Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
La historia es una adaptación del manga "Miseinen Dakedo Kodomo Ja Nai"
Advertencias: AU. Contiene OoC .
Gracias por comentar: Akida-san, Nessie Black 10 Frany H.Q, KanadeKuchiki, 8579, Totomaru Shiba, FrikiHimechan.
LIGERAMENTE CASADOS
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Capítulo 7.- ¿Acaso ella te ha besado en la mejilla?
Yoruichi entró a su casa con desgano. Además de tener hambre, por ser ya las cinco de la tarde, estaba desanimada por ver a esa mujer y a Sojun juntos.
Y ella no quería juzgar a Sojun ni a Hana, pero le daba tristeza su historia. Dos personas que no lucharon por mantener su relación, pero sobre todo dos padres a los que no les importó dañar a su hijo.
Colocó su mochila sobre la mesa y se dejó caer en la silla.
—¡Ah! —suspiró mientras se recargaba en el respaldo para mirar al techo.
¿Y si esa chica y Sojun eran amantes, que relación tenía con Byakuya?
Tal vez Byakuya se enamoró de ella sin saber que era amante de su padre y ahora tenía el corazón roto y por eso había aceptado casarse.
Yoruichi volvió a suspirar. Si eso era cierto entonces Byakuya jamás se enamoraría de ella, su esposa.
La muchacha empezó a mecerse hacia adelante y hacia atrás con la silla.
O tal vez esa chica de ojos violetas se enamoró de Byakuya después de conocerlo y ahora lo acosaba, pero Byakuya no podía aceptar su amor para no traicionar a su padre.
Yoruichi dejó de mecerse y se puso de pie. No podía más con la ansiedad y curiosidad. Necesitaba saber la verdad por boca de Byakuya, de lo contrario se formaría mil historias en su cabeza.
Tenía que encararlo, así que caminó hacia la habitación del chico y abrió la puerta.
—¿Byakuya? —se preguntó al no verlo en su habitación, su mochila tampoco estaba.
Él no había llegado a casa, y eso era raro porque no hubo entrenamiento. Pero no quería preocuparse de más, así que prefirió hacer la comida. Tal vez él había ido con sus amigos a perder el tiempo por ahí. Ya le preguntaría por aquella chica cuando llegara.
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Byakuya llegó a la casa a las diez de la noche, todas las luces estaban apagadas. Eso le extrañó pues aunque Yoruichi se acostara temprano siempre dejaba una luz encendida para él.
Lo primero que pensó fue que ella seguía enojada por lo del sábado y esa era su forma de demostrarlo. Pero cuando tomó el pomo de la puerta otra idea le surcó el pensamiento. ¿Y si ella lo había dejado y regresó a su casa?
Tal vez ella ya no aguantaba más vivir en las precarias condiciones en las que él la tenía sometida. Con angustia, que él no aceptaría, abrió la puerta y encendió la luz.
Se alivió al ver a la chica sentada en el suelo, en medio de la sala. Aunque el desconcierto enseguida se apoderó de él.
—Byakuya. —murmuró ella con una aura depresiva. —¿por qué llegas hasta ahora? —preguntó. —¿Acaso me estás engañando?
Después de comer se inventó muchas historias y en todas él terminaba fugándose con la chica de ojos violetas.
—Estuve en la biblioteca de la escuela, estudiando para los exámenes. —mencionó pasándola de largo, dejando su mochila sobre la barra de la cocina. —¿Y tú que hacías sentada en el suelo y con las luces apagadas? —preguntó volteándose hacía ella. —pensé que no estabas. —Y trató de no mostrar signos de preocupación.
Yoruichi se puso de pie sintiéndose patética. Por eso siempre le huyó a enamorarse, porque las personas cambiaban y sufrían por tonterías.
—Sólo estaba haciendo ejercicios de yoga. —respondió Yoruichi un poco nerviosa. —Urahara dijo que eran buenos para mi salud. —Y no mentía, él siempre la animaba a practicar esa disciplina, pero ella era a veces un poco perezosa. —¿Y por qué estudias hasta tan tarde? —preguntó recobrando su semblante jovial.
—A diferencia tuya entré a la universidad becado, por lo que siempre he tenido que esforzarme para tener buenas calificaciones.
—Pero mi padre se ofreció a pagar todo.
—Pero no pienso aceptarlo. —replicó Byakuya orgulloso. —quiero hacer esto por mí mismo, con mi esfuerzo. Por eso es importante para mí obtener calificaciones excelentes y mantener mi beca. Y sólo así podré trabajar con tu padre.
Yoruichi lo vio con admiración y vergüenza.
Él a pesar de sus problemas intentaba superarse y esforzarse al máximo, ella en cambio últimamente buscaba la salida fácil para todo, y como su padre le daba todo lo que quería, nunca puso mucho empeño en algo.
—Así que Shihoin, por favor hasta que pasen los exámenes no causes alboroto. —le pidió él. Necesitaba concentrarse en los estudios y con ella a su alrededor no podría hacerlo.
—Está bien. —aceptó Yoruichi. Tendría que dejar sus preguntas sobre esa chica para después. Aunque seguía pensando que sería una pérdida de tiempo porque él no le diría nada.
—Y tu papá me habló. —agregó Byakuya. —ha dicho que tienes materias en riesgo de reprobar, así que también deberías de ponerte a estudiar.
Y Yoruichi tuvo una gran idea.
—Byakuya, si consigo pasar todas mis materias con diez, ¿puedes responderme con sinceridad una pregunta?
El chico se le quedó viendo analizando su petición. Estaba seguro de que quería saber sobre ella, pero también estaba intentando respetar su privacidad.
—Está bien, si eres capaz de aprobar con diez todas tus materias te responderé lo que quieras. —aceptó Byakuya.
Yoruichi sonrió alegremente y Byakuya tuvo que darse vuelta porque sintió sus mejillas arder y su corazón acelerarse.
¿Qué diablos le estaba pasando?
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La mañana siguiente Byakuya y Haru atravesaban el patio que conectaba a dos de las facultades del campus, se dirigían a la biblioteca para entregar un libro.
—Mira Byakuya, ahí está Yoruichi. —mencionó el chico de cabello marrón, pues al dar un pequeño vistazo a su alrededor enseguida la enfocó.
El chico de cabello negro miró en la dirección que le indicó.
Yoruichi estaba sentada con las piernas cruzadas debajo de un árbol y leía un libro. Se veía concentrada.
Byakuya sintió algo en su pecho parecido al orgullo. Ella estaba esforzándose, como le prometió.
—Vamos a saludarla. —comentó Haru. —no he hablado con ella desde el sábado.
— ¿Y ella que tendría que hablar contigo? —y Byakuya no entendió porque sonó tan molesto ni por qué le importaba eso.
—Somos amigos, ya podemos hablar de cualquier cosa. —respondió Haru. —Además creo que le gusto. —mencionó con alegría y comenzó a caminar hacia la chica que sostenía el libro con una mano y mordía la uña del pulgar de la otra.
—¿Y qué te hizo pensar eso? —cuestionó Byakuya colocándose junto a él.
—¡Ella me ha besado en la mejilla! —exclamó sonriente. —Y las chicas no besan a cualquiera en la mejilla, y menos en la forma en la que ella lo hizo.
Tonto. Quiso decirle Byakuya. Yoruichi no podía fijarse en él porque…bueno simplemente no podía fijarse en él.
—Creo que un beso en la mejilla no significa nada. —le dijo el Kuchiki. Necesitaba dejarle las cosas en claro, el pobre sufriría mucho cuando se diera cuenta de la realidad.
—¿Acaso ella te ha besado en la mejilla? —lo interrogó su amigo y él se quedó callado. —eso imaginé. —dijo Haru dando por terminada la conversación.
Byakuya hizo memoria. Era cierto, ella no lo había besado en la mejilla, pero lo había besado en el cuello. Y eso debía contar más. ¡Además ella era su esposa!
Byakuya movió la cabeza para alejar esos pensamientos. A él no le importaba que a Yoruichi le gustara Haru ni si le daba besos o no. Su matrimonio era falso y él sólo tenía una meta por ahora: poder graduarse con excelentes calificaciones, para poder encontrar un buen trabajo y dejar de depender completamente de su familia.
Y cuando reaccionó y buscó a su amigo, este ya se encontraba sentado junto a Yoruichi.
Byakuya se acercó a ellos, quienes reían de un chiste contado por el chico.
—Haru, no debiste interrumpir su sesión de estudio. —dijo serio Byakuya, parado junto a su amigo.
—Pero no interrumpió nada. —contestó ella relajada. —intenté leerlo, pero está en Ingles. —dijo mostrando las páginas centrales del libro, que efectivamente estaba en ese idioma. —Y no entiendo nada. —sonrió de forma nerviosa.
—Yoruichi ¿no sabes inglés? —preguntó Haru asombrado de su nulo conocimiento en una materia que les enseñaban desde niños.
—No. —dijo ella. —nunca me gustó el idioma, y no me importó aprenderlo cuando podía pagar un intérprete.
Haru la miró sorprendido, pero sintió una mirada pesada y alzó la vista para ver a Byakuya. Él la miraba con un gesto severo y de reproche.
Ella bajó el rostro avergonzada.
—No te preocupes Yoruichi. —le dijo Haru, pues notó su decaimiento. —yo te ayudaré con el inglés. —mencionó con aprecio.
—¿De verdad? —preguntó ella con los ojos iluminados por la esperanza. Si ella se esforzaba entonces Byakuya no la miraría otra vez con desilusión.
Haru asintió con una sonrisa, Yoruichi le correspondió y enseguida se abalanzó sobre él para abrazarlo con fuerza. Cuando se separó le dio un beso en la mejilla en agradecimiento.
Byakuya vio todo con perplejidad.
—Tenemos que entregar el libro. —recordó Byakuya a su amigo.
Haru asintió, aún emocionado por el beso, y se puso de pie.
Los tres se despidieron y los muchachos retomaron su camino.
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Al finalizar la última clase Soi se dirigió al salón de Yoruichi y Urahara, no los había podido ver en todo el día. Se sorprendió de verlo afuera del salón y apoyado de la ventana, viendo hacia dentro.
Y se sorprendió más al acercarse y ver a Yoruichi sentada leyendo un libro.
—¿Quién es ella y que hicieron con nuestra amiga? —preguntó Soi. Urahara se encogió de hombros. Yoruichi era alguien muy lista y dedicada a los estudios, hasta antes de entrar a la universidad y quedarse solamente con Urahara de compañero.
Él en poco tiempo había logrado volverla más relajada en los estudios, la convencía enseguida de ir a perder tiempo con él. Por eso es que ahora verla tan concentrada estudiando era un milagro para Soi.
—Soi. —dijo Urahara muy preocupado. —algo le han hecho a nuestra amiga. —comentó viéndola. —Toda la mañana se la ha pasado atenta a clases e ignorando mis bromas. Además me rechazó el Hogyoku, dijo algo sobre sacar buenas calificaciones esforzándose.
Soi casi quiso reír por el semblante de desamparo de su amigo. Y aunque se alegraba porque su amiga retomaba el buen camino, coincidía con él en que no era normal.
—Hace unos días tuvo problemas con su familia, quizá la están presionando para que mejore en sus estudios. —comentó Soi viendo como Yoruichi tomaba apuntes de un libro en su libreta.
—Ahora que lo dices ha estado actuando raro. —mencionó Urahara. —ya no pasa tiempo conmigo por las tardes, no he visto que llegue o se vaya en el coche y no gasta tanto en comida como antes. De hecho no gasta en nada.
—Pues tenemos que estar al pendiente de ella, por si está en problemas y nos necesita. —comentó la chica de cabello negro.
Urahara asintió. Él estaría muy pendiente de Yoruichi.
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Esa tarde Byakuya regresó solo a casa. Generalmente, o siempre, Yoruichi iba a ver las prácticas de su amiga después de clase, así que al terminar ella lo esperaba a una cuadra de la escuela y ambos regresaban casi juntos, pues él la pasaba de largo sin hablarle y caminaba varios metros por delante de ella.
Pero esa tarde ella no había aparecido en las prácticas. Y no es como si él la hubiera estado buscando en las gradas donde siempre se sentaba con un refresco de naranja y una bolsa de papitas en las manos, lo que pasaba es que ella era siempre muy ruidosa cuando animaba a su amiga y por eso se notaba su ausencia.
Al entrar le causó sorpresa ver a la chica de ojos dorados sentada en el comedor leyendo un libro.
—Hola. —saludó ella despegando la vista del libro. —pensé que de nuevo te quedarías a estudiar en la biblioteca.
Y hubiera sido así, pero al no verla en las prácticas se preocupó un poco.
—Preferí estudiar en casa, había muchos estudiantes en la biblioteca. —respondió él. —y sabes que no me gusta el ruido.
La morena asintió.
—Pues llegas a tiempo porque apenas voy a comer, pero otra vez me emocioné cocinando e hice mucha comida. —mencionó Yoruichi poniéndose de pie.
—Así que de nuevo tengo que comer de lo que preparaste para no tirar la comida. —afirmó Byakuya pareciendo resignado.
—Tendré más cuidado para la próxima. —Aseguró Yoruichi.
Y los dos se repitieron que no estaban rompiendo la regla número uno, pues ella no cocinaba para él, simplemente hacia comida en exceso y como no la podían tirar Byakuya se veía obligado a comérsela. Aunque esa situación ocurría todos los días.
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—Shihoin. —llamó Byakuya mientas comían. Ella alzó la vista para verlo con reproche, seguía sin gustarle que la llamara por su apellido.
—¿Qué pasa? —preguntó la chica pues él se mantuvo callado.
—No es necesario que estudies con Haru. —por fin se animó a decirlo. Ella levantó una ceja intrigada. —yo puedo ayudarte.
Ella mostró genuina sorpresa. No era que le disgustará la idea, pero nunca imaginó que él se ofreciera a ayudarla.
—¿Y eso por qué? —preguntó Yoruichi con suspicacia.
—("Por qué no quiero que estés con él"). — fue lo que pensó Byakuya, pero no lo dijo. —Porque tu padre podría sospechar algo si se enterara que tu esposo no te ayudó a estudiar y que tuviste que recurrir a alguien más. —explicó.
—Así que es sólo para cubrir apariencias. —susurró desilusionada. Por un momento había creído que él podría estar celoso de Haru. —Está bien, de todas formas no quería causarle molestias a él.
Y a partir de ese día ellos estudiaron por las tardes en el comedor.
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La tarde anterior al día del examen Yoruichi tocó a la puerta de Byakuya, pues dando un último repaso le surgió una duda.
—¿Qué pasa? —cuestionó Byakuya tras abrir la puerta.
—Tengo dudas con el uso de unos auxiliares. —comentó ella con el libro en mano. —¿puedes ayudarme?
Byakuya asintió y se colocó de lado para dejarla pasar.
La habitación estaba en completo orden como se esperaría de él. Las paredes no tenían adornos, la cama estaba hecha y sobre la mesita que estaba en el centro de la habitación había varios libros abiertos, una lámpara de noche y unos audífonos rojos.
Yoruichi se sentó junto a Byakuya en el piso y frente a la mesita. Él procedió a resolverle sus dudas y luego le puso unos ejercicios.
—Los has resuelto todos bien. —comentó él después de revisarlos, dedicándole una pequeña sonrisa. —no entiendo por qué has sacado tan bajas calificaciones.
—Urahara es una mala influencia. —respondió ella alzándose de hombros.
Él quiso hondar más en el tema, pero se vio interrumpido por unos gemidos provenientes del apartamento de al lado.
Otra vez sus vecinos estaban teniendo sexo, y lo peor es que Yoruichi estaba escuchando. Inevitablemente el chico de cabello negro se sintió avergonzado.
Ella abrió los ojos por la sorpresa.
—¿Tu duermes escuchando esto todos los días? —preguntó ella mientras la vecina alentaba a su pareja a seguir así. — ¡Eres un pervertido! —se burló. —con razón querías el cuarto para ti solo.
—¡Yo no sabía que las paredes eran tan delgadas! —se defendió el muchacho. —Además siempre uso los audífonos para no escuchar. —explicó tomándolos de la mesa.
En verdad se sentía avergonzado de esa situación.
La morena rio y luego se acercó a él lentamente.
—¿Y qué tal si le pagamos a los vecinos con la misma moneda? —preguntó de forma juguetona mientras acercaba su rostro al de Byakuya, que palideció. —¿No piensas en mí cuando los escuchas? —preguntó.
—No. —respondió él tensándose. Sus rostros estaban muy cerca y presentía que sus labios se unirían, y no hizo nada para alejarse.
Yoruichi borró la sonrisa de repente y se alejó de él para volver a tomar su posición inicial, frente a la mesita y viendo el libro.
—Deberíamos volver a estudiar. —sugirió ella y fingió concentrarse en aquellas letras.
Estaba a punto de besarlo cuando recordó a aquella chica de ojos violetas. Y estuvo segura que si Byakuya tuviera esa clase de pensamientos sería esa chica la protagonista.
Byakuya de nuevo se acomodó frente a la mesa. Trató de leer aquel documento de economía pero la imagen de Yoruichi acercándose a él se lo impedía.
Discretamente volteó a mirarla. Se preguntó que le estaba pasando con ella, por qué no había tratado de alejase cuando ella estaba por besarlo, por qué la idea de ella estando a solas con Haru lo hacía enojar.
Yoruichi sintió su mirada y volteó a verlo.
—¿Qué tanto ves? —cuestionó, todavía un poco enojada con él.
—Veo que eres una chica decidida. —mencionó él. —una vez que te propones algo te esfuerzas por lograrlo. En poco tiempo has mejorado mucho.
Y con esas palabras el enojo de Yoruichi se esfumó.
—Eso es porque tengo un gran maestro. —le dijo y luego le regaló una cálida y sincera sonrisa en agradecimiento.
Ella volvió su vista al libro y Byakuya se quedó con una extraña sensación recorriéndole el cuerpo.
Después él también se concentró en el libro.
Quizá a él Yoruichi no lo había besado en la mejilla, pero estaba seguro que Haru no había visto una sonrisa como aquella.
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En medio de la noche un hombre alto, moreno, de cabello negro y con lentes estaba parado junto a un poste de luz que parpadeaba.
Llevaba media tarde ahí, pues siguió a Yoruichi desde que salió de la universidad. Cómo él sabía de su posición social le extrañó verla entrar en ese complejo habitacional frente a él, pues estaba descuidado y se veía humilde.
Al principio pensó que visitaba a alguien, pero ya eran más de las diez y ella no salía. Así que ahora sospechaba que podría vivir ahí.
Y siguiendo órdenes mandó un mensaje de texto a su jefe informándole de la situación.
Saludos.
