CAPITULO 7
–Itachi me ha contado que os visteis unas cuantas veces después de que Hinata y yo nos casáramos –murmuró–. Me dijo que fuiste muy... agradable con él. ¿Cómo de agradable, dime?
Sakura forzó una sonrisa para encubrir las emociones que se revolvían en su interior: rabia, dolor, indignación...
–Me advertiste que me mantuviera alejada de él, pero fue Itachi quien me llamó, quien dijo que quería verme –apuntó en un tono provocador.
Los ojos de Sasuke relampaguearon.
–Pequeña zorra... –masculló, acercándose a ella–. Te acostaste con mi hermano para vengarte de mí... ¡sólo porque me casé con tu mejor amiga!
Sakura no se dejó amilanar.
– ¿Sabes, Sasuke?, crees que todo gira en torno a ti, pero no es así. Ése es otro de los motivos por los que Itachi vale mil veces más que tú; porque no es un déspota arrogante como tú.
–Cada vez que abres la boca es para escupir veneno –la acusó Sasuke, deteniéndose frente a ella.
–Al menos yo no tengo un doble rasero –le espetó Sakura–. ¿Tú puedes insultarme a mí pero yo no tengo derecho a defenderme?
Sasuke la miró furibundo, resoplando, como si estuviera conteniendo a duras penas su irritación. Se giró sobre los talones, cruzó el pequeño salón en dos zancadas y volvió a sentarse en el sofá. Durante un buen rato permanecieron en silencio, los ojos de él fijos en el suelo; los de ella en las manos de él, apretadas sobre sus muslos.
Esas manos podían ser crueles pero también tiernas, hacerla estremecer... y a la vez arder de deseo.
–No insistas más, Sasuke; no vas a hacerme cambiar de opinión –le dijo con firmeza.
Luego se dio la vuelta. No quería ver la expresión de su rostro cuando se diese cuenta de que le había fallado a su madre ni sentirse culpable.
–Sakura, yo... lo siento, ¿de acuerdo?
La joven dio un respingo al oír su voz justo detrás de ella. No lo había oído levantarse ni cruzar la habitación. Se volvió vacilante hacia él, y Sasuke suspiró antes de apartarse un mechón oscuro que le había caído sobre la frente. Sakura se sintió mal al ver el cansancio en su mirada.
–No sé por qué te he atacado así. Me había jurado que no dejaría que lo que ocurrió entre nosotros se interpusiera. No era mi intención en absoluto ser grosero –le dijo con una sonrisa.
En otras circunstancias a Sakura aquella sonrisa le habría parecido irresistible, pero ese repentino cambio en su actitud hizo que desconfiara, y de pronto cayó en la cuenta de lo que Sasuke estaba tratando de hacer.
–Pretendías ser amable conmigo para que accediera a organizar esa boda –murmuró.
Un ligero rubor tiñó las mejillas de Sasuke y Sakura sintió que la ira se apoderaba de ella.
– ¿Hasta dónde estabas dispuesto a llegar?
–Compréndelo, Sakura; estoy preocupado por mi madre –le dijo Sasuke, levantando las manos.
–Así que habrías hecho cualquier cosa para convencerme –musitó ella con amargura–; habrías empleado tu encanto para seducir a la tonta de Sakura y...
–No –la cortó él con aspereza–; no habría llegado tan lejos.
No, por supuesto que no; acostarse con ella para conseguir sus propósitos sería demasiado degradante para él.
–Ya; pues por suerte para ti tampoco te hará falta rebajarte hasta esos extremos. Te daré el nombre de alguien que puede organizar la boda: las hermanas a las que les traspase Dream Occasions.
– ¡No! –Casi le gritó él, lleno de frustración–. Eso ya lo he intentado, pero mi madre insiste en que tienes que ser tú. Confía en ti y está demasiado delicada como para discutir con ella –masculló, pasándose una mano por el cabello.
De modo que había intentado convencer a su madre para que buscasen a otra persona. Parecía que no había exagerado en lo que le había dicho sobre su estado de salud. Sakura sintió que estaba a empezando a ablandarse.
–Te lo ruego, Sakura, ayuda a mi madre con esto; el chico no será problema –le insistió Sasuke–. Ya pensaremos en algo.
Verdaderamente estaba desesperado. Mikoto debía de estar muy mal para que se hubiese rebajado incluso a suplicarle. Lo sentía de verdad por su familia y por él, pero tenía que pensar en Naruto.
«Pero él ya ha visto a Naruto», pensó. «Lo ha visto y no se ha dado cuenta». ¿Podría arriesgarse? Sakura se mordió el labio, intentando hallar la manera de ayudar a Mikoto y no desvelar el secreto que le había ocultado a Sasuke durante esos cuatro años.
–No se trata sólo de Naruto –dijo–. ¿Qué pasaría con mi negocio?
Sasuke, al percatarse de que había logrado abrir una brecha en sus defensas, dio un paso adelante y la miró a los ojos.
–Sólo serían un par de semanas.
–Yo... no sé, Sasuke.
–Escucha, doblaré la cantidad del cheque que te ofrecí esta maña...
Justo en ese momento lo interrumpió su teléfono móvil, y Sakura casi suspiro de alivio. Dios, debía de estar loca. ¿Y si se descubriera la verdad? No, no podía hacer aquello, por mucho dinero que le ofreciese.
Casi. ¡Casi había logrado convencerla!
Sasuke soltó entre dientes una retahíla de improperios en griego mientras sacaba el teléfono de su bolsillo. Al ver el número, un escalofrío le recorrió la espalda.
Se dio la vuelta y se alejó de Sakura al tiempo que contestaba.
– ¿Mamá? ¿Qué ocurre?
–Sasuke, tengo un dolor metido en el pecho que no se me quita. Itachi y Ino van a llevarme al hospital.
– ¿Ha llamado Itachi a tu médico?
–Sí; se reunirá con nosotros en el hospital. Dice que probablemente tenga que permanecer ingresada en observación un par de días. Oh, Sasuke, ¿qué voy a hacer?
Sasuke se mordió el labio y fijó la vista en la ventana, a través de la cual sólo se veía la oscuridad de la noche.
–Descansar –le contestó en un tono suave pero firme.
–Pero... ¿y la boda? ¿Cómo vamos a...?
–No te preocupes más por eso; lo tengo todo bajo control –mintió Sasuke, lanzándole una mirada furibunda a Sakura por encima del hombro.
– ¿Sakura te ha dicho que lo hará? ¡Oh, Sasuke, eso es maravilloso! No te imaginas la tranquilidad que me da saber eso. Tráela al hospital en cuanto lleguéis. Tengo que hablar con ella para decirle todas las cosas que hay que hacer, los sitios donde he pensado que podríamos celebrar el banquete...
Sasuke no dijo nada. No podía decirle a su madre que le había fallado. Cuando llegase a Auckland pensaría en el modo más suave de decirle la verdad, de admitir que no había conseguido convencer a Sakura.
Por más que lo intentaba no alcanzaba a imaginar por qué tenía su madre esa fijación con ella, por qué de todas las mujeres que había en el mundo había tenido que escoger a la que había destruido su matrimonio para organizar la boda de Itachi.
Claro que su madre jamás reconocería la culpa de Sakura en lo que había ocurrido; siempre había dicho que si Hinata se había marchado, tenía que haber sido por su propia voluntad. Sasuke estaba convencido de lo contrario, pero jamás le había contado a nadie lo que había ocurrido la noche antes de la boda.
–Podrás hablar con ella de todo lo que quieras, pero ahora no quiero que te preocupes más, ¿de acuerdo? –Le dijo a su madre–. Yo me ocuparé de todo.
Sakura se encontró conteniendo el aliento mientras escuchaba a Sasuke hablar por teléfono con su madre, el rostro pálido, las facciones tensas.
Sintió una punzada de culpabilidad al verlo pasarse una mano por el cabello, angustiado, y cuando sus ojos se posaron desesperados en la oscuridad de la noche tuvo que contenerse para no correr a su lado, ponerle una mano en el hombro, darle palabras de aliento... cualquier cosa por disipar su aflicción.
– ¿Mamá? ¿Mamá? ¿Me oyes? –La llamó casi frenético, pasándose de nuevo la mano por el cabello–. No, no contestes. No hagas esfuerzos; estaré allí en enseguida.
Colgó el teléfono y se volvió hacia Sakura con expresión sombría.
–Tengo que volver a Auckland. Mi madre...
La voz se le quebró y no fue capaz de terminar la frase.
Sakura se sentía fatal. Sasuke no había exagerado ni le había mentido, y todo ese tiempo que había desperdiciado allí intentando convencerla debería haberlo pasado en Auckland, cerca de su madre.
¿Y si Mikoto moría? ¿Y si Sasuke no llegaba a tiempo y no podía darle siquiera el último adiós?
Sakura sabía que no podría perdonarse jamás si aquello ocurriera.
Presa del remordimiento, fue junto a él y le tocó la manga.
–Iré contigo, Sasuke.
«Por favor, Dios mío, no dejes que Mikoto muera», rogó para sus adentros.
Después de que Sakura llamará a Tentenpara dejarla a cargo de Chocolatique hasta su regreso, y de hacer su maleta y la de Naruto, salieron en dirección a Auckland en el coche de Sasuke.
Durante el viaje Sasuke llamó a Itachi para saber cómo seguía su madre, y éste lo tranquilizó asegurándole que había sido sólo un amago de infarto.
Sakura comprendía muy bien el temor de Sasuke de perder a su madre porque ella también lo había experimentado, y conociéndolo imaginaba lo difícil que debía de ser para él, que estaba acostumbrado a tenerlo siempre todo bajo control, sobrellevar aquello.
Al llegar al caserón victoriano que era el hogar de los Uchiha's, Sakura se estremeció cuando se bajó del coche y alzó la vista hacia la fachada, que se recortaba contra el cielo nocturno.
Aquella casa albergaba recuerdos que le gustaría poder borrar de su mente, como el hecho de que durante un corto periodo de tiempo Hina había vivido en aquel lugar con Sasuke.
Incluso Jiraiya, el viejo mayordomo, seguía allí. Fue quien salió a recibirlos para sacar su equipaje del maletero y llevarlo a la casa.
–Vamos, Sakura.
