Capítulo VI.
"Una noche larga y aburrida"
El sol comenzaba a ocultarse cuando Carlson y Kane se arrastraron hasta los abrevaderos junto a las cuadras del Rancho "Fortitude". Incluso a esa distancia el forajido podía escuchar el llanto de la chiquilla. Pensó que los secuestradores, después de todas esas horas tenían que estar fuera de sí.
- No tardaremos en sacarla de ahí – susurró Kane, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.
- Gracias – musitó el más alto
- No es el momento de agradecer, sigamos con el plan.
Se apostaron a ambos lados de la puerta trasera sin ser vistos, la otra pareja ya debía estar junto al cercado de los terneros, a unos cien metros de allí. Escuchar el rudo "¡Cállate ya mocosa o te coseré la boca!" hizo que Steve apretase con fuerza el rifle entre las manos respirando profunda y silenciosamente.
Chris contó con los dedos, tras indicar que actuarían a la cuenta de tres y que el otro asintiera sin emitir ningún sonido. Uno, dos y al tres entraron de golpe en la cocina del rancho dónde un cocinero viejo, sucio y desagradable introducía un trapo en la boca de la niña para que no siguiera gritando.
El Ranger lo noqueó evitando que su compañero lo matara. Mary saltó de la mesa dónde la había subido el viejo y se abrazó a Steve, que le hizo señas para que callara. Al parecer nadie había esperado el rescate de la chiquilla, pues no tenía vigilancia.
Iban a salir cuando se oyó un águila chillar dos veces.
Tuvieron el tiempo justo para ocultarse en la despensa. Un grupo de cinco cowboys entraron en la cocina y vieron a su compañero sin sentido. Dieron la voz de alarma y en un par de minutos, prácticamente todo el rancho estaba en pie de guerra buscando a los intrusos y la niña.
La despensa era un escondite bastante expuesto, Kane intentó hacer una barricada con las cajas de verdura y los barriles de whisky y vino. Aunque era consciente de que no detendría las balas en caso de ser descubiertos. Sólo podían salir por la puerta, la pequeña habitación no tenía ventanas, y el aire viciado se iba haciendo irrespirable por momentos.
Estaban atrapados.
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Los nervios se comían al forajido. Hacía unos minutos que había avisado con la señal convenida a Carlson y Kane y el movimiento de cowboys alrededor del rancho se había vuelto frenético impidiendo que, si los dos hombres en el interior de la vivienda habían logrado su objetivo, pudieran salir sin ser vistos.
Jared le mostró a un grupo que montaban a caballo y partían en dirección a Brownsville. "Deben creer que ha huido o se la han llevado" musitó el joven Ranger. Pero aún quedaban otros quince, al menos, por la zona y eso sin contar a Finegan.
Los dos compañeros de rescate se arrastraron hasta las cuadras fuera del ángulo de visión de los ocupantes del Rancho.
El dueño del "Fortitude" salió fuera de la vivienda con un rifle en las manos. Se dirigió a los establos, seguido de dos empleados dispuestos a lo que fuera. Padalecki rodó sobre si mismo poniéndose a cubierto, Jensen tuvo que entrar y ocultarse en uno de los habitáculos vacíos destinado a los animales.
- Es imposible que esa mocosa haya salido del rancho, patrón – comentó uno de los vaqueros.
- No seas idiota Willbur – replicó el ranchero – dudo mucho que una cría de seis años pueda noquear a Talbot por muy borracho que esté ese cocinero inútil. Stevenson debe haberse colado en el rancho.
- ¿Y el maestro?
- Con la paliza que recibió ese miserable, dudo mucho que haya logrado llegar aquí a caballo. Los Deveraux lo dejaron medio muerto – Lorne colocó el fusil en la funda de su silla de montar – el barman debe haber venido solo, si fuesen dos habríamos visto los caballos, habríamos oído algo.
Los tres hombres partieron en la dirección en la que el ranchero creía que habría ido Carlson con la niña. Jensen jadeó poniéndose en pie. Tenían que salir de allí pronto o los problemas empeorarían, su resistencia estaba llegando a su límite.
Sólo quedaban un par de cowboys frente a la casa, podrían dejarlos fuera de combate sin hacer ruido y entrar a buscar a sus amigos. Rodearon la edificación y se colaron por un balcón del primer piso. Era la habitación del ranchero. Sobre la mesa, muestra de que el criminal pensaba que no tenía nada que temer, un par de periódicos en español en los que se hablaba de varios robos a bancos al otro lado de la frontera y un puñado de monedas de oro mexicano.
Bajaron con cuidado a la planta inferior. Tres o cuatro empleados salían fuera a reunirse con los de la entrada principal, otros tantos, en la cocina, hablaban con el viejo Talbot que repuesto de su ataque se disponía a preparar la cena.
Jared y Jensen no habían localizado aún a sus amigos, empezaban a creer que habían salido de la casa cuando el cocinero los descubrió en la despensa. Antes de que los empleados del rancho diesen la voz de alarma, Jared se enfrentó a ellos revólveres en mano.
- Ni un movimiento en falso – ordenó sin alzar la voz – si alguno intenta avisar, puede darse por muerto.
Kane, Steve y Mary salieron de su escondite. La niña saltó a los brazos del maestro que tuvo que ahogar un grito al recibir una patada en las costillas de la inocente chiquilla.
Ataron a los vaqueros y al cocinero, amordazándolos y metiéndolos en la despensa, y salieron por dónde Jensen y Jared se habían colado. Los caballos estaban a un par de millas, en una hondonada, ocultos de la vista. Se dirigieron hacia allí a la carrera.
Kane cogió a Mary de brazos del pecoso, dándose cuenta de que no podría aguantar demasiado y de que el peso de la niña minaba sus fuerzas mucho más rápido. La pequeña no se opuso, toda su desconfianza se había depositado en Jared por ser tan antipático con el tío Jensen.
Steve intentó ayudar a su amigo, que se negó con un gesto. Aún podía correr. Llegaron junto a los animales que, como si supieran la importancia de no llamar la atención, pacían tranquilos y en silencio.
- Está bien – gruñó el maestro – id delante
- Ni hablar chico – replicó Steve alarmado al ver cómo su amigo se sujetaba a la silla de montar de Runagate sin hacer ni el intento de subir
- Yo me encargo – Jared se ofreció a ayudar al maestro – Venga Carlson, Chris y tú podréis llevar más rápido a Mary con su madre, tendremos cuidado, en cuanto esté algo mejor os seguimos.
- Cuida de él – replicó la pequeña muy seria – te hago responsable, si te portas bien ya si serás mi amigo
- Lo haré bien, lo prometo – contestó el Ranger igual de formal ganándose una sonrisa de la niña.
- No es necesario, os puedo alcanzar sólo – pero el gesto de dolor, prácticamente doblado mientras sujetaba su abdomen, desautorizaba sus palabras.
- OK Padalecki, nos adelantaremos, tened cuidado chicos – Aceptó Steve
- Cuando lleguemos volveré Jared – afirmó Kane montando con la pequeña, tras quitar la silla a su caballo dejando sólo la manta.
Ranger y pistolero partieron al galope dejando atrás al herido y su eventual cuidador. Jared ayudó a Jensen a recostarse junto a unas rocas, cogió la cantimplora que llevaba atada a su silla y ofreció un poco de agua a su compañero.
El rubio aceptó bebiendo con cuidado, lo que le hizo temer que estaba realmente mal. Lo dejó descansar unos minutos mientras contemplaba como los otros dos jinetes se perdían en el horizonte sin que nadie los siguiera.
- ¿todo bien? – preguntó Jensen
- Si, no los siguen, oye Dallas…
- Llámame Jensen, Padalecki
- Escucha "Dallas" – remarcó el apodo del pistolero dándole a entender que para el Ranger el herido no era más que un asesino – no podemos quedarnos mucho tiempo, en un rato anochecerá y sin poder hacer un fuego, el frío puede darnos muchos problemas
- Vamos entonces – replicó el maestro levantándose pálido como un cadáver
- ¡Quieto tigre! – Lo sujetó el otro cuando se tambaleó con un aullido sofocado entre los dientes – vamos a ver cómo podemos vendarte para que puedas aguantar una cabalgada.
El Ranger no podía seguir con su máscara de dureza, porque, aunque hasta a él mismo le pareciera absurdo, la rudeza, la tozudez del pecoso tratando de hacerse el fuerte, le enternecía. Y aunque no podía olvidar quien era, tampoco podía olvidar todos esos días, ni la adoración de la pequeña, ni lo que le hacía sentir con el sólo hecho de tenerlo cerca.
- A ver, deja que vea cómo tienes esas costillas – a duras penas, y con Jensen maldiciendo a más y mejor, le quitó chaqueta, chaleco, camisa y camisa interior, la venda que el mismo maestro se había colocado sin decir nada cuando salieron de Brownsville se había movido de su sitio causando más daño que alivio – esto no tiene buena pinta
Se la quitó también dejando a la vista los hematomas, parpadeó sorprendido. Comenzó a palpar los costados del pistolero que se dejaba hacer con los ojos cerrados y los labios apretados. En efecto tenía un par de costillas rotas.
Jensen luchaba contra el dolor y contra la necesidad de dejarse acariciar por las poderosas manos del Ranger. Los dedos expertos del más joven delineaban sus costillas con delicadeza, casi como una caricia. Cerró los ojos para no ver la expresión condenadamente caliente de los finos y apretados labios del condenado federal.
Jared miró el pálido rostro en el que las pecas destacaban contra la piel dorada por el sol, como una incongruencia. "Los pistoleros no tienen pecas" pensó absurdamente. Retiró las manos del torso de Jensen que permanecía con los ojos cerrados y el ceño fruncido, no pudo resistirse a pasar levemente sus dedos por los labios increíblemente llenos. Una mirada alerta, desconfiada y… ¿algo más? Le hizo enrojecer por ser cogido en un gesto tan poco natural.
Carraspeó sin atinar a justificarse.
- Voy a volver a ponerte la venda, la apretaré bastante así que te va a doler ¿Puedes mantenerte en pie mientras lo hago? – Jensen asintió respirando con dificultad – lo siento, intentaré ser lo menos brusco posible.
Fue delicado en extremo, consciente de lo que el otro estaba aguantando, aún así el maestro no pudo evitar sujetar con fuerza uno de sus brazos, clavándole los dedos tan profundo que seguro le dejaría marca. "Lo siento" dijeron al mismo tiempo, una risa tonta bailoteó en los ojos multicolor del Ranger, "No importa" volvieron a coincidir en las palabras y el tiempo.
Una curiosa mueca se dibujó en los labios del pistolero que se separó como si el contacto le molestara. "Pues claro que le molesta Jared, es un tío, ¿por qué tendrías que gustarle?" se recriminó el más alto a sí mismo. Jensen intentó ponerse de nuevo la camisa. Terco, sin querer pedir ayuda al joven que le estaba trastornando todos los esquemas, hizo un movimiento demasiado brusco doblándose de dolor.
Jared lo sujetó, lo hubiese sujetado lo que hiciera falta. El débil gemido que se permitió el rubio le erizó agradablemente la piel. "Déjame ayudarte" pidió suavemente mientras estrechaba al pistolero en un suave abrazo que era algo más, y del que Jensen no se alejó esta vez.
Le ayudó a volver a vestirse y a montar. Chris y Steve ya deberían estar llegando a la ciudad, sin apresurar demasiado el trote para no castigar más al herido, marcharon tras ellos.
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Un destacamento de Fort Brown estaba frente a la oficina del sheriff cuando Kane desmontó frente a la posada con la pequeña en brazos. Delilah salió corriendo y abrazó a la niña en un mar de lágrimas.
- Está bien señora – musitó el Ranger cuando ella lo incluyó en el abrazo dándole las gracias
- Tienes que irte Steve, ahora mismo – advirtió la hostelera a su amigo – y procura que Jensen no entre a la ciudad o…
La advertencia llegó tarde, un teniente y varios soldados rodearon al barman apuntándole con sus rifles.
- Steve Carlson, queda arrestado
- Está cometiendo un error teniente, mi nombre es Carl Stevenson – replicó el fornido pistolero levantando las manos
- Se ha presentado una denuncia contra usted y Jensen Ackles, debemos comprobar sus identidades, si es cierto que no es el fugitivo que buscamos no tiene nada que temer – explicó el oficial.
- Teniente – intervino Kane – soy el Ranger Christian Kane del cuerpo de Rangers de Texas, oficial de la compañía de Austin, y puedo responder en nombre del señor Stevenson
- Pero no del maestro
- ¿Perdón?
- Sus jefes nos han enviado una petición oficial para detener a Jensen Ackles bajo la acusación de ser el pistolero Kid Dallas, y los señores Wayne también se han presentado en el fuerte denunciando el mismo hecho. Aunque si usted asegura que el señor Stevenson es quien dice ser... – aceptó el teniente
- Tiene mi palabra de honor de que el señor Stevenson es quién es y nada más.
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En teoría sólo había un par de horas al galope hasta Brownsville, pero a la velocidad a la que iban, Jared calculaba tres o cuatro, y eso ni no se cruzaban con Finegan y sus hombres. El caballo del maestro se quedaba rezagado como si el animal supiera la tortura a la que sometía a su jinete.
Jensen se quedó doblado sobre Runagate, mientras el noble equino detenía su marcha y parecía avisar con sus relinchos al Ranger. El alto muchacho volvió sobre sus huellas y sin mediar palabra ayudó al pistolero a desmontar.
- Creo… - jadeó el pecoso avergonzado – creo que voy a tardar un poco más en reponerme, ahora mismo no puedo seguir.
- Está bien, pasaremos aquí la noche
Estaban junto a unas rocas, quizás podrían usarlas como escondite y refugio, ya que si no querían ser descubiertos no podrían encender un fuego para mitigar las bajas temperaturas del desierto texano.
- No es preciso quedarse toda la noche, en cuanto descanse un poco podré cabalgar de nuevo.
- No voy a arriesgarme Dallas, trata de dormir y mañana si no puedes continuar iré a buscar una carreta o algo – ordenó el Ranger más brusco de lo que pretendía.
Su compañero no dijo nada, se sentó en el suelo usando un par de rocas como respaldo. La luz del anochecer incidía en el rostro pecoso tostado por el sol y pálido al mismo tiempo. Jared no podía apartar la mirada del pistolero, intentando hallar en él al hombre que había odiado desde niño.
No había nada de eso. Las imágenes que habían alimentado el odio del Ranger se difuminaban en los recuerdos de las últimas semanas y quien tenía frente a él ya no era el asesino de su padre.
Era una condenada broma del destino.
Aquellos ojos que le habían perseguido en sus pesadillas, bellos y helados, ahora le observaban con curiosidad. Se sentó a su lado, codo con codo. Era un buen rincón, las grandes masas de piedra los protegían del aire helado que comenzaba a soplar en la zona.
- Va a ser una noche larga y aburrida, ¿y si charlamos? – sugirió Jared
- ¿De qué? – musitó el herido un poco sorprendido por la tregua en la rudeza del federal
- No lo sé, por distraernos un poco – el castaño sonrió infantilmente – soy un poco malo para dormir, me cuesta conciliar el sueño, soy capaz de hablar durante horas y al final consigo que se duerman todos menos yo.
El pistolero rió entre dientes ante el gesto inocente del más alto. Apoyando la cabeza en la roca lo miró con admiración, siendo ahora el turno del Ranger de sorprenderse por cómo el otro bajaba la guardia con él.
- Yo también soy malo para dormirme – aceptó Jensen - ¿empiezas tú?
- Me gustaría que no fueses Kid Dallas – directo al grano, como toda su vida, Jared necesitaba liberar su corazón de la irritante culpa que se estaba acumulando en él desde que supo que sentía algo por el pianista improvisado de un salón perdido en el último rincón de la frontera.
- No elegí ser quien soy
- Mi padre – sentía que se lanzaba a un abismo al preguntar - ¿por qué lo mataste?
El último rayo de sol terminó de ocultarse, aunque aún podían verse las caras la oscuridad comenzó a ocultar el resto del mundo a su alrededor.
- También mataron a mi familia, cuando era más joven – contestó en tono neutro – durante la guerra.
- Pero…
- Soldados, llegaron un día y los mataron. Mi padre y mi hermana – la voz del pistolero ronca y dolorida hacía que Jared imaginase a Jensen con trece o catorce años enfrentándose a un grupo de soldados entre los que estaba su padre, el relato del pistolero rompió esa imagen mental – ella era muy pequeña, un bebé. No hice nada. Uno de los soldados me sujetó.
- ¿Mataron a un bebé? ¿Por qué?
- Era la guerra, supongo que les daba igual, el jefe ordenó matarme al soldado que me retenía, pero no lo hizo, fue peor, me dejó allí, con los cuerpos de mi familia a merced de los buitres y los animales salvajes.
- Te dio una oportunidad
- Hubiese sido mejor que me hubiese matado – suspiró el pistolero – era tu padre, el soldado que me dejó allí. Lo odié a él más que a ninguno.
- Pero…
- Es extraño ¿verdad? Fue el único que desobedeció permitiéndome vivir, pero tuve que enterrar a mi padre y a mi hermanita, yo solo. Tardé varios días, excavé las tumbas con las manos y con cada puñado de tierra sólo podía pensar en que los encontraría a todos y los mataría con la misma indiferencia con que ellos habían degollado a una niña de dos años.
Durante unos segundos sólo hubo oscuridad y silencio. Jared agradeció que no se pudiera ver nada, el tono vacío del herido relatando el que era posiblemente su recuerdo más duro le había conmovido.
- Eras solo un niño – no pudo evitar decir el Ranger
- Dejé de ser un niño – suspiró Jensen – pasé mucho tiempo en la granja quemada. A veces alguien del pueblo se acercaba allí, pero les hice creer que había fantasmas, que la granja estaba maldita. Entonces Steve me encontró y me llevó con él.
- ¿Te uniste a una banda de forajidos?
- No, seguí a la única persona que había sido amable conmigo en un montón de tiempo – un gemido del pistolero hizo alarmarse a Jared - ¿Qué podía hacer? Estaba solo, hambriento y Steve me ofreció una familia
- ¿Cuántos años tenías?
- No recuerdo, siete, ocho, nueve… No recuerdo cuanto tiempo estuve solo – continuó ya tranquilo Jensen – Steve cuidaba de mí, y el viejo Duncan me enseñó a disparar. Mi colt era el suyo, él me lo regaló cuando consiguió perdonar mi traición.
Algo estalló en el subconsciente de Jared, el relato de Jensen le había impactado más de lo que creía. El frío empezaba a hacer castañear sus dientes. Se levantó y desensilló a los caballos cogiendo las mantas que protegían a los animales del roce de las sillas.
- Huelen fatal – se quejó el pistolero cuando le echó una de ellas encima
- Cállate quejica – Musitó, acomodándole la manta tanteando en la oscuridad
- Puedo yo solo – gruñó el pistolero
- Si sigues teniendo frío dilo y juntaremos las mantas – indicó Jared inocentemente
- Si claro, como no he visto como me miras… - se le escapó al rubio
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El teniente Parker aceptó la palabra del Ranger y no detuvo al dueño del salón. Fue una suerte para él y sus hombres que lo hicieran, pues la dueña del hostal les negó la entrada a él y sus soldados por intentar detener allí a quien había rescatado a su hija y por querer reunir una partida para ir por Kid Dallas.
El dueño del salón les atendió con amabilidad, pero el resto de los parroquianos que iban pasando por el local para felicitar al barman y a Kane por haber rescatado a la pequeña, los miraban con reproche y frialdad como si los pistoleros fuesen ellos. Incluso el sheriff, que pasó a tomarse una copa con un aparatoso vendaje en la cabeza.
Jim Beaver le lanzó tal mirada de desprecio al militar, que Parker tuvo que enfrentarse al representante de la ley de Brownsville aunque fuese sólo por principios.
- ¿Se puede saber qué tiene contra mi sheriff? – dijo acercándose a los tres hombres que charlaban en la barra tranquilamente
- No me gustan los tipos que se lavan las manos en los asuntos de la ciudad y sólo intervienen para favorecer los intereses de un par de ganaderos ambiciosos – Le soltó el de la placa sin ningún complejo
- ¿Insinúa que estamos a sueldo de Wayne?
- No estoy insinuando joven, creo que lo he dicho bastante claro.
- Usted sabía la auténtica identidad del maestro – adivinó el teniente - ¿Desde cuándo?
- Hace cinco años
- ¿Y no lo detuvo? – recriminó el de uniforme
- ¿Cuándo? A ver, ¿Cuándo montó un grupo de bomberos en mitad de la tormenta para salvar a casi toda la población de la catástrofe mientras los soldados se protegían en el fuerte? ¿Cuándo evitó por dos veces una guerra entre Wayne y Finegan? ¿Cuándo detuvo las reyertas entre los mexicanos y los rancheros? ¿Cuándo reconstruyó el colegio?... ¿Por qué iba a detenerlo? – le soltó de un tirón Beaver
- Porque es un forajido
- Si detuviese a todos los forajidos que pisan Brownsville nos quedábamos sin habitantes, teniente. ¿O me va a decir que usted está limpio? – Sonrió el representante de la ley – ¿cree que no sé quién era antes de vestir ese uniforme?
- Solo cumplo órdenes sheriff – masculló lívido el militar – he pagado mi deuda con la ley
- En mi opinión Jensen Ackles ha más que pagado su deuda con la justicia, teniente – replicó Jim sin acritud, el teniente Parker no era el primer "desperado" que aceptaba dedicarse a la vida militar a cambio del perdón, muchos de esos pistoleros sólo habían ejecutado venganzas contra poderosos magnates que les habían arruinado la vida – no puedo impedirle que lo detenga, pero sí le voy a pedir que lo trate con respeto.
- Creo que no es el único en este pueblo que piensa así – dijo el de uniforme. Los treinta o cuarenta hombres que en ese momento llenaban el salón habían mantenido un silencio absoluto mientras el sheriff hablaba y por sus expresiones, compartían el parecer del barbudo representante de la ley – no soy un monstruo, soy un soldado, si no opone resistencia no tiene nada que temer de mi. Aunque por lo que parece han debido avisarle pues hace un par de horas que volvieron con Mary Samuels y aún no ha regresado a la ciudad.
Kane y Carlson cruzaron una mirada preocupada. Posiblemente habrían tenido que detenerse por las heridas de Jensen, y si eso era así, lo más seguro es que hasta el día siguiente no hiciesen acto de presencia. Eso, si por la mañana podía moverse.
El teniente interceptó la mirada y la mal interpretó. Decidiendo vigilar a esos dos pues seguro conocían el paradero del maestro. Cuando el salón cerró dejó a casi todo su destacamento, salvo dos hombres, en la ciudad y siguió a Ranger y comerciante que habían tomado una carreta y se internaban en la oscura y fría noche texana.
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Jensen despertó sobresaltado por un relincho lejano. Le dolía todo el cuerpo, aunque podía haber sido peor si el tozudo Ranger que lo protegía del frío le hubiese hecho caso y le hubiese dejado tranquilo.
Claro que el brazo que se enroscaba en su cintura sobraba. Intentó levantarse sin despertar al gigante que le había contado toda la historia de su vida después de envolverlos a ambos con las malolientes mantas. El relincho del caballo que lo había despertado sonó más cerca y alcanzó su colt. Dejando a Jared bien abrigado y moviéndose todo lo sigilosamente que pudo, salió de su refugio intentando divisar al animal que producía ese ruido.
Debía faltar poco para el amanecer, las primeras luces del día le permitieron divisar un grupo de jinetes que venían desde el rancho de Finegan, una carreta detenida en el camino y otros tres jinetes que se acercaban desde la ciudad. Volvió a su refugio y se encontró con que el Ranger estaba despierto y cabreado.
Antes de dejarle decir nada tapó su boca con la mano. Le indicó que cogiera un rifle y cogió el propio volviendo a su puesto de vigilancia.
- Los de la carreta son Carlson y Chris – musitó Jared – idiotas, deben creer que no puedes ni moverte
- Están en medio del camino, no se quienes serán los tres que vienen de la ciudad, parecen soldados…
- Los otros deben ser hombres de Finegan
- Si, están en apuros...
Como respuesta a la afirmación del Ranger Jensen amartilló su Winchester estaban a unos cien metros de la carreta.
Continuará...
