Capitulo 7

Dos minutos más tarde, bella se detuvo ante de la puerta de Richard y clavó la mirada en la superficie de roble. Un sentimiento abrumador de fatalidad la aplastó; estaba ante el umbral de algo más que una simple habitación. Al abrir la puerta y entrar, daría un paso irrevocable a un futuro sólo débilmente percibido

Nunca antes se había enfrentado a una elección semejante, a una decisión de cambio de vida tan crucial.

Se movió, recogió el salto de cama y reprendió en su fuero interno a su dubitativa conciencia. Por supuesto que traspasar aquel umbral cambiaría su vida...Acabar con un hijo era sin duda una parte irrevocable, aunque bastante evidente, de su futuro. Ese futuro esperaba más allá de la puerta. ¿Por qué dudaba?

Porque no era sólo un hijo lo que estaba al otro lado de puerta.

Exasperada, se irguió y alargó la mano hacia el pomo, al mismo tiempo que aguzaba los sentidos en busca de la más mínima señal, cualquier presentimiento de última hora de que su intento era un error. Sin embargo, todo cuanto percibió fue paz y silencio, una profunda y silenciosa quietud por toda la casa.

Respiró hondo y por fin abrió la puerta, que cedió en silencio. Más allá, la habitación estaba tranquila y en silencio, iluminada sólo por el resplandor del fuego Que seguía titilando en el hogar.

Entró en silencio, cerró la puerta y soltó el picaporte con cuidado para que el pestillo volviera a su sitio sin hacer ruido. En cuanto se acostumbró a la oscuridad, escudriñó la estancia. Las sombras envolvían la enorme cama de cuatro columnas, cuyo cabezal se apoyaba contra la pared del pasillo. Los ojos y los sentidos de bella se detuvieron en ella. Lentamente, los pies deslizándose en silencio, se acercó a la cama.

Justo antes de llegar, la lisa colcha sin deshacer le indicó que la cama estaba vacía. Abrió los ojos de golpe y, con un nudo en la garganta, volvió a escudriñar la habitación.

Desde su nueva posición vio un brazo, enfundado en la manga de una bata oscura con un amplio puño blanco dorado por la luz del fuego, que colgaba por ella lateral de un sillón que miraba al fuego. El brazo colgaba sin más, largo, los relajados dedos casi tocando el suelo. Y junto a ellos, un vaso de whisky cuya base se mantenía en equilibrio sobre las brillantes tabla del suelo.

Estaba vacío.

Respirando hondo para tranquilizarse, bella esperó a que su corazón se apaciguara y, entonces, con cuidado y en silencio, avanzó y rodeó el sillón.

Al menos, una parte de la poción había funcionado; Edward estaba dormido. Desparramado en el sillón, las largas piernas estiradas delante de él, el chaleco desabrochado y la corbata deshecha, aún lograba parecer elegante. Elegantemente disuelto, elegantemente peligroso. El pecho, cubierto por una delicada camisa de lino, subía y bajaba con regularidad.

La mirada de bella vagó sin rumbo antes de centrarse en la cara de Edward y contemplar los delgados planos dorados por la luz del fuego: una máscara de bronce más relajada de lo que la había visto hasta entonces. Con los ojos cerrados, era más fácil concentrarse en aquel rostro o en lo que mostraba. La fuerza seguía allí, evidente incluso en reposo; ni un ápice de tristeza, aunque de su boca bien formada se desprendía una ausencia de alegría de la que bella no se había percatado antes.

Frunció el entrecejo, confió la visión a la memoria y se obligó a concentrar la atención en lo que la había traído allí. El primer paso se había cumplido: estaba dormido.

Completamente vestido

En un sillón delante del fuego... A unos diez pasos de la cama.

Bella se inquietó.

—Y ahora, ¿qué? —masculló entre dientes. Con las manos en las caderas, estudió a Edward, y lo contempló un poco más. Se sintió mareada incluso antes de llegar a una conclusión: con él dormido, tendría que tomar la iniciativa, por lo que necesitaba que Edward estuviera en la cama. Un sillón tal vez fuera factible, pero la idea la dejó perpleja

Miró a la durmiente víctima. «Deberías haber previsto que te encontrarías con alguna dificultad», se dijo. Luego se inclinó y cogió el vaso para dejarlo en la mesa. Al depositarlo, el cristal emitió un ruidito seco en la superficie de madera bruñida.

Se volvió de nuevo y observó la cara de Edward. Sus pestañas temblaron y por fin abrió los ojos.

Edward la miró fijamente.

Bella fue incapaz de moverse, apenas podía respirar.

Los labios de Edward se curvaron casi imperceptiblemente hasta convertirse en una sonrisa seductora.

—Debería haber sabido que se me aparecería en sueños.

Bella se atrevió a respirar, se irguió con suma lentitud y por fin se situó delante de él. Los ojos de Edward la siguieron. Cuando sus párpados se levantaron más, resultó evidente que estaba drogado. Tenía las pupilas dilatadas y la mirada perdida, sin la agudeza y decisión habituales.

Su sonrisa seductora, tan excitante como evocadora, se intensificó.

—Me parece justo, supongo... La bruja de mis sueños rondando mis sueños.

Estaba despierto, pero creía que soñaba. Bella bendijo a la Señora: de esa manera podría llevarlo a la cama. Venciendo al fin la expresión de perplejidad, le devolvió la sonrisa.

—He venido a pasar la noche con usted.

La sonrisa de Edward dio paso a una mueca maliciosa.

—Por lo general, ése es mi papel, pero dadas las circunstancias, dejaré que lo tome prestado.

Parecía no tener prisa en levantarse del sillón. Todavía sonriente, bella le tendió una mano.

Edward retiró el brazo derecho del sillón y asió los dedos de bella y, antes de que ésta pudiera instarle a levantarse, él la acercó de un tirón. Le lanzó una mirada bastante más caliente que el fuego que ardía a sus espaldas

—Quítese esa bata.

Bella dudó sólo un instante, cualquier discusión podría devolverle los sentidos. Sin perder la sonrisa, retiró los dedos que le tenía cogidos, alzó las manos y levantó la holgada bata de los hombros, dejándola deslizar por los brazos

La aturdida mirada de Edward siguió la prenda hasta el suelo y, con mucha calma, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo, se levantó y le acarició las piernas, los muslos, las caderas y los pechos... Cuando llegó a la cara, a bella le ardían las mejillas.

Ni el brillo travieso de los ojos de Edward ni la sonrisa descaradamente lasciva contribuyeron a calmarla.

—Vaya... Muy apetecible.

Sus palabras reflejaban fielmente lo que deseaba. Su mirada abandono la cara de bella para volver ávidamente a su recorrido... De pronto cayó en la cuenta de que con el fuego detrás, su fino camisón sería transparente.

—Vamos a la cama —dijo tendiendo ambas manos.

Sin apartar la vista del cuerpo de bella, Edward alzó las manos con movimientos lentos y pesados, como si sus extremidades fueran de plomo Cerró los dedos sobre los de ella; luego levantó la mirada y bella vio el destello travieso y burlón que había en sus ojos.

—Todavía no.

Él la atrajo a su regazo.

Bella tuvo que reprimir el impulso de gritar. Un sonido agudo o un forcejeo podían despertarlo. Se retorció en su regazo y consiguió situarse frente a él. Los muslos de Edward parecían de roble macizo bajo los suyos; el pecho, cuando bella colocó las palmas contra él, de roca caliente. Los brazos de Edward descansaban sobre ella pesados y relajados como si fueran unas anillas de acero quela inmovilizaban.

De repente bella sintió cómo los dedos de Edward ascendían por su nuca y se hundían entre la espesura del pelo. Torciéndole la cabeza, Edward cerró los labios sobre los de bella .

Sin tiempo de pensar, bella le devolvió el beso, intercambiando caricias ardientes. El calor, irradiando desde Edward, inundó su cuerpo. Cuando el deseo la poseyó por completo, bella pensó que sería fácil ejecutar su plan. Siempre que consiguiera llevarlo a la cama.

No sin esfuerzo, dejó de besarlo. Edward la soltó. Bella inclinó la cabeza hacia atrás, mientras él le besaba el cuello

—La cama —jadeó bella —. Tenemos que ir a la cama.

—Más tarde.

Bella abrió la boca y un jadeo la dejó sin aliento cuando él posó las manos sobre los senos, cubiertos sólo por el camisón. Sintió que le pellizcaba los pezones yt uvo que morderse el labio para no gritar

De pronto le liberó los pechos y bella volvió a respirar, pero enseguida notó el contacto de los largos dedos y las palmas recorriéndole el cuerpo, investigando cada curva, acariciándola sutilmente aunque con un propósito más profundo...

Bella se humedeció los labios súbitamente secos y consiguió musitar:

—Edward ... la cama.

Las manos se detuvieron. Ella contuvo la respiración. ¿Estaría despierto? ¿Qué había dicho para llamar su atención de esa manera?

Lentamente y con firmeza, las manos iniciaron de nuevo su recorrido, transmitiéndole su calor a través del fino camisón.

—Ha sido la primera vez que has pronunciado mi nombre. —Musitó las palabras contra la mandíbula de bella y la besó rozándole los labios hinchados—. Repítelo

Incapaz de serenarse, bella alzó una mano y le retiro un mechón de pelo que le caía sobre la frente.

—¿Edward?

Besó su nombre en los labios de bella, absorbiéndolo con intensidad mientras seguía explorando sus senos, las caderas, los largos músculos de la espalda, la parte posterior de los muslos, las nalgas. El deseo los devoraba. Cuando Edward levantó la cabeza, Bella estaba temblando.

—Edward ... llévame a tu cama.

No le costó conferir a la súplica un sentimiento de verosimilitud.

Cullen rió entre dientes con picardía, causando estragos en los sensibles nervios de Bella

—Aún no. ¿A qué viene tanta prisa? —Le levantó la barbilla y bajó por su cuello mordisqueándoselo—. Tenemos toda la noche... y, en cualquier caso, en los sueños el tiempo se detiene

«No en éste.» Bella se esforzó en aguzar los sentidos.

—Piensa en lo cómodos que estaremos en la cama.

—Estoy muy cómodo aquí... y tú también. Y pronto vamos a estarlo mucho más.

Bella irguió la cabeza y vio que la mano de Edward le asía el trasero acariciándolo con avidez y dejándole la carne caliente y roja. Bajó la vista y distinguió los largos dedos, oscuros contra el blanco del camisón, dejando al aire las nalgas diminutas.

Abrió los ojos desorbitadamente y soltó un desesperado y doloroso suspiro cuando la mano de Edward apartó de un tirón el corpiño y sus dedos se posaron en los senos hinchados, acariciándolos, poseyéndolos...

Bella cerró los ojos sintiendo que los huesos se le derretían, que su voluntad se disipaba como la niebla con la llegada del sol. Pero...

—La cama —susurró.

—Más tarde —insistió Edward. El aire frío acarició los senos acalorados de Bella cuando cullen tiró del camisón hacia atrás y los desnudó por completo. Cerrando con firmeza la mano sobre uno, lo masajeó con dulzura—. Éste es mi sueño. Pretendo disfrutar de él, y de ti, hasta el máximo.

Bella reprimió un gemido. Abrió los ojos y estudió la cara de Edward, iluminada por el resplandor del fuego. Vio la sonrisa amodorrada de lujuriosa expectativa en sus labios y sintió el calor del deseo en su mirada clavada en su pecho, los dedos traviesos, sobre el pezón dolorido y palpitante.

Edward también la miró... Sonrió, con una extraña confianza, y volvió a concentrarse en sus senos

—Hay damas en Londres que imaginan que son frías. —Su sonrisa se acentuó—.A algunas les gusta creer que su carne es fría y que tienen la pasión encerrada enhielo. —Los dedos cómplices jugaron sobre la carne dolorida de Bella , provocándola. Los labios de Richard se retorcieron en una mueca de ironía triunfal—.He derretido a bastantes. Sólo hay que cogerle el tranquillo

Y como para demostrarlo, la movió entre sus brazos y le dejó expuesto el otro pecho, al tiempo que la sujetaba por el trasero para que sintiera el dominio que ejercía sobre ella

—Sin embargo, tú no vas a ser un problema... Eres como esa montaña bajo cuya sombra naciste

Aturdida, Bella parpadeó.

—¿Merrick?

—Hmmm... —Edward la miró a los ojos—. Nieve y hielo en la cumbre... —Bajó la vista, liberó el pecho desnudo y deslizó la mano hacia abajo, sobre la curva del vientre de Bella y en el interior del hueco formado por el vértice de los muslos—.Pero abajo... arden las hogueras.

Le recorrió levemente la línea que separaba sus muslos y Bella respiró hondo. Fue incapaz de reprimir el impulso de retorcerse y sintió la firmeza de los dedos de Edward sobre el trasero. La mantuvo inmóvil y continuó jugando, recorriendo las largas líneas de las piernas a través del fino camisón. El tacto de Edward era tentador. Cuando llegó abajo y cogió el dobladillo del camisón, Bella respiraba con rapidez, el corazón le resonaba en la garganta con un ruido sordo.

Edward levantó la prenda poco a poco y deslizó la mano por debajo. El camisón se levantaba sobre el dorso de su mano a medida que iba moviéndose, en una larga caricia, por el tobillo, la pantorrilla, la rodilla y el muslo. Empujó la tela por encima dela cadera de Bella y por fin, con una concentración absoluta, bajó para acariciar la extensión de muslo expuesta. Bajo sus dedos estallaron miles de fuegos que calentaron a Bella y le humedecieron la piel.

Atrapada en el juego de Edward, ensimismada como estaba, Bella supo que él tenía razón. No necesitó moverla de nuevo para poder estudiar los rizos de destellos cobrizos en la intersección de sus muslos; no necesitó sentir sus dedos cuando la acariciaron, internándose en la húmeda intimidad de Bella .

No, no fue necesario que la mirara con ojos extraviados, iluminados por una llama azul, y le dijera:

—Eres igual que esa montaña... Por dentro eres un volcán. —Volvió a bajar la mirada—. Uno dormido, quizá. —Con suavidad, le acarició la piel entre los muslos, que se abrieron voluntariamente—. Te voy a despertar a la vida. Hasta que la pasión se derrame por tus venas como si fuera lava, hasta que estés caliente, dolorida y húmeda, hasta que estés tan resbaladiza y necesitada, que abras de par en par tus adorables muslos y me dejes entrar en ti. Y llenarte. Hasta que me bañe en tu calor.

Bella cerró los ojos, sintiendo que su cuerpo se rendía... sintiendo la humedad que él provocaba. Notó los dedos de Edward al deslizarse, moviéndose con fluidez, entre los pliegues palpitantes. Luego le acarició los labios con los suyos. Bella le devolvió el beso con un jadeo mientras deslizaba las manos desde el pecho de Edward, donde se habían mantenido inactivas, y lo rodeaba, sujetándolo contra ella.

El beso se hizo profundo. Entonces Edward se apartó y volvió a reír, un sonido siniestro y diabólico.

—No te pareces en absoluto a esas damas de Londres. Lo más intrigante de ti es que sabes que tienes fuego en las entrañas.

Con los ojos cerrados y el cuerpo loco de pasión, Bella notó cómo a abría, percibió la suave presión que precedió al lento y deliberado avance de un dedo en su interior.

Lo recibió con entusiasmo, con toda su alma.

Y su corazón le dio la bienvenida.

Edward se movió dentro de ella, acariciándola con suavidad. La repentina tensión que la había agarrotado remitió y Bella se abandonó a sus caricias, entregándose a edward, hundiéndose en su abrazo.

—No eres una mujer de hielo y nieve.

Aquellas palabras fueron como una brisa en la mejilla, una intensa reverberación en el pecho, y Bella se abrazó con más fuerza a él, extendiéndole las manos por la espalda, aferrándose desesperadamente como si fuera una roca que la protegiera contra las olas de calor que azotaban su cuerpo.

Olas que el propio Edward levantaba con cada giro sutil del dedo, con cada caricia exploratoria.

—Eres fuego... puro fuego, fuego primigenio. El fuego de la tierra más puro.

Tenía razón; en ese momento Bella ardía con una llama más intensa que el verdes de los ojos de Edward. Siempre había sabido que sería así, que algún día la devoraría una pasión tórrida y abrasadora. Ignoraba cómo lo había sabido, pero el conocimiento siempre había estado allí. Había resultado harto difícil contener el fuego, sofocarlo, amansarlo y esconderlo durante tantos años de espera.

Una espera que tocaba a su fin.

Nada más lejos de su intención que pedirle que lo dejara y pasaran a la cama. Aquello habría exigido que le quitara las manos de encima y no hubiera podido soportarlo. Sus manos eran pura magia, dotadas de unos de dedos hechos para provocarla y encender su pasión

Súbitamente una nueva oleada de calor le arrasó el cuerpo.

Entreabrió los ojos y vio el rostro de Edward. Hundió los dedos en su pelo y atrajo sus labios hasta los suyos. Luego lo besó con urgencia, licenciosamente. Dejó que sus muslos se abrieran aún más, incitando a Edward a que profundizara

En cambio, Edward se apartó y volvió a reír maliciosamente.

—No, todavía no, dulce bruja. —Retiró la mano de entre los muslos de Bella .

Con los senos palpitantes de deseo, Bella se recostó en los brazos de Edward y lo miró fijamente

—¿Qué quieres decir? —Farfulló entre jadeos—. ¿Todavía no?

Edward esbozó una amplia sonrisa.

-Éste es mi sueño, ¿recuerdas? Tienes que estar desesperada.

-Ya estoy desesperada —dijo Bella con sinceridad.

La miró con un desdén condescendiente

-No tanto como lo estarás.

De pronto la alzó y la puso de pie entre sus muslos. A Bella le temblaron las piernas, y Edward la sujetó con las manos. El camisón se deslizó hasta cubrirle las piernas. El corpiño se abrió e instintivamente Bella trató de cubrirse ignorando la provocativa expresión de Edward

Edward se levantó y se tambaleó. Bella tuvo que sujetarlo.

Cullen volvió a sonreír y dijo:

—He debido de beber más whisky del que creía.

A punto de caer bajo el peso de Edward y presa de una desconfianza repentina, alzó la vista para mirarlo a la cara. Los ojos, aún oscuros como la noche, la contemplaban con mirada borrosa y extraviada, mientras que los labios seguían mostrando aquella sonrisa sincera e infantil

Seguía... soñando.

Moviendo los pies para soportar mejor el peso cuando se desplomó sobre ella, Bella susurró una maldición y se esforzó por apoyarlo con cuidado en el sillón.

—La cama —dijo.

—Ah, claro —aseguró edward —. Sin duda es el momento de ir a la cama.

A la diabólica risilla que siguió una vez más, Bella hizo oídos sordos. De no haber sabido que lo había drogado, habría pensado que estaba borracho; apenas se sostenía en pie

—No dejes de mirar la cama —le ordenó Bella, dirigiéndose hacia la puerta con pesados bandazos—. Mira... Es ahí. —Con sumo esfuerzo, Bella consiguió que se volviera y se encaminaran hacia la cama.

Nunca había tenido tantos problemas en mi vida —dijo Edward sin que pareciera preocuparle demasiado—. Por lo general, sé muy bien dónde está la cama.—Después de trastabillar dos pasos más, añadió—: Debe de ser ese whisky. Confío en no estar demasiado borracho para complacerte.

Apretando los dientes por el esfuerzo de mantenerlo en pie, Bella no trató de disipar sus temores. De inmediato lamentó no haberlo hecho.

—No importa —murmuró Edward, lanzándole una mirada lasciva—. Si estoy demasiado débil, te martirizaré hasta que desaparezcan los efectos.

Bella cerró los ojos un momento y reprimió un gemido. ¿Qué había hecho? Había aceptado de buen grado el papel principal en los sueños de un libertino. Debía de estar loca

Pero era demasiado tarde para echarse atrás. Muy tarde. De pronto quería llegar al final de aquel caliente y tórrido camino que Edward había empezado a recorrer en ella

Por encima de todo anhelaba estar caliente y necesitada, sentir que la penetraba

Por fin alcanzaron el lateral de la cama... Bella se sintió aliviada.

—¡Al fin!

Tras volverlo para ponerlo de espaldas a la cama, Bella apoyó las manos en su pecho y empujó. Sin oponer resistencia, Edward cayó de espaldas sobre la cama, pero la arrastró con él

Cayendo sobre Edward, Bella ni siquiera fue capaz de gritar. Se revolvió de inmediato, liberándose con esfuerzo de sus brazos, aunque no de sus manos... que parecían estar por todas partes. Intentó ignorarlas.

—Desnudémonos —musitó ella.

Como era de esperar, Edward rió entre dientes y dijo:

—Sé mi huésped. —Y abriendo los brazos de golpe, se tumbó de espaldas, sonriendo irónicamente

Bella le quitó la corbata de un tirón. Después de arrojarla por en cima de la cama, se arrodilló a su lado y lo agarró por la solapa de la levita. Por más que tiró, ni siquiera fue capaz de acercarla al hombro. Irritada, se sentó y advirtió que a Edward le temblaba el pecho, aun cuando en su expresión no había malicia.

Lo miró con hostilidad.

—Si no me ayudas a desvestirte, me marcharé.

Con una leve sonrisa, Edward rodó sobre un hombro y se sentó.

—Es imposible quitarme una levita tan entallada sin mi ayuda.

Contrariada, Bella lo observó mientras se quitaba la levita y la tiraba junto ala corbata. Siguiendo un extraño impulso, alargó el brazo y le recorrió el pecho con las manos, abriendo el chaleco para explorarlo a conciencia

Al sentir el contacto de sus dedos, los músculos temblaron, tensándose y endureciéndose. Edward le cogió las muñecas y tiró de ella, le inclino la cabeza y la besó

Bella se sumergió en el abrazo y, cuando Edward la apretó más contra él, sintió que el calor la rodeaba, creciendo en su interior de forma incontenible. Como si tuvieran vida propia, sus dedos desabrocharon a toda prisa los botones de la camisa de Edward y alcanzaron la piel caliente y tersa sobre los músculos encrespados, unas bandas duras y protuberantes de carne cubiertas de vello.

Richard interrumpió el beso con un callado juramento. Bella lo vio luchar con el chaleco y la camisa y arrojarlos a un lado. Cerrando los ojos con rapidez, tendió las manos hacia él, aliviada cuando Edward volvió a besarla con pasión.

Cambiando de posición, Edward se arrodilló y tumbó a Bella de espaldas en la cama. Ella obedeció con sumisión, los ojos cerrados, deseando en silencio que se diera prisa.

Edward se movió sobre la cama. Bella oyó los golpes amortiguados cuando los zapatos y los pantalones de Edward cayeron al suelo. Siguió con los ojos cerrados; estaba decidida a no mirar. Luego lo sintió a su lado. Él se inclinó y le cubrió la boca con los labios.

La besó con mayor intensidad que antes. Le apresó la boca como si ella se la hubiera ofrecido; en cierto modo, Bella supuso que así era. La exigencia era absoluta, incontrolada, como si aun dormido supiera que ella era suya. Suya para poseerla.

Y la poseyó.

En algún momento Bella abrió sus sentidos, dejándolos que se extendieran y le contaran aquello que sus ojos no podían ver. Sus manos exploraron primero el pecho de Edward, terso y duro, cubierto por abundante vello rizado; luego recorrieron las redondeadas curvas de los hombros. Flexionando los dedos en el acero de los brazos, Bella se levantó contra él llevada por el beso. Edward, inclinado sobre ella, tenía el cuerpo caliente y duro a escasos centímetros del suyo.

Tumbado a su lado, cadera contra cadera, el cuerpo de Edward desprendía calor y una sensualidad que los envolvía a ambos, protegiéndolos del mundo.

Siguió besándola, profundizando, pidiendo más y tomándolo, pues Bella satisfacía sus exigencias al tiempo que dejaba que sus manos se perdieran hacia abajo

Hacia la cadera de Edward. Con los dedos extendidos, recorrió el amplio hueso y notó la leve diferencia de textura en la piel. De pronto sintió la repentina pausa en el beso, el súbito cambio de interés de los sentidos de Edward.

Dejó caer la mano deliberadamente, permitiendo que los dedos se deslizaran hacia el bajo vientre de Edward.

La respiración de Cullen se hizo entrecortada... y dejó de besarla.

Justo cuando Bella lo encontraba.

Aún con los ojos cerrados, tanteó con timidez, sorprendida de hallar una piel tan delicada. Advirtió que Edward se estremecía. Intrigada alargó la mano con lentitud y rozó el sexo de Edward, que latía con fuerza.

Con una sonrisa picara, Bella siguió acariciándolo.

Edward la interrumpió y le cogió las manos.

—Dulce bruja, me estás matando.

Las palabras sonaron casi con tono de súplica. Bella esbozó una sonrisa burlona y traviesa.

Incapaz de resistirse, Edward la besó con voracidad, desaforadamente, hasta que Bella perdió el contacto con la realidad.

—Ahora es mi turno —susurró Edward.

Se volvió sobre ella, poniendo una rodilla a cada lado de sus piernas para que no se moviera. Cogió el dobladillo del camisón y lo levantó.

Con los ojos cerrados y la esperanza martilleándole en las venas, Bella permaneció inmóvil

Edward le subió el camisón hasta la cintura... y luego hasta los hombros. Le levantó los brazos, forcejeando con la prenda en un evidente intentó de quitársela

Bella dio un grito ahogado. Agarrando el camisón por los pliegues intentó volver a bajárselo. No necesitaba desnudarla para...

El sonido de su risa sonó aún más evocadora ahora que Bella tenía la cabeza envuelta en el camisón y el cuerpo completamente expuesto a la noche y a él.

—En realidad —dijo Edward con indolencia— es una idea aún mejor.

El camisón se movió y se retorció. Bella esperó un instante e intentó agitarlos brazos, descubriendo que era inútil. La cabeza, los brazos y los hombros estaban atrapados en el camisón que los envolvía.

—Hmmm... Estupendo.

El indolente susurro hizo que Bella se mordiera el labio, llena de expectativa. Una expectativa del todo confirmada cuando sintió que Edward se deslizaba hacia abajo y le liberaba las piernas.

Bella sintió su aliento contra la suave piel de los senos y se preguntó qué pretendía

Arqueándose de placer, Bella estuvo a punto de gritar cuando la boca de Edward le apresó un pezón. Edward besó la carne trémula antes de lamer con ternura y endurecerle los pezones, torturándolos con la lengua.

Bella se debatió con furia y luego se quedó inmóvil. Cuando por fin pensó que se había acostumbrado a las nuevas sensaciones, Edward le chupó un pezón con más fuerza.

Por suerte, los pliegues del camisón se le metieron en la boca y amortiguaron el grito. Entonces se dijo que Edward estaba a la altura y que no lo había despertado del todo con su chillido. Cuando le succionó el otro pecho, Bella estaba preparada para recibir el impacto de placer. Su cuerpo se arqueó, pero reprimió el grito.

Resollando, jadeando, con el cuerpo envuelto en fuego, esperó tratando de imaginar cuál sería el siguiente paso

Los labios de Edward le recorrieron el cuerpo, deteniéndose en el vientre con besos ardientes. Ella se estremeció, y, cuando siguió bajando por sus muslos, se relajó.

Edward se movió hasta situarse a horcajadas sobre las pantorrillas de la mujer. Acto seguido, le alzó las rodillas para separarle las piernas.

Tras una ligera duda, Bella cedió y, conteniendo la respiración, esperó a quela penetrara.

Sin embargo, sintió una leve caricia seguida de unos besos en la cara interior del muslo.

Las intenciones de Edward estallaron en la mente de Bella , que, con un grito ahogado, intentó cerrar los muslos con fuerza, sólo para encontrarse con los anchos hombros de Edward en medio.

Por fin, Cullen hundió la cabeza en la húmeda intimidad de Bella .

—Aún no, dulce bruja.

Y la besó lamiéndola con tal dulzura que Bella pensó que iba a morir.

Ella luchó por quitarse el camisón. Derrotada, probó a sentarse... y se encontró con que el peso del antebrazo de Edward sobre su cintura la empujaba hacia abajo. Al mismo tiempo sintió que le deslizaba la otra mano bajo las nalgas y se las levantaba. De esa manera podía saborearla con más meticulosidad.

Y así lo hizo. Tomándose su tiempo, lánguidas y devastadoras, la lengua y la boca de Edward tejieron su magia hasta encender de pasión cada centímetro de la piel de Bella , reduciendo a cenizas sus sentidos

Ella jadeaba de placer. Estaba ardiendo... Estaba lista. Estaba desesperada.

Y de pronto Edward se apartó.

—¡Edward!...

Fue un grito débil, una exigencia y una súplica.

Volvió a retroceder sobre las rodillas con un gruñido de satisfacción; a continuación, le apartó con suavidad los pliegues del camisón y le buscó las manos. Los dedos de ambos se tocaron y se entrelazaron. Edward tiró de ella para sentarla.

Bella balanceó las piernas para arrodillarse también, pero antes de que pudiera bajarse el camisón, Edward se lo sacó por la cabeza de un tirón. Lo vio volar por encima de la cama, horrorizada.

Cometió el error de mirar a su torturador.

Completamente vestido, intimidaba; desnudo, hipnotizaba. Un macho que embotaba los sentidos, fascinante, una presencia poderosa y potente esperando sólo a reclamarla.

Hasta entonces, Bella se había negado a que en su mente se formará ninguna imagen de cómo sería desnudo, desprovisto del gabán que se ponía para echar al mundo. Respirando con dificultad, se preguntó si habría sido mejor imaginarlo, pues quizá de esa forma habría estado preparada para enfrentarse a aquello

Edward era magnífico, y la contemplación de su cuerpo despertó en su interior una emoción primitiva

Tragó saliva y se obligó a levantar la vista, aliviada al comprobar que la sonrisa infantil de Edward seguía en su sitio.

—Así es mejor.

Edward alargó el brazo hacia ella. Bella intentó apartarse, pero las rodillas le resbalaron por las sábanas. Para su sorpresa, no la abrazó, sino que, sentándose en los talones, le apoyó las rodillas contra su cuerpo, sujetándole la espalda para que se sentara como él, sobre los talones y con las rodillas abiertas.

Edward sonrió abiertamente, con una expresión que era la auténtica esencia dela expectación sexual masculina.

—Siguiente paso.

Aturdida y temblorosa, Bella musitó:

-¿Qué?

Edward volvió a acariciarle los senos y le pellizcó los pezones endurecidos. Su cuerpo tembló de inmediato. Bella cerró los ojos y se arqueó ligeramente.

—¿A qué te refieres?

—Quiero ver hasta dónde puedes subir, hasta dónde puedo llevarte antes de que estalles

Por mucho que lo intentó, Bella fue incapaz de comprender aquellas palabras. Su cuerpo y su mente sólo obedecían a las arrebatadoras caricias de Edward

De pronto sintió la mano de Edward descender hasta su vello púbico, humedeciéndola despiadadamente. Con una ligera presión, la llenó con dos dedos y luego los retiró. Trazó un círculo en la entrada y volvió a presionar... Bella jadeó, gozando como nunca hasta entonces.

instintivamente Bella lo agarró de las muñecas y, bajo los dedos de Edward, sintió el seductor movimiento de las caricias

Abrió los ojos y lo miró a la cara. La pasión marcaba los rasgos de Edward. Excitado, contemplaba atónito el sexo de Bella .

Ella no podía dar crédito a sus sentidos.

—Me estás torturando, ¿verdad?

Por un momento se interrumpió y la miró a los ojos. Tenía la vista nublada, los ojos como estanques negros. El efecto de las drogas se estaba intensificando. En los labios de Edward volvió a aparecer la misma sonrisa infantil

—Me moría de ganas de sumergirme en ti desde la primera vez que te vi. De hecho, no he dejado de excitarme cada vez que te he mirado. Estar a tu lado, sobretodo cada vez que levantabas tu linda naricilla al aire, ha sido una tortura. Pensé que podía darte una dosis de tu propia magia antes de aliviar mi dolor. —Su sonrisa, inequívocamente perdida, se suavizó—. Y en cuanto a esto... —Volvió a presionar con los dedos; Bella jadeó y se balanceó—. Pienso torturarte un poco más todavía.

—¿Mucho más? —Clavó la mirada en él, horrorizada, e intentó adivinar lo que aún le tenía reservado

La sonrisa de Edward se amplió.

—Cuando esté dentro de ti. Será lenta y prolongada, la tortura más adecuada para una bruja excitante como tú.

Bella se limitó a guardar silencio ¿Qué había hecho? ¿Qué había desencadenado? Edward estaba soñando. Realmente estaba soñando... una realidad que se confundía con la fantasía. No sabía lo que hacía, no era consciente de que estaba asustándola, llevándola demasiado lejos. Ignoraba que ella era real.

Si no la satisfacía pronto, perdería el juicio. Deseaba que la poseyera de una vez por todas. Con rapidez. Bella sentía la pasión por todo su cuerpo, tal y como Edward había predicho. Necesitaba ser saciada

Deseaba a Edward... en ese momento, de inmediato, desde hacía diez minutos. Era su propia desesperación, y no la de él, la que le asustaba.

Pero Edward no lo sabía y ella no podía explicárselo. No quería suplicar, y un pánico inesperado estalló en su interior

Debió de reflejarlo en el rostro, porque Edward frunció el entrecejo. Sus dedos se detuvieron y ladeó la cabeza un poco mientras la contemplaba. Parpadeó un par de veces e inquirió, confuso

—¿Qué sucede?

Bella abrió los labios pero no fue capaz de hablar. ¿Qué debía decir? ¿Qué debía admitir? Edward estaba aturdido, actuaba por instinto ¿Qué clase de instintos tenía un libertino?

Sus miradas se fundieron, Bella se humedeció los labios, súbitamente consciente del enorme riesgo asumido. Lean había intentado advertirla, pero no lo había comprendido. La situación escapaba a su control... y al de Edward

Lo cual implicaba que se había puesto a merced de la verdadera alma del auténtico carácter de un libertino... sin saber lo que eso significaba

Pero estaba a punto de averiguarlo.

Extendió las manos hacia Edward y susurró:

—Te deseo ahora.

No intentó ocultar la autenticidad de su pasión ni su vulnerabilidad. La única garantía de que saldría bien librada haciéndolo era la insistencia de la Señora en que Edward era el elegido. Con la confianza depositada en el juicio de la Señora, Bella lo miró a los ojos y suplicó:

—Por favor.

No le vio moverse, sólo sintió que sus brazos la aferraban y la atraían.

—Shhh. —La apretó contra él, rozándole la cara con su pelo—. No quería asustarte. —Le acarició la espalda para tranquilizarla. Luego le asió el trasero y la atrajo contra su miembro erecto—. Demasiada imaginación. He estado fantaseando sobre ti tanto tiempo, sobre cómo reaccionarías, cómo disfrutarías... —Le levantó suavemente la cara con el hombro y la besó dulcemente, sintiendo el penetrante sabor de Catrina en los labios y la boca—. Te deseo de la peor de las maneras. —Sonrió y añadió—: De todas las maneras conocidas por el hombre. Quiero verte madurar para mí, totalmente entregada. Anhelo poseerte. Quiero sentir cómo tiemblas debajo de mí. Y quiero despertarme y encontrarte a mi lado... Quiero estar siempre abrazado a ti. —La besó en la boca con vehemencia—. Quiero cuidar de ti para siempre. —Levantó la cabeza y la miró a los ojos—. Quiero ser tu amante de todas las maneras, en todos los sentidos de la palabra... y de los hechos

(n/a se que este momento no es adecuado para una nota pero ahora no sabes lo mucho que odio a bella)

Atrapada en la mirada nublada y oscura de edward, Bella sólo pudo estremecerse. La había seducido por completo una vez más

—Ven.

Fue ella la que le cogió la mano y se tumbó en la cama, separó las piernas y tendió los brazos hacia él.

Y Edward acudió... El invicto guerrero sin causa, desprovisto, gracias a la maquinación de Bella , de su máscara, del escudo que levantaba contra el mundo. En aquellas circunstancias le había resultado imposible mentir. Deseaba amarla y conseguir que ella también lo amara. Deseaba que Bella formara parte de su vida... y que él fuera parte de la suya. Bella no había necesitado mayores poderes para leer la verdad. Estaba escrita en los ojos desvalidos de Edward, expresando con claridad sus sentimientos y sus deseos.

Así que le dio la bienvenida y lo rodeó con sus brazos mientras él la cubría. Separándole los muslos con un ligero empujón, Richard se situó entre ellos. Volvió la cabeza, se metió un endurecido pezón en la boca y succionó con fuerza. Bella tembló y él presionó dentro de ella, dilatándola

Bella trató de relajarse. Edward deslizó el brazo entre sus cuerpos y volvió a acariciarla.

La sensación la atravesó como un rayo golpeándola en lo más profundo. Desbordaron los muros de contención y desató las furias de la pleamar, una pasión líquida, lava caliente que, elevándose, recorrió el cuerpo de Bella. Y se vio atrapada en la marea, barrida y volteada en el puro calor del momento. Sintió que Edward se retiraba, se levantaba con fuerza y la colmaba

Lo sintió llegar hasta lo más profundo de su ser.

Lo recibió agradecida dentro de su cuerpo y en su corazón. Conocía el peligro y vio el abismo que se abría a sus pies, pero el deseo que animaba a Edward, la salvaje necesidad que lo colmaba, lo impulsó a embestirla una y otra vez. Bella saltó al abismo sin pensárselo dos veces.

Se entregó a él, abriendo su cuerpo y sus sentidos. Lo besó y con una vulnerabilidad exquisita, extendida bajo aquella energía inflexible, inmovilizada por ella, atravesada por ella, lo animó a continuar.

Pero no podía haber previsto el verdadero carácter de Richard, que por encima de todo trató de complacerla y deleitarla.

De una forma salvaje y maravillosa.

Ambos se movían siguiendo el mismo ritmo. Él gozaba de su cuerpo; ella aprendió a utilizar el suyo para corresponderle. No era un maestro delicado, aunque no la obligaba a nada que no fuera placentero. Bella levantó las rodillas y le asió las caderas, entregándose a su cariño

De repente Edward cayó sobre ella sin previo aviso, perdiendo el mundo de vista.

Y la dejó flotando en un vacío de placer, sujetada sólo por el latido de su corazón.

Sólo fue capaz de sofocar el grito; ni siquiera estuvo segura de haberlo conseguido, aunque quizá tampoco le importara.

Edward la sintió fundirse bajo él, percibió la rendición definitiva de Bella. Jadeando y gimiendo, empujó con vehemencia y cerró los ojos borrando de la mente la visión de Bella, la resplandeciente melena enmarcando su éxtasis, la expresión de paz que bañaba su rostro.

Unas sacudidas de estremecimiento recorrieron su cuerpo y sintió que Bella se aferraba a él.

Volvió a jadear y se rindió, siguiéndola al interior del vacío.

Más tarde, mucho más tarde, se situó junto a ella y la atrajo entre sus brazos. Bella se volvió y se aferró a él, reconfortándolo. Edward no era capaz de entender por qué sentía tanto placer, tanta paz.

Entonces recordó. Sólo era un sueño.

Cerró los ojos con un leve suspiro y deseó que los sueños duraran eternamente.

COMO HOY ES MI CUMPLE HOY ABRA DOBLE CAPI POR ESTAR DE BUEN HUMOR

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Y CON SEMEJANTE CAPI

DEN ME REVIEW DE CUMPLEAÑOS