Esto es algo que no planee hacer pero debido a las peticiones y en especial las locas e increíbles ideas que me dio mi amiga Liho, decidí continuar el fic, o mejor dicho, plantearlo como una segunda parte donde los protagonistas esta vez son Sanzo y Goku, sin más que decir, que no comprenderán mucho este fic si no leen antes el de "En nuestro camino", igual pueden intentarlo que la cosa no es muy enredada.
Nuestro Regalo
Capítulo 7
En medio de los dos.
Era muy temprano para Goku, verdaderamente estaba atrapado entre las tibias mantas de una cama, sin ánimos de salir de ella. Con casi 6 meses ya las dificultades del embarazo se hacían muy evidentes, sus caderas dolían por las noches, cuando hacía más esfuerzo del normal, o si se desvelaba sentado junto al escritorio de Sanzo observándolo hacer sus labores de monje aburrido.
Otro de los problemas era su "enorme" vientre, las ropas ya no daban más y hasta las que le regalo Hakkai que fueron suyas mientras espero a Soe, también estaban por colapsar. Ese amanecer lo tomo desprevenido, semi desnudo tendido en la cama y esperando a que Sanzo diera los últimos detalles a su nidito de pasiones. la habitación estaba lista pero aun no la compartían, Goku tuvo que esperarse unas largas y tediosas dos semanas más de lo previsto, Sanzo con sus obligaciones debió salir fuera del templo, sus estudiantes estaban prácticamente acosándolo para que ejerciera sus enseñanzas como se debía, una y otra vez salía del templo, unas veces por dos días, otras por tres y esta mañana ya llevaban 5 días que no lo veía, Hakkai y Gojyo se ofrecieron a tenerlo como invitado pero se negó en todas las ocasiones, decía que su lugar era junto a Sanzo, esperarlo era su deber.
Y esa mañana despertó sintiéndose observado, sus ojos vidriosos por el sueño se enfocaron dificultosamente en la cortina de bambú que filtraba los primeros rayos del sol. Aun perezoso trato de estirar su cuerpo, llevando sus manos al tenso vientre, sintiendo las redondas formas. Gimió bajito al percibir los fuertes movimientos del bebe, cada día crecía mas, fuerte, intenso y con una carga espiritual que sorprendía al mismo Sanzo. Y con obvias razones, ese niño era una mezcla del monje de más alto rango en toda china y una deidad herética, solo Goku contenía una fuerza abrumadora y su retoño seguramente la heredaría de él.
- ya... ya desperté pequeña. - sonrió tímidamente a su vientre, sin notar que la sombra tras la cortina de bambú se acerco mas y mas a él -
Goku bajo la guardia, normalmente estaba alerta a su alrededor y más aun cuando Sanzo se ausentaba del templo, los monjes nunca dejaban de fisgonear con sus miradas, buscando razones de su redondez repentina y constante. Pero esa mañana no vio venir a su invitado inesperado, las cortinas de bambú se corrieron ruidosamente trayendo consigo la figura difusa de alguien.
- ¡qué diablos haces en esta habitación! - la voz sonó indignada y con un fuerte tono de recriminación -
- yo... - Goku no tuvo tiempo si quiera de bajar su camisa para ocultarse el vientre, fue agarrado en un terrible momento -
- una semana solamente... me voy una semana y rompes con todas las reglas que te deje impuestas.
- ¡Sanzo! - su rostro de susto paso a una tierna sonrisa, su amado sol regreso de su viaje -
Con dificultad salto fuera de la cama tratando de rodear entre sus brazos al monje, la labor fue casi imposible gracias al creciente estomago de Goku.
- eh... a crecido un poco esta semana. - al fin pudo darle un abrazo pasando sus manos tras el cuello del rubio -
- ¿no dejaste que el resto del templo se muriera de hambre?
- ¡claro que no!
- ¿y qué hacías durmiendo en mi habitación? - miro el lugar seriamente, cualquiera de los habitantes del templo pudieron verlo como el -
- te extrañábamos mucho. - suspiro soltando sus manos para posarlas en su baja espalda -
- ¿te has sentido bien? - noto la expresión incomoda en Goku -
- perfectamente, pero a veces me duelen las caderas, tu hija pesa mucho.
- ¿hija?
- ya sabes que confió en mi intuición de mama.
- no digas mas... te has juntado demasiado con Hakkai. - mascullo incomodo por lo que aprende del castaño -
- y... - sus orbes doraras lo miraron intensamente -
- hoy.
- ¿Hoy?
- ¡es hoy y no digas más! - se dio media vuelta soltando un pequeño gruñido, Goku resultaba impaciente por compartir el lecho -
- escuchaste bebe, ¡al fin tendremos una habitación para los tres!
La emoción de Goku fue desbordante, si pudiese hubiera saltado sobre Sanzo, besándolo locamente, pero no podía, su vientre era una gran barrera física nueva y también las demostraciones efusivas de amor dentro del templo estaban prohibidas.
Esa noche Goku se esmero en todo, preparo el baño de Sanzo, sus ropas limpias sobre la cama, una cena suculenta que él no se robo para comérsela. En fin, el mono quería una primera noche magnifica en su habitación nueva, Sanzo estaba realmente alagado con los detalles pero nunca sería capaz de decírselo abiertamente.
- al fin aquí... - Goku dio varias vueltas por la amplia habitación, detallándola una y otra vez lleno de emociones contenidas – Sanzo.
- di. - estaba sentado en la orilla de la cama, absorto en las curvas reveladoras de Goku, el camisón de algodón blanco que llevaba no dejaba nada a la curiosidad -
- tómame. - se metió tímidamente entre los brazos de Sanzo, acurrucándose contra el cuerpo tibio de su sol -
- no tienes que pedirlo. - sus labios surcaron los de su mono, un beso tibio y suave que fue adquiriendo un matiz salvaje y lujurioso -
Las manos recorrieron aquel cuerpo en expansión, tratando de reconocer sus nuevas proporciones, sus recovecos entre pecho y espalda, necesitaba saber a ciencia cierta que cambiaba en Goku con cada día vivido. Su boca lujuriosa siguió el vaivén de las manos, aun sentado frente a su mono, beso su cuello, su pecho, abrió sin descaro alguno el camisón, rasgándolo en el proceso, escuchando el tintinear de los botones contra el suelo.
- suave... - gimió encorvándose hacia delante, el simple aliento de la boca del monje sobre su pecho lo descoloco, la zona se había vuelto extremadamente sensible en esa semana -
- no interrumpas lo que será bueno. - una sonrisa maliciosa acompaño al rubio, sus labios al fin se posesionaron sobre uno de los pezones, lo atrajo con golosidad a su boca, lamiendo, apretando y succionando de él como si fuera a obtener algún resultado -
Se curvo en un gemido apagado, cerrando instintivamente sus ojos, jadeando quedito sobre Sanzo, sintiendo que todo le daba vueltas por el inaudito placer que le proporcionaban. Temblaba, se estremecía una y otra vez cuando la mano tibia de su sol bajo juguetonamente por su espalda rumbo a su muslo desnudo, metiéndose furtivamente bajo la ropa, toqueteando sus nalgas, apretándole con saña contenida, buscando el paraíso perdido entre sus muslos cálidos.
- tómame... hazlo de una vez... - acaricio la cabellera de su sol, sujetándose fuertemente de ella para que lo mirara al rostro y cumpliera la petición -
- no seas impaciente bakasaru. - lamio suavemente su hombro, subiendo una vez más hasta su cuello expuesto por el placer -
Fue un torbellino completo, aun semi desnudo sobre la cama, intentando una posición cómoda al estado de Goku, sintiéndose nuevamente unido hasta que la puerta de la habitación sonó con llamados a Sanzo.
- ¡maldición! - jadeo incontrolado y poniéndose de pie al tiempo que trataba de acomodar su bata -
- no abras... - Goku se oculto como pudo entre las mantas desordenadas de la cama -
- será rápido. Tiene que ser rápido por el bien del que osa tocarme la puerta en medio de la noche.
Mientras Goku quedaba tras el hermoso y labrado paraban de bambú que ocultaba la cama, Sanzo respiro hondo y salió a abrir la puerta de su nueva habitación.
- buenas noches Sanzo - sama. - uno de los monjes más antiguos y custodio de la entrada al templo se inclino respetuosamente ante el - lamento interrumpir su descanso.
- ¿qué quiere? - instintivamente salió de la habitación cerrando la puerta tras el -
- acabamos de recibir una visita en el templo, dice ser enviado desde el mismo templo del sol poniente...
- ¿desde el templo del sol poniente? - arqueo una ceja notablemente intrigado por ello -
- dice venir para hablar con usted personalmente.
- no atiendo a nadie a estas horas, dile que venga temprano mañana.
- creo que no se retirara Sanzo - sama, tiene órdenes de quedarse aquí.
- dale alojo y mañana lo recibiré.
Sin mas acotación se dio media vuelta regresando en sus pasos donde Goku, no dejo que el monje se quejara, ya vería como resolvería lo de la visita porque lo que era él, tenia única y exclusivamente metido entre ceja y ceja esa noche el cuerpo cálido y excitante de su mono y no abría poder humano o divino que lo alejara de su cometido.
Paso presuroso desatando su bata frente a la cama, pero sus prisas fueron detenidas por los sonoros ronquidos de Goku, se había quedado dormido en la cama mientras se ausentaba del lecho, su mono lucia tan sereno, tierno y agotado, que dudo seriamente en despertarlo por sexo, ya abría tiempo de ejercer su dominio sobre el cuerpo del mono, le sobraba la vida para amarlo como quería. Así que sin ánimos se metió entre las tibias mantas quedando frente al rendido Goku, observo su perfil dulce, sus facciones maternales evidentes, la suavidad de sus curvas delineadas en sus pechos y caderas, como el cuerpo le gritaba que allí había vida, que se gestaba un milagro en sí mismo, un enorme milagro que llegaría en algo más de tres meses.
El asunto del visitante quedo olvidado hasta que muy temprano en la mañana fueron despertados por el sonido de golpes a la puerta. Goku despertó primero, medio aletargado y confundido por los sonidos, con dificultad se sentó en la cama buscando algo para cubrirse, después de aquel apasionado preludio quedo dormido medio desnudo.
- ¿quien será? - apenas se logro poner de pie sintió como Sanzo le empujo de regreso a la cama - ¿Sanzo?
- quédate allí. - con sumo cuidado ubico el paraban de madera para que tapara totalmente la vista a la cama -
Tomo su bata rápidamente y se asomo a la puerta esperando conseguirse uno de sus alumnos, estaba muy equivocado, lo que consiguió fue a un joven educadamente inclinado con su cabeza gacha y extendiendo sus manos en señal de reverencia con un documento enrollado y sellado.
- muy buenos días Sanzo - sama. - su voz fue suave y respetuosa -
- ¿eres? - miro con seriedad al chico y su papel -
- mi nombre es Go Dougan, espero disculpe mi llegada inesperada tarde anoche, comprendo que estaba descansando y por ello no me recibió... - medio alzo la mirada para comprobar lo que las malas lenguas decían del monje de más alto rango en toda china -
- ¿quién te mando? - tomo el documento al tiempo que cerraba la puerta de la habitación, era preferible alejar a ese extraño invitado lo máximo posible de Goku -
- vengo de parte de la Sanbutsushin, me encargaron de su cuidado, seré su nuevo ayudante personal. Además... le admiro Sanzo - sama, sus historias del viaje que hizo al oeste son famosas en todos los templos de china.
- no necesito ayudante. - devolvió el papel después de leerlo. -
- son órdenes expresas, seria contradecir a buda...
- demonios. - mascullo incomodo, no tenia ánimos de negarse a la Sanbutsushin, ellos eran por así decirlo sus jefes directos, y ahora más que nunca debía mantenerlos al margen gracias a Goku y su condición. - lo repetiré, no necesito ayudante, pero...
- hare lo que sea Sanzo - sama, fui entrenado para este propósito desde mi niñez, seré su fiel ayudante y alumno. - volvió a inclinarse reverencialmente, con sus puños apretados y sus ojos fuertemente cerrados, esperando agónicamente la última decisión del monje rubio -
- los monjes que te recibieron anoche te dirán donde dormir, ve con ellos. - dio un pequeño suspiro de resignación -
- ¡muchísimas gracias Sanzo - sama! - se alzo sonriendo enorme, con sus pálidas mejillas sonrojadas -
Sanzo le miro alejarse en rápida carrera, estaba incomodo, este nuevo predicamento impuesto por la Sanbutsushin era un verdadero peligro, Goku ya no podría estar tan a sus anchas junto a él, por una parte estaba bien eso ya que con casi 6 meses el mono parecía una fuente inagotable de energías mal canalizadas a veces, además, le serviría muy bien un alumno personal para mandarle a hacer todo lo que él no deseaba hacer.
Dio un sonoro suspiro al regresar dentro, aun con el pergamino entre manos y su cabeza llena de pensamientos contradictorios.
- ¿quién era? - Goku salió dificultosamente de las mantas que le hecho encima el rubio -
- una molestia.
- ¿molestia? - centro sus ojos en el pergamino que llevaba Sanzo -
- escúchame bien Goku, las cosas se complicaran un poco, hay un invitado indeseado que no puedo negarme a aceptar.
- ¿el que llego anoche?
- exacto, es mandado por la mismísima Sanbutsushin, así que tendremos que mantenernos al margen lo máximo posible, no te quiero perdiendo el tiempo en mi oficina, ni paseando con tu vientre expuesto como hace unas semanas atrás.
- tenia calor Sanzo, es horrible estar en esta condición y sufrir calor. - acaricio su estomago suavemente -
- sería conveniente que pasaras más tiempo donde Hakkai.
- ¿me estas echando del templo? - bufo ofendido por la insinuación tan directa -
- ¡solo necesito que evites al niño ese! - le tomo fuertemente de los brazos - no quiero a nadie inmiscuido en nuestra vida intima, me niego a aceptar eso.
- pero Sanzo... - estaba consiente en que tenia razón, no podían jugar con la suerte y verdad de su vientre - está bien.
- ya buscare la manera de que se largue del templo por voluntad propia.
- quizás... no sea un problema, pueda que te ayude. - intento verle el lado positivo de la situación -
- créeme Goku, será un problema.
Y sus palabras fueron sabias, Sanzo sabía perfectamente que aquel chiquillo parecía tener muy en claro su función en el templo. Apenas tuvo que abrir la boca para intentar darle directrices, Dougan se le adelantaba intuitivamente, cubriendo sus necesidades con una devoción y gusto que daba hasta miedo. Todo el día Goku permaneció alejado, se dedico a perder su tiempo por los alrededores del templo, a pesar de su condición no dejo de ser activo, tomaba unas cuantas horas al final del día para entrenar su cuerpo, no como antes, si no mas suavemente, aprendió del mismo Hakkai que el simple acto de sentarse y respirar profundo ayudaría, relajarse totalmente y enfocar todas sus energías en el venidero bebe.
su rutina había culminado con la caída del día, el mono al fin se aventuro a aparecer por el templo, necesitaba a Sanzo, su compañía silenciosa, su brazos cálidos, como deseaba apretarlo y besarlo en su pequeño refugio, casi que corría ansioso por encontrarse en el lecho junto al monje, sin pensar en nada mas llego a la entrada de la habitación, apresurado y también sorprendido por encontrar el sitio lleno de objetos que deberían estar dentro de la habitación y no fuera de ella.
- ¿que... que sucede aquí? - sus orbes doradas se posaron en el único ser que estaba por allí, un jovencito como de su edad, delgado, un poco más alto que el, con sus cabellos negros recogidos impecablemente en una diminuta cola de caballo, y para rematar usaba lentes -
- por favor. - miro curioso al chico que estaba frente a la puerta -
- ¡hey! - inesperadamente sintió como su espalda era empujada con un peso increíble -
- ayúdame a sacar esto de aquí.
- pero... ¡eso es de la habitación! - detuvo el paraban de bambú que el moreno intento sacar -
- ¿y tú eres? - al fin miro inquisidoramente al mono -
- Goku, soy Goku, ¡y estas sacando cosas que no puedes!
- Goku. - su mirada retadora paso a una de asombro evidente - ¿tú eres el Goku que acompaño a Sanzo - sama al oeste?
- etooo...
- ¿lo eres? - sus ojos escudriñaron curiosamente la estampa del mono -
- si lo soy.
- ¡increíble! - como activado por un resorte se inclino en un saludo reverencial - perdona mi emoción, es impresionante conocer a uno de los tres ayudantes del grandioso Sanzo - sama
- "ayudante"
- sí, he leído incontables relatos sobre su viaje, como lo hicieron y sus habilidades para matar demonios.
- no es tan importante ya, hicimos nuestro trabajo y cumplimos con la misión.
Goku se sintió incomodo, aquel joven tenía una curiosidad enorme, demasiadas energías y como Sanzo sospechaba, sería un problema para sacarlo de sus vidas. además, quería pedirle que dejara de sacar cosas de su habitación, pero no podía, para él, Sanzo era el único ocupante del lugar.
- ¿qué diablos sucede aquí? - un serio rubio apareció repentinamente tras el dúo -
- ¡Sanzo - sama! - giro en sus talones para encararlo - ¡bienvenido!
- Sanzo, está sacando todas las cosas del lugar. - el mono miro incomoda a su sol, esperaba un apoyo contundente de su parte -
- Dougan, ¿por qué estás haciendo esto?
- necesitaba limpiar su habitación, note que todo estaba colocado mal. Un monje de su alto rango necesita un lugar mejor.
- no necesito cambios. - centro sus ojos violetas en el jovencito - quiero todo de regreso a su lugar cuando vuelva.
- perdone mi atrevimiento Sanzo - sama. - respiro entrecortado al tiempo que tomaba el paraban de bambú para regresarlo dentro - no volveré a mover nada sin su consentimiento.
- vamos Goku. - se retiro escoltando al mono junto a él -
- necesito un largo baño. - miro feliz al monje, esperaba que la rutina del baño juntos no fuera alterada -
Dougan se contuvo la molestia, solo intentaba servir y ser útil, sintió un pequeño vacio en su ego, el soñaba con poder servirle al grandioso Genjyo Sanzo, sus aventuras y proezas leídas lo incentivaron a surgir, salir del grupo común y valer más que los demás, se sentía superior y con el derecho único e inamovible de servir al monje. No podía hacer más que devolver las cosas a su lugar, respiro hondamente y calmo su molestia pensando que podía mejorar el error durante la hora del baño, calentaría el agua, prepararía esencias, y si pudiese hasta le tallaría la espalda al rubio.
Goku ya se había tomado la iniciativa en el tema, estaban solamente ellos dos en los enormes baños, como rutina antes de comer e ir a la cama, pero Sanzo tenia la mente en otro lado, permanecía meditabundo sentado en su pequeño taburete de madera mientras lavaba su cabello y cuerpo, a su lado, Goku intentaba restregar su espalda para entrar a la enorme tina de agua caliente, los beneficios de vivir en un templo con muchas personas eran esos exquisitos baños de madera de cerezo.
- Sanzo.
- hmm... - medio le tomo interés al mono que ya se quitaba todo el jabón del cuerpo -
- ese chico no me inspira mucha confianza.
- a mi tampoco. - hablo más para sí que para Goku -
- bueno, quizás está tratando de dar una buena impresión.
- no lo creo, ese chico es de los que quieren complacer hasta los caprichos mas estúpidos de su superior hasta las últimas consecuencias. - sin ánimos tomo un balde con agua para quitarse el jabón -
- cálmate un poco... ya vamos a comer - hablo pasito frotando su tenso y voluminoso vientre enjabonado -
- limita tus conversaciones, no lo quiero husmeando o preguntándote cosas estúpidas - se puso de pie encaminándose a la tina - no lo olvides Goku.
- ya ni puedo hablar con mi bebe - bufo molesto al tiempo que seguía los pasos de Sanzo dentro del agua cálida -
- limítate.
- ¿y... tampoco puedo hacer esto? - sin pena alguna tomo desprevenido al monje con un fogoso beso en los labios, saboreando esencia húmeda y tibia -
- ¡menos! - logro separarlo de su lado con sobresalto - ¡no puedes hacer eso bakasaru!
- ¡eres malo Sanzo! - le grito enojado y alejándose hasta la otra orilla de la gran tina -
- moléstate si quieres, pero es por nuestro bi... - noto repentinamente la presencia de alguien más en las afueras del lugar. - Dougan, ¿que se te ofrece?
Goku se quedo mudo, no había notado su presencia, craso error en su estado actual, sería una presa fácil en cualquier circunstancia por su condición. El nombrado sirviente se asomo tímidamente, con su cabeza gacha y un grupo de toallas entre sus brazos.
- disculpe la intromisión Sanzo - sama, solo quería ofrecerme para ayudarle cuando saliera del baño.
- no soy invalido. - Afirmo fríamente mientras salía de la tina - la toalla
- to...tome. - la extendió tembloroso y con sus mejillas sonrojadas -
- apresúrate Goku. - seco un poco su cuerpo para después enrollar la toalla en su cintura desnuda -
- hai... - siguió en su esquina muy enfadado, con Sanzo y consigo mismo -
Dougan le vio alejarse disimuladamente de los baños, su respiración pesaba repentinamente, le latió rápido el corazón al tiempo que hasta sus lentes se empañaron por el calor y vapor del lugar. Nunca imagino que había debajo de toda esas ropas de monje, parecía pecaminoso si quiera el pensamiento, pero para Dougan era una sofocante revelación de un cuerpo firme, fuerte y varonil, muy exaltado en todos los sentidos mundanos, más bien demasiado.
Goku se quedo en el agua un poco más, mirando muy incomodo al inesperado invitado, sintió que Dougan había interrumpido adrede su privacidad casi nula en esos días. Luego de cenar, también acto interrumpido por el nuevo ayudante, Sanzo se sentó muy cómodo en la entrada de la habitación, encendió su cigarrillo para al fin fumar, por su parte Goku guardo distancia, el humo no era sano para su bebe, al tiempo que no iba a quitarle todos los placeres malsanos que su sol tenía acostumbrados a experimentar.
- ¿como dormiremos?, tengo sueño. - hablo quedito en su sitio, lejos del monje -
- pasa dentro de una buena vez - apago inesperadamente su vicio sin culminarlo -
- y si... - miro a todos lados buscando a la nueva sombra de Sanzo -
- lo mande a lavar mis ropas, nos dejara en paz hasta mañana - sonrió descarado al tiempo que se ponía en pie - vamos a la cama bakasaru.
La idea de Sanzo podría ser buena, Dougan estaba en su pequeña habitación culminando de poner la ropa sucia del monje en una pequeña cesta, no importaba que fuera tarde, el cumpliría su labor, tan solo necesitaba buscar su ropa sucia para aprovechar el trabajo.
- Sanzo - sama es tan serio y fuerte - llevo a su rostro la túnica color crema que usaba siempre Genjyo Sanzo - y... su olor.
Los aromas le excitaron, ese extraño perfume de una liga de nicotina, almizcle y sudor. Así debía oler la gloria a su modo de ver, cada hora que pasaba cerca de su admirado héroe era una tortura para sus sentidos, verle desnudo, tan puro y mundano que podría olvidar el hecho de ser un estudiante y el su maestro.
- Sanzo - sama - gimió quedito recargando su espalda de la pared, necesitaba un punto de apoyo para su pecado, un segundo de locura en ese mundo - es increíble.
cerro sus ojos mas fuerte aun mientras aspiraba aquel aroma de la prenda, llevándola a su rostro, restregándose en ella mientras su mano derecha se deslizo por su pecho tímidamente, bajando mas y mas hasta su vientre cálido, allí se detuvo ansioso, imaginando con intensidad morbosa que su mano ya no era su mano, que la intrusa atrevida era de su idolatrado Sanzo - sama, su boca se curvo de éxtasis inmediatamente, mordiendo las telas para no hacer el menor ruido mientras volaba su imaginación entre caricias desinhibidas, moviendo su mano a un ritmo impetuoso, caliente y provocativo, sintiendo como su miembro se humedecía mas y mas hasta que era imposible detener el orgasmo, un gemido ronco y gutural fue el fin de su acto, temblando descontroladamente hasta que su respiración volvía a normalizarse, sonrojado y sudoroso limpio sus propias esencias en las ropas del monje.
- en algún momento esta tela será usted, mi querido Sanzo - sama... - acaricio suavemente su rostro con la prenda -
Continuara...
Buenas, perdonen la demora, hoy si pude al fin publicar este capítulo que va muy interesante, para las fanáticas de saiyuki que lograron ver la película saiyuki réquiem, les sonara conocido el personaje de Dougan, si… ese mismo Dougan con obsesión por Sanzo ja ja ja, ese mismo que se hizo su propio Sanzo para practicar XD. Bueno, la que no haya visto la película pues salgan a descargarla. Y disfruten del desastre que se avecina.
Próximo Capitulo:
Fruta Podrida
Urasai
Una mañana radiante, Sanzo despertó primero que su mono, tranquilamente se movió de su lado sin dejar de verle, tenía que admitir lo mucho que le amaba, así no lo dijera a viva voz, y de paso no podría hacerlo tampoco, el templo tenia ojos y oídos de sobra. No importaba al final, era su mono y era su vida personal, nadie podía decirle nada.
- Sanzo - sama – el escuchar la voz suave de alguien conocido lo saco rápidamente de sus pensamientos -
- di - alzo la voz para que el inoportuno jovencito le escuchara fuera de la habitación -
- le traje sus ropas, están secas y limpias. - Dougan miro la cesta de mimbre donde llevaba todo seco y prolijamente doblado -
- déjalas en la puerta.
-como ordene Sanzo - sama - obedeció inmediatamente dejando la cesta a los pies de la puerta - me retiro, el desayuno estará listo en su oficina.
El rubio espero un tiempo prudente para salir a buscar sus ropas, no tenía ganas de verle la cara de desvivido a su nuevo ayudante, poquito a poco abrió a puerta estirando su mano para tomar la cesta.
- ¡buenos días Sanzo! - un alegre Goku prácticamente le salto encima por la espalda - ¿Sanzo?
- ... - estaba agachado quieto, mudo y con su rostro ensombrecido en una mueca extraña -
- ¿qué sucede? - observo extrañado la cesta que tenia acaparada toda la atención de su sol, casi que obsesivamente – esa es tu ropa limpia.
- no voy a usarla. - algo le perturbaba, esa ropa despedía unas malas vibras por donde quiera que las mirara –
- ¿por qué no? Están impecables. – se rasco la cabeza confundido –
- no lo hare, quémalas. – huyo prácticamente del lugar esquivando la cesta de mimbre con el contenido sospechoso dentro -
