Puff... menudo retraso he metido. Normalmente posteaba cada cuatro días. Pero ha habido mil cosas que me han retrasado. Bueno, Love... aquí tienes tus respuestas. Emma tiene mucha guerra que dar. Raquesofi, veo que eres nueva. Bienvenida. Bueno, he dejado claro que el desconocido, es una mujer. Y no te preocupes ODIO A ROBIN. Es el personaje que más desprecio de toda la serie... osea que no, no tendrá protagonismo XD.
Emma Swan
Zelena gimoteaba, intentaba gritar inútilmente con su muda voz, mientras mis manos aferraban sus pechos. Pero fingía. Fingía que lo que le hacía no le gustaba. Pero lo hacía por puro orgullo. Mis manos conocían a la perfección el cuerpo de Regina… y ahora el suyo era idéntico hasta el más mínimo detalle. Sin embargo, mientras besaba sus labios era incapaz de sentir nada. La aparté a un lado y suspiré. Las marcas que había dejado por toda la anatomía de aquella mala réplica no me consolaban en absoluto.
_ Quiero ver a Regina…_ Murmuré, apartando la mirada.
Escuché un sonido, similar a un relámpago, y al girar la vista vi que la entrada de la estancia brillaba. Me acerqué, olvidándome de Zelena, que respiraba con dificultad, y me encontré con lo que parecía un callejón. Confieso que, incluso con todos los años que llevaba siendo ser oscuro, aún era desconocida para mí la magnitud de mi poder.
Crucé aquella puerta brillante y me encontré a mí misma en, tal y como había pensado, un hediondo callejón. Fue entonces cuando sentí que mis fuerzas flaqueaban y me caí al suelo. Sintiéndome agotada, observé mi reflejo en un charco de una sustancia que preferí no identificar, y me encontré con mi reflejo. Mi cabello blanco había recuperado el tono dorado, y mi piel no parecía despedir ningún tipo de brillo. Había aterrizado en un mundo sin magia… y no tenía ni idea de cómo volver atrás. Esperaba que Regina estuviese allí.
Regina Mills
_ Debería conocer las normas, señorita._ Aquel hombre rudo y desaliñado parecía enormemente divertido con mi supuesta infracción._ No se puede viajar en el tren sin billete.
_ Le digo que no sé cómo he acabado en ese tren. Yo estaba en mi habitación y cuando quise darme cuenta estaba metida en ese portaequipajes.
Un hombre al lado del primero, más menudo, se rió a mandíbula batiente. Como si le estuviese contando un cuento chino. Y no era para menos, a fin de cuentas, yo misma habría metido en terapia a cualquiera por decirme una cosa así.
_ Señorita… me temo que si no lleva dinero tendrá que pagar de… otra manera.
Mi tarjeta de crédito y mis billetes los habían arrojado a las vías del tren. No sabía dónde estaba, pero parecía que mi dinero no servía allí. Los dos hombres se me acercaban y cuando quise darme cuenta, me acorralaron en una esquina.
_ ¡Amo, deténgase! ¡Llamará la atención!_ Exclamó una voz fría desde alguna parte.
Lo siguiente sucedió muy deprisa. Escuché gritos, y cuando quise darme cuenta los dos hombres habían caído al suelo. Ante mí sólo quedaba una mujer, que parecía haberlos despachado usando el factor sorpresa. Durante un segundo el tiempo pareció congelarse mientras aquella mujer levantaba el ala del sombrero y nuestras miradas se cruzaban.
Aquello era imposible. Ni tan siquiera en el libro que Henry me había mostrado, se antojaba posible que lo que tenía ante mis ojos fuese real. Me parecía una broma cruel si es que Emma tenía algo que ver. Pero sin embargo, allí estaba, parada, incapaz de decir nada. E intuía que ella sentía lo mismo.
_ Regina…_ Dijo, en un susurro.
_ Mamá…
Vestida como lo estaba, casi me recordaba a los años del circo. Yo misma había acudido a su entierro. Yo misma había tirado la primera palada sobre su ataúd. Y ahora estaba allí. Me abrazó y sentí sus brazos rodeándome. Era tan cálido, tan real. Dejé de sentir miedo en ese mismo instante. Lo admito. Era una mujer adulta, pero había echado mucho de menos a mi madre. Se apartó y sentí como apartaba mis lágrimas de mis ojos.
_ Mírate… cómo has cambiado._ Susurró.
_ Amo…_ intervino la voz que había escuchando en primer lugar._ Confirmo que la guardia real se dirige hacia nosotros. Sugiero avanzar en dirección opuesta.
_ Vamos, Regina._ Me dijo, tomándome del brazo._ Tenemos que coger otro tren.
Cora Mills
Volver a ver a mi hija, después de tanto tiempo, había sido como un rayo de esperanza. Confieso que la única razón por la que había querido vencer al oscuro en primer lugar había sido por venganza. Suponía que le habría hecho algo horrible a Regina, y sin embargo estaba allí, en buen estado. Parecía ser la misma de siempre. Se había quedado dormida en el vagón, y Tsaritza la velaba.
Yo me encontraba en el tejado del tren de mercancías, que avanzaba hacia un destino incierto. A decir verdad, no sabía cómo iba a alcanzar las llamas que darían la fuerza a la espada para vencer al cisne negro. Repentinamente el tren dio un frenazo y tuve que aferrarme para no caer. Escuché gritos.
Me descolgué por el lateral del tren y entré en el vagón. Regina y Tsaritza habían desaparecido. Fay estaba tirada en el suelo, casi incapaz de moverse. Me acerqué y la tomé de la mano, mirándola a los ojos. Le costó ponerse en pie.
_ ¿Dónde está Regina?_ Pregunté, ayudándola a incorporarse.
_ Se la llevaron, Amo._ Dijo. Su voz sonaba rota, como una batidora que no funcionaba correctamente._ Sugiero usar el rastreador del arma para encontrarla, amo.
Saqué la espada de la funda que, al parecer, conservaba aún parte de su magia. Noté cómo vibraba para indicar el camino. Fay se puso en pie como pudo y yo la sostuve. Acababa de recuperar a mi hija, y no pensaba perderla. El camino se tornó más sencillo cuando llegamos a lo que parecía ser un pequeño pueblo.
El pueblo estaba en completo silencio. La bruma llenaba el lugar. Guardé la espada en la funda, y le dije a Fay con el dedo que guardase silencio. Había algo extraño en el ambiente, algo oscuro que me resultaba difícil identificar. El silencio en las calles no era natural.
Un grito agudo perforó la noche, rompiendo el misticismo que la envolvía. Fay y yo nos miramos y nos dirigimos hacia el ruido. Pero llegamos tarde. En el suelo, arrojada de cualquier manera, había una mujer. Su cuerpo estaba ensangrentado, cercenado por el abdomen. Mis dedos abrieron su piel, que había quedado como una solapa debido al corte que le habían hecho.
_ Le falta un riñón._ Dije en un susurro.
Un nuevo sonido, uno casi imperceptible, me hizo alzar la vista. El sonido de una capa al rozar contra el suelo. Y entonces lo vi, observándome. Un hombre envuelto en tinieblas. Me puse en pie y traté de seguirlo. Él se percató de ello y corrió, girando una esquina.
Yo era más rápida que él, a pesar del peso añadido de la espada. Sin embargo, en mitad del trayecto, alguien entró por una esquina y choqué, provocando que ambas cayésemos al suelo. Elevé la vista, y al ver de quién se trataba, desenfundé la espada.
_ ¿Qué estás haciendo aquí?_ Mi mirada se cruzaba con aquellos ojos azules, que no parecían llevar su brillo característico de malicia.
Emma Swan. El cisne negro. Se suponía que debía estar en Storybrooke. Y que no me encontraría con ella hasta que la espada hubiese alcanzado todo su potencial. Y, sin embargo, allí estaba, delante de mí, poniéndose en pie mientras yo lo hacía. Yo adelantaba mi espada, pero ella no pareció dudar en sacar un revólver de entre sus ropas. ¿De dónde lo habría sacado?
_ Estoy aquí para encontrar a Regina._ Dijo, mirándome fijamente.
_ La encontrarás por encima de mi cadáver._ Dije, sujetando con firmeza la empuñadura de la espada.
_ Amo…
_ ¡Cállate, Fay!_ Exclamé.
Nada de lo que me dijese podría cambiar mi opinión. Y si iba a decirme que mi espada no podría matar a Emma, lo cierto es que podría ahorrarse decírselo a ella. Era mi mejor baza en aquellos momentos. No temía al revólver que llevaba. Porque no temía a la muerte.
_ ¿En serio crees que le voy a hacer a tu hija algo peor que Jack el Destripador?_ Me preguntó, alzando una ceja.
_ Amo… confirmo que nuestras posibilidades de encontrar a Regina aumentarán en uno cuarenta por ciento si contamos con la ayuda de la señorita Swan.
_ Estoy de acuerdo con tu amiga… ¿Tregua?_ Preguntó la rubia.
Bajé la espada, a regañadientes, y me volví a centrar en el rastreador. No quería hablar con Emma directamente si no era estrictamente necesario. Sin embargo, lo que acababa de decirme me había dejado pálida. ¿Jack el destripador? ¿Cómo no me había dado cuenta?
Tsaritza
No había visto el golpe venir. Y me había desmayado sin más antes de poder ver quién me había dado. Y cuando había abierto los ojos me había encontrado en una celda mugrienta, con paja como suelo y un olor hediondo que casi no me dejaba respirar. Sentía arcadas, pero si vomitaba el olor sólo empeoraría. Por lo que tuve que contenerme.
Escuché un tintineo, y me di cuenta de que no estaba sola en la celda. Había una mujer atada por grilletes a una pared, que llevaba un rato observándome. Estaba en silencio, pero entendía que quisiera conservar al máximo sus fuerzas. Se la veía agotada, demacrada y delgada, probablemente por falta de alimentación.
_ ¿Dónde estoy?_ Pregunté._ ¿Quién eres tú?
_ Soy Ruby._ Dijo, mirándome._ Estamos en la guarida de Jack, el destripador.
Se me aceleró el pulso. Había leído esa historia y no me gustaba nada en absoluto. No quería que me arrancasen los órganos mientras aún vivía. Ruby debió captar mi mirada, porque cuando estaba a punto de entrar en pánico, cuando trató de tranquilizarte.
_ Tranquila… estás aquí porque no le interesas._ Me reveló._ Eres demasiado joven.
Regina Mills
Me debatía contra las correas de cuero que me aprisionaban. Mis manos y mis pies estaban atados a una mesa. A mi lado podía contemplar instrumental quirúrgico. Hacía frío, y mi ropa había sido concienzudamente arrancada. Notaba como mi piel se erizaba. Le vi acercarse. Un hombre barbado, con una mascarilla y un sombrero de copa. Llevaba guantes, pero sin embargo no se había quitado el abrigo. Cogió una jeringuilla y dejó salir parte del líquido para comprobar que no quedase aire en ella.
_ Suéltame._ Le grité, intentando una vez más, y en vano, hacerlo yo misma.
Me tomó con fuerza del brazo y me clavó la jeringuilla. A mí alrededor todo comenzó a volverse borroso. Sentí como mi cabeza caía a un lado sin poder evitarlo. Comencé a sentir una presión en el pecho, pero no pude hacer nada por remediarlo. Cerré los ojos y me entregué al sueño.
Cora Mills
El rastro nos llevó hasta una fábrica abandonada. Tenía que haberlo visto venir. Lo que no vi venir fue el temblor que sacudió la tierra cuando nos acercamos. De las entrañas de la tierra emergió una criatura siniestra, que me heló la sangre en las venas.
No era un ser vivo, pero en su día lo había sido. Un cráneo de réptil, con las cuencas de los ojos de un brillante color azul. Los huesos de aquella criatura que en su día debió ser majestuosa ahora se hallaban sujetos por engranajes y maquinaria. Se alzaba imponente sobre sus piernas traseras, eclipsando la luna que presidía aquella oscura noche.
_ Amo…_ Intervino Fay._ Confirmo que la criatura que se halla ante vos es uno de los tres dragones de los que le hablé.
_ Estás de coña…_ Dije, sin poder remediarlo._ Muy bien, es cosa mía.
Me volví hacia Emma. Estaba claro que no podía quedarse allí y combatir con el dragón armada sólo con un revólver. En ese mundo carecía de su magia, de modo, que lo único que podía hacer, por más que me pesara, era pedirle un favor que no deseaba que realizase.
_ Emma… ve a salvar a Regina._ Le pedí, mirando a aquella bestia._ Pero si le haces algo… te juro que te mataré. Encontraré el modo de destruirte para que no vuelvas nunca más.
_ De acuerdo… seré buena._ Dijo la rubia, con una sonrisa divertida, colándose entre las piernas de la bestia.
_ ¡Eh, tú! ¡Estoy aquí!_ Exclamé, desenvainando la espada.
_ Amo, quisiera recordarle que aunque mi apoyo hacia ella es pleno no puedo ayudarla de ningún modo en la batalla.
_ Está bien saberlo._ Dije, con cierto tono de reproche.
Aquella criatura lanzó su brazo contra mí y yo rodé para esquivarlo. Me aferré a aquella extremidad, sintiendo cómo la estática me atravesaba. Encontré lo que parecía un enorme tornillo en el que encajé la espada. Di un giro y se escuchó un crujido. El brazo se separó sonoramente del resto de la anatomía de aquella criatura.
Caí al suelo y rodé, algo confundida. Aquel ser abrió sus enormes fauces, en lo que simulaba ser un grito de dolor. El fuego azulado que emanaba de ella parecía empezar a dispersarse en todas direcciones. Tomé la espada y lancé con todas mis fuerzas directamente hacia la boca entreabierta. El cráneo se partió en dos, y las llamas envolvieron la espada.
El arma cayó al suelo y yo me acerqué. Las llamas me rodearon y me envolvieron por completo. Sentí el calor, pero no me quemaba. Y entonces, las imágenes, recuerdos, acudieron a mi memoria como si de un sueño se tratase. Vi a una mujer de cabellos rubios, que me saludaba. Recordé cómo me cogía la mano, y sentí el calor de sus labios.
Pero, sin embargo, no recordé su cara ni su nombre. Tomé la espada del suelo, y contemplé que había aumentado el tamaño de su filo, y que su empuñadura también se había ensanchado. La guardé en su funda que, por arte de magia, se había adaptado al nuevo tamaño del arma.
_ Amo…_ Me volví hacia Fay, que parecía haber recuperado su forma original._ Confirmo que la espada ha aumentado su potencial. Restan dos llamas para que alcance todo su poder.
Emma Swan
El sonido del disparo casi me excitó. Matar a Jack el destripador, a una leyenda. Un tiro directo al corazón, y había caído redondo. Me acerqué a Regina, observando su cuerpo desnudo. La anestesia había hecho efecto. Pasé mis dedos por encima de sus pezones endurecidos por el frío y me estremecí. Ese simple gesto me excitó más de lo que lo había hecho acostarme con Zelena disfrazada. Acerqué mis labios a los suyos y la besé.
_ Me gustaría quedarme aquí contigo…_ Le susurré._ Pero sé que sí la magia te ha traído aquí es por una razón. Esto te llevará a entender por qué he hecho lo que hice… y entonces… entonces podrás perdonarme.
Sentí un estallido mágico, y la grieta que me había traído, volvió a abrirse a mi lado. Por el momento, me correspondía estar en Storybrooke. Estaba corriendo riesgos innecesarios… pero era lo que había hecho todos aquellos años. Lo había hecho por ella.
