Sucrette apenas tuvo conciencia de lo que pasó el resto de la noche, los demás parecían no haberse dado cuenta de la conversación silenciosa que habían mantenido ella y Lysandro. Solo Rosalya y Alexy notaron el estado de ánimo de su amiga, e intercambiaron miradas preocupadas.
Como un pacto silencioso entre ellos, se mantuvieron callados todo el camino de vuelta al departamento. Cuando la puerta se cerró ambos sabían que era el momento de hablar.
Ella se mantuvo parada en la entrada, insegura de avanzar. Mientras que él mantenía la mirada en el suelo a pocos metros de ella.
Ninguno dijo nada, ninguno quería decir nada. Y así estuvieron un par de minutos, incapaces de comenzar con aquella conversación.
Lysandro levanto el rostro para mirarla. No le sorprendió ver que ella también tenía su mirada gacha, con su largo cabello desordenado tapándole el rostro, se abrazaba a sí misma como si tuviera frio. Pero lo que realmente lo desarmo fue ver lágrimas cayendo por sus mejillas, tuvo el impulso de ir y besárselas, como hacía siempre.
Deseaba ir y abrazarla como nunca, abrazarla tan fuerte y esconderla dentro suyo para que nada ni nadie pudiera lastimarla, ese había sido siempre su mayor propósito. Pero quien más la estaba hiriendo era el mismo, y se odio por eso, no había sido capaz de protegerla de sus sentimientos.
-¿Desde cuándo…? – preguntó, no hizo falta decir a que se refería.
-Desde hace unos meses, desde su cumpleaños- respondió.
Lysandro se sorprendió ¿Había sido tan obvio?
-¿Cómo?
-Solo lo supe Lysandro. Cuando te vi mirarla de esa manera yo… - suspiró y levantó el rostro para poder mirarlo.
-Cuando confirmé mis sospechas todo comenzó a tener un poco de sentido. Como las canciones tan tristes que escribes sobre no ser amado, o las veces que te quedas tan pensativo con una mirada tan triste. Siempre pensé que era por tu papá, yo también me pongo triste cuando pienso en mis padres, pero me di cuenta que siempre hubo algo más en tu cabeza.
Sucrette por fin desahogaba con palabras todo lo que venía arrastrando, se dio cuenta que estaba tan cansada… la carga era demasiado pesada y no era lo suficientemente fuerte para seguir así más tiempo.
-¿Por qué no me lo dijiste antes?-
-Por qué me lo habías ocultado tanto tiempo, entendí que no querías que yo lo supiera. Y pensé… pensé que sí yo lograba ignorar lo que pasaba entonces nosotros podríamos seguir adelante. Pero no pude.
Negó repetidas veces, no quería perder la compostura.
-Yo solo… quiero saber ¿Qué soy para ti? ¿Por qué has estado tanto tiempo conmigo amando a otra persona? Entiendo que no puedes estar con ella – intentó secar las lágrimas, pero estas seguían cayendo sin intenciones de parar -Pero...
– ¡¿Acaso yo no importo?! – Gritó de repente -¿Por qué me has usado de reemplazo Lysandro?, quiero creer que te conozco mejor que nadie y que no harías nada que pudiera lastimarme a propósito. Pero siento que ya no se nada…
Lysandro estaba sin palabras no podía creer que ella creyera que la usaba como un reemplazo de Rosalya. Él se acercó a ella y la tomó por los brazos suavemente
-Yo sé que esto puede parecerte una locura, pero también te amo. Es verdad que lo que siento por ella es muy fuerte, pero créeme cuando te digo que cada beso, cada te amo que te eh dado te pertenecen. Cuando me dijiste que me querías me sentí realmente feliz y a la vez quería llorar, porque sabía que no te podía corresponder de la misma manera y se bien cuanto duele eso.
-Entonces ¿Por qué? – preguntó
-Por que creí que si no podía estar con quien más amara podía estar con la mejor chica que eh conocido y hacerla feliz, darle todo el amor que tenía guardado, esperando por una dueña.
-Sucrette yo te amo – dijo y la abrazó, intentando hacerle sentir todo el amor y el cariño que le profesaba.
Ella se separó de él, como si esas palabras le dolieran.
-Necesito pensar – dijo solamente, sus ojos grises estaban inundados de sentimientos, anhelo, ilusión, tristeza, pero sobre todo confusión, mucha confusión.
Lysandro busco en su bolsillo y le tendió un pañuelo que ella aceptó.
-Gracias – murmuró y se acercó a la puerta dispuesta a irse.
-¿A dónde vas? – preguntó preocupado por la hora.
-Necesito irme – respondió.
-Si quieres estar sola yo me iré – le dijo, con la intención de irse en vez de ella.
-No – lo detuvo – ya estuve demasiado sola, por eso necesito irme – le explicó y abrió la puerta.
-Sucrette – le dijo. Ella se dio vuelta y lo miro.
-Perdóname.
Él se veía muy arrepentido. Ella quería perdonarlo, pero también sentía que jamás lo lograría, otra parte de ella le decía que no había qué perdonar, que nadie elegía que sentir.
-Quiero creerte, Lysandro. Pero estoy segura de que no se puede amar a dos personas a la vez, al menos no el tipo de amor que sientes cuando quieres estar toda la vida con alguien.
Luego se fue dejándolo solo, el continuó mirando la puerta por la que ella había desaparecido. Repasando en su mente esas últimas palabras.
Sabía que era egoísta, lo supo desde el momento que decidió estar con Sucrette, pero no sabía hasta qué punto.
Porque quería detenerla, porque creía que no estaría mejor en ningún otro lugar que no fuera a su lado, aunque dentro de él sabía bien que se equivocaba.
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Alexy miraba el televisor, los demás reían mientras que el observaba la imagen pensativo. En realidad no se enteraba para nada de lo que ocurría en la película, no podía dejar de pensar en Sucrette, en su canción y en la mirada triste que tenía cuando volvió a la mesa. Tampoco ignoraba que su amiga había estado muy extraña desde hace un tiempo.
De repente el timbre sonó y Kentin que estaba a su lado rodeándolo con su brazo se levantó a atender. Él no se molestó en siquiera voltear a mirar quien era, su mente estaba muy ocupada pensando a mil por hora.
-¿Sucrette? – escuchó la voz de su novio preguntar en tono claramente sorprendido.
El peliazul se levantó de un saltó y corrió hacía la puerta, siendo seguido Armin y Violeta.
-¿Qué haces aquí a esta hora? – preguntó preocupado.
La chica al verlo sonrió un poco.
-Yo… - dijo, sin embargo su sonrisa se fue convirtiendo en una mueca triste hasta que las lágrimas volvieron a caer. Ella se abalanzó bruscamente sobre el abrazándolo, él apenas reaccionó abrazándola también. Los demás observaron la escena, sin entender lo que ocurría.
-No puedo más Alexy – dijo entre sollozos – no puedo más…
Muchas gracias a todas por su apoyo y sus comentarios :3 :)
