes de irse y dejarme sola como idiota en el sillón.
Edward hablaba de autocontrol y yo estaba a punto de perderlo también, si hubiera sido otra persona, en otra situación yo estaría sin duda sobre él haciendo planes para hacer cosas malas.
Si, lo sé, soy una zorra.
Minutos después, Daniel llegó nuevamente, disculpándose por haberme dejado sola y la conversación amena surgió de nuevo. Él reía por mis comentarios de ebria mientras la gente a lo lejos lo saludaba.
La verdad me sentía muy alagada de que un hombre tan guapo, de mundo y con otras cosas qué hacer estuviera escuchando de lo más divertido las peripecias de alimentar a un gato persa. Bueno, es que la historia era divertidísima.
Hubo un momento en donde algunas personas decidieron charlar con Daniel estando yo allí. Estaba sumamente aburrida a pesar de que Daniel trataba de incluirme en su conversación, tenía ganas de un trago. En eso un mesero se acerca con un coctel raro y me lo ofrece, yo no había pedido nada aún.
– Señorita, esto es de parte del joven de la barra. También le manda esta nota – señaló a aquel lugar.
No vi a nadie más que a un grupo de chicas, así que decidí leer la nota antes de ver de parte quién era. Daniel ni siquiera se había dado cuenta de lo que me había dicho el mesero así que me dispuse a abrir el papel cuidadosamente doblado. En el primer doblez tenía una frase y por la letra pude ver de quién se trataba.
Espero que te guste el "sexo en la playa"…así se llama la bebida.
Lo desdoblé nuevamente, había otra frase. Antes de leerla pude ver a Edward sentado en la barra, dibujándome un salud con los labios y luego guiñándome el ojo.
¿Ya te dije que te ves muy sexy hoy?
No pude evitar soltar una risita ante sus comentarios, que seguían apareciendo conforme el papel se iba extendiendo. En otras circunstancias yo estaría muy ofendida por tal atrevimiento y cinismo de su parte, pero en ese momento el alcohol y el deseo raro que sentía hacía a Edward, habían convertido la situación con él en un completo y descarado coqueteo.
Fui un mentiroso: ese vestido se te ve muy bien, pero ¿sabes cómo se vería mejor?
No hubo respuesta en el papel, así que lo volteé a ver con una sonrisa juguetona, esperando que me respondiera, y lo hizo.
Nuevamente leí sus labios y señaló para abajo.
En el suelo, esa era su respuesta.
No, no, no.
La Bella reservada se había ido al carajo, traté de pensar en otra cosa pero sólo tenía una sola imagen mental: mi vestido solitario tirado en el suelo, mientras que yo, ¿tenía sexo con Edward en la playa? Mala combinación de temas pero eso era todo lo que pensaba.
Para evitarlo, comencé a platicar nuevamente con Daniel, mientras Edward seguía solo en la barra mirándome cada vez más lascivamente.
¿Dónde carajos estaba Tanya?, al menos su presencia hubiera evitado que mi mente se imaginara a Edward en posiciones indecentes.
Unos minutos después, una voz anunció que era hora de hacer el corte del listón para hacer la inauguración oficial del Club. Daniel estaba muy emocionado y me pidió que lo acompañara, la prensa acababa de llegar, lista para fotografiar cada detalle de la fiesta que estaba en pleno apogeo. Entré en pánico, no quería ser vista por todo el mundo, osea, Daniel era guapísimo pero no quería que la gente me confundiera con su novia o algo cuando apenas si nos conocíamos.
Me jaló con él mientras me moría de la pena, todos comentaban acerca de la ebria que iba de la mano de Daniel Wolf, pero a él pareció no importarle.
Pude ver cómo la gente se iba concentrando poco a poco en la entrada y yo iba para allá. Escuché que todos decían que la hermosa Tanya Denali sería la madrina del Club, quería decir que todas las miradas estarían sobre ella, pero a su lado no estaba Edward.
Había un montón de gente y yo no paraba de buscarlo. Justo cuando el evento estaba a punto de comenzar, cuando dueño y madrina estaban sonriendo preciosos ante las cámaras, cuando la entrada estaba a punto de desbordar un mar de gente, sentí que alguien me tomó del brazo y me jaló.
Salí por los jaloneos de una mano nívea, pude ver de quién se trataba. Era Edward que me escoltaba contra corriente de las personas. No dije nada, ni traté de escapar, lo seguí directo a donde me llevaba. Apenas si pude llegar a un cuartito VIP por culpa de las sandalias que Alice se había empeñado en ponerme. Estuve a punto de caer pero Edward no me dejó ya que me tomó por la cintura y me recargó en contra de la pared en un segundo
Casi no pude articular palabras, sentía mi corazón latir en la garganta a todo pulso posible.
– ¿Qué haces? – le pregunté mirándolo a los ojos.
Se acercó apretándose más a mí, sin dejar de ver mi boca, se inclinó hacía ella dejándome sentir su aliento en mis labios. La combinación de su olor natural con el del whisky realmente fue embriagante.
Supe que algo pasaría, así que me escapé de su agarre y di unos cuantos pasos pero él se encargó de lanzarme nuevamente hacía la pared, solo que esta vez estampó sus labios contra los míos de una forma desesperada.
Yo le respondí de la misma forma.
No podía sentirme peor, me encontraba dividida en dos partes: la parte buena me decía que parara, mientras que la malvada, me pedía desesperadamente que me olvidara de todo y siguiera besándolo.
El alcohol estaba haciendo sus efectos en mí, porque hasta ese momento, la parte que deseaba a Edward iba ganando. Quizás ni siquiera era el alcohol, realmente lo necesitaba, necesitaba a Edward.
Su lengua se abrió paso en mi boca de una manera deliciosa, haciéndome vibrar nuevamente. El beso de la mañana había sido tierno, de reencuentro, pero esta vez era además de eso, una necesidad corporal. Lo atraje más a mí, jalándolo de la camisa, rozando nuestros labios cada vez más,
Sus manos acariciaban los costados de mi cuerpo, a pesar de que lo hacía a través de mi vestido, sentía casi como si su toque me quemara.
Estaba ardiendo, cada poro de mi cuerpo lo hacía y podía ver que Edward también sentía lo mismo. Sus besos y caricias me lo afirmaban.
Lo acerqué tomándolo de su trasero, metiendo mis manos en las bolsas de su pantalón. Abrí los ojos un momento, repasando la habitación. Mi mente perversa había comenzado a trabajar ideando una y mil formas de hacerlo mío en aquel lugar.
Vi el pequeño sillón blanco detrás de él, y entonces como pude, obligué a Edward a caminar hacia este, cerrando de pasó las cortinas del cuarto. Lo senté y alzó su mirada hacía mi, nos perdimos en un segundo dentro de los ojos del otro. Pude ver que sus verdes pupilas se encontraban ahora dilatadas.
Me senté en su regazó y lo tomé de su alborotado cabello, haciendo su rostro hacia atrás dejándome el camino libre para besarle el cuello. Lo recorrí con mis besos hasta llegar a la línea de su mandíbula. Olía delicioso, lo que me hizo querer besarlo de nuevo con desesperación, pero Edward decidió devolverme el gesto.
Tomó mi cuello y también comenzó a besarlo pero él bajo lentamente hacía mi pecho. Justo cuando llegó a la comisura de mi escote, escuché su voz entrecortada decirme algo.
– Me encantas–
Esto consiguió afectarme de sobremanera, el mundo se detuvo, y ahora sólo nos encontrábamos los dos solos en ese momento tan perfecto. Quiso bajar un poco el vestido en aquella parte, pero la verdad, mis labios lo necesitaba más, así que busqué su boca nuevamente.
A lo lejos, se escuchaba que alguien decía que cortarían el listón pero a mi no me importaba, y creo que a Edward tampoco.
Volvimos a besarnos y esta vez su mano bajó por mis piernas acariciando mis muslos hasta que sentí que recorría un camino debajo del vestido. No pude dejar de soltar un pequeño gemido cerca de su oído cuando sentí que apenas rozó mis pantaletas.
Me paré de golpe, por un instante no quería estar en una situación en la que claramente iba a salir perdiendo todo en un cuarto VIP. Edward me detuvo buscando mis labios nuevamente, no pude evitar responderle, ninguno quería dar marcha atrás.
Yo me sentía cerca del cielo, era evidente que los dos nos encontrábamos más que estimulados. Mientras continuaba el beso, metí mi mano debajo de su camisa, acariciando su perfecto abdomen, sin cambio a pesar de los años. Bajé mi mano lentamente hacía su entrepierna, un bulto dejaba ver su excitación.
Una sonrisa se esbozó en mi rostro, saber que era yo la que lo ponía así me resultaba de lo mejor.
Escuché su respiración más entrecortada al besarlo, tenía los ojos cerrados, cómo si su vida dependiera de ello. En ese momento deseé con todas mis fuerzas saber que era lo que estaba pensando.
Sus besos me estaban volviendo loca.
Después de tanto tiempo, por fin estábamos ahí, yo le pertenecía, Edward lo sabía.
Nuestros movimientos se habían vuelto más desesperados, más frenéticos, no podía ni imaginarme el tiempo que había logrado estar sin él. Solté un nuevo gemido en cuanto acarició uno de mis senos.
A pesar de que estábamos completamente vestidos, sus caricias no pasaban desapercibidas, seguían provocándome de la misma forma. Edward entre jadeos, acariciaba también mi trasero por debajo de mi diminuto vestido y luego hizo que una de mis piernas se elevara poniéndola alrededor de su cuerpo mientras la acariciaba.
– Vámonos de aquí– dijo eufórico.
En ese momento me di cuenta de lo que estábamos haciendo. ¡¿Dios, estaba punto de hacerlo con el futuro esposo de mi prima, en un evento público, en el Club de mi futuro prospecto?
Me alejé alarmada de Edward, que sólo me miraba confundido, supuse que también él se había dado cuenta de la tremenda situación que me estaba proponiendo. Mis labios palpitaban pidiéndome más de él, pero yo no podía, no debía.
– Esto obviamente se salió de control. Lo siento– dije saliendo del cuarto, dejando a Edward en medio de la habitación.
Deseaba regresar pero sabía que no era lo correcto.
Fui al baño y en el respaldo del fino lavabo, comencé a llorar por todo lo que había pasado. Estaba claro que no me arrepentía, nunca lo haría, pero el hecho de que Edward no me perteneciera era lo que más conseguía afectarme. Di gracias porque tuve el autocontrol necesario para alejarme de él, de sus besos y de sus caricias de ensueño.
Ahora lo que me preocupaba era cómo demonios iba a ver a Tanya a los ojos.
