Capítulo 8: Ocho puntas
-¿Qué? –preguntó confundida Quinn.
-Vaya, vaya, vaya… -oyeron una voz tenebrosa a sus espaldas haciendo que las dos pegasen un salto abrazándose para protegerse y se girasen para ver quien era el intruso- Mira lo que tenemos aquí…
Al saltar la linterna volvió a caer al suelo iluminando parte del pasillo frente a ellas, pero la figura se mantuvo en la oscuridad, solo dejando entrever su silueta entre las tinieblas que le rodeaban.
-¿¡Quien anda ahí! –gritó Quinn con firmeza intentando contener el temblor en su voz sin llegar a conseguirlo realmente.
El hombre dio un paso más en su dirección permitiendo que su rostro se viese desdibujado por las sombras que proyectaba la única luz que las iluminaba.
-Dios… -soltó Quinn sin poder evitarlo retrocediendo hasta chocar con la pared sin soltar a la morena a su lado.
El rostro frente a ellas era de un hombre evidentemente mayor, sus arrugas marcadas no dejaban lugar a dudas, pero no fue eso lo que la asustó, sino que varias cicatrices la recorrían dejándole un aspecto diabólico que su expresión y sonrisa no ayudo en calmar sus temores.
Las miraba con un brillo extraño en sus ojos, como cuando un niño está frente a un juguete que quiere tener a toda la costa e hizo que la piel de Quinn se erizase solo por mirarlo a los ojos. El hombre las miró de arriba abajo evaluándolas mientras se lamia los labios y daba otro paso en su dirección aunque manteniéndose aun parcialmente en la oscuridad.
Se encontraban atrapadas, el pasillo terminaba allí mismo y la única salida se encontraba frente a ellas y por desgracia detrás de aquel extraño personaje que cada vez las arrinconaba más.
-¿Quién eres tú? –dijo Quinn armándose de valor para hablar.
-Es el conserje… -susurró Rachel encogiéndose mas contra el pecho de la rubia.
Quinn la miró alzando una ceja. ¿En serio aquel espécimen macabro y horrible era el conserje de una escuela? ¿Cómo podían permitir algo así? Y no era por el hecho de sus cicatrices, sino su expresión de perversión absoluta lo que le resultaba aterrador.
-¡¿Chicas? –oyeron de repente la voz de Puck llamándolas por los pasillos.
Automáticamente la rubia alzó la cabeza sorprendida y buscando al chico con la mirada, pero se congeló en su sitio al darse cuenta que se encontraban otra vez totalmente solas. El hombre había desaparecido entre las sombras sin dejar ningún rastro aparente. Pocos segundos después Puck dio la vuelta a la esquina y se acercó a ellas con rapidez. Era imposible, la única salida era ese pasillo, no había puertas, ni ningún otro lugar por el que irse aparte del sitio por donde acababa de aparecer Puck y era evidente que no se lo había cruzado en ningún momento. ¿Dónde demonios se había metido? ¿Y como lo había hecho?
-¿Estáis bien? –preguntó preocupado al verlas en la posición en la que se encontraban.
No se habían movido, aun se encontraban abrazadas con fuerza y una expresión de miedo se hacía presente en sus rostros sin poder ocultarla.
Quinn cogió aire dándole un suave apretón a Rachel para tranquilizarla y se enderezó cogiendo la mano de la otra. Necesitaba ese contacto, necesitaba sentirla cerca, eso la tranquilizaba y hacía que su cuerpo se sintiese normal, cosa que no era común desde los últimos días y parecía que a Rachel no le molestaba porque no dio muestras de rechazar aquel gesto o es que simplemente, le ocurría lo mismo que a ella.
-Estamos bien –respondió Quinn por las dos mientras que la otra asentía tímidamente.
-¿Qué ha pasado? –indagó frunciendo el ceño levemente.
-Nada –respondió de forma escueta y con firmeza.
El chico se le quedó mirando aun más confundido pero en el fondo no se esperaba otra respuesta, conocía demasiado a la rubia como para pretender sorprenderse de que escondiese el más mínimo sentimiento o debilidad.
Quinn se acercó a su taquilla, abriéndola con rapidez y cogiendo la caja que se encontraba en el estante superior, la metió en uno de sus bolsillos sin que nadie más le diese tiempo a verla y se volvió a girar. Cuando lo hizo Rachel la miraba con una triste expresión en su rostro pero la rubia la consiguió tranquilizar acariciando su mano con suavidad.
Después de aquello, recogieron la linterna que se encontraba aun en el suelo y se dispusieron a abandonar al fin aquel instituto que cada vez les gustaba menos.
-¿Y el resto? –preguntó Quinn cuando se encontraban a punto de salir por la puerta en dirección al aparcamiento.
-Ya se han ido todos. Nada mas que os fuisteis recogieron y se fueron pero al ver que el coche de Rachel seguía aquí y tú no aparecías por ningún lado no quise irme sin asegurarme que estabais bien –murmuró Puck mientras les abría la puerta para que saliesen.
Al hacerlo Quinn se detuvo de repente ante la sorpresa del chico y la morena y sin decir nada, soltó la mano de Rachel y abrazó con suavidad a Puck.
-Gracias –susurró al separarse y ver que la miraba sorprendido y emocionado.
-Un placer –dijo con una sonrisa de orgullo en su rostro.
Quinn le sonrió levemente y volvió a coger la mano de Rachel que la miraba con el ceño levemente fruncido. Era normal esa expresión, la morena no sabía nada de su historia, para ella eran simples conocidos o amigos por conveniencia por ser populares, nada mas, pero la verdad es que la rubia no quería contradecirla, no quería explicarle su historia, se sentía mal al pensarlo, al exponer ese tipo de cosas a la otra, sin entender muy bien el porqué. Era como si necesitase mostrarse como mejor persona ante Rachel, como si de hecho quisiera ser mejor persona para ella.
Se mordió el labio sacudiendo la cabeza y llamando la atención de los otros que aun así no hicieron comentario alguno.
Cuando llegaron al aparcamiento los tres se detuvieron mirando la camioneta de Puck y luego el pequeño coche de Rachel. Puck se removía algo inquieto jugando con su pie con la gravilla del suelo mientras la otra se mordía el labio evitando todo contacto con los ojos de Quinn claramente nerviosa.
-¿Quieres que te lleve? –dijeron los dos al unísono después de unos segundos de silencio.
Se miraron sorprendidos y de repente su expresión cambio, como si sintieron que el otro era una amenaza para ellos, aunque Quinn no terminaba de entender en que eran una amenaza exactamente.
-Creo que iré con Rachel, tenemos que hablar de algunas cosas –le explicó el chico viendo como se entristecía su mirada aunque asintió lentamente.
-¿Hablamos mañana entonces? –preguntó esperanzado.
-Claro –le respondió Quinn con una tímida sonrisa, lo suficiente para que Puck sonriera ampliamente contento por la respuesta.
Después de aquello Puck se alejó hasta su camioneta mientras que las otras dos caminaban hasta el coche de la otra notando una extraña tensión en el ambiente que a la rubia la estaba incomodando cada vez más.
-¿No te importa llevarme no? –preguntó algo confundida.
-Por supuesto que no Quinn, sino ni siquiera me hubiese ofrecido –le explicó mientras se internaban en el coche y se acomodaban.
-De acuerdo –murmuró no muy convencida.
El silencio reinó de nuevo entre ellas mientras Rachel arrancaba el coche y se ponía en camino hacia casa de la rubia, pero la verdad es que Quinn lo último que quería era meterse en su habitación a pensar en todo lo que había ocurrido como llevaba haciendo los últimos días, aunque su cuerpo y su mente necesitaban un merecido descanso sabía que no era eso lo que iba a conseguir en su cama. Miró con nerviosismo a la chica a su lado que iba concentrada en la carretera hasta que se armó de valor para hablar.
-La verdad es que no me apetece mucho ir a mi casa –susurró.
Rachel la miró de reojo sorprendida durante unos segundos y después pareció comprender las reticencias que tenía a permanecer sola, al igual que ella las tenía y asintió con la cabeza lentamente.
-Podemos ir a mi casa si quieres –propuso suavemente.
-Me parece bien –cualquier cosa con tal de no estar sola de nuevo, con tal de estar al lado de la persona que parecía ser la única que conseguía relajarla y que sus emociones o sensaciones se estabilizaran.
Ninguna de las dos dijo nada durante el resto del viaje, ni siquiera cuando entraron en la silenciosa casa de la morena, porque sus padres se encontraban en una cena según le explicó y se encaminaron hacía su habitación.
-¿Quieres algo para cenar? –le preguntó cuando entraron mientras Quinn observaba con detalle cada rincón de aquella habitación.
-Como tú quieras –murmuró.
Rachel asintió y se deslizó fuera de la habitación regresando a la planta baja dejando sola a Quinn mientras seguía mirando la habitación. Era exactamente como se la había imaginado o más bien como había supuesto que era después de ver sus videos de MySpace, aunque algunas de las cosas estaban desordenadas y era evidente que el estado de ánimo de la morena se reflejaba en cada detalle. Todo parecía mas oscuro de lo que solía ser ya que las cortinas estaban corridas dándole mas intimidad aunque también la aislaba de la resplandeciente luz del exterior. Alguna de la ropa estaba amontonada en una silla como si su mente estuviese demasiado ocupada como para molestarse en recogerla, al igual que algunos libros y apuntes que se esparcían por todo el escritorio.
-He pedido una pizza –dijo Rachel regresando a la habitación y haciendo que Quinn saliese de su ensimismamiento- En media hora debería estar aquí.
Quinn asintió lentamente y se sentó en la cama jugando con sus manos en un afán de apaciguar sus nervios. Rachel por su parte seguía de pie, observándola, sin saber muy bien que hacer a continuación.
-¿Sabes que significa la estrella de ocho puntas que llevas en el cuello? –dijo de repente haciendo que Quinn alzase la cabeza para mirarla confundida.
-No… -susurró mordiéndose el labio.
Rachel suspiró pesadamente y se acomodó en la cama enfrentándose a la otra.
-En la cultura árabe representa el paraíso, el cual está rodeado de ocho montañas –comenzó a explicar mientras Quinn no pudo evitar comenzar a jugar con el colgante mientras escuchaba atentamente- En la cultura hindú representa a Laksmí, diosa de la belleza y la buena suerte, mientras que para los Tartessos, los cuales supuestamente eran la primera civilización de Occidente según los griegos representa el Sol con sus ocho rayos –la rubia frunció el ceño levemente sin entender muy bien el porqué de esa explicación- En resumen ese colgante simboliza el paraíso, la belleza, la buena suerte y el Sol –se calló durante unos segundos mirando con intensidad a la otra- ese colgante fue creado como protección ante algo mucho mas fuerte y horrible de lo que te puedas imaginar.
Las dos se quedaron mirándose mientras las últimas palabras de la morena se hacían eco en la cabeza de Quinn. Esa estrella era un amuleto, el cual se supone que debería protegerla, pero entonces ¿por qué tenía esas visiones desde que lo llevaba?
-¿Quiénes son E&S? –preguntó de improvisto.
-Son las que lo crearon. Son Estella y Sadie.
El primer nombre golpeó con fuerza el pecho de Quinn dejándola sin respiración durante unos instantes.
-Estella era… -comenzó a decir la rubia pero las palabras no parecían formarse en su cabeza.
-Si –respondió a la pregunta sin formular- Era el fantasma que nos visitó hoy.
-¿Y como sabes tú todo eso? –dijo con amargura y frunciendo el ceño.
No entendía nada, no sabía que es lo que estaba ocurriendo ni mucho menos como era que Rachel parecía saber tanto y en cambio ella tan poco.
-Creo que deberías leer esto –murmuró abriendo el cajón de su mesilla de noche y sacando un viejo libro con las tapas desgastadas.
-¿Qué es? –preguntó confundida.
-El diario de Estella –respondió haciendo que el corazón de Quinn bombease con más fuerza.
Muy contenta con los comentarios, gracias. Y seguir así!
