Capítulo 7

El torneo ante la Élite

Ash y Misty resoplaban con hastío cada vez que veían cómo se iluminaban sus móviles. Los habían dejado en silencio horas antes, ya que no paraban de sonar. Una y otra vez. Una y otra vez…

Desde que Gary había dado la noticia de su supuesto noviazgo en la televisión, sus amigos y familiares no les dejaban tranquilos. Todos querían saber los detalles de su nueva relación.

Delia había telefoneado a su hijo en cuanto se enteró, por lo que el muchacho, inocentemente, había respondido. Al fin y al cabo era su madre… Y tenía ganas de charlar con ella.

Fue la primera vez que apretó al botón verde del móvil… y la última. Después de esa inoportuna llamada, dejó el móvil sobre la mesilla de la habitación y se olvidó de él. Ya había tenido suficiente con los gritos de alegría por parte de su madre, y los consejos sobre cómo tratar a las mujeres, concretamente a Misty. El chico le había intentado explicar a su madre que la noticia era falsa, pero la mujer estaba tan entusiasmada que ni siquiera le escuchó. Ash no entendía por qué a su madre le agradaba tanto la idea de que Misty y él fueran pareja. Y lo que era más extraño: a la mujer no le había sorprendido en absoluto. Ash se encontraba totalmente contrariado.

Misty, algo más perspicaz, no respondió a sus hermanas. Sabía que se iban a burlar de ella y no tenía ganas de escucharlas. Ya estaba lo suficientemente nerviosa por el torneo, como para aguantar las tonterías acerca de su relación con Ash… ¡Si al menos fuera cierto!

Tan solo contestó la llamada de Dawn, ya que sí que tenía ganas de hablar con ella. Sin embargo, su amiga ni hizo ningún comentario al respecto. Quizá era la única que no había visto la televisión en ese momento.

Dawn le recordó que llegaría en el tren del mediodía, puesto que no quería perderse el torneo. Misty le guardaba una de las mejores entradas, en un lugar privilegiado.

Antes de acostarse, buscó a Ash, quien se encontraba en la sala de ocio, charlando con otros entrenadores. La chica se detuvo frente al grupo, y avisó al chico con la mano, para que se acercase.

Éste se levantó en el acto y se colocó frente a la pelirroja. Los demás entrenadores susurraban y se reían. Ash estaba totalmente avergonzado.

-¿Qué pasa, Misty?—le preguntó el chico, en voz muy baja. No habían hablado desde el gran momento en el que se proclamó su relación. Ella le miró igual de avergonzada—¿Qué quieres?

-Mañana viene Dawn—le explicó ella, con timidez. Tragó saliva e intentó mentalizarse de que no tenía por qué estar tan amedrentada—Viene en el tren del mediodía, ¿me llevarás en coche a buscarla?

Ash sonrió de medio lado.

-Claro, Misty—dijo con templanza, y mucha más amabilidad de lo que Misty esperaba—Despiértame a las diez y vamos a sacar a nuestros pokémon… Tienen que estar relajados y libres para descansar y prepararse—ella asintió, como una tonta—Y a las doce salimos para la estación, ¿vale?

-Vale, Ash, gracias—suspiró ella, sorprendida por la buena disposición del chico—Mañana te veo.

Un beso. Un beso. Un beso.

Faltaba darle un beso. Aunque fuera en la mejilla.

Un beso de agradecimiento.

Pero no se atrevió a hacerlo, por lo que se dio media vuelta y regresó a su habitación.

Se tumbó en la cama y suspiró de nuevo. Varias veces. Estaba tan enamorada de Ash que ya no podía negarlo ni ocultarlo. Necesitaba abrazarle, besarle, tenerle junto a ella. Ya no se trataba solo del amor idealizado e infantil que había dibujado durante años. Ya no. Ahora se trataba de un hombre de veintiún años muy real, con sus virtudes y sus defectos, un hombre que la tenía loca. Un hombre al que sentía la necesidad de tocar y sentir físicamente.

Ash era único. Suplía sus constantes despistes con carisma, su falta de previsión con intuición, su prepotencia con ternura y su cabezonería con perseverancia. Además, en los últimos años había madurado mucho. Ya no era de ese niño torpe e impulsivo que nunca aceptaba una crítica. Ash había cambiado y se había convertido en un joven inteligente, trabajador y generoso. Y no por ello había perdido su inocencia y ese toque infantil, que tanto enternecía a Misty.

No podía negarlo más: Ash Ketchum era su hombre ideal, y no podía perder la oportunidad de conquistarlo. Al fin y al cabo ella era una chica guapa, inteligente y divertida. Lástima que su estúpido orgullo y su constante miedo al rechazo le impidiesen dar un paso más.

Se tapó la cabeza con la almohada, avergonzada de sus propios pensamientos. Las mejillas le ardían.

No se durmió hasta altas horas de la madrugada, en medio de sentimientos absurdos y taquicardia.

A las nueve y media sonó el despertador y se levantó de la cama de un salto. A trompicones, salió de su habitación y se dirigió hasta la de Ash. Ni siquiera se molestó en llamar a la puerta; sabía que estaba abierta.

Se acercó a la cama del chico y lo encontró durmiendo cómodamente, ocupando todo el colchón. Su respiración era acelerada, y tenía la boca tan abierta que emitía algunos ronquidos. Misty reprimió una risita. Recordaba que Ash siempre había tenido un buen dormir, y que lo que más le costaba era levantarse de la cama.

Se inclinó hacia él y puso una mano sobre su hombro.

-Ash, despierta—susurró. No quería que su amigo se despertase de forma brusca—Ash, es hora de levantarse… ¡Ash!

El aludido abrió los ojos lentamente, y trató de mirar a Misty. Aunque apenas veía, pues las legañas cubrían sus ojos. Y quería regresar al mundo de los sueños…

Sujetó a la chica por los brazos y tiró de ella hacia la cama. Todavía era temprano.

-Vamos, Misty, media hora más—farfulló, tratando de que la chica se tumbase junto a él. Ella lo dudó por unos instantes, escandalizada, pero al comprobar que las intenciones de su amigo eran totalmente inocentes, cedió y se acomodó en un extremo de la cama—Te dije a las diez.

-Ya, pero no quería que nos retrasásemos—susurró Misty, muy nerviosa. La situación le parecía surrealista. ¿Estaba tumbada con Ash, en su cama?—De todas formas siempre termino haciendo lo que tú me dices…

Ash sonrío con dulzura, aunque tenía un pie en la realidad y otro en el mundo de los sueños. Alargó los brazos y sujetó a la chica por los hombros, atrayéndola hacia sí mismo. Ella se había colocado al ras de la cama, y temía que se cayera al suelo.

La idea inicial de Ash no era otra que dormir un poco más. Le resultaba muy duro levantarse de la cama, aunque una vez desayunado ya no había quién le detuviese. La pereza mañanera suponía uno de sus principales defectos.

Sin embargo, sus inocentes intenciones murieron una vez tuvo el cuerpo de Misty pegado al suyo. La chica llevaba una minúscula tela por camisón, que apenas dejaba nada para la imaginación. Y aunque él no la estuviera mirando, podía sentir la turgencia de los pechos de Misty, aplastados contra su torso desnudo. Sintió el impulso de atraerla todavía más hacia él pero se reprimió. Si hacía eso, perdería por completo el control de sus actos. ¿Qué le estaba ocurriendo?

A ver, es Misty… no tengo que pensar en ella como una mujer... ¿qué me pasa?

Entretanto, ella notó, muy acalorada, cómo sus muslos chocaban contra los del Ash, tan formados y tonificados. Percibió que el chico sólo llevaba puesto un boxer, y sus deseos de sentir su contacto aumentaron. Deseaba alargar las manos y acariciar cada centímetro de su cuerpo, rodear su cintura y besarle el pecho, el cuello…

¿Otra vez me entran ganas de…? Este chico me va a terminar volviendo loca…

Las aceleradas respiraciones de ambos les indicaron que era el momento de separarse unos centímetros. Se miraron con zozobra e ingenuo deseo. Era tan absurdo lo que estaba ocurriendo…

Ash se incorporó, muy avergonzado, y Misty salió de la cama a trompicones. Ambos decidieron que ya era el momento de levantarse.

Una vez duchados, vestidos y desayunados, se reunieron en la zona de entrenamiento, y dejaron libres a todos sus pokémon. Era la víspera del torneo, y debían permitir que sus pokémon disfrutasen de un día de ocio.

Misty masajeó la cabeza de todos sus pokémon, les susurró palabras de ánimo y les sirvió una suculenta comida, repartida cuidadosamente en pequeñas bandejas. Los pokémon sonreían a su entrenadora, y le prometían con la mirada que se esforzarían al máximo para ganar el torneo… ¡El torneo! Misty lo había olvidado por unos instantes… El extraño suceso acontecido con Ash minutos antes, había eclipsado a todo lo demás. Allí metida en la cama con él, sintiendo su respiración, deseando recorrer su cuerpo… ¡Se sentía tan avergonzada! El chico tan solo pretendía que ambos hubieran descansado un poco más, y ella se había aprovechado de la situación sintiendo una atracción exacerbada. Definitivamente se había convertido en una pervertida… Ash no merecía ser objeto de su calenturienta imaginación.

No comprendía nada. Tantos años negando su amor hacia Ash. Tantos años de espera. Tantos años de idealizar un reencuentro. Y por fin había sucedido. Ambos habían coincidido de nuevo, y los acontecimientos parecían marchar viento en popa. Pese a alguna discusión que otra, ella y Ash habían conseguido entenderse. Él había reconocido que la había echado de menos. Eso significaba que le importaba… Y lo había demostrado una y otra vez a lo largo de la convección. Misty no era tonta, y había notado un acercamiento y una atención muy inusual por parte del muchacho. Sin embargo, su dañada autoestima no le permitía reconocerlo. Lo más probable sería que el no la considerase más que una amiga, una amiga muy querida, pero solo eso.

-¿Vamos, Misty?—le preguntó el chico, irrumpiendo en sus cavilaciones. Ella le miró y sonrió con timidez—Ya les he dado de comer a todos y les he dicho que tienen el día libre. Ya verás qué bien se lo pasan todos en las piscinas y en el spa pokémon.

Misty se echó a reír. Imaginaba a Golduck tumbado en la cama de agua, y a Marrill disfrutando de los chorros de hidromasaje. Se despidió de ellos y siguió a Ash hasta el garaje.

Ambos montaron en el coche y se colocaron los cinturones de seguridad. Ash encendió el motor y arrancó el vehículo. Sin embargo, poco pudieron avanzar, ya que la salida estaba taponada por un grupo de gente con cámaras y micrófonos en la mano.

Cuando éstos vieron que se trataba de Ash Ketchum y Misty Waterflower, sonrieron y rodearon el BMW, acercando los micrófonos hacia ellos.

Todos hablaban y preguntaban a la vez. Los muchachos no entendían nada.

Ash ya estaba más acostumbrado a ese tipo de acosos, pero Misty quedó totalmente sorprendida y avergonzada.

-¿Qué es esto?—preguntó a su compañero en un susurro.

Ash la miró haciendo una mueca, como diciéndole que era lo normal.

Una mujer pegó el micrófono al cristal de la ventanilla y se le escuchó gritar.

-¿Nos confirmáis entonces que sois pareja?—preguntó. Ellos se sonrojaron y no respondieron. Misty miraba a Ash sin saber qué hacer—¿Estáis en el mismo equipo para el torneo? ¿Desde cuándo estáis saliendo?

-¿Ya tenéis planes de boda o es algo más pasajero?—preguntó otro de los periodistas.

Misty, harta, bajó la ventanilla y chilló, tratando de apaciguar a aquel gallinero.

-¡Claro que no somos novios!—estalló, roja de furia—¡Claro que no! ¿Es que os creéis todo lo que alguien dice? ¡Las cosas primero hay que constatarlas!

-Pues para eso estamos aquí—prosiguió la primera mujer, sin retirar su sonrisa—Para confirmar vuestro noviazgo. Tenemos varias imágenes antiguas de vosotros dos juntos, en ligas anteriores, y todo apunta a que la relación nació tiempo atrás…

-¡Se equivoca!—insistía Misty—Ash y yo somos amig…

La marabunta de periodistas se acercaba todavía más, y Ash regañó a Misty por haber bajado la ventanilla.

-Misty, calla, no les des explicaciones—masculló el muchacho.

También harto y atosigado, Ash tocó el claxon para que todos se apartasen. No pensaba perder más tiempo, metió primera y el BMW salió disparado rumbo a la estación.

-¡Qué pesados!—exclamó Misty, una vez ya en la carretera.

-Lo sé, pero no te pongas a darles conversación—replicó Ash, algo molesto—Todo lo que digas lo sacarán de contexto. Además, a mí me da igual lo que piensen ellos, ya se les pasará.

La chica asintió con la cabeza y le dio la razón a su amigo. El chico estaba en lo cierto. Debía reconocer que últimamente se mostraba más maduro y sensato que ella.

Una vez llegaron a la estación, aguardaron en el andén a que llegase el tren. Charlaron amistosamente y hablaron de cosas sin importancia. Para hacer más amena la espera. Para superar el estrés del torneo. Para descargar la tensión acumulada entre ambos durante aquellos últimos días.

A las doce y media, llegó el tren. Ambos buscaron con la mirada a su amiga, y cual fue su sorpresa al descubrir que no venía sola. Alguien la acompañaba, un muchacho alto y delgado, con lentes en los ojos y cabello azulado. Lo reconocieron en el acto.

-¡Max!—exclamó Misty, contenta de ver al pequeño. No esperaba su visita—¡Qué alegría! ¿Vienes a vernos?

-Claro, no me lo perdería por nada del mundo—dijo él, sonriendo y abrazando a sus amigos—Esta vez estáis los dos, y es mucho más emocionante. Además, no me importa hacer un alto en el camino y retrasar un poco mi viaje, ya que lo que aprenderé viendo el torneo también me servirá para la liga…

-¡Y yo qué!—vociferó Dawn, interrumpiendo el discurso del muchacho—¿A mí nadie me saluda?

Ash se acercó a ella con una sonrisa y la chica se le lanzó a los brazos, al tiempo que depositaba un beso en su mejilla. Misty miró a su amiga con celos infundados, ya que era consciente de que Dawn se caracterizaba por su afectuosidad. Trató de calmarse y que no le afectase el cariño mostrado por los dos amigos.

-¡No te veía desde la boda!—exclamó Dawn, apretándose a Ash.

El chico se desembarazó de su amiga y saludó a Max con un choque de manos.

-Yo a Max tampoco lo veo desde la boda—añadió Misty, con retintín. Se acercó al oído de Dawn y susurró el resto de la frase—Pero no me le aprieto tanto…

Dawn se echó a reír e hizo una mueca. Su amiga Misty era demasiado celosa.

Después de charlar un rato y ponerse al día de sus vidas, los cuatro amigos se metieron en el coche de Ash. Tanto Max como Dawn quedaron sorprendidos al comprobar que su amigo disponía de un vehículo tan lujoso.

-¡Es que Ash lo vale!—se burló Misty, sacándole la lengua al aludido.

El chico puso los ojos en blanco y encendió el motor.

-Qué graciosa—masculló con ironía.

Entre risas e intercambio de anécdotas llegaron hasta el hotel Santa Catalina. Allí, Max y Dawn dejaron sus maletas en sus respectivas habitaciones, mientras Ash y Misty les esperaban en la cafetería tomando un refresco.

Cuando estuvieron listos los cuatro, se dirigieron a un restaurante cercano, a propuesta de Ash, quien se ofreció a invitarles a comer. Se trataba de un restaurante buffet libre de pasta, donde se hartaron a comer espaguetis y pizzas.

Cuando terminaron, apenas podían con sus barrigas. A decir verdad, los cuatro amigos se caracterizaban por comer de forma un tanto exagerada. Y más aún en un buffet libre.

-Por cierto, chicos, no os he felicitado por vuestra relación—dijo Dawn, mientras tomaba una tarta de manzana—Me alegro un montón.

Misty le miró con ojos amenazantes, y Ash se echó a reír.

-¿Tú también te lo has creído?—le preguntó él.

-¡Qué va!—exclamó Dawn, divertida—¿Cómo me lo voy a creer?

-A mí me lo contó mi hermana, y la verdad es que sí que teníamos dudas de si era cierto o no—reconoció Max. La pelirroja se puso colorada—Y como habéis venido los dos a buscarnos, juntos, y sin pelear ni discutir…

-Yo estaba segura de que no—prosiguió Dawn, riéndose—De ser verdad, Misty me habría llamado para contármelo…

Misty lanzó un bufido y entornó los ojos. Su amiga la estaba avergonzando de nuevo. Ash, sin embargo, parecía impasible. Lo cierto era que al muchacho no le importaba en absoluto que la gente pensase que salía con Misty. Aunque debía reconocer, que si fuera cierto, sería una situación muy extraña. ¿Él y Misty? Jamás lo habría imaginado… Aunque últimamente la chica le resultaba más atractiva de lo habitual… Y Broc le había asegurado que, por su actitud y sus reacciones, estaba convencido de que le gustaba… Y si le gustaba, era absurdo negarlo. Pero él dudaba… ya que no comprendía qué significaba estar enamorado. ¿Podría significar eso, eso mismo que él sentía por Misty y que no sabía qué nombre ponerle? Quizá sí… Ella tenía un carácter muy especial por el que Ash se sentía atraído. Y eso sí que lo tenía claro. Además, debía reconocer que su amiga se había convertido en una joven muy bonita. Ash sacudió la cabeza con disimulo, y trató de volver a la conversación.

-Ah, Dawn, ¿y tú qué haces con tu vida?—inquirió el chico, para cambiar de tema—¿Trabajas o estudias o haces algo de provecho?

-Estoy haciendo un curso sobre adiestramiento de pokémon psíquicos—dijo ella, ofendida por la pregunta.

-¡Lo haces por internet!—intervino Misty, sabiendo que su amiga parasitaba en casa de su madre desde hacía años—Hace tiempo que no te presentas a ningún concurso ni haces nada más que ir a fiestas.

-¿Y a ti qué te importa?—protestó Dawn, mientras se llevaba el último bocado de tarta a la boca. Los chicos se echaron a reír—¿Qué pasa? Yo hago lo que quiero. Estoy muy tranquila así.

-¿Y por qué no te vas de viaje con Max?—sugirió Ash, a quién la idea de quedarse quieto y sin ambiciones le parecía de lo más aburrido que podía existir.

Max y Dawn gritaron al mismo tiempo, escandalizados. A ninguno de ellos le apetecía disfrutar de la compañía del otro. No porque se llevasen mal, sino porque no tenían nada en común. Max era un chico perseverante, trabajador, con un objetivo muy claro: ganar la próxima liga, enfrentarse al Alto Mando y convertirse en maestro pokémon. Y Dawn había terminado su adolescencia convirtiéndose en una chica frívola, que vivía el día a día, y que no tenía mayores aspiraciones que ir a fiestas y conocer a chicos.

Ash y Misty se echaron a reír ante la reacción de sus amigos y prefirieron olvidar el tema.

Después de comer, salieron a dar un paseo por la ciudad. Recorrieron las calles de Ciudad Carmín y se hicieron fotos con los más bellos paisajes de fondo. Dawn siempre llevaba su cámara encima, e insistía una y otra vez para que la fotografiasen en cada plaza, edificio o lugar que le llamaba la atención. Por cada foto de grupo, tomaban tres o cuatro de Dawn posando sola con diferentes posturas. Ash y Max no cesaban de burlarse de la presumida chiquilla.

A media tarde, llegaron hasta una zona verde, con abundantes árboles y pokémon silvestres. Los cuatro amigos se pararon y contemplaron el bonito paisaje que tenían frente a ellos.

Mientras Dawn obligaba a Max a que le fotografiase de nuevo, desde diferentes perspectivas, Ash sonrió y se acercó a Misty.

-Éste es el lugar al que te quería traer la otra noche—le dijo, al tiempo que se adentraba en la arboleda—Vamos más al fondo y verás que está lleno de ponytas y rapidash.

-Es muy bonito, Ash—se maravilló ella, siguiendo al chico—No sabía que en Ciudad Carmín había un paraje natural como éste…

-Por eso quería traerte—dijo él, riéndose—¿Es que no confías en mí?

Misty sonrió y asintió con la cabeza. No tenía ganas de guerra…

Ambos caminaron un poco más y llegaron hasta una pradera llena de los más variopintos pokémon. Los butterfrees y los pidgeottos volaban de un lado a otro, los villeplume danzaban alegremente y los bellsprout corrían sin parar. Al fondo, se podía vislumbrar una manada de rapidash galopando y saltando. Misty los miró con admiración. Le encantaba comprobar que en medio de una ciudad tan urbanizada, quedase espacio para que los pokémon pudieran disfrutar de la naturaleza y de la libertad. Casi se le saltaron las lágrimas de la emoción.

-Ash, me encanta este sitio—susurró, con la voz quebrada—Un día tenemos que venir a comer y pasar el día.

-Muy bien, cuando acabemos la convección vendremos, ¿qué te parece?—propuso Ash, acercándose a la chica—Es un bonito sitio para ir de excursión…Si quieres nos podemos quedar tú y yo en el hotel unos días…

-Antes de que tengamos que partir con nuestras subcomisiones—dijo Misty, con retintín. Recordaba que Ash viajaría con Sandy—Me parece genial, así desconectamos…

-Se lo podemos decir también a Richie, Duplica y Tom—prosiguió Ash. Misty frunció el ceño; le tentaba más la idea de quedarse a solas con Ash, aunque le avergonzase reconocerlo—Cuántos más seamos mejor.

Misty resopló, algo confusa, y se sentó sobre la hierba con ímpetu. El chico la imitó y se pegó literalmente a ella, para su asombro y turbación. Le pasó un brazo por los hombros, como en un acto reflejo, y la apretó hacia él.

-Tengo muchas ganas de estar contigo, Misty—le confesó, sin reflexionar sus palabras. Dijo lo primero que se le ocurrió, por lo que ambos se ruborizaron—Después del torneo iré a ver a Broc a ciudad Plateada, ¿te vienes?

Misty temía que los latidos de su corazón fuesen audibles para Ash, ya que los escuchaba latir a mil pulsaciones por segundo. De nuevo se había creado aquella extraña atmósfera tierna y romántica que tanto le alteraba. Ash le estaba proponiendo permanecer con él durante unos días más… Y la estaba abrazando… ¿y acariciando el brazo? ¿O era su imaginación?

-Claro, me apetece mucho estar contigo—respondió Misty, sonriendo y tratando de mantener la compostura. Clavó los ojos en los de su amigo y se mordió el labio inferior, hecha un flan. Él le retiró con lentitud el mechón de cabello que le caía sobre la cara y se lo colocó tras la oreja, lo que le provocó una oleada de placer y de vergüenza. Exactamente igual que aquella otra vez en su habitación. Inoportuno mechón de pelo—Ash, me apetece estar contigo más de lo que te imaginas… De hecho, estos días contigo he estado…

-¡Chicos, por fin os encuentro!—gritó Dawn, que venía corriendo, con Max a la zaga. Se sorprendió al encontrarlos tan próximos el uno al otro pero no dijo nada al respecto—Podríais haber avisado.

-Solo hemos andado un poco hacia el bosque—dijo Misty, visiblemente molesta por la interrupción. Era la primera vez que se había sentido con valor para sincerarse con Ash—Sabíamos que nos encontraríais enseguida, como ya ha ocurrido…

Dawn y Max se sentaron frente a la pareja, quienes continuaban medio abrazados, y fingieron no haberse percatado de la inoportuna interrupción. Dawn empezó a hablar sobre fruslerías, y Max sacó su libreta para anotar algunos ataques que se le estaban ocurriendo.

Misty trataba de seguir la conversación de su amiga, pero solo podía pensar en que todavía tenía el brazo de Ash sobre los hombros, y que estaba ligeramente inclinada hacia él. Sin embargo, ninguno de los dos se movía, ya que cambiar de posición en ese momento, tan solo delataría su turbación ante la llegada de sus amigos. Por eso prefirieron disimular y no darle importancia a su proximidad.

Al cabo de un cuarto de hora, Ash miró el reloj y decidió que era el momento de regresar. Casi marcaban las siete de la tarde y pretendía llegar pronto al centro pokémon para descansar.

-¡Mañana será un día duro!—exclamó. Se desperezó y se puso en pie. El resto del grupo le imitaron y comenzaron a caminar hacia la civilización—Ya verás, Max, el torneo en vivo y en directo es impresionante.

-Lo sé, y estoy deseando veros combatir a los dos—dijo Max, emocionado—Espero que no me decepcionéis ninguno, ¿eh?

-Tranquilo, estamos más que preparados—aseguró Ash. Luego se dirigió a la pelirroja, quien todavía le miraba con admiración—Para los maestros esto es el acontecimiento más importante. La Élite saca cada año una lista con los cuatro mejores maestros del torneo, y ésos son los que tienen más puntos para entrar a formar parte del Alto Mando…

-¡Ya lo sé, Ash!—le interrumpió ella—Soy maestra pokémon, y ya estoy enterada de cómo funciona todo, ¿qué te crees?

-¿Ah, sí?—ironizó Ash—Y si tanto sabes, ¿estás enterada también de quiénes están en la lista del año anterior?

Misty asintió con la cabeza, y dijo los nombres de los cuatro de carrerilla: Markus, Ashunta, Gary y Richie. El chico quedó conforme y cambió de conversación. Tratar de instruir a su amiga en ciertos asuntos no le llevaba a ninguna parte; ella siempre lo sabía todo. Y eso le crispaba los nervios.

Una vez dejaron a Max y a Dawn en el hotel, Ash y Misty montaron de nuevo en el coche, dispuestos a regresar al centro pokémon. Ambos estaban sonrojados. Últimamente, cada vez que se quedaban a solas notaban cómo toda la sangre se acumulaba en sus mejillas. No se atrevían a mirarse. Y apenas sabían qué decir. El corazón les latía a gran velocidad.

Antes de que Ash pusiera en marcha el coche, Misty le miró con ansiedad y le puso una mano sobre el brazo, para evitar que girase la llave.

-¿Qué pasa?—le preguntó el chico, extrañado.

Quizá Misty se había dado cuenta de sus sentimientos y quería hacerle una propuesta. Ash tragó saliva. Quería que ella diese el paso, pero no sabía si estaba preparado…

-Oye, ¿te puedo pedir una cosa?—le preguntó ella, sonriendo con timidez. Él asintió, embelesado ante aquellos ojos suplicantes—¿Me dejarías conducir?

Ash sintió como un jarro de agua fría por encima. ¿Por qué había imaginado una declaración de amor? Se estaba volviendo un estúpido romántico.

Y ella salía con que quería conducir.

-¿Qué?—replicó Ash, casi gritando. Misty hizo una mueca, intuyendo que la respuesta sería negativa—¿Cómo te voy a dejar conducir mi BMW? ¿Pero estás loca? ¿Acaso tienes carnet?

-¡Claro que tengo, idiota!—exclamó ella—¿Te crees que soy una irresponsable o qué?—hizo una pausa y suspiró, tratando de dar pena—Me hacía mucha ilusión conducir tu coche. Nunca he conducido un coche tan bonito. Desde que me saqué el carnet solo Daisy me ha dejado alguna vez su coche…

-¿Pero seguro que sabes?—quiso cerciorarse Ash, quien ya se estaba ablandando. Temía por la integridad de su vehículo—¿Seguro que tienes carnet?

-¡Claro que sí!

-Enséñamelo.

Misty sacó su cartera y buscó el carnet. Una vez lo tuvo en la mano se lo mostró a Ash, no sin antes advertirle que no se burlase de la foto. Salía realmente mal, y él no pudo evitar reírse. Misty le pegó un golpe en el hombro y recogió de nuevo el carnet.

Ash accedió a la petición de su amiga, y ambos cambiaron las posiciones. Misty, emocionada, colocó el asiento a su medida y se puso el cinturón de seguridad. Le emocionaba conducir un BMW. Giró la llave y al tratar de arrancar, hizo un mal juego de pedales y el coche se caló. Ash le echó la bronca y empezaron a discutir. No obstante, ella no se bajó de coche y lo arrancó de nuevo, esa vez con más éxito.

Avanzó por la carretera con decisión, aunque algo nerviosa, ya que Ash no dejaba de darle absurdas instrucciones de conducción. A cada comentario del chico, ella respondía con un grito. Así que optó por ignorarle.

-Misty, la siguiente a la derecha—le advirtió Ash. Ella canturreó y fingió no escucharle—Misty, a la derecha. A la derecha—se pasaron la salida, y el chico se desesperó—¡Misty, era a la derecha!

Tras el grito, ella reaccionó. Miró a Ash con preocupación. Creía que lo tenía todo controlado pero había metido la pata.

-¿Qué hago ahora?—preguntó ella, algo arrepentida de su idea—¿Puedo darme la vuelta en algún sitio?

-¡Pues difícil!—protestó Ash, visiblemente molesto—¡Esta carretera te lleva hasta un pueblo! ¿Se puede saber por qué no me has escuchado, sabelotodo?

Misty hizo una mueca y no respondió, consciente de que Ash tenía razón con sus reproches. Se había confiado mucho y no había prestado ninguna atención.

Al cabo de unos metros, divisaron un camino de tierra a la derecha, por el que Misty giró y trató de dar la vuelta. Al tratarse de una senda muy estrecha, había que controlar a la perfección el vehículo para no chocar contra ningún obstáculo. Misty giró el volante con cuidado y una vez encarado hacia la carretera de nuevo, notó cómo el coche se desplazaba hacia atrás, ya que estaba sobre una cuesta. Ash le gritó tanto que solo consiguió poner a la chica más nerviosa, por lo que no logró enderezar el vehículo y terminó chocando contra un árbol. El golpe sonó muy fuerte. Misty se quedó con la boca abierta, sin reaccionar, mientras Ash salía del coche vociferando, para comprobar el estado de la parte trasera del BMW. Maldecía la hora en la que se le había ocurrido cederle el coche a su amiga.

-¡Menudo bollo se ha hecho!—gritó Ash, reprimiendo las ganas de estrangular a alguien—¡Toda la chapa hacia dentro! ¡Mira cómo me lo has dejado!

Misty salió despacio, sin atreverse a mirar el destrozo.

-¡Lo siento, Ash, lo siento mucho!—sollozó, con los ojos llenos de lágrimas. Se sentía muy culpable—¡Te lo pagaré todo el arreglo!

Ash resopló y negó con la cabeza. En esos momentos lo que menos le importaba era el coste económico.

-Vamos, tenemos que volver ya—dijo Ash, tratando de calmarse. Se colocó detrás del coche y empezó a empujar—¡Va, ayúdame!

Misty se situó junto a él, y ambos empezaron a empujar el coche, pero era complicado moverlo. Tras cinco minutos de esfuerzo, decidieron que era imposible desplazarlo, pues se había quedado encallado. Ash sacó su móvil y llamó a la grúa, quien no tardó más que quince minutos en aparecer.

-Menos mal que tengo un seguro muy eficaz—presumió el chico, una vez vio aparecer a la grúa.

La agente Mara también venía acompañando al conductor de la grúa, para comprobar que estuviera todo en orden.

Cuando la mujer vio a los dos muchachos, se puso muy seria y les echó una buena reprimenda. Habían sido muy descuidados, y no lograba entender cómo había terminado el coche allí atascado. Además, aquel lugar no era demasiado concurrido, y era muy sospechoso que ambos estuvieran merodeando por ahí. Así que les pidió la documentación.

Estos, muy avergonzados, se la mostraron sin titubear. Ash se disculpó y explicó que se habían perdido, pero la agente Mara apenas le prestó atención.

-¡Estos jóvenes, siempre buscando sitios alejados para hacerse manitas!—exclamó. Antes de que ellos pudieran replicar, la mujer leyó los nombres del DNI y sonrió—¡Pero si sois maestros pokémon! Haber empezado por ahí… Ketchum y Waterflower… No sé si me recordaréis, pero ya nos habíamos visto en alguna ocasión, hace muchos años.

-Puede ser, agente Mara—dijo Ash, tratando de ser educado, ya que parecía que la mujer se había calmado también—A lo largo de mis viajes coincidí con muchas agentes Mara, todas igual de buenas y competentes…

Ésta se echó a reír.

-No hace falta que me hagas cumplidos, Ash—dijo ella, devolviéndoles la documentación a ambos—Para eso ya está vuestro amigo Broc—los muchachos se echaron a reír. Entonces era cierto que se acordaba de ellos—Todo solucionado. El coche se lo llevan al taller y cuando esté listo te llamarán para que vayas a buscarlo—luego se dirigió a Misty—Y espero que la próxima vez tengas más cuidado.

-Sí, claro—musitó ella, todavía avergonzada.

La agente Mara llevó a ambos hasta el centro pokémon, y ellos le agradecieron la molestia. Una vez allí, y de nuevos solos, entraron en la salita más próxima a la recepción, que estaba vacía.

Ash le reprochó de nuevo a Misty su descuido y su torpeza, a gritos, y ella reaccionó llevándose las manos a la cara y echándose a llorar. Había arruinado un día estupendo y no tenía excusa.

-¡Lo siento, lo siento mucho!—sollozó de nuevo. Estaba avergonzada—Ash, te he fastidiado el día, lo siento…

El chico se sintió conmovido y se acercó a ella. Quizá se había pasado con los gritos y los reproches. Al fin y al cabo ella no había obrado con mala fe. Tan solo había sido un error de principiante. Y tampoco era justo estropear un día tan bonito, como había señalado Misty, por un incidente sin importancia.

-Misty, no llores—le susurró Ash, dándole un abrazo. Se arrepentía de los gritos que le había dedicado a la chica. Al fin y al cabo él también le había dado muchos golpes a sus coches—No pasa nada, todo lo que se arregle con dinero carece de importancia. Y dinero, por suerte, tengo.

Ella sacudió la cabeza y se secó las lágrimas. Eran lágrimas de rabia por haber sido tan torpe y descuidada.

-Gracias, Ash—musitó, apoyando la cabeza en el hombro del muchacho. Era su tercer abrazo en pocos días, y todavía le sorprendía esa cercanía—Pero no te preocupes, yo te lo pagaré—él negó con la cabeza—¡Claro que sí, si no estaré en deuda contigo siempre!

-Bueno, ya veremos—concluyó Ash, sonriendo. Apretó a la chica hacia él y la miró con ternura. Ella se estremeció—Mira, eres mi amiga y lo que ha pasado ha sido una tontería. Nunca estarás en deuda conmigo, porque todo lo que me has dado tú a mí a lo largo de todos estoy años es más importante que cualquier cosa material.

A Misty le sorprendieron las palabras del chico. Él solía ser muy tosco, pero en ocasiones su dulzura latente salía a flote. Y entonces se convertía en el chico más encantador del mundo.

Ambos se sonrieron y se miraron a los ojos con tanta intensidad que no era necesario sincerarse acerca de sus sentimientos mutuos. Ya no podían fingir más.

Ash sujetó a Misty por la cintura y aproximó su cara a la de ella, hasta quedar a escasos centímetros de distancia. Ella le rodeó el cuello con sus brazos y se mordió el labio inferior, como cada vez que se ponía nerviosa. Sentía que algo estaba cambiando entre ellos… Y no se atrevía a dar un paso más.

Pero Ash sí. Nunca se había caracterizado por ser un chico apocado, sino más bien decidido y temperamental. Y en esa ocasión no podía ser menos. Inclinó ligeramente la cabeza y acercó su boca a la de Misty, quien apenas podía respirar. Sus narices se estaban rozando. Ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por ese sentimiento que habían tratado, en vano, de reprimir.

Así que, sin pensárselo más, entreabrieron los labios y se fundieron en un beso tímido y dulce, que les hizo sentir como si se elevasen varios centímetros del suelo.

Misty notó los labios de Ash, húmedos y ardientes al mismo tiempo, que se acoplaban a los suyos propios con una ternura indescriptible. No podía creer que lo que estaba ocurriendo fuera cierto. Ash Ketchum la estaba besando. ¡Ash Ketchum! El mismo que parecía no enterarse de ninguna de sus indirectas, el que no mostraba ningún interés por las mujeres y por el amor. El mismo que constantemente le hacía rabiar, y que parecía tan indiferente al despedirse de ella cada vez que regresaba a sus viajes. El niño torpe y despistado que solo pensaba en pokémon. El desagradable mocoso que había pescado con su caña hacía más de diez años. ¿Qué había cambiado? ¿Acaso estaba en un universo paralelo? ¿O quizá simplemente… había trascurrido el tiempo?

Su corazón iba a mil pulsaciones por minuto. Sentía que le iba a dar una taquicardia. Aunque por otro lado temía que al abrir los ojos aparecería el tonto de Ash diciendo que era broma… Eso hubiera sido más creíble.

Pero Ash no pensaba que aquello fuera una broma, sino una de las experiencias más increíbles de toda su vida. Cuántas aventuras había vivido con Misty, cuántos peligros, cuántas sorpresas. Y nada podía compararse con lo que estaba ocurriendo en esos momentos… ¿Qué extraño sentimiento le había impulsado a besarla? ¡Besarla! ¡Él! No comprendía qué había cambiado en su interior, ni por qué se sentía tan feliz teniendo a Misty entre sus brazos, sintiendo sus labios… Si Misty era una amiga… Si él no quería novias… Si siempre se burlaba del amor…

Al cabo de unos segundos, el chico se separó un poco y la miró a los ojos. Estaba encantado con el resultado de su osadía. Llevaba varios días sintiendo las ganas de besarla, pero hasta ese momento no se había atrevido a hacerlo. Y ella no le había pegado un bofetón, ni le había insultado. Ni siquiera se había sorprendido. Simplemente le había seguido. Quizá porque ella también lo estaba deseando.

-Misty… ¿quieres…?—farfulló él con torpeza, tratando de asegurarse de algo que tampoco sabía muy bien qué era. Le acarició las mejillas y le lanzó una mirada suplicante—¿Tú quieres… o no?

La chica tomó aire y dio un fuerte suspiro. Necesitaba respirar, y apenas podía hacerlo.

-¿Tú qué crees?—respondió ella, sin saber muy bien qué decir.

Tras aquella contestación tan ambigua, Ash se quedó algo confundido. Pero como Misty no se apartaba, sino que permanecía pegada a él, mirándole con cariño y ansiedad, decidió volver a besarla.

Y esa vez el beso duró más tiempo. Unieron sus labios y juguetearon con sus lenguas, al tiempo que se acariciaban con más intensidad. La tensión acumulada durante todos esos días se hizo patente en la pasión que mostraron el uno con el otro en ese instante. No existía nada más. Solo deseaban continuar unidos en esa simbiosis perfecta, mientras sentían sus labios, su respiración y su piel.

Misty se apoyó en la pared y Ash se pegó más a ella, totalmente extasiado, al tiempo que le acariciaba los brazos, los hombros, las mejillas. La chica notaba cómo su pecho se hinchaba y chocaba contra el torso de Ash, lo que le provocaba aún más excitación. No comprendía muy bien qué estaba ocurriendo, solo sabía que uno de sus más longevos sueños se había hecho realidad.

Y Ash ya ni siquiera pensaba. Había desconectado de la realidad hacía mucho rato…

Al cabo de unos minutos, escucharon pasos que se acercaban y se separaron con presteza. Misty se sentó en una silla de forma atropellada, y Ash se quedó de espaldas a ella, rascándose la cabeza.

-¿Ahora llegáis vosotros?—les preguntó Richie, que venía acompañado por Tom.

-Sí, hemos estado con nuestros amigos hasta ahora—explicó Ash, disimulando su nerviosismo—Y luego la señorita Misty se ha empeñado en conducir mi coche y lo ha estampado…

La aludida se puso roja como un tomate y maldijo a Ash. ¿Por qué tenía que contar su torpeza?

Los chicos se calmaron cuando Ash añadió que había sido un rasguño y una avería sin importancia, y tan solo se burlaron de Misty. Ella se molestó con todos y decidió que ya era hora de retirarse a su habitación. Quería ducharse antes de cenar, pues había sudado mucho a causa de tantas emociones.

Subió las escaleras de dos en dos, y antes de entrar a su habitación, se encontró con Duplica.

-¿Qué tal has pasado el día?—inquirió esta última—¿Lo has pasado bien con tu amiga Dawn?

-Sí, además ha venido también mi amigo Max—respondió Misty, todavía turbada por todo lo ocurrido con Ash—Mañana te los presentaré.

-Vale, mañana ya estaré más tranquila… después del torneo, porque ahora estoy hecha un manojo de nervios—se sinceró Duplica—Ahora bajo a cenar, ¿te vienes?

-Yo también estoy nerviosa—añadió Misty, suspirando—Creo que no voy a cenar, tengo un nudo en el estómago. Bueno, mañana nos vemos, guapa.

-¡Buenas noches pues!—exclamó Duplica. Antes de que Misty pudiera retirarse, Duplica le señaló la cara—¿Qué te ha pasado? –intentó no reírse—Misty, tienes baba…

La pelirroja se limpió la saliva de la barbilla con la mano y se puso colorada de nuevo. Duplica no quiso preguntar y bajó a cenar con los chicos, aunque sospechaba que su amiga le ocultaba algo. No era normal en ella que estuviera tan alterada únicamente por el torneo.

Misty se dejó caer en la cama y se tapó la cabeza con la almohada. ¿Qué había ocurrido unos minutos antes? ¿El mundo se había vuelto loco?

Ash la había besado con fuerza y pasión. ¿Sería porque la quería de verdad? ¿O tan solo estaba jugando con ella? No lo tenía muy claro. Por un lado, se sentía la mujer más feliz del mundo, pero por otro, dudaba de las intenciones de Ash.

Estaba tan nerviosa que no quiso salir de la habitación en lo que restó de noche. En el fondo, esperaba que Ash entrase en su habitación, para hablar de lo sucedido, o para continuar lo que habían dejado a medias, por lo que permaneció despierta durante varias horas. Muy inquieta y preocupada, terminó durmiéndose. Al día siguiente era el gran torneo, una oportunidad muy importante para darse a conocer. Y ella solo pensaba en Ash…

Él, por su parte, estaba más seguro que nunca de sus sentimientos hacia Misty. Era obvio que le gustaba, y que deseaba estar con ella todo el tiempo posible, para disfrutar de su compañía, para hacerle rabiar, para besarla. Había tardado mucho tiempo en darse cuenta, pero en esos momentos sentía la necesidad de tener una mujer junto a él, y esa mujer era Misty. Tan temperamental, tan dulce. Toda su personalidad le atraía por igual. De pronto entendió por qué motivo, cuando eran niños, tantas personas les indicaban la buena pareja que hacían. Y ellos se molestaban mucho, tomándolo como una burla y una ofensa personal. Ahora ya no le molestaría en absoluto…

Trató de distraerse durante la cena, haciendo chistes con sus amigos y charlando sobre tonterías. Sin embargo, lo que deseaba realmente era escaparse y buscar a Misty. Tenía que confesarle sus sentimientos y comprobar que ella le correspondía. Aunque a juzgar por su manera de besarle suponía que sí… Tantas aventuras compartidas, tantas preocupaciones, tantos buenos y malos momentos… Y ella siempre había estado allí.

Cuando se levantó a coger el postre, Sandy aprovechó y se acercó a él con la mejor de sus sonrisas.

-¿Estás nervioso por el torneo?—le preguntó ella, para iniciar la conversación.

-Un poco, como siempre—respondió Ash, mientras elegía el pastel más grande y lo colocaba en su bandeja—Tú tranquila, que estoy seguro de que este año ganaremos. Me veo con más fuerzas que nunca.

-La verdad es que yo también—añadió ella, cogiendo unas natillas. Ambos caminaron de nuevo hacia la mesa y se sentaron—Oye… y, ¿después del torneo te gustaría venir conmigo unos días a Isla Canela?

Ash se quedó pensativo. Miró a Richie, quien había escuchado la última frase, y se sintió culpable de nuevo. Recordaba que el año anterior, Sandy había invitado a unos cuantos chicos a su finca en Isla Canela, entre ellos Ash y Richie. Y para entonces, Richie y Sandy estaban saliendo juntos. Para Richie suponía un doloroso recuerdo. Y todavía le dolía más escuchar que esa vez Sandy tan solo invitaba a Ash. El chico no comprendía qué había hecho mal para que Sandy cortase con él. Todo marchaba sobre ruedas, hasta que ella comenzó a fijarse en otros chicos. Quizá Ash tenía razón y Sandy no era una buena novia. Aunque la seguía queriendo…

-No puedo ir contigo, lo siento—dijo finalmente Ash—Creo que después de la convección me iré con Misty a algún sitio.

Todos levantaron la cabeza del plato y clavaron la mirada en Ash. Sandy simplemente frunció el ceño.

-¿Pero… Misty y tú…?—intentó preguntar Duplica, intercambiando miradas cómplices con Tom y Richie—¿Misty y tú estáis saliendo?

-Ya lo oíste ayer en la tele—dijo Ash, riéndose.

-¡Ash, en serio!—protestó Duplica—¡No nos vaciles!

-¿Tan raro sería?—preguntó Ash.

-No sería raro, al contrario—dijo Richie, sonriendo—Todos pensamos que tú y Misty os gustáis, pero lo raro es que no nos lo hayáis contado. Así que estoy seguro de que es mentira.

Sandy no podía ni respirar. Sentía una agonía enorme. Decidió que ya había terminado de cenar y se retiró sin tan siquiera despedirse. No podía seguir escuchando aquella conversación. Al cabo de unos minutos, Duplica también anunció que se retiraba a su habitación. Le dolía el estómago de los nervios que estaba haciendo.

Así que en el momento en que Ash se encontró solo con sus amigos varones, decidió confesarles lo ocurrido. No podía callárselo por más tiempo.

-No estoy saliendo con ella—les explicó, con una sonrisa pícara—Pero hoy nos hemos liado…

Richie y Tom abrieron los ojos como platos y tardaron un poco en reaccionar. Luego se echaron a reír y palmearon a Ash en la espalda, como felicitándole.

-¿Entonces te gusta?—dijo Tom, aunque ya era obvio que sí. Ash asintió, algo avergonzado—¡Ya te lo dije yo! Es genial, me alegro un montón por ti.

-¡Bueno, yo solo espero que mañana estéis al cien por cien en el torneo!—exclamó Richie, medio en broma, medio en serio—¡Que ya sabemos cómo son estas cosas!

-No me ofendas—dijo Ash—Yo soy un profesional. Y mañana haré el mejor torneo de mi vida, ya lo verás—hizo una pausa dramática y sonrió—Ganaré el torneo… y una novia.

Sus amigos se echaron a reír de nuevo y terminaron de cenar, emocionados por las confesiones de Ash.

Cuando el muchacho se retiró a dormir, estuvo tentado a entrar en la habitación de su amiga. Pero se contuvo y se marchó a la suya sin molestarla. Era tarde, y ambos debían descansar bien para combatir en buenas condiciones. No había prisa. Ya nadie le iba a arrebatar a Misty.

Al día siguiente, los maestros se levantaron temprano y desayunaron antes de las nueve. Debían cuidar a sus pokémon y darles un buen aporte energético y anímico. Por ello, antes de las nueve, la zona de entrenamiento estaba repleta de maestros y sus respectivos pokémon.

Misty estaba francamente nerviosa. Temía no actuar bien en el torneo, ser eliminada en la primera ronda y quedar mal ante sus compañeros de equipo, quienes habían tenido tanta fe en ella. Y además, estaba el tema de Ash. El chico la había saludado en el desayuno como si no hubiera ocurrido nada el día anterior. Como si el beso careciese de importancia. Y sin embargo, para ella, era lo más importante que le había ocurrido nunca, incluso más que lograr proclamarse maestra pokémon. Lo más probable era que Ash tan solo hubiera reaccionado a un impulso físico del momento, y que no sintiera nada por ella.

Así que la muchacha, algo desanimada, metió a sus tres pokémon en las pokébolas, y se reunió con sus compañeros de equipo.

Duplica y Tom también estaban nerviosos. Hasta entonces, no habían conseguido puntuar en ninguno de los torneos a los que habían asistido. Y eso les acomplejaba bastante. Aunque Misty les había animado mucho y les había demostrado que creía en ellos. Debían quedar en una buena posición, para no decepcionarla a ella ni a sí mismos.

El torneo comenzó a las once de la mañana. El himno pokémon sonó a todo volumen, al tiempo que se iluminaban los focos del estadio y se hacían visibles los maestros. Todo el público aplaudió y vitoreó.

Misty estaba emocionada. Era una situación similar a cuando compitió en la liga pokémon o cuando combatió contra el Alto Mando. Y en aquellas ocasiones tuvo que hacer un ejercicio de autocontrol de sus propias emociones y centrarse en lo que realmente debía hacer. No podía dejarse llevar por la tensión.

Después de presentar a los seis equipos, se llevó a cabo el sorteo inicial, para decidir qué equipo lucharía contra cual. Aquella primera fase del torneo era eliminatoria. Consistía en derrotar al equipo rival, logrando vencer a todos sus pokémon. Por ese motivo, los tres equipos que quedasen sin pokémon, estaban directamente eliminados. Y de los tres equipos ganadores, se procedería al recuento de pokémon en condiciones de seguir combatiendo. Por ello, no era importante solo vencer al equipo rival, sino conservar un buen número de pokémon. De esos tres equipos, tan solo pasarían a la gran final los dos que conservasen un número mayor.

Los primeros equipos que debían enfrentarse fueron el de Misty y el de Gary. El público aplaudió con fervor para recibir a los combatientes, aunque las caras de muchos decían que poco espectáculo habría.

Incluso Ash resopló, convencido de que el equipo de Misty no tenía nada que hacer contra el equipo de los invencibles. Richie lo lamentó por sus amigos, pues le hubiera gustado que hubieran tenido al menos una oportunidad para pasar a la final, aunque era muy difícil. Sandy, sin embargo, se alegró. Estaba deseando ver a Misty derrotada y hundida, para que Ash se olvidase de ella.

-¡Vamos, Misty, tú puedes!—gritó Dawn desde la grada. Misty les había reservado a sus amigos una de las primeras filas—¡Demuéstrales lo buena maestra que eres!

La aludida se sonrojó, pero sonrió a su amiga. Tanto ella como Max llevaban pancartas con su nombre, escrito en letras grandes y llamativas, por lo que se sintió importante. Al menos tenía buenos amigos que creían en sus posibilidades.

-¡Esto va a ser pan comido!—exclamó Markus, riéndose.

Ashunta se burló también, y solo Gary permaneció con el semblante serio y se acercó a darles la mano a sus rivales, deseándoles suerte.

Misty suspiró y alentó a sus compañeros. Habían entrenado mucho y por fin había llegado el momento de demostrarlo.

El equipo de los invencibles empezó muy fuerte, emitiendo un doble ataque de fuego con el Arcanine de Gary y el Rapidash de Markus, que fue directo al Meowth de Tom. Éste trató de detener el ataque empleando escudo, pero el felino no fue suficientemente fuerte y cayó al suelo, recibiendo un impactante golpe de calor. Misty reaccionó con rapidez y trató de aliviar las quemaduras con la pistola agua de Gyarados.

Sin embargo, poco pudo hacer para ayudar a Meowth. El pokémon quedó chamuscado y el árbitro decidió que no podía continuar. Misty, rabiosa por el mal comienzo, le ordenó atacar a su Gyarados con un potente Hidrorayo, que golpeó a Rapidash de pleno.

-¡Venga, venga, hidrobomba!—gritó la pelirroja, frenética. Habían perdido un pokémon en el primer minuto, y eso no podía quedar así—¡Hidrobomba sobre Rapidash y Arcanine!

Duplica enseguida se unió a su amiga y le ordenó a Ditto que se transformase en otro Gyarados. Los dos pokémon acuáticos unieron sus fuerzas para emitir una descomunal hidrobomba, que apagó la llama de los pokémon de fuego.

-¡Sí, eso es!—exclamó Misty, saltando de euforia.

Duplica fue más comedida y no dio muestras de alegría alguna. De hecho, se acercó a su compañera y le reprendió por su impetuosa iniciativa.

-No podemos atacar sin coordinarnos—le susurró—Tenemos que atacar de forma ordenada. Esta vez ha salido bien, pero tenemos que ser más coordinadas y planificarnos mejor.

-Hay veces que no podemos detenernos en pensar—protestó Misty—Pero creo que tienes razón… el comienzo ha sido un desastre…—se giró hacia Tom y sonrió—¡Ataque número 5!

Tom tragó saliva, nervioso, y sacó a Lapras. Su primer pokémon había sido derrotado en el primer ataque y no quería fallar de nuevo.

Los tres pokémon acuáticos se colocaron en línea y se dispusieron a lanzar un brutal ataque de agua, la especialidad de Misty. Ella había elegido el Ataque número cinco porque sabía que entre los pokémon rivales había un potente Onix al que derrotarían con facilidad. Sin embargo, Ashunta enseguida sustituyó al pokémon de piedra por Dragonite, lo que cambió los planes de Misty.

-¡Ataque cuatro!—exclamó la pelirroja.

En ese caso, tan solo atacaron los dos Gyarados, combinando una danza dragón muy eficaz contra otro pokémon dragón. Dragonite se echó hacia atrás, al tiempo que Markus colocaba a su Ivysaur delante para contrarrestar el ataque. Gary le ordenó a su Nidoking dar varias patadas y puñetazos, terminando con un cabezazo al Gyarados-Ditto. Este último golpe logró que el pokémon regresase a su forma habitual y Duplica lo recogió antes de que se quedase totalmente sin energía. Al mismo tiempo, Misty insistió con otro ataque dragón, que esta vez sí que tomó desprevenido a Dragonite.

Tom fue muy rápido, y aprovechando la confusión de Dragonite, remató con un rayo hielo de su Lapras, que dejó al dragón en muy malas condiciones.

Gary prosiguió con ataques de fuerza, pero no lograron nada contra el Gyarados de Misty. Ella, en un descuido del rival, sustituyó a Gyarados por Golduck y le ordenó contraatacar con otro cabezazo. El dolor de su frente aumentó su fuerza y su energía, por lo que logró dejar fuera de combate a Nidoking.

El equipo de los invencibles no podía creer que hubieran perdido ya cuatro de sus pokémon más poderosos. Los novatos les habían sorprendido con ataques muy inteligentes y poderosos, y sobre todo, con una capacidad de reacción fuera de lo común.

Lo que siguió a continuación fue un combate muy duro, repleto de fuertes ataques de agua y de hielo. Los invencibles no se habían molestado en estudiar la especialidad de sus rivales, y no se habían percatado que tenían muchos pokémon acuáticos, además de Ditto y Miniditto, que también pidían emitir ataques acuáticos. Y por lo tanto ellos estaban en clara desventaja, al luchar con varios pokémon de fuego y roca. Su mejor baza era Dragonite y también había sido vencido.

La batalla se alargó durante más de media hora, hasta que, por fin, el último pokémon de Gary, Blastoise, quedó derrotado por varios golpes furia por parte de Golduck.

Ashunta cayó al suelo de rodillas, mientras sus compañeros se miraban estupefactos. Se habían quedado sin pokémon. Era la primera vez que les ocurría algo similar. Y habían sido derrotados precisamente por lo novatos.

Misty y Duplica saltaron de alegría, al tiempo que recibían un fuerte y caluroso aplauso de todo el público. Luego abrazaron a Tom, quien tampoco creía que hubieran ganado.

Los tres compañeros estaban exhaustos, de los nervios y la tensión del combate, pero su emoción eclipsaba el cansancio físico.

-Chicos, hemos conservado unos cinco o seis pokémon—les dijo Misty, haciendo un recuento rápido—¡Seguro que pasamos a la final!

Duplica y Tom chocaron las manos, aunque no quisieron cantar victoria tan rápido. Todavía quedaba ver la actuación de otros cuatro equipos. En cambio, Misty estaba convencida de que su lugar estaba en la gran final.

Cuando regresaron al banquillo, los demás maestros les felicitaron, gratamente sorprendidos. Ash abrazó a Misty y le dio un beso en la mejilla, que dejó fuera de juego a la chica. Ella ni siquiera supo reaccionar. Apenas había asimilado su victoria, como para comprender aquellas repentinas muestras de afecto. Estaba estupefacta.

¿Por qué la había besado Ash el día anterior? Lo lógico sería pensar que el chico la quería, pero su dolido corazón no terminaba de creérselo… ¿Quizá fue un beso por compasión? ¿O tal vez para descentrarla y que no rindiera en el torneo? No, eso seguro que no, Ash no actuaría así… O quizá simplemente obedeció a un impulso, ya que llevaba tiempo sin besar a una mujer… ¡Había tantas posibilidades que se estaba volviendo loca!

Ash, por su parte, no quiso mostrarse demasiado eufórico ante la vistoria de sus amigos, ya que él todavía no había combatido y debía continuar concentrado, por lo que enseguida sentó de nuevo junto a sus compañeros. Richie le lanzó una mirada cómplice, señalando que estaba al tanto del beso que le había dado a Misty. Ash se sonrojó un poco y miró hacia el estadio.

El siguiente enfrentamiento fue de mucha calidad técnica y estratega. Ambos equipos estaban perfectamente compenetrados y lograron realizar ataques muy efectivos. No obstante, tanta igualdad en sus niveles, tan solo sirvió para que el combate se alargase mucho, y los pokémon terminasen muy cansados. Cuando por fin uno de los equipos fue derrotado, al otro equipo tan solo le quedaban dos pokémon. Por ello, sabían que lo más probable es que fueran eliminados tras el recuento final. Fue una victoria con sabor a derrota.

En cambio, Ash se alegró. De esa forma, con tan solo vencer y conservar tres pokémon, estarían en la final. Contra el equipo de Misty. Y no había nada que le apeteciese más que luchar contra la pelirroja en esa gran final.

Tal y como habían entrenado, Ash, Richie y Sandy comenzaron con un ataque fulminante de los dos Charizard y de Salamence, que terminaron de golpe con las fuerzas de dos pokémon rivales. Los tres amigos chocaron las palmas y continuaron combatiendo, contentos de haber conseguido su estrategia inicial. El otro equipo quedó tan sorprendido que apenas pudo reaccionar. Después les contraatacaron con una triple pistola agua, lo que dejó al Charizard de Richie en muy mal estado. Por ello, el muchacho lo recogió rápidamente en su pokébola, para que pudiera recuperarse, y sacó a Spearow. Ash cambió a su Charizard por Bulbasaur, al que le ordenó atacar con un potente látigo cepa. Mientras los pokémon rivales se recuperaban, Salamence atacó con un dragoaliento, y Spearow voló a toda velocidad, terminando con un ataque tornado, recién aprendido. Otros dos pokémon rivales terminaron cayendo desfallecidos.

-¡Solo nos quedan cinco por derrotar!—exclamó Ash, contento con su actuación inicial. Luego susurró y se dirigió a Richie—Y a nosotros solo nos han tocado a tu Charizard… A ver si le da tiempo de recuperarse y terminamos con un triple ataque Ascuas.

-Mientras sacan los dos nuevos pokémon voy a distraerles con un vuelo rápido—dijo Sandy, también contenta con los buenos resultados obtenidos.

Ash le sonrió y asintió con la cabeza. Ella se sintió valorada y más animada para ganar.

Hizo lo dicho, mandó a su Salamence que volase sobre los pokémon rivales, aunque fue atacado desde el suelo con un remolino. Richie reaccionó rápido y detuvo el golpe de aire con otro remolino por parte de su Spearow.

La batalla todavía se alargó unos minutos más, debido a la fuerza y la inteligencia estratega del equipo rival. Sin embargo, la rápida pérdida de sus cuatro pokémon iniciales inclinó la balanza ganadora hacia el equipo de Ash.

El chico y sus amigos habían entrenado mucho, no solo en resistencia, fuerza y velocidad, sino también en compenetración y táctica. Los tres se sintieron muy seguros durante todo el combate, y el resultado fue muy favorable. Cuando terminaron con todos los pokémon rivales, ellos todavía conservaban nada más y nada menos que siete. Tan solo habían perdido a Vaporeon y Luxio, de Richie y Sandy respectivamente.

Ash no quiso alegrarse tan pronto, pero consideraba que había hecho un combate excepcional, y guardaba esperanzas de que le seleccionasen entre los cuatro mejores maestros. Al fin y al cabo había actuado con gran precisión, rapidez y habilidad. Y era el único maestro que había logrado conservar sus tres pokémon. Recordaba que no era algo habitual. Tan solo Markus y Ashunta, en alguna ocasión, habían llegado a la final con los tres pokémon intactos. Y ellos siempre estaban entre los mejores. Excepto este año, que habían sido eliminados.

Una vez hecho el recuento de pokémon, quedaba claro qué equipos pasaban a la final.

Misty, Duplica y Tom se abrazaron de nuevo, casi con lágrimas en los ojos. Sentían una emoción tan grande que no podían expresarlo con palabras… Habían dejado de ser los perdedores, los novatos… para consagrarse como finalistas del gran torneo de maestros pokémon de Kanto. Era algo muy importante, más aún de lo que podían procesar en esos momentos.

Ash, Richie y Sandy estaban muy contentos y animados, aunque guardaban el temor de quedar en segundo puesto como les había ocurrido en los dos últimos torneos. Si bien era cierto que en un principio el equipo de los perdedores no les suscitaba ningún miedo, después de que estos hubieran vencido a los invencibles, su percepción había cambiado bastante.

-Venga, chicos, que éste es nuestro torneo—les animó Ash, mientras se dirigían al comedor—¡Vamos a reponer fuerzas con una buena comilona!

-Sí, yo también pienso que podemos ganar—dijo Richie, resoplando—Pero mi Charizard está algo tocado, y tu Pikachu también ha recibido unos cuantos golpes…

-¡Pikachu es muy fuerte!—replicó Ash—Y tu Charizard también. Además, ahora solo competiremos con un pokémon.

-Sí, y yo me alegro de tener intacto a Salamence—dijo Sandy, acariciando la pokébola donde tenía a su más querido pokémon—Porque lo voy a elegir a él…

-¿No sería mejor que escogieras a Machop?—aventuró Richie—Está en perfecto estado, apenas ha recibido golpes, y solo ha luchado durante cinco minutos…

-¡Lucharé con Salamence!—insistió la chica—Es mi pokémon más preciado, y sé que no me defraudará.

-Haz lo que quieras—cedió Richie.

-Yo también me quedaría con Salamence—la apoyó Ash, sonriendo. Ella se sonrojó—Entiendo lo que sientes por él… Yo competiré con Pikachu.

-¿Pikachu?—se sorprendió Richie—Charizard es más fuerte, Ash, yo combatiré con Spearow.

Ash negó con la cabeza y suspiró con expresión soñadora.

-Pikachu y yo tenemos que ganar este torneo—dijo con determinación.

Después de analizar los combates, darse la enhorabuena o la condolencia, todos los maestros dejaron reposar a sus pokémon en la zona de recuperación, mientras ellos entraban en el comedor. En las mesas, las expresiones de los entrenadores eran muy diferentes. Los que habían perdido se encontraban abatidos y cabizbajos. Y los finalistas no cabían en sí de júbilo.

Especialmente el equipo de Misty. Los tres se sentaron juntos e intercambiaron opiniones.

-Tenía mucha fe en nosotros, pero no llegaba a imaginar que esta tarde tendríamos que combatir—dijo Duplica—No os ofendáis, pero veía mucho nivel…

-¡Pues ya ves que nosotros somos los que marcamos el nivel!—exclamó Misty—Sabía que podíamos ganar… y ya veréis, la final será espectacular…

-Pues yo no creo que podamos vencer a Richie y Ash—dijo Tom, apenado—Y Sandy ha estado increíble con Salamence…

Las chicas le miraron hechas una furia.

-¿Cómo que no podemos vencer?—le gritó Misty, poniéndose en pie. Estuvo a punto de tirar la comida del plato—¡A que tampoco pensabas vencer a los invencibles! Mira, cuando nos tocó en el sorteo combatir contra ellos todos pensaron que sería un combate muy desigual, y que perderíamos… ¡Pero no! Lo hemos hecho muy bien, y tienes que creer en nuestras posibilidades!

-Claro que sí, Misty—se burló Ash, que venía con la bandeja llena de comida. Se sentó junto a su amiga y sonrió. Ella, en cambio, le hizo una mueca—En serio, lo habéis hecho genial. Nadie pensaba que ganaríais…

-Gracias Ash—ironizó Duplica.

-Pues también te sorprenderemos en la final—presumió Misty—No os será fácil.

-Claro que no—dijo Ash, clavándole la mirada y sonriendo de medio lado—Porque yo voy a retarte a ti, Misty.

Ella quedó sorprendida y no dijo nada más. Si Ash pretendía retarla a ella era porque la consideraba una buena rival. Ash no era de los que se aprovechaban de alguien más débil, sino que le gustaban los retos. Se sintió halagada.

Y qué guapo estaba el condenado mocoso, incluso después de sufrir el estrés del combate.

Ambos intercambiaron una mirada cómplice y bajaron la cabeza, para continuar comiendo tranquilamente.

Antes de terminar el postre, Gary se levantó de su mesa y se acercó a los finalistas. Le había sorprendido negativamente haber sido eliminado, pero debía reconocer que se lo habían puesto difícil.

-Chicos, os doy la enhorabuena—se sinceró, dirigiéndose al equipo de Misty, Duplica y Tom—Y aunque me joda no estar en la final, creo que será un buen duelo…Ahora me obligáis a entrenar más, no solo para superarme a mí, sino para superaros a vosotros.

-Gracias, Gary, vosotros también lo habéis hecho muy bien—dijo Misty.

-No lo suficiente, nena—replicó Gary. Le guiñó el ojo a Ash y se marchó por donde había venido.

Misty sonrió para sus adentros. Agradecía las felicitaciones de Gary, ya que conocía su orgullo y altanería, y suponía que le había costado dar ese paso. De hecho, había sido el único de su equipo que se había dignado a dirigirles la palabra. Tanto Markus como Ashunta permanecían en sus habitaciones, totalmente deprimidos y humillados. Misty reforzó su idea de que aquellos dos maestros no reunían condiciones para formar parte de la Élite ni del Alto Mando.

Después de de comer, Ash se reunió con sus pokémon y les agradeció el enorme esfuerzo que estaban realizando. El chico estaba muy orgulloso de ellos y quería trasmitírselo. Además, necesitaba hablar con Pikachu de un tema muy relevante.

-Pikachu, sabes que para mí es muy importante ganar este torneo—le dijo, mientras le acariciaba la cabeza. El pequeño roedor asintió y sonrió—Creo que este año por fin tenemos posibilidades de ganar, ya que el equipo de Gary no está en la final. Pero también me apetece mucho luchar contra Misty…

-¡Pika Pika!—protestó Pikachu. Como de costumbre, él no quería combatir contra su amiga.

-Tienes que entenderlo, no importa luchar contra una amiga—prosiguió Ash, tratando de convencerle—Es más, yo quiero mucho a Misty, pero también la valoro como maestra, por lo que para mí es un honor combatir contra ella en la gran final de Kanto… Por favor, Pikachu, quiero estar contigo en la gran final… Sabes que eres mi mejor amigo.

-Pika-pi—dijo Pikachu. Empezaba a comprender los sentimientos de Ash. Quizá no fuera tan malo combatir contra Misty—Pika-piiii

-¿De verdad lo dices?—preguntó Ash, contento—¿Combatirás contra Misty?—Pikachu asintió y Ash le abrazó. Estaba emocionado—Gracias, Pikachu, te quiero mucho.

Ash se sentía mejor que nunca. Estaba en la final de Maestros pokémon de Kanto. No era la primera vez, pero en esa ocasión se sentía con más fuerzas que nunca. Era consciente de que había mejorado mucho, tanto a nivel individual como colectivo, y consideraba que tenía más posibilidades de quedar entre los mejores.

Y el hecho de competir contra Misty, a la que admiraba como persona y como entrenadora, le hacía sentirse todavía más fuerte.

Sonrió de nuevo a Pikachu, y miró el reloj. Las cuatro y media. El combate estaba a punto de comenzar.


Bueno, después de mes y medio aquí está el penúltimo capítulo… Sé que en estos últimos capítulos tardo más en publicarlos, pero uno de los motivos es que son más largos y están más elaborados… ¡Además no os podéis quejar, que por fin en este cap ha habido algo muy muy importante jajja! (espero que os haya gustado el momento beso jeje. A decir verdad quería esperar hasta el último capitulo, pero ni ash ni misty me han dejado… era el momento y me he tenido que dejar llevar…) Espero que os haya gustado, si no espero vuestras críticas y sugerencias que serán bienvenidas y tenidas en cuenta!

Como siempre, agradecer profundamente vuestros comentarios, así que os contesto uno a uno:

Camila: bueno, ya has visto hasta donde han podido llegar con la farsa del noviazgo jejje… se hará realidad o no? Jiji… muchas gracias por tu coment!

HoshitaSweet: muchas gracias! Me alegro que te haya emocionado el capitulo, espero no haberte decepcionado con este ultimo… ya ves que por fin misty se ha ablandado del todo, como tú dices, ¿Cómo no querer a un chico como Ash? Y Gary ha tenido mucho que ver, creo que el personaje de Gary lo he elaborado poco, pero tiene mucha importancia a lo largo de la historia. Jeje… no creo que dure escribiendo el fic tanto como 3 años ya que solo queda un capitulo… pero no descarto hacer una secuela jeje, todo se verá! Espero que te haya gustado el cap

Eli: gracias por tus coments, espero que te haya gustado el cap, ya ves que sí de verdad estaban a punto de caramelo… jiji

Kasumi Mist: tranqui, que yo tb olvido dejar rewius muchas veces, a mí me basta saber que hay gente que lee mi historia y se emociona con ella, aunque sí que es cierto que gusta recibir criticas, ya sean buenas o malas. Me alegro que te haya gustado la evolucion de los personajes, es lo que pretendia, que tuvieran carisma y fueran reales…También me halaga que te hayan gustado los OC, creo que estos personajes tambien estan siendo atractivos e importantes para la historia. Con los combates he tenido serias dudas, sobre todo en este ultimo capitulo, creo que debo mejorar mucho mucho muuucho en este ultimo tema! (ahh y a mi Sandy también me parece una guarra… jajaja) muchas gracias y te sigo leyendo a ti tambien!

Anónima: gracias, espero que te hayya gustado tanto los combates como la evolucion de la relacion, que creo que va muy bien no crees? Bueno, esperemos al ultimo capitulo!

Andy Elric: mil gracias por tu análisis de la historia! Sé que te resulta difícil entender algunas partes por las palabras o expresiones meramente españolas, pero lo que te dije, no te cortes en preguntarme si no entiendes algo! Sobre la historia, decir que a veces me cuesta mantener orden y coherencia debido a todo lo que ocurre entre tantos personajes, pero creo que hasta el momento estoy consiguiendo un mínimo de coherencia no? Sé que este ultimo capitulo ha sido un poco desastre porque la parte final con tanto combate no me ha salido muy lograda, pero espero mejorar!

L´Fleur Noir: muchas gracias por comentar mi fic, yo ya he leido muchos de los tuyos y decir que me encantan (en algunos te he dejado comentarios varias veces) . Espero no defraudarte con el transcurso de la historia, ya que la escribo con mucho cariño! No obstante, sé que hay muchos aspectos que mejorar.

Lo dicho, chics! Ya no queda nada para el final! Trataré de enmendarme en la descripción de los combates que creo que es mi punto débil, y espero que la historia siga su curso como lo ha hecho hasta ahora, de forma espontánea y libre, guiada por lo impulsos de los personajes principales (mis queridos Ash y Misty…). Muchas gracias a todos y saludos!