Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling.


Pasaron tres días desde el incidente que había tenido Harry, esa noche irían a buscarlo, habían quedado que iba a ir solo un grupo de personas, y obviamente no dejaron que Sirius vaya. Moody, Remus, Tonks, Kingsley, Elphias, Dedalus, Emmaline, Sturgis y Hestia eran los encargados de sacar a su ahijado de ese horrible lugar. Él se quedaría esperando con Molly, Arthur y Astrid, que según Sirius iban a hacer de niñero para que no se escapara.

-Black, me pones nerviosa -Sirius no paraba de caminar de un lado a otro, cosa que molestaba de sobremanera a Astrid.

-Es que necesito verlo y saber que está bien -Astrid le sonrió tranquilizadoramente, se le acercó y le tomó las manos.

-Va a estar bien, todos saben lo que hacen, no van a dejar que nada malo le pase -Sirius suspiró y ella lo abrazó, no tenía sus habituales tacones por lo que pudo apoyar comódamente su cabeza en el hombro de él.

Estuvieron abrazados unos segundos más y luego se separaron, pero quedaron más cerca de lo que pensaron, sus labios estaban a solo unos centímetros, estaban a punto de besarse cuando escucharon un ruido y se alejaron rápidamente. Vieron a los gemelos con un vaso de agua en la mano y una sonrisa pícara, Sirius los estaba fulminando con la mirada y Astrid estaba algo sonrojada.

-Lamentamos la interrupción -dijo Fred, o George.

-Pero la hidratación es algo fundamental para la supervivencia -siguió el otro gemelo, con esto salieron de la cocina seguidos muy de cerca por Sirius.

Vio que Astrid se sentaba y decidió hacer lo mismo, era eso o ir a ahorcar a los gemelos. Etuvieron unos minutos en silencio hasta que ella rompió el silencio.

-Cuéntame algo de tí, para pasar el rato.

¿Qué le podía contar? De los últimos catorce años no había demasiadas anécdotas, ya que doce se los habías pasado en Azkaban y dos siendo prófugo de la justicia, contarle como había escapado no era una opción, por lo menos hasta que Remus le contara sobre su licantropía, por lo que le quedaba su infancia y adolescencia, su infancia no era lo que se decía la mejor, así que decidió contarle sobre lo mejor que le pasó en la vida, los Merodeadores.

-Bueno, ya que insistes, junto con James y Remus, si, esa cara de niño bueno puede engañarte -Astrid rió, la alegría que sentía Sirius en ese momento era contagiosa-, eramos los mayores bromistas que hubo una vez en Hogwarts, volvíamos locos a todos los profesores, pero en especial a la profesora McGonagall, que era la jefa de nuestra casa.

-¿Jefe de casa? -preguntó extrañada.

-Oh claro, cierto que estoy hablando con una francesa -dijo Sirius para molestarla -, Hogwarts está dividido en cuatro casas, Hufflepuff la casa de los leales, Ravenclaw la casa de los inteligentes y sabios, Slytherin la casa de los astutos o de las serpientes rastreras mejor dicho, y luega está la mejor casa de todas, Gryffindor, donde habitan los valientes.

-Ah, ya entendí, entonces Remus también es Gryffindor, ¿No?

-De los que viven en esta casa la única que no es Gryffindor es Tonks, ella fue Hufflepuff, igual que su padre -explicó él-. Como te decía, eramos los mayores bromistas de Hogwarts, generalmente las bromas iban dirigidas a las serpientes, pero en especial a Snape, era y sigue siendo un idiota, pero la diferencia es que ahora cuenta con la protección de Dumbledore, aunque se perfectamente que es un mortífago.

-Si, creo que se quien es, pelo grasoso, nariz ganchuda -describió Astrid haciéndo que Sirius suelte una carcajada.

-Si, exactamente. Era algo más idiota que ahora, hizo algo que James no pudo perdonarle nunca, y desde ese momento le hicimos incluso más bromas.

-¿Y qué tipo de bromas hacían? -preguntó curiosa.

-Todas las que te imagines, desde teñir el cabello del alumnado de verde, dejar pegados a todos en el Gran Comedor, hasta hacer estallar todos los retretes del segundo piso.

-No se andaban con nimiedades -dijo Astrid luego de soltar una carcajada.

-No, eso si que no, hacíamos bromas a lo grande.

Estuvieron hablando un rato más, Sirius le habló de muchas de las bromas que habían hecho en Hogwarts y le contó, sin muchos detalles, como había sido la relación de James y Lily, contándole que ella lo odiaba y luego terminaron casados y con un hijo, cortaron la charla cuando escucharon la puerta abrirse, Sirius tenía la esperanza de que fuera Harry, pero en cambio vio entrar a Dumbledore por la puerta.

-Buenas noches, por lo que tengo entendido están trayendo a Harry, ¿No es así? -ambos morenos asintieron-, bien, el resto de los miembros estarán por llegar.

Como el mago había dicho de a poco empezaron a llegar los miembros que no estaban en el grupo para sacar a Harry de la casa, la reunión empezó, Dumbledore le recordó a Sirius que no debía decirle a Harry más información de la que necesitaba escuchar, a lo que el animago asintió sin darle mucha importacia, él creía que Harry debía conocer casi toda la información que había sobre Voldemort, por ahí no toda, porque después de todo solo tenía quince años, pero estaba en su derecho de conocer algo de la información.

Volvieron a escuchar la puerta y se dieron cuenta que efectivamente todos habían llegado cuando escucharon algo caerse y el retrato de la madre de Sirius gritar, Tonks se había tropezado con algo, otra vez.

-¡Cállate, vieja arpía! ¡Cállate! -los bramidos de Sirius se escuchaban por toda la casa, igual que los de su madre.

-¡Tú! -esta vez fueron los gritos de Walburga Black los que se escucharon- ¡Traidor, engendro, vergüenza de mi estirpe!

-¡Te digo que te calles! -volvió a gritar Sirius y con ayuda de Remus pudieron cerrar el retrato.

El primero se dio vuelta y vio a su ahijado, estaba más alto que la última vez que lo había visto, y cada vez más parecido a James.

-Hola, Harry -saludó-. Veo que ya has conocido a mi madre.

-¿Tú...?

-Sí, mi querida y anciana madre -contestó Sirius-. Llevamos un mes intentando descolgarla, pero creemos que ha hecho un hechizo de presencia permanente en la parte de atrás del lienzo. Rápido, vamos abajo antes de que despierten todos otra vez.

-¿Pero que hace aquí un retrato de tu madre? -preguntó Harry desconcertado.

-¿No te lo ha dicho nadie? Ésta era la casa de mis padres. Pero yo soy el único Black, de modo que ahora es mía. Se la ofrecí a Dumbledore como cuartel general, es lo único medianamente útil que he podido hacer.

Fueron a la cocina y Sirius vio que Tonks, accidentalmente, había tirado una vela sobre uno de los pergaminos que habían estado usando en la reunión, por lo que no paraba de disculparse una y otra vez.

-Siéntate, Harry -dijo Sirius-. Ya conoces a Mundungus, ¿verdad?

Mundungus murmuró unas palabras algo adormilado, luego terminó de despertarse y pidió disculpas a Harry por el incidente con los Dementores.

-Y por último, ella es Astrid Becher -presentó Sirius, se notaba que Harry había quedado deslumbrado por la belleza de la mujer, sacándole una sonrisa al animago.

-¿Así que tú eres el famoso Harry Potter? -el azabache puso los ojos en blanco haciéndo que su padrino y la bella mujer rieran-. Mucho gusto.

Estrecharon sus manos. Luego de algunos incidentes con la comida, empezaron a cenar, las charlas estaban divididas, Tonks divertía a Ginny y Hermione cambiando de forma su nariz, Arthur, Bill y Remus discutían sobre duendes, mientras que Mundungus le contaba alguna de sus anécdotas a Ron, Fred y George, estos dos cada tanto miraban de reojo a Astrid y Sirius con una de sus habituales sonrisas pícaras, haciéndo que la morena se sonrojara levemente, sacándole una sonrisa a éste último. La cena pasó sin demasiados sobresaltos hasta que Sirius interrumpió a Molly, que estaba diciendo que ya era hora de que los chicos se fueran a acostar.

-Todavía no, Molly -dijo mirando a Harry, Remus y Astrid pusieron especial atención sobre él-. Mira, estoy sorprendido. Creía que lo primero que harías en cuanto llegaras aquí sería empezar a hacer preguntas sobre Voldemort.

-¡Lo hice! -respondió Harry indignado-. Les pregunté por él a Ron y Hermione, pero me han dicho que como ellos no pertencían a la Orden no...

-Y tienen razón -interrumpió Molly, ganándose una fría mirada de Sirius-. Son demasiado jóvenes.

-¿Desde cuándo tiene uno que pertencer a la Orden del Fénix para hacer preguntas? Harry se ha pasado un mes encerrado en esa casa de muggles. Creo que tiene derecho a saber que ha...

-¡Un momento! -interrumpió George.

-¿Por qué Harry puede hacer preguntas? -preguntó Fred enojado.

-¡Nosotros llevamos un mes intentando sonsacarles algo y no han soltado prenda! -volvió a protestar el otro gemelo.

-«Son demasiado jóvenes, no pertencen a la Orden» -imitó Fred-. ¡Harry ni siquiera es mayor de edad!

-Yo no tengo la culpa de que no les hayan contado a que se dedica la Orden -comentó Sirius con calma, aunque algo tenso-, eso lo han decidido sus padres. Harry, por otra parte...

-¡Tú no eres nadie para decidir lo que le conviene o no a Harry! -saltó Molly, a Sirius eso lo enfureció más, podían decirle casi cualquier cosa, pero eso lo enfurecía de verdad-. Supongo que no habrás olvidado lo que dijo Dumbledore.

-¿A qué te refieres en concreto? -preguntó Sirius con falsa amabilidad.

La discusión entre Molly y Sirius sobre si debían decirle o no Harry parte de la información de la Orden se prolongó un rato más, cuando la matriarca de los Weasley dio a entender que Sirius no era quien para decidir sobre Harry porque ha estado ausente por doce años, Remus y Astrid obligaron a Sirius que se mantenga sentado e intente mantener la calma, sin demasiado éxito. Al final, y casi por obligación, Molly dejó que los gemelos, Ron y Hermione se quedaran a escuchar lo que iban a decir, pero mandó a una furiosa Ginny a su habitación.

-¿Dónde está Voldemort? ¿Qué está haciendo?

Harry fue soltando preguntas y brevemente le fueron explicando lo que sabían, que no sabían donde se encontraba, que suponían que no estaba atacando ni haciéndose ver para que, tanto Harry como Dumbledore, perdieran credibilidad. Le explicaron que la Orden intentaba reclutar magos para poder seguir sumando fuerzas, pero no era una tarea fácil, ya que Fudge tampoco lo estaba poniendo fácil en el Ministerio. Cuando parecía que Sirius iba a decirle a Harry lo de la profecía lo frenaron, incluso Remus le impidió que hablara más, no estaba de acuerdo con eso, pero tenía a todos en su contra, por lo que se encogió de hombros y dejó que los cinco adolescentes se fueran a sus habitaciones.

-Sabes que te estabas metiendo en un terreno peligroso -le dijo Astrid a Sirius, éste asintió-. Yo también creo que Harry debería saber más, pero no soy quien para decidir sobre él, pero Dumbledore sabrá porque no quiere decirle a Harry sobre la profecía.

-Gracias -fue lo único que dijo Sirius, le dio un pequeño abrazo y se marchó a su habitación, dejando a un muy sorprendido Remus.


¡Hola!

Este capítulo tiene fragmentos de Harry Potter y la Orden del Fénix que adapte para que queden de acuerdo al fic.

El capítulo es bastante largo, más que nada para compensar que mañana, lamentablemente no voy a poder actualizar. Estuve pensando en ponerle un nombre a la pareja de Sirius y Astrid, ¿qué sugieren? Porque a mi no se me ocurre nada. Espero que les haya gustado el capítulo y que no me hayan odiado por el beso que no se dieron.

¡Saludos!