Miedos y ayuda en el momento menos esperado.

No era la primera vez que visitaba aquel lugar, ya varias veces habían ido cuando ella los llamaba, pero jamás le había gustado ese tipo de terrenos, la humedad que se filtraba por las paredes y el hedor rancio de las maderas. Con solo ver la fachada de aquella casa uno podía imaginar lo esplendoroso que fue en el pasado, el enorme jardín antes bien cuidado ahora se hallaba maltratado, con malas hierbas en cada rincón y sin una sola flor. El pasto inglés se había convertido en indomables pastizales y el hermoso color coral de la madera había pasado a ser un rosa desteñido con el tiempo, con incluso partes descascaradas y manchas de tierra. Los enormes ventanales detallaban cristales rotos y sucios, huellas de sangre y hasta incluso tela raída. Todo aquel lugar había sido magnífico, sin embargo ahora se hundía en la miseria y el abandono.

Draco y Ginevra se aparecieron en el camino de grava, el paisaje era desolado, ni una sola alma andaba por aquellos lugares. La verja de hierro oxidado chirrió ante el contacto de la mano del chico al moverla para ingresar, los tornillos estaban cubiertos de un extraño elemento marrón rojizo provocando que el cerrojo no sea lo suficientemente suave, no hacía falta una campana, con solo ese sonido ya los habitantes de aquel horrible lugar se darían por enterados. El minúsculo camino entre las hierbas guiaba directamente hacia la parte trasera de la mansión, ambos la rodearon rápidamente ondeando sus largas capas oscuras al viento, sus pies no emitían ningún sonido al pisar la hojarasca eso se lo debían al viejo entrenamiento al que los habían sometido hace muchos años, ahora eso era simplemente algo normal. La puerta trasera era de madera, una madera vieja y astillada, en el mismo instante en que se situaron frente a ella, esta se abrió dándoles paso hacia un oscuro pasillo en donde al final se bordeaba una puerta en luz intermitente. Sin sacarse las capuchas se acercaron hacia aquel lugar y abrieron la puerta sin esperar una bienvenida.

- Los estábamos esperando- dijo una voz femenina cargada de sensualidad.

- ¿No deberíamos ser todos puntuales?- murmuró un encapuchado sentado en una de las esquinas de la enorme mesa. Draco giró la cabeza con rapidez hacia aquel lugar, posteriormente arqueó una ceja con burla y chasqueó la lengua sonriendo socarronamente a Ginevra tendiéndole a su vez la mano para ubicarla en una de las sillas junto a la primer mujer que había hablado.

- Nosotros tenemos un trato especial Mulciber- el susodicho gruñó por lo bajo y apartó las manos que tenía sobre la mesa en forma despreocupada-, simplemente te lo comento por si no lo recordabas- acotó mientras se sentaba en la otra silla libre junto a Bellatrix.

- Todos conocemos el pequeño trato que ustedes tienen- siseó el hijo del veterano Rosier frunciendo los labios-. Pero lo importante ahora no es hablar de quienes tienen mejores acuerdos o no- fijó su vista en Bellatrix la cual sonrió mostrando los dientes, amarillentos por el tiempo.

- Claro que sí- se levantó de su silla sin apartar las manos de la mesa, la pelirroja pudo ver sus largas uñas que anteriormente llevaba arregladas ahora sucias y quebradas por la falta de mesura clavándose en la raída madera haciendo que esta libere un extraño polvillo que por la misma humedad no alcanzaba a elevarse para volver a caer.

- ¿A qué nos has convocado Bellatrix?- indagó un encapuchado a la izquierda de Rosier.

- Es algo simple, pero fructífero para nuestros propósitos- sonrió-. Tendremos que organizar un escape de Azkaban, nuestros aliados más leales, los que no mintieron para liberarse de la condena; necesitamos apoyo y allí lo conseguiremos.

- ¿Y cómo lo haremos?

- Necesitamos crear una emboscada- la vista de Bellatrix se desvió a Ginevra la cual tiritó internamente a causa de lo que la mujer estaba de decir.

- ¿Qué tipo de emboscada?- preguntó Draco conociendo perfectamente los sentimientos de su amiga.

- De alguna manera debemos derribar por al menos un minuto las barreras mágicas de Azkaban, sé que suena irreal- dijo interrumpiendo a uno de los mortífagos el cual se inclinaba para tomar la palabra.

- Explícanos el plan, ¿pretendes que nos metamos como ratas en Azkaban y pretendamos no ser descubiertos?

- Por supuesto.

- ¡Pero es imposible!- el encapuchado se levantó expandiendo los brazos exclamando una risa burlona-. Yo no sé ustedes, pero yo no voy a meterme en la boca del lobo y dejar que un maldito detentor me bese, y menos aún que los ineptos dirigentes del Ministerio de Magia se regodeen con mi captura.

- No eres imprescindible para nadie Mulciber, si quieres irte- señaló con su larga y huesuda mano hacia atrás-, allí tienes la puerta querido; pero no habrá vuelta atrás y deberás olvidarte de toda la protección con la que cuentas, a lo sumo que logres obtenerla del Ministerio- sonrió-. Cuestión que veo poco probable.

- Sabes que puedo apañármelas…

- ¡Entonces hazlo!- Bellatrix golpeó con fuerza la mesa con sus puños y caminó hacia el hombro blandiendo amenazante la varita entre sus dedos-. No me amenaces- lo acusó levantando la vara hacia el rostro cubierto del hombre, con ella corrió la gruesa tela dejando a la vista de todos la ya conocida cara de Mulciber.

- Yo…- Mulciber tragó con dureza-. Yo no te estoy amenazando Bella…

- Bellatrix para ti- dijo ella con voz gélida.

- Solamente creo que es arriesgado para todos ponernos en evidencia de esa forma, algo puede salir mal y entonces todos caeríamos y los esfuerzos que hemos hecho en estos años serían en vano.

- Dinos entonces cual es tu brillante plan- los ojos de Bellatrix brillaron en un tono rojizo, hecho que a Ginevra le resultó tan endiabladamente familiar que la piel se le erizó.

- Si… si me quitas la varita de la cara tal… tal vez pueda decirte…

- ¡Habla ya!- con brusquedad lo tomó de la manga de la capa y con una fuerza inapropiada para ser de una mujer, lo arrastró hacia la silla en donde ella había estado sentada anteriormente-. ¡Habla!- le ordenó.

- Yo… yo…- el labio inferior le temblaba enormemente y el sudor se perlaba en su frente y en su mal afeitado bozo.

- Explícales a toda tu adorada audiencia como piensas llevar a cabo el plan que tan meticulosamente hemos planeado si no contamos con el suficiente refuerzo…- su voz era dulce, cosa que presagiaba algo malo, muy malo para Mulciber.

- Entrar a Azkaban es como atarse una soga al cuello.

- ¿Una soga al cuello Mulciber?- Bellatrix jadeó mientras una sonora carcajada en forma de ronquido salía de su pecho-. Ahora hablas como un asqueroso muggle, ¿una soga al cuello? ¡Por la condenación de Merlín!

- ¡Piensas arriesgar a todos nuestros hombres con el único objetivo de salirte con la tuya, maldita sea!- Mulciber notablemente perdió el control, dándose cuenta demasiado tarde de su error, la maniática mirada de Bellatrix mutó en un segundo hacia una de ternura y comprensión jamás vista, y sus labios se curvaron, sin embargo, en una malévola sonrisa.

- ¿Qué impertinencias son esas Mulciber?- se acercó a él mientras golpeaba su mano izquierda con el tamborileo que su mano derecha hacía con la varita.

- Perdóname Bellatrix, sé que fue una reacción impropia de mi parte, pero es que mis sentidos están un poco alterados últimamente…- intentó sonreír para infundir un poco de confianza a sus palabras.

- ¿Sentidos alterados?- una de sus finas y mal depiladas cejas se curvó en el ojo izquierdo de Bellatrix deteniendo el movimiento de su varita-. Creo que deberé desalterar tus sentidos, no queremos que se salgan de control nuevamente- hizo un pequeño puchero delante de su sonrisa ante el temor que proyectaban los ojos de Mulciber-. ¡Crucio!- exclamó en un gruñido.

El cuerpo de Mulciber se estremecía con desenfreno, sus manos se cerraban y abrían constantemente ante respuesta a los espasmos de dolor que acontecían todo su cuerpo, de la boca una espuma blanca salía a borbotones y sus pies golpeaban fervientemente las patas de la mesa. Ginevra cerró los ojos y desvió su rostro hacia otro lado, jamás se acostumbraría al grito desgarrador de ese maldito maleficio, siempre lo había odiado, desde la vez que lo vio por primera vez, desde la vez que ella la había obligado a usarlo; ese solo recuerdo hizo que se le llenasen los ojos de lágrimas y se levantó presurosa de su lugar intentando alejar su mente del alboroto que se había armado. Al mismo tiempo en cuanto llegó al otro extremo de la habitación sintió en su brazo el calor de la mano de Draco y en su cintura su largo brazo sosteniéndola, Ginevra se llevó las manos a los oídos intentando cubrir los desgarradores sonidos que emitía el mortífago torturado.

- ¡Y tú supéralo de una vez por todas Ginevra!- exclamó la mujer arrojando a Mulciber con un potente hechizo contra la pared que se hallaba a espaldas de la pelirroja, ésta se estremeció de miedo viendo como la morocha caminaba hacia aquel lado apuntando con la varita el cuerpo inconciente del hombre-. Observa bien como se hacer, tarde o temprano tendrás que superarlo querida ¡Crucio!

Ginevra sintió el grito desgarrados de Mulciber y como su enrome y largo cuerpo se ovillaba contra sí mismo y se cubría el estómago con las manos intentando contener el dolor, Ginevra de repente sintió como todo se volvía oscuro y un ensordecedor ruido acallaba los gritos de dolor del mortífago, sintió como si otras presencias se hicieran acopio de aquel lugar, y sintió como Bellatrix gritaba con aún más furia. Los brazos de Draco la sostuvieron mientras él gritaba algo y la cubría de alguna manera, pero la pelirroja no podía entender si simplemente fue algo en su imaginación o realmente estaba pasando; y sin poder contener más la consciencia en su cabeza dejó que una pesada oscuridad se hiciese lugar en su sendero y que todo atisbo de esperanza se apagara, pero ella ya estaba cansada…

o0o0o

Aquel recóndito episodio volvía nuevamente a su mente, hacía mucho tiempo que no lo revivía en sueños, hacía años, ya desde mucho antes de la muerte de él. Ginevra corría y corría por el helado bosque, a pesar de la fecha en la que se hallaban, allí si hacía frío, el aliento se veía a través del aire como una suave bruma húmeda que se difumaba al chocar contra su cuerpo que corría con rapidez entre las ramas bajas y las nudosas raíces de los árboles. Su cabello suelto se agitaba en su espalda y el corazón le latía en la sien y en el pecho, un chillido se adueñaba de sus oídos y un tropiezo la arrojó de lleno al piso, sin darse cuenta volvía a estar de pie, ya sea por el temor o por la inconciencia de lo que hacía en ese momento, pero las piernas se movían tanto y más rápido de lo que jamás lo habían hecho y los ojos le escocían por el frío del aire, pero de repente todo se cesó y pudo sentir la tierra en sus manos y el miedo se adueñó de ella dejándola paralizada y sin escapatoria alguna.

Ese recuerdo se volvió borroso y una luz brillante la cegó, supo que movió la mano pero no sintió su tacto al apoyarlo contra la frente, pero si oyó el sonido inconfundible del metal al chocar contra sí mismo, sintió como algo frío colgaba de su muñeca y como ese mismo frío rozaba su mejilla. Sintiendo los ojos más o menos adaptados a la claridad notó su mano amarrada a una ancha cadena de hierro forjado, siguió la trayectoria de los eslabones enganchados hacia una pared húmeda y herrumbrada. Un súbito hielo cayó en su estómago y se dio cuenta de que estaba atrapada en una pared, miró hacia su lado y vio a Draco apoyado contra la misma pared que ella con el rostro cubierto de sangre y los ojos cerrados los cuales abrió al notar que era observado. Aquel celeste cristalino la miraron unos momentos mientras el chico tensaba los labios en una inequívoca mueca de impotencia, le señaló con la cabeza hacia el frente y Ginevra siguió aquella trayectoria con sus ojos de avellana.

Su corazón se paralizó en ese momento, Bellatrix estaba en el suelo, su varita a su lado totalmente astillada en aquel lugar en donde había sido quebrada, su carismático y alocado rostro ofrecía una mueca de desesperación mientras sus manos temblaban con odio y temor a su vez, su vestido estaba desgarrado por todos lados y un largo hilo de sangre caía por uno de sus brazos. Pero la impresión fue peor aún al levantar la vista y hallar a aquella persona de pie junto a la mujer. Harry con varita en mano observaba con el rostro oscurecido el semblante pálido de Bellatrix, oía sus lamentos y sus pedidos de misericordia y piedad, pero nada de eso lograría amilanarlo, Ginevra lo sabía por el brillo opaco de sus ojos, por la decisión en su mirada, el tiempo que había estado trabajando junto a él había logrado que ella conozca sus expresiones como esa mueca que acaba de hacer al sentir que otro hombre se acercaba por su espalda.

La pelirroja sintió miedo como jamás lo había sentido en tanto tiempo, Ronald también estaba en aquella cruzada, apoyaba a Harry y estaba del lado contrario a ella, un temblor surcó todo su cuerpo y atinó a encogerse tratando de cubrir sus piernas con sus desnudos y maltratados brazos, cosa de la que no se había dado cuenta hasta no verlos, hasta no notar lo heladas que se sentían sus manos y lo mojada que sentía la espalda. Las cadenas chirriaron contra el piso llamando la atención de todos, dos pares de ojos especialmente turbadores se volvieron a ella y ella se sintió morir.

Harry la observaba a través de sus gafas, recordó lo lindo que se veía sin ellas, y esa imagen le dio calor, siendo aplazado rápidamente por el miedo, sus ojos estaba cargados de rencor y de traición, el traición que ella había cometido hacia él, hacia sus ideales, hacia lo que él creía correcto y lo que era… ¿lo era? Un nuevo estremecimiento la hizo temblar y cerró los ojos en un súbito intento de que todo fuese un sueño y que aquello en realidad no estuviese pasando. Pero al volver a abrirlos sintió que todo era real, una tangible verdad que le atravesaba el pecho como un afilado cuchillo, un sollozo se ahogó en su garganta, así como otro, y otro y otro más, aquel mutismo dio lugar a un indecoroso llanto que amenazó con expandirse por toda la habitación si ella no lo detenía en aquel instante. Sintió las sombras acercarse a sí y levantó la vista ante su encuentro, Ronald estaba inclinado sobre ella con sus ojos profundamente celestes mirándola con burla.

- ¿Cómo has estado tato tiempo, Ginny?- la frialdad en su pregunta le erizó cada uno de los cabellos de su piel, intentó pedirle perdón, decirle que lo había extrañado, pero la voz no le salía.

- ¡Ella es la traidora! ¡Ella es la que nos obligó!- gritaba Bellatrix a lo lejos amarrada mágicamente por unas cadenas de luz que Harry anteriormente había convocado. Ginevra miró hacia aquel lugar y levantó la vista hacia el moreno con los ojos llenos de súplicas y explicaciones, ella no era mala, ella no lo quería…

- Yo no hice nada…- mustió ahogada en su propio llanto agitándose del dolor que había en su propia voz.

- Me das asco…- murmuró Harry con la mirada furiosa y la imagen volvió a cambiar y Ginevra comenzó a caer y caer mientras las lágrimas caían por sus mejillas…

- Él no, por favor él no…- susurraba llena de angustia por las palabras dichas por el chico.

Ginevra despertó sudada como otras tantas noches lo había hecho, se encontró tumbada en la cama de su nueva habitación, con manos presurosas tocó su muñeca descubriendo y sintiéndose aliviada a su vez de que aquella cadena no estuviese agarrada a ella. Giró de lado sintiendo la pesadez de los enormes cobertores con los que Draco la había cubierto, ella le había dicho antes de ir a aquel lugar que no se sentía del todo bien y que además tenía la temperatura un poco elevada, tal vez le había dado un pico de calor y todo había sido una alucinación. Con decisión se destapó tirando del pesado edredón con los pies y se sentó al borde de la cama, el frío del ambiente la despabiló y se notó vestida con el viejo piyama de franela que hacía muchos años le había robado a Draco, sonrió mientras se calzaba sus pantuflas de toalla y tomaba su gruesa bata color celeste, él siempre sabía donde ubicar sus cosas para que ella encontrase todo.

La luz de la sala estaba encendida, miró el reloj de pared y se sorprendió al ver el horario en el cual se hallaban, en menos de una hora tendría que estar levantándose para ir a trabajar, gimió para sus adentros sintiendo como el cuerpo se le aflojaba de debilidad, sin posponer más el tema se dirigió a la cocina poniendo un poco de agua sobre el fuego, un baño de agua caliente le vendría bien. Luego comenzó a buscar ropa abrigada con que vestirse ese día, ya que había leído en el periódico que una inesperada ola de frío iba a azotar a la ciudad por una semana, siendo extraño ya que ni siquiera se hallaban en otoño aún, pero sabía que sintiéndose mal, lo mejor sería prevenir un fuerte resfriado. Cuando el agua hirvió se dirigió con rapidez hacia allí y apagó el fuego, para luego dirigirse hacia el baño dejando que el agua bien caliente llenara toda la habitación del caluroso vapor y luego se sumergió en la ducha haciendo que sus músculos se relajen.

Draco se hallaba en la cocina cuando salió del baño envuelta en su bata color del cielo, al verla le sonrió con ternura y le tendió la taza de café que él estaba tomando, para luego servirse otra, Ginevra giró la taza y tomo del mismo lado en donde el había tomado, era una costumbre que habían adquirido con el tiempo y que dudaban arrancarla alguna vez de sí. El chico había puesto a tostar pan del día anterior y había puesto sobre la mesa la jalea de frambuesa que tanto le gustaba a la pelirroja y mantequilla.

- ¿Cómo te sientes?- preguntó el cuando Ginevra se sentó en la mesa.

- Me duele un poco la cabeza, ¿he tenido temperatura?

- Sí, cuando te traje de la mansión volabas en fiebre- suspiró corriendo con su pie la silla para poder sentarse-. Me asusté mucho cuando te desmayaste.

- Lo siento…- bajó la vista apenada-. ¿Y cómo está Mulciber?

- Ya sabes…- bufó-. Con unos cuantos hechizos pudo volver a su casa a pie, creo que está vez ella se pasó… No tenía razón para hacer lo que hizo…

- ¿Se enojó mucho conmigo?- indagó con duda.

- Decía lo mismo de siempre, cosas que ya sabes, luego al ver que tenías temperatura se calmó un poco, discutimos…- la miró-. Nada fuera de lo normal, y te traje aquí sin importar los gritos de ella.

- Ahora también estará enojado contigo.

- La próxima vez que la veamos ya ni siquiera se acordará, es histérica y molesta- bebió de su taza-. Tal vez deberías quedarte en cama, anoche pensé seriamente en llevarte a San Mungo.

- No pasa nada, el cambio de clima hace que me enferme, sólo es una gripe, tomaré unas cuantas cosas caliente y un buen té con limón y miel y se me pasará.

- Avísame cualquier cosa, ayer te desmayaste por lo que sucedió, pero puede que te vuelva a pasar- le advirtió con una mirada furibunda.

- No te preocupes- se acercó a el y le pellizcó la mejilla antes de darle un pequeño beso en la nariz y caminar hacia su habitación para vestirse.

o0o0o

Harry estaba sentado en el lustroso escritorio de su despacho, un tema reciente rondaba por su cabeza una y otra vez, y para su disgusto, la investigación que estaba llevando a cabo el ministerio era ínfima, suspirando se restregó los ojos y con su varita hizo que todos los pergaminos y mapas se doblaran por sí solos y se apilaran a un lado de la mesa. La semana comenzaba mal para él, miró hacia uno de los costados de la oficina y gimió aspirando una enorme bocanada de aire, Ginevra había hecho un trabajo excelente con los archivos, los había enlistado y resaltaba los que contenían información importante, ella sugirió que los revisase ya que contenían información clasificada que anteriormente había sido pasada por alto. Sonrió sin proponérselo, era una mujer confiable, competente y lo mejor de todo bella, Muy linda. A Harry le gustaba, no se lo iba a negar él mismo, muchas veces se quedaba prendido de su mirada y cuando ella sonreía era como si todo alrededor se detuviese, había encontrado sumamente tentador verla caminar moviendo naturalmente su trasero, ondeando su cabello de un lado a otro cuando lo llevaba suelto o bien se lo acomodaba a un lado dejando a la vista la delicada piel de su blanquecino cuello, cuantas veces había deseado acariciar esa zona solamente para saber si era tan suave tal y como se la imaginaba.

Muchas veces se dice que los humanos llaman a las personas con el pensamiento, más allá de la telepatía o el simple destino aparente, generalmente cuando uno sueña o piensa en alguien de improviso es porque algo relacionado con esa persona pronto pasará. Sin embargo son cosas que siempre terminamos ignorando, por ello a Harry no se le cruzó por la cabeza pensar en quien era la persona que tocaba su puerta en ese momento, en primera instancia se imaginó a Cho, como lo hacía cada mañana luego de ordenar su agenda sentándose frente a él recitándole todas las citas pendientes que tenía, no entendía como una mujer podía ser tan adicta a su trabajo, no había necesidad de semejante protocolo. No levantó la vista de aquella carpeta que había tomado de la pila que Ginevra había armado, con un gruñido dejó pasar a la persona que esperaba en la puerta, Harry con distracción tanteó la pluma a su lado y subrayó en un epígrafe algo que podía llegar a serle útil. En ese momento un dulce aroma llegó a su rostro y supo la identidad de la presencia que había ingresado, levantó la vista observando a la mujer pelirroja a través de los vidrios de sus anteojos de carey, sonrió con galantería como hacía con todo el género femenino y tendió la mano invitándola a sentarse.

- Buenos días jefe- lo saludó ella con la voz tomada, esa mañana había hecho más frío del que ella pensaba que iba a hacer, a pesar de todavía estar en verano y de haberse prevenido, para ella fue demasiado, y ya no podía volver al departamento a buscar un mejor abrigo, se arriesgaba a llegar tarde y era algo que no quería.

- Buenos días- dudó-. ¿Te sucede algo en la voz?

- Solamente la tengo un poco tomada- carraspeó suavemente-. Pero no es nada de que preocuparse- se acercó hacia el escritorio desplegando su largo cabello suelto, logrando que su aroma se hiciera más notorio golpeando a Harry en el rostro con una insólita fuerza.

- El cambio de clima…- suspiró-. Tienes mala cara- acotó observando las pequeñas sombras oscuras de debajo de sus ojos.

- He dormido mal, ya sabe como son estas cosas- se retorció las manos, ese hombre era muy parecido a Draco, y la falta de confianza la intimidaba bastante.

- Toma asiento que te pediré algo para que tomes.

- No hace falta- Ginevra se apresuró a negarse pero una mirada de él bastó para que desistiera en su labor.

- Nada de eso, toma asiento que ahora le aviso a Cho- se levantó despacio y caminó hacia la puerta, Ginevra pudo escuchar el Sueve murmullo de su voz y sintió un escalofrío, era aturdidor estar tanto tiempo a su lado-. Le he pedido un té con miel y limón, bien dulce ¿eso está bien?- indagó volviendo a su lugar.

- Es perfecto…- sonrió con tristeza, era exactamente lo que su madre le habría preparado- yo iba a tomarme lo mismo.

- Sé que la mezcla del limón y la miel es malditamente asquerosa, por eso siempre que la madre de Ron nos la prepara lo hace con mucha miel.

- Uno se podría acostumbrar a las atenciones de la madre de Ronald con facilidad- Harry se sonrojó suavemente y sonrió con pereza.

- Debo hablar mucho de ella ¿es eso no?- la pelirroja asintió embelesada, el hecho de que Harry esté nervioso era algo fantástico-. Ella tiene un lugar muy importante en mi vida, y si se entera que estoy enfermo es la primera en correr para prepararme alguna de sus recetas caseras- curvó sus labios en una sonrisa.

- Tú tampoco tienes muy buen aspecto- dijo Ginevra observando su rostro.

- No- rió suavemente con su voz ronca-. La verdad que no, estoy atestado de trabajo, y no confío lo suficiente en nadie como para pedirle ayuda.

- ¿Y Ronald?

- ¿Ron?- curvó las cejas con gracia-. Ron para los papeleos es un completo desastre, aunque también le podría pedir ayuda a Hermione, pero trabajar junto a ella es algo exasperante- hizo una mueca de horror-. Ya tuve suficiente con los seis años escolares…

- ¿Seis años?- la pelirroja se vio interesada en ello.

- Claro, mi séptimo año me la pasé viajando con ellos dos por medio Inglaterra en busca de respuestas para acabar con Voldemort, cuando todo terminó solamente Hermione decidió terminar su último año, ya sabes- hizo un ademán con la mano- es Hermione- Ginevra asintió entendiendo perfectamente a lo que se refería, el casi mes que había pasado con ella le había alcanzado para conocerla lo suficiente.

- ¿Ingresaron directamente al departamento de aurores?

- No, lamentablemente con Ron tuvimos que estudiar los tres años necesarios, pero una vez recibidos teníamos el puesto asegurado.

- Que orgulloso te has de haber sentido- él se encogió de hombros.

- Era una de mis metas, y ahora estoy conforme con lo que tengo- miró alrededor y suspiró al posar la vista en ella-. Pero también está la parte dura, y por eso te he llamado- le sonrió con zalamería.

- ¿Qué tengo que ver yo?- sugirió con voz sensual por lo que luego rió.

- Ayuda… Nunca me gustó revisar hoja por hoja, pero es algo que debo hacer; además vi que en este corto tiempo ya habías hecho casi la mitad del trabajo total, por lo que…

- ¿Quieres que te ayude con lo que recolecté?

- Eso…- la miró apenado y ante la tenue sonrisa de ella él se alegró-. ¿Me ayudarás?

- Depende…- lo miró con un gesto burlón, esperaba que el comprendiera su leve insinuación

- ¿Depende de qué?- la miró con ojos brillantes.

- De lo que me des a cambio Harry, yo no te ayudaré a hacer tu trabajo simplemente porque no quieras hacerlo solo- sonrió con su cantarina voz y Harry sintió como su corazón latía con fuerza.

- ¿Qué quieres entonces a cambio?- inquirió él con un tono juguetón.

- Pagarás mi almuerzo durante el tiempo que tardemos- lo miró a los ojos y movió su cabello hacia un lado-. ¿Aceptas?

- Es un trato Wayneman- Harry le tendió la mano aceptando la que ella le daba, adoraba bromear con esa mujer.

- Bien- le guiñó un ojo mientras estiraba su brazo para agarrar la primera carpeta de una de las tantas columnas-, pero mira que tal vez no pida el menú del día y terminaré saliéndote más cara- él rió y negó con la cabeza.

- Lo que tu gustes Gin- ella levantó la vista al instante al escuchar su diminutivo de la boca de él, jamás la había llamado así y eso le gustó.

- Nunca me habías dicho Gin- expuso ella con tranquilidad.

- ¿No te dicen así?- ella asintió-. Pues si no te gusta que te lo diga…- hizo una mueca de ofensa-, no te llamo más así.

- No… en realidad suena lindo de ti- se sonrojó desviando la vista-. Pero ahora trabajemos, dime qué es lo que encuentras complicado.

Cuando Cho ingresó al despacho de Harry con la enorme bandeja con lo que él había pedido, no se privó de mirar de reojo a Ginevra y rebajarla con la mirada para luego salir de aquel lugar con un exagerando contoneo de cadera que Harry no advirtió. Notó con la mente perdida como endulzaba su café doble bien cargado mientras tomaba un pequeño sorbo de su té, estaba rico, como el producto de toda cafetería, pero mil veces prefería prepararlo ella misma, o bien su madre. No había nada como todo lo que preparaba Molly Weasley.

Pasadas dos horas detrás de todo el papeleo Ginevra podía decir con toda seguridad que sufría un totalmente definido dolor de cabeza, notaba como sus sienes palpitaban a punto de explotar y como tenía el cuello rígido al igual que la espalda, los dedos actuaban con torpeza y dudaba expresamente de poder escribir algo si su vuelapluma dejaba de funcionar. Era la primera vez que se sentía así, no veía la hora de llegar a su casa y darse un baño de agua bien caliente para luego irse a la cama a leer alguno de sus libros preferidos. Suspiró audiblemente y se apretó con el pulgar y el índice el puente entre sus ojos, ya las letras de los pergaminos las veía borrosas.

- Te ves mal Gin…- comentó Harry viéndola con preocupación mientras se levantaba de su asiento oscuro y se arrodillaba a su lado-, tienes temperatura- advirtió poniendo una de sus manos en la frente de ella y la otra en la suya.

- No es nada… con un poco de aire fresco se me pasará…- la aireada mirada de él la hizo guardar silencio.

- ¿Por qué no me dijiste que te sentías tan mal? Estaba tan encimado en el trabajo que no me di cuenta- se revolvió el pelo con nerviosismo-. Escucha, tómate lo que queda del día libre, y también mañana, ya si el miércoles te sientes verdaderamente bien puedes volver, pero solo si de verdad estás bien- comentó dirigiéndose hacia la puerta, Ginevra escuchó como él pidió un vaso de agua y un nuevo té con limón y miel; se reclinó en el asiento y cerró los ojos, el dolor de cabeza se incrementaba a cada momento y parecía no querer menguar.

- Me siento fatal…- mustió en voz baja, Harry le sonrió y se inclinó sobre uno de los cajones de su escritorio para luego sacar una tableta con dos líneas de círculos uno detrás de otro-. ¿Qué es eso?- le preguntó observando como él apretaba los montículos de aquella tableta para luego quitar una pastilla blanca.

- Aspirina, una medicina muggle, pero muy efectiva- sacó dos y las colocó frente a ella-. Cuando Cho traiga el agua tómatelas juntas- le tendió la tableta-. También llévate estas, cuando te duela mucho vuelve a tomar- Ginevra asintió y tendió su mano recibiendo lo que el le daba.

Cho llegó a los pocos minutos pero Harry la recibió en la puerta cerrándola después sin dejarla pasar, dejó el vaso de agua frente a ella junto a la taza de té. Ella al instante se llevó la primer aspirina a la boca y la tragó con la ayuda del agua, hizo lo mismo con la segunda. Inmediatamente tomó la tibia infusión que le aligeró la rudeza en su garganta.

- ¿Llamo a tu primo?

- No, no hace falta molestarlo, ahora iré a verlo y le diré que me voy a casa- le sonrió en agradecimiento mientras se ponía en pie, como todo un caballero salvando a una damisela en apuros, Harry se apresuró a tenderle la mano y ayudarle a levantarse, a simple vista se la notaba débil. Pero inesperadamente al ponerse en pie, Ginevra sintió como sus rodillas le fallaban haciendo que perdiera el equilibrio mientras que un escalofrío surcaba toda su espalda dándole la impresión de que el sudor era hielo.

- ¡No!- él atinó a tomarla de los brazos antes de que continuara cayendo y la atrajo a su pecho bajando sus manos hacia su espalda para así sostenerla-. Espera…- con sumo cuidado la volvió a sentar en donde estaba antes y si inclinó hacia ella-. Ahora mismo llamo a tu primo, no puedes andar sola en el estado en que te encuentras.

- Harry no hace falta, solamente fue un simple mareo y yo…

- ¡Por Merlín! Que terca eres mujer- su expresión era horrorizada-. Ahora harás lo que yo te diga y no me interrumpirás más- le sonrió con cariño-. ¿Crees poder quedarte sola mientras lo llamo?

- Solamente estoy engripada, no estoy inválida ni padezco una enfermedad terminal.

- ¡Que morbosa!- ella le sonrió y el le devolvió el gesto. Cuando Harry salió del despacho ella se recostó en la cabecera de su asiento dejando que el malestar se disolviera. ¡Demonios! Odiaba estar enferma, y peor aún, odiaba sentirse tan bien cuando él la cuidaba, una sonrisa cruzó sus labios, ese era el cometido por el cual había llegado allí, nadie la había prohibido disfrutar de ello. Con inusitada pereza se hundió más en aquella silla esperando a que Draco llegara y la llevara a casa.

Harry a pesar de sentirse apesadumbrado y preocupado por la salud de la pelirroja no pudo evitar que su corazón palpitara con felicidad, había pasado más de dos horas a su lado, su despacho había sido invadido por el deliciosa aroma a flores que ella emanaba, suspiró sintiendo como un calor nacía en su estómago, aquel delicioso aroma debía ser más fuerte en su cuello, en el valle de sus pechos. Cerró los ojos y comenzó a mover los dedos, la había abrazado, en realidad la había sostenido, había notado como empalidecía y como sus piernas se aflojaban, por puro instinto la sostuvo de la espalda y pudo comprobar lo liviana y estrecha que era, lo cálido y frágil que era su cuerpo, notó como su largo cabello rozaba sus manos y deseó acercar su nariz hacia allí para emborracharse de su efluvio. Ay Harry… esta mujer te está volviendo loco…

El departamento de misterios estaba extrañamente concurrido ese mediodía, muchas personas corrían de un lado a otro siendo perseguidos por memorándum que volaban detrás de ellos, el inhabitual movimiento le dio mala espina, no había salido del despacho en toda la mañana, por eso no estaba enterado de nada anormal que hubiese pasado. Con decisión caminó hacia el despacho de Hermione que quedaba hacia la derecha, la puerta de la habitación estaba abierta y justo cuando estaba por entrar una bruja con una extravagante túnica rosa chicle salió de allí con una enorme pila de pergaminos apretada entre sus brazos, detrás de ella pudo vislumbrar la espalda de su amiga, su cabello recogido en una ordenada trenza que caía por su espalda.

- Hola Hermione- la saludó al entrar haciendo que ella pegara un brinco y se golpeara la cabeza con uno de los cajones abiertos, ya que se hallaba en cuclillas buscando algo en los compartimientos inferiores.

- Auch… ¡Demonios Harry! Me has asustado- se llevó la mano hacia el lugar en donde se había golpeado y se acercó a él.

- ¿Sucede algo?- notó el rostro crispado de su amiga-. El departamento está más alborotado de lo normal.

- Lo que sucede es que ha habido un accidente con uno de los cuidadores de la noche, no sabemos por qué, pero al parecer se asustó o vio ago, según lo que él dijo, y la cuestión…- suspiró dejándose caer contra el borde de su escritorio-; no sabemos que condenado hechizo ha hecho, pero han desaparecido archivadores con información muy importante, no es confidencial, y tememos que esos pergaminos no se recuperen, entonces estamos revisando lo que falta y comenzando nuevamente a recolectar lo que se requiere- se masajeó la sien-. No te he visto en todo el día, ¿qué has estado haciendo?

- Estaba con Gin revisando unos informes que me ha dado, he venido buscando a su primo, ella se siente un tanto indispuesta y he comprobado que tiene temperatura.

- Pobrecita, ahora la iré a ver…

- No te preocupes, tú te ves muy ocupada con lo que sucede aquí. Le he dado unas aspirinas y le permití tomarse lo que queda del día libre al igual que mañana.

- ¿Crees que será suficiente?- él se encogió de hombros.

- Si el miércoles continuaba con el malestar le pedí que solamente avisara y se tomara el tiempo necesario para la recuperación. Pero me preocupa, recién se ha puesto pálida como una hoja y temo que pierda el conocimiento.

- ¿Pero qué tiene?- se asomó a la puerta y avisó a una mujer que buscara a Draco Wayneman y que le dijera que vaya a su despacho.

- Está engripada, he hecho que tome una infusión caliente con limón y miel.

- Ahora la iré a ver…- al ver la negativa en él añadió-. Harry entiende que somos mujeres y hay necesidades que no puede compartir con un hombre, que yo le eche una mano le hará bien.

- Bueno…- se revolvió el cabello y miró nerviosamente hacia la puerta-. Ella está en mi despacho, dile a su primo que vaya para allí; la he dejado sola y me preocupa.

- Se debe sentir halagada por ser el motivo de tu preocupación…- comentó ella mirándolo suspicaz.

- Ella está a mi cargo- Hermione sonrió sin creerle una palabra.

- Como digas Harry- se giró y tomó una de las carpetas-. Si todas las mujeres que tienes a tu cargo fueran el motivo de semejante preocupación, no dudaría en que ya tendrías una pareja estable.

- Hermione…

- Anda Harry que Gin espera- le guiñó un ojo haciendo que él se ponga colorado.

Harry decidió no darle importancia al comentario de su amiga y se dirigió con prisa nuevamente a su despacho. Su sentido común, sumado al conocimiento que tenía sobre Ginevra de casi un mes, le indicaba que ella estaría caminando dentro de la habitación como un gato encerrado, un gatito… sonrió ante esa idea. Sin embargo grande fue su sorpresa al entrar allí y verla con los ojos cerrados totalmente relajada, sus largas pestañas color canela le acariciaban sus redondeados pómulos, mientras que sus labios húmedos estaban un poco separados dejando ver un pequeño hueco oscuro. Se inclinó sobre ella y oyó como su respiración era ronca, su pecho estaba tomado, y para pero había salido de la calidez de su casa ese día en donde especialmente estaba fresco, negando con la cabeza tomó su propio abrigo del perchero y la cubrió con él, hasta que llegara Draco al menos eso la haría entrar en calor, Ginevra no se removió cuando la cubrió, pero la notó sonreír.

- Gracias…- murmuró ella con la voz enronquecida cuando él se sentó en su asiento, Harry levantó la vista y le sonrió.

- No es nada, perdón por despertarte.

- No estaba dormida…- se enderezó y acomodó su cabello a un lado de su cuello-. ¡Que dolor de espalda!

- He dicho que le avisen a tu primo, ha habido un problema con unos documentos y hay más movimiento del habitual- ella asintió con un suave sonido.

- Hace unos momentos vino Ronald y preguntó por ti. Me pidió que te avisara que iba a estar en el despacho del Ministro, su padre le envió no se que recado…

- Entiendo, Arthur y Kingsley unos viejos amigos…- carraspeó aclarándose la voz-. Espero que lo que tengas no sea contagioso…

- ¿Temes enfermarte? Dudo que lo hagas, puede que sí si a mi se me dificulta el respirar y deba darme reanimación boca a boca- le sonrió mostrando todos los dientes-. Pero es totalmente improbable- rió divertida ante ello, pero Harry pensó seriamente en cuál sería el sabor de sus labios, y lo agradable de estar enfermo por haberla besado, no, perdón, por hacerle respiración boca a boca.

- Tal vez el virus está en el aire, esta época es crucial para contraer alguna alergia- Ginevra estornudó-. Ves…- enarcó una ceja con un gesto burlón a lo que ella hizo una mueca y volvió a estornudar suavemente-. Pareces un gato.

- Idiota…

- ¡Eh! ¿Qué es ese vocabulario frente a tu jefe?- sonrió.

- Entonces compórtate como tal…- se abrazó a si misma sintiendo como un escalofrío la recorría-. ¿Sabes si tardará mucho?- él negó-. Quiero llegar a mi casa y meterme en mi cama, y hasta tal vez prenda la chimenea…

- No seas exagerada…

- ¡Es que tengo mucho frío!- en ese momento alguien tocó la puerta, Ginevra se giró mientras Harry daba el permiso, pero el rostro de éste se oscureció al ver entrar a Draco, pálido por la preocupación que ahora abrazaba a la pelirroja como si se le fuera el alma en ello.

- ¿Estás bien?- ella asintió-. Por algo te dije que te quedaras en casa esta mañana- besó su frente con cariño y miró a Harry-. Lamento que haya pasado esto, ella anoche estuvo con temperatura pero vino igual a trabajar, es una cabezota…- la miró con mala cara y ella le sacó la lengua.

- Que se tome el tiempo necesario para su recuperación, recién casi se desmaya cuando intentó levantarse…

- ¿Otra vez?- los ojos de cielo de Draco relampaguearon.

- Solamente se me bajó un poco la presión Draco…

- ¡Pero ayer también te desmayaste Ginevra!- espetó con enojo.

- Sabes que ayer fue por algo especial que había pasado…- advirtió con la mirada a su vez.

- No tiene nada que ver…- suspiró-. Encima vienes con esto ahora que no puedo salir del departamento…

- Harry me ha dicho que tienen problemas…

- Tal vez pueda ausentarme por una media hora…

- Puedo ir sola a casa…- sugirió la pelirroja.

- Ni hablar…- miró a Harry.

- Yo puedo acompañarla hasta su casa, obligarla a recostarse y prepararle algo caliente- guardó silencio un momento observando el rostro de las dos personas-. Estamos en la hora del almuerzo y quiero que los que están a mi cargo gocen de una buena salud- Draco le sonrió-. Creo que podré con ella.

- No sabes lo que te lo agradezco- dijo el rubio sonriendo.

- No es nada, con lo que la he soportado estas últimas…- miró el reloj que Molly le había regalado para su decimoséptimo cumpleaños-… tres horas.

- Imagínate lo que es soportarla enferma durante un día entero- tomó a su prima de la mano y la ayudó a ponerse de pie-. ¿Te sientes bien?

- Sólo un poco mareada…

- ¿Quieres que te busque algo en tu cubículo Gin?- indagó Harry mientras tomaba su valija de piel de Dragón que Hermione le había regalado hacía unos años.

- Mi bolso está sobre la mesa…- respondió ella mientras Draco la ayudaba a caminar por el pasillo hacia la puerta de salida…

- ¿Conque Gin, eh?- susurró Draco en su oído agarrándola firmemente por la cintura.

- Cállate- le respondió ella mientras saludaba a sus compañeros que le deseaban que mejorase.

Harry se sorprendió al encontrar el habitáculo de la pelirroja tan bien ordenado, tomó su bolso y su pesada capa de invierno y se dirigió con ella hacia su secretaria la cual observaba con mala cara a los que detenían a su compañera dándole ánimos en la recuperación.

- Cho, cancela lo que tengo para esta tarde, si es algo muy urgente llámame a mi teléfono móvil, lo sabes utilizar ¿no?

- Claro que sí Harry, ¿puedo preguntarte a dónde vas?- indagó con voz melosa.

- Acompañaré a Wayneman a su casa, su primo está muy ocupado en el departamento de Misterios, me imagino que te habrás enterado de lo que pasó.

- ¿Y por eso debes ir tú?- preguntó celosa.

- Estaba conmigo cuando se descompensó, además es una de mis empleadas…

- Siempre tan bueno…- respondió con ironía que Harry no captó-. Pues bien, no te preocupes, cualquier cosa yo te paso la llamada Harry…

- Eres un cielo Cho, ¿qué haría sin ti?- le sonrió brevemente y caminó con prisa detrás de las melenas pelirroja y rubia.

- Claro, una empleada más, a mí nunca me has querido acompañar a mi casa…- murmuró Cho para si misma mientras comenzaba a modificar la agenda de su jefe.

Ya en el atrio Ginevra se despidió de su primo y dejó que Harry la tomara del brazo y que juntos desaparecieran en una de las tantas chimeneas del Ministerio de Magia, Hermione le había mandado saludos y le había avisado que iría a visitarla una vez terminado su horario de trabajo. Astoria se hallaba de viaje, su superior la había mandado a Francia a entrevistar a unos cuantos aspirantes a diferentes puestos, esperaban que la semana entrante ella volviera, además dentro de poco sería el cumpleaños de su castaña amiga, para el diecinueve de septiembre faltaban menos de dos semanas, en algún lado lo festejarían.

Desde que habían ido a vivir a aquel departamento con Draco, la sala había cambiado notablemente, la pared estaba pintada con colores más cálidos que le daban más luminosidad al hogar, una pequeña alfombra entre medio de los enormes sofás y cuadros cálidos de paisajes acuarelados junto a percheros y candelabros. El aroma del lugar era personal, no era el que ella usaba pero se podía sentir un suave dejo a él, aquel olor era limpio y fresco, pero no olía a desinfectante de hospital, no sabía decir exactamente qué era, pero lo hacía sentir cómodo, tal y como se sentía en la madriguera. La guió hacia uno de los sillones y dejó que ella se recostara todo a lo largo.

- ¿Dónde guardas el té?- le preguntó mientras ella se llevaba una mano al rostro.

- En la alacena de la izquierda, la segunda puerta- respondió. Al rato pudo escuchar el movimiento que el chico hacía en la cocina poniendo el agua a calentar y abriendo y cerrando puertas buscando lo que necesitaba.

- Trataré de darme un baño mientras preparas eso…- le dijo asomándose por el arco que separaba la sala de la cocina.

- ¿Puedes mantenerte en pie?

- No te preocupes- él le sonrió y se giró para continuar con lo suyo.

Cuando Harry oyó el ruido de la ducha correr supo que estaba perdido, primero, no entendía qué demonios estaba haciendo en esa casa, segundo, jamás se había comportado de esa forma. No se extrañaría que al día siguiente fuera el objeto de burla de todos sus compañeros, Harry Potter jamás deja de lado sus obligaciones por una mujer, nunca había acompañado a nadie a su casa simplemente porque se hallase enferma. ¡Por merlín! No hacía ni un mes que la conocía y él ya se había vuelto loco. Ella no estaba interesada en él, ¿o si? Ginevra reía y bromeaba con cada uno de sus compañeros, en tan poco tiempo se había hecho conocer y todos la adoraban. Sabía de las invitaciones que le habían hecho a cenar o salir las cuales ella había rechazado con perfecta cortesía, además ella no coqueteaba con nadie, ni siquiera con él, cosa que la mayoría de las mujeres tan bellas como ella hacían.

Hermione le había dicho hace mucho tiempo que necesitaba de una mujer que no se le tirara encima como un pedazo de carne, tal y cual actuaba un hipogrifo, él necesitaba una compañera que lo entienda y acompañe, que riera con él y compartiera sus penas, Harry veía la felicidad que habían conseguido sus amigos y sentía envidia, una envidia sana por supuesto, pero a él le gustaría encontrar a su otra mitad. Harry movió la cabeza desviando sus pensamientos, Ginevra ni siquiera había dado muestras de estar interesada en él y ya él pensaba en que ella sería la compañera de su vida… ¡Que mal que estás Harry!

Aunque era cierto que adoraba verla caminar y sonreír, aceptaba que esa mañana al sentir su pequeño cuerpo en sus brazos hubiese dado todo su mundo con tal de estrecharla contra sí y besarla con suavidad. ¡Es que había que ser ciego para no darse cuenta! Era simple, porque así lo era, no ostentaba de sus curvas como lo hacía Cho, era humilde y amigable y se llevaba bien con todo el mundo. ¡Concéntrate Harry! Eso decidió que era lo mejor, si no prestaba atención a lo que estaba haciendo terminaría quemándose con el agua caliente. Cuando se hubo asegurado de que el té estaba tal y como a él le gustaba se dispuso a buscar algo para que comiera, que al menos le diera energía, no era muy habilidoso en la cocina, todo lo que había aprendido a regañadientes cuando vivía con los Dursley, simplemente se le había escapado de la cabeza, por supuesto, era solo cuestión de práctica, sabía que ante la necesidad de cocinar, él sabría como mantenerse en pie. Caminó hacia la puerta del baño y llamó con un suave sonido, la ducha todavía estaba corriendo pero luego se detuvo, escuchó como corrían una cortina y esperó un momento.

- Estoy bien Harry- dijo la voz de Ginevra del otro lado de la puerta, pero él no estaba nada bien teniendo en cuenta que los separaba menos de un metro y un pedazo de madera, y que ella… Harry tragó saliva, que ella estaba totalmente mojada y desnuda-. ¿Estás ahí?

- Eh… si yo…- se rascó la cabeza en forma compulsiva.

- Si tienes que irte hazlo, deja lo que me has preparado sobre la mesa y luego me iré a acostar…

- No, yo quería preguntarte qué quieres comer- ella no respondió y antes que ella se negara se apresuró a decir:- Yo tengo hambre y tú deberías comer, así que cocinaré algo para los dos, por eso te venía a preguntar…

- ¿No quieres que cocine yo?

- No, yo sé hacerlo Gin. Pero quería saber si querías algo en especial…

- En el frigorífico debe haber unas chuletas, también hay una olla de estofado que preparé ayer al mediodía y que con Draco no alcanzamos a comer.

- ¿Caliento eso entonces?- Ginevra dijo que sí y Harry hizo lo que ella pidió, el estofado olía asombrosamente bien y las chuletas estaban casi doradas cuando la oyó salir del baño, pasó un minuto y sintió con fuerza el aroma de su perfume de flores, Harry se giró y quedó frente a ella sorprendido y un tanto conmocionado con lo que vio. Ella no necesitaba un camisón de seda y extremadamente corto para ser deseable, porque así como estaba, con su piyama de friselina azul, su bata rosada y sus pantuflas celestes, así simplemente era el rostro de la tentación. Su cabello húmedo lo llevaba suelto detrás de su espalda y su refulgencia luego del baño estaba más que pronunciada. Ella le sonrió con pereza, tenía los ojos pequeños por la fatiga y su rostro estaba cansado.

- ¿Comemos Harry?- y ante esa pregunta supo que quería repetir esa situación, que le gustaba cuidar de ella y quería que esos momentos solamente fuesen suyos.


Sí, soy una muy mala persona que tarda mucho tiempo en actualizar.

Como siempre digo, excusas tengo miles, pero ninguna justifica que no actualice más seguido. Lo único que digo con certeza es que voy a actualizar, tarde o temprano lo haré, no se librarán de mi tan facilmente.

Este capítulo no dice nada especial, por lo menos que yo remarque desde el lado romántico, si no más bien desde el pasado, del por qué Ginny y Draco son moertífagos. Por supuesto que falta todo un camino que recorrer en la historia, pero de a poco se irá dando a conocer. La persona que quiera saber algo más de la trama se puede pasar por el foro de Chocolate y Menta en donde Anya y Phoebe le han dado un subforo a la historia, el link está en mi perfil, realmente es un foro genial, y aunque no opinen sobre lo que estoy hablando, tendrán un millón de oportunidades de hacerlo porque tiene demasiadas cosas en donde participar, pasen por allí que no se arrepentirán.

Sálvame la Vida, el capítulo está a medio hacer, y reconozco que cada vez se me hace más complicado escribir sobre la enfermedad y el dolor de todos, pero estamos en la recta final, y creo que finalmente todo irá bien, o al menos eso es lo que quiero escribir. Esperen, es lo único que les pido.

Y bueno, ¿comentarios? no vendrían de más, estaría bueno que aquellas personas que siempre lo leen y lo tienen en sus favoritos y alertas dejen un review, al fin y al cabo también está escrito para ustedes, y unas palabras no me vendrían de más, además sepan que le suben el ego a la escritora, y de esa forma actualizará más rápido (mentira), esta escritora está pasando por un grave problema de personalidad (?) y todo lo que ve lo tiene que relacionar con la cavidad bucal, me voy que estoy hablando de más.

Los quiero, Jor.