Dejarse atrapar (2)
El Joker descansaba en su celda. Los dos últimos días en la prisión de Arkham Asylum habían sido los mejores. No Harley, no preocupaciones, no sexo y, sobre todo, podía llegar a pensar en nuevos planes graciosos de destrucción. Lo que no había tenido en cuenta es que su pastel de calabaza podía intentar rescatarlo de allí.
Una gran explosión rompió el techo de la planta en la que estaban y entre el humo descendió una fina figura femenina.
- Hola, mi puding. ¡Vengo a rescatarte!
- ¡Aaaaah, seguridad! -gritó El Joker.
- Pero mi amor, soy yo, no te asustes -dijo con una enorme sonrisa un tanto desviada.
Puso un explosivo en el cristal de la celda y lo hizo mil pedazos.
- Ahora, vámanos a casa. -(Contemplemos decenas de corazones sobre la cabeza de Harley Quinn)
- ¡No, no quiero!
- Pero, puding, ¿cómo puedes decir eso? Si no te gusta la cárcel.
- ¡Pues ahora me quedo!
La escena era ridículamente graciosa cuando llegó Batman. Harley cogía de los pies a El Joker y lo empujaba fuera de su celda mientras que éste oponía resistencia cogiéndose al marco. No sabía si dejarlos y que pasara lo que pasara o encerrarlos a los dos. Finalmente suspiró, noqueó a la chica y pidió que la encerraran.
- Mi héroe, sabía que me sacarías del apuro -volvió a juguetear el payaso.
Lo único que recibió después de eso fue un puñetazo que lo dejó cao. Cuando despertó, se vio en otra celda.
- ¡Pudiiiiing, qué suerte! Nos han puesto celdas contiguas.
- ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooo! ¡Batman, me las pagaráaaaaaaaaaaas! ¡Te odioooooooooooooooo!
