Nota de la traductora:Los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.

Capítulo 7: Día 2: El fiasco de la natación


—¡RAMEN!

El día terminó rápidamente e Inuyasha llevó a Kagome y a Muteki a casa. Muteki había comido montones de ramen en casa de sus abuelos y Kagome estaba segura de que tendría dolor de estómago por la mañana. Inuyasha llegó al Templo y Kagome salió del coche y cogió a su hijo del asiento trasero. Muteki se había quedado dormido durante el viaje de vuelta.

—Ma-mami —gimió Muteki mientras rodeaba los hombros de Kagome con sus brazos.

—Shh, cariño, estamos en casa —murmuró Kagome.

Inuyasha cerró las puertas y los acompañó hasta el templo principal.

—Gracias, ha sido un día muy divertido —dijo Kagome mientras abría la puerta.

—¿Papá? —gimió Muteki a la vez que Inuyasha lo cogía de los brazos de Kagome.

—Nos vemos mañana.

Muteki bostezó mientras miraba a su madre.

—Mami, ¿vas a volver hoy a tu casa?

Kagome sonrió.

—Me quedo esta noche antes de volver.

—¿Puedo ir contigo? ¿POR FAVOR? —gimoteó Muteki.

Kagome reflexionó.

—Claro, sólo por nuestra semana de caza de papás.

—¡Wii! —dijo Muteki. Kagome entró, Inuyasha la siguió. Souta estaba viendo la tele y Korari estaba en el trabajo. Jii-chan estaba comiendo en la cocina.

—Oye, Souta, me llevo a Teki conmigo al apartamento —dijo Kagome.

—Claro.

—¿Puedes guardarle sus cosas mientras yo cojo las mías?

—Vale —dijo Souta mientras apagaba la tele e iba a coger la ropa y el saco de dormir para su sobrino.

—Papi —dijo Muteki mientras hundía su cara en el cuello de Inuyasha.

—¿Sí?

—¿Por qué mami y tú no vivís juntos? —preguntó Muteki. Kagome bajó las escaleras con dos bolsas de viaje en sus brazos. Le sonrió a Muteki, que le cogió su bolsa a Kagome.

—Soy fuerte mami.

—Claro que sí, cariño —Kagome le acarició la mejilla.

—Kagome —empezó Inuyasha mientras ella cogía a su hijo en brazos e Inuyasha tomaba ambas bolsas de viaje.

—¿Sí?

—Muteki… acaba de pedirnos que vivamos juntos.

Kagome abrió los ojos con sorpresa mientras miraba a su hijo, que la veía con ternura.

—Por favor, mami. Eso es lo que hacen los padres de Jason, vivir juntos.

Kagome gimió.

—Cariño, no puedo vivir con él hasta que no esté casada con él.

Muteki tenía lagrimillas en sus ojos.

—Pero… pero… él es, él es mi pa-papi.

Kagome abrió mucho los ojos mientras le daba palmaditas en la espalda.

—No llores Teki, por favor, no lo hagas.

—¡PERO YO QUIERO VIVIR CON MI PAPI Y CON MI MAMI! —Muteki gritó tanto que Souta llegó corriendo.

—¿Qué le pasa a Teki? —preguntó.

—Quiere vivir con mamá y papá. —Inuyasha sonrió.

—Demonios, te lo dije —dijo Souta mientras calmaba a Muteki y Kagome intentaba pensar en todo aquello.

—¿Le dijiste que deberíamos vivir juntos? —le preguntó Kagome a Inuyasha mientras Souta empezaba a contarle a Muteki la historia de la Shikon no Tama.

—No, simplemente me preguntó —dijo Inuyasha.

Kagome se frotó las sienes.

—No puedo abandonar a Sango.

—¿Así que abandonas a tu propio hijo? —Inuyasha arqueó una ceja.

—Te odio por hacerme esto —murmuró Kagome mientras sacaba su móvil.

—¿Sango?

—Kagome, ¿vienes ahora? —preguntó Sango.

—No, desafortunadamente, Muteki quiere vivir con papá.

—¿Hablas en serio?

—Totalmente. Así que ahora voy a vivir con el infame Takahashi.

—Oh, mierda, pago extra para mí, pero supongo que es bueno para tu hijo.

—Gracias por entenderlo, Sango.

—¿Entenderlo? Chica, tienes que venir y explicarme todo esto cinco veces antes de que lo entienda.

—Lo haré, hasta luego.

—Ja.

Kagome colgó y cogió a su hijo en brazos.

—Muteki, vamos a vivir con papi durante la semana que viene.

—¡YUPI! —chilló Muteki.

—¿La semana que viene? —Inuyasha arqueó las cejas.

—No voy a dejar a Muteki en tu casa todo el tiempo, va a quedarse en casa de mamá cuando estemos en el trabajo y luego voy a ir a recogerlo cuando vuelva a casa del trabajo.

Inuyasha suspiró.

—Me parece justo.

—Y si no me caso contigo, Muteki vuelve al Templo y yo me vuelvo con Sango.

—Hecho —dijo Inuyasha mientras llevaba sus bolsas al coche. Kagome abrazó a su hermano—. Llamaré a mamá mañana y le explicaré todo. Sólo dile cuando venga a casa que se vaya a dormir pronto y llámame si necesitas que te lleve mañana.

—O mejor aún, dame las llaves de tu coche. Nee-chan, tengo carnet, ¿sabes?

Kagome suspiró mientras sacaba sus llaves del coche y se las daba a Souta.

—¿Y cómo voy al trabajo?

—Mis coches —dijo Inuyasha.

—De repente, el mundo está en mi contra—murmuró Kagome mientras llevaba a su hijo al coche de Inuyasha.

—Adiós, Kagome.

—Jódete, Inuyasha —murmuró Kagome mientras le ponía el cinturón a su hijo.

—Sí, sí, parece que decimos eso mucho, ¿no?

Kagome frunció el ceño mientras miraba por la ventana. Suspiró al mirar el dedo anular, donde un anillo de compromiso lo había adornado una vez… pero luego, ella había roto el compromiso… para estar con Inuyasha… pero él rompió su relación… para estar con Kikyo…

—¿Qué pasa? —preguntó Inuyasha.

—Estoy pensando.

—¿En?

—Sólo estoy pensando.

—Ésa es la cosa más estúpida que puede decir alguien —bufó Inuyasha.

—Estoy pensando en lo de hace cuatro años.

—¿Qué incidente de hace cuatro años?

—Naraku.

—Oh, él.

—Sí, él.

—¿Sabes qué está haciendo ahora?

—Ni idea, ni me importa. Rompí con él, ¿no?

—Porque…

—No lo amaba.

—¿A quién amabas?

—Cállate y conduce —gruñó Kagome e Inuyasha se encogió de hombros. Da igual, pensó mientras seguía conduciendo hacia la mansión. Llegaron alrededor de las diez y Kagome llevó a Muteki a su antiguo dormitorio de la mansión. La habitación que ocupaba siempre que se quedaba a dormir… Inuyasha tenía razón, su habitación no había cambiado.

Estaba pintada de un débil color azul y tenía una gran cama en el medio. Un aparador estaba unido a la cama y había una mesilla de noche a cada lado de la misma. Un edredón de color azul bebé estaba doblado a los pies de la cama. El cuarto de baño estaba del lado izquierdo y había un armario en el lado derecho de la habitación. Había una gran ventana justo detrás del cabecero.

Kagome puso a Muteki en la cama y lo cubrió con el edredón. Entró en el baño y se puso su camisón. Se puso la bata y bajó las escaleras, vio a Sesshomaru, Inuyasha, Rin, Izayoi y a Inutaisho sentados en el sofá hablando en voz alta. Inuyasha estaba en bóxers y tenía puesta una camiseta, Rin llevaba un camisón y Sesshomaru sólo llevaba bóxers. Inutaisho e Izayoi llevaban ropa adecuada.

—Buenas noches, Kagome —dijo Rin mientras se levantaba y abrazaba a su vieja amiga.

—Buenas noches, Rin —Kagome le sonrió y le devolvió el abrazo.

Sesshomaru se levantó y le estrechó la mano a Kagome, ésta tuvo que contener la risa.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.

—Sesshomaru Takahashi, en bóxers, sin camisa, y a punto de anochecer, está estrechándole la mano a mí, Kagome Higurashi, a quien conoce desde el instituto.

Sesshomaru rio y abrazó a Kagome.

—¿Mejor?

—Mucho, ¿cómo está Riku?

—Durmiendo, igual que Teki —dijo Izayoi.

Kagome asintió y se sentó al lado de Inuyasha, que le tendió un plato de galletas. Cogió una y la empezó a masticar a la vez que Inutaisho empezaba a hablar una vez más.

—Como iba diciendo —dijo Inutaisho—, cuando Kagome e Inuyasha se casen… —Dejó de mirar a Kagome, que estaba mirando fijamente a su galleta. No podía negarlo. Muteki estaba muy enamorado de Inuyasha y haría falta el diablo para hacer que lo odiara. Iba a casarse, probablemente, con Inuyasha, estaba segura de ello.

—Sigue —susurró Kagome.

Inuyasha sonrió al oírle decir eso.

—Cuando Kagome e Inuyasha se casen, Muteki será legalmente un Takahashi y la otra mitad de nuestro imperio la recibirá Inuyasha, que podrá seguir desarrollándolo donde quiera. He planeado que, si Sesshomaru se desarrolla en la parte este de Japón e Inuyasha en la oeste, entonces dominaremos prácticamente todo Japón.

—Se ha vuelto loco —murmuró Rin en dirección a Izayoi, que se rio.

—Después de eso, cuando Muteki y Riku tengan 18, heredarán las acciones de sus padres —Inutaisho asintió en dirección a Sesshomaru e Inuyasha—, y se extenderán más lejos incluso, haciéndonos ser lo más alto de la línea Imperio.

—Guau, tenéis todo planeado —observó Kagome.

—Así es, querida —Inutaisho sonrió.

—¿Y nada de esto funcionará si Muteki no es legalmente un Takahashi?

—No, no lo hará —respondió Inutaisho.

—Supongamos que no os doy a Muteki, ¿pondréis una denuncia contra mí?

Izayoi se levantó y abrazó a Kagome.

—No lo haremos, cariño. Tu hijo es tu hijo y él era tuyo antes de que Inuyasha supiera que existía. Lo que pasó hace cuatro años no fue sólo culpa tuya, también fue culpa de Inuyasha.

Kagome suspiró.

—Me voy a la cama —dijo antes de levantarse y encaminarse hacia su habitación.

Izayoi la miró fijamente.

—Pobre niña, le rompe a uno el corazón. Tiene tanto peso encima, su hijo, su familia, las facturas…

—Pero si se casa conmigo no tendrá que preocuparse de eso —replicó Inuyasha.

—Me temo que la hemos metido en un lío, Inutaisho —le dijo Izayoi a su marido—, hemos puesto más carga sobre sus hombros.

—Pero si el chico no tiene un padre pronto, y se hace lo suficientemente mayor como para entender, cuando Kagome empiece a volver a tener citas, será exigente con el tipo de hombre que querría al estar expuesto sólo a sus tíos.

Izayoi asintió ante el razonamiento de su marido.

—Bueno, nos vamos a la cama, buenas noches.

—Buenas noches —dijeron los tres cuando Inutaisho e Izayoi se fueron a la cama. Inuyasha suspiró y se bebió un vaso de agua.

—Esto es el infierno.

—Lidia con él, la dejaste por Kikyo, no al revés —dijo Sesshomaru mientras llevaba a su mujer a la cama…

Inuyasha se frotó la cara con las manos. Tiene razón, fui yo el que la dejó,pensó mientras los recuerdos de lo que había pasado hacía cuatro años inundaban su cerebro. Negó con la cabeza. No, no puedo pensar en eso ahora, en lo que tengo que concentrarme es en hacer que Kagome y Muteki sean míos. Con esos pensamientos, se levantó y se fue a la cama.


Kagome se levantó con el sonido del despertador. Empezaba a trabajar en una hora y tenía que prepararse. Fue a darse una ducha y a lavarse los dientes. Sólo le llevó quince minutos. Después, cuando su pelo estuvo recogido en una toalla, se puso la ropa que había traído de casa, unos vaqueros de la marca Capri y una camiseta ajustada roja. Se secó el pelo y se lo recogió en un moño. Cogió a Muteki, que murmuró algo antes de apoyar la cabeza en su cuello, y salieron.

Había bajado unas cuantas escaleras cuando, de repente, oyó a alguien detrás de ella. Se dio la vuelta y se encontró con Inuyasha detenido delante de ella.

—Buenos días —saludó.

—Buenos días, ¿adónde vas?

—A trabajar —dijo. Inuyasha le tendió un par de llaves.

—Tu coche de ahora en adelante.

Kagome asintió y siguió bajando las escaleras. En cuanto llegó abajo, se dirigió a la puerta principal, entonces sintió un brazo en su hombro.

—¿El desayuno? —dijo Inuyasha.

—No lo tomo —murmuró Kagome mientras se ponía los zapatos para irse. Inuyasha se encogió de hombros y fue a tomar el desayuno antes de irse. Kagome pulsó el botón de apertura del coche y oyó que se encendía un coche en un garaje lleno de miles de ellos. Puso a Muteki en el asiento trasero antes se sentarse delante. Se marchó rápidamente para llevar a Muteki e ir al trabajo.


Todos habían salido de trabajar. Sesshomaru, Rin y su hijo Riku habían ido a comer fuera y Kagome había ido a recoger a su hijo a casa de su madre. Muteki entró en el coche y se puso el cinturón.

—Mami, ¿por qué estaba en el Templo?

—Porque no hay nadie en casa de papá y yo quería que estuvieses con alguien que pudiese cuidar de ti.

—Oh —dijo el niño como si hubiera entendido todo lo que había dicho. Llegaron a la mansión y Kagome aparcó su coche y le abrió la puerta a su hijo que salió corriendo. Iba unos pasos por delante de Kagome y ésta tuvo que correr para seguirle el paso.

Kagome empujó la puerta y Muteki corrió y chocó contra las piernas de su "abelito".

—¡ABELITO! —chilló Muteki cuando Inutaisho lo cogió y lo lanzó al aire.

—Muteki, ¿qué tal? (N.T.: la frase what's up?, significa ¿qué tal?, pero Muteki lo entiende como ¿qué hay arriba? Up significa arriba.)

—El cielo.

—No, el techo. —Inutaisho sonrió.

—Más alto que el techo está el cielo —dijo Muteki.

—No, el Sol.

—Eso también.

Inutaisho le besó la frente y luego abrazó a Kagome.

—Inuyasha volverá a casa pronto, tenemos una piscina en el patio.

—¿Te dijo lo del día dos? —preguntó Kagome.

—Sí. —Se rio y se fue.

Kagome meneó la cabeza y subió las escaleras con su hijo. Le ayudó a ponerse el bañador y Kagome se puso un bikini rojo. Se colocó una toalla en la cintura mientras bajaba las escaleras con Muteki y se dirigieron a la cocina.

—¿Qué te gustaría comer?

—¡Pizza! —gritó Muteki.

—Cariño, no creo que tengan piz… —pero el cocinero sacó un trozo de pizza de la nevera y se lo dio a Muteki.

—Una vez más, pudieron. —Kagome rio mientras comía un pequeño bol de sopa. Después de comer, Kagome llevó a Muteki a la piscina del patio. A diferencia de cuatro años atrás, habían extendido la piscina y habían instalado una piscina de niños para Riku y un jacuzzi para los mayores.

—Guau. —Muteki tomó aire y saltó a la piscina de niños. Incluso a la tierna edad de tres años, Muteki sabía flotar y hacer el muerto de espaldas. Pero nadar aún no estaba entre sus habilidades.

Kagome rio mientras se sentaba en el borde de la piscina de niños, sus pies colgaban por la orilla.

—Con cuidado, cariño —dijo cuando él empezó a flotar. Muteki se levantó, corrió hacia ella y la salpicó con el agua. Kagome gritó y salpicó a Muteki, la cadena siguió hasta que…

—¡AH! —gritó Kagome cuando sintió que la levantaban. Miró a la persona y descubrió que era Inuyasha, que estaba en bañador y sonriéndole.

—Hola —dijo.

—¡Suéltame!

—Encantado. —Y la soltó, dejándola caer al fondo de la piscina.

—INUYA… —Sus palabras se vieron ahogadas cuando cayó en el agua. Muteki empezó a reír a carcajadas. Inuyasha se rio cuando la cabeza de Kagome salió del agua.

—¡MALVADO! —gritó a la vez que le salpicaba.

Inuyasha saltó al agua y salpicó a Kagome. Kagome lo miró con ira y le sumergió la cabeza en el agua. Mientras estaba bajo el agua, Inuyasha le agarró las piernas y la impulsó hacia abajo. Kagome gritó, le golpeó salvajemente y nadó hasta el poco profundo fondo. Muteki se reía como una hiena al ver a sus padres matándose mutuamente. Kagome salió de la piscina y se sentó en la de niños para intentar que Muteki parase de reírse a carcajadas.

—Cálmate, cariño. —Se rio. Muteki se reía cada vez más y Kagome levantó la vista justo cuando Inuyasha le vació un cubo lleno de agua fría en su cabeza.

(N.A.: como sabéis, estamos a mediados de septiembre, así que la piscina está en el interior. Cuando el agua se calienta un poco más, los Takahashi abren el techo para crear una piscina exterior.)

—¡MUERE! —gruñó Kagome cuando se levantó y empujó a Inuyasha dentro de la piscina.

—Mami, dijiste que si no nos gustaba el papá lo empujaríamos dentro del lago, ¿no? —preguntó Muteki a la vez que salía de la piscina de niños.

—Sí.

—¿Vale empujarlo a una piscina?

Kagome se rio.

—Puede.

—Pero me gusta mi papá.

Inuyasha salió del agua y cogió a Muteki.

—A mí también me gustas, Teki.

Kagome se rio al verlos saltar a la piscina de niños. Tenía que admitir que estar con Inuyasha y Muteki la hacía feliz… aunque le odiase. Entró al jacuzzi y lo encendió, haciendo que empezaran las burbujas. Después de quince minutos de pelear en el agua, Muteki e Inuyasha se unieron a ella.

—¡COSQUILLAS! —gritó Muteki cuando sintió las burbujas contra su suave piel.

—Ese es el objetivo. —Inuyasha sonrió mientras se sentaba.

Kagome bostezó.

—Y, ¿cuál es nuestro plan para mañana?

—Día de padres —dijo Muteki.

—¿Y pasado mañana? —preguntó Inuyasha.

—Entonces eliges tú —dijo Kagome.

—Y digo el parque de atracciones. —Inuyasha sonrió.

—¡YUPI!

—¿Y después de eso? —preguntó Inuyasha.

—Mi elección… eh… esperemos hasta entonces —dijo Kagome mientras se estiraba.

—Vale —dijo Inuyasha mientras Muteki se sentaba.

Se quedaron callados durante un ratito, luego el pequeño habló:

—Mami…

—¿Sí? —dijo Kagome mirando hacia él.

—Acabo de hacer pis…

—¡OH, MIERDA! —bramó Inuyasha a la vez que salía del jacuzzi. Kagome también salió y Muteki empezó a reírse a carcajadas.

—¿Qué? —preguntó Kagome.

—No hice pis.

Inuyasha y Kagome intercambiaron miradas juguetonas.

—Oh, ¿de verdad? —dijo Inuyasha mientras Kagome empezaba a acercarse a Muteki.

—Eh…

—¡A POR ÉL! —gritó y se lanzó hacia Muteki. Muteki gritó cuando Inuyasha lo cogió y lo dejó colgando bocabajo. Kagome palmeó el trasero de Muteki—. ¿Muteki?

—¿Sí? —Se rio.

—¡Pequeño Diablo! —Kagome se rio mientras Inuyasha lo ponía otra vez del derecho.

Muteki se rió.

—¡Estaba bromeando!

Inuyasha sonrió.

—¿Qué tal un pequeño banquete?

—¿Banquete? —preguntó Kagome.

—Cambiaos y secaos —ordenó y Kagome frunció el ceño.

¿Qué va a hacer?


Sesshomaru, Rin y Riku llegaron a casa. A Riku le presentaron a su tía Kagome y enseguida les cogió cariño tanto a Kagome como a Muteki. En ese momento, Rin estaba bañando a Riku y Sesshomaru se estaba encargando de algunos asuntos. Izayoi e Inutaisho estaban en su habitación.

Kagome y Muteki entraron en la cocina y se encontraron con Inuyasha, que llevaba un gorro de chef y tenía tres cuencos junto a él.

—¿Qué está haciendo Chef Papá? —preguntó Kagome.

—Se llama helado de chocolate —dijo Inuyasha mientras se besaba los dedos.

—Oh, suena rico —dijo Muteki mientras se sentaba en una silla. Inuyasha se volvió, llevando los tres cuencos en las manos. Le tendió uno a Kagome, otro a Muteki y el último se lo puso delante.

—Probadlo —dijo.

Muteki y Kagome se metieron la cuchara en la boca dubitativamente, pero ambos se murieron con el sabor.

—¡Oh, riquísimo! —Muteki sonrió mientras se comía su parte.

—¿Qué es? —preguntó Kagome.

—Mi pequeño secreto. —Inuyasha sonrió.

Kagome se encogió de hombros y terminó de comerse el postre. Muteki se dio una palmadita en el estómago y le sonrió a su madre.

—¿Podemos ver "Un canguro superduro"?

—Oh, acabamos de comprársela a Riku, es un película muy buena —dijo Inuyasha.

—¿Te dijo Jason el nombre de la película? —preguntó Kagome. Muteki tenía guardería medio día, y Korari lo llevaba allí todos los días. Era un estudiante de tarde, desde el mediodía hasta las tres.

—Me lo dijo Ken, dijo que ya la había visto.

Kagome se encogió de hombros.

—De acuerdo entonces.

Después de asearse, los tres se sentaron en el sofá mientras Inuyasha ponía el DVD. Empezaron los créditos iniciales y Muteki se enamoró instantáneamente de toda la acción.

Hacia la mitad, Muteki se quedó dormido, pero Inuyasha y Kagome siguieron viendo la película. Muteki estaba acurrucado en el regazo de Kagome, ésta cabeceaba de vez en cuando. Inuyasha levantó su mano y le apoyó la cabeza en su hombro. Ella suspiró, pero le dejó hacerlo.

¿Así es como se siente una familia de verdad? Pensó Kagome.