Mis queridos lectores.

Siento enormemente la tardanza, pero resulta que el cargador de mi portátil murió este fin de semana y no he podido comprar otro hasta esta mañana.

Los agradecimientos especiales hoy son para: Sucubos, mariapotter2002, blackmoon43, Aglaia Callia, Sabaana, luna-maga, Serena Princesita Hale, Sol Meyer, Twilight-Hp93, memoriesofkagome, Gibellu y barbiiie. En estos momento en los que estoy hasta arriba de exámenes y trabajos, no saben como me animan sus maravillosos reviews.

También mil gracias a aquellos que leen entre las sombras y agregaron la historia a alertas y favoritos.

No tengo nada más que decir, solo que disfruten del capítulo. A mí verdaderamente me gustó mucho escribirlo.

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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.

Desde que corroboró que él había sido el único llamado aquella noche supo que algo no iba bien. Durante los siguientes días se dedicó a hacer conjeturas junto a Blaise pero no conseguían aclarar nada. La mente del Lord Tenebroso era demasiado tergiversada como para entender cómo funcionaba. Todo lo que hacía era por un fin concreto y si solo lo había citado a él no era por pura casualidad, tenía un porqué.

Su intención era salir del castillo completamente concentrado en lo que tenía que hacer aquella noche y preparado para lo que fuese que le tenían preparado. Pero su discusión con Granger no hizo otra cosa que atacar sus nervios y que todo su aplomo se esfumara con tan sólo unas pocas palabras. Aquella chica lo perturbaba de una manera que nadie más había sido capaz de hacer.

El camino rumbo al Bosque Prohibido lo hizo completamente sumido en sus pensamientos intentado recuperar la calma que el encuentro con Granger le había arrebatado de un plumazo. Cuando llegó al punto indicado, apoyó su mano sobre aquel retorcido tronco de roble y aquella sensación tan conocida para él se hizo presente. Una especia de luz oscura comenzó a rodearlo y en apenas unos instantes una gran fuerza lo arrastró desapareciéndolo del lugar.

Cuando volvió a sentir los pies en el suelo abrió los ojos y se encontró con un lugar diferente a los otros en los que había estado en las últimas pruebas. Estaba en una especie de despacho bastante amplio. El suelo cubierto por una enorme alfombra, amortiguaba sus pasos y las paredes eran completamente de piedra. La habitación se encontraba sumida en la penumbra por lo que se le hizo un tanto difícil distinguir una mesa que se encontraba al fondo.

De repente, una serie de llamas se encendieron en las paredes iluminando la estancia por completo y la sangre se le heló cuando descubrió quien era el que ocupaba el asiento tras el escritorio.

Lord Voldemort lo observaba con una pose tranquila y expectante. Sus ojos rojos estaban fijos en él queriendo saber que era lo que pasaba por su cabeza. Perfectamente podía usar la Legerimancia con él pero prefería averiguar sus pensamientos estudiando sus gestos y palabras. Y había que decir que era muy buen observador.

–Bienvenido joven Malfoy –le saludó de una forma que distaba mucho de ser amable o amistosa.

Draco guardó completo silencio. Había aprendido que era mejor no hablar hasta que él no hiciera una pregunta directa.

–Te preguntarás a que se debe este llamado ¿no es cierto? – continuó –Además de que te habrás percatado de que no estás en el mismo lugar de siempre – Se levantó de su asiento y rodeó la mesa acercándose a él – Verás, tenemos un pequeño problema que espero sepas solucionar.

Aquellas palabras consiguieron que el corazón del chico bombeara fuertemente contra su pecho y temió que el Lord lo notara, pero al parecer consiguió mantenerse completamente imperturbable.

–Nos hemos percatado de que tienes ciertas reticencias a la hora de superar las pruebas –decía mientras jugaba con su varita – ¿Sabes a qué me refiero?

–No mi Lord –respondió con voz impersonal.

–¿No? Resulta que hemos notado que siempre que te enfrentas a un oponente evitas usar la mayor de las imperdonables, el Avada Kadavra.

Ante aquella aclaración Draco no pudo sentir otra cosa que miedo. Durante todo aquel tiempo había creído que aquello había pasado desapercibido para Voldemort pero lo había subestimado completamente. Sus malas sensaciones sobre lo que ocurriría aquella noche se estaban cumpliendo, recibiría su castigo por no haber querido matar a ninguno de sus oponentes. Entonces una duda lo embargó, ¿significaba aquello que Zabini sí lo había hecho?

–No queremos cobardes en nuestro bando Malfoy –le espetó de manera más cruda que antes, cambiando su tono de voz por completo – Asique esta noche recibirás una lección para que no se te olvide ese pequeño detalle. ¡Crucio!

A partir de ese momento, Draco no recordaba nada más que dolor. Un dolor penetrante que llegaba hasta lo más profundo de su ser provocándole convulsiones y gritos desgarradores. Ante semejante dolor, no pudo evitar caer al suelo golpeándose el rostro causándose alguna que otra herida.

No supo calcular el tiempo exacto en el que lo estuvo torturando, solo sabe que cuando el Lord Oscuro dio por acabada aquella sesión de crucios, no se pudo sentir más aliviado al sentir el frió de la noche cuando fue devuelto al Bosque Prohibido. Pero antes de aquello Voldemort le hizo una advertencia, si en la próxima prueba volvía a actuar de igual manera sería eliminado.

Durante unos instantes no hizo otra cosa que respirar fuertemente y sentir cierto alivio al ver que muy sutilmente aquella desagradable sensación iba desapareciendo, aunque había otro sentimiento que no lo abandonaría en mucho tiempo, miedo. Tenía miedo de que llegara la siguiente prueba porque aquello significaría que se convertiría en un asesino, algo por lo que había peleado no convertirse.

Sacando fuerzas consiguió ponerse en pie y a paso lento se encaminó rumbo al castillo. La oscuridad de la noche lo ocultó por los pasillos para poder llegar sin ningún imprevisto a su torre. Pero hubo algo que no se esperaba.

Cuando entró por el retrato se encontró a una muy nerviosa Granger dando vueltas de un lado a otro de la habitación. Por unos instantes no hicieron otra cosa que observarse y se dio cuenta de que la chica parecía verdaderamente aliviada al verlo aparecer sano y salvo. Una vez más no sabía cómo reaccionar, la actitud de ella era completamente imprevisible. Pensó que tras la discusión de horas antes lo dejaría tranquilo al menos durante unos días pero al parecer, lo único que había conseguido era que insistiera más en ayudarlo.

Y él no quería la ayuda de nadie.

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Aquel lunes fue el peor que Hermione recordaba en mucho tiempo.

Normalmente ella empezaba la semana con fuerzas y energía al contrario de sus compañeros, pero aquel día fue diferente. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para permanecer atenta a las explicaciones de los profesores y que su rendimiento aquel día no bajara. Su mente se dispersaba una y otra vez, volviendo a aquel tema que se había convertido en una constante a lo largo de aquel curso. Además de que tenía que hacer verdaderos esfuerzos por no dirigirle miradas de soslayo a Malfoy durante las clases que compartía con él.

Sus amigos ya empezaban a sospechar que algo ocurría ya que la veían ausente la mayor parte del tiempo. Hasta Ron que era el menos observador había notado el cambio en la chica. A lo largo del día le preguntaron más de una vez si se encontraba bien o que qué era aquello que la tenía tan preocupada. Ella siempre hacía alusión a los próximos exámenes antes de las vacaciones de navidad pero aquella escusa no era del todo convincente, por lo menos para Harry, que no dejaba de mirarla con ojos inquisidores la mayor parte del tiempo.

Incluso Dan se había percatado de ello, tanto que la abordó a la salida de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, que era la última del día.

–Hermione, ¿puedo hablar contigo? –le dijo mientras la sujetaba levemente por el codo para que frenara su marcha.

La chica le dedicó una mirada a sus amigos indicándoles que podían marcharse y ambos emprendieron el camino hacia su sala común.

–¿Qué ocurre Dan? –le preguntó mientras ambos se apartaron de la marabunta de alumnos que abandonaba el aula.

–Te he visto bastante abstraída en las clases de hoy, ¿te ocurre algo?

¿De verdad eran tan obvia? Había intentado disimularlo lo mejor posible pero al parecer no había sido suficiente.

–Estoy bien, no ocurre nada.

En aquel momento Draco Malfoy junto a Blaise Zabini pasaron junto a ellos ignorándolos por completo, ni siquiera una simple mirada le dedicó Malfoy y Hermione no pudo sentir un pequeño pinchazo en el estómago.

–¿Te ha ocurrido algo con Malfoy? –le preguntó preocupado Callahan al ver como la chica había reparado en la presencia del rubio.

Hermione lo miró y le sonrió débilmente intentando parecer despreocupada.

–No te preocupes Dan, de verdad–intentó tranquilizarlo.

Su pequeña sonrisa pareció servirle al chico para creer en sus palabras e imperceptiblemente se pose pasó a ser más relajada.

–¿Sabes que puedes confiar en mí verdad?

Hermione se sintió levemente cohibida ante aquellas palabras y la forma en la que el chico la mirada. Parecía como si quisiera leer a través de ella, como si quisiera comprobar que su respuesta fuera totalmente sincera. Una parte de ella se había dedicado a desconfiar de él, a pesar del trato amable y de los buenos ratos que había pasado con él había algo en el aura que rodeaba al chico que no acababa de convencerle. Pero ahí estaba, sinceramente preocupado por ella, empeñado en demostrarle que podía confiar en él a pesar de todo. Asique decidió dejar de lado aquellas ideas suyas y confiar verdaderamente en él.

–Lo sé Dan, gracias –respondió al fin.

El chico permaneció serio durante unos instantes más, pero luego sonrió, una sonrisa que se trasladó hasta sus ojos verdes haciéndolos brillar.

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–¿Qué piensas hacer ahora? –le preguntó Zabini sentado frente a él.

Se encontraban en la Sala de los Menesteres, lugar que se había convertido en un escondite bastante asiduo para ellos. Después de lo ocurrido con Granger, comprendieron que no podían tratar el tema de su iniciación en cualquier lugar y qué mejor sitio que aquel.

–¿Qué crees? –le respondió cortante –No quiero usar la maldición asesina pero valoro más me vida que la de cualquiera de esos inútiles a los que nos enfrentamos.

–¿Sabes lo que eso significa verdad?

Por supuesto que lo sabía, quien usara aquella imperdonable no se libraría de pasar una temporada en Azkaban.

–De momento tengo cosas más importantes en las que pensar que preocuparme por ir a Azkaban – dijo con desprecio –Tengo que centrarme en mantenerme con vida.

El silencio si hizo entre ellos, cada uno sumido en sus propios pensamientos y preocupaciones.

–¿Tú has usado ya el Avada contra alguien? – le preguntó a Zabini escudriñándolo.

–No –dijo tajante el moreno –Pero sí que he estado a punto de hacerlo si aquel imbécil no hubiese quedado inconsciente.

Aquella afirmación relajó un poco más a Draco, creía en las palabras que su amigo le había dicho.

–Al parecer en mí no vio esa intención.

–Eso ya no importa Draco – le habló de vuelta Blaise – Era cuestión de tiempo que nos obligaran a tomar semejante resolución y al parecer el momento se acerca.

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El resto de la tarde la pasó con Dan en la biblioteca, juntos trabajaron en la larga redacción que Snape les había pedido aquella mañana y que debían entregar a finales de semana. El chico resultó ser bastante eficiente y muy inteligente. Durante el par de horas que ambos estuvieron en la biblioteca no dejó de consultar libros y escribir sin descanso. De vez en cuando Hermione le echaba un vistazo a su redacción por el rabillo del ojo y tenía que admitir que el muchacho sacaba muy buenas conclusiones.

–La semana que viene está programada la próxima salida a Hogsmeade antes de las vacaciones –le comentó el chico al salir del lugar rumbo al Gran Comedor – ¿Irás?

–Qué remedio, tengo muchos regalos que comprar y otras cosas que me hacen falta –respondió ella – Será una tarde un tanto agitada.

–¿Tendrás tiempo para tomarte una cerveza de mantequilla conmigo?

Hermione le miró durante unos instantes calibrando que hacer. A pesar de haber aclarado que todos aquellos encuentros eran solo en calidad de amigos, él insistía bastante en pasar tiempo con ella. Todo aquello no dejaba de ser halagador, pero también se sentía un poco cohibida con todo aquel asunto.

–No sé si podré Dan, también les debo una a Harry y Ron de la anterior visita –se disculpó y se sintió mal al ver cierta decepción en la mirada del moreno –Si encuentro un hueco no dudes de que te buscaré para tomarnos esa cerveza, de verdad.

Callahan pareció un poco más contento ante aquella afirmación.

Ambos llegaron juntos al Gran Comedor y tras despedirse, cada uno se fue hacia su respectiva mesa ignorando por completo alguna que otra mirada puesta sobre ellos.

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Durante los siguientes días Hermione no coincidió con Malfoy en la Torre de Premios Anuales, es más apenas lo veía en ningún lugar del castillo salvo en las clases que compartían juntos y en las comidas. Y se dio cuenta de que ella sí que quería encontrarse a solas con él en la sala común que compartían para poder hablar con él, para poder intentar una vez más que entrara en razón.

Pero al parecer él se empeñaba en evitar su presencia a toda costa. El chico estaba poniendo todo su empeño en alejarse de ella y desde luego que lo estaba consiguiendo. Y aquello, sorprendentemente, empezaba a irritar a Hermione.

No entendía el porqué, pero el humor de la chica no hacía otra cosa que empeorar con el paso de los días por esta situación. Verdaderamente lo que tenía que hacer era favorecer aquello y hacer lo mismo que hacía él, pero su sentimientos al parecer no se dejaban guiar por ninguna lógica. Asique ahí se encontraba, de un mal humor de los mil demonios, completamente irritada por culpa de esa actitud esquiva que el rubio estaba llevando a cabo con ella.

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Después de muchas horas dándole vueltas al asunto y de haber pasado por distintas etapas de odio a sí misma y luego odio por aquel maldito rubio oxigenado, Hermione decidió que forzaría a Malfoy a cruzar alguna palabra con ella.

Asique aquel jueves por la tarde después de las clases se despidió de sus amigos y se dirigió a su Sala Común a esperar que el chico hiciese acto de presencia. Si hacía falta, ni siquiera bajaría a cenar para darle ventaja, ya había tenido en cuenta aquel punto y le dijo a sus amigos que no se encontraba demasiado bien y que a lo mejor no iba a cenar.

Al principio quiso distraerse un poco y se pudo a intentar adelantar algo de sus tareas, pero cada cinco minutos alzaba la vista hacia la entrada esperando a que él apareciera, asique dio por imposible hacer nada porque no era capaz de concentrarse.

El tiempo pasaba de forma lenta y tras para lo que Hermione fue una eternidad, llegó la hora de la cena y él continuaba sin aparecer. Las tripas de Hermione rugieron en protesta por la falta de alimento pero Hermione hizo caso omiso. No pensaba moverse de allí costase lo que costase.

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–¿No crees que Hermione está demasiado rara últimamente? – le preguntó Ron a Harry durante la cena en uno de esos momentos en los que no tenía la boca llena de comida.

–Desde luego que sí –respondió el aludido– Se pasa la mayor parte abstraída, como preocupada por algo.

–¿Hablan de Hermione? – cuestionó Ginny que recién se incorporaba a la mesa.

–¿Tú también la has notado extraña?

–Lo cierto es que sí–afirmó la pelirroja – La notaba muy distraída pero no quise darle importancia.

–Lleva así demasiado tiempo – habló Harry– Ella dice que son los exámenes, que la tienen preocupada, pero ni siquiera ella se preocupa tanto por eso.

Los tres chicos permanecieron en silencio pensando en su amiga.

–¿Por qué no hablas tú con ella Ginny? –propuso Ron –Tú eres una chica, a lo mejor a tí te cuenta algo más que a nosotros.

–Lo intentaré –aceptó la pelirroja – pero ya saben como es Hermione de hermética con sus cosas, no sé yo si conseguiré sonsacarle algo.

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Sabía que la hora de la cena estaba llegando al final, eran ya pasadas las nueve y media y seguramente ya muchos alumnos estarían abandonando el Gran Comedor en busca del cálido refugio de sus Salas Comunes. Normalmente el rubio era uno de los primeros en abandonar también el lugar pero basta con que ella lo estuviese esperando para que aquel día no fuese así.

Justo cuando aquellos pensamientos cruzaron por su cabeza, la puerta del retrato de abrió dejando pasar a Draco Malfoy, parecía como si hubiese oído lo que la chica pensaba.

Tardó unos segundos en percatarse de su presencia acurrucada en uno de los sillones de la estancia pero cuando por fin reparó en ella, e penas le dedicó una mirada fría como el hielo y tomó tumbo a su habitación.

–Malfoy espera–lo llamó antes de que el chico pusiera un pie en las escaleras.

Pero él la ignoró por completo, porque continuó su camino como si no hubiese oído nada.

–Eres un cobarde Draco Malfoy –le espetó con la intención de que el chico se ofendiera– Nunca pensé que llegarías al punto de evitarme.

Y tal y como ella había previsto, el chico se giró a mitad de camino de las escaleras con su mirada plateada centelleando de puro enfado.

–¿Quién coño dice que te estoy evitando? –dijo con la mandíbula apretada –No eres lo suficientemente importante para ello.

Aquellas palabras le sentaron a Hermione como un mazazo en la boca del estómago pero se obligó a ignorar aquel dolor para contraatacar.

–Ilumíname entonces y dime cómo es posible que compartiendo la misma torre no te vea en toda la semana.

Draco se quedó en silencio sin saber muy bien que responder. Era cierto que la había evitado, ¿y qué? No le apetecía soportar otra vez que la chica le ofreciera su ayuda ni tampoco quería sentir aquella mirada de compasión que ella le dedicaba como si verdaderamente supiera por lo que él estaba pasando.

–No tengo tiempo para tus gilipolleces Granger –dijo con desprecio – Déjame en paz.

Hermione se reprochó a sí misma el rumbo que había tomado la conversación, no quería iniciar una nueva disputa, solo quería hablar de lo ocurrido días atrás. Y cuando vio que el chico giraba sobre sus talones para encerrarse en su habitación se obligó a tomar medidas drásticas sino quería perder la oportunidad de hablar con él.

Subió apresuradamente los escalones que los separaban y, rodeándolo, se paró frente él cortándole el paso. Debido a la oscuridad del lugar sus ojos relucían como si fueran plata líquida y aquella observación la trastocó un poco.

–Quiero hablar contigo sobre lo que ocurrió el domingo –le dijo en un tono de voz más amable esperando que aquello ayudara.

–Me da igual lo que quieras Granger, yo no tengo nada que hablar contigo –respondió con voz dura, intentó continuar su camino pero Hermione volvió a cortarle el paso.

–Puedes no estar solo en todo esto si no quieres, yo…–un leve rubor cubrió sus mejillas por lo que iba a decir –Yo estoy dispuesta a ayudarte Malfoy, solo tienes que dejarme.

Durante unos segundos, que para Hermione fueron eternos, Draco no hizo otra cosa que observarla, impasible, como si verdaderamente no hubiese prestado atención a ninguna de sus palabras. La chica sintió un leve resquicio de esperanza, creyendo que aquel silencio se debía a que él estaba pensando en su propuesta.

Ingenua.

Una risotada sarcástica emergió de la garganta del chico que resonó en el lugar.

–¿De verdad crees que yo voy a aceptar la ayuda de una impura como tú? – sus palabras iban cargadas de desprecio y Hermione sintió como algunas lágrimas corrían a acumularse a sus ojos –No pienso ser la obra de caridad de Hermione Granger de este año. Si de verdad lo has creído por un solo momento va a resultar verdad que los Gryffindors sois imbéciles.

No hubo acabado de terminar aquellas palabras cuando el sonido de una fuerte bofetada hizo eco en aquel estrecho pasillo de escaleras. Movida por el fuerte dolor que aquellas palabras le provocaron, la mano de Hermione se movió casi con voluntad propia y golpeó fuertemente la mejilla izquierda del rubio.

Draco podía sentir como el lado golpeado le ardía y estaba seguro de que tenía la mano de la chica marcada en el rostro. Su cabeza había quedado ladeada a causa del fuerte golpe recibido y cuando la giró para clavar su mirada en ella lo hizo con el mayor odio del que fue capaz.

–Eres un maldito bastardo –dijo Hermione con dolor e ira entremezclados– No quiero que seas mi obra de caridad, solo quiero ayudarte. Una ayuda desinteresada que desde luego no te mereces –Una lágrima rebelde se escurrió por su mejilla pero se la limpió rápidamente con el puño de su túnica – ¿De verdad quieres ser un maldito mortífago? ¿Quieres ser un asesino? – le cuestionó con más aplomo en su voz– Pues adelante, haz lo que te venga en gana.

Intentó volver a bajar las escalera hacia la Sala Común, o donde fuese pero bien lejos de aquel ser que no hacía más que perturbar su calma. Pero, en contra de lo que ella esperaba, Malfoy no la dejó pasar y no solo eso, si no que la sujetó por las muñecas y la obligó a quedarse completamente pegada a la pared sin ningún tipo de escapatoria.

Estaban tan cerca que Hermione podía sentir la respiración del chico golpeando su rostro y como algunos mechones de pelo rebeldes se escapaban de su peinado para caer frente a sus ojos haciéndole cosquillas en la frente a la chica. Estaban demasiado cerca para su gusto.

Sin pronunciar palabra alguna, Malfoy solo se limitaba a taladrarla con la mirada, aunque para alivio de Hermione, el odio y desprecio que reflejaban antes ya no estaban, volviendo su mirada impenetrable y oscura.

–¿De verdad crees que quiero ser un asesino? Esto no es algo que yo haya elegido Granger – a medida que pronunciaba aquellas palabras apretaba con mayor fuerza las muñecas de la chica como queriendo controlar la fuerza de sus palabras–Si aceptara tu ayuda lo único que haría sería meterte a ti en todo esto Granger, ¿de verdad es eso lo que quieres? –pronunció aquella última pregunta en tono tan grave y suave que hizo que el corazón de Hermione latiera fuertemente contra su pecho.

–Solo quiero ayudarte –murmuró quedamente.

–Búscate a otro que verdaderamente quiera ser ayudado Granger–le dijo suavemente y la chica sintió como sus labios casi se rozaban ante ello – No pierdas el tiempo conmigo.

Y con esas palabras soltó aquellas pequeñas muñecas y terminó de subir las escaleras para encerrarse en su habitación dejando a Hermione mucho más confundida de lo que había estado jamás.

oOo

Maldita sea.

¿Qué narices estaba haciendo? ¿Se había vuelto loco o qué? ¿Desde cuándo semejante actuación era capaz de conmoverlo?

Estas preguntas y muchas más eran las que se cruzaban por la cabeza de Draco Malfoy en aquellos momentos en los que le era completamente imposible conciliar el sueño.

Una vez más Hermione había buscado convencerlo para aceptar su ayuda y de nuevo el se negó en rotundo pero esta vez él fue demasiado lejos. Con el propósito de que la sabelotodo lo dejara en paz de una jodida vez, había aumentado el grado de crueldad en sus palabras esperando un arranque de ira por parte de la chica y así lo dejaría en paz. Lo que no había previsto es que hubiese reaccionado así, aún recuerda el gesto de dolor que cruzó su rostro y como sus ojos brillaron en la oscuridad a causa de las lágrimas cristalinas.

Y como un verdadero idiota él se dejó conmover por semejante situación, algo se removió en su interior, por eso ignoró por completo la bofetada que ella le había dado, e intentó convencerla de otra manera para que se mantuviera apartada. Y lo que dijo fue completamente verdad.

Ella realmente no sabía donde se estaba metiendo, si aceptaba su ayuda ella se vería inmersa en todo ese asunto y sería solo cuestión de tiempo de que Voldemort se enterase de que era un traidor y de quién había sido el culpable de ello.

Y entonces daría con ella.

Y a pesar de sus advertencias ella volvió a insistir en ayudarlo sacando a relucir su valentía Gryffindor.

Pero todo aquello no era lo único que le preocupaba.

Si se concentraba un poco, aún podía sentir sus pequeñas muñecas apresadas por sus manos, o el calor que su cuerpo desprendía, o su respiración chocando con su boca. Pero lo peor de todo fue esa necesidad de besarla que lo recorrió por completo cuando fijó sus ojos en su boca levemente abierta por culpa de la respiración agitada. Dio gracias a Merlín por haber podido reaccionar a tiempo porque si no se hubiese odiado a sí mismo ello.

Las cosas estaban llegando demasiado lejos.

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Pero Draco no era el único que aquella situación le había resultado de lo más extraña y perturbadora. Hermione aún rememoraba en su cabeza una y otra vez todo lo ocurrido, las palabras que Malfoy le había dicho, su cercanía, su forma de mirarla.

Aún le quemaba la zona donde él la había sujetado e incluso podía sentir la sensación de hormigueo en sus labios cuando recordaba que sus bocas casi se habían rozado.

Todo aquello se estaba volviendo demasiado confuso.

Ahora resultaba que no quería aceptar su ayuda porque de alguna forma quería mantenerla apartada de todo aquello. ¿Sería cierto o solo una estratagema para que lo dejara de atosigar? No tenía ni idea y esa era una sensación que Hermione odiaba tener. Aquello escapaba a su control, a su conocimiento y no le gustaba en absoluto.

Por otro lado, ¿realmente cree que ella no sabía dónde se metía? Estaba muy equivocado. Ella había estudiado todas las posibilidades, sabía el peligro que correría y aún así se había ofrecido a ayudarle. Por eso él se sorprendió aún más, porque ante su insistencia comprobó que a pesar de los riesgos que iba a tomar seguía dándole su ayuda.

¿Se estaría volviendo loca?

Probablemente.

Nadie en su sano juicio se arriesgaría de semejante manera por alguien que no había hecho otra cosa que insultarla y humillarla en todos los años que se conocían.

Suspiró.

Que Merlín la ayudara porque ahora que había tomado una decisión no pensaba echarse atrás.

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¿Qué tal? La relación entre Dan y Hermione no hace otra cosa que mejorar. Y de nuevo se produce otro enfrentamiento entre Draco y la chica. Yo no sé a ustedes pero a mí me ha gustado mucho escribirlo.

Bueno, ya saben que estoy deseando leer sus opiniones al respecto.

Besos y abrazos.