Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

El ángel y el vampiro

Emiko hime-sama

-¡Daidouji! –la suave voz de Syaoran retumbó en los oídos del joven ángel. -¿Qué le paso…?

-Meilling… -murmuraba el joven de cabellos negros. Había pronunciado ese nombre por las 2 horas que habían estado en la lluvia. –Mi ángel caído… mi pequeño ángel de alas negras…

¿Quién era Meilling? ¿Por qué le dolía escuchar ese nombre?

Tomoyo le apartó los suaves cabellos negros de la cara, Eriol abrió los ojos y miró sus ojos amatistas. Pareció despertar de su trance.

No hubo vida alguna en aquellos ojos azules. Se levantó de la fría tierra en la que estaba acostado, la lluvia caía.

-Eriol… ¿Qué te paso?

El nombrado dobló una pierna y apoyó su cabeza en ella. Con una mano se revolvió sus cabellos y miró a su amigo. Esa mirada lo asustó. Tan débil… tan diferente.

Syaoran cayó de rodillas y le paso el brazo por la espalda. Lo levantó y agradeció con un gesto a Daidouji.

Tomoyo los vio alejarse y después se levantó.

¿Qué había pasado?

Eriol Hiraguizawa… había llorado. De modo que era cierto… su alma la necesitaba a ella. A un ángel para sanarla.

Se apoyó en el tronco del árbol y miró hacia el cielo dejando que las gotas de lluvia cayeran en su rostro. Entreabrió los labios y luego los cerró. Se llevó una mano a sus labios…. Lamió sus dedos. Sí. Aun quedaba el sabor salado de las lágrimas….

Se levantó y se encaminó a su habitación, casi sin mirar el camino.

Había visto tanto dolor… se había visto tan débil….

Entró a la habitación y entró a la ducha. No se molestó en quitarse la ropa, dejó que el agua tibia fluyera y la mojara. La despertara.

Parpadeo.

Se acurrucó en un rincón y empezó a temblar. ¿Qué era eso? ¿¡Que le estaba pasando!?


Syaoran abrió la puerta de la habitación de su amigo.

Le quitó sus ropas y lo metió a la tina de agua. Después lo seco y le puso un cambio de ropa. Todo lo hizo en silencio y Eriol parecía en trance.

Sólo se había movido cuando había tratado de quitarle la cruz que le colgaba del cuello.

Lo sentó en la cama y le secó los cabellos con una toalla. Las gotas de lluvia golpeaban en la ventana.

Silencio.

Eriol se levantó de pronto y se dio vuelta.

Puso una mano en la mejilla de su amigo y luego se volvió a dar vuelta. Buscó entre sus cajones. Se puso un montón de anillos y se quitó el brazalete. Lo miró por un largo rato…

Lo apretó. Fuerte. Por un segundo temió que se rompiera, pero no. ¡Si era algo contra vampiros!

-Syao…ran… -se aclaró la voz y se acercó a él. Volvió a poner su mano en su mejilla pero esta vez el frió contacto del metal de sus anillos hizo a su amigo temblar. –Eres tan humano… -dijo acercándose más a él. Recargó su cabeza en su hombro. -¿Eres….feliz? –le preguntó.

¿Qué era lo que quería conseguir?

Pero es que…

Lo tenía allí, en frente.

Tan hermoso como la primera vez que lo había visto.

Suspiró y le puso el brazalete.

-No preguntes.

Syaoran no respondió pero miró el brazalete. Parecía muy antiguo, tenía signos extraños, no era que no le gustara pero no comprendía porque tenía que usarlo. Pero si significaba algo para su amigo entonces…

Pero es que había parecido tan débil… había salido a buscarlo y cuál fue su sorpresa al verlo allí llorando en brazos de su peor enemiga.

Daidouji también había parecido dolida por lo que había visto, y él se había sentido igual.

Admiraba y quería a su amigo, ¿Qué era lo que había pasado para hacerlo llorar?

¿Quién era Meilling? ¿Era, ella quien le había regalado esa cruz que tanto protegía Eriol?

Y ahora que lo pensaba, "mejor amigo" eran solo palabras. En realidad él no conocía nada de Eriol. Y le había preguntado si era feliz. Claro que era feliz. O eso pensaba, la pregunta le había hecho revivir los sueños extraños que había estado teniendo.

¿Qué significaban esos sueños?

Un niña de cabellos negros… ojos rubí…. Y un niño que se parecía tanto a Eriol… y en sueños lo llamaba Eriol…

-Estas… actuando raro… Eriol.

-¿Te parece? –le preguntó. Si. Estaba actuando raro. Ese no era él. Pero tenía tanto miedo de perderlo… -no te preocupes, no es nada.

-Pero estabas…

-¡No es nada!

-Eriol…

-No es nada, Syaoran. No te preocupes. –dijo tranquilizándose un poco. Se revolvió los cabellos desesperado. Tenía que recuperar su compostura o se volvería loco.

-Pero Eriol… estabas… y además… era Daidouji… ¡Estas actuando extraño!

-¡Esto no tiene nada que ver contigo! –gritó.

Syaoran calló. Silencio.

-Soy tu amigo… ¿¡Acaso no confías en mi!? ¡Eriol!

-¡NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO! –Dios. Se sentí tan frustrado. Tenía miedo… ¡Dios mío! ¡Kami-sama! ¡Mon Dieu! Tenía miedo… esa era la única verdad. Tenía miedo de perderlo, de ver otra vez las manos temblorosas y los ojos en lágrimas de su amigo. De ver sus manos llenas de sangre… de ver sus ojos sufriendo…

Suspiró.

Miró a su amigo, no tenía caso seguir con eso. Syaoran lo tenía que saber algún día.

No lo podría proteger por siempre…

Apretó los dientes con fuerza.

-Soy tu amigo… quiero… entrar a tu mundo…

-¡No quiero verte sufrir!

-No sufriré…

"YA NO QUIERO SER UN VAMPIRO, ME ESTA VOLVIENDO LOCO"

"Quiero morir…, prefiero morir a seguir siendo un monstruo"

"Soy un monstruo… Eriol… sálvame"

Se tapó los oídos con ambas manos como si eso fuera a acallar el ruido. Como si eso fuera a acallar sus recuerdos. Pero no. Un vampiro siempre recordaría todo. Bueno o malo recuerdo.

-Si sufro, sufriremos juntos… Eriol…

Alargó una mano pero Eriol la aparto bruscamente, retrocedió y tumbó un jarrón y tropezó. Su mano se cortó con el jarrón y la sangre brotó. Apretó el pedazo de porcelana con fuerza. Sintió el liquido brotar de la herida, vio como su amigo caía de rodillas. Se tapaba los oídos con fuerza. Sus ojos se volvieron dorados, los suyos propios también.

¿De qué servía ocultarlo más?

-Syaoran… -dijo dulcemente atrayéndolo a sí mismo. Se desabrochó la camisa blanca y lo acercó a él. Tomó su cabeza en sus manos, Syaoran lo miraba asustado. –No tengas miedo… todo pasará después de esto… sufriremos juntos…. –dijo cerrando los ojos.

Convirtió sus uñas en garras y se hizo un corte en la muñeca. Dejó que su sangre carmesí brotara y cayera en los labios de su amigo.

Los ojos de Syaoran se volvieron rojos. Empezó a temblar. Eriol lo apretó contra sí.

-¿Syaoran?

Flashback

-Eriol-sama… Meilling-sama… -dijo un niño de ojos castaños haciendo un reverencia. Frente a él se encontraban los dos miembros de la familia Hiraguizawa. De la familia real.

El príncipe de los vampiros y su prima Meilling.

Fin del Flashback.

La piel de Syaoran se volvió más pálida, sus dedos y sus cabellos más largos. Sus uñas más brillantes.

Flashback

-¿Una niña humana en nuestro mundo? Madre eso es…

-Ya tienes la edad suficiente… es la victima que se te ha escogido…

-Me reusó a tomar a un alma inocente…

-La niña no tiene memoria… ya no tiene razón para vivir… Le harás un favor si…

-¡Eso no significa que no tenga derecho a vivir!

Su madre le cogió del brazo, furiosa. Le obligó a caminar hasta la habitación contigua.

Dentro de ella había una pequeña niña de ojos azules y cabellos rubios, sentada con un precioso vestido negro. Tenía las mejillas sonrojadas y miraba a Syaoran fijamente, maravillada.

Y es que, cualquiera que lo mirara se maravillaría. Ojos castaños y cabellos castaños, figura elegante. Camisa blanca, pantalones negros, botas negras de cuero negro y una capa de terciopelo.

-Syaoran…

Syaoran apretó los dientes con fuerza y se acercó a la pequeña.

Le acarició los cabellos y le preguntó su nombre.

-Ann…

Dios…

Que voz tan llena de inocencia… ¿Cuántos años tendría? ¿6, 7… 8?

Se arrodilló sabiendo que su madre lo miraba fijamente orgullosa. Le apartó sus rubios cabellos y se acercó a su cuello. Le lamió la suave piel infantil y quiso llorar.

-Usted… es un ángel… ¿vino a salvarme, verdad? Después de esto no tendré que sufrir más… podré ver a mis padres…

Syaoran tembló y entreabrió sus labios. Dios… ese timbre tan inocente, tan infantil que tenía su voz… lo torturaba demasiado. ¡Ella creía que era un ángel cuando le iba a arrebatar cruelmente la vida!

-¡Eriol-sama! ¡Qué honor que haya atendido a esta ceremonia!

-Es mi amigo después de todo… -sentía la mirada penetrante de Eriol. Si. Después de todo lo conocía bien. Sabía que era débil. Que aquella niña la torturaba, pero después de todo, ¿Qué Eriol no había pasado por lo mismo?

Hundió sus colmillos en la arteria de la pequeña, saboreó la sangre humana. Tibia… dulce…. Tan diferente a la fría de los vampiros.

La niña gritó y él despertó de su trance. Sacó sus colmillos, asustado y retrocedió. La sangre salía rápidamente manchando su camisa y sus manos. Se miró sus manos…

No… no era un ángel…

Era un asesino. Un monstruo. Un demonio. Un vampiro.

Gritó.

-¡Nadie se mueva! –escuchaba la voz lejana de su amigo, tan llena de orgullo, tan llena de autoridad. Se había acercado ondeando su capa, le dio una mirada tranquilizadora y se acercó a la pequeña quien estaba sollozando y no se movía. –Ann… escucha… mira mis ojos… -sus ojos se volvieron dorados y Ann lo miró. –Olvida… olvida todo lo que has vivido hasta ahorita… ahora.

La niña había caído dormida y Eriol la tenía en brazos.

-Meilling… tu sangre…

Meilling se acercó inmediatamente, se hizo un corte en su muñeca y dejo que cayera en la herida de la pequeña.

-Kaho… busca alguien que la acoja, antes de que despierte. Explica la situación, di la verdad. –Agregó- Esta niña… crecerá feliz. –había dicho entregándole a la niña.

Kaho, al ser una orden directa de un descendiente directo de la familia real de los vampiros, no podía desobedecer. Hizo lo que le pidió sin quejarse.

El príncipe se había acercado a Syaoran.

-Syaoran… todo está bien…

Syaoran había escondido su cara en su hombro. Había llorado asustado.

-SOY UN MONSTRUO…

-No, no lo eres…

-¡YA NO QUIERO SER UN VAMPIRO ME ESTA VOLVIENDO LOCO!

-Syaoran, morirás si sigues así… necesitas sangre…

-NO… prefiero morir a seguir siendo un monstruo…

Se miró sus manos ensangrentadas.

-Soy un monstruo… Eriol… sálvame…

Eriol apretó fuertemente los dientes. Se quitó uno de sus guantes blancos y acarició los cabellos de Syaoran.

-¿quieres olvidar? ¿Serías feliz si olvidaras? ¿Quieres ser humano?

Syaoran tembló pero asintió.

-Syaoran…

-Lo siento… madre… yo… no quiero… no puedo… más…

-Ieran…

-Eriol-sama… ¿es posible?

Miró a su hijo quien temblaba en brazos de su príncipe.

-Lo haré de todos modos, así es el deseo de Syaoran. –dijo mirándolo. –Pero… si tuviera su aprobación… nos daría un poco de paz, a ambos.

La dama vampira sollozó y asintió.

-Syaoran… -le murmuró al oído. –Cuando despiertes…. Todo estará bien… estarás con Ann… serás humano… y algún día… nos volveremos a ver… -se acercó y puso sus labios en su cuello. –Syaoran… duerme… cierra los ojos… sueña… -abrió los labios y le hundió los colmillos. Después se abrió su propia muñeca y se quitó un frasco que colgaba de su cuello, mezcló el líquido con su propia sangre y dejó que goteara en la herida que le había hecho. –olvida….

Lo último que vio…. Hubiera jurado que había sido un Dios oscuro, un ángel negro.

La próxima vez que abrió los ojos, lo hizo como un humano.

Creció con padres humanos adinerados y conoció a una niña de ojos azules y cabellos rubios, desconociendo que en el pasado, estuvo a punto de quitarle su frágil vida.

Años después, había vuelto a conocer a Eriol, y se había vuelto a convertir en su mejor amigo.

Fin del Flashback

-Eriol… -murmuró abriendo sus brillantes ojos dorados. –Yo… yo… lo siento… -dijo empezando a llorar… ah! Era tan débil…

Eriol. lo acercó a su cuello.

-Toma… tienes hambre, lo sé.

-Pero… tú eres…

-Soy tu amigo… eso es lo único que sé. Toma…

No quería hacerlo. Le debía demasiado a Eriol y además él era el príncipe de los vampiros.

Pero tenía tanta sed…

Eriol suspiró. Hizo crecer sus uñas y se abrió una herida. La sangre brotó de ella. Syaoran quedó hipnotizado por el líquido. Tibio… carmesí… escarlata…

Sus ojos se volvieron de ese mismo color, del color de la sangre.

Su cuerpo se movió solo y se dejó guiar por sus instintos.

Dios…

¡Qué bien sabía la sangre después de tantos años!

Tan dulce… tan fría… y tan cálida a la vez…

Honestamente jamás había probado la sangre de su amigo….

Y sabía tan…

La sangre corrió por sus venas despertando cada vez más sus instintos vampíricos.

Tenía que detenerse…

¿Por cuánto tiempo había estado tomando sangre?

De seguro ya había tomado demasiada.

A regañadientes se separó de su príncipe y lo miró.

Se limpió con la manga de la camisa su sangre.

Escuchó como tocaban la puerta.

La puerta se abrió.

-Syaoran… -sama… -dijo sorprendida pero después recuperó su compostura. Miró a Eriol.

-Kaho. –saludó Syaoran.

¡Qué diferentes parecían las cosas con sus ojos de vampiro!

Todo parecía más claro, más real.

Parecía que su vista había sido mejorada. Que su tacto se había hecho más elegante.

Si. Conocía todo aquello.

Kaho miró la camisa manchada en sangre de Eriol y la sangre brotando de la herida de su cuello que ya se estaba cerrando.

Miró a Syaoran quien había despertado como vampiro. Bien. Tenía que pasar tarde o temprano pero ese no era el problema. El problema era…

-Ojos color carmesí… piel blanca como el mármol… dos colmillos saliendo de sus labios… criaturas de la oscuridad, temerarios de la luz… ¡VAMPIROS! –dijo una voz temblorosa, cada silaba la dijo despreciablemente. Como si le asqueara decir aquella palabra.

Los tres vampiros voltearon inmediatamente. Una flecha iba hacía Syaoran, este no se movió, no la vio venir.

Kaho se movió…. Eriol también lo hizo…

Sangre.

La figura alta y bella de Tomoyo Daidouji entró con un arco en mano y lágrimas saliendo por sus ojos… ¿estaba llorando?

NOTAS DE LA AUTORA:

¡Hola!

Sip, yo otra vez. Aquí actualizando mi querida historia, "El ángel y el vampiro"

Lamento dejarlos con la duda de lo que paso al final… hehe.

Etto… bueno no tengo mucho que decir, salvo que lamento muchísimo tardarme tanto en actualizar…

Y muchas gracias por seguir leyendo mi historia y aun más, por sus reviews.

Arigatou:

Emiko.