Hana
Caminaba por las calles esquivando los grupos de personas, los murmullos y pensaba en cómo todo parecía ir perfecto, Marco tenía la información que tenía, los hombres al servicio de Hao así cómo cuantos lo protegían, podría fácilmente tomar a Marion como rehén, era más que obvio que ella era la novia del chico y ella estaba a nada de develar secretos y demás, además, si todo estaba en relativa paz, podría garantizar más protección a Ana, de parte de Marco y de parte Hao.
Zria se detuvo mirando un periódico de una librería en dónde parecían elogiar la maestría en la que ella parecía haberse vuelto el hada madrina de una chica hermosa así como tener una imagen de hermana mayor sexy, en pocas palabras, una imagen más rejuvenecida.
—Parece que ya compró una hija, cuando la suya sólo vive en el anonimato.
—Escuché que huyó con su novio ¿No va en tu mismo colegio?
Zria miró de reojo a la madre e hija que estaban cerca de ella, la chica sonrió con malicia.
—Peor, dicen que está embarazada y yo creo que sí, se le nota.
Zria se quedó de piedra y ahora todo encajaba, el sueño, las falta de apetito, el maldito anillo que ese chico le había dado y sobre todo… la discreción y disposición de Pino, cómo no objetaba nada respecto a los cuidados de Ana.
No dijo nada simplemente caminó y llamó a Pino.
— ¿Zria?
—Maldito bastardo — dijo al momento en el que colgaba y ahora llamaba a Tona, al escuchar cómo había contestado —No tengo el otro celular a la mano, manda un mensaje a Marco y dile que deje las negociaciones, los quiero a todos muertos, en especial a ese mocoso.
Colgó sin escuchar el desconcierto de Tona, no pensó en llamar un taxi, simplemente caminó, caminaría hasta llegar a su casa y allí enfrentaría a Ana y ella misma sacaría al bebé de su hija.
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Limpió sus artefactos y comenzó a repasar mentalmente si necesitaba algo más, comenzó meter algunas cosas al maletín.
—Dentro de poco estaremos junto Eliza, mi bella Eliza, volverás a acariciarme y tus caricias serán tan cálidas.
Murmuraba totalmente feliz, casi a punto de cantar, Ana le había pedido ayuda, claro que la ayudaría, se ofreció de hacerle un chequeo a domicilio, si su madre llegaba él diría que era porque quería proporcionar a Ana una beca en el extranjero y comenzar a estudiar lo básico para convertirse en médico.
Ana había caído en la trampa, él se la llevaría, se desharía de ese feto o bien podría conservarlo, estaba seguro que una vez que Eliza despertara a ella le gustaría tener un bebé, y si tenía el cabello rubio nadie pondría en duda de que era de ambos, sonrió ante la imagen de Eliza corriendo junto a una pequeña igual a ellos, caminó fuera de su pequeño laboratorio y miró las fotografías en las paredes, los diagramas, bocetos así como la gran nevera que había en una esquina del lugar la abrió, no habría problema pues el lugar ya de por si estaba a muy baja temperatura.
Al abrir la nevera estaba una mujer, pálida como una vela, el cabello era de un rubio oscuro, sus labios y sus ojos estaban rodeados de sombras violáceas pero lo que más resaltaba era una cicatriz en su cabeza, después de años, de recolectar "voluntarias" pudo al menos hacer que el disparo de bala en la frente de su esposa fuera nada más una cicatriz que podría desvanecer una vez que tuviera lo que faltaba, la mujer parecía dormida, era alta y delgada.
Fausto cerró la nevera y comenzó su camino a casa de Ana Kyoyama.
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Pino se encontraba dormido, había sido una semana difícil, él se había ido a Islandia, su única hermana había cometido suicidio, no eran muy unidos puesto que ella era 10 años mayor que Pino pero tuvo que ir, se negó a llevarse a Ana aun cuando ella se lo pidió, "Ana, no creo que sea bueno, la temperatura, volar, ya tienes tres meses y algo, aun es un riesgo y debes hablarlo con Zria". Sabía que Ana sería recibida de brazos abiertos pero no, ella debía enfrentar a Zria.
Apenas habían terminado los servicios y decidió quedarse en casa de unos primos, no llevaba ni cuatro horas dormido, cuando su celular sonó, vio que era Zria y se extrañó.
Cuando le colgó, Pino se puso de pie, maldita sea esa furia no era más que por Ana, lo sabía, lo sabía ¿Qué debía hacer? Sólo quedaba advertir a Ana o llamar a la policía pues sabía que Zria era capaz de mucho.
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Se miró al espejo por tercera vez.
— ¿Ya va a nacer?
Todos miraron al chico de cabello azul y rodaron los ojos, Ren le dio un golpe una cabeza
—Idiota, apenas tiene tres meses y una semana.
—No, tiene tres meses y medio aunque creo que en realidad son cuatro — dijo Yoh
Jean se limitó a observar a Ana —Al menos tu busto está creciendo
Todos miraron al busto de Ana y Horo-Horo meneó la cabeza, Ren se sonrojó al igual que Yoh, Ana se bajó la blusa completamente ofuscada y miró a Jean quien fingía ver a Tamao jugar con su celular.
La casa de Ren se había vuelto una especie de cuartel para todos, sus padres nunca estaban, podrían hacer infinidad de cosas, dormir sin que nadie los molestara, beber, fumar y pensar en cómo Ana debería decírselo a su madre.
—Creo que en una semana serán cuatro meses.
Jean asintió y Tamao miró a Ana preocupada.
—Ana sabes que nosotros no le diremos nada a nadie, no lo hemos hecho pero no puedo quedarme así y me refiero a que debo decirte que debería decírselo pronto a tu mamá, tomaste ventaja que ella no estuvo muy presente en estas semanas pero ya hasta Horo-Horo lo nota y sabes que eso ya es una especie de alarma.
—Yo digo que se lo digas a solas, Ana banana, mi mamá hizo eso con mi abuela y la abuela creyó que fue muy valiente de parte de mi mamá, llórale y dile que no fue culpa de nadie
Todos miraron a Chocolove y Ren le lanzó un vaso que tenía en sus manos.
—Fue mi culpa
—Lo sabemos pero creo que eso hará enojar aún más a tu suegra.
Horo-Horo tenía un punto.
—Tengo una idea— Jean se puso de pie y se acercó a Ana y se puso frente a todos cómo si fuera a dar una clase.
—Ana, qué es lo más predecible que haría tu madre.
Ana se encogió de hombros
—Arresto domiciliario y probablemente me mande a Islandia con los familiares de Pino… o a Rusia
Jean asintió.
—Bueno, no te mandará de inmediato, te va a quitar el celular y todos tus medios de comunicación excepto el celular desechable.
Todos fruncieron el ceño y Jean levantó su mano dando a entender que ella seguía hablando.
—Dejé un celular desechable, totalmente cargado y con crédito, está pegado atrás de tu espejo, es pequeño, puedes ocultarlo en tus pechos, en tus zapatos o en un bolsillo, presiona el número dos y yo soy el contacto, número 3 es Ren, 4 es Pilika, 5 es Yoh, es el último porque si tu mamá lo ve creerá que en marcación rápida sólo tiene a Yoh, cuando uno de nosotros conteste sólo debemos contestar diciendo Hana, si les responden con otra cosa que no sea Gumi entonces no hablen, Ana debes de decir Gumi para saber que eres tú, si lo dices entonces prosigue dando tu ubicación, yo compraré los vuelos o bien pondré mi casa a disposición, Hao le prestará el auto a Yoh, Chocolove y Horo-Horo serán quienes pelearán de ser necesario, si los vencen entonces recurrimos a Ren y June, ambos tienen un jet, pueden llevarte lejos, Yoh, aquí la que necesita mantenerse alejada es Ana, porque todos aquí sabemos que Zria tiene amigos poderosos y tu hermano no es precisamente una razón por la cual ellos se detendrían al contrario.
Todos miraban a Jean cómo si se hubiera vuelto loca.
—Ana, sabes quién es mi padre adoptivo y el de Lyserg y sabes de la relación de ambos con tu madre o más bien la de Marco, hará lo que ella le pida, y si eso es un pretexto para acabar con Yoh y Hao con gusto lo hará.
No sólo se ha convertido en un asunto de amor sino un asunto de pandillas.
—A todo esto ¿Por qué diremos Hana? —Preguntó Horo-Horo
—Es fácil— dijo Jean— Si unes los nombres de Ana e Yoh creas Hana y es un nombre lindo para una niña o un niño.
Yoh sonrió mirando a Ana y ambos asintieron.
—Es un nombre hermoso— dijeron al unísono.
Vaya que Jean tenía razón, comenzaron a trazar a alternativas y a reír con las más disparatadas hasta que recibió una llamada de Pino.
—Hola.
—Alerta roja, huye o enfrenta, volveré lo más pronto posible.
Ana colgó tranquilamente y tomó su bolso, Yoh se levantó.
—Hora de irnos?
Ana negó y le dio un beso —Parece que mi mamá sospecha
Todos dejaron de cantar y miraron a Ana.
—Bien, creo que no tendremos simulacros, debemos actuar normal, sé que puedo quedarme aquí pero no soy una cobarde.
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Llegó a su casa totalmente hecha una fiera, mataría a Ana si fuera posible, le diría a Marco que matara al chico y a toda su familia, los medios se burlarían de ella, la expondrían, expondrían sus adicciones, sus malas decisiones e incluso comenzarían a hablar de quien era en verdad el padre de Ana, los bajos rumores, los oscuros y los terribles, que parecían mentiras serían confirmadas y ella, arruinada.
—ANA! — gritó pero sólo es escuchaba el eco de su voz —No trates de esconderte porque te encontraré maldita mentirosa y traicionera ¿Creíste que no me enteraría? Te mataré.
Estaba a punto de lanzar un jarrón pero dio un respingo al ver cuando alguien se acercaba entre el pasillo oscuro.
— ¿Pino?
La sombra se acercó arrastrando los pies, sus hombros eran más anchos, su cabello no era lacio, sino estaba hecho una catástrofe, fue allí cuando Zria se percató del olor a amoniaco y a sangre.
—No puedes matarla, si yo te mato a ti primero, Zria.
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Sentía como si hubiera comido algo que le cayó pesado, trataba de calmarse, le daba pena siquiera pensarlo pero tenía razón, si sentía afectada, temerosa o algo así, le podría hacer daño al bebé y no quería eso.
Había caminado un tramo pero decidió tomar un taxi para llegar más pronto, si se tardaba sería peor, mucho peor, por un momento Ana recordó la ocasión en que su madre le armó un escándalo por haberse tardado en llegar a casa y le dio una bofetada tan fuerte que su labio estuvo hinchado por dos días, tal vez debería estar pensando en qué decirle a su madre.
"Si, fue un accidente pero debo hacer algo, es decir quiero hacer algo"
"Estoy joven, lo sé, pero amo a Yoh y en verdad no me veo con nadie más"
No sabía que decir y eso era peor que saberlo, o eso creía, debía controlar su ira y empezar a culpar a Zria, era algo fácil pero más peligroso, al llegar no escuchó nada, se bajó del taxi pero no escuchó nada, tal vez su madre se habría de cansar de estrellar cosas en el suelo, eso hacía al estar enojada, pagó al taxista y se acercó a la puerta.
Cuando estaba por meter la llave se dio cuenta que la puerta estaba abierta ¿Cómo no? Ella ya estaba allí, pero al abrirla el olor inconfundible de la sangre inundó sus fosas nasales, las manos de Ana comenzaron a avanzar al ver cómo había fotos, jarrones y demás tirados por el suelo, entonces vio las manchas de sangre, al levantar la vista vio a su madre en el sillón.
Era una imagen muy difícil de olvidar, la sala era de un inmaculado blanco y ahora tenía manchas de sangre, incluso se notaba que su madre había ofrecido pelea pero allí estaba, su madre recostada en el sillón, con sus grandes ojos azules, abiertos, viendo con terror al techo, su rostro estaba aterradoramente intacto pero su cuello estaba enrojecido y tenía un gran corte y de éste había sangre que ya había empezado a coagular, así como también algunas cuchilladas en el vientre, Ana estaba pálida y estuvo a nada de caer de rodillas pero reaccionó, subió corriendo las escaleras, entró a su habitación aun a oscuras y paló la parte trasera del espejo y sintió el teléfono, estaba encendido y pulsó con fuerza el número dos, escuchó un crujido y Ana sollozó ¿Debía correr, avisar a la policía, qué era lo que estaba abajo? ¿En verdad era su madre?
Escuchó cómo alguien contestó — ¿Hana?
—Ayúdame — murmuró Ana casi sin voz
— ¿Ana?
—Ayúdenme por favor — lloró —Mi mamá… — no pudo seguir pues vio a través del espejo el reflejo de un hombre y gritó, éste puso algo en su cara y todo se volvió negro.
Muy corto lo sé pero estoy escribiendo cómo si la vida se me fuera en ello, trataré de pronto subir un capítulo.
