Pues más vale tarde que nunca, es la primera vez que me enfermo en este año y la. Recado es que no lo extrañaba. En fin. Este capítulo fue escrito hace muuuuuuuuuuuuuuchos años, cuando no tenía aún mucha idea de lo que quería de esta historia, pero la. Edad es que después d un tiempo fue encajando. Y me gustó, no voy a mentir. Es un capítulo bastante corto, pero el siguiente lo compensará.
Por cierto, no es que no tenga idea de a lo que quiero llegar con esta historia, es más bien que no he decidido completamente. La idea original era sacar una guerra o problema contra algún Dios del Olimpo, pero nunca decidí contra qué deidad. Luego pensé en usar una idea que tenía para otro fic que escribí pero nunca terminé, y ese era un crossover con la historia de Diablo II. Me sigue gustando la idea, el problema es que el juego es bastante largo y hace mucho que no lo juego, y no sé si tenga el tiempo y las ganas de volver a chutármelo para sacar la historia, y la tercera es una idea original que no tiene que ver con Dioses ni crossovers. Los detalles todavía tienen que ser afinados, pero por el momento esto todavía no me molesta porque falta un buen rato para llegar a ese punto. En fin. Como dije en el summary, por el momento esta historia es de un maestro y una alumna, quizá la aventura empiece en un fic continuación, o quizá lo siga en este mismo, como un fic bastante largo que es lo que siempre quise escribir. Ya se verá.
Un saludo.
Alfa Lázcares
De cómo intentamos superar mi miedo a las alturas
Caía la tarde.
—¿Estás lista?
—¿Para qué?
—Entrenamiento.
—¿A ésta hora?
—A ésta hora. Hay algo que todavía no superas y ya es momento.
Alfa enarcó una ceja, luego comprendió. Tragó saliva y terminó por asentir.
—Al matadero —dijo.
Saga esbozó una media sonrisa. Lo siguiente que supo la chica, fue que él había abierto un portal a otra dimensión que los llevó a la cima de unas montañas. Ella no podría decir dónde se encontraban. De hecho, por un momento su mente quedó en blanco. El paisaje era casi irreal. De verdad estaban en la cima de una montaña, una muy alta. Metros y metros hacia abajo era lo único que ella podía ver en tres direcciones. El camino a un lugar más seguro estaba bloqueado por Saga. El joven Santo mantenía su cosmo encendido, evitando así que el viento los empujara en todas direcciones. Estaba rodeando a la joven con sus brazos mientras ella se aferraba a sus hombros.
—Saga… sácame de aquí —murmuró la chica.
—No.
—Por favor.
—No —Saga sabía que ella estaba a punto de tener un ataque de pánico. —Alfa, escúchame. Todo está bien.
—¿Cómo puede estar bien?
—Porque yo estoy en control. Más aún, yo controlo la situación. No te voy a dejar caer, ni voy a dejar que te pase nada. ¿Confías en mí? Mírame, Al.
La joven levantó la mirada pero sin mover ningún otro músculo.
—Ahora concéntrate, Alfa. Estoy aquí y no te voy a soltar. ¿Entiendes?
Alfa asintió con la cabeza.
—Bien. Enciende tu cosmo.
—Apenas si puedo respirar, ¿y quieres que encienda mi cosmo? Are you out of your mind?
—Al menos me estás contestando. Eso es buena señal. Vamos, enciende tu cosmo o nos quedamos aquí todo el día. Puedes hacerlo.
La chica suspiró, cerró los ojos y se aferró con mayor fuerza a los hombros de Saga. Él se acercó un paso más a ella. Alfa, titubeante, logró encender su cosmo.
—Bien. Ahora, sabes que con el cosmo encendido no te va a pasar nada, ¿cierto?
Alfa asintió.
—Bien, entonces, suéltame.
—¿Estás loco?
—Sí. Pero esto no se trata de mí. Vamos, suéltame, yo no te voy a soltar.
—¿Cómo lo sé?
—Porque te lo prometo. No te voy a soltar.
Alfa lo miró a los ojos, luego echó un vistazo a su alrededor y regresó la vista a él. Asintió y con reticencia comenzó a soltarlo.
—Bien. Ahora, estás segura. Lo sabes. Sí, sí estamos en la cima de la montaña, pero tenemos nuestro metro cuadrado de tierra firme. Dame la mano —Saga soltó su abrazo y le tomó una mano, luego la otra. Alfa se aferró a ellas.
—¿Por qué tengo la sensación de que vas a hacer algo… que no me va a gustar? ¿Me vas a empujar?
—No. Pero tienes razón, sí voy a hacer algo. Ponte en esta situación: Estás en el campo de batalla. Lograste arrinconar a tu enemigo al borde de un precipicio. Le das un golpe final y tu enemigo pierde el equilibrio y cae. Pero no cae solo —el joven soltó las manos de Alfa. —Se lleva consigo a tu compañero, que no había podido luchar, por estar herido —dicho eso, Saga se dejó caer.
Para Alfa pasó en cámara lenta. Lo vio dar un par de pasos atrás para luego desaparecer de su campo visual. Casi pudo sentir cómo su corazón se saltaba un latido.
—¡No! —gritó y cayó de rodillas.
Eso había sido por completo inesperado. Alfa casi enterraba sus uñas en la tierra, pero se obligó a gatear a la orilla y mirar hacia abajo. Un par de metros hacia abajo se encontraba el Santo. Se sujetaba de un borde con una sola mano. La miró a los ojos.
—Tu compañero pudo sujetarse, pero no puede escalar, tiene un brazo roto. ¿Qué harías Alfa? ¿Me salvarás?
—No puedo —murmuró.
—Alfa, escúchame. Yo no puedo subir. Tienes que ayudarme.
—¡Yo no puedo!
—¡Sí puedes! Te pedí que confiaras en mí y lo hiciste. Ahora yo necesito confiar en ti. No me puedo quedar aquí mucho tiempo. Necesito que me ayudes.
Alfa negó con la cabeza.
—No puedo.
—¡Olvídate de esas malditas palabras! Alfa ayúdame.
Saga apagó su cosmo, ahora dependía sólo de la fuerza de su brazo.
—No… Saga.
—No puedo quedarme aquí mucho más. Alfa, me voy a soltar. ¿Me dejarás caer?
—No hagas esto…
—¡Ayúdame!
—¡No puedo!
—Alfa, ayúdame por favor.
—Saga, no.
—¡Alfa! ¡Me voy a soltar!
—¡No! ¡Saga, no!
Y era verdad, Saga en serio se estaba soltando.
—Alfa, es en serio, ya no puedo.
—¡No digas eso!
—Ayúdame. ¡Alfa!
La chica tragó saliva con dificultad. Ahora le estaban dando náuseas. Una corriente de aire los golpeó, inclemente.
—¡Alfa!
—¡No!
Saga se soltó.
Y Alfa no supo cómo lo hizo, pero bajó los metros que la separaban de él y lo sujetó del brazo en el último momento. Se quedaron ahí, colgando, algunos segundos. El rush de adrenalina corría por las venas de ambos. Alfa bajó la mirada. Saga sonreía. Alfa negó con la cabeza. De un impulso, logró que Saga llegara a su altura, luego ambos recorrieron el corto camino que los llevó a la cima. Alfa se dejó caer en el piso y miró hacia arriba.
—Gracias por salvarme.
—Eres un salvaje.
—Pero logré que te movieras.
—Perfecto. Ahora sácame de aquí.
Saga asintió, la ayudó a levantarse y ambos pasaron por el portal que se abrió. Aparecieron dentro del templo de Géminis. Alfa se alejó unos pasos de él.
—De verdad te soltaste.
—Sí. ¿Pensaste que no lo haría?
Alfa se giró a mirarlo, se acercó a él y le soltó tremendo bofetón que resonó en el silencioso templo. Saga no hizo ningún gesto.
—Eres un imbécil —le dijo antes de abrazarlo. —Jamás vuelvas a hacer una estupidez del estilo.
Saga le regresó el abrazo.
—Lo acepto, me lo merecía. Pero tienes que saber que confío en ti. Sabía que no me ibas a dejar caer.
—Pero si se te ocurre otra vez, te dejo.
