D. Red Woman
Capítulo 7:
El incidente de la cuasi destrucción de los exorcistas
[O de las idioteces de Kumiko]
(Una especie de interludio)
Lacie bostezó.
—Regresamos bastante tarde.
—La tormenta retrasó nuestro tren —le recordó Toma.
Acababan de desembarcar en el puerto subterráneo del Cuartel General. Lacie estaba agotada más por el viaje desde Martel que por las heridas, incluso Tim parecía volar con flojera a la altura de sus hombros.
—Ya es media noche ¿Qué haremos con la Inocencia que recuperamos?
—Si va a las oficinas del grupo científico alguien debería estar despierto.
—Bien, lo intentaré.
Lo que sucedió después le hubiese valido una lección extra e intensiva con su maestro si este se llegaba a enterar.
¡BOOM!
Ella realmente no estaba prestando atención cuando se tropezó con el cuerpo inconsciente de Zhou Lee al pie de las escaleras que ascendían hacia el interior del castillo ¿No era así que en las novelas de misterio a veces encontraban el cadáver? Esta reflexión la aturdió tanto como el golpe que se dio contra los escalones.
—¿Qué rayos—
—¡Lacie! ¿E-Eres tú?
Lacie giró hasta quedar boca arriba junto a Zhou, y con la impresión de que todo daba vueltas y el polvo y las impurezas bailaban la conga sobre ella, vio al jefe de sección apoyando con cierto dolor su cuerpo contra la pared mientras se acercaba a ellos.
—¿Qué sucede? —Se incorporó aún con cierto vértigo y Toma ya tenía uno de los brazos de Zhou alrededor de sus hombros levantándolo del suelo. Ella fue hacia River y notó los raspones y la sangre seca en su rostro y brazos— ¿Cómo—
—No tenemos tiempo —le apremió—, Kumirin se acerca.
—¿Eh?
Entonces un robot con forma humanoide pero con tantas extremidades como una araña y una boina estampada con la letra K sobre su cabeza aterrizó por encima de ellos en la pared con tal fuerza que la astilló y los empujó hacia el canal de agua.
—¡Es demasiado rápido! —oyó maldecir a River.
—Dos objetivos localizados. Lacie Walker y Zhou Lee.
—¿Pero qué carajos?
¿Desde cuándo estaba metida en una obra de ciencia ficción huyendo de inteligencia artificial? Es decir ¿No estaba en medio de una de misterio y—
—¡Concéntrate! —le espetó la albina a su Inocencia.
—¡Corre Lacie! —Le gritó River sacudiéndola de su estado petrificado—. Esa cosa va detrás de los exorcistas.
—Esto se pone cada vez mejor.
Y la verdad es que el origen de este asunto no es ni tan misterioso ni tan fantástico.
(…)
—¿Debería cambiarme de trabajo…?
—Si no puedo dormir del todo tampoco puedo despertarme completamente.
—Creo que no podré terminar esto en lo que me queda de vida…
No podía evitar sonreír un poco divertido y sentirse algo culpable por ello al mismo tiempo. Al cabo de un tiempo los delirios insomnes del grupo de ciencias ya no despertaban tanta lástima en él, sino una simpatía que lo empujaba a reírse de sus palabras a veces absurdas, admirar sus sueños y al menos echarles una mano con uno o con otro quehacer.
—No se rindan, todo acabará algún día —dijo River aunque no sonaba muy convencido de sus propias palabras.
Hubo algunos quejidos que logró oír antes de abrir finalmente la puerta.
—¿Quién quiere café?
Le pareció ver a algunos llorar aliviados. Otros murmuraban sobre ángeles de cafeína y lo más espabilados comenzaban a arrastrarse sobre sus pies. Prontamente fue rodeado pero en el pequeño tumulto sintió que faltaba algo.
—¿Está todo el mundo despierto~?
Y claro, eso era. La voz cantarina de su hermana mayor, la cual si no está estrujándolo en un abrazo a su primer vistazo en el día normalmente implicaba un posterior dolor de cabeza para él.
—¡Miren! ¡Observen mi nueva creación!
—Supervisora ¿Qué es ese innecesario robot enorme?
«¿Y por qué tiene un sombrero?»
—Él es nuestro salvador —anunció su hermana con esa clase de pompa y halo de eminencia de un predicador convirtiendo a paganos— ¡Kumirin! ¡Mi otro yo!
«Necesito una aspirina.» el dolor había tomado un boleto directo a la estación de migraña.
—Tiene el 100% de mi personalidad y cerebro. Es un omnipotente robot hecho de inocencia.
«Al menos eso explica el sombrero. Es el objeto encantador…»
—Y no sólo puede decodificar archivos, sino que también tiene soporte de cirugía y cuidados para el armamento anti-Akuma. ¡Esto hará nuestro trabajo más fácil!
—¡Supervisora, usted es la mejor! —sus ojos brillaban como quien ve la luz al final del túnel.
—Lo sé, lo sé, soy un genio.
Él realmente no podía culparlos por dejarse convertir por una de las ideas de su hermana. Ella podía ser bastante elocuente y, bueno, problemas desesperados medidas extremas ¿No?
—Umh, Nee-san…
Sin embargo, él sabía mejor.
Su sonrisa se contrajo en un tic casi imperceptible mientras observaba como Kumirin alargaba una mano mecánica de su interior —casi tan grande como la habitación de cuidados médicos— y fiel a la costumbre de su hermana, tomaba la taza de café de un sorbo al igual que si fuera whisky.
—¿Kumirin puede tomar café?
—Por supuesto que no Zhou —Kumiko seguía sonriendo— a pesar de que es 100% como yo, Kumirin es un robot, claro que no puede beber café.
«No sé para que pregunte si ya sabía la respuesta.»
Había perdido segundos valiosos para reaccionar a tiempo. La misma mano mecánica se volvió a desplegar y esta vez salía sosteniendo una jeringa.
—Soy Kumirin y existo para hacer más fuerte a los exorcistas. Zhou Lee, es hora del mantenimiento.
«Mejor que sean dos aspirinas.» se dijo a sí mismo antes del que sedante cobrara efecto.
(…)
—Lo sé, es una historia tonta —admitió River.
Habían corrido sin que Lacie le prestara mucha atención a la dirección. Sólo distinguía que estaban resguardados en uno de los pasillos alumbrados con electricidad en lugar de las antorchas del canal de agua mientras River les explicaba la situación.
—Es tan patético, un clásico —incluso Mana se carcajeó de buena gana.
—¿Zhou estará bien? —preguntó. En la carrera ella relevó a Toma de su peso y con su brazo sobre sus hombros, la cabeza de Zhou colgaba a pocos centímetros de ella y de no ser por el cuello alto de su uniforme probablemente hubiera visto la marca de la inyección.
—Sí, sólo está durmiendo por la anestesia —. La adrenalina comenzó a pasarle factura, notó Lacie por la forma en que dejó su cabeza echarse hacia atrás y sus piernas temblar un poco pero River no cayó y dejó salir una risa cansina.
—¿River?
—Nada, nada. Es que… todo esto pasó porque nosotros queríamos que nuestro trabajo fuese más fácil.
—¿Y cuál es el problema? Es algo natural.
—Pero ustedes, los exorcistas y buscadores, están allá fuera en situaciones de vida o muerte. No es justo, lo siento por eso —en sus ojos vio cuanto remordimiento le ocasionó todo aquel asunto—. Por cierto, bienvenida de vuelta.
—¿Bienvenida…?
Otra vez, esa extraña calidez revoloteaba en su interior.
—¿Lacie? ¿Te encuentras bien? ¿Te duelen todavía las heridas de tu misión?
—¡O-Oh! Sí, bueno no ¡Quiero decir…! Estoy bien —luego, no muy segura murmuró—. Estoy de vuelta.
River aún la veía un poco preocupado.
—¡Hey! ¡¿Están vivos?!
Lacie parpadeó. Resulta que estaban en el corazón del Cuartel y la plataforma con base piramidal que la llevó con Hebraska en su primer día se alzaba frente a ellos. Realmente agradecía que su maestro no estuviese ahí para ver como sus sentidos estaban adormecidos, no quería más nuevas memorias que agregar a sus sesiones de entrenamiento intensivas junto a las de las deudas durante aquellos años, tenía suficientes para toda una vida, muchas gracias.
—¡Muchachos! ¡Supervisora! ¡Están todos! —reconoció River.
—¡Líder de escuadrón! ¡Acérquese!
—¡Zhou! ¡¿Te encuentras bien?!
—Por favor, cálmense todos. Tenemos que actuar rápido antes de que Kumirin nos encuentre.
Muy tarde, Lacie lo supo en cuanto las paredes crujieron bajo sus pies.
Kumirin escalaba las paredes hasta alcanzar su altura. Los científicos respondieron desplegando de la base piramidal de la plataforma un cañón.
—¡No subestimes al grupo de ciencia! —dijo el que estaba en la mirilla.
—¡Dispara! —alentaron los otros.
—¡Nooooooooooooo! ¡No le dispares a mi Kumirin! —saltó Kumiko y con sus brazos bloqueó la vista del otro.
Éste perdió el control y la plataforma empezó a dar vueltas sobre sí misma mientras disparaba a diestra y siniestra indiscriminadamente. River, Toma y Lacie cargando a Zhou saltaban de un lugar para otro evitando las balas y los escombros.
—¡¿Pero qué demonios están haciendo?! —les gritó River.
—¡Nos traicionaron! —respondieron.
Luego vieron Kumiko atada como corderito (y eso no extrañaba para nada a Lacie) caminando al pie del cañón frente a un Kumirin que aún escaneaba de reojo los alrededores en busca de Zhou.
(Lo cual tampoco le daba buena espina a la peliblanca porque estaba segura que le dedicó una mirada con cierta disculpa antes de volverse al robot.)
—Kumirin, la arma anti-Akuma de Lacie sufrió daños en su última misión. Arréglala.
—Orden aceptada.
—¡¿EEEEEEEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHH?!
—¡Ahora River mientras Kumirin atrapa el cebo trae a Zhou aquí!
—¡Traidora!
—¡¿Cuán diabólica puedes llegar a ser?!
Probablemente ni siquiera César se sintió tan sorprendido cuando Brutus lo apuñaló como Lacie al ser atrapada por Kumirin.
—Llevando a Lacie Walker a la sala de cirugía. Se repararán los daños y como medida preventiva para el futuro se incrementará su resistencia física convirtiéndola en macho.
—¡¿MACHO?!
—¡Macho no! ¡A mi niña no! —Mana lloriqueaba.
—Serías un chico muy mono —sin embargo, él parecía sopesar la situación con la cabeza fría y tomándoselo demasiado en serio— ¿Cómo dicen ahora? Ah, sí, ukeable. Ya sabes, del término Uke, el sumiso, el pas—
—¡Ya entendí maldición! ¡Y olvídalo! ¡No pienso convertirme en hombre!
Lacie no tenía tiempo de lamentarse por dejar caer a Zhou como un saco de patatas. Estaba luchando contra el arrastre de Kumirin y por preservar su feminidad.
—Tengo que hacer algo, pero todavía no puedo invocar mi arma sin estresar mis músculos.
—No la necesitas —le respondió Mana—, solo es un objeto físico. Puedes destruirlo con tu mano desnuda.
A pesar del alivio que sintió ante sus palabras, Lacie no se permitió relajar su postura.
—Aquí voy.
Observó a Kumirin con su ojo izquierdo, efectivamente no había más que magia vinculada al sombrero pero aquello no era su objetivo.
Extendió su mano al hilo invisible que sostenía la existencia del robot.
—Desaparece.
Pero un calambre, seguido de un entumecimiento, la dejó congelada en su sitio incapaz si quiera de flexionar sus dedos.
—¡Supervisora!
—¡Tiene una pipa de soplar! ¡Tómenla!
—¡Pero es que Kumirin podría— podría haber—
—¡Actúe como la edad que tiene supervisora!
Al caer su cabeza contra el piso, vio la ampolla de anestesia rodar.
—Es hora de la cirugía —abrió sus compuertas Kumirin.
Lacie se preguntó si así se veía la entrada al infierno.
—Me debes una grande Kumiko-san —masculló.
Sus párpados le pesaban y sus músculos ya no le respondían. Incluso las voces de sus eternos acompañantes se volvieron difusas mezclándose con todos los otros sonidos. El mundo también parecía difuminarse ante sus ojos con el negro que llenaba progresivamente los espacios vacíos.
—Creo que soy yo quién te debe una.
Pero podía reconocer perfectamente aquel príncipe asiático con armadura negra. Todo lo contrario al héroe típico de las historias de princesas y hadas que oía de niña, y con una sonrisa que cualquiera de esos personajes envidiaría.
También se dio cuenta de cuan drogada estaba porque nunca había creído en esos cuentos imaginarios. Aunque Zhou Lee sí que era real.
(…)
Una sacudida. No. Una caída —rectificó en su mente— comenzó a despertarlo.
En medio del caos en que abría sus ojos el escuchar el nombre de su hermana ser gritado no le extrañó. Lo que si le preocupó fue como Toma, el buscador, trataba de dar alcance a una figura en negro y cabello blanco que estaba siendo llevada por Kumirin.
—¿Esa no es…?
—¡Zhou! ¡Estás despierto! —Zhou enfocó la vista y vio el rostro de River estaba sobre él— Justo a tiempo, Kumirin está a punto de convertir en macho a Lacie.
Una caja de aspirinas, eso se escucha más consolador decidió Zhou. Y quizás una sesión de entrenamiento porque sentía la necesidad de golpear algo más a parte de su cabeza contra la pared más cercana.
—¿Cómo llegamos hasta acá?
—Te saqué de las oficinas en cuanto fuiste sedado, en el camino termine encontrándome con Lacie y Toma. Ella te ha cargado desde entonces pero Kumiko-san la uso como cebo, perdió el equilibrio y ahora…
Las palabras de River fueron un cubo de agua helada que obligó a Zhou a ponerse de pie. Ya había oído lo suficiente para entender de qué iba todo.
—¡Toma! ¡Hazte a un lado y quédate con el jefe de sección!
Arraigado ya en el interior de su subconsciente, Toma el buscador obedeció las palabras del exorcista.
Se detuvo y antes de que pudiese dar su primer paso hacia atrás, Zhou Lee ya había destruido el brazo del robot que tenía atrapada a Lacie.
—Me debes una grande, Kumiko-san —murmuró la albina en sus brazos. Sus ojos estaban desenfocados, pronto quedaría inconsciente.
—Creo que soy yo quién te debe una —dijo sin saber si lograría entenderle.
Sin embargo, ella se las arregló para entornar suficiente la mirada en su rostro y compuso una sonrisa a medio camino.
—Me conformo con qué acabes con ese estúpido robot.
Lacie terminó por desmayarse y le pareció sorprendente como su semblante se relajó por completo al caer dormida.
—¡Zhou! ¡Cuidado!
Kumirin volvió a arremeter contra ellos, él ya lo había sentido a pesar de que su mirada seguía en el rostro de la peliblanca. Dio un salto al costado, luego fue hacia River y Toma quienes ya habían sido subidos a la plataforma con el resto de los científicos.
Todos hicieron espacio para él y dejó en el suelo con cuidado a su compañera.
—¡Zhou~! ¡Otouto! —Su hermana se le acercó por la espalda— ¡Me alegro de que te encuentres bien! ¡Y claro que por Lacie-chan también!
—Nee-san —se volvió hacia ella. Sus ojos violetas parecían tener la dureza del diamante—, ten un poco de vergüenza.
Después saltó de la baranda.
(…)
Su uniforme también tiene un estilo personalizado, uno bastante alejado del estándar.
La pieza principal era la túnica negra de cuello alto sin solapas, en los hombros sólo estaban las placas donde se fijaba la rosa de plata símbolo del Vaticano, la cruz de rosa justo sobre el corazón y el faldón se abría a la altura de las calderas por ambos lados y llegaba un poco más debajo de la mitad de sus pantorrillas con las mangas holgadas desde sus codos.
Debajo de la túnica tenía otra blanca, de peso más ligero y que sobresalía de la primera. Luego, los pantalones ajustados que cubrían hasta sus rodillas. En la piel desnuda se podían vislumbrar largas cicatrices, blancuzcas y rosadas gracias a la luz de las explosiones, dibujando el patrón de una tormenta que seguía hasta sus pies calzados únicamente con su arma anti-Akuma.
Dark boots.
Toma vio como las sencillas zapatillas se transformaron.
Lo aterrador es lo finas que son, no ornamentadas como las de combate, sino placas lisas de titanio que se extendieron a las rodillas. El material tenía el mismo brillo que la Mugen de Kanda y su poder destructivo parecía más impresionante porque al caer sobre uno de los brazos de Kumirin lo hizo pedazos.
—Increíble ¿Cierto? —River le sonrío conocedor. Era la primera vez que Toma veía a Zhou en acción—. Es la combinación del acero y el hierro junto con la aceleración de la caída.
Pero ahí no terminaba el espectáculo. Kumirin no daba aún tregua y continuaba disparando y atacando con sus brazos pero Zhou seguía esquivándolo sin romper a sudar, deslizándose por el viento entre el caos y sin tocar el suelo.
—Es como una danza —continúo River y Toma se encontró asintiendo—. No hay que dejarse engañar, es una danza letal porque ese muchacho tiene la tenacidad de un dragón. Al final, te aplastará.
Zhou usó uno de los brazos para tomar un impulso que lo llevó por sobre la cabeza de Kumirin.
Dark boots fue una bala que atravesó limpiamente el cuerpo de Kumirin.
Toma perfectamente podía ver un Akuma destruyéndose bajo los pies de Zhou Lee.
Finalmente, los restos de Kumirin chocaron con el fondo, un par de explosiones más, algunas lágrimas de Kumiko y tres horas después Lacie despertó.
—¿Dónde…?
La vista de los libros y cierto bullicio se le antojaba familiar sin saber porque. Trató de levantarse y el mareo volvió a azotarla.
—Hey, tranquila.
Zhou la tomo del brazo.
—¿Cómo te sientes?
—Confundida —dijo—. Es decir, no fue un sueño ¿O sí?
—Siento eso, el invento de mi hermana se salió de control.
A Lacie no le gustó la voz cansada del chino porque es como si estuviese cansado de repetirlo.
—No es la primera vez.
—Ni la última —admitió.
Era una batalla perdida desde el principio.
—¿Y dónde estamos?
—Es el laboratorio público —Lacie se percató de que ella había estado recostada en el sofá y él se mantuvo en una silla acolchada a su lado—, todo el mundo ha estado ayudando a arreglar este desastre.
—Oh… eso explica el ruido.
Eran herramientas, y algunas de esas que a veces usaban los adultos en el circo cuando algo se rompía, recordó.
Se dejó echar de nuevo en el sofá pero sintió una punzada en su costado. Un bulto casi se le clava entre las costillas y le tomó un par de segundos darse cuenta de lo que era.
—¡La Inocencia!
Suspiró aliviada de encontrarla intacta dentro de su chaqueta.
—Me alegro de que no le haya pasado nada.
—Debes llevarla a Hebraska —le dijo Zhou—, ella es quien las protege.
—Bien.
El vértigo estaba cediendo pero Zhou notó su piel pálida y la ayudó a ponerse de pie.
—¿Quieres que te acompañe?
—Um… si no es mucha molestia. La verdad, tengo un pésimo sentido de la orientación.
—Pienso que en este lugar para cualquiera es fácil perderse.
Lacie no pude evitar regresarle una sonrisa por respuesta.
—Es todo un seductor. No te quiero cerca de él.
—Cállate Mana, está siendo amable nada más.
—¡Ah! ¡Ya despertó!
—Dios, este sitio está hecho un asco.
El grupo científico no estaba solo, realmente todos estaban en las labores de reconstrucción, incluso Jerry y sus ayudantes de cocina la saludaron sudorosos y con las manos ocupadas.
—Ps, Lacie.
Era el pequeño científico que había tratado de dispararle a Kumirin antes de que Kumiko se le lanzara encima se acercó a ella. Tenía el cabello castaño claro, casi rubio, y por sus anteojos como un par de lupas lo identificaron como Jhonny, uno de los más jóvenes y jugaba con ella al ajedrez durante sus horas libres.
—Tu habitación fue destruida.
—¡¿Qué?!
Los demás se echaron a reír de su cara de horror.
—Bienvenida a casa Lacie —sonrío Jhonny.
Sin embargo, ella podía acostumbrarse a esto.
[…]
Próximo capítulo:
«The rewiding town»
[...]
N.A: ¡Estoy vivaaaaaaaaaaaaaaaa!
Lamento el retraso, si les soy sincera, este capítulo tiene mucho tiempo listo, pero me había faltado motivación. Aunque el resultado final me dejó bastante satisfecha. ¿Qué les pareció la interacción entre Lacie y Zhou? Traté de mantenerlo lo más apegado posible al canon y bueno ¡Espero que lo hayan disfrutado! Espero leernos pronto.
