Disclaimer: Harry Potter y todo lo relacionado con su universo le pertenecen a J.K. Rowling. Esto es sin ánimo de lucro. La trama es mía; no copies ni publiques sin mi permiso expreso.
N/A: esta es más larga que las demás, y no participa en el drabbleton, pero tenía que ponerla igual.
VIII. Lysander/Rose
Lo vio ahí, delgado, con ojeras y el pelo ese tan claro, tan diferente al flamante rojo de la mayoría de sus primos y también del pelo dorado de Victoire, Dominique y Louis, por no hablar del oscuro de los Potter. Era el único, además de Lucy, al que se le podía encontrar en aquella habitación de La Madriguera. A veces iban para jugar al ajedrez mágico, pero era de todos sabido que en realidad estaba ahí para que ellos tres y a veces su madre pudieran leer en paz, ya que el resto de la casa estaba constantemente invadido por los gritos de la familia y otros ruidos igual de acogedores.
-¿Lysander? ¿Por qué no estás con Lorcan? -preguntó Rose, sentándose a su lado en el sofá. Como suponía, tenía un libro sobre los muslos, pero miraba hacia el suelo, algo distraído.
-¿Ah? Hola. Está con James y Fred, pensando en... bueno.
-Sí, bueno.
Pasó alguna cosa así, cuando se miraban disimuladamente, pero disimulando mal. Nunca aprenderían a esconderse las cosas; Lysander miraría hacia la derecha y no hacia la izquierda y Rose se pondría bien el flequillo aun y no necesitarlo.
-Oye, ¿me puedes responder a una pregunta? -como es de todos sabido, aquello era una pregunta retórica, al menos en el fondo, así que él no contestó-. ¿Qué sabes del amor?
Él la miró a los ojos, ya sin molestarse en fingir nada o en fingirlo todo, porque qué bonita era la poca luz que entraba por la ventana, pero qué bien que quedaba reflejada en los mechones desordenados de la melena de Rose.
-Sé un poco. Cómo lo describen. Cómo se equivocan. Que uno quiere a otro y se quiere a sí mismo; sólo que no. ¿Por qué me preguntas eso?
-¿Y por qué no?
Parecía que lo piensaba. Parecía.
-Porque tú no tienes razones para pensar que yo sepa del amor. O sea, para pensar que yo quiero a alguien.
-¿Eso crees? -cuestionó Rose, acercándose un poco. Pero se lo dijo a sí misma, en realidad-. Tú quieres, amas, necesitas. Estoy segura. A tus padres, a Lysander, a... no lo sé, a algún chico o a alguna chica.
Lysander volvió de nuevo a la manía del disimular, del hacer un poco el idiota porque aún no ha llegado ese momento en el que tienen ya veintitantos y fuman juntos en una playa de olas grises, 'shh, aún no quiero volver a casa, Sander', 'no hay problema'.
-Pero sigue sin tener sentido, prima -ella se tensó; eso de prima no le iba. Era como si recalcara algún tipo de lazo familiar que estba ahí por la infancia compartida, pero que en realidad no existía, porque su genética lo dictaba así-. Eso deberías peguntárselo a otro más dado a esos temas. A Ted, que tiene más experiencia.
-¿A James?
La broma no terminó de cuajar en sus pensamientos, pero sonrieron un poco para hacerlo más fácil. Era un momento gris. A ambos les gustaba el gris, sobre todo si se mezclaba con otros colores, fríos o cálidos, sin discriminar.
-Lo digo en serio, Rose.
Ella suspiró y sopesó las palabras que debía decir. No le gustaba mentir; se lo diría, sólo que mal dicho, enredando las palabras para que parecieran una melodía más dulce a sus oídos.
-Teddy es demasiado mayor. El amor que me pueda explicar él será demasiado maduro, demasiado frío, demasiado cuerdo. Siempre demasiado, y yo no quiero eso. Yo quiero el punto exacto. No sé de amor; por eso quiero saber. Pero un poco, para empezar. No necesito que me relaten la historia de esa chica con la que se casó. Si me explicaras eso, Lysander... seguiría sintiendo lo mismo, como si no lo hubiera oído nunca.
-Me estás llamando loco, ¿verdad?
Vaya.
-No es eso.
-Sí lo es. Pero da igual. Entiendo lo que quieres. Pero una cosa, Rose.
De nuevo esa mirada con ojeras, con pestañas claras.
-¿Qué?
-Estoy enamorado.
Acercó su rostro ladeado a los labios de Rose. Poco a poco. No somos primos. Bajó la mirada y volvió a subirla, repasando las facciones de su cara. Sí va a pasar. Alargaron el momento tanto como pudieron, pero... ¿Ya? Ya. Ya está. Lysander apenas se permitió que sus labios se rozaran un par de veces, sonrió misteriosamente y jadeó un poco. Se levantó dejando el libro olvidado en los pies de ella.
Y no de una rubia, precisamente.
**
