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7. Saliendo de una pesadilla para entrar a otra.

Juliet se levantó temprano esa mañana, sintiéndose más cansada que en toda su vida junta. Se levantó con gran dificultad y se encaminó, con pasos extremadamente tambaleantes, hacia el baño. Se encontraba tan débil que cayó de rodillas a menos de dos pasos de la puerta.

- ¡Demonios! – masculló por lo bajo, eso le sucedía por no comer desde hacía dos días, pero no era su culpa, era la culpa de su estomago que no admitía ningún alimento por la excesiva preocupación por Kirian.

La puerta se abrió silenciosamente y por ella entró Alexis llevando consigo una bandeja que se apresuró a dejar sobre el escritorio que se encontraba cerca de la puerta al ver a su esposa se rodillas y con una mano en el estomago. Fue corriendo hacia ella y la levantó con cuidado, luego de asegurarse que se encontraba bien y que su estado era solo producido por el debilitamiento de esos tres días en los que Kirian no había dado más señales de vida que ocasionales heridas que aparecían de la nada y algún que otro gemido de dolor.

Con gran cuidado depositó a Juliet en la gran cama matrimonial, acomodando las almohadas debajo de ella para que estuviera semi-sentada y le fuera más sencillo comer.

- No creo que pueda comer nada, bebé. – susurró al ver como la habitación se tambaleaba de un lado a otro, y su estomago se revolvía aun más al pensar en la comida.

- Al menos un par de tostadas. – pidió Alexis sentándose en la cama al lado de Juliet. El ver a su esposa en ese estado lo destrozaba, verla así y saber que no podía hacer nada por ella y tampoco por Kirian le dolía enormemente, lo hacia sentirse impotente… e inútil.

La mujer al ver la mirada suplicante de su marido se resignó y tomó la tostada con mermelada de fresa que Alexis le daba. Sabía lo mal que le hacia verla así y de todos modos no podía hacer nada para cambiar eso, todo por su maldita empatía, que le hacia sentir el cansancio y el ligero terror que sentía su hijo.

- ¿Cómo crees que estará? – le preguntó Juliet entre bocado y bocado.

- Supongo que… - Alexis dudo, sin saber que contestar. – Solo espero que… que logre salir pronto. – dijo al no saber que responder a lo anterior, sintiendo un agudo dolor en el pecho al saber que había pocas si no nulas posibilidades de que aquello se hiciera realidad.

Juliet bajo la mirada mientras tragaba el último pedazo de su tostada, esperando que se quedara en su estomago por más de diez minutos y no tuviera que correr al baño a vomitar por décima vez en dos días.

- Confío en él, lo lograra. – no era una pregunta o una frase que decía para darse ánimos, era una afirmación, ella tenía plena confianza en Kirian, en su hijo, él podría salir.

Pero, como todo en esta vida, pensarlo era sencillo, decirlo era sencillo, pero hacerlo no lo era.

En esos mismos instantes, mientras Juliet afirmaba que Kirian podría salir, él se estaba enfrentando con un pequeño problema llamado avalancha. Su mente ya no era más aquel agujero negro, ahora era una montaña nevada, la misma a la que había ido con sus padres de vacaciones hacía cuatro años y todo se veía extremadamente real, era por ello que corría cuesta bajo huyendo de la avalancha que tenía tras de si.

El pobre adolescente ya no podía más, hacia días que se encontraba venciendo los pocos pero verdaderos miedos que había tenido, sin dejar de preguntarse por que no podría haber sido un muggle, uno tranquilo que tuviera miedo de cosas normales como la oscuridad, que su perro muriera, que su gato se escapara o asistir a una primaria en donde no sabría si haría amigos, preguntándose por que a él le tenían que tocar miedos como ser comido por un dragón, prenderse fuego por un accidente con los dragones, caerse en una laguna congelada en pleno invierno, una avalancha ocasionada ¿por que? Oh si, claro, por un dragón. Desde los cinco años había estado en contacto con dragones y al ser un trabajo riesgoso siempre podían suceder esos accidentes, según la gran mayoría de los criadores de dragones.

Siguió corriendo hasta que tropezó con una roca y cayó al piso. Una vez ahí, en un intento por no ser aplastado por la nieve, creo una cúpula de hielo a su alrededor y espero que sucediera lo inevitable, la cúpula se rompería y él sería aplastado por la nieve. Pero nada de eso ocurrió, la cúpula soporto toda a avalancha y, al terminar, la ilusión se difumino dejándolo agachado en medio de la común negrura, todo lo demás se había desvanecido.

Temblando se puso de pie y esperó que apareciera su siguiente miedo, pero nada apareció, ahora se encontraba solo en la oscuridad reinante de aquel lugar de su mente, solo… la palabra dio vueltas por el cerebro de Kirian mientras comenzaba a comprender ese último miedo, la soledad.

El adolescente se dejo caer al piso sin importarle si se golpeaba o no, sintiéndose completamente abatido.

La soledad era su último miedo, el miedo actual, el miedo que casi consiguió que se quedara en su casa en vez de realizar su deber como miembro del equipo, por que el venir con ellos a Inglaterra traía consigo el riesgo de que los tontos ingleses lo descubrieran y lo obligaran a quedarse en aquel mundo desconocido para él, aquel en el que no se encontraba su familia ni sus amigos, aquel en el que estaba solo, completa y terriblemente solo.

Cerró los ojos y trató de pensar en otra cosa, por ejemplo como estaría Juliet, con su empatía que funcionaba en las peores ocasiones posibles, o Brian, su hermano y mejor amigo, que siempre se preocupaba excesivamente por todas las personas que quería; Alexis y Pandora ya eran otra historia, ellos se preocupaban pero siempre de manera callada, no lloraban ni se quedaban acompañando inútilmente al herido, ellos buscaban la cura o procuraban calmar a los que estaban peor, una manera de saberse útil.

Lo que a él le mataba y destrozaba era saber que podría haber evitado que le diera la maldición, saber que era por su culpa que los cuatro estaban sufriendo.

Se hizo un ovillo en el piso, tratando de esconderse en aquella oscuridad, tratando de evitar pensar en cualquier cosa relacionada con la soledad, pero no pudo y la sensación de agonía comenzó a extenderse por todo su ser, mezclándose lentamente con la angustia y un profundo desasosiego, sentimientos que Juliet, sentada en su cama, sintió con toda su fuerza.

Juliet soltó un pequeño grito al tiempo que se llevaba una mano al pecho, sintiendo allí un profundo dolor.

- Alexis… - susurró con gran dificultad, haciendo que su marido levantara la vista del libro de maldiciones oscuras que estaba leyendo para posarla en ella. El hombre al ver su rostro desfigurado por la mueca de dolor que tenía se levantó de un salto y antes que pudiera decir otra palabra el ya estaba al lado de su mujer.

Los ojos de Juliet estaba llenos de lagrimas, mostrando una profunda tristeza que no era suya. – Él… él esta sufriendo. – jadeo con voz entrecortada, esforzándose para que las lagrimas se quedaran en donde se encontraban.

Alexis se mordió el labio sin saber que hacer para ayudarla. Siguiendo un impulso la abrazó y manipuló sus sentimientos mandándole una oleada de calma y felicidad.

- Shh… tranquila, él saldrá pronto de esto. – le susurró al oído, acariciándole la espalda de modo tranquilizante.

Un golpe en la puerta unos minutos después ocasionó que Juliet se sobresaltara y todo el trabajo de Alexis fuera inútil. Maldiciendo interiormente a quien fuera que hubiera tocado la puerta Alexis ayudo a Juliet a recostarse antes de ir a abrir, encontrándose con Constantine del otro lado.

- Alexis, el anciano esta en la enfermería junto con los Potter, quieren hablar contigo y con Juliet. – dijo y aunque su tono era seco y mayormente indiferente para alguien que lo conocía tanto como Alexis era evidente la irritación en su voz.

El rubio enarco una ceja mientras interiormente insultaba a Dumbledore y a los Potter, su esposa ya estaba lo suficientemente mal sin amargarse la existencia por culpa de esos idiotas.

- Pandora trató de sacarlos de la enfermería pero resulta imposible, Romulo y Alyson trataron de acordar una reunión en cuanto Kirian despertara pero los Potter están algo exaltados. – musitó Constantine perdiendo el tono indiferente para decir aquello con algo de enojo. Alexis sabía perfectamente el por que, si había algo que para Constantine era sagrado eso era un hospital o una enfermería.

- De acuerdo, ahora iré, solo dejame avisarle a Juliet.

Alexis estaba por girar y entrar nuevamente a la habitación pero la voz de su amigo lo detuvo.

- Ellos quieren que vengan ambos. – musitó con el mismo tono que la vez anterior. Los rasgos de Alexis se endurecieron y sus ojos parecieron convertirse en hielo.

- En unos minutos iremos. – masculló bastante enfadado.

En la enfermería las cosas no iban mejor, Romulo, Alyson y Electra posicionados entre los tres ingleses y la camilla, impidiendo que se acercaran mientras que Pandora se mantenía imperturbable al lado de la puerta de la enfermería, vigilando que nadie más que los que había mandado a llamar entraran.

- Ya le hemos dicho que ellos vendrán, ahora, por que no se van de la enfermería. – pidió Alyson reuniendo toda la paciencia que disponía.

- Solo queremos verificar algo. – exclamó Lily Potter bastante enfadada, hacía tres horas que estaban tratando de llegar hasta el muchacho para que Albus le tirara el hechizo que diría si verdaderamente era su hijo, su pequeño Harry.

- Pues no podrán hacer nada hasta que no lleguen Juliet y Alexis. – dijo Electra, la cual había dejado de lado su comportamiento infantil, pasando a tener una actitud similar a la de Constantine, imperturbable y bastante fría.

Antes de que alguien pudiera decir algo las puertas de la enfermería se abrieron y por ellas ingresaron Alexis y Constantine ayudando a Juliet a caminar.

- Hablaremos con ustedes, - dijo Juliet ya al tanto de la situación. – pero lo haremos fuera de la enfermería, este no es un lugar en el que se pueda discutir.

Albus asintió con su amable sonrisa ya impresa en su rostro. – Me parece una decisión perfecta, vayamos a mi despacho. – dijo ampliando aun más su sonrisa.

Juliet se mordió la lengua para evitar soltar un pequeño grito ante el intenso dolor en su pecho, las emociones de Kirian eran demasiado poderosas y ella en vez de estar a su lado o buscando una manera de sacarlo de allí se iba a reunir con tres magos que al parecer les sobraba el tiempo ya que no tenían nada mejor que hacer que incordiarlos a ellos, cada vez le resultaba más difícil no llamar al director de la organización y decirle que mandara otro grupo que los reemplazara.

Los seis magos se fueron de la enfermería dejando a Pandora, Alyson, Electra y Romulo para vigilar al adolescente en coma.

- Romulo, te dejamos a cargo, nosotras tenemos que ir a vigilar a los dragones. – dijo Electra tomando la mano de Alyson, ahora su rostro tenía una pequeña sonrisa traviesa, como de quien sabe que esta por hacer una travesura y esta orgulloso por ello. Antes de que alguien pudiera quejarse o decir algo la mujer salió corriendo del lugar arrastrando a su novia con ella.

Pandora, desde su posición al lado de la puerta, bufo molesta. – Electra no cambiara nunca ¿verdad? – preguntó con un tono ligeramente molesto aunque Romulo sabía que en realidad le gustaba la actitud de la mujer.

- Si quieres puedes ir a recorrer el castillo o a tu habitación, yo me quedare con Kirian. – dijo Romulo sonriendo de lado.

- No, me quedaré aquí, este castillo es extremadamente aburrido y es mejor quedarme aquí contigo que ir a dar vueltas inútilmente. – dijo al tiempo que se acercaba a la camilla de su hermano.

El cuerpo de Kirian se puso de un tono ligeramente azulado y todo a su alrededor se enfrió mandándole escalofríos tanto a Romulo como a Pandora.

- ¿Crees que saldrá? – le preguntó Romulo a la chica consiguiendo que ella asintiera algo dubitativa sin despegar los ojos del cuerpo de su hermano.

Dentro de su mente Kirian no estaba tan bien como todos creían, la única que minimamente sabía como se sentiría era Juliet, pero las sensaciones de Kirian estaban aumentadas unas diez veces. El dolor de su pecho era atroz, lagrimas caían por su rostro mientras sus ojos vacíos observaban aquel desolado lugar, esperando ver alguna sombra, esperando oír alguna voz familiar, pero no había nada, estaba solo ahí dentro y no podría salir, se quedaría allí hasta que muriera.

Más lagrimas salieron de sus ojos mientras el único poder que podía manejar en aquel lugar lo rodeaba, tratando de calmarlo y reconfortarlo, su propia magia trataba de darle ánimos, enfriando todo a su alrededor pero sin llegar a congelarlo.

En aquel lugar no se oía nada, por más que Kirian gritara o tratara de hablar con alguien que no estaba allí nada se escuchaba, ni su propia voz.

El frío se hizo más intenso haciendo que el pequeño charquito de lágrimas que se había formado bajo el rostro de Kirian se congelara, como si fuera una de las pequeñas lagunas congeladas que había cerca del lugar en el que Kirian adoraba entrenar. Eso hizo sonreír de lado al adolescente, el cual agradeció mentalmente que sus poderes estuvieran forzados a crear un equilibrio dentro de si mismo gracias a un pequeño hechizo que él mismo había ideado.

Suspirando comenzó a levantarse lentamente, todo le dolía tanto interior como exteriormente.

- Demonios. – masculló al notar que su cara estaba tan congelada como el pequeño charquito de lagrimas en el suelo.

Sin darle mucha importancia a este hecho comenzó a caminar hacia cualquier lugar en medio de aquella negrura, debía encontrar un modo de salir, un modo de volver a ver a todo el grupo, no podría vivir sin ellos.

Juliet en el despacho del director suspiró complacida al notar como el dolor disminuía ligeramente, eso al menos le daba una oportunidad para concentrarse en lo que estaba pasando a su alrededor.

- Tenemos ciertas dudas acerca del verdadero origen de Kirian. – dijo Dumbledore con su sonrisa amable y bastante tacto, había que reconocer que sabía como tratar situaciones extrañas.

- ¿Disculpe¿Qué quiere decir con eso? – preguntó Juliet bastante confundida, al estar pedida en las sensaciones de su hijo no había escuchado todo lo que antes había dicho el mago.

- Pues vera, el hijo mayor de James y Lilian, aquí presentes, desapareció cuanto este tenía tres años, el pequeño tenía pelo negro azabache y ojos verde esmeralda, rasgos que no hemos podido evitar notar que Kirian posee.

Juliet parpadeo varias veces, algo atontada por una punzada de dolor que apareció de la nada en su pecho, pero de todos modos eso no le impidió comprender lo que había dicho el anciano mago.

- Esta queriendo decir que… nosotros secuestramos al hijo de los Potter y lo adoptamos como nuestro. – les espetó secamente, no en una pregunta si no en una afirmación.

Dumbledore bajo la mirada para posarla en sus manos entrelazadas sobre el escritorio para luego volver a posarla en Juliet y Alexis.

- En realidad, solo es una mera sospecha, querríamos probar un hechizo en su hijo para comprobar si verdaderamente es su hijo… o si es el de James y Lilian.

Juliet se mordió fuertemente la lengua para evitar comenzar a gritarle al mago y en vez de eso tomo la mano de Alexis y entrelazo sus dedos, intercambiando con el una mirada luego.

- De acuerdo, así vera que Kirian es nuestro pequeño. – dijo confiada, después de todo el hechizo que Jonatan, el amigo de Alexis, era bastante útil.

Flash back.

Una pareja apareció de la nada frente a una hermosísima y gigantesca mansión victoriana

El hombre que se había aparecido cargaba a un pequeño de tres años y la mujer a uno de dos. Los dos pequeños tenían el pelo negro, el más joven tenía el pelo ligeramente más largo y lacio y la mayor diferencia entre los dos además del tipo del pelo era el color de ojos, mientras que el pequeño de dos años tenía unos grandes ojos azules oscuros, el pequeño de tres tenía unos preciosos ojos verde esmeralda.

La pareja caminó a paso rápido hacía las puertas dobles, a través de los vidrios de estas se podían ver un montón de pequeños de entre cuatro y diecisiete años todos con un uniforme similar caminando hacía diferentes direcciones. Una vez dentro detuvieron a uno de los tantos niños que pasaba.

- Disculpa¿sabes en donde esta el Director Scott? – le preguntó el hombre al adolescente.

- Si, señor. Tiene que subir por aquellas escaleras, es la última puerta del pasillo de la izquierda. – dijo el chico sonriendo nerviosamente al no saber quien le hablaba, ya que una de las cosas que le enseñó la vida era a no hablar con desconocidos.

- Muchísimas gracias. – dijo la mujer sonriendo de lado para después ir por el camino que el chico le había indicado, comenzando a subir por una gran escalera de madera alfombrada la cual llevaba a una sala en el segundo piso. A ambos costados de la sala había pasillos con innumerables cantidad de puertas y frente a ellos había ventanales por los que se veía el inmenso jardín que rodeaba la mansión y un bosque a lo lejos.

Sin darle mucha importancia a la decoración del lugar la pareja fue en la dirección que el chico les había indicado, encontrándose con que la última puerta tenía escrito el letras de plata la palabra "Director". Golpearon un par de veces y esperaron unos cuantos minutos antes de escuchar un "adelante".

Juliet miró a su esposo algo dudosa, aquello estaba sucediendo muy rápido y casi no habían tenido tiempo para pensar si estaba correcto lo que hacían o no. Alexis asintió con algo más de decisión que su mujer antes de abrir la puerta y entrar seguido de ella.

La habitación a la que entraron era enorme, con los mismos grandes ventanales que había en toda la mansión, las paredes estaban pintadas de un suave color beige, el escritorio de color caoba oscuro era una obra de arte, las patas tenían tallados pequeños e intrincados dibujos que compartía con las patas de la cómoda silla tapizada de cuero bordo. Detrás del escritorio había un gran ventanal tapado por unas cortinas dos tonos mas claras que la pared. En la pared izquierda a la puerta, la opuesta al otro gigantesco ventanal, estaba revestida por estanterías repletas de libros.

El hombre que estaba sentado tras el escritorio esbozo una enorme sonrisa al ver a sus visitantes, sus ojos de un extraño color azul similar al hielo brillaron llenándolos de vida.

- Juliet, Alexis, - exclamo contento mientras se ponía de pie. – ¿Cómo han estado? – preguntó al tiempo que rodeaba el escritorio y se acercaba velozmente a la pareja para saludarlos.

- Muy bien, Jonhatan¿y tú? – le preguntó Juliet después de saludarlo con un beso en la mejilla ya que no podía abrazarlo al estar sosteniendo a su hijo.

- Perfectamente. – dijo sonriendo y recién entonces notó al pequeño que Alexis sostenía, el cual miraba el despacho curioso. - ¿Por qué no nos sentamos? – preguntó sin saber que hacían sus amigos con aquel niño allí y muy curioso.

- ¡Tío Joatan! – chilló el pequeño de dos añitos estirando los brazos para que su "tío" lo alzara.

Sonriendo Juliet dejó que Jonhatan sostuviera a su hijo para después ir a sentarse, siendo rápidamente imitada por los demás.

- Entonces… ¿Qué los trae por aquí? – preguntó Jonhatan sentado tras su escritorio con su sobrino parado sobre su falda revolviendo todos los papeles que él había ordenado esa misma mañana.

- Este pequeño que vez aquí es Harry Potter, uno de los hijos de esos dos aurores que son perseguidos por el señor oscuro. – comenzó a explicar Alexis. – Ayer luego de hablar con los jefes nos aparecimos en la plaza que queda a tres cuadras de nuestra casa y nos encontramos a Harry en medio de aquel lugar perdido.

- Lo llevamos a nuestra casa al menos para que pasara la noche pensando que sus padres lo irían a buscar al día siguiente, pero nadie apareció. Estuvimos esperando hasta hace media hora y ninguno de ellos se digno a aparecer. – continuó explicando Juliet.

Jonhatan desvió su vista hasta posarla en el reloj el cual daba las 20:30, frunció el ceño pensando que clase de padres no intentarían de todo para encontrar a su hijo y la respuesta le llegó antes de que pudiera pensar en otra cosa, los mismos padres que abandonaron a todos los pequeños que ahora el cuidaba en su orfanato, los mismos padres que podían llegar a ser tan crueles con aquellos pequeños que no les importaba su bienestar.

- De acuerdo¿Qué quieren que haga? – preguntó decidido, su esos dos ingleses no habían recuperado a su hijo en el tiempo que sus amigos le habían dado era por que no les interesaba aquel pequeño niño.

- ¿Recuerdas el hechizo que nos comentaste hace un mes? Aquel que tuviste que tirarle a aquel niño para que su padre… - Juliet se trabo sin querer decir esa palabra. – no lo encontrara. – terminó con un nudo en la garganta, recordando que en aquel orfanato no había solo niños que habían sido abandonados, si no algunos que habían sido abusados tanto física como psicológicamente.

- ¿Quieres que le tire el Abscondo humanus? – preguntó incrédulo con los ojos abiertos de par en par.

- Por favor, Jonh. – pidió Juliet y Jonhatan no pudo más que suspirar resignado, sabiendo que cuando a alguno de esos dos se le metía algo en la cabeza nada se los sacaría.

Fin flash back.

- En ese caso vamos a la enfermería y comprobémoslo de una vez. – exclamo James, el cual estaba sumamente inquieto, sin saber que haría en caso de que ese chico resultara ser su pequeño Harry.

Dumbledore sonrió ante el comportamiento de su viejo alumno, que con esa actitud le hacía recordar al adolescente atolondrado que había sido el líder de los merodeadores.

- Deberán esperar a que despierte. – dijo Alexis sin una gota de diversión en su voz.

- Es verdad, no podemos arriesgarnos a que algún hechizo cause una reacción extraña en la maldición. – dijo Juliet con un tono similar al de su Alexis.

- No creo que un simple hechizo cause una reacción semejante en Kirian. – dijo Dumbledore al tiempo que se ponía de pie lentamente, con su eterna sonrisa amable en su rostro.

- Tal vez si, tal vez no, no podemos arriesgarnos. – dijo Juliet conteniéndose para no tirarle un hechizo, después de todo Kirian aun seguía siendo su pequeño y mientras lo fuera ella lo defendería y no dejaría que corriera el riesgo de quedar atrapado para siempre en su mente.

- Insisto, un hechizo de estos no dañaran al muchacho. – dijo con el mismo tono amable de siempre.

Juliet se mordió los labios para evitar soltar una larga lista de insultos que hubieran horrorizado a cualquiera y se limitó a asentir resignada, sintiendo como el dolor de su pecho lentamente comenzaba a desvanecerse. Esto la hizo sonreír interiormente al saber que Kirian estaba cada vez mas cerca de salir.

Claro que Kirian no creía eso en esos momentos, no después de haber estado dando vueltas en aquella densa, silenciosa y solitaria oscuridad por más de tres horas.

- ¡Oh, ya basta! – gritó pero nada salió de su garganta, o al menos él no lo escucho.

Poniéndose en cuclillas pegó sus manos al piso y dejo fluir su poder, ya cansado de dar vueltas en la nada. Poco a poco todo a su alrededor empezó a congelarse y recién unos diez minutos después consiguió congelar todo a su alrededor.

La oscuridad se desvaneció dejando ver una habitación enorme con el techo a unos cuatro metros de donde estaba Kirian y las paredes a diez metros a su alrededor. Aun así no dejo de hacer fluir su poder, haciendo que el hielo se volviera más duro y por lo tanto más difícil de romper. El ver las paredes le daba algunas esperanzas, ya que tal vez si rompía alguna lograría salir.

Unos minutos después hacía tanto frío en aquel lugar que el suelo se agrieto, esta grieta se fue agrandando y alargando hasta que llegó a una de las paredes y comenzó a subir por ella, como si quisiera partir la habitación a la mitad. Kirian sonrió ante esto y forzó a su poder a salir más deprisa, queriendo escapar lo mas pronto posible de aquel lugar.

No había pasado demasiado cuando la grieta llegó al techo y se retumbó por todo el lugar el ruido de algo quebrándose, a pesar de ser ese tipo de ruido Kirian lo agradeció con toda su alma ya que ese silencio exasperante lo sacaba de quicio.

La pared comenzó a resquebrajarse en diferentes lugares, los pedazos comenzaron a caer al piso provocando que el sonido fuera aturdidor, y una luz cegadora se vio del otro lado de la pared obligando al adolescente a cerrar los ojos.

- ¿Dejaras que lo haga? – escuchó el chico que una voz bastante familiar decía.

- ¿Tú crees que tengo otra opción? – preguntó a su vez la voz de Juliet.

Kirian tardó unos segundos en procesar la información y en cuanto lo comprendió abrió los ojos de par en par, sentándose de golpe solo para notar como la habitación comenzaba a tambalearse a su alrededor.

- ¡Lo logró! – chilló alguien al lado del adolescente antes de tirarse sobre él.

- Sal de encima, Electra. – masculló Kirian sintiendo un gran mareo y nauseas.

- ¡Ey! – se quejó la mujer pegándole de manera poco dolorosa en la cabeza. – Yo preocupándome por ti y tu me lo agradeces de esta manera. – Electra le sacó la lengua antes de bajarse de un salto de la camilla para dejar lugar a Juliet y a Romulo.

- Bien hecho, enano. – lo felicitó Romulo despeinando su trenza mal hecha. Kirian se corrió hacia atrás, alejándose de aquella molesta mano solo para ser abrazado fuertemente por Juliet.

- Mamá, podrías salir. – pidió el chico sintiendo aun más ganas de vomitar.

Juliet se hizo un poco para atrás y recién entonces noto el tono ligeramente verdoso que estaba tomando el rostro de su hijo.

- Tonto, - murmuró cariñosamente mientras tomaba la poción para eliminar las nauseas y el mareo de la mesita de al lado de la camilla y se la pasaba a su hijo. – me lo hubieras dicho antes. – lo retó, aunque por el tono cariñoso y divertido con el que lo dijo aquello difícilmente podría haber pasado por una reprimenda; sonriendo de lado ella le acarició suavemente la mejilla.

- Gracias. – dijo antes de tomarse de un trago la poción, sintiendo como esta empezaba a hacer efecto.

- Ahora que ya se ha despertado podríamos realizar el hechizo. – intervino Dumbledore con un tono ligeramente sorprendido aunque sin demostrarlo demasiado.

- ¿Qué hechizo? – preguntó Kirian confundido mirando fijamente al anciano que tenía en frente.

- Ellos tienen dudas de tus orígenes, no creen que seas nuestro hijo, así que… - dejó de hablar al notar que la mano que tenía apoyada en la mejilla de su hijo comenzaba a enfriarse.

- De acuerdo. – masculló el adolescente enojado, recién se despertaba, luego de haber escapado de esa habitación repleta de soledad y ahora querían tirarle un hechizo. Juliet le dio un beso en la mejilla al sentir la soledad que aun estaba haciendo estragos en ambos, le guiñó un ojo y se hizo a un lado, confiando en que el hechizo de Jonhatan fuera lo suficientemente bueno como para no romperse con uno que tirara aquel viejo poderoso.

Dumbledore le sonrió amablemente como queriéndole decir que acabarían rápido, mientras sacaba la varita y repasaba mentalmente el antiguo hechizo que estaba a punto de recitar y que no se usaba desde la época medieval.

- Verus origo. – susurró apuntando en dirección a Kirian.

Una pelotita de luz dorada salió de la varita de Dumbledore y dio de lleno en el pecho del adolescente. Ni dos segundos después la pelotita salía por el mismo lugar por el que había entrado y se posaba delante del pecho del chico, comenzando a moverse como si fuera una pluma y escribiera algo en el aire.

Lo que se vio luego de que la pelotita se desvaneciera helo la sangre de todos los que estaban allí y los paralizo en el lugar en el que se encontraban, algunos por enfado, otros por sorpresa y otros por dolor.

Allí, flotando con letras doradas y ligeramente desiguales, se encontraba escrito: "Harry James Potter Evans, hijo de Lilian Evans-Potter y James Potter".

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Notas de la LOCA y DESQUISIADA (a los que querían decírmelo ya me adelante XD) de su autora de locuras y desastres, Karlita Ate:

¡¡¡¡NO ME MATEN!!!! Si… ya se que no actualizo desde hace siglos y que cuando lo hago los dejo con SEMEJANTE final de cáp, pero fue por una buena razón (mentiraaaaa), el capitulo TENIA, obligatoriamente, que terminar ahí, lo siento muchio.

Para los que no tengan ganas de buscar el significado de los hechizos:

Abscondo: esconder.

Humanus: humano

Origo: origen

Verus: verdadero

Espero que les haya gustado, muchias gracias por los reviews (sigan dejando ;) ) y nos leemos pronto (espero)

Bye, beshossss :D