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8. Fe

-¿Ahora qué? —Pregunta pasando la guadaña sobre su brazo, —¡Te quejabas que Itachi y Kisame no llegaban y por eso no podíamos irnos, y al final fuiste tú el que hace que no nos vayamos!

Kakuzu no responde, como si no fuera suficiente su propia frustración, tener a ese idiota ahí recordándole a cada rato, se pregunta cómo es que su cordura no ha salido volando desde hace meses ya.

-Kakuzu, ¿por qué te costó tanto? —Hidan grita, y espera un momento por si acaso esta vez su compañero sí habrá de responder, como no hay nada, insiste, —¿Kakuzu?

Kisame es el único que no ha terminado de hartarse por completo de ver al contador y a Hidan discutir, después de la comida, los demás se han hundido en sus actividades particulares. Pero esa insistencia de Hidan incluso ha consumido la paciencia del espadachín, toma su espada y da la espalda preguntándose quién es más idiota, si Kakuzu que tardó tanto o Hidan que no se da cuenta (o tal vez sí pero es necio) de la irritación que está generando en el más alto.

-¡Al diablo contigo! —Kakuzu levanta la voz y una mano se lanza contra el fanático.

Para su fortuna choca contra la guadaña y le da el tiempo para retirarse, Hidan ríe a carcajadas cuando ve la falla y el gesto más frustrado de su compañero. Claro que no regresa, acomoda su guadaña y camina pensando en si el momento será el ideal para hacer un rezo. Quizá pedirle a Jashin para que mate a Kakuzu y pueda liberarlo de su molesta presencia, no concreta la idea, decide irse a buscar algún caminante perdido que pueda ser un sacrificio aunque despreciable. Algo es mejor que nada.

Antes de que llegue a la barrera de chakra, Zetsu aparece delante y le mira con atención, —No podemos dejar que te vayas, no podemos dejar que mates a alguien.

Hidan suelta una carcajada, —¿Tú vas a hacer qué?

-No, él no va a hacer nada mas que cumplir las órdenes del Líder, ¿te niegas a acatarlas? —La voz de Konan se mete en la 'conversación'.

Hidan exhala por la nariz y toma de nuevo la guadaña, —¿Y tú vas a participar también? Jashin considerará mejor un sacrificio como tú que cualquier campesino maloliente.

El gesto de Konan no se altera, pero Hidan nota que su mirada parece algo sorprendida de las palabras. Zetsu retrocede un poco, es más cuerdo prefiriendo mantenerse al margen. La kunoichi no da un solo paso atrás y extiende los brazos, el religioso sabe bien, si piensa atacar ella le responderá también.

-Lo que sea que vayas a hacer, hazlo. No tengo miedo.

Hidan se muerde el labio hasta que saca sangre, la emoción de ver a esa chica haciéndole frente sin ninguna clase de temor le estimula, le excita pensar lo fantástico que sería tener su cuerpo como ofrenda. Baja la guadaña y suspira cuando está seguro de haber notado un vistazo de Pain. Quizá es tonto pero no es tan necio, atacarla es el boleto a la experiencia más cercana a su propia muerte, si ella y el Líder pelean contra él.

La muerte es la experiencia más sublime que se puede experimentar, pero que sea la suya y sin posibilidad de retorno (cosa a la que se arriesga si el Líder interviene), no es algo que busque aún, sabe que tiene muchas cosas que hacer en la tierra todavía, el mensaje de Jashin debe ser comunicado.

-Si no fuera por él, habrías tenido la gloria de rendirte al Gran Dios.

Da media vuelta, ya no insiste en dejar el área y pasa al lado de ella. Konan jamás le da la espalda, pendiente de cualquier ataque desprevenido, sabe bien que Hidan es capaz de dar la puñalada en la espalda si con eso se asegura una víctima. Para suerte de ambos, no lo intenta. Le da una mirada y una sonrisa cínica a Pain cuando también cruza su camino.

Ya a una distancia amplia, Hidan azota su arma contra el piso y gruñe furioso, cuando se unió a esa organización supo que la obra de su religión podría ser expandida y llevada a cabo, pero no contempló que se vería atrapado en una reunión que parece no tener fin y que su aportación para su dios no ha sido siquiera comenzada.

-Maldita gente, estúpido Kakuzu… ¡oh, gran Jashin! Ilumina su camino, que tus grandes brazos vengan y tomen sus patéticas vidas. —Exclama con un brazo en alto.

No es el modo en que suele hablar, ya sabe que buena parte de la organización hace mofa de su lenguaje y su actitud, pero no le importa. Le ha costado llegar a donde está, y no va a dejar que ninguno de ellos le moleste al grado de hacerle perder todo control… sí, es un poco más apasionado que la mayoría, pero no es un pobre diablo que pierda los estribos de inmediato… no tanto.

Frustrado va a echarse en el patio principal a esperar que alguien diga qué es lo que sigue. Deidara está ya ahí, se miran unos segundos lanzando casi dagas por los ojos.

-¿No tienes nada mejor qué hacer? —Deidara sisea, —¿no hay algún infeliz por sacrificar?

Hidan echa la cabeza hacia atrás, —Ni un maldito pordiosero, no hay nada ya aquí, a menos que sea uno de ustedes y al parecer eso me traerá muchos problemas con el Líder.

Deidara echa a reír en cuanto escucha eso —¿En verdad esperas que alguno de nosotros caiga para tu estúpido dios?

-Cuida lo que dices, no sabes los caminos que el Gran Jashin dispone para aquellos sin fe. —Hidan explica.

Pero Deidara no tiene otra respuesta que una gran risa, después de la cual finalmente tiene unas palabras. —¡Kakuzu tiene razón! ¡sólo dices tonterías!

El rubio se ha puesto de pie esperando que el religioso estalle, Hidan ya está también sobre sus pies a punto de tomar la guadaña, pero algo enorme hace sombra delante de ellos y se tiene que detener cuando ve el gesto sorprendido de Deidara. En contra de sus intenciones, hace caso a sus instintos básicos y se gira para confrontar a eso que se presenta como una amenaza mayor considerando el gesto del escultor.

Y al momento en que lo hace queda de frente con un enorme animal que le recuerda un gusano, ninguno tiene tiempo de contemplarlo porque de inmediato la bestia se va al ataque. Les sorprende la fuerza y velocidad de un animal tan enorme.

-¿Qué demonios es eso? —Deidara grita.

-¿No lo hiciste tú? ¿no es una de tus estúpidas criaturas?

-¡No seas idiota! ¿por qué haría algo que me atacara?

-No lo sé, tú eres el pendejo que casi se vuela la mano haciendo explotar las cosas.

-Guarda silencio y concéntrate, ¿de dónde salió esa cosa? —Deidara grita mientras apura sus manos a crear algo de suficiente escala y poder.

Hidan tiene que retroceder, mira por doquier buscando un punto donde atacar, pero sólo ve una gigantesca masa babeante de carne, y con la guadaña en la mano no sabe a dónde dirigirla. Brinca una y otra vez entre los extremos más largos de la cosa pero no consigue nada, lanza su arma unas cuantas veces pero los cortes no son profundos y no parece molestarle a nada. La cosa se enfoca en la figura que Deidara ha creado, no tan grande como ella pero si de un tamaño considerable y que le hace frente con fuerza, la figura del rubio se descompone en pequeñas piezas que la cubren y se adhieren a ella.

El religioso está sobre la espalda de la bestia y tiene que brincar otra vez para que no quede pegado a una de las esculturas más pequeñas. Cae con gracia pero es lanzado lejos por una de las colas de la cosa que ahora piensa es como un caracol… sin caparazón, si acaso eso tiene sentido.

-¡Idiota! —Hidan grita a Deidara, —¿qué tienes planeado hacer? ¿volar todo?

-¿Se te ocurre algo mejor? No vas a acabar con él picándolo solamente.

Hidan gruñe y se enfurece más, se acerca al rubio con la intención de atacarlo pero la bestia se agita cerca de ellos y juntos tienen que volver a retroceder, Deidara activa sus explosivos y el sitio se llena de una nube de humo cubriendo todo.

El religioso olvida que quiere atacar al otro y ambos miran frente a ellos, el humo ni siquiera se ha disipado y la criatura reaparece atacando con todo, ambos son tomados por sorpresa y golpeados por el tentáculo, cola… pata… del ser aquél, evidentemente salen disparados contra una de las construcciones.

-¡Mierda! —Hidan grita retirando los escombros sobre él.

Deidara está al lado suyo, hace lo mismo y se muerde un dedo con ansiedad, —¿Qué demonios se supone que vamos a hacer? ¿dónde están los demás? No puedo creer que no se hayan dado cuenta. —Gruñe frustrado, su mejor ataque parece que ni siquiera hizo el más mínimo daño, voltea a Hidan al no recibir respuesta. Lo ve cerrando los ojos y sujetando su talismán frente a su cara mientras reza, —Idiota, esa cosa va a matarnos ¿y tú sólo piensas en rezar a tu ídolo? Ya veo porque Kakuzu se molesta tanto contigo.

Hidan espera un momento para contestar hasta que ha acabado sus rezos, —El Gran Jashin ayudará.

-¿Qué? ¿va a aparecer aquí y va a acabar con eso? —El rubio se jacta.

-No blasfemes contra el Gran Jashin, —Hidan sisea, —¿qué crees que es? ¿una simple invocación como tus creaciones? Él es mejor que todo eso, él pone los medios para que las cosas sucedan.

La única respuesta es otra carcajada del artista, y a tiempo se quitan, la bestia deja caer una… extremidad justo donde están. El edificio queda completamente destruido, los dos akatsukis se alejan y buscan un escondite para planear el ataque.

-¿Y cuándo va a hacer su gran obra? Por si no lo notas esa cosa nos va a destruir.

-¿Ya empiezas a creer, pendejo?

-No estúpido. —El rubio bufa, mientras piensa en un modo de salir de ésa. —Pero si en verdad es capaz de hacer algo, sería un buen momento.

Hidan mira un momento directo a los ojos del rubio, y su sonrisa crece. Conoce bien esas situaciones, ha visto muchas veces los momentos en que las personas, al quedar de frente con un evento donde su razón y seguridad son destrozadas, entonces es cuando buscan un poder superior, aun si en otros momentos se jactan de poder por ellos mismos, en circunstancias desesperadas claman por algo más.

Es una situación patética pero poderosa, él confronta a la muerte sin miedo porque su Dios está detrás de él y le ha mostrado los frutos de su fe, no como esos idiotas que claman esperando que llegue de inmediato la solución.

Llaman al dios equivocado. De eso no tiene duda.

Ahora ahí, se da cuenta que es la primera vez que un miembro de la organización le habla de su dios con una pizca de esperanza de que en verdad aparezca. Es claro que Deidara duda de su victoria, pero Hidan sabe que Jashin no responderá aún si el rubio se suicida, porque tiene dudas. Un rogante que no está convencido de su actuar no puede ser respondido. Hidan tiene fe ciega en su dios.

-Lo va a hacer, pero no como esperas. El Gran Jashin no aparece ante sacrílegos como tú, sin embargo él me salvará.

Deidara ya no sabe qué hacer, en verdad está preocupado que esa bestia sea tan poderosa y no puede creer lo humillante que es que su arte sea inútil. Lo peor es que ese estúpido siga creyendo ciegamente en ese dios que, a su parecer, es solo una invención infantil.

-¿Qué está pasando? —La voz de Konan se escucha y los dos voltean a verla, de pie frente a su escondite.

-¿Qué no ves? Esa cosa va a destruir todo. —El artista gruñe frustrado de esa ceguera.

-Pero no veo nada… —la mujer explica y voltea a Sasori con duda.

-¿Haz vuelto a inhalar los materiales de mi espacio de trabajo? —El marionetista pregunta sin emoción.

El rubio tiene que parpadear varias veces, —¿Cómo puedes decir eso maestro?

-Ahí. —Konan exhala en una exclamación apenas audible.

Los ahora cuatro akatsuki retroceden esquivando la extremidad de la criatura. Hidan voltea a la chica y se fascina de verla con esa emoción clara en la cara, se dice de nuevo lo fantástica que sería como sacrificio.

-Ya te dije que él me dará una solución.

Deidara ya no lo piensa, —¡¿Quieres cerrar tu boca de una vez por todas? —le lanza un bicho que explota de inmediato frente a Hidan dejándolo cubierto de pequeñas heridas sangrantes, pero éste no se molesta sino que hace mayor su sonrisa, pero no dice nada.

-No puede ser real. —Sasori sentencia con duda.

Ya ninguno se anima a atacar, no sabiendo que más hacer. Deidara y Hidan han sido demostrados que sus ataques no sirven, Konan y Sasori han escuchado esto y no se animan a intentarlo, las palabras del marionetista suenan bastante razonables en la cabeza, pero la violencia que el ser demuestra es de temer y dudna de atacar o hacer caso.

-Es un poderoso gejutsu. —Se escucha la voz de Pain y Konan voltea a verlo cuando éste la toca destruyendo la ilusión.

Hace lo mismo con los otros tres que reaccionan sin quitar los ojos de la bestia que ha desaparecido ya, dejando el terrible campo de destrucción intacto, tal y como lo recuerdan.

-¿Qué fue eso? —Deidara exhala bajando los brazos cansado.

-Una ilusión, uno de los bijuus que cazaremos, la babosa de seis colas.

-¿Babosa de seis colas? ¿qué pendejada es esa? ¿cómo puede llamarse una criatura tan poderosa… la babosa de seis colas? Es estúpido.

-Pues esa estupidez casi te mata. —La chica le sonríe.

-Pero no lo hizo, —sonríe más el otro y mueve su guadaña, —Jashin no lo iba a permitir.

-Estúpido, —El rubio gruñe, —si fue una ilusión, sólo hay una persona capaz de hacerlo… ¿dónde está ese maldito Uchiha?

Los demás, menos Pain, voltean alrededor buscando al único con el nivel capaz de crear esa ilusión tan realista y con suficiente fuerza para que cuatro miembros quedaran dentro de ella. No lo hallan, pero no quitan su sospecha, bien podría haberlo hecho a la distancia para que no lo culparan.

-No lo hizo, recién está llegando junto a Kisame. Los dos estaban en el otro extremo del conjunto. —Zetsu explica apareciendo en medio de todos.

-Estúpida planta, claro que fue ese maldito, adora tenderme esa clase de trucos. —Deidara masculla.

-¿Te crees tan importante como para pensar que perderíamos nuestro tiempo contigo? —Ahora se escucha a Kisame que, en efecto, se acerca al lado de Itachi.

-Guarda silencio que el problema no es contigo sino con ese idiota.

-¿Por qué lo hiciste Itachi? —Sasori pregunta carente de emoción pero con la mirada dura de Hiruko.

-¿No entienden lo que estoy diciendo? Ni siquiera estábamos aquí. —Kisame dice entre dientes.

-¿Por qué lo haría? —Itachi finalmente responde.

Hidan mira entretenido eso, ya no está molesto sino agradecido. Se hace a un lado para que Sasori y Deidara se adelanten a Uchiha, Konan está por hacerlo pero es detenida por Pain. El religioso quiere ver sangre, quiere finalmente ver una buena pelea donde uno acabe medio muerto y él arregle semejante pecado ayudando a la muerte a acabar su trabajo.

-No lo sé, no entiendo lo retorcido de tu mente. —Deidara espeta.

Sasori no responde pero está claramente molesto y decidido a no quedarse sentado después de haber sido burlado así. La cola de Hiruko se agita al igual que las lenguas de Deidara, Itachi cierra los ojos un momento y los vuelve a abrir con el sharingan presente. Hidan no cabe de emoción al ver esa pelea.

-No volverás a burlarte de mí. —Deidara exhala, Sasori agita más la cola e Itachi inclina levemente la cabeza.

-Es momento de continuar con la siguiente fase. Ya que todos han dominado la técnica de sellado, realizaremos una sesión de invocación con el jutsu Gentōshin. Tengo designado ya el lugar, como lo hemos hecho otras veces, ustedes dirigirán su chakra en esa dirección, entonces, cuando estemos coordinados iniciaremos esta técnica de sellado. —Pain habla interrumpiendo la potencial pelea.

Hidan bufa molesto cuando es evitada la violencia que tanto espera, masculla ante las palabras de Pain y baja la guadaña, —¿Algo más? —pregunta sarcásticamente.

-No es tolerada ninguna agresión mientras realizamos esto.

Está casi seguro que la advertencia va para él, pero bien puede ir para Sasori, Deidara o Itachi, no discute más. Presiente que ya está llegando al límite de la paciencia de Pain, no dice más y se mentaliza a que su matanza deberá esperar, asume que si eso se acaba pronto, finalmente serán permitidos irse y ahora sí, Jashin tendrá su tributo requerido.

Un pensamiento breve lo asalta, una leve duda de si tendrá éxito otra vez en la técnica. Está casi seguro que fue pura suerte la última vez que lo consiguió y ya que no ha vuelto a intentarlo tiene esa duda, pero no se concentra en eso, mientras los demás van tomando la posición de meditación que requiere el jutsu Gentōshin y a la vez, se mentalizan para realizar la mentada técnica. Hidan los imita y con una última petición a su dios, coloca las manos en la posición indicada.

Entreabre un ojo para ver si es el único que tiene problemas, y nota que Kisame y Kakuzu batallan un poco, vuelve a cerrar los ojos seguro que todo saldrá bien para él.

(ooo…

Cuando el par finalmente los encontró, los dos estaban a nada de matarse entre ellos o de menos hacerse mucho daño ya que habían comprobado eso de que matarse iba a ser muy difícil.

Hidan aún no conocía muy bien a los demás miembros, su recibimiento careció de cualquier formalidad y había ido familiarizándose con los demás muy lentamente. Era la segunda vez que veía a ese par, y eso fue porque Kakuzu tenía que repasar los movimientos financieros de esos dos. ¡Cómo detestaba el trabajo materialista de su compañero!

-Esto ya es récord Kakuzu, tres meses y ése aún sigue vivo. —Kisame rió cuando estuvieron cerca.

-El Líder me odia, en vez de dejarme por mi cuenta me mandó este idiota. Como sea, —Kakuzu gruñó, —¿Por qué se han disparado sus gastos y no han aportado la cantidad que se esperaba?

-No nos vamos a quedar aquí, ¿o sí? —Hidan se quejó, —Dijiste que había un trabajo donde encontraría gente para mi ritual.

-Que si no fuera porque no puedo matarte, ya te hubiera mandado al infierno. —El contador siseó, —¿Por qué no vas con él? Necesita alguien que lo mantenga bajo control, sabes que no podemos dejarnos ver demasiado. —Dijo mirando a Itachi.

-Iré yo, Itachi es el que entiende de números, y yo estoy muy aburrido. Vamos. —Kisame tomó su espada y movió la cabeza hacia Hidan que también acomodó su arma y lo siguió, dejando al otro par comenzar el tedioso trabajo de los números.

-¿No dijiste que Kakuzu dijo que era un hombre de cabello rubio y una mujer vieja sin un brazo?

-Sí. —Hidan masculló entre dientes.

-Fueron los primeros que mataste, entiendo que hayas querido acabar con todos los demás, fue divertido. ¿Pero por qué diablos seguimos aquí? Has estado haciendo eso por más de una hora, la diversión se acabó hace mucho. —Kisame señaló al fanático, cubierto en negro y blanco en la mitad de su quinto o sexto ritual.

-¡Guarda silencio! Necesito concentrarme.

-Y yo necesito largarme de aquí. Se puso de pie y se giró, —Vámonos.

-Dije que no he acabado, no voy a ir a ningún lado.

El espadachín agitó su espada escurriendo la sangre sobre el religioso, Hidan le dio una mirada como de advertencia y Kisame se la devolvió con sorna, retadoramente. Los conflictos graves no eran usuales, y la tensión que sentían era nueva para ellos que era la primera vez que se encontraban en un desacuerdo, y siendo los dos lo suficientemente necios como para no ceder, estaban decididos a convencer al otro de su punto… o matarlo en el intento.

La guadaña y la espada chocaron muchas veces, quizá no eran los de más gracia y agilidad pero contrarrestaban sus carencias bien, lo malo era que el preferido de ambos era el ataque físico y las técnicas de ataque no daban un ganador. Hidan gritaba exigiendo su derecho a seguir sus rezos y Kisame a poder largarse. El religioso supo que llevaba las de perder cuando sintió cansancio y Kisame sólo atacó con más fuerza.

-Es ahora o nunca. Poderoso Jashin, que sea tu voluntad. —Murmuró.

-No te canses, mejor ríndete y vámonos, no quiero ser el culpable de que Kakuzu se quede sin compañero otra vez.

-Jashin responderá a mi pedido, y juntos arrancaremos tu vida. Tu existencia será mejor cuando la entregues a él.

Kisame frunció el ceño por ese necio hablar, —No eres más que un estúpido, iluso que no tiene otra cosa que creer en tonterías. Eres más débil que yo, no puedes vencerme.

-Cabrón, Kakuzu dice que sí soy el más débil, pero tus ofensas a Jashin las vas a pagar.

De nuevo se enfrentaron, Kisame no supo bien cómo fue pero cuando reaccionó, vio a Hidan acercar su mano a Samehada y sonreírle maniáticamente. Ese idiota iba a hacer una tontería, pero cuando su espada reaccionó, sintió claramente las espinas incrustándose en su mano.

Bajó la vista a su mano sangrante y volteó a Hidan que también sangraba y sonreía con más locura teniendo la espada en su mano, y acercándola a su pecho. —Hasta aquí llegaste estúpido.

Sólo sintió su piel rasgarse cerca del bajo vientre, no fue profundo pero mucha sangre brotó. Regresó la mirada a su oponente que tenía los ojos como desorbitados y se veía (más) fuera de sí.

Hidan se paralizó cuando vio que Kisame no recibía daño pero él sí, y que por más heridas que se hacía, su contrincante no sangraba. Bajó la mirada cuando la espada había rasgado la vena de su cuello y como lluvia, su sangre se desparramaba delante de él. Escuchó a Kisame sonreír, y señalarle el piso, su patrón circular donde realizaba su ritual se había perdido por la sangre y su coloración blanca y negra se iba dejando el rojo de su propia sangre sobre su cuerpo. Sintió un debilitamiento jamás conocido, sus rodillas se doblaron y ni siquiera pudo sostenerse con los brazos, cayó pesadamente al piso y su visión comenzó a inundarse de oscuridad.

Jadeó algunas veces sintiendo irse su energía vital, clamó por su dios pero no pudo formular siquiera un pensamiento, ¿dónde estaba Jashin? No hubo otra respuesta mas que la oscuridad absoluta.

-Es suficiente con eso Itachi, si enloquece más será tu culpa. Escuchó a la distancia la voz de Kakuzu y sintió un golpe fuerte en su costado.

Parpadeó varias veces hasta que su visión se aclaró y aunque tuvo un poco de control sobre su cuerpo mantenía esa sensación anormal y espantosa. ¿Qué fue eso?

-Tsukuyomi, ¿qué viste en el sueño cortesía de Itachi? Kisame sonrió mientras Uchiha le entregaba su espada.

-Así que lo hiciste tú cabrón, siseó con la voz rasposa, supe que era una ilusión cuando el Gran Jashin no me respondió.

-¿Tu dios siempre te responde? Fue la pregunta del dueño del sharingan.

-¿Por qué no lo haría? Respondió con sorna y una sonrisa. No tienen la fe que se requiere, por eso no creen.

El otro lo miró unos momentos y se giró a su compañero, Vamos Kisame.

Hidan se incorporó y tomó su guadaña, con una mano pegada al vientre para que ya no sangrara y medio se acomodó la capa de la organización, Ese idiota, pero fue excitante sentir mi propia muerte, le diré que lo haga de nuevo otro día que lo vea.

-Estás enfermo, sólo camina que ya perdimos mucho tiempo. Kakuzu espetó mirándolo.

Hidan lo siguió de lejos, cerrando los ojos y rememorando la sensación bajo la ilusión de Itachi. Se cuestionó si había dudado de su dios, porque era mentira que Jashin le había respondido cuando trató de hablarle. No era mas que una ilusión, él estará ahí siempre que de verdad lo necesite.

Se dijo y aceleró el paso.

ooo)

Agradecería pero sabe que no se necesita, su dios no quiere escuchar rezos de gratitud sino alabanzas y ser hecho ofrendas. Endereza la espalda después de haber acabado exitosamente el jutsu, ni siquiera quiere pensar en lo que va a ser estar seis días haciendo eso.

-Ya era hora, finalmente lo han completado. —Zetsu blanco explica apareciendo en medio de todos.

Nadie le contesta, se dispersan sólo Hidan se queda un momento delante de él, —¿Qué más esperabas?

Se aleja y se sienta a la sombra de la edificación anexa a la cocina que también yace en ruinas, dejando la guadaña a un lado, estira los brazos y tuerce el cuello una y otra vez, recordándose que necesita alargar sus horas de rezos como preparación para cuando deba pasar los seis días en ese proceso de extracción.

-¿Sabes? Pensaba como Kakuzu que no eres mas que un idiota fanático, que no eras capaz de otra cosa que vanagloriarte de ti y tu religión. Pero debo decir que te admiro que poseas esa certeza en tu dios. Veo que no dudas ni por un segundo de él, y eso es muy difícil de conseguir, sobre todo siendo parte de esta organización.

Mira hacia arriba, y ve a la única mujer mirándolo hacia abajo mientras extiende sus alas de papel que le vuelven a decir lo magnífica que sería como ofrenda.

-¿Qué? ¿ya no soy un lerdo fanático y violento? —pregunta sarcásticamente.

Konan desciende delante de él, —Claro que sí, eso lo sigues siendo pero admiro tu fe.

Hidan parpadea, si esas palabras no las esperaba de alguien en Akatsuki, definitivamente no las esperaba de ella. —¿Te quieres burlar?

-No, pero quiero que lo sepas.

-¿Qué soy el único de este grupo que tiene fe?

-No, todos la tenemos a nuestro modo, —Ella sonríe un poco y señala con la mirada a los demás, —Algunos confiamos ciegamente en alguna persona que aunque no nos falle, no siempre puede estar con nosotros. Otros confían en su poder y fuerza, pero cuando no es suficiente pierden todo, —mira a Kisame, Sasori y Deidara, —otros deciden fiarse solamente de cosas materiales que no les traicionarán, — contempla a Kakuzu, —unos más sólo confían en sí mismos, y otros ni en eso. —Sus ojos pasan de Zetsu para terminar en Itachi.

-¿De qué rayos hablas?

-Que todos creemos en algo, pero que sólo tú sigues creyendo aunque todo esté en tu contra, sabes que al final todo saldrá a tu favor.

-Ahora crees en Jashin. —Hidan ríe a carcajadas

Konan imita su risa con sorna, aunque más escueta, —Tonto, sólo digo que no importa en qué sea, tú crees cuando los demás dejan de creer. —Ella se pone de pie y después de un asentimiento de cabeza se aleja.

El fanático se queda sin palabras, no hay remarca cínica ni risa, sino que enmudece de ver lo falso que es eso. Recuerda la ilusión bajo la que Itachi lo puso, y esa sensación impotente cuando su dios no respondió… Jashin nunca responde como supone los demás dioses hacen a sus monjes, sino que se manifiesta delante de sus seguidores con acciones, por eso Hidan cree en él (además que le queda a la perfección su culto).

La verdad es que sí duda en ocasiones, ya sea porque se pregunte si aquellas manifestaciones que él interpreta como la voluntad de su dios, no serán meras coincidencias, o que cuando llegue el momento que Jashin decida que lo quiere a él como sacrificio y envíe otro emisario a tomar su vida, se pregunta si se rendirá feliz de ofrendársela o peleará para evitarlo…

Él sigue sus rezos y pidiendo, tratando de convencerse que el silencio que recibe, no es que Jashin no conteste, sino que es una respuesta en sí.


Hidan finalmente aparece y no puedo decir que es fácil, no concibo alguien corriente y religioso. No soy una persona creyente y mucho menos religiosa, pero mis años como tal me dieron esa idea. De una persona que cree con fuerza en algo, porque es demostrada que aquello en lo que cree exste, pero que con el tiempo termina confrontándose a dudas de si lo que cree realmente ha existido o sólo son sus deseos de que eso exista... ugh, sí, enredado, pero al hombre le queda.

Muchas gracias por las lecturas/reviews. A más de la mitad de la historia, y lista para seguirle. :D

Feliz año que viene y nos leemos!