Parece broma que en ese momento no supiera verlo.
Aún así, ahora, ¡qué claro es el recuerdo!
Tu mirada indiferente
más ese sonrojo que no distinguía
-¡era tan obvio que algo había!-.
Y aquellas palabras que callaste tristemente.

No estaba seguro de qué había sido exactamente lo que me había llevado a ayudarla, pero lo cierto era que me había parecido muy injusto el que el director Wartz no la dejara defenderse ni explicarse. Helga se había dado cuenta de que Patty iba a golpearla y había tratado de arreglar el asunto hablando -cosa que yo no me había esperado en ella-, lo cual había sido una gran forma de proceder. El que la castigaran por eso era ridículo. El director Wartz estaba ciego en la poca tolerancia que tenía para con Helga. El hecho de que apenas podía verla era evidente... aunque en parte tuviera sus razones. Pero incluso conociéndola como la conocía, yo sabía que el hombre exageraba bastante en sus términos para referirse a ella: maleante, subversiva, violenta, monstruosa. ¡Vamos! La mayoría de las veces no era para tanto.

En fin: ya la había ayudado y me gustara o no, tendría que acompañarla al hogar. Aunque debo decir que no me molestaba: al contrario, me agradaba la idea de conseguir un hermano mayor para otro de los niños del programa. Me preguntaba si Helga sabría cómo cuidar a un niño... No, de seguro que no. Pero en fin: para algo iría yo con ella. Tal vez con unas pocas instrucciones fuese suficiente.

Gerald prácticamente pegó un salto cuando al preguntarme si quería ir a los videojuegos a la salida de la escuela, le contesté que no podía y le dije la razón.

-¿Estamos hablando de la misma persona? ¿A caso estás loco? ¿Por qué habrías de brindarle la más mínima ayuda a Helga Pataki? Además, creo que sabes tan bien como yo que ella no puede cuidar a unos huérfanos. En cuanto los niños la vean, saldrán corriendo tan lejos que probablemente lleguen a Canadá antes del anochecer.

-Gerald, Helga necesita esto o el director Wartz dejará una mancha en su expediente. No creo que sea tan mala con los niños y si es así, puede aprender. -abrí mi casillero, guardé dentro los libros de Geografía y Francés y lo volví a cerrar -Creo que está bien predispuesta.

-Bien predispuesta para arruinarte la tarde.

-Gerald. -puse los ojos en blanco.

-En serio, viejo: -comenzamos a caminar hacia el gimnasio -llevamos casi dos décadas de amistad y aún así, a veces creo que eres de otro planeta o algo por el estilo. -me reí -Sí: ríete ahora. Ya veremos cómo te salen las cosas esta tarde.

Negué con la cabeza con una media sonrisa y Gerald se encogió de hombros al ver que yo no estaba dispuesto a ceder.

Cuando terminó la última clase del día, me despedí de mi amigo y salí del salón detrás de Phoebe y Helga, quienes se habían adelantado. Al verme, la segunda se despidió de la primera y vino hacia mí con un buenhumor que me sorprendió.

-¿Adónde es que tenemos que ir, Arnold? -me preguntó... ¿sonriendo? ¿era posible?

Parpadeé dos veces sin poder repararme del asombro. Ella me miró extrañada y me chiscó los dedos en la cara alguna veces para que "despertara".

-¡A la parada de autobuses! -dije al fin, sacudiendo la cabeza -Ya deja de hacer eso.

-Entonces te recomiendo permanecer consciente. -me contestó enarcando las cejas.

-Sí, disculpa. ¿Trajes todo lo que te dije?

Asintió con la cabeza y empecé a recordarle las cosas que serían necesarias para que se inscribiera en el programa mientras comenzamos a caminar hacia la salida de la escuela. Ella me aseguró que traía todo en la mochila, que la había preparado apenas había escuchado mi mensaje la noche anterior. Me disculpé por habérselo advertido a último momento, pero Helga se encogió de hombros con desinterés.

Salimos de la escuela y nos tomamos el autobús que yo siempre utilizaba para ir al Hogar de Niños de Hillwood. Nos sentamos en la parte trasera, en un silencio un poco incómodo. Fue ella la que lo rompió, evidentemente por decir algo, preguntándome algo sobre una tarea de Ciencias. Le respondí y nos entretuvimos hablando de tareas y maestros hasta que noté que faltaba una parada para bajarnos. Nos pusimos de pie y, cuando el autobús dobló en la siguiente esquina y se detuvo, bajamos.

-¿Ahora por dónde? -me preguntó Helga.

-Por allá. -comencé a avanzar y ella me siguió - ¿Ya decidiste qué día podrás venir?

-Hoy, por ejemplo, no tengo nada que hacer.

Me sorprendí.

-¿Los martes? Pero entonces deberías empezar hoy mismo.

-¿Y eso qué? Vengo preparada.

-Creí que no tendrías ganas de lidiar con niños tan pronto. -admití, encogiéndome de hombros.

-No tengo. Pero tú mismo dijiste que era necesario. -suspiró y yo fruncí el ceño.

-Te lo advierto, Helga: este programa sirve para que los niños huérfanos pasen un buen momento y tengan a alguien en quien confiar, ¿entiendes? No deberías ir solo por ti misma.

-Arnold, tú y yo sabemos muy bien que solo lo hago por mí misma. -y al decirlo, desvió la mirada, pero después volvió a verme -Aún así, no te preocupes: no planeo ser un ogro con tus queridos huérfanos.

El ver que mi comentario había herido sus sentimientos me asombró bastante. Tal vez había sido injusto...

-No quise decir eso.

-¡Claro que sí! -me cortó antes de que pudiera disculparme.

Nos quedamos callados por un rato. Caminábamos sin siquiera mirarnos. A veces ella se comportaba en una forma muy extraña. Por momentos, parecía como si le importara mi opinión. La mayoría de las veces ignoraba mis sermones y me decía cosas como que me preocupaba demasiado (con otras palabras, por supuesto), pero había ocasiones en las que cuando yo me quejaba en voz alta de su actitud o algo por el estilo, se ofendía bastante y parecía que se lo tomara como algo sumamente personal. Recordé varias veces en las que esas cosas habían pasado. Yo estaba dispuesta a ser amable contigo.

Fruncí la boca: me encontraba, como siempre había sabido, junto a una persona muy complicada.

La miré, recordé todas las cosas que habíamos vivido juntos y sonreí un poco. Yo sabía bastante de las cosas que ella había pasado, por eso siempre que la veía en apuros, intentaba aconsejarla. Algo me decía que varias veces había intentado devolverme el favor, pero que su carácter no se lo permitía. Tal vez yo tenía razón: tal vez mi opinión le importaba más de lo que aparentaba.

-Helga. -me miró de reojo -Estaba pensando... ¿recuerdas ese día en jardín de niños, que llovía y la señorita Pauls había faltado? Creo que nos estaba cuidando aquel asistente tan aburrido...

-La verdad es que no. -admitió, evidentemente tratando de recordar.

-Bueno, yo aún lo tengo en mi memoria muy claramente: todos estábamos muy aburridos. El asistente... ¿seguro que no lo recuerdas? Era el pelirrojo al que llamabas "cabeza de plumero".

-¡Ah, sí! -se tragó una risa que evidentemente no quería mostrarme -¿Qué hay con eso?

-Como decía: todos nos encontrábamos sentados mirando por la ventana bostezando de aburrimiento, sin que nisiquiera nos permitieran hablar. Yo tenía la vista fija en la calle a través del vidrio, cuando me llegó un papel que todos se estaban pasando disimuladamente. Dentro, descubrí un dibujo que, incluso en un día tan malo y deprimente, me hizo empezar a reír sin poder contenerme. Y cuando yo reí, los demás tampoco pudieron contenerse y rieron también. El asistente nos pedía silencio, pero nosotros solo reímos y reímos como los niños que éramos. -Helga mantenía su mirada clavada en el piso y tenía una media sonrisa en su rostro -¿Sabes? Siempre recuerdo ese día como una de las anécdotas de mi infancia, por extraño que te parezca. La forma en la que la atmósfera tan gris se rompió y nuestras carcajadas se liberaron... fue increíble como con solo hacer un simple dibujo, la persona que lo había hecho había logrado ponernos verdaderamente felices. -volví a sonreírle -¿Recuerdas quién hizo ese dibujo?

Asintió con la cabeza, pero después se encogió de hombros.

-Al momento no me pareció que fuera a causarles tanta gracia. -confesó -No sé quién lo habrá conservado. Apenas puedo acordarme de que era una caricatura del asistente.

-Yo podría hacerte una copia exacta. -le dije -Así verías que lograste algo muy ingenioso para solo tener cuatro años. En fin, a lo que quiero llegar con esto es que, si solo teniendo esa edad lograste algo que yo incluso ahora veo como un pequeño milagro... en ese caso, no me imagino a alguien que pueda cuidar a unos huérfanos mejor que tú. Incluso aunque no te gusten los niños, yo creo que puedes entenderlos y saber lo que necesitan.

Helga rió y negó con la cabeza.

-No, Arnoldo: ese eres tú. Pero gracias. -me miró y yo la codeé amistosamente. Reímos y continuamos caminando, sin hablar, pero ahora era un silencio cómodo y agradable.

Llegamos al hogar. Era un edificio ubicado en el centro de la ciudad, de tres pisos y paredes de ladrillo. Al costado había un pequeño patio rodeado por rejas verdes con algunos juegos, en donde los niños a los que yo conocía por las anécdotas de Sam jugaban entre ellos. Helga y yo subimos las escaleras de la entrada e ingresamos a la recepción. La recepcionista me conocía y me saludó con un gesto de mano sin soltar el teléfono en el que hablaba. Nosotros nos apoyamos en el escritorio a esperar a que colgara y cuando lo hizo, me sonrió.

-Buenos días, Arnold. ¿Qué haces aquí un martes?

-Hola, Chris. -le respondí -Ella es mi amiga Helga Pataki, de la preparatoria de Hillwood. Viene a inscribirse al programa de los hermanos mayores.

-¡Magnífico! -Chris miró a Helga y le otorgó una hoja que buscó en un cajón -Llena esta forma, querida. Solo tienes que devolvérmela y te llamaremos. ¿Traes la nota de autorización de tus padres?

-Sí, aquí está. -Helga sacó la nota del bolsillo de su mochila y se la entregó a Chris, quien la leyó en voz baja.

-Está bien. -dijo y luego miró la identificación que mi compañera le ofreció -¡Ah, pero no la necesitabas si eres mayor de edad!

-Lo sabemos, pero le dije que trajera una por las dudas. -aclaré yo.

Helga terminó de llenar el formulario y Chris lo tomó y luego nos preguntó si eso era todo. Nos miramos.

-En realidad, pretendía empezar hoy. -admitió Helga -Necesito una nota que confirme que me uní al programa para la escuela y la necesito para mañana mismo.

-Ya veo. Bueno... hoy los niños tienen la tarde libre. ¿Por qué no pasan al pato? Samuel está ahí, Arnold: pídele que te ayude a encontrar un hermano menor para tu amiga. Cuando estén listos, regresen aquí. Podrán salir un rato, pero antes de las seis deben estar de vuelta con los niños. Para entonces, tendré lista la nota para que lleves a tu escuela. -le informó a Helga.

-¡Genial! -me alegré yo -En ese caso, iremos al patio.

-Diviértanse. -nos despidió Chris.

Conduje a Helga al patio del hogar y ahí busqué a Sam con la mirada. Antes de que pudiera encontrarlo a la distancia, sentí que algo se me había enganchado a la cintura y me reí cuando al bajar la mirada, descubrí que se trataba de él.

-¡Arnold, Arnold! ¿Por qué viniste un martes? ¿Qué haces aquí? ¿Vamos a ir de paseo? ¡Tenemos toda la tarde libre hoy! ¡Qué bueno que vinieras, Arnold, qué bueno, qué bueno!

Antes de que comenzara a dar saltos y volteretas, lo detuve revolviéndole el pelo y le expliqué por qué estábamos ahí.

-¿En serio? ¡Eso es genial! Courtney no tiene hermano mayor y desde hace tiempo que quiere uno. ¿Prefieres una niña o un niño? -le preguntó a Helga.

-Supongo que da igual. -Helga se cruzó de brazos. Tal vez al ver el éxtasis en el que había entrado Sam, había descubierto que la cosa sería más dificil de lo que se esperaba.

-¿Y dónde está Courtney? -le pregunté a Sam.

-Iré por ella ahora mismo. -nos anunció antes de salir corriendo.

Helga suspiró y yo la miré con compasión.

-No te preocupes: las niñas son mucho menos hiperactivas que los niños. Y por lo que sé de Courtney, creo que suele ser buena.

-Estoy bien, Arnold: ya cálmate. No es que voy a echar a correr o algo así.

Me reí.

-Ya te dije que yo creo que tú puedes hacerlo. No es tan difícil como parece. -la animé.

Entonces Sam regresó corriendo rápidamente y arrastrando de la mano a una niñita con unos graciosos rizos castaños, quien nos miraba con timidez, pero evidentemente ilusionada.

-Ella es Courtney. -la presentó Sam alegremente ante Helga -Para que no tengas que hacerle preguntas, yo te diré ahora algunas cosas sobre ella: canta muy bonito, es la mejor jugando al ajedrez y es muy buena en judo. Pero corre muy lento.

-No es cierto. -la niña se ruborizó, evidentemente temiendo quedar mal parada -Sam corre rápido porque tiene piernas largas y por eso cree que todos corremos lento.

-Pero también dije las cosas que haces bien. -aclaró Sam, para no quedar mal parado él -Tiene que conocer tanto tus cosas buenas como las malas. Si las ataca un ladrón, ella va a saber que no correr rápido, así que va a tener que llevarte para que no te secuestren y será gracias a mí.

Helga y yo nos miramos con complicidad.

-No va a atacarnos ningún ladrón, Courtney. -la tranquilizó. Pensé que era un buen inicio.

-Además, Sam y yo las acompañaremos. -agregué.

-¡¿De verdad?! ¡Eso es fantástico! ¿Oíste, Courtney? -Sam volvió a saltar.

Yo pregunté adónde querían ir y los niños comenzaron a darnos una amplia gama de opciones. Helga y yo volvimos a mirarnos y comenzamos a caminar de regreso a la recepción indicándoles a Sam y a Courtney que nos siguieran.

Chris nos esperaba en la recepción y, una vez le hubimos dicho que Helga había "adoptado" a Courtney, ella terminó de llenar la forma y luego los cuatro salimos del hogar. No teníamos tiempo para ir al cine y llegar antes de las seis, así que decidimos solo ir al parque y luego tomar helados. Comprobé que Helga no era en lo más mínimo distraída cuando se trataba de cuidar a alguien: Courtney y Sam iban adelante y ninguno de nosotros dos les retiró los ojos de encima ni les impidió doblar en la esquina sin que los viéramos y ambos los detuvimos de inmediato al ver que se disponían a cruzar la calle solos. Incluso Helga les dijo que por eso, deberían caminar junto a nosotros, cosa que los dos hicieron, obedientes.

Courtney le hacía preguntas a su nueva "hermana mayor" acerca de las cosas que le gustaban, de lo que solía hacer, entre otros asuntos. Entonces se me ocurrió que tal vez Helga se estuviera comparando a sí misma con su hermana Olga y por eso pretendía cumplir bien el papel de hermana de Courtney: bien podía ser para que otra niña no se sintiera como ella o para probarse a sí misma que podía ser mucho mejor hermana mayor que Olga. Cualquiera de esos dos motivos me hacía sentir mal por ella: si Helga al menos aceptara lo mucho que Olga la quiere y si se permitiera quererla ella también, seguro se sentiría mucho mejor con su familia. Me molestaba pensar que había sido la obvia preferencia que los Pataki manifestaban hacia Olga lo que había fomentado el odio de Helga hacia su hermana. El no tener a nadie con quien contar... debía de sentirse terrible.

Cuando llegamos al parque, Sam y Courtney se lanzaron de cabeza, prácticamente, a los columpios y comenzaron una competencia por ver quién llegaba más alto. Helga y yo nos sentamos en el césped, lejos de la arena pero lo suficientemente cerca de los columpios.

-Supongo que te gustan los niños, ¿no es cierto, cabeza de balón? -me preguntó ella cuando nos hubimos sacado las mochilas.

-Supongo que sí, pero no es para tanto. -contesté apoyando la mía junto a la de ella.

-¿Por qué te metiste en este programa? No se necesita ser un genio para saber que a ti no te obligaron.

-No hay un motivo en especial. -pensé un poco en cómo explicárselo -Simplemente quise hacerlo. Me siento mal por los niños que... ya sabes... no tienen padres.

Helga bajó la mirada, pero después volvió a dirigirla hacia mí acompañada de otro comentario:

-Una vez, creo que fue en primaria, te oí mencionar algo acerca de traer de vuelta a tus padres, si mal no recuerdo. Creo que estabas hablando con Gerald de un viaje o algo así.

-Sí, fue... un proyecto que quedó en la nada. -sonreí con tristeza -Algo que tengo en la cabeza desde los nueve años.

-Si no te molesta que me meta en tus asuntos... ¿adónde ibas a ir a buscarlos?

Sin poder creer que estuviera hablando de eso con ella, comencé a contarle de la vez en la que había encontrado el diario de mi padre y de la incertidumbre que había vivido cada día desde entonces. El deseo de ir por ellos había sido en mi vida una constante a partir de ese día, incluso sabiendo que se trataba de un sueño prácticamente imposible.

-Imagino que crees que es absurdo. -continué -Pero es que si no imagino que voy a buscarlos, lo único que me queda es imaginar que un día tocarán el timbre, abriré la puerta y ellos estarán ahí.

Me miró en silencio por un rato hasta que dijo algo que me dejó helado:

-No puedo creer que todavía no hayas ido.

-¿Qué? -la miré con los ojos abiertos como platos -¿De qué hablas?

-Nunca te había imaginado quedándote ahí sentado, solo fantaseando con algo. Siempre que quieres conseguir algo, te lo propones y lo logras. Siempre lo logras. La verdad es que la idea de que te digas a ti mismo que algo es imposible, no me entra en la cabeza.

Entrecerré los ojos, bastante confundido.

-Helga, no puedes estarme diciendo que crees que debo robar un avión o lo que sea e ir volando a la jungla para buscarlos por todas partes armado con un cuchillo y repelente de mosquitos.

-Ahí está. ¿Lo ves? Eso es exactamente algo que tú nunca dirías.

Nos miramos en forma significativa hasta que comprendí. Sacudí la cabeza y me reí.

-¿Sabes algo? Tienes toda la razón.

-Claro que la tengo.

-Gracias. -le dije -En serio.

-¿Entonces qué harás?

-Ya veré... en unos meses. Después de la graduación. Tendré todo el verano para pensarlo y... ¡De repente me siento muy bien! -sentí deseos de abrazarla. Increíble: con unas pocas palabras, había hecho algo impresionante: me había devuelto la esperanza que yo no sabía haber perdido, al igual que aquel día en el jardín de infantes.

A pesar de las apariencias, Helga era alguien sorprendente: sabía más de mí que yo.

-No te tomes esto a mal, pero... -no pude evitar decirle -eres fantástica.

Me miró sorprendida.

-¿Y por qué habría de tomarme eso a mal?

-Helga, gracias. -la tomé de la mano -Eres una gran amiga.

Se puso roja de inmediato y comenzó a tartamudear con nervios, pero después me soltó y se alejó como medio metro de mí.

-¡Ya cálmate, melenudo: no te pongas tan empalagoso! -gruñó -¿Pero qué te pasa, eh? Solo te dije la verdad.

-¡Arnold! -volteé para ver a Sam, que me llamaba desde su columpio -¿Puedes decirle a Courtney que yo estoy llegando más alto que ella? No lo quiere admitir.

-No estaba viendo. -le contesté, parándome.

-¡Pero es que yo estaba llegando más alto! -insistió Courtney -Dile, Helga.

-Yo tampoco estaba viendo. -Helga y yo nos acercamos a ellos -¿Y qué si los empujamos nosotros? -me miró -No creo que Arnold pueda lograr que Sam llegue muy alto.

-¿Eso crees? -bufé -Ya verás.

Comenzamos a columpiar a Sam y a Courtney, quienes reían y nos gritaban que lo hiciéramos más fuerte. Cuando terminamos, tampoco nosotros supimos ponernos de acuerdo acerca de quién había llegado más alto.

Luego fuimos a tomar helados. Cuando entramos en la heladería, Sam y Courtney corrieron al mostrador y trataron de ponerse en puntas de pie para ver todos los gustos. Helga y yo los seguimos y los observamos mientras ellos decidían.

El sujeto detrás del mostrador contestaba a las preguntas de los niños, indicándoles qué gusto era el que ellos señalaban.

-¡Yo quiero el más grande que tenga! -le estaba diciendo Sam -Y todo de chocolate, desde la punta hasta el final.

-Vas a tener que preguntarle a tus papás si te dejan comer un helado tan grande. -rió el vendedor y, para nuestra sorpresa (y podría decir que espanto) nos miró a Helga y a mí, que de inmediato nos echamos para atrás de un salto.

-¡¿Padres?! -le gritó ella -¿A caso está ciego? ¡Nosotros estamos en preparatoria!

El sujeto entrecerró los ojos, se colocó unos anteojos que tenía colgando de una cadena alrededor del cuello y volvió a reírse.

-Discúlpenme: los he tratado de vejestorios.

Helga bufó y yo le indiqué que no importaba. No podía creer que nos hubiera confundido con los padres de Sam y Courtney, pero no era tan extraño si no veía bien.

Pagamos los helados y después fuimos a sentarnos a una mesa. Mientras comían sus helados, los niños nos daban conversación acerca de diversos temas. En un momento, Sam comentó que aquella era una de las mejores salidas que habíamos hecho.

-La mejor fue cuando fuimos al parque de diversiones. -afirmó -Pero la de la feria tampoco estuvo mal. Hace mucho tiempo que Lila no nos acompaña. ¿Se pelearon?

-No, solo no se dio la oportunidad de volver a invitarla. Pero seguro te extraña mucho. -le contesté, recordando lo mucho que Lila se había entusiasmado cuando yo le había hablado del programa en el hogar infantil y había insistido en acompañarme algunas veces.

A partir de ese momento, noté que Helga se quedó más callada. No habló casi nada el resto del tiempo en la heldaría y tampoco en el camino de regreso al hogar. La oración más larga que le oí pronunciar fue cuando se despidió de Courtney, quien le preguntó si la vería el siguiente martes y obtuvo una respuesta afirmativa.

Una vez los niños nos saludaron y regresaron a su sitio en el hogar, nosotros nos dirigimos a la recepción y Helga recogió la nota que Chris le había hecho para el director Wartz. Cuando salimos del edificio, era tarde y le sugerí acompañarla hasta su casa, pero ella solo se encogió de hombros. Lo tomé como un sí y empezamos a caminar hacia la parada del autobús. Vivíamos a pocas cuadras así que en principio teníamos qie tomar el mismo. Hicimos el viaje en silencio y extrañamente, a todo tema que intenté sacar, me respondía con monosílavos.

Una vez bajamos del autobús ya era casi de noche. Cuando comenzamos a caminar hacia su casa, ella me dijo que no era necesario que la acompañara, pero yo insistí. No habíamos hecho media cuadra, cuando volvió a hablar:

-Así que... Lila también forma parte del programa.

Me extrañó que hablara de eso, pero le contesté normalmente:

-No en realidad. Solo vino algunas veces a mis salidas con Sam, porque yo la invité.

-¿Aún sigues loquito por ella?

-¿Por qué me lo preguntás?

-¿No quieres responder?

-La verdad, no.

-Entonces sí te gusta. -afirmó -Qué patético.

Fruncí el ceño.

-Si me gusta o no, no es asunto tuyo. -le dije, ofendido.

-Dime una cosa, Arnold, ¿no crees que es ridículo? Porque tú y yo sabemos muy bien que en realidad lo que sientes por ella no es...

-¿No es qué?

-No es nada.

Dejamos de caminar.

-¿Y por qué no? ¿Tú qué sabes acerca de lo que yo siento por Lila?

-Sé que te gustaba mucho en cuarto grado, porque tú me lo dijiste. Y sé que te daba celos verla con alguien más y sé que te entristeciste cuando se fue. Pero las cosas no eran iguales cuando regreso: eres tú el que quiere mantenerlas iguales. Lo único que queda de lo que sentías es una huella que alguien menos nostálgico que tú ya habría podido borrar. Solo crees que te gusta porque te gustaba.

-Aún si fuera así, ¿por qué te importa? -continué caminando y ella me alcanzó.

-Nadie dijo que me importara.

-Tienes un extraño poder para formar peleas en el momento menos oportuno. -esa armonía tan agradable y frágil ya se había roto y yo me había puesto de bastante malhumor de repente. -No entiendo por qué deberías insultar algo que a mí me importa.

-O crees que te importa. -aclaró Helga.

-¿Por qué estás tan convencida de que en realidad no me gusta? -llegamos a la esquina de su casa y volvimos a detenernos. Ella no parecía querer responderme -¿Por qué? -insistí.

-¡Porque es la única opción que queda! -me contestó.

-¿Qué quieres decir con eso? -la observé confundido.

-Ay, olvídalo, cabeza de balón. Nos vemos mañana en la escuela. No puedo creer que aguanté un día entero contigo. -me dio la espalda y comenzó a correr hacia su casa, dejándome en la esquina, preguntándome por qué rayos todo se había dado vuelta tan rápido. Un segundo éramos amigos y al otro estábamos peleando. Sin embargo, lo último que había dicho me había enojado:

-¡Si es tan molesto estar conmigo, ya no tienes que hacerlo! -alcancé a gritarle antes de darme vuelta yo también y dirigirme a mi casa.


Muchas gracias a todos por los últimos reviews :)

Nuevamente les agradezco que lean y firmen con sus opiniones. Como me dijeron que el anterior capítulo quedó algo corto, traté de hacer este más largo.

Saludos a todos!!!