7

Aquel día fue corto, o se les escapó como agua entre las manos. Ninguno de los dos supo decir qué fue lo que sucedió, pero ambos lo disfrutaron. Se quedaron tumbados en la arena largo rato, medio desnudos y después se metieron al lago para lavarse un poco. Mientras lo hacán, jugaban arrojándose agua a la cara, o hundiendo el uno al otro, hasta que el otro se zafaba o quien lo hundía pensaba que era suficiente castigo. Cuando salieron del lago para ponerse la ropa, el sol estaba a punto de ocultarse detrás de la línea que dividía al cielo de la tierra. No comentaron nada de esto, no les molestaba que el día se hubiese esfumado de aquella forma. Estaban seguros que si no sentía el paso de los días, se les haría menos tedioso esperar allí para ser rescatados.

Lo que no sabían, era que nadie iría a rescatarlos.

Caminaron hacia la cueva, todavía bromeando y platicando. Los sonidos en la selva comenzaban a ser más variados. Aceleraron el paso para no ser atacados por ninguna criatura. Por alguna razón, ambos sentían que el viejo no estaba por los alrededores, esperando paciente para ayudarlos a salir de cualquier dificultad. Y no se equivocaban, el anciano los esperaba en el umbral de la cueva, con una larga lanza en la mano izquierda y un cuchillo colgado de su cadera.

Al verlos, perforó a Greg con la mirada.

- ¿Qué sucede? -preguntó Nick, soltando la mano de Greg.

- Tú debes venir conmigo. -dijo el anciano señalando a Greg con la punta de su lanza.

- ¿Para qué y a dónde? -interrogó Nick. Ahora era él quien tenía un mal presentimiento.

- Tú quédate aquí, no te necesitamos -atajó el anciano-. Dentro de la cueva estarás a salvo.

- ¿A dónde iremos? -quiso saber Greg, dando un paso hacia delante. Nick lo sujetó del antebrazo.

- Tenemos que ir al lago. -dijo el anciano sin agregar nada más. No se movía, tan sólo esperaba que Greg dijera que sí para ir detrás de él.

- ¿No pueden esperar al amanecer? -inquirió Nick.

El anciano no respondió.

- Camina. -le ordenó a Greg.

- No te preocupes, volveremos pronto. -dijo éste para tranquilizar a Nick, quien no dejaba de negar con la cabeza.

- No vayas, tengo un mal presentimiento de esto.

- No pasará nada -dijo Greg-. Volveré para estar contigo.

Greg se internó en la selva, seguido por el anciano quien pasó lo más alejado que pudo de Nick, mirándolo con desconfianza, como si de un momento a otro, Nick fuera a lanzarse sobre él.

Nick se quedó frente a la entrada de la cueva, observando cómo Greg y el anciano sin nombre se perdían entre la espesura oscura de aquella selva. No apartó la mirada del lugar por donde su amigo había desaparecido en un buen rato. Luego el quejido de algún animal extraño lo devolvió a la realidad y decidió que quizá sería mejor volver al interior de la cueva. A pesar de que no le había gustado nada de lo que había dicho el viejo, tenía razón en algo; dentro de la cueva estaría seguro.

Una vez más, el camino al fondo de la cueva se le hizo muy largo. Era como si la noche adjudicara a las cosas una extensión extra que la luz les confiscaba para agregárselo al tiempo que el sol permanecería en el cielo.

Se sentó en un rincón de la cueva y miró las cenizas de la fogata que el viejo había prendido la noche anterior. Estaban rojas todavía, como si se hubiera apagado hace poco. Sobre las cenizas había una hoya bastante grande, y botado en un rincón, había un molde muy extraño. Las paredes estaban vacías, todas las armas habían desaparecido. El anciano no se las había llevado, él sólo llevaba una lanza y un cuchillo, que a Nick le había parecido nuevo.

Miró las marcas en la pared. Volvió a contarlas y había 76, una más que la noche anterior. Entonces Nick se puso de pie de un salto.

"Son los que han muerto", escuchó las palabras del anciano en su cabeza. Se puso de pie y salió corriendo de la cueva, Greg estaba en problemas.

En esta ocasión, el camino de salida se le hizo tan extenso como la muralla china. No era posible, pero se había tardado muchísimo en salir de aquella cueva. Además que cuando llegó a la entrada, no podía seguir corriendo. Le faltaba el aliento y el aroma a verde con manchas ocres de la selva no le ayudaba en nada a reponerse de la carrera. Escuchó los gritos de aquellas criaturas con aguijones en la cola y se estremeció. Tendría que meterse en aquella selva demencial sin la protección de ninguna arma y salvar a su amigo de aquel anciano desgraciado que había matado sin dificultad a una de esas criaturas con el rostro de quien la mirara.

No tenía posibilidades. Su buena suerte se terminaría mucho antes de llegar al lago, sin embargo, lo intentaría. No se quedaría dentro de la cueva esperando a que el anciano volviera y le dijera que la última de las marcas en la pared correspondía a Greg.

Esquivó lo mejor que pudo las ramas y raíces que se atravesaban en su camino. Algunas hacían su mejor esfuerzo y se estiraban lo más que podían para arañarle el rostro. Ninguna de las raíces logró derribarlo, eso fue bueno. Si caía, estaba seguro de que en ese mismo momento, alguna bestia oculta entre las sombras de la selva se le lanzaría encima y lo devoraría en pocos segundos.

A medida que se desplazaba por la selva, Nick escuchaba a varias criaturas corriendo a sus costados. No podía hacerse una idea clara de cuantos iban consigo, pero estaba seguro de que eran más de dos. Si ninguno de ellos se le aventaba encima en mitad de la carrera, podría utilizarlas una vez llegando al lago.

No supo cuanto corrió, pero de verdad no podía seguir haciéndolo. Pronto sus piernas se negarían a seguir corriendo y lo derribarían, dejándolo servido en charola de plata verde para aquellas bestias hambrientas.

Pero sus piernas aguantaron. Delante de él vio el claro y eso le dio ánimos para no detenerse. Frente al lago, se encontraba el anciano, gritando palabras inteligibles para Nick. Greg estaba atado y tirado en el suelo detrás del anciano.

- ¡Nick! -gritó Greg haciendo que el viejo interrumpiera sus alabanzas y mirara en dirección a Nick.

- ¡Te dije que esperaras en la cueva! -rugió el anciano sujetando su lanza delante de él.

- ¡Sé lo que pretendes hacer y no voy a permitírtelo! -jadeó Nick, acercándose al anciano con pasos temblorosos.

Detrás de él, las criaturas de pelaje oscuro con rostros inciertos, salieron como si fuera el ejército que esperaba recibir órdenes de él para atacar.

- ¡Los has traído a un lugar sagrado, estúpido! -bramó el anciano. Nick no pudo decir si lo que había en su rostro era temor o coraje.

- Los he traído para que arreglen cuentas contigo. -aseguró Nick y las criaturas se detuvieron.

Greg miró desconcertado a Nick y los ojos del anciano se abrieron tanto como podían.

- Eres un estúpido, no sabes lo que estás a punto de hacer. ¡Regresa a la cueva!

- ¡No! -gritó Nick-. No dejaré que mates a mi amigo. Primero, éstas criaturas se deleitarán con tu carne y luego, nosotros saldremos de aquí.

- ¿Por qué habríamos de deleitarnos con su carne? -inquirió una voz grave y aterradora que salió de la espesura de la selva detrás de Nick.

Éste se giró, sintiendo que el corazón se le escaparía del pecho de un momento a otro.

- ¡CONTESTA! -rugió la voz haciendo que el suelo bajo sus pies se estremeciera y la superficie del agua se perturbara.

- Fue… -comenzó Nick-. Fue él quien asesinó a uno de los suyos.

- ¡Cállate imbécil! -gritó el anciano.

Las bestias rugieron ofendidas al escuchar las palabras de Nick.

- Ergthask -dijo la voz, Nick pensó que con ese gruñido se refería a la criatura asesinada-. Era un buen compañero. Él fue quien lo mató, pero tú y tu amigo se lo comieron.

La sangre se le heló en las venas.

- No podíamos hacer otra cosa -gritó Greg-. Preferimos que su espíritu se uniera al nuestro.

- Eso es un final digno para un buen compañero. -concedió la voz. Nick suplicaba a todos los dioses para que la criatura, poseedora de aquella voz no saliera de las sombras que lo mantenían oculto.

- ¡Sí, por eso mismo te ofrecemos al anciano que ha sido un buen compañero! -gritó Nick apretando los ojos.

- ¡Maldito, hijo de puta! -rugió el anciano lanzándose contra él. Las bestias se pusieron en movimiento y entre tres lo derribaron sin que él pudiera hacer nada.

- Acepto tu ofrecimiento -dijo la voz, mientras sus súbditos despedazaban al anciano en medio de gritos agónicos-. Y espero que disfruten su estancia en este lugar. -terminó lanzando una carcajada terrible que retumbó en el claro y fue desapareciendo lentamente.

Las bestias se alejaron, llevando consigo el cuerpo mutilado y destazado del anciano.

Nick corrió a liberar a Greg.

- Ahora estás a salvo. -dijo abrazándolo.

- ¡No debiste hacerlo! -lo empujó Greg-. El anciano estaba salvándote la vida.

- ¿De qué…?

Un sonido chirriante y muy fuerte interrumpió a Nick. El agua plateada del lago se sacudió como si estuviera ocurriendo un terremoto. De ella salió, en medio de una explosión de agua, una figura brillante que deslumbró los ojos de Nick y de Greg que ya se habían acostumbrado a la oscuridad del lugar. La figura, alta y de mujer, los miró con un rostro plateado y sin ojos. Medía como mil kilómetros de altura y su cabeza llegaba más allá de las copas de los árboles.

El Espíritu del Lago, pensaron Greg y Nick al mismo tiempo.

La figura brillante alzó las manos y perdió tamaño a una velocidad vertiginosa, quedando sólo unos centímetros más alta que Nick.

- ¿Tna Wouy Tah Wsit Ahw? -preguntó con la voz más melodiosa y suave que ninguno de ellos dos haya escuchado jamás.

- No… no entendemos lo que dices. -dijo Greg, quien reconoció ese dialecto como el mismo que había utilizado el anciano antes de ser asesinado.

- ¿Qué es lo que quieren? -preguntó la figura. Su voz tranquila llenó de una calidez indescriptible los corazones de Greg y Nick.

- Queremos salir de aquí. -se apresuró a decir Nick.

- ¿Y qué están dispuestos a ofrecer? -preguntó la figura.

- Era yo el sacrificio. -dijo Greg adelantándose un paso.

- ¿Qué?

- Sí, Nick. El anciano estaba intentando sacarte de aquí. Estuvo seguro de que yo aceptaría morir para librarte de este horrible lugar. Sabía bien que tú no lo aceptarías, por eso te pidió que permanecieras en la cueva.

- Entonces, ¿por qué no dijiste nada?

- No había nada que pudiéramos hacer. Pusiste a las bestias en su contra apenas llegaste, no se contentarían hasta llevarse a uno de nosotros. Y no iba a permitir que te llevaran a ti.

- ¡Oh, Greg! De haberlo sabido…

- Eres una criatura muy noble, Greg Hojem Sanders de Texas. Por eso mismo, te recompensaré, y saldrás de este lugar de inmediato.

- ¡No! Yo no quiero salir. Es Nick quien debe de salir de aquí.

- ¡Cállate! -rugió el espíritu sin su voz suave y cálida. Ahora era un grito de enferma mental-. ¡Te estoy recompensando y mi voluntad se hará por sobre la de cualquier otro! ¡Jajaja! Tú, noble Greg Hojem Sanders de Texas, saldrás de este lugar y volverás a casa. Tu amigo se quedará en las profundidades de MI lago junto con los otros 75 ¡¡JAJAJAJAJA!!

- ¡No! Debo ser yo quien se quede en las profundidades de tu lago.

- Puedo quedármelos a los dos, si no quieres largarte. -siseó la figura.

- ¡Greg! Está bien Greg, tú debes marcharte. Yo me quedaré.

- ¡No! -repuso Greg-. Quiero que tú regreses a casa. Ya estaba decidido. Desde el principio, yo sería el sacrificio.

- ¡Cállate! -gritó Nick.

- Sí, cállate la maldita boca de una buena vez, Greg Hojem Sanders de Texas y ¡lárgate! -chilló la figura lanzando una mano en dirección a Greg como si estuviera espantando a un insecto molesto. Greg salió despedido del lugar hacia las profundidades infinitas del cielo y desapareció.

- ¡GREG! -gritó Nick, pero no obtuvo respuesta.

- Y ahora… -dijo el espíritu del lago. Nick giró lentamente y lo último que vio, antes de ser sumergido en las aguas turbias de aquel lago infernal, fue el verdadero rostro del Espíritu del Lago.

Era una mujer, de piel verde y podrida por la humedad, de ojos brillantes por la humedad y enloquecidos. Algunos gusanos blancos los recorrían y salían de los globos oculares alimentándose de ellos. Los dientes podridos y los labios incompletos mostraban una sonrisa aterradora. Los cabellos como de momia, llenos de humedad. Agua no le faltaba al espíritu, eso quedaba claro.

Nick se vio sumergido en las profundidades del lago y la luz que se filtraba desde la superficie le parecía infinitamente codiciada. La quería, debía tenerla y ese deseo lo impulsaba a nadar hacia arriba. Pero no avanzaba nada, unas cadenas oxidadas lo sujetaban al fondo y la sensación de ahogarse no desaparecía. En un momento miró alrededor y vio a setenta y cinco personas intentando llegar a la superficie, intentando tomar para sí esos rayos de luz que se filtraban por las aguas. Intentando subir y respirar.

Epílogo.

Greg despertó bañado en sudor. Había tenido una pesadilla en la que miraba por la ventanilla del avión en el que viajaba y había visto esa horrible selva y el lago en medio de ella donde Nick intentaba llegar a la superficie para respirar. La colosal figura del Espíritu del Lago estaba debajo de ellos y crecía para intentar tumbar el avión. Ahora, la figura no despedía luz, sino que se la tragaba, dejando donde ella estaba una oscuridad infinita y aterradora.

El espíritu del lago había sujetado la cola del avión y en medio de demenciales carcajadas lo destruía en el aire para que todos los pasajeros cayeran a su selva y luego fueran sacrificados para tener más y más compañía en el fondo de su lago.

Habían pasado cerca de dos años desde aquella horrible semana de vacaciones. Greg, con la ayuda de muchos psicólogos, intentaba reincorporarse a su vida normal y al trabajo. Esto último lo ayudaba un poco. Sin embargo, las pesadillas no se terminaban y siempre era la misma. Siempre el Espíritu del Lago, luego de derribar el avión, lo sujetaba a él en plena caída y lo engullía sin mayor dificultad. Y dentro del estómago de aquel terrible espíritu, no se oía otra cosa más que el tintinear de hielos en el interior de un vaso a medio llenar y la voz de Nick gritando su nombre.

0232hrs
09/09/09


Waazzaaaaaaa!!

Y así termina entonces este pequeño Fan Fic de algo completamente desconocido para mí. Porque no conocía a ninguno de los dos personajes hasta que la Maldita de Zely me habló de ellos. En fin, ella lo pidió y aquí lo tienen todos, a ella le gustó, espero que a ustedes también. Decidí poner el "Epílogo" junto con el capítulo 7 porque era muy corto, y publicarlo en otro habría sido un desgaste innecesario de espacio. Por el momento es todo y yo creo que en alguna otra historia (No Fan Fic) leeremos nuevamente del Espíritu del Lago y de esa otra criatura del bosque. Quizá, quizá.

Sweet Dreams!!

* * *

**Dedicado especialmente a mi Maldita Zely**

«-( H.S )-»™