Sanguinem Hereditatem
Capítulo VI: La Cuadratura del Circulo
Mayo 1975
El calor del verano ha llegado finalmente, pero dentro de las húmedas paredes de la sala común de Slytherin el aumento de la temperatura no es perceptible, al menos, no para mí, el resto de sus habitantes parece preso del éxtasis propio que precede el fin del curso, transitan sus pasillos de luz verdosa con las mejillas sonrosadas por el cálido aire exterior y una mezcla de sus propias pueriles emociones, las criaturas que habitan el lago negro parecen sucumbir también ante la ansiosa espera de las vacaciones, incluso el calamar gigante puede verse tomando el sol en las orillas, con sus enormes tentáculos desparramados sobre la arena húmeda, los estudiantes se pasean con una sonrisa ladeada de suficiencia al saberse libres de deberes a la brevedad, los de ultimo año exudan ya esa esencia de libertad única de quienes han logrado su meta. Yo no puedo compartir el primer sentimiento, ni soy capaz de envidiar el segundo, puesto que mi libertad se limita a estas antiguas paredes y la ausencia de oficio jamás me ha sido placentera, bien porque me permite tiempo para pensar en puentes que aún no deseo cruzar, o bien por el miedo que me produce el saberme obligado a cruzarlos, tampoco me apetece volver a casa ,después de todo, ¿No es un hogar ese sitio donde te sientes seguro y cómodo?, en esos términos, soy sincero al decir que el número doce de Grimaud Place no es, ni por asomo, mi casa; mucho menos mi hogar, ya estoy en casa, el único problema es que Hogwarts no puede bridarme cobijo durante las vacaciones y, aunque pudiera, Madre vendría por mí, Dios sabe dispuesta a que atrocidad por mi desprecio de las buenas costumbres.
Severus, aunque poco lo comente, piensa igual que yo, su ansia de volver con sus padres es tan grande como mi afecto por los míos, no podría culparlo, tuve el ingrato placer de conocerles durante el verano pasado, o al menos de verles, pues no podría llamar a mi visita algo extraordinario, ni tampoco creo que si hubiera entrado a esa casa haciendo escándalo me habrían notado más de lo que lo hicieron.
Con Sirius fuera de casa, todas las libertades, que antes podría haberme tomado, habían cesado, no tenía un segundo de paz, siempre había un visitante, un negocio que observar, una tertulia de la cual el heredero Black debía participar, para mediados de agosto mi hastió había alcanzado niveles peligrosos, en un arrebato de locura me acerque a Madre una mañana, Severus me había dicho donde estaba su casa, anhelaba un poco de su amargor, de ese deje de paz que solo él podía concederme, hacer una visita a un mestizo, por más Slytherin que este fuera, era un riesgo que yo estaba dispuesto a tomar. Con tanto afán por alejarme, mi voz había sonado forzada, cuando comente que Snape había obtenido un nuevo libro de ciertas artes antiguas, que en mi familia era sinónimo de magia oscura y que, evidentemente, yo tenía la curiosidad de ver su contenido, por lo que pedía su consentimiento para hacer dicha visita. Me sorprendió tanto la respuesta afirmativa y desenfadada de Madre, que me tomo varios intentos tomar los polvos flu y correr a la chimenea, no era propio de un caballero de mi rango usar ese medio de transporte tan poco glamoroso, pero no tenía la edad para aparecerme, ni el permiso de volar en escoba y no había tiempo para pedir un traslador, muchísimo menos dejaría que alguno de ellos me llevara.
El mareo y la incomodidad del hollín fueron nada comparado con la terrible molestia de caer con un ruido sordo sobre los escombros de una vieja chimenea que, por mera negligencia, el ministerio no había desactivado. Aplacada la nebulosa negra que me rodeaba y recuperada la compostura, cubierto de cenizas pero ileso, me dedique a mirar a mi alrededor, la casa donde me encontraba estaba destartalada y deshabitada, los tablones del piso, carcomidos por la humedad, amenazaban con desplomarse, tantee el suelo con cada paso, asegurándome de no respirar muy profundo, no fuera a ser que el exceso de peso me hundiera.
Finalmente atravesé la puerta de aquellas ruinas y me encontré observando una oscura calle adoquinada, la casa en donde había salido, que se ubicaba en una esquina donde un viejo letrero rezaba "La Hilandera", no era la única que carecía de habitantes, humanos al menos, pues solo Merlín sabría la clase de alimañas que cobijaban, eran casitas de ladrillos pálidos, las ventanas estaban tapiadas unas por tablones de madera enmohecidos, otras con láminas de metal oxidado, las escasas lámparas apenas daban una luz mortecina y el cielo, ceniciento y grumoso, sin el menor tono azulado, completaba el retrato lóbrego y siniestro. Era obvio que este era un vecindario muggle, pues de altos postes colgaban cuerdas, lo que ellos llaman cableado eléctrico, las lámparas titilaban con un ir y venir impropio de nuestro siempre estable fuego encantado y no había por todo el lugar un solo vestigio de algún encantamiento residual.
Me sacudí el chaleco y la chaqueta, con un toque de varita estuve de nuevo presentable, el aire tenía un terrible aroma a pescado putrefacto, y a lo lejos pude observar la sombra de lo que debió ser un molino, cuando recuerdo ahora los cinco minutos que me tomó divisar la única casa de luces encendidas y chimenea humeante, me siento apenado por las condiciones de vida de mi querido amigo, era pequeña, incrustada al final de la calle, de unos tres pisos de alto, gruesas cortinas filtraban la luz del interior, una escalera de piedra ascendía hacia una puerta de madera oscura, cuyo pomo estaba oxidado, me acerque con paso veloz, con el frio calando mis huesos y lo nervios a flor de piel por el escenario que me rodeaba, cuando finalmente estuve cerca logre dilucidar algunas voces que retumbaron en el silencio sepulcral.
-¡Eres una inútil!- Grito la voz áspera de un hombre- ¡Una completa inservible! Lo único que pido es una comida decente y ¿Qué me das?- la exclamación fue seguida por el estrepito de lo que, pensé, serian ollas desparramadas sobre el suelo- Eres incapaz de hacer nada bien Eileen, tú y ese inadaptado de tu hijo, me has engañado por última vez, no tolerare tus trucos diabólicos ni una sola vez mas-
Me atreví entonces a asomar mi cabeza por la ventana, por una pequeña brecha entre la cortina y el cristal jamás olvidare aquella estampa tan indigna, una mujer de piel blanca y rostro aterrorizado, el cabello negro y lacio le caía por la espalda, su varita yacía en el suelo mientras su dueña se arrastraba, sin evidente intención de tomarla, entre sartenes de cobre que parecían aun húmedos y con algunos rastros de jabón. El hombre, de espaldas a mí, alto y delgado, se acercaba a ella a zancadas, con el puño en alto y un temblor de furia recorriéndole, se precipito sobre ella, pero justo antes de tocarla una sombra negra se interpuso a mi visión y el inconfundible sonido de una botella rompiéndose contra una superficie dura fue seguido por el estrepito del cuerpo de aquel hombre desplomándose sobre el suelo y el grito ahogado de la mujer
-La próxima vez dejare que te mate, eres una bruja, el un simple muggle, me das pena madre- Severus arrastro las palabras con esfuerzo, se giró hacia la puerta y salió, yo tuve el tiempo justo para alejarme unos pasos y sonreír como si acabara de llegar, el cabello negro estaba desordenado, sudaba y sus ojos centellaban con un odio visceral casi tangible, su mano derecha aun empuñaba el cuello roto de una botella de vino.
-¿Severus?- Inquirí, el aludido volvió sus ojos hacia mí y sin mediar palabra camino calle abajo, yo le seguí.
Llegamos entonces a las orillas de un rio sucio, que reconocí como fuente del terrible olor, a la sombra de enormes arboles inclinados y el descompuesto molino, lanzó con fuerza los restos del arma hacia el turbio torrente y se dejó caer sobre la hierba húmeda.
-Algún día la matara, y yo no haré nada para defenderla, nunca más, como si ella fuera una persona corriente, es incapaz de apuntar su varita para defenderse y le deja burlarse de los magos y brujas, le deja que me grite como si fuera mi superior, no es más que un borracho- el odio era evidente, lo deje despotricar contra su padre y madre sin decir palabra, me senté y espere, por primera vez en mi vida le veía perder los estribos y la cautela, estábamos solos, dos niños escondiéndose de sus propias realidades.
Aquella tarde descubrí muchos detalles que justificaban con creces su temperamento, sus acciones e incluso su creciente desprecio por los muggles, no podía culparlo. También se reveló ante mí su capacidad de amar a pesar de todo, amaba a su madre, por más que dijera que no volvería a intervenir, siempre lo hacía, ¡Bendito sea!, de no ser por él esa mujer probablemente habría muerto hace mucho, pero Severus no estaba mucho tiempo en casa y los hábitos alcohólicos de su padre se acentuaban a la par de sus ataques de cólera desmedida, era cuestión de tiempo para la pobre mujer, no pude discordar ante este argumento planteado con el mayor pesar que nunca había visto reflejado en su cetrino rostro.
Con estos recuerdos en mi mente, salí de mi sala común, dispuesto a despejarme de la única forma que, sabía, alejaría todos mis pesares. Era domingo, los alumnos revoloteaban por los terrenos y yo me las arregle para evitarlos, me introduje entre la espesa vegetación que comenzaba a crecer a las orillas del lago, con paso lento y precavido, cual serpiente que se arrastra cazando a su presa, el viento soplaba, los árboles se dejaban mecer por su imperiosidad bravía, incluso las aguas del lago, siempre tranquilas, levantaban sumisas pequeñas ondulaciones, como siempre, mi vista recorrió las orillas, encontrándolas tan vacías como lo estuvo mi pecho cuando socave las esperanzas de verle, me deje caer sobre el pasto, tanteándolo despreocupadamente con los dedos, sumiéndome en mi propio silencio.
Respire, queriendo impregnarme de aquel sentimiento de plenitud y libertad que amenazaba con despejarse tras la inminente partida, entonces, como si se tratase de una aparición, los cabellos castaños interrumpieron mi vista y al alzar el rostro me topé con esos hermosos ojos azules que noche tras noche me persiguen en sueños.
-Hola- Elladora Potter estaba inclinada, con sus manos sobre sus rodillas, la túnica rozando el suelo y sus cabellos desparramados en el viento, estaba tan cerca, era tan real, su aroma me golpeo como una ola fresca, flores silvestres, como las que crecen salvajes en los recónditos paramos, sonreía, con gentileza y soltura, sus mejillas lucían un rosa perlado y me miraba fijamente, me congele, no supe por cuanto tiempo- ¿Black no?- prosiguió, solo logre asentir, estaba hipnotizado por sus ojos, obnubilado por su fragancia, en éxtasis por su voz, esa dulce voz, esa melodía celestial, que por algún motivo de infinita misericordia divina se dirigía a mí.- No me presente antes, Elladora Potter- no ofreció su mano, tampoco yo debía tomarla, concentre todos mis esfuerzos en volver en mí mismo, aquel contacto, aquella conversación que hasta ahora era unilateral no era digna de mí, de mi casa, de mi rango, no era sano para ella, ¿Qué demonios pretendes destino?
Frunció el ceño como si sopesara alguna idea, mientras se volvía a erguir, contemplo un momento las agua antes de caer sentada con gracia sobre la hierba, a mi lado, sentí mi corazón descarrilarse, mi alma vibro entre angustiada y extasiada, y mi cuero, rígido por los nervios, se humedeció ante el sudor frio que me recorría. No dijo nada, tampoco yo pronuncie palabra alguna, nos sumimos en un silencio que poco a poco dejo de ser tenso, podía oírla respirar pausadamente, su perfil sereno me cautivaba, al mismo tiempo que una lucha encarnizada entre el deber y el deseo era librada en mi fuero interno, estaba allí, a unos centímetros de mí, si tuviera el valor podría alargar la mano y tocar la seda caoba que se extendía por su espalda, podría tomar un mechón y enroscarlo en mi dedo y apreciar su textura y embriagarme en su aroma.
Podría, podría hacer tantas cosas, pero no, no lo haría, me sentía tan tentado, yo era el devoto pagano, a quien habían convertido su fe, que se encontraba frente al ídolo que debía repudiar pero que era el dueño de su convicción.
El cielo se tiñó de suaves tonos naranjas, las nubes se arremolinaron a la distancia y las aguas se calmaron lentamente, no se decir a ciencia cierta cuantas horas estuve allí, no supe en que momento mi brazo había rozado el suyo, ni como nos perdimos en una conversación plagada de temas absurdos, ella era la sirena que con su canto inocente me arrastró sin piedad hasta las rocas, yo había encallado mi barco a su orilla, y dudaba, con el temor y el recelo de quien lucha con su instinto, poder volver al mar.
Julio 1992
Hermione anduvo a paso lento entre los pasillos, el sol apenas comenzaba a distribuir sutiles rayos que atravesaban con dificultad la espesa neblina de la mañana, el cuerpo le dolía, había contado unos quince moretones, casi treinta rasguños y tenía la muñeca vendada, debido a un esguince que no había advertido hasta que estuvo en la enfermería a expensas de Madame Pomfrey, quien, vale la pena acotar, estaba muy molesta cuando le informo que el director deseaba verla, y se había ido refunfuñando y farfullando algo acerca de su potestad en la enfermería y la desconsideración, que no hacían más que ofender a una buena y efectiva recuperación.
La gárgola que guardaba la puerta le dio paso sin que ella mediara palabra alguna, sonrió y emitió un leve "Gracias", que la estatua correspondió con un asentimiento breve y casi imperceptible.
El despacho del director siempre le había parecido un agradable desorden, con cientos de figurillas, botellas y otras curiosidades esparcidas sobre las mesas, cientos de cuadros de anteriores directores del colegio dormían aun con suaves ronquidos desde sus marcos en la abarrotada pared, algunos libros se movían en las estanterías y un hermoso fénix le observaba desde su pedestal de oro.
- ¡Ah! ¡Srta. Granger!- exclamo el anciano de barba platinada desde su escritorio, mientras con un largo dedo huesudo se acomodaba los anteojos de media luna.- Me alegra verla en tan buen estado.-
-Bueno días profesor- dijo ella tomando asiento en la silla que este le señalaba.
Dumbledore dejo de lado su revista de tejido, se aclaró la garganta y se acomodó en su mullido sillón, mientras analizaba a la chica de pies a cabeza, si, se parecía tanto a su padre que, de no ser por ese hechizo desilusionador de la joven Tonks, cualquier tonto con un par de ojos que le hubiera conocido lo habría notado, miraba con la misma curiosidad, analizaba con una velocidad vertiginosa y, según el mismo había visto durante sus excursiones de incognito por los pasillos, poseía el mismo mal genio característico de su familia, la bondad en su corazón y la valentía, le venían por artes iguales, así como un muy oculto desdén por las normas, aunque creía que ella aún no había descubierto esa cualidad suya. También estaban sus finos rasgos, esa nariz respingada, la sonrisa despreocupada y la manía mal disimulada de poner los ojos en blanco cuando algo le parecía absurdo, entendía el aprecio que nacía de aquellos que le conocían, era verlo en vida nuevamente, innegablemente. El mismo la haba visto de niña, y ahora que tenía la ventaja de observarla a sus anchas estaba seguro que guardaba el mismo espíritu de sus progenitores, era un alma pura, una persona digna y noble, si, ella era la adecuada.
-¿He enfurecido a la pobre Poppy no es así?- pregunto el viejo mago con una sonrisa que no daba lugar a ningún falso arrepentimiento.
-Me parece que un poco, si Señor- contestó Hermione tratando de disimular su creciente angustia, ¿Para que querría verla?-
-Tendré que compensarla después, pero ahora, tengo un asunto que tratar con usted, vera, como ya le dije al Sr. Potter, la piedra filosofal ha sido destruida, pero usted como yo sabemos que dicho objeto, que encerró por tantos años tal poder no puede ser destruido sin dejar restos-
Hermione se quedó rígida, claro que lo sabía, se había tragado todos los libros que había encontrado sobre la piedra filosofal, incluso, durante las vacaciones de navidad, en las que se había visto presa de la incómoda situación de fingir alegría al pasar un periodo tan importante lejos de su familia y su mundo, había utilizado eso que los muggles llamaban internet y que los Granger tenían a disosición, para realizar nuevas investigaciones y se había sorprendido gratamente al encontrar cientos de textos de resaltantes alquimistas, que sin duda, no habían sido muggles, al menos eso pensaba ella, pues sus conocimientos iba más allá, mucho más allá, de lo que alguien sin conocimiento mágico pudiera tener.
-Dígame Srta. Granger, ¿Conoce usted la historia de Hermes Trismegisto?-
-Si- dijo ella al instante- los muggles le consideran el padre de la alquimia.-
-En efecto- dijo Dumbledore- Hijo de un mago poderoso, sin embargo era un squib, que supo utilizar muy bien el conocimiento que su padre, a pesar de su situación, pudo bridarle y lo amplio con conocimiento científico, él lo llamaba "Una clase nueva y particular de magia", puede usted imaginarse los rumores y represalias que tal exclamación produjo en su época, sin embargo, sus investigaciones crearon los precedentes de lo que mi querido amigo Nicholas utilizó en la creación de dicha piedra- se inclinó hacia adelante y le extendió un pequeño cofre de oro, en la tapa tenia repujado un símbolo, un circulo grande que contenía un triángulo y este a su vez contenía un cuadrado en cuyo interior había otro circulo más pequeño.
-La cuadratura del cirulo- susurró ella mientras sus dedos acariciaban la imagen y sus ojos se colmaban de preguntas y respuestas.
-Así es, me sorprendería si desconociera sus capacidades- exclamo complacido- ¿Sabe lo que significa?-
Hermione se tomó unos segundos para recomponer sus emociones, presa de una curiosidad infinita, levanto los ojos hasta que sus orbes castañas se encontraron con los zafiros envejecidos pero vivarachos.
-Es un símbolo de la creación de la piedra filosofal- respondió, Dumbledore asintió con gusto.
-Sí, este era el cofre que guardo la piedra todos estos años, una vez fue de madera- Con un movimiento extrajo su varita de la túnica celeste y se puso de pie para rodear el escritorio y toma asiento junto a la niña.- Escucha bien ya que solo podre decírtelo una vez- apuntó su varita hacia la cerradura y dijo con voz clara y fuerte-"Crede Fortitudo"(1)-
El pequeño cofre se abrió con un sonoro clic metálico, ella titubeó antes de empujar la tapa y revelar su contenido, un fino polvo rojizo, que despedía un olor metálico bastante particular y dulzón.
-No es posible- musito- ¿Es…Señor podría ser?- pregunto volviendo a mirarle.
-Lo que es, podría ser y debería ser, es una pregunta que mucha gente se hace y que nunca encuentra una respuesta clara, sin embargo, si, lo que usted sostiene en sus manos es justamente lo que cree que es y sus usos, tan variables como peligrosos, no estarán sometidos a mejor juicio que el suyo, si acepta el pesado deber que debo pedirle que acepte.-
Hermione volvió la vista al polvo, calculó que había unos trecientos gramos, suficiente pero no demasiado, aquello era la sustancia, el esqueleto y el alma de la piedra filosofal, Azufre Rojo (2).
-Como ya debe saber, su lugar en todo este asunto tan delicado amerita que goce usted de ciertas ventajas, será usted la guardiana de este cofre y su contenido, corre con la responsabilidad de utilizar su contenido tal como sé que debe ser usado, pero debe saber también que esto será un secreto entre usted y yo, hay quienes darían su vida por ello-
-Con esto el Sr. Flamel podría vivir mucho más- dijo ella con asombro.
-El y su esposa han vivido lo suficiente y se sienten satisfechos de que su más preciado bien sea utilizado como salvaguarda en una lucha mucho más noble que la que han librado con la muerte por tanto tiempo.- Dumbledore volvió a cerrar el cofre y guardó s varita en la túnica.
-¿No sé si estoy calificada para ser digna de tanta confianza?- su corazón latía, su mente conjeturaba los cientos de usos que dicho polvo podría tener, el bien y el mal que todo esto podría hacer, era aterrador y excitante, era un alago y una condena.
-Lo está, téngalo por seguro- el hombre la dejo meditar unos momentos, cuando sus ojos centellaron con una madurez impropia de su edad y noto en su rictus la abnegación prosiguió- Bien, debe saber lo siguiente, este polvo debe ser tomado en una infusión que he escrito en este pergamino- extendió hacia ella un rollo de pergamino que había hecho aparecer en su mano, era pequeño y fino y sus dedos picaron de curiosidad solo al tocarlo- memorícelo y destrúyalo- ella asintió.- Por seguridad, una persona solo puede tomar esto una vez sin alterar el curso de su envejecimiento, si se añade a un tónico especifico, puede ser usado como antídoto para algunos venenos mortales, también encontrará algunos otros detalles en ese rollo- Ella volvió a asentir, sintiéndose demasiado mareada por aquello que sin mediar palabras acababa de aceptar.- Así que úselo bien Srta. Granger, puede que esta sea nuestra mejor ventaja.-
Cuando salió de la oficina del director, con un cofre escondido entre los pliegues de la túnica, perpleja, asustada y mucho más pálida que antes, corrió con todas sus fuerzas hasta su dormitorio e ignoro a Parvati Patil y Lavander Brown que seguían preparando sus baúles para el regreso a casa. Se lanzó hacia el suyo y susurrando hechizos protectores oculto el cofre antes de caer sentada sobre su cama y hundir con frenesí la cara entre las manos. ¿En que había estado pensando?, otro secreto más, otra presión más para machacar sus hombros, ¡que tonta!
Le tomo varios intentos recomponerse, ante la mirada perpleja de sus compañeras, y mucho más conseguir una excusa que pudiera ser útil. Recordó lo que había leído sobre el símbolo que coronaba el cofre dorado y sonrió para sí misma con sarcasmo, la cuadratura del círculo, un problema sin solución, eso era justamente su vida en aquel preciso momento, por más cálculos que pudiera hacer, por más que quisiera frenar y dar marcha atrás, estaba hasta el cuello, sin derecho a réplica y por el simple motivo de haber nacido.
Suspiro mientras observaba a través de su ventana como los alumnos comenzaban a salir con sus baúles detrás de ellos, ¿Cómo se sentiría ser como ellos? tan inocentes a la realidad que pronto se cerniría irremediablemente sobre todos, una realidad que la atormentaba constantemente, una que hasta hace poco Harry y Ron no conocían, pero que los había atrapado, "Una lucha mucho más noble que la que han librado con la muerte", se rio con fuerza, con los ojos velados de lágrimas ante ese comentario, ¿Una lucha más noble?, podría ser, pero el enemigo era el mismo, era una lucha con la muerte.
Mil gracias por todos sus reviews, espero ver muchos más.
1)Crede Fortitudo: Crede en latin "cree en mi" y Fortitudo "Tesoro", la confianza de la piedra en quien la toma, es lo que permite accesar a ella, pues solo es digno aquel que quiera tenerla pero no usarla para su propio beneficio.
2) Azufre Rojo: "El alquimista del siglo octavo Jabir ibn Hayyan (latinizado como Geber) analizó cada elemento clásico en términos de las cuatro cualidades básicas. El fuego era caliente y seco, la tierra fría y seca, el agua fría y húmeda, y el aire caliente y húmedo. Se teorizó que todos los metales era una combinación de estos cuatro principios, dos de ellas interior y dos exteriores. Partiendo de esta premisa, se razonó que la transmutación de un metal en otro podría verse afectada por la reordenación de sus cualidades básicas. Este cambio probablemente estaría mediada por una sustancia, que llegó a ser llamado en árabe al-Iksir (del cual se deriva el término Occidental elixir). A menudo se considera que existe como un polvo seco de color rojo (también conocido como al-Kibrit al-Ahmar الكبريت الأحمر- azufre rojo) proveniente de una legendaria piedra—la piedra filosofal." En este caso es el residuo de dicha piedra.
