los personajes no son mios
yo solo espero que disfruteis
Cuando la charla posterior a la cena hubo concluido, la mayoría de los huéspedes se retiró a sus habitaciones. Cuando Rosalie atravesó uno de los arcos de entrada al salón, vio que las demás floreros la estaban esperando. Respondió con una sonrisa a la expectación que reflejaban sus rostros y luego se encaminó con ellas un lugar en el que pudieran intercambiar unas cuantas palabras en privado.
— ¿y bien? — preguntó Bella.
—Mamá y yo iremos a dar un paseo con lord Crowly mañana por la mañana —dijo. Rosalie.
— ¿A solas?
—A solas —confirmó Rosalie—. De hecho, nos encontraremos al alba para evitar la compañía de una horda de cazadoras de maridos.
De haberse encontrado en un lugar más privado, bien podrían haber gritado todas de alegría. En cambio, se conformaron con intercambiar unas exultantes sonrisas mientras Alice movía los pies en una pequeña y eufórica danza de la victoria
— ¿ Có—cómo es? —preguntó Nessie.
—Tímido, pero agradable —contestó Rosalie—. Y parece tener sentido del humor, algo que no me habría atrevido a esperar.
— ¡Y encima tiene dientes!—exclamó Bella.
—Tenías razón al decir que se asustaba con facilidad—dijo Rosalie—. Estoy segura de que Crowly no se sentiría atraído por una mujer de carácter fuerte. Es circunspecto y de voz suave trato de comportarme con timidez..., aunque es muy probable que acabe sintiéndome culpable por semejante engaño.
—Todas las mujeres hacen eso durante el cortejo... y los hombres también, si a eso vamos —dijo
Bella de forma prosaica—. Tratamos de ocultar nuestros defectos y de decir las cosas que creemos que el otro quiere escuchar. Fingimos ser siempre encantadores y de temperamento dulce y pasamos por alto las pequeñas y asquerosas costumbres del otro, como si no nos molestasen. Y después de la boda, nos quitamos el disfraz.
—No creo que los hombres finjan tanto como las mujeres, la verdad —replicó Rosalie—. Si un hombre es corpulento o tiene los dientes manchados, o si resulta de algún modo aburrido, continúa siendo un buen partido mientras siga siendo un caballero y tenga algo de dinero. Sin embargo, se espera que las mujeres se atengan a modelos mucho más elevados.
—Razón por la cual todas so—somos floreros —dijo Nessie.
—No lo seremos por mucho tiempo —prometió Rosalie con una sonrisa.
Hiulen, la tía de Nessie, llegó desde el salón de baile ataviada con un vestido negro que la hacía parecer una bruja y que no le sentaba nada bien a su tez cetrina. Había poco parecido familiar entre Nessie, con su cara redondeada, su cabello rojo y su cutis pecoso, y su malhumorada tía, que era un alfeñique.
—Renesmee —dijo con brusquedad al tiempo que dirigía al grupo una mirada de desaprobación mientras le hacía un gesto a la chica—, te he advertido que no desaparecieras de esa manera… he estado buscándote por todas partes, al menos durante diez minutos, y no recuerdo que pidieras permiso para reunirte con tus amigas. Y de todas las muchachas con las que habrías podido relacionarte... — sin dejar de parlotear con desprecio, la tía Hiulen se encaminó hacia la majestuosa escalera mientras
Nessie; comenzaba a caminar tras ella.
Como sabía que la estaban mirando, Nessie colocó la mano tras su espalda y agitó los dedos para despedirse.
—Nessie dice que su familia es muy rica —señaló Alice— Pero también dice que son todos infelices, del primero al último. Me pregunto porqué será...
—Dinero viejo —replicó Bella—. Padre dice que no hay nada como toda una vida de opulencia para hacerle a uno consciente de lo que no posee. —Entrelazó su brazo con el de Alice—. Vamos, querida, antes de que madre se dé cuenta de que hemos desaparecido. —Miró a Rosalie con una sonrisa interrogante —. ¿Quieres, pasear con nosotras, Rosalie?
—No, gracias. Mi madre se reunirá conmigo a los pies de la escalera dentro de un momento.
—Buenas noches, entonces. —Los ojos oscuros de Bella resplandecieron cuando añadió—: Para cuando nos despertemos mañana, ya habrás salido a pasear con Crowly. Espero un informe completo durante el desayuno.
Rosalie se despidió de ellas con un gesto alegre y contempló cómo ambas se alejaban. A continuación, se encaminó muy despacio hacia la escalera principal y se detuvo entre las sombras que había junto a la base de la estructura curva. Parecía que a Lilly, como era su costumbre, le estaba costando muchísimo dejar la conversación del salón. Sin embargo, a Rosalie no le importó esperar.
Tenía la cabeza llena de ideas que iban desde los temas de conversación que podrían interesarle a
Crowly durante el paseo siguiente, hasta la forma de asegurarse su atención a pesar de las muchas chicas que lo perseguirían durante las próximas semanas.
Si era lo bastante lista como para conseguir gustarle a lord Crowly, y si las floreros tenían éxito con el plan de seducción ¿qué se sentiría al ser la esposa de semejante hombre? instintivamente, estaba segura de que jamás podría enamorarse de alguien como Crowly, pero juró que haría todo lo posible por ser una buena esposa para él. Lo más probable era que, con el tiempo, llegara a tomarle cierto cariño. El matrimonio con ese hombre podría resultar muy agradable. La vida sería confortable y segura, y jamás tendría que volver a preocuparse de si había o no comida suficiente en la mesa. Y, lo más importante de todo, el futuro de Jeremy quedaría asegurado y su madre jamás tendría que volver a pasar por las repugnantes atenciones de lord King.
Se escucharon unos fuertes pasos cuando alguien comenzó a descender los escalones. De pie junto a la barandilla, Rosalie alzó la mirada con una ligera sonrisa y, de repente, se quedó helada. Por increíble que pareciera, se encontró frente a frente con un enjuto rostro, coronado por un mechón colgante de cabello rubio. ¿Royce King? ¡No podía ser!
El hombre llegó a los pies de las escaleras y se detuvo ante ella con una reverencia formal y una presunción insufrible. Cuando Rosalie contempló los gélidos ojos azules de King, la comida que había tomado durante la cena pareció formar una espinosa bola que comenzó a rodar por su estómago.
¿Cómo era posible que estuviera allí? ¿Por qué no lo había visto antes? Al pensar en su madre, que pronto se reuniría con ella en aquel mismo lugar, la embargó la furia. Aquel hombre rudo e insolente, que se había nombrado a sí mismo su benefactor, y que sometía a su madre a sus repugnantes atenciones a cambio de sus mugrientas y míseras monedas, las había perseguido en el peor momento posible. No podría haber un tormento peor para Lilly que la presencia de King durante esa fiesta. Él podría revelar la relación que existía entre ellos en cualquier momento... Podría arruinarlas sin más, y no tenían modo de obligarlo a guardar silencio.
—Vaya, señorita Hale —murmuró King, cuyo rostro gordinflón se sonrojó con malévola satisfacción—.Qué placentera coincidencia que sea usted el primer invitado que me encuentro en Forks Place Park.
Rosalie sintió unos nauseabundos escalofríos cuando se obligó a enfrentar su mirada. Trató de hacer desaparecer cualquier emoción de su rostro, pero King sonrió de forma perversa, como si fuera consciente del pánico y la hostilidad que la atenazaban.
—Después de los inconvenientes del viaje desde Londres — continuó— decidí tomar la cena en mis aposentos. Siento muchísimo no haberla visto antes. De cualquier forma, habrá muchas oportunidades para reunirnos durante las semanas venideras. Supongo que su encantadora madre está aquí con usted, ¿me equivoco?
Rosalie habría dado cualquier cosa por poder contestarle que no. El corazón le latía tan rápido que parecía succionar el aire de sus pulmones... Se esforzó por pensar y decir algo a pesar del incesante martilleo de su pecho.
—No se acerque a ella —dijo, asombrada por la firmeza de su propia voz—. Ni se atreva a dirigirle la palabra.
—Pero bueno, señorita Hale, me hiere con sus palabras... Yo que he sido el único amigo de su familia en las épocas difíciles, cuando todos los demás los han abandonado,
Ella lo observó sin pestañear, sin moverse, como si estuviese delante a una serpiente venenosa dispuesta a atacar.
—Una feliz coincidencia que hayamos acudido ambos a la misma fiesta, ¿no le parece? —preguntó King. Rió en voz baja y el repentino movimiento hizo que su repeinado cabello se deslizara como un grasiento estandarte sobre su frente. Lo echó hacia atrás con una sus rollizas manos—. De hecho, la fortuna me sonríe al concederme la posibilidad de estar cerca de una mujer a la que tengo en tan alta estima.
—No habrá proximidad alguna entre mi madre y usted — dijo Rosalie, que apretó el puño con fuerza para evitar asestarle un puñetazo en esa cara sebosa—. Se lo advierto, milord, si la molesta de de alguna forma...
—Querida niña, ¿cree que me refiero a Lilly? Es usted demasiado modesta. Me refiero a usted, por supuesto, Rosalie. Hace mucho tiempo que la admiro. En realidad, estoy ansioso por demostrarle la naturaleza de mis sentimientos. Al parecer, el destino nos ha proporcionado la ocasión perfecta de llegar a conocemos mejor.
—Antes dormiría en un nido de serpientes —replicó Rosalie con frialdad; sin embargo, había miedo en su voz y el hombre sonrió al escucharlo.
—Estoy seguro de que al principio protestará, por supuesto, Las muchachas como usted siempre lo hacen. Pero luego hará lo más sensato..., lo más inteligente..., y descubrirá las ventajas de convertirse en mi amiga. Puedo ser un amigo muy valioso, querida mía. Y, si me complace, la recompensaré con generosidad.
Rosalie trató con desesperación de pensar en una manera de destruir cualquier esperanza que tuviese el hombre de convertirla en su amante. El miedo a entrometerse en territorio de otro hombre era la única cosa que mantendría a King lejos de ella. Rosalie se obligó a esbozar una sonrisa de desprecio.
— ¿Acaso le parece que necesito su supuesta amistad? —Preguntó al tiempo que jugueteaba con los pliegues de su elegante vestido nuevo—. Se equivoca. Ya tengo un protector..., uno mucho más generoso que usted. De modo que será mejor que me deje en paz, y a mí madre también, o tendrá que responder ante él.
Observó las emociones que atravesaron, una tras otra, el rostro de King la incredulidad inicial, seguida por la furia y después por la suspicacia.
— ¿Quién es él?
— ¿Y por qué iba a decírselo? —replicó Rosalie con una sonrisa condescendiente—. Prefiero que se quede con la duda.
— ¡Estás mintiendo, zorra del demonio!
—Piense lo que quiera —murmuró ella.
Las sudadas manos de King se cerraron a medias, como si el hombre deseara ponérselas encima y arrancarle una confesión. Sin embargo, se contuvo y la miró con el rostro arrebolado por la furia.
—Todavía no he acabado contigo —murmuró, y la saliva salpicó sus carnosos labios—. Ni mucho menos.
Se alejó de ella con brusca precipitación, demasiado encendido como para molestarse en mostrar la más mínima cortesía.
Rosalie se quedó allí de pie sin moverse. La furia había desaparecido y en su lugar se había instalado una ansiedad que le llegaba hasta la médula de los huesos. ¿Sería suficiente lo que le había dicho a King para mantenerlo a raya? No, sólo era una solución temporal. En los días venideros, estaría observándola de cerca, escudriñando cada palabra que dijera y todo lo que hiciera con el fin de averiguar si había mentido o no con respecto a lo de tener un protector. . Y habría amenazas y observaciones mordaces destinadas a sacarla de quicio. No obstante, sin importar lo que sucediera, no podía permitirle a ese hombre que revelara el arreglo que tenía con su madre. Eso mataría a Lilly y, sin duda, arruinaría las posibilidades de matrimonio de Rosalie.
Su mente siguió dándole vueltas de modo frenético a aquel asunto y permaneció inmóvil y tensa hasta que una voz profunda le dio un susto de muerte,
—Interesante. ¿Sobre qué discutían lord King y usted?
Pálida, Rosalie se giró para contemplar a Emmett McCarty, que se había acercado a ella con un sigilo felino. Sus hombros bloqueaban la profusión de luces que llegaban desde el salón. Con ese increíble autocontrol que poseía, parecía infinitamente más amenazador que King.
— ¿Qué es lo que ha oído? —barbotó Rosalie, que se maldijo para sus adentros al escuchar la actitud defensiva que reflejaba su propia voz.
—Nada—respondió él con suavidad—. No vi más que la cara de ambos mientras hablaban. Resultaba obvio que usted estaba molesta por algo.
—No estaba molesta. Ha malinterpretado usted mi expresión, señor McCarty.
El sacudió la cabeza y la sorprendió al estirar una mano para acariciarle con un dedo la parte superior del brazo que no quedaba cubierta por el guante.
—Le salen manchas cuando se enfada.
Rosalie miró hacia abajo y vio una mancha de color rosa pálido, una señal de que su piel, como de costumbre, tenía una tonalidad desigual cuando se alteraba. Sintió un escalofrío al contemplar cómo la acariciaba su dedo y se apartó de él.
— ¿Tiene problemas, Rosalie? —preguntó McCarty en voz baja.
No tenía derecho alguno a preguntar algo así con tanta amabilidad, casi como si le preocupara..., como si él fuera alguien a quien ella pudiese acudir en busca de ayuda..., como si ella pudiera permitirse alguna vez hacerlo.
—Eso le gustaría, ¿verdad? —replicó—. Cualquier dificultad que tuviera lo deleitaría a más no poder, ya que así podría ofrecerme su ayuda y sacar provecho de la situación.
El hombre entornó los ojos y la miró fijamente.
— ¿Qué tipo de ayuda necesita?
—De usted, ninguna —le aseguró con sequedad—Y no utilice mi nombre de pila. Le agradecería que se dirigiera a mí con propiedad de ahora en adelante... O, mejor aún: que no me dirija la palabra en absoluto. —Incapaz de soportar su mirada escrutadora ni un momento más, se alejó de él—. Ahora, si me disculpa, debo encontrar a mi madre.
Lilly se sentó en la silla que había junto a la mesita del tocador al tiempo que contemplaba la palidez del rostro de Rosalie. La joven había aguardado a estar a salvo en la intimidad de su dormito antes de contarle a Lilly las horribles noticias. Al parecer, a su madre le había costado todo un minuto asimilar el hecho de que el hombre al que más detestaba y temía era uno de los invitados de
Forks Place Park. Rosalie casi había esperado que su madre estallara en lágrimas, pero Lilly la había sorprendido, ya que no había hecho otra cosa que inclinar la cabeza hacia un lado y contemplar el rincón oscuro de la habitación con una sonrisa extraña y resignad. Era una sonrisa que Rosalie jamás había visto en su rostro con anterioridad, una sonrisa de la que emanaba una extraña amargura que indicaba que no tenía ningún sentido tratar de mejorar la situación de uno, porque el destino siempre se salía con la suya.
— ¿Quieres que nos marchemos de Forks Place Park? —Murmuró Rosalie—. Podemos regresar a Londres de inmediato.
La pregunta pareció flotar en el aire durante incontables minutos. Cuando Lilly respondió, parecía confusa y meditabunda.
—Si hacemos eso, no tendrás esperanza alguna de obtener una oferta de matrimonio. No, tu única oportunidad es acabar con esto. Pasearemos con lord Crowly mañana por la mañana; no permitiré que
King arruine tus oportunidades con él.
—Será una fuente constante de problemas —dijo Rosalie en voz baja—. Si no regresamos a la ciudad, la situación se convertirá una pesadilla.
En aquel momento, Lilly se giró hacia ella con esa inquietante sonrisa.
—Querida mía, si no encuentras a alguien con quien casarte, cuando regresemos a Londres comenzará la verdadera pesadilla.
¿Que tal lo veis? Royce se está metiendo en terreno peligroso ¿No?
Parece ser que Emmett sospecha que la relacion entre Lord King y Rosalie es de amantes... ¿descubrira la verdad?
me encanta la ultima frase de Lilly, ¿a vosotros que os parece?
un besito: Masen1309
