Este capitulo va para largo… espero lo disfruten. -- La advertencia de Parvati

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La mañana del sábado sir Harry partió en Saeta para recorrer el pueblo mientras Lady Luna y Lady Ginny tomaron su habitual paseo por los acantilados;.

-Sir Ronald dice que sir Harry es peligroso cuando sonríe. -la enérgica brisa de la mañana que venía del mar alborotó la capa de Lady Luna. Se puso la capucha sobre el pelo cuidadosamente trenzado (solo porque Joanne Kathleen la obligó) y miró a Ginny-.

-Dice que el Auror Sanguinario se divierte pocas veces, como los Hikkipumks.

Ginny deseaba saber a que se refería Luna. Pero al ver que su amiga le hablaba como si fuera algo grave, siguió la conversación:

-No se puede negar que sir Harry tiene una idea equivocada de lo que es la diversión -murmuró la pelirroja. Había retirado la capucha de su capa de color naranja y su pelo ligeramente sujeto jugaba con el fresco y enérgico viento. Hace unos días sir Harry le había sonreído frente a la existencia de Tom, y luego salió hacia sus habitaciones (al otro lado de la torre del homenaje), solo Santa Hermione sabe a qué. Por la tarde habían hecho un paréntesis en su relación y disfrutaron de una silenciosa y nerviosa lectura. Para en la noche poner un PERO entre ellos nuevamente: Tom Riddle. Sin mencionar, claro está un pequeño encuentro con James.

-Sir Ronald asegura que normalmente siempre ocurre algo espantoso cuando el Auror sonríe.

-Eso sí que es una gran estupidez. Sir Ronald se parece un poco a la monja Parvati, que siempre está prediciendo desastres y tristezas -replicó Ginny, palpó la bolsa que colgaba de su cinturón amarillo. Dentro llevaba un bote de una crema de hierbas para la cara, especialmente perfumada.

-Me parece que tú y sir Ronald habéis tenido más de una conversación íntima sobre Lord Harry.

El rostro de Luna adquirió un extraordinario tono rosa y sus ojos se abrieron aún más (si es que eso era posible).

-Ronald es un caballero muy atento. A Dennis le cae muy bien.

-Ya lo he observado.

Luna frunció el entrecejo.

-Esta mañana, Dennis todavía seguía hablando de su paseo a caballo con Sir Ronald. Espero que mi hijo no se interese demasiado por los caballos de guerra, las armaduras y cosas por el estilo: se vería mejor como bufón, monje o anacoreto…

Ante esa exclamación, Ginny ni siquiera supo que pensar, así que simplemente inspiró y disfrutó, como siempre, del fresco y perfumado aire.

Miró el estrecho que separaba Burrow de tierra firme. La oscura torre del castillo de Borgin se alzaba tras el pueblecito que había en la costa. Aquella visión hizo que sintiera un desagradable escalofrío.

-Confieso que tengo serias dudas sobre la capacidad de Sir Harry como marido. Aunque supongo que las cosas podrían haber sido peor. Podía haberme visto forzada a aguantar a sir Draco.

Luna le dirigió una extraña mirada.

-Al menos sabemos que podrías manejarlo.

-Sir Harry será manejable también.

-Yo no estaría tan segura. ¿De verdad quieres mantenerlo alejado de tu cama hasta que demuestre ser un marido adecuado?

-Ya te dije que necesito tiempo para conocerlo mejor. Por eso los 15 días de tiempo hasta que llegue Neville. De esa forma habrá una mejor comprensión entre él y yo antes de unirnos en el lecho nupcial. No es mucho pedir.

-Sir Ronald dice que no funcionará, que no deberías haber desafiado al Auror como lo hiciste, y empiezo a estar de acuerdo con él.

-Sir Harry nunca debió dudar de mi honor -dijo con voz firme.

-Bueno, era lógico que pensara que ya no eras virgen. Evidentemente Sirius Black le habló sobre los rumores de tu rapto y de que habías estado cuatro días en Borgin: recuerda que los chismes son como blinyns al viento.

Ginny solo esperó que esos animales no fueran contagiosos.

-No me importan los chismorreas que pueda haberle contado. El Auror debería haberme pedido que le contara la verdad. No debería haber hecho suposiciones, ni tiene derecho a jurar venganza sobre el pobre Draco.

Luna esbozó una sonrisa irónica.

-¿Así que ahora es el pobre Draco? No es así como lo llamabas el mes pasado, cuando escapaste de Borgin.

-Es un pesado y me alegro de no tener que casarme con él. Con todo, he de confesar que he sentido algo de lástima por él.

Ambas amigas se rienron fuertemente ante tal comentario irónico y se encaminaron por el sendero del acantilado y entraba en el pueblo.

La estrecha calle ya estaba repleta de actividad.

Nadie parecía estar hablando con la anacoreta cuando Ginny y Luna bajaron de sus caballos y llegaron a su celda. Ginny llamó en la piedra que cerraba una de las dos ventanas.

-Buenos días, Parvati. ¿Interrumpimos tus oraciones? -preguntó Ginny con un tono, cabe decir, sarcástico.

-Sí, pero no pasa nada. Estaba esperándola, señora.

En la celda se oyó un ruido y enseguida apareció Parvati en la ventana.

Era una mujer alta de unos cincuenta años que siempre tenía una expresión funesta y aprensiva en la cara. Se había recluido hacía diez años, después de quedarse viuda y tras el largo proceso de obtener permiso del obispo para encerrarse. Parecía muy contenta con la vida que había elegido llevar.

La otra ventana de la celda estaba orientada hacia la iglesia. La habían diseñado así para que pudiera seguir los servicios y contemplar su inspiradora visión cuando rezaba sus oraciones.

Pero todo el mundo en el pueblo sabía que se pasaba la mayor parte del día en la otra ventana, en la que estaban Ginny y Luna. La ventana en la que los cotilleos eran tan fluidos como un río.

-Buenos días, Parvati -saludó Luna.

-No -replico Parvati seriamente-, no son buenos días,

Y aquí va la entrañable herencia de la antigua anacoreta Sybill: -y los días siguientes serán peor. Acuérdese bien de lo que digo, Ginny de Burrow, el día de su boda será anunciado con un helador humo gris proveniente del mismísimo fuego del infierno.

-Lo dudo mucho, Parvati -dijo Ginny mirando el cielo sin nubes-. Últimamente ha hecho un tiempo cálido y despejado. No he oído a nadie que dijera que se avecina una tormenta. Me voy a casar. Lo menos que podrías hacer sería desearme lo mejor.

-Sería una pérdida de tiempo. Escúcheme, milady, una muerte violenta acaecerá en esta isla cuando el Auror Vengativo la haga su mujer.

Luna soltó una risita de desaprobación.

-Parvati, no puedes saber algo así.

-Pero lo sé. He visto los signos.

-¿Qué signos? -preguntó Ginny.

Parvati se acercó más y bajó la voz.

-El fantasma del hacendado Weasley vuelve a caminar por estas tierras.

-Eso es ridículo, Parvati -dijo entre dientes Lady Luna.

-¿No creerás en fantasmas, Parvati? -añadió secamente Ginny.

-Creo en lo que conozco -insistió Parvati-. Y he visto su espectro.

-Imposible -aseguró Ginny.

-Puede correr el riesgo de dudar, señora. Pero hace tiempo que se sabe que cuando el hacendado Weasley aparece dentro de los muros del convento alguien muere violentamente al poco tiempo.

Ginny suspiró. Hacía unos doscientos años, el primer Weasley que llegó a Burrow la reclamó y empezó a trabajar la tierra tuvo 3 hijos, uno de ellos fue el joven William Weasley.

-Parvati, la leyenda del hacendado Weasley y la hermana Hermione no es nada más que un viejo cuento para niños. Se usaba para asustados y que no molestaran a los mayores, nada más.

-He visto el fantasma.

-¿Cuándo?

-Poco después de la medianoche de ayer -dijo Parvati haciendo la señal de la cruz-. Había la suficiente luz de luna para ver que llevaba un hábito negro y la capucha puesta para ocultar su desnuda calavera…

No pudo haber sido James, -pensó Ginny- de eso estaba segura… entonces… ¿a quien había visto la anacoreta?

-Se detuvo delante de la casa del portero y cuando la hermana Hermione no apareció para unirse a él fue directamente hacia la puerta para buscarla.

-Pero si están cerradas por la noche y la hermana Hermione lleva muerta más de cien años. Dios la tenga en su gloria -dijo Ginny con paciencia.

-Además es Santa Hermione- la defendió Luna.

-Las puertas se abrieron para el fantasma. Sin duda usó sus artes mágicas. Lo vi entrar en el parque y atravesar el jardín -aseguró Parvati.

-Debía estar soñando. No se preocupe. El joven Weasley no se atrevería a entrar en este convento. Sabe muy bien que tendría que vérselas con la priora Lavender y ésta no toleraría que un simple fantasma le causara ningún problema -se rió Ginny. De hecho, creo que él le huiría asustado.

-Puede bromear, señora de Burrow, pero pronto verá que es verdad. Su matrimonio con el Auror Vengativo de Gryffiindor ha despertado al fantasma del joven Weasley. Pronto habrá alguna muerte, siempre la hay.

-A lo mejor tendría que volver esta noche y tener una larga conversación con el joven Weasley -continuó Ginny.

-¿Parecida a la que tuviste con sir Harry? -preguntó Luna arqueando las cejas-. ¿Vas a bajarle los humos al fantasma como has hecho con tu futuro señor?

Ginny hizo una mueca.

-Creo que hemos estado muy bien aquí todos estos años sin tener que aguantar a todos estos complicados hombres molestando por la casa. Ahora parece que tenemos que enfrentarnos a un pesado tras otro.

Parvati sacudió la cabeza con tristeza.

-¡Pobres de todos nosotros! El Auror ha conjurado a los demonios del foso. El joven Weasley es sólo el primero.

-Estoy segura de que sir Harry no ha convocado a ningún demonio que no sea capaz de controlar -dijo Ginny antes de coger la bolsa que colgaba de su cinturón-. Antes de que me olvide, aquí tienes la crema, Parvati.

-¡Calle! No hable tan alto, señora -Parvati sacó la cabeza por la ventana y miró a un lado y otro de la calle, para asegurarse de que no había nadie cerca. Después cogió la crema perfumada de la mano de Ginny y la hizo desaparecer rápidamente.

-Nadie te va a acusar de sucumbir a las tentaciones mundanas porque te pongas mi crema en la piel. La mitad de las mujeres del pueblo usan ésta u otra de mis pomadas.

-La gente diría cualquier cosa y pensaría lo peor -Parvati escondió el bote en un armario y volvió a la ventana.

-Oh, ahí está la hermana Hanna -dijo Luna levantando la mano para llamar la atención de una de las monjas, que acababa de salir de la casa del portero-. Perdona un momento, Ginny, quiero comentarle algo sobre un nuevo bordado. Tengo que preguntarle acerca de las patas del hipógriffo…

-Por supuesto. –respondió Ginny sin idea de que diablos estaba hablando-

Ginny observó cómo se alejaba su amiga a toda prisa para hablar con la hermana Hanna.

Parvati esperó hasta que Luna no pudiera oírle.

-Lady Ginevra -la llamó.

-¿Sí? -contestó ésta volviéndose con una sonrisa en los labios.

-Antes de que se enfrente a su condena me gustaría darle un regalo y un consejo.

-Voy a mi boda en quince días, no a mi condena, Parvati.

-A menudo, para una mujer hay poca diferencia entre una cosa y otra. (N/A: esta vieja está loca. Con un Harry como pretendiente… pues que me condenen!!!) Pero eso no viene al caso en este momento. Su destino quedó fijado el día de la muerte de su padre. No puede hacer nada. Tome este frasco de sangre de pollo -le dijo sacando un pequeño objeto por la ventana.

-¡Sangre de pollo! ¿Qué es lo que tengo que hacer con ella? -preguntó Ginny mirando atónita el frasco.

-Manténgalo escondido cerca de la cama la noche de bodas. Cuando el Auror se haya dormido, ábralo y derrame la sangre en las sábanas.

-¡Por santa Hermione! ¿Por qué iba a...? -Ginny se quedó callada un momento y se puso MUY roja-. –

-Evidentemente, mi futuro esposo no es el único que cree que ya no soy virgen.

-Eso tampoco viene al caso, pero los hombres lo ven de forma distinta. ¿Por qué correr riesgos? Con esto su honor quedará a salvo y el Auror no se enfurecerá.

-Pero... -Ginny se vio interrumpida por el ruido sordo de unos cascos detrás de ella.

Se dio la vuelta y vio a sir Harry cabalgando hacia allí. Iba montado en Saeta.

-¡Que santa Hermione nos proteja! ¡Es el Auror Vengativo! ¡Rápido esconda el frasco! -exclamó Parvati y sacó la mano por la ventana para meterlo en la bolsa que colgaba del cinturón de Ginny.

-¡Parvati!

-Si quiere sobrevivir a su noche de bodas, haga caso a mis palabras.

-¡Sobrevivir a mi noche de bodas! -confusa, Ginny se volvió para mirar a la anacoreta-. ¡Por la túnica sagrada de santa Hermione! Esto es una tontería demasiado grande como para tolerarla, ni siquiera de ti...

-Temo por su vida, señora. He oído que ha jurado negarle el derecho en el lecho nupcial.

-Los chismorreos se propagan rápidamente. No hace dos días dije esas palabras. ¿Me estás diciendo que sir Harry me matará si me niego a compartir su cama?

-Es el Auror de Gryffindor -dijo Parvati agarrándole la muñeca para que le prestara atención-. Es peligroso, lady Ginevra. No debe arriesgarse a encolerizarlo negándole sus derechos maritales. No lo desafíe la noche de su boda.

-Pero Parvati...

Con el rabillo del ojo vio que Harry se había detenido y que desmontaba tranquilamente.

-Si lo desafía, desenvainará su espada… -aseguró Parvati con ojos sombríos-. He tenido una visión. La sangre correrá en el dormitorio. Me temo que será la suya. Mi consejo es que cumpla con su deber de esposa y después utilice la sangre del pollo.

Harry se acercó a la ventana en la que estaba Ginny.

-¿Puedo unirme a la conversación?

-No creo que le parezca nada interesante, señor. Parvati me estaba dando consejos para la boda.

-Yo no haría mucho caso de los consejos sobre matrimonio que vinieran de una anacoreta. Seguramente tiene una visión muy limitada del asunto.

-Parvati sólo intentaba ser útil.

-A pesar del bien que les haría, hoy en día es inútil intentar aconsejar a las jóvenes esposas. No escuchan nunca.-sentenció la anacoreta-

-Al igual que en este caso -dijo Harry sin desviar la mirada de Ginny-. Prefiero ser yo el que instruya a mi esposa.

Un nuevo temor se grabó en la cara de Parvati.

-Le ruego que tenga clemencia con su señora la noche de bodas. No ha tenido una madre que le enseñara y su padre, Dios lo tenga en su gloria y Santa Hermione en su regazo…, no la protegió como debería haberlo hecho. Sea lo que sea lo que le haya pasado, tenga en cuenta que no ha sido su culpa.

-Por favor, Parvati. Ya he tenido suficientes consejos en un día -siseó Ginny exasperada.

-Sangre y muerte -susurró ésta antes de retirarse entre las sombras de su celda-. La sangre correrá y habrá una muerte violenta. He visto al fantasma.

Harry miró a Ginny con gran interés.

-Esto se está volviendo cada vez más interesante. ¿Mi último rival es un fantasma?, pensé que solo tenía que lidear con James.

-¿Así que ya conoció a James?-

-si señora, hace dos noches tuve mi primer encuentro con él, y no fue muy valiente como lo pintan los aldeanos…-

-¿Ah no?- Ginny parecía divertida.

-No mi señora… apenas logré divisarlo… desapareció como un fantasma- terminó de explicar el Auror refiriéndose a la extraña visión de Parvati.

-No sea ridículo. Parvati tiene una imaginación muy viva. ¿Qué hace aquí, señor?

-He venido a buscarla.

-¿Por qué?

-Quiero que me lleve a dar una vuelta por la isla.

-¡Ah! -exclamó, incapaz de pensar en una excusa. Era una petición razonable-. Pero tendré que volver a casa enseguida. Hay muchas cosas que hacer.

-Ron y su guarda lo tienen todo controlado en la casa y veo que su amiga Luna está ocupada. Venga -le pidió cogiéndola por el brazo y llevándola hacia el blanco caballo de ella-. Estoy ansioso por familiarizarme con Burrow.

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Tardaron quince minutos en llegar hasta la cima de los acantilados que dominaban el pueblo. Lo hicieron en silencio. Ginny miró varias veces de soslayo a la tranquila e inexpresiva cara de Harry en un intento por saber de qué humor estaba, y finalmente llegó a la conclusión de que no parecía enfadado, pero tampoco parecía feliz…

No sabía si enfadarse o asombrarse. Jamás había conocido a un hombre que poseyera semejante control de sí mismo y al parecer inagotable.

-Cuénteme cómo hace los perfumes y pociones -le pidió Harry tras frenar a Saeta y bajarse para contemplar los campos de flores primaverales; al fin había encontrado el valor para iniciar una conversación amena. Ella también se bajó de su caballo.

-¿Está seguro de que quiere oír todos los detalles? Puede que le resulte aburrido.

Harry siguió contemplando aquel brillante mosaico de flores y hierbas que se extendía por Burrow. En su mirada había una fría actitud posesiva y un vivo interés.

-¿Cómo podría aburrirme? Soy responsable de la seguridad y protección de esta isla. Tengo que aprender todo lo que pueda sobre ella.-su tono era muy profundo, y de cierta manera dulce-

Ginny acarició el cuello del caballo.

-Muy bien, pero si se aburre, hágamelo saber. Me han dicho que tengo tendencia a entusiasmarme con el tema.

Empezó a hablar, lentamente al principio, sin saber muy bien qué quería que le contara. Hasta aquel momento, el único hombre que realmente se había interesado en su trabajo había sido sir Tom Riddle.

Enseguida se dio cuenta de que a Harry no le aburría el tema en absoluto. Sus perspicaces preguntas le hicieron olvidarse rápidamente de todas las estupideces que había estado contando Parvati sobre fantasmas y espadas desenvainadas…

-Entonces se recogen las flores y las hierbas, y se secan o se dejan en aceite, según la fórmula -concluyó al cabo de un buen rato-. Hacen falta muchos pétalos para hacer aceites básicos perfumados.

-¿Son la base de muchos de los perfumes y jabones que fabrica?

Ginny asintió.

-Se combinan con diferentes ingredientes como cera y miel de abeja para hacer pomadas y cremas, pero también utilizo flores secas y hierbas en otros preparados.

-Un negocio fascinante.-admitió con sinceridad sir Harry-

Ginny sonrió tímidamente.

-Estoy escribiendo un libro de fórmulas en el que hay instrucciones sobre cómo fabricar muchos de los perfumes más vendidos, era lo que estaba haciendo aquel día que pasamos en la biblioteca.

-Tiene mucho talento. Soy un hombre afortunado -dijo Harry adoptando una actitud seria.

Parte del entusiasmo de Ginny se desvaneció y lo sustituyó la cautela.

-Me alegro de que lo crea así.

-Dígame, Ginevra, ¿todo lo hace siguiendo una fórmula?

Le había dicho Ginevra… lo habría notado ella???. Éste, aunque un acto inocente era un gran paso para Harry. Llamarla por su nombre.

Ginny golpeó la perilla de la silla de montar... la había llamado por su nombre… no sabía que hacer así que no le tomo la importancia debida, y siguió hablando con él.

-¿Se refiere al estúpido comentario de sir Draco sobre las condiciones que debía cumplir mi marido?

-Sabía que las había puesto por escrito, pero no que se había inspirado en mi hombre. Creo que Draco dijo que se llamaba Tom Riddle.

-¿Lo conoce?

-No, pero evidentemente me gustaría saber más sobre ese modelo de caballerosidad.-aunque por dentro realmente lo detestaba-

-No es que sea perfecto.

-¿No está a la altura?

-Está casado.

-¡Ah!-el corazón de Sir Harry dio un brinco de alegría- ¿Cuándo lo vio por última vez?

-Hace casi un año que estuvo aquí -confesó mirando más allá del mar, hacia tierra firme-. Vino a comunicarme que su padre le había concertado un matrimonio.

-Ya veo.

-Me dijo que iba a casarse con una rica heredera, alguien que le iba a dar muchas heredades y tierras en Slyterin. Yo no podía ofrecerle nada más que una isla llena de flores.-recordó con tristeza-

-¿Y eso no era suficiente para Tom Riddle?-preguntó mirándola a los ojos- Ginny lo miró sorprendida.

-¿Cómo podía compararme con lo que le podía dar una rica heredera? Usted no estaría aquí si hubiera conseguido un matrimonio mejor…-de eso estaba segura; ella no era hermosa o rica como para tener un pretendiente como el Auror-

-Y usted no habría contraído ninguno si hubiera podido, ¿no es así?-dijo sir Harry convencido-

-Así es.

-A menos que hubiera podido casarse con Tom Riddle.-solo esperaba no sonar celoso…-

A Ginny no le gustó el tono disgustado de voz de Harry y decidió cambiar de tema de conversación.

-Pronto será la fiesta de primavera en Borgin. Allí vendemos muchas pomadas y perfumes. Hay muchos ricos mercaderes que vienen desde Londres y York. ¿Le gustaría saber algo sobre esa parte del negocio?

-Más tarde. De momento me gustaría saber cómo conoció a Riddle.

Ginny suspiró.

-Era amigo de mi padre, un compañero de estudios. Se conocieron hace dos años cuando mi padre fue a París a asistir a unas conferencias sobre tratados árabes. Entonces necesitó un traductor, ya que no sabía francés y menos árabe.

-¿Tom Riddle estudiaba allí también?

-Sí. A pesar de haberse formado como caballero, Thomas es un hombre culto.

-Asombroso.

-Está mucho más interesado en libros y tratados que en torneos y guerras.

-¿Sí?

-Al igual que usted, fue lo suficientemente cortés como para mostrar curiosidad sobre mis pomadas y perfumes. De hecho, hablamos largas horas sobre el tema.

-¿De verdad? -preguntó Harry con suavidad. Aunque por dentro se le retorcían las entrañas.

-Por supuesto, su interés era puramente intelectual, mientras que el suyo es más práctico.

-¿Cree que mi interés es mercenario?

Ginny se sonrojó.

-No pretendía insultarlo. Es natural que su curiosidad provenga de que mis perfumes van a ser la fuente de sus futuros ingresos.

-No he venido como un pobre, Ginevra. No tengo tierras, pero tengo dinero. Cazar bandidos para los ricos está muy bien pagado.

La situación se volvía cada vez más incómoda; y el hecho que él la volviera a llamar por su nombre no mermaba los locos latidos de su corazón; entonces Ginny buscó la forma de salir del dilema.

-Le suplico me perdone si le he ofendido.

La cara de Harry reflejó una expresión pensativa.

-Un fantasma, un vecino, un odioso trovador y ahora un hombre en su pasado que sirve de modelo para juzgar a otros hombres. ¿No se acaba nunca la lista de rivales a los que tengo de derrotar?

Ginny tuvo la inquietante sensación de que Harry se estaba divirtiendo de nuevo a su costa.

-No sé a qué se refiere, señor. Está claro que no tiene que derrotar a nadie para tener mi mano. La cuestión de nuestro matrimonio está decidida, ¿no?. Solo faltan 15 días…

-No del todo. Todavía falta algo por discutir….

-¿Qué será, mi señor?

-creo que debe saber que mandé por mi padrastro y por el monje Longbottom urgente- sir Harry lo dijo con extrema cautela, ella debía entender que anhelaba mucho casarse… con ella. Y que el tiempo se debía apresurar.

-yo también, mi señor- ella no entendía porque tanta prisa; y esto le inquietaba.

-pero con el correo de Gryffindor-

Ginny entrecerró su cejo.

-nosotros utilizamos las lechuzas- explicó sir Harry.

A pesar que ella estaba casi fascinada con esa nueva técnica de correo, no veía la diferencia.

-ellas están entrenadas, y no tardan más de una semana-

-¿una semana?- su corazón se aceleró descontroladamente. Era demasiado poco tiempo…

Sir Harry esperaba que ella le gritara, se enojara o le reprochara el hecho que había pasado por alto su autoridad (y a menudo, en estos días reconocía que era mejor no enojarla, pero igual Hedwing ya estaba de camino), sin embargo ella solo palideció dulcemente y pareció desmayarse, luego abrió mucho los ojos y se puso muy roja antes de continuar…

-Nuestra noche de bodas... se va a adelantar, mi señora.

-Ah, eso -dijo Ginny caminando casi por inercia-. Ahora que lo menciona, puede que debamos aclarar algunos detalles.

-Puede.

Ginny inspiró profundamente e inició con suma cautela…

-Siento mucho que el tema se tratara de forma tan extraña...-el paréntesis creado por ellos había desaparecido por completo, y había abierto las circunstancias hace dos días-

-¿Extraña? Yo lo describiría de otra manera.

-Muy bien, embarazosa. Le aseguro que tenía intención de hacerla en privado.

-Me desafió, señora. Y lo hizo delante de todos sus criados y del señor de un feudo vecino. En este momento, todo el mundo en Burrow sabe que tiene intención de negarme mis derechos como marido en el lecho nupcial.

Y después de lo de la carta urgente al estilo Gryffindor estaba más segura que nunca, se aclaró la garganta y se dispuso a no ceder terreno.

-Como le dije, no tenía intención de convertir esa cuestión en un espectáculo público. Fue por su culpa.

-¿Por mi culpa?

-Sí, las amenazas que profirió contra Draco ofendían mi honor.

-Y por ello perdió los estribos y dijo, delante de todo el mundo, cosas que tenía previsto discutir a solas.

Ginny espiró profundamente.

-Lamento comunicarle que no tengo tanto control sobre mi genio como parece tener usted.

-Puede que sólo le falte práctica.

Ginny lo miró a los ojos: estaba casi a punto de odiarlo.

-¿Cómo ha conseguido contener sus emociones hasta ese punto?

-Recuerde que soy un adoptado.

-No lo entiendo. ¿Qué tiene eso que ver con autocontrolarse?

-Un hijo adoptado aprende pronto que sólo le ofrecerán las sobras; no al menos de mi padrastro, pero sí de la sociedad feudal. Y descubre enseguida que tendrá que pelear para quedarse con lo que consigue reclamar. Las emociones intensas son peligrosas para los adoptados.

-¿Por qué? Seguramente siente esas emociones incluso con más intensidad que la mayoría de la gente porque está obligado a luchar más para conseguir lo que quiere. –dedujo Ginny con simplicidad-

Harry le lanzó una extraña mirada.

-Es una mujer muy perspicaz. Pero da la casualidad de que el razonamiento, la lógica y la determinación son las armas que mejor me han servido y no las desenfrenadas e incontrolables pasiones.

Ginny estudió su rostro y se dio cuenta de que hablaba en serio.

-Ya entiendo. La naturaleza de su temperamento es cosa suya. Sin embargo, entenderá que el mío sea diferente.

-Sí -dijo con una de sus muy enigmáticas sonrisas-. El suyo le causa muchos más problemas que a mí el mío.

Ginny abandonó la polémica. Tenía algo más importante que tratar.

-Señor, seré sincera. No se trata simplemente de la ofensa que cometió contra mi honor de lo que quería hablar, y no que decir de su atrevimiento con la carta urgente...

-con respecto a sir Draco estaba intentando defenderla, no ofenderla.-explicó Harry- y con lo de la carta (aquí se acercó más a ella y mintió con todos sus dientes) a pesar de ser adoptado, me alegraría compartir ese día con Lord Sirius y ésta manera de correo es habitual y eficiente para mí.

Ginny miró en sus inescrutables ojos verdes…

-Bueno, yo me he sentido ofendida. Pero aparte de eso, he de decirle que quiero conocerle mejor antes de consumar el matrimonio.-más de una semana, pensó, todavía sin reaccionar a la apresurada boda que se iba a realizar-

-Nos conocemos tanto como la mayoría de maridos y mujeres antes de casarse. (N/A: es esta época feudal… lamentablemente se conocen muchísimo más que las parejas destinadas a casarse, la mayoría era el mismo día del matrimonio)

-Eso puede ser cierto, pero no demuestra nada. Quiero que nos conozcamos más el uno al otro. Necesito tiempo para que nos hagamos amigos.

-Era amiga de Tom Riddle, ¿verdad?

-Sí, pero no tiene nada que ver con esta cuestión -Ginny empezaba a enfadarse, aquel hombre era tan resbaladizo como una trucha-. Volvamos al tema que estábamos tratando. Lo siento si le he colocado en una situación embarazosa, pero todo lo que dije era en serio. Quiero esperar antes de consumar el matrimonio. ¿Me entiende?.

Harry la miró en silencio durante un buen rato. Después se dio la vuelta y desvió su mirada hacia los campos de flores. Casi se pudo visualizar en ellos bajo el sol con unas canastas enormes cargadas con flores cortadas por él.

-Comprendo sus deseos y los respeto, milady.

-Estupendo -dijo sintiendo un gran alivio en su interior y sonriendo cálidamente-. Entonces no es necesario que sigamos con esta conversación.

-Pero me pregunto si ha pensado en los problemas que ha causado por no haber sido capaz de controlar su genio y su lengua.

El alivio de Ginny se desvaneció instantáneamente.

-Su gente no me aceptará como nuevo señor hasta que usted lo haga. El desafío que me ha lanzado hará muy difícil que pueda asumir mis deberes como señor de Burrow.

-Eso no es verdad.

-Puedo imponer mi autoridad con los métodos habituales. Después de todo, los hombres que he traído conmigo son leales y están bien entrenados. Además, son los únicos que tienen armas en toda la isla. No tendrán problemas para asegurarse de que mis órdenes se cumplan. Pero dudo mucho de que les preocupen los medios con los que lo conseguirán.

Por un momento, Ginny se escandalizó tanto ante aquella amenaza nada sutil que casi no pudo hablar. Después, le invadió la cólera.

-Le aseguro que no es necesario utilizar hombres armados para imponer su autoridad en la isla, ni lo permitiré. Es una tierra pacífica y tengo intención de que siga siéndolo.

Los ojos de Harry presentaban un brillo peligroso.

-La lógica y el razonamiento parecen dictar que la paz de un castillo debe comenzar en los criados de su señor y señora, ¿no cree?

-Sí, pero...

-Si quiere que su gente confíe en mí y me honre como su señor, deben ver que disfruto de su respeto.

Ginny vio la trampa. Odiaba tener que admitido, pero se temía que Harry tenía razón. La paz y la satisfacción de su pueblo era su mayor preocupación.

-Me ha cogido en una de sus inteligentes trampas, ¿verdad?

-No. Simplemente le ofrezco un argumento razonado para explicarle mi punto de vista sobre este problema. Sé que usted, que es una mujer sumamente inteligente, sacará la inevitable conclusión.

Ginny soltó un bufido nada femenino de pura repugnancia.

-Y pensar que anhelaba un marido que confiara más en su inteligencia que en sus músculos. Algo me dice que sir Draco habría sido más fácil de manejar.

Harry le lanzó una mirada burlona.

-¿Quiere un hombre al que pueda manejar con facilidad? Eso no venía reflejado en sus condiciones, que yo recuerde.

-No bromee conmigo.

-Ya le dije que nunca lo hago.

-Sí que lo hace, y de la forma más irritante que puede –dijo la pelirroja- Sin embargo, eso no viene a cuento ahora. Acepto que tiene razón. Lo mejor será que demos la impresión de que compartimos el lecho nupcial.

Harry se puso en guardia.

-¿La apariencia?-esto se estaba volviendo peligroso-

-Sí. -Ginny sonreía satisfecha con su lógico razonamiento-. No veo por qué razón no podemos compartir dormitorio.

-Me alegra que esté de acuerdo con mi conclusión.

-Pero no veo necesario que tengamos que compartir la cama -acabó diciendo triunfalmente.

-¡Por todos los diablos! Razona como un hombre de leyes.-admitió sir Harry casi con una sonrisa-

Ginny le ofreció su más radiante e inocente sonrisa, lo de la carta urgente tendría sus consecuencias, ella había elegido cuando y donde: su cama, la noche de bodas.

-Para todo el mundo nos retiraremos a la misma habitación todas las noches, como harían cualquier marido y mujer, pero lo que ocurra dentro de ella sólo nos incumbe a nosotros.

-Respecto a eso, no creo que...

-Nadie más necesita saber que queremos conocemos mejor antes de consumar el matrimonio. Será nuestro secreto.

-¿Lo será?

-Sí. De esa forma los dos conseguiremos nuestros objetivos. Para mi gente, habrá ganado mi respeto como esposa y yo tendré el tiempo que necesito para conocerle mejor.

Harry la miró con expresión de reticente admiración.

-Creo que Draco Malfoy no sabe la suerte que ha tenido al no casarse con usted, lo hubiera hecho picadillo, señora.

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N/A: lo del hacendado William Weasley,,, sabrán más adelante. Al igual que la venganza de Ginny en su noche de bodas, la terrible advertencia de Parvati, la respuesta de Hedwing y de James.