¡No tengo ni idea de como disculparme!
¡LAMENTO HABER TARDADO TANTO! Dos semanas, si no me equivoco.
Oh Dios, me siento tan mala persona t_t
Pero, en mi defensa; tenía un bloqueo enorme. No me animaba a escribir. La idea estaba allí pero no como enlazarla. Y el tiempo tampoco estuvo a mi favor. Ni siquiera he leído actualizaciones de fics t_t
*Se lanza de una silla*
Aún así, me esforcé 2 horas hasta ahora para terminar este capitulo. Que adoro mucho y me costó sudor y lagrimas.
*Sueño, sueño*
Dejo las notas para el final, mejor.
¡Ojalá les guste!
Advertencias: Incoherencias, quizás ortografía... Porque tengo sueñito(?)
Disclaimer: Haikyuu! no me pertenece, es de Furudate Haruichi. Que dibuja sensual.
Capitulo 8: Salir.
– Y de nuevo; llegaremos tarde. Al menos yo. –Le avisó Sugawara mientras le esperaba en la puerta de entrada. Hinata se había levantado tarde de nuevo, y estaba engullendo un sándwich y un vaso de leche a la velocidad más rápida.
– ¡Lo siento, lo siento! ¡Vamos! –Respondió aun masticando y agarrándolo del brazo salieron de allí.
El día anterior había sido una locura –No solo por el hecho de que Kageyama visitara a su «Supuesto él» enfermo, sino que también estuviera tan hablador. Lo cual le había dado bastante para pensar por la noche y lo que le impidió dormir temprano.
Lo cual era la consecuencia de haber tardado en despertarse, hasta que Sugawara le tirara agua en la cara.
No había sido grato.
– ¿Sabes qué, Sugawara-san? –Hinata interrumpió el silencio en el que ambos caminaban. Tenía que apurar el paso porque sus zancadas eran más cortas que las del peli plateado y eso le cansaba. Le faltaba un poco el aliento.
El mayor le miró sin detener su andar.
– Es curioso que vaya al colegio. No entro a clases, no hago nada. ¿Para qué voy? –Habló en tono fastidiado e hizo un sonido de reproche.
– No puedes quedarte solo en mi casa, sería más aburrido. Y no quiero imaginarme qué no harías. – Hizo una pausa, observando al camino con una mirada aterrorizada, Hinata no lo notó. – Así que te llevo al colegio. Al menos puedes jugar voleibol contra la pared del gimnasio. –Le respondió sonriente.
Hinata no dijo nada más. Y siguieron caminando en silencio.
-XX-
– Recuerdas que es lo que no debes hacer, ¿Cierto? –Le dijo Suga apenas llegaron. Hinata asintió en respuesta y el otro, sonriendo; se marchó a clases.
De nuevo suspiró. Otro largo día aburrido. Dudaba encontrarse a Kageyama saltándose clases o que el entrenamiento se suspendiera de nuevo.
Sería tentar a la suerte.
Caminó con sigilo a los salones de los clubes deportivos, buscaría la manera de hacerse con una pelota de voleibol y la rebotaría en silencio hasta la tarde.
Otro día muy largo.
-XX-
Hinata rebotaba la pelota contra la pared del gimnasio cerrado. El sonido era lo único que escuchaba desde hacía una hora y media. El viento soplando y una que otra conversación de alguien que pasaba cerca.
Se aburría.
Hace un tiempo le hubiera parecido genial tan solo rebotar la pelota contra la pared una y otra vez. Pero desde que había entrado a Karasuno, ni una sola vez había tenido que jugar solo.
Se sorprendió ante tan importante hecho del que no se había dado cuenta. Tenía a Kageyama. La levantaba para él. Y también al resto del equipo; para cuando el pelinegro andaba de malas, lo que era casi todos los días.
Sonrió ampliamente. Ese idiota era un buen armador. Y le encantaba rematar sus pases.
Pero por supuesto que no se lo diría jamás.
Bakeyama.
Sostuvo la pelota entre sus manos. Quería rematar uno de sus pases. Deseaba hacerlo.
Deseaba jugar al voleibol de nuevo. Con sus compañeros de equipo. Con…
– Así que te gusta el voleibol. –Una voz grave interrumpió sus pensamientos.
Volteó rápidamente, aún con el balón entre las delgadas manos, y allí estaba.
– Hola, Kageyama. –Saludo rápidamente. No respondería a su pregunta, porque eso significaría sacar su lado obsesivo, y eso claramente lo podría delatar. Prefirió callar.
¿Qué hacía allí? ¿Acaso le acosaba? Nah.
– ¿Sabes que me sorprende? –Kageyama habló de nuevo, sorprendiéndole otra vez por su extraño interés en hablar. Hinata torció el cuello en señal de interrogante. –Que tú sabes mi nombre, cuando yo jamás te lo dije. –Cruzó los brazos sobre su pecho, haciéndole ver cien veces más aterrador y alto.
Hinata tragó fuerte y se dio un paso atrás, de manera inconsciente.
– Ah, ¡eso! Lo que sucede es que… –Hizo una pausa, mirando al suelo en busca de que de la nada se abriera en dos, o que un agujero enorme se abriera justo debajo de Kageyama y se lo llevara lejos de allí y con sus preguntas. – ¡Hinata siempre habla de ti! Y pues, no fue difícil imaginar que eras tú. –Sonrió, colocando ambos brazos en frente de sí, con la pelota entre ellas.
Silencio.
Rayos, Rayos, Rayos. ¡Me descubrió! ¡Me dirá que soy raro! ¿Me golpeará? ¿Lanzará mi balón de voleibol lejos de aquí? ¿Me colgará de afuera del gimnasio?*
– Hinata… –Kageyama habló en voz baja. Su corazón comenzó a latir rápidamente. Demonios. – ¿Él te habló de mí? –Aún mantenía los brazos cruzados en su pecho, pero el aura atemorizante que le rodeaba anteriormente ya no estaba.
Soltó la respiración que había estado reteniendo.
– ¡Claro, claro! Siempre lo hace. –Quizás no estaría bien exagerar. Pensó.
Pero de repente, su estomagó rugió.
Se sonrojó ante la mirada atónita de Kageyama.
Hubo un silencio hasta que la campana del final del primer periodo sonó. Kageyama le miró, excusándose con la mirada y rápidamente le extendió la pequeña caja con comida que Hinata no había notado en sus manos.
– Perdí la hora de comer, no hay remedio. –Hinata agarró el bentō. – Puedes regresarlo a la hora del entrenamiento del equipo… hasta luego.
Sin más nada que agregar se fue a paso apresurado. Hinata miró hacia abajo al bentō que le había entregado.
Seguro estaba envenenado.
¿En qué universo Kageyama cedía su comida?
-XX-
Había sido el mejor almuerzo que había comido en días. Recordó. La única comida normal de esos últimos días era la cena, que Sugawara preparaba.
Miró a la caja de comida, –ahora vacía– en sus manos. No quería indagar en el por qué Kageyama actuaba tan extraño con él… ella. Quizás solo era amable.
Eso era.
Estaba de pie en frente a la entrada del gimnasio. Podía escuchar los tenis de sus compañeros sonando contra el suelo de adentro y el revote de las pelotas.
Música para sus oídos.
Respiró hondo. Extrañaba jugar con ellos. Practicar con sus compañeros. Hablar con ellos.
Extrañaba muchas cosas.
Se quitó los zapatos, interrumpiendo a su equipo que practicaba. Todos se detuvieron al verlo. Seguramente recordando a la extraña chica de hace unos días vestida de manera peculiar.
No pudo evitar sonrojarse. Se acomodó el cabello tras la oreja y se quedó de pie en donde estaba.
No había pensado mucho en que diría cuando estuviera allí.
– Oh, Haruhi. –Suga caminó hasta donde se encontraba congelado. ¡Gracias Sugawara-san! Le debía demasiado a su senpai.
El equipo se acercó hasta donde el peli plateado había ido, sorprendiéndose de que conociera a la chica extraña de la otra vez.
– ¡Suga-san! ¡Conoces a la chica extraña! –Noya habló en voz alta y sonriendo. Asahi le reprendió en voz baja.
– Sí, sí. Su nombre es Haruhi. –Sugawara le presentó, sonriendo ampliamente como solía hacer. Hinata hizo una reverencia, y notó como el capitán le miraba minuciosamente.
– Un gusto conocerles… –Levantó la mirada, conectando justo con los ojos de Kageyama. Que se encontraba al final, detrás de todos y observando, tratando de parecer desinteresado al mismo tiempo.
– ¡Oye, oye! ¿Y ese bentō? ¿Es para alguien? –Tanaka habló, haciendo que Hinata recordara el por qué estaba allí.
– Oh, no. ¡Es de Kageyama! –Habló rápidamente. Tanaka y Nishinoya voltearon al mismo tiempo a fulminarle con la mirada. Kageyama les miró extrañado.
Caminó hasta donde el pelinegro se encontraba, y le extendió la caja de comida vacía.
– Muchas gracias. –Le dijo. Estuvo delicioso. No se atrevió a agregar la frase que en su mente se formó.
Kageyama agarró la caja del bentō, y esta vez Hinata sí pudo afirmar que estaba sonrojado. A su manera, pero lo estaba.
Aguantó las ganas de reír.
– ¿Hay algo más que necesites? –Le preguntó. Rápidamente su mirada se dirigió al balón de vóley que el pelinegro cargaba en su otra mano.
– ¡Levántala para mí! –Le respondió animadamente, y sin pensar demasiado en ello. Demonios, Sugawara le regañaría después por su manera de actuar.
Kageyama se quedó estático. Su mirada fija en los ojos de él. Se agachó, dejando la caja de comida en el suelo del gimnasio, y sin decir nada; levantó para él.
Hinata sonrió, y saltó lo más alto que pudo –importándole poco que estaba usando una falda– y remató el balón con toda la energía acumulada que poseía.
– ¡Sí! –Dijo en voz baja luego de ver su palma de la mano, roja por el golpe.
Volteó a ver al mayor, que seguía de pie en silencio donde estaba.
Uhhg.
Todo el equipo le observaba con un claro signo de interrogación sobre sus cabezas. Menos Sugawara, que golpeaba su mano abierta contra la frente de su cabeza.
– Ehh, bueno. ¡Adiós! ¡Muchas gracias! –Corrió hasta la entrada, llevándose sus zapatos en las manos, y dirigiéndose en dirección a la escalera del salón del club.
Que no lo descubran, que no lo descubran, que no lo descubran…
Era algo demasiado difícil de pedir en ese momento.
-XX-
– ¡Buen trabajo hoy chicos! Hay que mejorar los bloqueos. Y tú, Asahi, deberías practicar tus saques. –Daichi comentó al resto del equipo, como siempre; al término de una práctica.
Todos caminaban hasta el salón del club para cambiarse. Hinata les escuchó y se puso de pie. Había estado esperando desde su evento incomodo con Kageyama dentro del gimnasio. Sentado en las escaleras. El cielo había oscurecido y la temperatura bajado. Durante todo aquel tiempo había contado hormigas y pensado en bollos de carne, a los cuales extrañaba.
– ¡Así que todavía estás aquí… Haruhi! –Nishinoya anunció cuando se dio cuenta de su presencia. Hinata sonrió. – ¿Estás esperando a Sugawara-san? Se nota que son cercanos.
Su cara se volvió caliente ante aquel comentario. Su mirada se encontró con la del pelinegro, de nuevo al final del grupo; que volteó la mirada hacia otro lado.
– Bueno, nosotros nos cambiaremos. –Nishinoya le dio una palmadita en la espalda al pasar, y el resto del equipo le siguió escaleras arriba.
Su mirada y la de Kageyama no se volvieron a encontrar.
Rato después ya todos se despedían, y él esperaba por Sugawara en el lugar habitual. Le vio llegar a paso apresurado y con una ligera mueca de incomodidad en el rostro.
– Hinata, espérame un momento. Tengo que hacer... algo. –Le dijo, sonrió rápidamente y caminó en sentido contrario de donde venía. El peli naranja se quedó de pie en donde estaba, frotando sus brazos con sus manos por la baja temperatura de la entrada de la noche.
La brisa soplaba demasiado aquella tarde, haciendo que los mechones de su cabello pegaran contra su cara. Levantó uno de sus brazos, quitándolos de su rostro y poniéndolos detrás de su oído.
– Hey. –Una voz grave detrás de él habló de repente. Dio un pequeño salto por la sorpresa.
Volteó en dirección al dueño de la voz, encontrándose con Kageyama; de pie a unos cuantos pasos de él.
¿Cuánto tiempo llevaba allí?
– Hola, Kageyama. –Le saludó de vuelta. Se quedaron en silencio. Estaba acostumbrándose a ellos.
Observó cómo introducía sus manos dentro de su chaqueta. Y recargaba su peso en la otra pierna.
Más silencio.
– Me preguntaba… –Hinata le miró a los ojos. Vio cómo su valentía trastrabilló por un momento. – Me preguntaba si tú en serio sales con Sugawara.
Abrió los ojos desmesuradamente, y sin poderlo evitar comenzó a reír.
– ¡Por supuesto que no! –Respondió entre risas. ¿Por qué rayos todos pensaban eso? No creyó que él fuera capaz de creer semejante invento.
– Entonces, ¿Quisieras salir conmigo? –Preguntó rápidamente. Ignorando el que se estuviera riendo –lo cual dejó de hacer en cuanto el mayor pronunció aquellas palabras–.
– No como en una cita, solo… salir. –Explicó ante el silencio del menor.
Unos pasos se acercaron, y Hinata volteó solo para encontrar a Sugawara, notoriamente feliz a diferencia de antes.
– Oh, lo siento. ¿Interrumpo algo? –Preguntó el peli plateado al verlos a ambos, evidentemente charlando algo importante.
– ¡No! –Respondieron ambos al unísono. Sugawara levanto ambas manos en señal de rendición mientras sonreía.
Caminó hasta donde Hinata se encontraba y recogió su mochila.
– Bueno, tenemos que irnos. ¡Hasta mañana, Kageyama! –Se despidió y comenzó a caminar. Hinata le observó irse e imitó lo mismo, corriendo hasta su lado.
Dio un par de pasos, alejándose del lugar en camino a la entrada del colegio. Volteó de reojo, notando que Kageyama seguía en el mismo lugar que hacía un momento, observándolos.
Algo dentro de él se movió, y el extraño sentimiento en el hueco del estómago volvió.
– ¡Sí quiero, Kageyama! –Le gritó. Sugawara volteó a verle, extrañado por lo que acababa de decir. Y sin que Hinata le avisara, le jaló del brazo corriendo lejos de allí.
Qué vergüenza.
¡OH REVIEW! ¡REVIEWW! ¡PORQUE MIS OJERAS DE MAÑANA LO VALEN! ¿O no? :(
Siempre olvido lo que voy a poner acá... ¡Ah! esto ¿Me colgará de afuera del gimnasio?* hace referencia a algo que sí paso en el manga. Creo que en un extra... si no me equivoco, Kageyama y Tsukishima lo cuelgan fuera del gimnasio. ¡Podria estar equivocada! (Confundiéndolo con un doujinshi) #SuelePasarme.
De nuevo... ¡SIENTO HABER TARDADO TANTO! No tenia ni idea de como terminar esto, ni como empezarlo... ¡Nada! Bloqueo total. Ahora me siento libre, y creo que podré dormir tranquila(?)
Espero que todavía haya gente por allí que lea esto...(?
En fin. Por mi demora, les subiré un 'extra' el Domingo.
¡Ah! Actualizaré los miercoles. Y si no se puede, los Domingos. Esos serán los días. :'D
Respecto a los reviews... ¡No los pude contestar! Pero les juro que los leí, porque los adoro.
¡Gracias a todas! TuT
Creo que no me olvido de nada... Ojalá el internet me quiera y me deje publicar el capitulo.
¡Nos leemos el Domingo!
*Se va a dormir*
