Tanto Ron como Hermione se pudieron dar cuenta de la situación incomoda de todos los presentes, excepto por Michael que en ningún momento se sintió fuera de lugar.
- ¿Así que tu eres el novio de Ginny? – pregunto Molly con una sonrisa forzada.
- Si señora Weasley, amo tanto a su hija.
- Me lo imagino.
- Cuando supe de su accidente quise venir inmediatamente pero tenía que quedarme con el equipo, ustedes saben…la responsabilidad, el compromiso.
- Claro, claro.
- Afortunadamente ganamos el campeonato, todos festejamos a lo grande.
- Que bueno – dijo Molly cambiando su sonrisa forzada a una mueca.
- La final fue ayer según tengo entendido.
- ¡Ron! Hermano que gusto – Michael se levanto a darle un abrazo a Ron – no te había visto para felicitarte por tu ingreso a la selección de Inglaterra, haz logrado el sueño de todo jugador profesional de Quidditch.
- Gracias y…felicidades por el campeonato.
- Gracias, la verdad estuvo fácil.
- Ron, Hermione ¿les sirvo té?
- No gracias señora Weasley. Harry, Teddy y yo debemos irnos.
- ¿Por qué tía? – pregunto Teddy indignado.
- Porque ya es tarde ¿verdad Harry? – Pero Harry no dejaba de fulminar con la mirada a Ginny y a Michael sucesivamente - ¡Harry!
- ¿Qué?
- Debemos irnos.
- Tío prometiste llevarme mañana con Teddy – se levanto inmediatamente Victoire para encarar a Ron quien se notaba que no le había gustado la idea de que Hermione ya se fuera.
- Si cariño, en cuanto me desocupe, iremos – se dirigió a Hermione - ¿hay algún problema con…?
- Claro que no – le contesto Hermione sonriendo – los esperamos.
Harry se levanto sin dejar de ver ni un segundo a Ginny, tenía su mirada clavada en ella y eso hacia que Ginny no pudiera verlo a los ojos. Cuando se despidió de ella, le dio un suave beso en la mejilla sin decirse una sola palabra. Molly de nuevo agradeció a Harry por todas sus atenciones y poniéndose de acuerdo para el día siguiente ir a la terapia con Ginny.
Cuando llegaron al Callejón Diagon, Teddy salió corriendo a saludar a sus amigos mientras que Hermione y Harry caminaban en dirección a la segunda área.
- De nada te sirve enojarte.
- Déjame en paz Hermione.
- Es su novio te guste o no, él tiene mas derechos de estar en su casa que tu.
- Va a terminar con él.
- ¿Te lo dijo?
- No…pero lo va a hacer.
- Debo confesar que me sorprendió tu actitud. Tu enojado eres…insoportable, terco, testarudo, incapaz de escuchar y razonar. En pocas palabras tu enojado eres un idiota – Harry la vio de reojo con mala cara mientras seguían caminando – pero sin embargo te comportaste educadamente.
- Ginny me dijo que yo era igual a todos los hombres con los que ha salido.
- ¿No me digas que todos sus novios la engañaron con otra?
- ¡Que yo no la engañe carajo! – varias personas que caminaban por el callejón voltearon a verlos.
- Cálmate – dijo Hermione preocupada y jalándolo del brazo para que continuaran su camino – ya ves, enojado eres un…
- Voy a demostrarle a Ginny que yo no soy como esos.
- ¿Y por eso te tragaste tu enojo? ¿Por eso fingiste ser un tierno corderito?
- No fingí nada. Ginny sabia perfectamente lo que pasaba por mi mente.
- ¿Cómo sabes?
- Desde que llego ese tipo estuvo nerviosa y no volteaba a verme. Además ya le había aclarado que no quería ver a su noviecito.
Llegaron al negocio de Harry. Neville los saludo con la mano mientras atendía a un cliente y Harry subió a su casa. Hermione se sentó detrás del mostrador y tomo una foto de Ron con el uniforme de la selección de Inglaterra, le sonreía de una manera muy natural, tal como lo había hecho personalmente momentos antes. Suspiro recordando como se había sentido bailando con él. Nunca en toda su vida había sido tan feliz. Neville, después de esperar a que en la tienda no hubiera clientes, se recargo en el mostrador viéndola con el ceño fruncido. Hermione sonreía viendo el techo y abrazando la foto de Ron.
- Hermione, te pareces a Luna.
- Neville estoy confundida.
- No me digas. Eso que te confunde empieza con Ron y termina con Weasley.
- Si. Hoy bailamos.
- ¿Qué?
- Si…bailamos – se levanto a bailar con la foto de Ron – juntos…al compás de la música.
- No, creo que ya superaste a Luna.
- Neville, no se que hacer.
Apenas Neville le iba a contestar a su amiga cuando una lechuza hizo acto de presencia y le entrego una carta a Hermione. Era de sus padres, así que inmediatamente la abrió preocupada, ellos rara vez le mandaban una carta con una lechuza, casi siempre era ella la que les escribía y ellos le contestaban utilizando la misma lechuza. La leyó rápidamente y después resopló indignada.
- No lo puedo creer.
- ¿Qué paso? ¿Tus padres están bien?
- Si pero quien no esta bien es su dichoso vecinito. ¿Puedes creerlo? Quieren que vaya para que utilice mi magia y así poder entrar a su casa.
- ¿Por qué?
- Porque lleva días que no se aparece por ahí y están preocupados. Ya lo buscaron en la delegación, hospitales, hasta avisaron a las autoridades de su desaparición.
- Y quieren que entres a su casa con magia para poder revisar sus cosas.
- Si, esto es ridículo. Seguramente el vecinito ha de andar por ahí divirtiéndose y mis papas preocupados por él.
- ¿Y si en realidad le paso algo?
- ¡Y a mi que me importa!
- Esta celosa.
- Claro que no.
- Claro que si. Mi abuela siempre se preocupaba por mis amigos más que por mí.
- Duele ¿cierto? – Neville asintió – No digo que mis padres no se preocupen por mi pero… ¿Qué me aconsejas que haga?
- Demuéstrales a tus padres que siempre pueden contar contigo.
Ron acostaba a Ginny en su cama. Después de que Michael se la pasara hablando y hablando de sus grandes habilidades como jugador de Quidditch, por fin y gracias a Victoire con sus constantes preguntas mal intencionadas, se había retirado prometiendo visitar a Ginny todos los días. A ninguno le había hecho gracia la noticia pero la única quien podía haber dicho lo contrario había sido Ginny, pero ella simplemente estaba ausente, sumida en sus propios pensamientos que en ningún momento había puesto atención a la conversación.
- ¿Qué te pasa?
- No debiste traer a Harry.
- Eras tu quien lo llamaba mientras estabas inconsciente.
- No se porque lo hacia.
- Si lo sabes. En el fondo querías una explicación del porque te engaño – dijo haciendo comillas con los dedos en la ultima palabra – y yo al saber la verdad quise que tu también la supieras.
- Es que…no se que hacer…tengo miedo.
- ¿De enamorarte y salir lastimada?
- Ya he sido lastimada varias veces.
- Si, pero solo eso…lastimada. Jamás te has enamorado.
- Yo no estoy enamorada de Harry.
- Engáñate tu pero a mi no.
- Harry y yo tenemos un carácter muy fuerte, somos orgullosos y tercos.
- Es cierto, pero aun así lo amas.
- Tengo miedo Ron.
- Descansa – le dio un beso en la mejilla – hoy fue un día algo complicado.
- Gracias.
- Suerte mañana en tu terapia – le dijo Ron desde la puerta apagando la luz con un movimiento de varita – recuerda que Harry viene por ti.
- Harry – suspiro Ginny una vez que se quedo sola y en completa oscuridad en su habitación.
Muy temprano por la mañana Hermione llego a casa de sus padres. Esperaba que el dichoso vecinito ya hubiera aparecido de una vez por todas durante la noche porque no le gustaba para nada la idea de usar magia para entrar a una casa sin autorización, iba en contra de la moral y la ética ¿Y todo para que? Para saber si el jovencito "adorable" (como lo llamaba su madre) estuviera bien. Por ella podría estar a millones de kilómetros de distancia.
La Sra. Granger abrió la puerta antes de que Hermione sacara las llaves de su pantalón.
- Estaba en la ventana viendo si llegaba – dijo viendo en dirección a la casa de Ron.
- Si mamá ya llegue – le dijo muy seria.
- Gracias por venir hija – le dijo su papá dándole un beso – nosotros sabemos que tienes tus ocupaciones pero ¿podemos ir ahora a casa de R…?
- Primero quiero hablar con ustedes y si son tan amables de ofrecerme un café.
- Pero hija tú tienes café en tu negocio.
- Bueno entonces un té – le dijo entrando a la casa y dejando a sus padres en la puerta.
Hermione se sentó en la sala a esperar con los brazos cruzados sin decir una palabra. Su padre se sentó frente a ella y su madre le servia una taza de té.
- ¿Qué te pasa? ¿Tienes problemas? – Le pregunto muy sutilmente el Sr. Granger, conocía a su hija enojada – sabes que puedes contar con nosotros cuando lo necesites.
- Puedes dejar el mundo mágico y venirte con nosotros Hermione, te lo hemos dicho miles de veces. No me gusta que vivas sola como nuestro vecinito…
- ¡El vecinito! – Gritó Hermione levantándose exasperada - ¿Por qué siempre tiene que ser el vecinito?
- ¿Qué te pasa?
- Desde que ese tipo llego a sus vidas no paran de hablar de él. No puedo pasar ni cinco minutos con ustedes cuando ya están hablando de él, en todas sus cartas lo único que me dicen son cosas de él.
- Bueno hija, es que…es un chico muy agradable, además tiene tu edad y como tu nunca estas con nosotros.
- ¿Me están reclamando que no estoy con ustedes?
- Claro que no, solo que… - la Sra. Granger no supo como continuar.
- Para nosotros fue muy extraño cuando llego la carta de Hogwarts, ya habíamos notado muchas cosas que tu hacías que eran fuera de lo común, pero cuando vino el profesor Dumbledore a explicarnos que tu eras una bruja…
- ¿Se avergüenzan de mi?
- No, eso nunca.
- Pero te nos fuiste cuando tenías once añitos. Ya no hubo mas preparar el uniforme, llevarte y traerte de la escuela, verte hacer tu tarea en tu habitación, verte pasear en bicicleta con tus amigas, ayudarme a preparar la cena – le dijo la Sra. Granger con lágrimas en los ojos – y cada vez que venias solo nos hablabas del maravilloso mundo mágico y de lo increíble que era el colegio.
- Teníamos la esperanza de que cuando terminaras tu educación en Hogwarts te tuviéramos de regreso pero no fue así – dijo tristemente el Sr. Granger.
- Lo siento mucho – dijo Hermione llorando.
- Comprendemos que ahí es donde perteneces y ahí es donde quieres estar. Es por eso que nuestro vecino lo vemos como si fueras tu. Cada vez que estamos con él nos sentimos padres de nuevo, para nosotros es como si te estuviéramos cuidando a ti.
- Soy una pésima hija.
- No, claro que no – le dijo su madre abrazándola – eres la mejor y nuestro mayor orgullo.
- Gracias – les dijo sonriendo - Perdón por haberme ido y haberlos dejado solos.
- No tienes porque pedirnos perdón, es tu vida y respetamos tus decisiones – Hermione los abrazo a los dos.
- ¿Desde hace cuanto que esta desaparecido?
- Tiene más de un mes.
- A veces se va máximo una semana pero siempre nos avisa.
- Es ilegal entrar a una casa ajena sin permiso.
- Lo sabemos pero las autoridades nos dicen que solamente un familiar es quien puede poner la denuncia y así poder tener una orden para poder revisar su casa.
- ¿Y nunca les dijo algo sobre un familiar?
- No, solo nos dijo que tenía varios hermanos pero nunca donde vivían.
- Tal vez esta con alguno de ellos.
- Pero es que ya ha pasado mucho tiempo y además siempre nos dice que se va a ir y cuando regresa, ahora no nos dijo nada…simplemente desapareció.
- Esta bien. Entremos por la puerta de atrás.
Hermione saco su varita no sin antes dar un vistazo alrededor para comprobar que nadie los observaba. Apuntó con su varita la cerradura de la puerta murmurando "Alohomora" y enseguida entraron ella con sus padres.
Los señores Granger habían estado ahí en un par de ocasiones así que conocían el primer piso de la casa.
- Esto es muy extraño – dijo Jean Granger – la leche esta en la mesa y el cereal a medio terminar. Huele horrible.
- Ya esta caducado. Eso significa que salió rápidamente que ni siquiera se termino su cereal ni guardó la leche en el refrigerador.
- ¿O alguien lo secuestró?
- Ay mamá por favor. Vamos a buscar algún documento o algo referente a algún familiar, le avisamos y que ellos pongan la denuncia de su desaparición.
Hermione subió a la planta alta mientras sus padres revisaban los cajones de la cocina y la sala. Entró a la única habitación que estaba amueblada. No había gran cosa, solo una cama, un escritorio y un armario.
- Hombres – murmuro Hermione al ver el desorden que había en la habitación.
Se puso a buscar documentos personales, pero todos los cajones estaban vacíos, lo único que había era ropa en el armario y en el piso. Se sentó en la cama pensando en donde podría un joven de su edad guardar sus cosas personales y de inmediato se agacho para revisar debajo de la cama. Pero lo que encontró la dejó sorprendida. No había ninguna caja de zapatos con documentos como pasaporte o acta de nacimiento, lo que había era un periódico con fotografías que se movían. Estiró el brazo para tomar el periódico y cerciorarse que no fuera una alucinación.
- Caracoles hervidos – dijo observando que en realidad era el diario el profeta - ¿Qué hace esto aquí?
Se levanto a revisar prenda por prenda la ropa en el armario y de nuevo se quedo sorprendida al encontrar una playera de los Chudley Cannons.
- Por las barbas de Merlín – susurro – es un mago ó sabe del mundo mágico.
Bajo rápidamente las escaleras buscando a sus padres, ambos se encontraban en la sala. Apenas iba a preguntarles mas acerca del vecino cuando escucharon la puerta principal abrirse.
Hermione al comienzo pensó en salir corriendo o desaparecer junto con sus padres pero ni le dio tiempo de reaccionar. Se quedo petrificada al ver entrar a Ron Weasley por la puerta tranquilamente aventando sus llaves a la mesita que se encontraba a un lado de la entrada.
Apenas dio dos pasos y se dio cuenta que no estaba solo. Hermione estaba frente a él con los ojos completamente abiertos sin parpadear.
- Hermione – susurro sorprendido.
- ¡Ron! – gritó emocionada la Sra. Granger abrazándolo.
- Por Dios hijo nos tenías preocupados.
Ron se dejaba abrazar por los señores Granger pero sin dejar de ver a Hermione que no cambiaba de expresión.
- ¿Dónde estabas? Te buscamos en los hospitales, en las delegaciones…
Pero Ron no les ponía atención, solo veía a Hermione quien ya empezaba a cambiar su expresión de asombro a enojo.
- Espero que no te molestes porque entramos sin tu permiso, pero es que estábamos realmente preocupados por ti.
- Llamamos a un cerrajero…
- No hay problema – dijo Ron viendo a Hermione.
- Ella es Hermione – le dijo la Sra. Granger al ver que tanto Ron como Hermione no se quitaban la vista de encima – hija él es Ron Weasley, nuestro vecino.
- Hola…Hermione.
- Hola – le contesto Hermione muy seria.
- Pero ¿Dónde has estado?
- Siento no haber avisado que me iría, lo que pasa es que mi hermana tuvo un accidente y tuve que salir de inmediato.
- Santo cielo ¿pero esta bien?
- Si, ya esta mejor…gracias.
- Bueno será mejor que nos vayamos Jean – le dijo su esposo con una sonrisita cómplice al ver que Ron y Hermione seguían viéndose mutuamente.
- Claro, claro – asintió la Sra. Granger devolviéndole la misma sonrisa a su esposo - ¿Hermione te quedas?
- Si – contesto secamente.
- Me da gusto que por fin se conozcan. Hermione le hemos hablado tanto de ti a Ron – Hermione apretó los puños y entrecerró los ojos viendo a Ron – hasta le hemos mostrado todos tus álbum desde que naciste.
- Vámonos querida – le dijo su esposo – hay que dejarlos para que se conozcan.
- Si, claro.
Ron despidió a los señores Granger con media sonrisa. Sabia que estaba en problemas, esa no era la manera en que le hubiera gustado que Hermione supiera de su decisión de conocer más el mundo muggle por ella. Era él el que quería explicarle el porque de su decisión pero primero quería llevar la fiesta en paz con ella, pero después de cerrar la puerta y darse la media vuelta sabia que esta lejos de eso.
- Puedo explicarlo.
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
- ¿Cuándo?
- En el hospital, cuando me escribías cartas diciéndome como se encontraba Ginny, ayer que… - recordó el baile - ¿Qué haces viviendo aquí?
- Me gustó la casa – dijo encogiéndose de hombros.
- Justo la casa al lado de la de mis padres.
- Pues si.
- Tú traes algo entre manos.
- Claro que no.
- Finges ser un dulce y amable vecinito con ellos…
- Yo no finjo nada, tus padres realmente los estimo.
- ¿Todo esto es porque no has logrado llevarme a la cama?
- ¿Qué? – le pregunto indignado Ron.
- ¿Es una venganza? ¿Acaso hiciste una apuesta con alguien de que yo iba a caer enamorada a tus pies como todas las demás? ¿Quieres utilizar a mis padres en tus planes?
- Estas loca. Mira sé que tuve que decírtelo antes pero quería hacerlo tranquilamente y con todo lo de la situación de Ginny no estaba de ánimos.
- Engañaste a mis padres.
- ¡Claro que no!
- ¡No les dijiste que eras un mago!
- ¡Porque ellos nunca me dijeron que tu eras una bruja!
- ¡Pero pudiste decirles que me conocías!
- ¡Tu no querías saber nada de mi! ¿Lo recuerdas? ¡Me corriste de tu casa!
- ¡No me grites!
- ¡Tu empezaste!
- ¡No, tu empezaste!
- Bueno ya – Ron respiro hondo despeinandose el cabello pelirrojo - ¿Cuál es el problema que yo viva aquí?
- Tú perteneces al mundo mágico.
- Si pero quiero vivir aquí.
- ¿Por qué?
- Pues porque…donde vivía todos me reconocían…aquí no – dijo con una sonrisa triunfante.
- Y como mis padres tampoco te reconocen los ayudas a pintar el garaje, a limpiar el jardín, acompañarlos al supermercado, acomodar la despensa…
- ¿Cómo sabes todo eso?
- Te convertiste en todo un modelo de hijo.
- Les tengo mucho cariño a tus padres.
- ¡Pues no te creo! Tú tramas algo. Todavía recuerdo la cena en Sortilegios Weasley, a ese Ronald Weasley amable para después hacer aparecer una cama y dejar ver sus negras intenciones.
- Ya te dije que estoy arrepentido por eso ¡Me equivoque! ¿Cómo quieres que te demuestre que ahora no estoy haciendo nada malo?
- ¡Ron, Hermione vengan a almorzar! – gritó la Sra. Granger desde su casa.
- ¡Ya vamos mamá! – Hermione gritó desde la ventana y volteo a ver a Ron con una sonrisa algo maléfica – Vas a decirles toda la verdad a mis padres…ahora.
- Tengo juego.
- Ahora.
- Hermione tengo que decirles detenidamente…
- Ahora – Hermione lo veía con la ceja levantada y Ron le sostuvo la mirada decidido.
- De acuerdo.
Los dos salieron de la casa de Ron sin decirse una palabra. Cruzaron el pequeño jardín que dividía las casas, Ron detrás de Hermione. Entraron a casa de los Granger muy serios mientras los padres de Hermione les sonreían esperando verlos muy contentos a ambos pero apenas iban a preguntar ¿Por qué esas caras? Cuando una lechuza entro volando por la ventana. Los señores Granger se asustaron y de inmediato vieron a Ron.
- Una lechuza, que raro… ¿Qué hará aquí? – dijo disimuladamente el Sr. Granger.
- No te preocupes papá. Ron tiene algo que decirles – les dijo Hermione poniéndose a un lado de sus padres con los brazos cruzados. Ron se puso muy nervioso al ser observado por esas tres personas: dos muy queridas y otra muy…amada.
- Yo…pues yo… soy mago – dijo muy despacio.
- ¿Tu que?
- Soy mago, pertenezco al mismo mundo de Hermione – los señores Granger se vieron mutuamente sorprendidos.
- Entonces ¿Ustedes ya se conocían?
- Si – dijo Ron con la mirada en el piso como confesando una travesura.
- ¿Desde cuando?
- Yo desde hace muchos años – contesto Hermione - Papá, mamá están frente a una celebridad del mundo mágico – Ron resoplo molesto – Ronald Weasley, reconocido jugador internacional de Quidditch y miembro de una de las mejores familias de magos: Los Weasley, famosos por ser una de las pocas familias de sangre pura sin contar que todos son millonarios gracias a sus carreras profesionales.
- Pero no entiendo ¿Por qué vives aquí si tú perteneces al mundo mágico? – pregunto la Sra. Weasley y Hermione le alzo la ceja a Ron esperando a que contestara.
- Porque quería conocer el mundo muggle y como les dijo Hermione, soy jugador de Quidditch y todos me reconocen, pero aquí no…aquí simplemente soy Ron.
Ron le sostuvo la mirada a Hermione mientras que la Sra. Granger se acercaba a él para después tomar su cara con sus dos manos.
- Eres tan lindo.
- ¿Qué? – pregunto Hermione sin poder creerlo.
- Hermione Ron hace lo que nos gustaría que tú hicieras. Tú eres bruja pero no vives con nosotros en cambio Ron…
- Pero…pero…- Ron le sonreía burlonamente mientras Hermione lo taladraba con la mirada.
- Hija así como Ron puede ser mago y vivir en el mundo muggle, tú también puedes hacerlo.
- Es una muy buena noticia saber que perteneces al mundo de Hermione, así se van a entender mejor.
- Si claro, nos entendemos muy bien – dijo Ron con cierto sarcasmo.
- Vamos a almorzar.
- Muchas gracias Sra. Granger pero yo tengo que irme, tengo un partido de Quidditch.
- ¿Algún día me invitaras a verte jugar?
- Papá a ti no te gusta el Quidditch, yo te he invitado muchas veces.
- Bueno pero ahora Ron va a jugar ¿verdad Ron?
- Claro que si Sr. Granger.
- Te he dicho que me llames Chris.
- Vamos Ron quédate unos minutos.
- De acuerdo Sra. Granger.
Se sentaron en la mesa mientras Hermione lo fulminaba con la mirada, Ron simplemente se encogió de hombros con cara de inocencia. Hermione atendió la lechuza que llevaba parada todo ese tiempo en la ventana.
- ¿De quien es la carta hija? – le pregunto la Sra. Granger a Hermione que al empezar a leer sonrió de oreja a oreja.
- Es de Víctor.
- ¿Víctor Krum? ¿Tu novio? – Ron inmediatamente se puso serio poniendo total atención a Hermione.
- No papá Víctor y yo ya no somos novios. Me escribe para decirme que ha sido seleccionado en un equipo de Quidditch profesional de Bulgaria y va a venir a Londres a un entrenamiento especial – volteo a ver a sus padres - ¡Quiere verme!
- Ese chico es muy agradable – dijo la mamá de Hermione – es muy serio pero muy caballeroso y educado.
- Casi ni decía nada y lo que decía no le entendía.
- Papá por favor. Viene la próxima semana y quiere ir a visitarme a mi casa para ir a dar un paseo por el Callejón Diagon – suspiro – pasábamos horas y horas recorriendo el callejón y entrábamos a todas las tiendas a ver que novedad había.
- ¿Ron estas bien? – le pregunto la Sra. Granger al verlo muy serio y respirando entrecortadamente - ¿Ron?
- Disculpen pero debo irme.
- Pero ¿te sientes bien?
- Si estoy bien. Muchas gracias por todo y perdón por no haberles dicho que yo soy un mago.
- No hay ningún problema.
- Regreso por la noche. Adiós – Ron le dirigió una mirada ácida a Hermione antes de salir por la puerta.
Harry llegaba a la hora indicada para llevar a Ginny a su terapia. Como ese día Teddy no tenia clases insistió tanto en acompañarlo para ver a Victoire que Harry accedió a llevarlo. Tocaron a la puerta e inmediatamente se escucharon pequeños pasos corriendo. Victoire abrazo a Teddy y saludo educadamente a Harry. Mientras esperaban a que Molly ayudara a Ginny a cambiarse, Harry veía las fotografías que estaban colgadas en la pared y frunció el ceño al ver un reloj demasiado extraño con la fotografía de todos los Weasley en una manecilla.
- Fue regalo de bodas de mis padres – entro Arthur a la sala.
- Sr. Weasley, buenas tardes.
- Hola Harry, siéntate por favor. Estoy cansadísimo, bueno ya estoy viejo pero mis hijos creen que tengo la misma energía que antes. Si no es Ron con que le lleve algo que se le olvido para un partido, es Percy que le ayude con una documentación, o es alguno de los gemelos para que revise que llegue una mercancía correctamente a alguna de sus tiendas – respiro profundamente – bueno tú me entiendes, eres padre.
- Bueno en realidad Teddy no es mi hijo.
- ¿No? pero te dice papá.
- Bueno si…
- Harry cariño Ginny ya esta lista – le dijo Molly quien bajaba por las escaleras.
- Si Sra. Weasley, con permiso voy por ella.
Harry subió las escaleras y entro a la habitación de Ginny. Ella se encontraba tratando de sentarse al pie de la cama haciendo esfuerzos con sus brazos sin lograr mucho avance. Se dejo caer en la cama tapándose la cara con la almohada y ahogando un grito de frustración.
- No te desesperes – le dijo Harry quitándole la almohada – es cuestión de tiempo.
- De nada han servido las terapias, ni siquiera puedo llegar a la esquina de mi cama – dijo Ginny sentándose molesta. Harry se sentó frente a ella acomodándole su cabello detrás de su oreja y viéndola directo a los ojos con una sonrisa.
- Hola, estas hermosa.
- ¿Perdón? estoy invalida, paralítica, soy una inútil.
- Eres preciosa – Ginny resoplo viendo hacia la ventana – y enojada te ves bonita, pero sonriendo te ves aun mas bonita. Tus mejillas se hacen gorditas y se forman dos hoyuelos de cada lado de tu boca, tu nariz se hace chatita y las pequitas se estiran pidiendo auxilio – Ginny se estaba aguantando las ganas de reírse pero no lo logro por mucho tiempo.
- Potter dices puras estupideces.
- No Weasley la que dice estupideces eres tú. Lo de invalida y paralítica ya sabes como solucionarlo, los sanadores te han dicho como y lo demás depende de ti. Y lo de inútil – Harry le acarició una mejilla - ¿Qué no ves que Teddy y yo te necesitamos?
Ambos se quedaron viendo a los ojos a centímetros de distancia, Harry sin dejar de acariciar su mejilla. Pero la conexión en que estaban envueltos se rompió al escuchar un grito de Molly apurándolos porque se hacia tarde.
Cuando bajaron estaban los señores Weasley platicando en la sala con Teddy y Victoire.
Harry sentó a Ginny en un sillón para darle instrucciones a Teddy.
- Ted te portas bien por favor y obedeces.
- Claro papá.
- Ven a darme un beso cariño – le pidió Ginny a Teddy.
- Harry me dice Arthur que Teddy no es tu hijo.
- Así es señora Weasley. Teddy es hijo de uno de los mejores amigos de mi papá.
- Mis papas murieron junto con los papas de Harry. Desde entonces Harry es como mi papá porque me ha cuidado mucho – Harry sonrió despeinando a Teddy – yo lo quiero mucho, aunque es un poco mandón – todos se empezaron a reír.
- Eres un gran chico Harry – le dijo Arthur mientras Ginny lo veía con una pequeña sonrisa y con una mirada llena de amor.
- Gracias.
- Bueno debemos irnos – dijo Molly – Arthur cuida bien de los niños.
- No te preocupes mujer. Ginny ¿a que hora va a venir tu novio?
- ¿Quién?
- Tu novio, ayer dijo que iba a venir todos los días a visitarte.
- No lo se papá – dijo Ginny sin voltear a ver a Harry a la cara.
Durante la terapia Harry se encargaba de mover a Ginny cada vez que Molly o el sanador se lo pedía. Molly ya sabia hacerle un par de ejercicios y masajes a su hija en las piernas, así que ella se los hacia mientras el sanador atendía a otros pacientes. Harry solo observaba sentado en un rincón. Cuando llego el momento de entrar a la piscina, la única función de Harry era sostener a Ginny y el sanador le hacia los ejercicios. Además de Ginny había otros 4 pacientes mas en la piscina así que cuando el sanador los dejaba solos Ginny debería de hacer un esfuerzo de mover las piernas.
- Inténtalo.
- No puedo, simplemente no siento nada en las piernas.
Harry asintió y se quedaron un momento en silencio, un silencio demasiado tenso. Después de que regresara el sanador para hacerle un par de ejercicios mas a Ginny y de nuevo dejarlos solos, se rompió dicho silencio.
- Te dije que quería que terminaras con tu pasatiempo – le dijo Harry muy serio.
- Tú no eres quien para decirme lo que tengo que hacer.
- No lo amas ¿para que lo quieres tener cerca de ti?
- Eso no te importa.
- Eres una chiquilla caprichosa.
- Disculpe señor maduro quien esta confundido y se va a besar con una tipa para consolarla.
- ¿Sigues con lo mismo?
- Además de eso me chantajea con no dejarme ver a mi hijo, perdón a Teddy – dijo poniéndose roja - ¿Quién es el chiquillo caprichoso?
- Ya no te voy a chantajear con Ted.
- Si claro, ahora mi familia te adora.
- Yo no tengo la culpa de ser tan encantador.
- Idiota.
- Berrinchuda.
- Presumido.
- ¿Cómo vas Ginny? – llego el sanador.
- No quiere intentarlo – Ginny le encajo las uñas en la espalda por hablador fulminándolo con la mirada. Harry solo atino a hacer un gesto de dolor.
Cuando llegaron a la madriguera después de una larga y cansada terapia pensaron que era tiempo de un descanso, pero estaban muy equivocados. Molly pegó un grito de espanto y Ginny solo atino a abrazar mas a Harry debido al fuerte estallido que se dejo escuchar en la cocina. Harry inmediatamente dejo a Ginny en el primer sillón que encontró y corrió para ver que sucedía.
No sabía si asustarse o partirse de la risa al ver a Michael Corner bañado de betún de pastel frente a dos niños riéndose y burlándose de él.
- ¿Qué esta pasando aquí?
- Estos niños…estos demonios – decía Michael limpiándose la cara.
- Tu quisiste pastel – se defendió Victoire – ahora te aguantas.
- Malditos…
- Yo te dije que era de sabor…explosivo – dijo Teddy soltando una carcajada al igual que Victoire.
- Es cierto.
- Niños – llego corriendo Arthur - ¿Qué ha pasado? ¿Están bien?
- Si abuelito no te preocupes ¿Cómo sigues de tu estomago? – Victoire le cerró un ojo a Teddy.
- Ya mejor ¿Qué paso?
- Michael hizo que explotara mi pastel – Victoire empezó a hacer una mueca indicando que iba a llorar – mi abuelita me lo hizo con tanto cariño.
- No llores Vic – Arthur veía con mala cara a Michael mientras Harry se sorprendía de la buena actuación de esa niña.
- Yo no hice nada, ellos fueron los que me dijeron… - pero al ver que Molly llegaba a la cocina viendo todo el desastre que había quedado, Arthur que no cambiaba de expresión y Harry que solo negaba con la cara prefirió dejarlo así – ¿Dónde esta Ginny?
- En la sala – le contesto muy seria Molly.
Michael salió de la cocina empujando a Harry por el hombro, estaba muy enojado por la travesura de Victoire y Teddy. Harry lo siguió, quería ver como se comportaba Ginny con él.
- ¿Michael? ¿Qué paso?
- Tu sobrina y el mocoso ese, desde que llegue no han hecho otra cosa que molestarme con bromas de tus hermanos.
- ¿Teddy y Vic? ¿Ellos te dejaron así? – Ginny soltó una carcajada.
- No le veo lo gracioso ¿Quién es ese niño?
- Mi hijo.
- ¿Tu que?
- Lo que oíste. Teddy es hijo mío y de Harry.
