Royal Blood: Dentro de Un corazón Oculto
Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha
Parejas: Sesshoumaru x Inuyasha, Sesshoumaru x Miroku
Categoría: Hard Yaoi, Drama, Angst, Tragedy and Death. MPREG
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Capitulo 8.- Entre Las Sombras
¿Podría él engañar de un modo tan cruel?
¿Podría hacerle creer a la exterminadora que todo estaría bien a partir de ahora para ambos?
Definitivamente no podría.
Porque a pesar de que el mentir era una de sus mas utilizadas armas, cuando debía de hacerlo para ocultar algo que a él de sobremanera le hería. Las mentiras no eran un camino para nada recomendable. Ahora si aceptaba aquella idea de que lo ocurrido en días pasados no le había cambiado para nada, seria como mentir.
Y no podía hacerlo.
No podía decir con simpleza que lo ocurrido con Sesshoumaru era únicamente un simple y buen revolcón deseado por simple libídine. Ni tampoco engañarse con que había sido absolutamente un vano desliz. Porque de ser así, se no se negaría a olvidarlo como ahora le sucedía. Porque no quería matar el sentimiento que ahora llevaba por dentro.
Ya no recordaba las veces que se había repetido que lo que había pasado entre el youkai y él no había sido nada.
Tal vez las mismas que ahora aceptaba que habían influido en él.
Porque así era
Estaba enamorado
Se había dado cuenta que amaba a Sesshoumaru
— Era tan obvio — Parpadeo un par de veces antes de girar el rostro al lugar donde sabia de sobra se encontraba Sango, la escucho reír levemente después de decir aquello.
El suave color bermejo que reflejaba sus cabellos se debía gracias a la hoguera que aun quemaba la madera en aquella choza. Eran los únicos que se habían quedado ahí, después de la acogedora cena que como una gran familia todos juntos habían tomado. Se habían quedado ellos ahí, para hablar sobre su ahora notificado compromiso que por así decirlo a nadie le había sorprendido al menos un poco en comparación de la noticia de la futura paternidad de Inuyasha.
La exterminadora vio su gesto confundido y alisando brevemente su kimono rosado hablo como si lo que estaba punto de decir fuese lo más común del mundo.
— Bueno, ya sabes. Nadie hizo todo un alboroto al saber de la noticia de nuestra futura boda — Miroku asintió con relativa calma, antes de tomar entre sus dedos el pocillo verdoso en el que le habían servido te negro, bebiéndolo en pequeños tragos.
— Aunque — escucho que una vez mas la mujer volvió a hablar. La vio tomar entre sus dedos uno de sus mechones de cabellos mientras lo empezaba a enroscar suavemente — Creo que dimitiré sobre ello —
No era exagerar que las simples palabras de Sango le habían hecho perder el control sobre sus sentidos. La pequeña taza cayo de sus manos golpeando los viejos tatamis mohoso y su contenido se vertió sobre los mismos haciéndolos brillar ligeramente. No pudo evitarlo como el tampoco bajar su rostro y apretar ligeramente los puños. Pues una dolorosa sensación de soledad y rechazo le recorrió de pronto el cuerpo.
— Miroku — le llamo, acercándose un poco mas a él, hasta quedar sentada a un lado suyo — Esto no quiere decir que, no seguiré a tu lado apoyándote y consolándote — le aseguro y con una infinita suavidad se echo contra su hombro, descansando su frente sobre el mismo.
— Estaré ahí, cuando me necesites siempre —
— Sango — susurró su nombre el monje sintiendo como esta se aferraba a sus ropajes sagrados.
— Solo por favor, no me obligues a ilusionarme con algo que se jamás me perteneció —
Y en silencio acepto, pues así al menos para ninguno de los dos habría más mentiras.
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— ¿Hasta cuándo piensas seguir aparentando que no pasa nada? —
Aquella pregunta le saco de improviso de esa leve tranquilidad que hasta solo segundos antes le había recorrido calmándole de la tensión de todo aquel día. Inuyasha hasta solo segundos atrás había estado tan cerca sosteniendo su manos solícitamente entre las suyas, mas de improviso al estar lo prudentemente alejados de la aldea, le había soltado y se había alejado de su lado a una considerable distancia.
Era poco decir que incluso la suave brisa de la tarde soleada le resultaba fría.
Y después de hacer aquella pregunta nuevamente la tensión y un profundo ambiente pesado se formo entre ellos. Solo pudo quedarse quieto, demasiado estático mientras sus pupilas doradas se clavaban como estacas sobre la menuda espalda del hanyou donde con lentos movimientos los largos mechones plateados serpenteaban por un repentino temblor que recorría por entero el cuerpo de Inuyasha.
Su voz había sido clamada y serena, pero fácilmente pudo darse cuenta que le había costado el decirlo de aquella manera. Por más que lo intentara, las palabras difícilmente podían ir más allá de su cerrada garganta.
— ¿Creíste que no me daría cuenta? —
Inuyasha se giro y fue sumamente breve el momento en que las pupilas de ambos se encontraron. Fue poco decir que tras esos breves segundos el primero que bajara la mirada más que avergonzado fuera Sesshoumaru. Estaba más que justificado todo aquel brutal reclamo y decepción que alcanzo a ver en el rostro del hanyou.
Y por un instante le recordó a si mismo cuando le había reclamado la supuesta infidelidad con la sacerdotisa aquella.
Infidelidad que había sido un completo sueño por parte de los aldeanos morbosos de una relación prohibida como aquella.
Pero que en el caso de Sesshoumaru no era más que verdad más que pura.
Ahora solo quedaba preguntarse una cosa
¿Qué haría?
Se intentaría justificar de sus actos. Responder a las preguntas de Inuyasha con cinismo, lastimándolo más para aclararle que si se había metido con el monje, lo había hecho por venganza. O porque como se había auto convencido a si mismo, lo había hecho tan solo por que le había desagrado el contemplar aquellas lagrimas en las mejillas del humano.
Estúpidas excusas que para ser sinceros no justificaban en lo absoluto su pecado.
— ¡Maldita sea! Respondeme algo bastardo— Fue un agarre violento sobre sus ropas, intentando con eso que Sesshoumaru le encarara, mas solo contó con que este cerrara los ojos dejándose hacer.
— ¡Te odio! — escupió con dureza Inuyasha golpeando a puño cerrado el pecho de Sesshoumaru, una vez, dos veces, quizás hasta que perdió al cuenta y fuerza en lo que hacia.
Ni siquiera se había percatad cuando fe que empezó a sollozar y que las calidas lagrimas recorrían ya un húmedo camino por sus mejillas terminado por su cuello y mojando con cada una la rojiza tela de su haiori. No se negó a dejar su rostro contra la rugosa tela de las ropas de Sesshoumaru y ni siquiera se resistió cuando este aun con duda le paso los brazos por la cintura atrayéndolo a él.
Solo ahí fue cuando supo que Sesshoumaru no había estado tan impasible como aparentaba.
Sus cabellos plateados fueron humedeciéndose con rapidez y sus sollozos fueron calmándose cuando lo sintió temblando de impotencia y dolor mientras el agarre de sus brazos donde le tenía cautivo se volvía más apretado y dolido con cada sollozo contenido que este se tragaba. En su dolor no estaba solo y ahora se daba cuenta que Sesshoumaru, noblemente se lamentaba de lo ocurrido. Una pura e infinita sinceridad.
— Lo siento — le oyó repetir una y otra vez, hasta que lo sintió alejarse de él. Cayendo de rodillas al suelo, derrotado y suplicando aun con aquellas palabras. Muy a su manera pidiendo perdón. Inuyasha suspiro, arrodillándose hasta quedar en la misma posición en la que había quedado el youkai.
— Ya no puedo creerte, tampoco puedo confiar siquiera — susurro apenas cansado mientras que un fuerte picoteo en su cabeza le comenzaba a molestar. Ni siquiera pudo notar como el semblante del youkai se oscurecía y sus puños se cerraban con excesiva fuerza.
— Quisiera creer que nada ha pasado y volver a comenzar, pero no creo poder hacerlo — levanto con suma suavidad una de sus manos acercándola casi a tientas hacia la húmeda mejilla con marcas rojizas de Sesshoumaru
— Quisiera gritarte que te largaras, pero no puedo —
El youkai no pudo más que recibirlo en sus brazos cuando sin fuerzas se dejo caer contra él. A sabiendas que no le dejaría caer, al menos de eso estaba demasiado seguro. No puso resistencia alguna cuando el youkai lo acomodo mejor en su regazo mientras sus garras como un leve toque deslizaban sus uñas entre las finas hebras plateadas.
— Sesshoumaru — murmuro apenas Inuyasha sabiendo que lo que estaba apunto de decir le podía costar demasiado caro — Si tu lo deseas puedes dejarme e irte con él. No quiero que te sacrifiques tan solo por tu obligación por el cachorro —
No se espero que el youkai le separara de sus brazos, mucho menos que le hiciera encararlo, notando al fin sus decididos ojos dorados mirándole dolido. Quiso decir algo, mas de sus labios no pudo brotar sonido alguno y hasta cierto punto agradeció aquello, pues de ser así hubiera interrumpido las palabras de Sesshoumaru.
— ¡No vuelvas a decir eso! — escucho atento las palabras de el youkai, notando un breve sonrojo de molestia en sus mejillas. Como si la sola idea que aquello que Inuyasha hubiera dicho antes que él le irritara de sobremanera. — Jamás vuelvas a pensarlo siquiera —
Pudo sentir como una de las manos de Sesshoumaru se adentraba entre sus ropas hasta tocar apenas la suave piel calida de su vientre. La tibia sensación de los dedos del youkai era tan calida que por un momento el hanyou creyó que volvería a llorar por la simple sensación de aquellos dedos acariciándole con demasiada ternura.
— No hay nada que haya anhelado en el mundo tanto como a este hijo — le confeso quedo atrayendo nuevamente a el hanyou a su lado mientras sus toques en el vientre de este continuaban.
Sin pensarlo siquiera sus propios dedos se unieron a los del youkai que ahora tan solo había dejado su mano ahí con los dedos ligeramente separados, como si esperara que Inuyasha los enredara entre los suyos y levemente sonrió al sentirlo hacerlo.
— Te herí al cometer ese maldito error. Pero no volveré a dejar que mi debilidad vuelva a dañarte, ni a ti ni a mi hijo — trataba de consolar de alguna manera a Inuyasha y poco después de decir aquello comenzó a repartir sutiles besos por los cabellos plateados de su flequillo, rozando de vez en cuando la desnuda piel de la frente del hanyou.
Había temido tanto que Sesshoumaru en verdad le tomara la palabra y le dejara para irse con el monje. Pero muy al contrario de lo que había pensado, Sesshoumaru le había no solo dicho, sino hecho sentir también. Había sido tan solo un error lo cometido con el monje y el youkai no deseaba por ningún motivo continuar con aquella aventura. Sesshoumaru deseaba seguir con él y estará a su lado esperando ansioso la llegada de el que seria su primer hijo.
Su anhelado hijo
— Te creo — murmuro tan bajo que de no ser por su agudo oído Sesshoumaru no lo hubiera escuchado
— Te creo Sesshoumaru—
Por ahora le creería, tan solo esperaba que el mismo error no se volviera a cometer
Una vez más
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Entre las sombras y traicionero como siempre, una figura escondida veía hacia donde se encontraba Inuyasha recostado. Una sonrisa socarrona se dibujo en sus delgados y mezquinos labios. Casi dejo que una débil risa se escapara de sus labios, mas logro contenerse antes de hacerlo. Podía ser que todos las habilidades de aquel híbrido se hallarán menguadas por su estado, pero bien podía ser que su agudo oído u olfato aun estuviera mas que atentos a lo que a su alrededor sucedía.
Movió rápidamente los ojos, buscando en la cercanía la imponente presencia del padre de la criatura que llevaba el hanyou en su vientre. Más en ningún lado le encontró y aquello solo hizo acrecentar un poco más la sonrisa ladina que portaba.
Estaba solo, débil e indefenso.
Nunca antes había tenido una mejor oportunidad como aquella
Debía aprovecharla
Rápido
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Continúa…
N de la A: Espero que haya gustado este capitulo xD. Ham, bien ahora a continuar con los demás. Saludos y Bye, bye.
Agradecimientos:
PoLlO-yAsHa y Elen-Ses.
