¡Buenos días! Perdonad la tardanza. No os puedo prometer nada, ya que no sé cuándo subiré el siguiente. Sólo os pido que seáis pacientes :)
Antes de que empecéis a leer, he de decir que los personajes no me pertenecen, sino que son de OUAT ABC, así como algunas de las historias.
Como siempre me podéis dejar en los reviews vuestra opinión del capítulo, siempre es un placer leeros.
Sin más dilación, podéis empezar a leer.
Regina se dirigió al Hospital General de Storybrooke. Aparcó su coche frente a las escaleras y subió corriendo, sin prestar atención al aparcamiento libre cercano. Ser la Alcaldesa tenía sus privilegios.
Bajó a la planta de psiquiatría. Para su sorpresa descubrió que no estaba la secretaria con la que a menudo solía coquetear. Giró al pasillo y vio que todas las puertas de las celdas estaban abiertas. Las luces tintineaban y echaban chispas. ¿Qué había pasado allí? Siguió caminando hasta el despacho del Dr. Whale. Le llamó pero no obtuvo respuesta. Decidió entrar, ya que esa puerta también se encontraba abierta.
-¿Doctor Whale? –volvió a llamar mientras se adentraba en el despacho. Todo estaba descolocado y tirado por los suelos. Pisaba cachos de cristal y rezaba por no cortarse un pie. Las mesas estaban llenas de jeringuillas y medicinas medio rotas y vacías. Una camilla impedía su paso, de ella salía una mano. Cometió el error de levantar la sábana y para su horror descubrió un miembro diseccionado e infectado. Le entró una arcada y se echó hacia atrás, mirando hacia otro lugar, para recobrar la compostura. Nunca le había gustado la sangre.
Al echarse unos pasos hacia atrás, pudo ver que bajo la camilla se encontraba un cuerpo. La movió con todas sus fuerzas y se encontró con el cuerpo del Dr. Whale.
-¡Whale! –este intentó vocalizar pero ella no le entendió. Examinó su cuerpo, buscando la herida que le había tumbado. Vio que su hombro estaba ensangrentado. Evaluó la herida pero no supo qué o quién la había causado. Whale volvió a balbucear y ella fijó su vista en su cara, notando nuevamente las arcadas- Usted cogió el cadáver de Daniel y uno de mis corazones, ¿por qué? –le incriminó- ¡¿POR QUÉ?! –notaba la rabia y el odio corriendo por sus venas. Whale no necesitó decir nada para que la Alcaldesa se diera cuenta del porqué- Lo ha devuelto a la vida –dijo aterrada. Ahora era una mezcla de miedo, esperanza y alegría lo que la recorría- ¿Está vivo? –Whale asintió.
-Pero… -empezó a hablar con dificultad. Regina ya tenía los ojos llenos de esperanza- No es… Daniel…
-¿Qué?
-Es… es un monstruo.
Regina se quedó helada. El doctor había conseguido devolverle la vida, pero no así sus recuerdos. Su cerebro seguía podrido, muerto, como seguramente el resto de sus órganos. Daniel era un muerto viviente, un "zombie" que diría su hijo y que tanto jugaba a matar en la videoconsola.
Regina escuchaba el intermitente pitido mientras observaba a Whale desde detrás de una puerta de cristal. Estaba dormido y ella temía que no despertara otra vez.
-Regina –una voz a su espalda la sobresaltó- ¿qué ha pasado? –era David y sus aires de proteger la ciudad- Me han avisado del ataque.
-Pregunta a sus auxiliares –dijo sin apartar la vista del paciente.
-No, te lo estoy preguntando a ti –Regina levantó las cejas fingiendo sorpresa y escondió una sonrisa que le salía siempre que David se ponía así.
-Tenía que hablar con él, así que vine y descubrí que ya estaba herido –le miró amenazante. David no se lo creyó -¡Te lo juro! –dijo Regina medio desesperada. ¿Por qué nunca le creía?
-Hablar, ¿sobre qué?
Regina titubeó antes de contestar. No sabía si contarle la verdad o una mentira. Sin embargo, pensó en Henry y en que él siempre, aunque duela, había preferido la verdad- Alguien… de mi pasado… -David le seguía mirando esperando más información- Puede que haya vuelto… Daniel –le costó volver a decir su nombre- se llamaba Daniel.
-El hombre a quien amabas –Regina se quedó sorprendida de que él supiera de Daniel- Blanca me contó lo que pasó y, que lo mataron por su culpa –Regina volvió a sentir ese odio y esa punzada de traición.
-Sí –le afirmó con rabia- Es cierto.
-Entonces, ¿cómo ha vuelto?
-Por Whale. Él creyó que podría devolverle a la vida y... –notó cómo sus ojos se llenaban de lágrimas- No sé qué ha hecho, pero lo ha logrado.
-Ah, la Reina Malvada no sabe cómo –dijo con sorna.
-Él practica un arte mucho más poderoso que la magia –empezó a explicar- Sólo necesitaba un corazón y cogió uno de los míos.
-¡¿Guardas corazones?!
-En mi cripta… De nuestro reino, claro.
-¿De quién era el corazón?
-No tengo ni idea… cogí muchos, era imposible llevar la cuenta –Su mirada se perdió en su memoria- David, tengo que ayudarle. He de irme.
-¡No!
-David, por favor.
-Es muy peligroso –le sujetó del brazo- Mira, Regina, tienes dos salidas; o me dices dónde está, o te encierro.
-Le ha ocurrido lo que a ti cuando despertaste del coma. Sus últimos recuerdos le guían donde nos vimos por última vez… Las caballerías.
-No… No, no, no… -sus ojos se llenaron de miedo- Henry está allí.
Emma ató al desconocido en un árbol. Las pisadas de los ogros se notaban cada vez más cerca. Con suerte le devorarían de un solo bocado y no sufriría.
-Aguardad… ¡Aguardad! –gritaba- Me necesitáis vivo.
-¿Por qué?
-Porque ambos queremos lo mismo: volver a vuestra tierra.
-Nos engañarías para salvarte, ¿por qué íbamos a creerte?
-Os ofrezco el mismo trato que a Cora –irremediablemente, cada vez que la nombraban se acordaba de Regina y notaba una punzada en su corazón. La echaba de menos y no sabía por qué.
-Y, ¿cómo pretendes ayudarnos? –preguntó Snow, viendo que Emma se había quedado callada.
-Las cenizas abrirán un portal pero, Cora, necesita una brújula encantada para conseguirlo. Conmigo la conseguiréis antes que ella.
A Emma le pareció buena idea, miró a su madre para contrarrestar. Snow se limitó a negar con la cabeza. No se fiaba de él.
-Sólo hay un modo de saberlo –dijo el prisionero observando la escena. Emma le apuntó con el puñal en la garganta.
-Dime una cosa, y más te vale que me la crea, ¿por qué iría Garfio a Storybrooke?
-Para vengarse del que le cercioró la mano: Rumpelstiltskin.
Regina llegó a tiempo de ver cómo, el que fue una vez su amante, estaba estrangulando a su hijo.
-¡Daniel! –gritó- Suéltale –este le hizo caso y se quedó mirándola. –David cogió a Henry y le llevó a un sitio seguro- Es cierto… -Ambos estaban hipnotizados, no podían apartar la vista de la del otro. Sin embargo, algo dentro de Daniel pareció activarse y fue corriendo hacia Regina para estrangularla también. Pero David, quien ya había regresado, cerró la puerta del establo, encerrando a Daniel dentro y salvando a Regina. Esta aterrorizada miró a David con intención de agradecerle, pero no le salieron las palabras.
-¡Esto no aguantará mucho! –se quejó David, que aguantaba los golpes de Daniel en la puerta- Lanza un hechizo para doblegarlo.
-No, no usaré mi magia contra él –David sacó un arma- ¡¿Qué estás haciendo?!
-¡Es un monstruo, Regina! ¡Si no acabas con él, lo haré yo!
-¡No, por favor! –gritó desesperada- Deja que hable con él, David.
-Es arriesgado –David seguía protegiendo la puerta.
-¡Sólo te digo que me dejes intentarlo!
-¡Aparta! –David la empujó tan fuerte que Regina cayó e bruces contra el suelo. Sin embargo, esta se levantó rápidamente.
-¡NOO! ¡NO DEJARÉ QUE LE HAGAS DAÑO! –lloraba de desesperación y rabia- ¡Él me obedecerá! –David se quedó mirándola, entendiendo su dolor- Déjame hablar con mi prometido…
David comprendió y se fue. Dejando a Regina sola con él. Ella abrió la puerta lentamente y Daniel se acercó a ella. Levantó una mano para acariciar su rostro, pero en el último momento la bajó y comenzó a estrangularla. La estampó contra una pared y acercó su cara a su pelo.
-David… soy yo –dijo con esfuerzo- Regi…
Este, de pronto, la soltó. Regina tosió, recuperando la respiración.
-Regina –dijo él.
-Daniel –dijo ella.
Y se fundieron en un abrazo. No duró mucho, ya que este cayó de rodillas, sufriendo de dolor.
-Aplaca mi sufrimiento –le suplicó.
-¿Cómo?
-Déjame partir –le dijo este, sujetando su rostro entre las manos.
-No volveré a perderte, Daniel. Sin ti estoy perdida –acarició su rostro sudoroso- Quédate conmigo.
-No, no puedo.
-Pero… yo te amo.
-Pues vuelve a amar.
Su mirada se volvió oscura y Regina supo que ya no era él. Era aquel monstruo que habitaba en su cuerpo. Otra vez una mano se acercó a su cara, pero ella le detuvo con un encantamiento. Entre lágrimas y con toda la pena de su corazón, sintiendo que jamás volvería a amar como lo hizo con él, le redujo a ceniza.
Una vez más, lloraba desconsolada, sola en un establo, por la muerte de Daniel. Sintiendo su corazón roto, otra vez tendría que recobrar el valor para olvidarle y pasar página, sin que su recuerdo le vuelva a quemar la piel y a ahogar en un llanto.
¿Qué os ha parecido? Dejádmelo en los reviews!
