Capitulo 8: Invitación

Aquello comenzaba a ser grave. Mi situación no podía haber empeorado más, y mi fatídica noche no hizo más que confirmarlo. Jesse lógicamente montó en cólera al escucharme decir un nombre que no era suyo en pleno clímax, aunque por fortuna él entendió el nombre de mi exnovio Finn en lugar de Quinn. Eso fue de gran ayuda, no quería que se enterase de que lo que había gritado a pleno pulmón era el nombre de una chica.

Mi novio, aunque no sabía durante cuánto más tiempo, abandonó mi casa a medio vestir. Yo ni siquiera hice nada para detenerle, bastante tenía con tratar de asumir lo que acababa de hacer y sentirme la peor y más despreciable persona del universo.

No pude pegar ojo en toda la noche, creo que hubiese tenido tiempo suficiente para contar cada una de las estrellas que podía divisar a través de la cristalera de mi techo, pero en vez de eso me dediqué a rememorar una y otra vez la alucinación que me había vuelto completamente loca. Todo había sido tan real, prometo que sentía como sus manos recorrían mi cuerpo, tenía tantas ganas de que así fuese que había parecido tan verídico…

Eso, todo eso, había sido una confirmación. Una confirmación que no estaba preparada para admitir. Cuando los rayos de sol incidieron directamente sobre mi cabeza supe que era la hora de levantarse, me revolví entre la sábanas un par de veces más, recelosa a levantarme, aunque no tuviese sueño. Pero tarde o temprano tendría que ponerme de pie, enfrentarme a aquella jodida y patética vida que me había tocado vivir. Tenía que hablar con alguien, pero obviamente mi mejor amiga no era la más indicada para ello. Pensé en Santana enseguida, pero ni siquiera tenía su móvil. Tenía que ir a ver a Alex, pero seguramente me encontrase con Quinn allí y no podría mirarla a la cara sin morirme de vergüenza.

Entonces ¿qué podía hacer? Se suponía que quería ser actriz, de musicales, pero actriz al fin de al cabo, y esa podía convertirse en mi prueba de fuego. Estar al lado de Quinn como si no estuviese empezando a sentir cosas que ni siquiera era capaz de describir por ella o había tenido un orgasmo pensando en ella la noche anterior. Si conseguía hacer aquello tenía el Óscar a la vuelta de la esquina.

Antes de nada decidí darme una ducha fría, necesitaba una ducha realmente gélida.

- ¿Por qué quieres venir esta noche también? – me preguntó Spencer mirándome desconfiada desde el asiento del conductor.

- ¿Por qué no querría hacerlo? – repliqué fingiendo inocencia, pero desviando mi mirada por la ventanilla para no flaquear en mi mentira. Spencer me conocía desde hacía demasiado tiempo como para que mis mentiras resultasen fáciles de captar para ella - ¿Tienes algún problema?

- Odias ese sitio Rach, te dan arcadas solo por cruzar el umbral.

- Sabes que soy demasiado dramática, me he dado cuenta de que puedo superarlo.

- Pero luego me iré con Quinn y sé que no te gusta volver sola. Pero de verdad que necesito dormir con ella. No te puedes imaginar cómo estaba anoche, estaba desatada, dios fue increíble.

Perfecto, mi amiga tendría que hacer ese tipo de comentarios a propósito, porque cada vez que elaboraba una frase en la que ella y Quinn tenían algún tipo de contacto sentía algo similar a lo que tenía que sentirse cuando un tanque te atropella.

- Me da igual lo que te haga Quinn – soné demasiado despechada, lo supe cuando Spencer retiró por una mínima fracción de tiempo la mirada de la carretera y me miró interrogante. Traté de suavizar mi tono – Seguramente me vuelva con Santana.

- ¿La chica latina esa? Te estás empezando a pasar a mi bando ¿Eh Rach? Quién lo diría después de la noche que te tuvo que hacer pasar Jesse.

Si hubiese sido yo la que estaba al volante, mi reacción ante las palabras de mi amiga hubiese culminado con el coche colisionando contra el McAuto que se encontraba a la izquierda del nuestro carril. La buena noticia era que aunque Spencer pensaba que me estaban empezando a gustar las chicas creía que mi objetivo era Santana. ¿Pero cómo sabía que Jesse y yo nos habíamos acostado la noche anterior? ¿Se lo habría contado él? ¿Y si le decía que había gritado Quinn? Mi amiga me conocía lo suficiente para saber que nunca gritaría el nombre de Finn y ninguna situación, y menos en aquella.

- ¿Cómo lo… sabes?

- Te conozco desde hace años Rach, y llevabas tanto tiempo sin un jodido orgasmo que hoy se te notaba en la cara. Estabas bastante radiante, así que debió de ser muy bueno, quizá tenga subestimado a Jesse.

Me estiré para poder verme en el retrovisor, pero mi cara se reflejó yo no veía nada inusual en ella que no fuese el repentino rubor que me había invadido.

- ¡Te da vergüenza hablar conmigo de eso! ¿Con quién vas a hablar de sexo si no es conmigo? ¡Soy tu mejor amiga! Podemos darnos consejos de amigas. ¿Has hecho alguna vez un 69? ¡Es increíble! Anoche Quinn y yo…

Otra vez, pero en aquella ocasión el tanque era el doble de pesado del anterior.

- Spencer ya hemos llegado – respondí yo con precipitación.

Solo fue una excusa para dejase de hablar, ni siquiera sabía en qué punto del trayecto estábamos. Me volteé hacia la ventanilla y solté un gran suspiro de alivio cuando descubrí que estábamos en la calle del hospital.

Me bajé del coche casi en marcha, con Spencer dirigiéndome una de sus miradas de "Joder Rachel eres la chica más rara del mundo" a las que tan acostumbrada me tenía últimamente.

- ¿Cómo estás Lex? – me acerqué a mi hermana, que estaba encogida sobre su cama, como si aun estuviese durmiendo. Algo extraño, en el hospital siempre habían sido muy estrictos con los horarios y no dejaban que los pacientes durmiesen a placer. Era demasiado tarde para que no se hubiese pasado a despertarla.

Avancé hasta ella con preocupación, aprovechando el breve trayecto para escanear la habitación intensivamente en busca de alguna señal de Quinn, no encontrarla me decepcionó. A lo mejor había visto a Alex y no había querido interrumpir su sueño. O quizá no había venido para no aguantar mis berrinches durante más tiempo. O yo me estaba comiendo la cabeza estúpidamente por en ella en realidad estaba demasiado ocupada para pasarse por allí.

- ¿Hey cielo estás bien? – la destapé con suavidad de la manta, y la dejé una caricia en la espalda.

Ella ronroneó y yo solté una bocanada de aire aliviada. Me senté en el borde de la cama y continué trazando círculos en su espalda. A Alex le encantaba aquello, antes de que la detectasen la enfermedad, cuando éramos felices alejadas de los hospitales siempre la despertaba así los fines de semana cuando nos íbamos de excursión a la playa. Ella decía que era la mejor forma de despertar, que con esos movimientos en sobre su espalda era agradable hasta madrugar.

- ¿Qué te pasa?

- Estoy cansada Rach… - balbució hundiendo su cara en la almohada, y yo sonreí con ternura.

- ¡Vamos dormilona! ¿Sabes qué hora es? ¿Así agradeces que tu hermana venga a verte? – la cogí en brazos mientras ella soltaba un bufido soñoliento. Ahora que no estaba conectada al gotero las cosas eran mucho más fáciles. - ¿Has dormido bien? ¿Has vuelto a vomitar Lex?

- Rach, déjame tengo mucho sueño…

- No puedo dejarte dormir más… Pero te he traído un libro – añadí acercándome con torpeza a el lugar donde había dejado mi bolso tratando que mantener estabilizada a mi hermana en mis brazos, saqué el volumen y se lo mostré Los Cuentos de Beedle El Bardo - ¿Te lo leo?

Ella alejó su rostro de mi cuello con los ojos entrecerrados y mientras bostezaba observó la portada. Después abrió los ojos de par en par.

- ¿Son de Harry Potter? – me cuestionó haciendo una mueca de dramatismo. Nadie en el mundo podría nunca negar que ella era mi hermana.

- De Harry Potter – le aseguré divertida asintiendo con la cabeza.

- ¿Por qué no me lo estás leyendo ya? – solté una carcajada. Mandonas era otra de nuestras cualidades.

- ¿Me puedes leer a mí también por favor? – la voz de Quinn me sobresaltó. Estuve a punto de soltar a Alex por el sobresalto.

Me volteé hacia ella. No ayudaba que toda la ropa del mundo, fuera elegante, informal, fea, preciosa, o una maldita bolsa de plástico la favoreciera. ¿De dónde había salido aquella chica? No podía ser legal que aquella simple camiseta negra, aquellos vaqueros desgastados, y ese gorro con rotos que dejaban salir algunos mechones de su pelo rosa le quedasen bien a alguien.

- ¡Quinn! – chilló mi hermana emocionada, pataleó en mis brazos para poder zafarse pero yo no la solté, sabía que no podía andar con facilidad.

- Hola cielo – no, Quinn no podía decir la palabra cielo en mi presencia. Un hormigueo descontrolado recorrió mi cuerpo y empecé a rememorar de nuevo mis pensamientos de la noche anterior.

Quinn se acercó sonriendo, mirando a mi hermana con dulzura, y después desvió la mirada a mí. Alex volvió a peligrar en mis brazos, porque la mirada de Quinn inutilizaba mi cerebro.

- ¿Puedo cogerla? – me preguntó y yo solo pude asentir y pasarle el cuerpo de Alex. - ¿Los cuentos de Beedle El Bardo? ¡Me los he leído diez veces! La fábula de los tres magos es la mejor sin duda…

- Rach me los iba a leer ahora ¿Te quedas entonces?

Vale, la gustaba Harry Potter. Eso no ayudaba, yo era una potterhead bastante enfermiza, me sabía todos los diálogos de cada película, incluso Spencer y yo nos habíamos planteado hacer una versión musical. Cuando tenía cinco años menos me ponía a gritar Alohomora como una loca cada vez que me topaba con una puerta cerrada. En resumen era bastante friki y estaba muy orgullosa de ello. Por eso cuando la escuché traté de no parecer afectada cuando en realidad tenía ganas de saltar sobre ella y no soltarla.

Ella después de dar vueltas sobre sí misma, para sacar un par de carcajadas a Alex se sentó con ella en la cama, colocándola sobre sus rodillas, y rodeándola por la cintura. Entrañable, demasiado entrañable. Quinn me dedicó una mirada expectante mientras mi hermana, que parecía haber perdido todo el sueño de repente, la miraba con adoración.

- La de los tres magos por favor -
me indicó acomodándose en el cabecero.

- Luego tendrás que cantar para compensarme ¿Eh? - intervine.

Ni siquiera sabía de dónde había sacado el valor para decir aquello, pero lo deseaba de verdad. Había extrañado demasiado su voz, y cuando la había visto dejar la funda de su guitarra al entrar no pude desterrar de mi mente la idea de que podría volver a escucharla. Ella alzó una de sus cejas, no se lo esperaba, y Alex se limitó a asentir con la efusividad que la caracterizaba.

- Solo para ti - sentí un escalofrío - y para Alex - se apresuró a agregar.

Estimé que lo más adecuado era que empezase a leer.

- ¡Yo quiero la varita de saúco! - exclamó Alex mirando a Quinn cuando finalicé el relato.

- ¿Sabes lo que se podría hacer con la capa? ¡Podríamos ir todos los días a la azotea y nadie nos vería! He deseado tantas veces ser invisible... - eso último fue más una reflexión en voz alta. La miré cuestionándome qué situación podía haberla hecho desear que nadie pudiese verla. Pero no podía preguntárselo, en cambio sí que había un tema que me interesaba.

- ¿Habéis ido a la azotea? - cuestioné cruzándome de brazos después de dejar el libro sobre mi mesilla.

- Lo siento debería de haberte pedido permiso Rachel, pero no te conocía y quería sacar un poco a Alex de la monotonía y...

- Fue mi culpa Rach yo se lo pedí - declaró mi hermana saliendo en la defensa de Quinn, no quería que me enfadase con ella.

La del pelo rosa tenía una mirada cargada de preocupación y arrepentimiento, parecía que yo la asustaba, y aseguro que soy la persona menos intimidante del mundo.

- Fue muy poco tiempo, llegar y bajar - aseguró. Yo sabía que era mentira, si mi hermana pisaba la azotea nadie la convencería de bajarse enseguida. Ni siquiera su absoluta adoración por Quinn.

- No la regañes Rach...

- No estoy enfadada Lex… - confesé – Gracias por subirla Quinn – añadí mirándola mientras fruncía el ceño esperando aún que estallase y la echase en cara que se tomase aquellas libertades con mi hermana. Pero yo no iba a hacerlo – yo no puedo con ella durante tanto trayecto. La próxima vez puedo acompañaros, sí queréis.

- ¡Eso sería genial! – opinó emocionada - ¿Vamos ahora? – intercambió miradas suplicantes entre Quinn y yo.

Ella no contestó, cogió a Beth y la quitó de sus rodillas con suavidad, sonriéndole cuando la volvió a dejar sobre el colchón y ella se acercó a la entrada. Cuando pasó por mi lado todo mi cuerpo se pudo a alerta.

- Ahora tengo que cumplir mi deuda – indicó colgándose su guitarra y apoyándose sobre la pared para empezar a cantar.

When you were here before
Couldn't look you in the eye
You're just like an angel
Your skin makes me cry
You float like a feather
In a beautiful whirl
I wish I was special
You're so very special

Si en hasta ese momento se había mantenido con los ojos cerrados, como si se hubiese sumido en un mundo en que solo podía canalizarse mediante música, abrió los ojos y los posó en mí.

But I'm a creep
I'm a weirdo
What the hell am I doing here?
I don't belong here

Whatever makes you happy
Whatever you want
You're so very special
I wish I was special

Creo que estaba exteriorizando demasiado mi estado anímico. Me mantuve estática unos instantes, seguramente con cara de estúpida mientras oía el sonido de los eufóricos aplausos de Alex.

- ¿Estás bien Rachel? - que dijese mi nombre no contribuyó para mejorar mi estado. Era increíble lo que podía provocar en mí con tan poco.

- Sí... Sí... - titubeé.

- ¿Puede tocar en mi cumpleaños? - me preguntó entonces mi hermana como si se le hubiese ocurrido la idea más ingeniosa del mundo - ¿Vas a venir a mi cumpleaños? - se dirigió a Quinn, que retiró su confusa mirada de mi rostro para mirarla.

El cumpleaños de Alex. Quedaba una maldita semana y a mí se me había olvidado por completo. El estrés al que había estado sometida había provocado que ni siquiera tuviese regalo. Años atrás, cuando mi vida no era un completo caos, compraba su regalo con meses de antelación. Gastaba todos mis ahorros en escoger el regalo idonéo para que mi hermana fuese feliz, y lo escondía debajo de mi cama hasta que llegaba el día. No pude evitar pensar que quizá ese fuese el último cumpleaños de Alex, se quedaría en los siete eternamente. Me sentí despreciable por no haberme acordado. ¿Qué clase de hermana era?

- No metas a Quinn en compromisos - la reproché - ella está ocupada.

- ¿Cuándo es?

- El viernes - se apresuró a contestar Lex.

Quinn se quedó pensativa, aun con su guitarra sobre su regazo. Yo me concentré en el fascinante jarrón que había en la mesilla. Verdaderamente necesitaba focalizarme en otro sitio.

- Estaré encantada de estar en tu cumpleaños - repuso, y mi hermana soltó un gritito de emoción, reconozco que yo estuve a punto de emitir otro.

- No tienes por qué hacerlo Quinn de veras - quería que lo hiciera, claro que quería que lo hiciera.

- Es un placer.

Un placer. Di una cabezada de asentimiento. Me acerqué a mi hermana para despedirme, pensaba ir a buscar su regalo en ese mismo momento. También era una excusa para no tener que pasar por mi casa y encontrarme a Jesse.

- Me voy cielo, tengo cosas que hacer - me acerqué para darle un beso en la cabeza.

- Espérame - me retuvo Quinn y yo contuve el aire - yo también me voy ya.

Primero, este capítulo es una celebración de que Di, por fin a cortado con Nick. Y ahora quiero agradeceros a todos los que habéis dejado reviews en todos estos caps. No quería lo he hecho antes por que no quería parecer pesada pero ahí va:

Quiero darle la bienvenida y las gracias a Allison, y espero que la historia le siga gustando. Agradecer a todos los guest (No estaría mal que os pusieseis un nombre para distinguiros) por todo su apoyo. A SoDamnBeautiful1 por dejarme rw en casi todos los cap que me hacen sonreír, igual que CharlieMichele16:)

Por cierto me estoy quedando un poco estancada así que estoy abierta a propuestas.

Gracias por leer.