-Nosotros pasamos nuestra luna de miel en una selva, Shino estaba fascinado con la cantidad de insectos que ahí residían y no dudó en llevarse unos cuantos al campamento…
—¡Un momento! —Detuvo Yamanaka incrédula— ¿Aceptaste que tu primera noche de bodas fuera en un campamento? —Se levantó de su asiento como si fuera cosa de alarma— ¿Así nada más? ¿En medio de la nada?
—A mi también me daría vergüenza tener mi primera noche en un campamento —le siguió Haruno con la misma cara de espanto—, ese momento debe ser privado y en medio de la selva quien sabe quien pueda estar cerca.
—¡Que dices! —Continuó la rubia— Que lo hagan donde les plazca cuando quieran, —volvió a su asiento agitando el índice derecho como quien reprende—, lo que es imperdonable es que haya sido la primera noche. La primera vez, el hombre tiene que pagar un buen lugar para demostrar lo que le importas —se cruzó de brazos—, no importa donde o como lo hagan otros días, pero le primera vez es crucial en una relación.
—Pero…
—Déjalos a ellos con sus filias —intervino la pelirroja molesta por la interrupción—, tal vez era su fantasía de la primera vez.
—Pero…
-En eso Karin tiene razón.
—Creo que Yui quiere decir algo.
—Gracias Temari. Nuestra primera noche íntima no fue en la selva. Nos quedamos ahí tres días y dos noches antes de intimar.
—¿Entonces para que mencionas eso?
Ino resopló enfadada, aunque por otro lado se sentía contenta por que de una forma indirecta se le estaba dando la razón a lo que ella opinaba de la primera noche de una mujer con su marido.
—Es que… Los tres días, Shino se la pasó recolectando insectos y cuando llegamos al hotel donde pasaríamos nuestra primera noche, llenó toda la habitación con los frascos de insectos. Fue un caos convencer a los del hotel para que nos dejaran meterlos pero sabrán que algunos amigos verdes hacen milagros. Esa noche estábamos listos para empezar, había comenzado con un tierno y prolongado beso, poco a poco nos vimos despojados de la ropa pero… cuando la habitación quedó a obscuras peleaban por salir del frasco. Creímos que después de un rato se cansarían pero dos de las especies comenzaron a hacer unos ruidos muy extraños.
—Yo no habría podido ni dormir en un cuarto lleno de bichos —gesticuló asco quitándose los lentes para enfatizar su comentario— ¿Qué tal si escapaba uno? Apenas y puedo tolerar una araña.
—¿Tolerar? Si ves una araña gritas como si se fuera a acabar el mundo —rió Sakura en compañía de las demás—. Aún así te doy toda la razón, sólo Yui haría eso.
—Pues Karin no está tan alejada de lo que pasó.
El comentario de la mencionada llamó la atención de todo el grupo, la pobre muchacha no sabía donde meter la cabeza, pues el tipo de miradas que le dirigían de susto e interrogancia, eran las que solían intimidarla.
—…Shino quiso tratar de tranquilizar a los insectos, pero cuando se sentó en el cama tiró uno de los frascos, rodó por debajo de la cama y se abrió. No nos dimos cuenta de eso y él encendió la luz a atender a los bichitos —colocó sus manos a la altura del pecho recordando el ademán que no había podido evitar cuando notó los miles de ojos que la miraban a través de los frascos—, tal vez es tonto pero me cohibí al saber que los insectos nos estaban viendo desnudos. Cuando Shino terminó, volvió a la cama conmigo pero antes de que le permitiera juntar lo más íntimo, me invadió un pudor tan grande que empecé a gritar.
—¡Hay Yui! Si nos vamos a los extremos de privacidad, entonces no existe —comentó Temari negando con la cabeza—. Apuesto que cualquier día, alguna mosca o araña anda en la habitación mientras estamos en la intimidad.
—Además, es posible que los insectos no vieran nada —sonrió Hinata—, dices que estaba oscuro.
—Eran miles de ojos mirándonos, la mayoría de los insectos eran nocturnos y me entró pánico. Shino me tranquilizó y colocó mantas sobre los frascos para que me olvidara de que estaban ahí. Al principio creí que no funcionaría pero en poco tiempo ya estábamos en lo nuestro.
Yui no omitió detalles en su descripción de cómo su marido había sido "lindo y amable" según sus palabras. Las presentes, especialmente Ino y Karin, creyeron que ya no habría comentarios interesantes pues al parecer ese parejita no experimentaba fuera de lo ordinario pero estaban muy equivocadas.
—… podía sentir como estaba llegando al punto culminante y de alguna forma sabía que Shino también, sentí una especie de caricia en mi pierna que me agradó —contaba con entusiasmo, pero de un momento a otro su cara se tornó diferente—, estaba tan enfocada en… el bonito sentimiento, que tardé en darme cuenta que la caricia no podía ser de mi marido, pues sus manos estaban en mis caderas. La supuesta caricia subió de mi pantorrilla a mi muslo y en cuanto supe que no era cosa de Shino grité como loca empujándolo. Él encendió la luz y vimos que una araña caminaba por mi cuerpo. Yo no dejaba de gritar y Shino me la quitó tan rápido como pudo.
Resultó que la fugitiva, era un arácnido peludo de unos quince centímetros y de no ser que Aburame quitó al animalillo, Yui habría sido picada por el insecto, para desgracia del biólogo quien tomó al animal para volverlo a encerrar, fue mordido por la araña. De no ser que fue atendido a tiempo, habría muerto, pero gracias a su agilidad, logró encerrar al bicho antes de que saliera de la habitación.
—¡Ah!
Karin gritó como loca de tan sólo pensar que un insecto de esas dimensiones pudiera subírsele en medio de la "acción". El resto de las chicas no ocultaron su desagrado con gestos, gemidos o mímica, lo calificaban como una de las peores cosas que podría sucederles en la intimidad.
—…desde ese día no permito que Shino tenga insectos en la casa —concluyó Yui —, no pude ni besarlo durante las dos semanas que estuvo internado.
En el bar, el aludido se libraba de Uzumaki e Inuzuka, obviamente el no diría palabra alguna ni tenía imaginación para inventarse algo como Sasuke. Se dirigió al sanitario esperando no ser seguido y tuvo la fortuna de que así fuera, pues el rubio y el castaño ya tenían una nueva víctima en la mira.
—¡Neji!
Hyuuga endureció las facciones de su rostro al escuchar en coro su nombre, si algún día contaría sus intimidades no sería en una plática de borrachos, de eso estaba más que seguro. Cuando se vio acorralado por sus camaradas, cerró los ojos con gesto indignado.
—¿Qué hay de ti y Tenten?
—Tu si nos contarás —continuó Kiba—, ¿verdad?
