A/N: Lo siento, lo siento, lo siento :(
Mi computadora se infestó de virus y perdí todo. :S
Tuve que volver a empezar todo lo que tenía, y como me encontraba en examenes no había podido avanzar casi nada.
Al fin traigo la segunda parte de este capítulo y el siguiente creo ( si dios y la escuela me lo permiten) subirlo en semana y media.
No puedo más que disculparme por el retraso.
Ok, alguien me preguntó que que onda con que Ken fuese dormido antes de recibir la semilla de la oscuridad. Facil. Lo que esta afectando a Ken (o que afectará en un futuro en mi fic) no es la semilla de la oscuridad. Es otra cosa. Por lo tanto Ken no sera infectado por ella en esta historia. Sino por algo más… em me callaré.
Por otro lado, a todo el que pensó que abandonaría este fic, esta muy equivocado, la motivación la tengo, me falta el tiempo.
Sin más los dejó para que lean el capítulo.
Enjoy!
Capítulo 7
Las playas siempre me gustaron mucho. La arena metiéndose entre mis dedos, la brisa fresca en la cara, el calor del sol pegándome en la espalda y el olor a sal siempre me traían sensaciones placenteras que me hacían suspirar como adolescente enamorado, mirar al horizonte como si algo fuese a aparecer en cualquier momento, y reflexionar sobre los misterios, los cuales carecen normalmente de importancia, de la vida. Mi padre me llevaba seguido a la playa cuando era mas joven, nos divertíamos construyendo castillos de arena y organizábamos parrilladas con la gente que estuviese ahí, mi padre era una persona muy amable así que no le molestaba en lo absoluto. Siempre hacíamos nuevos amigos que jamás volveríamos a ver cada vez que íbamos en viaje familiar a la playa.
Pero esta ocasión era diferente. Me hallaba confundido y extasiado a la vez. Por largo tiempo creí que yo estaba destinado para algo más importante que el tedioso y rutinario trabajo de oficina que hacía mi papá todos los días por la tarde. El saber que yo había estado en lo correcto me emocionaba y me asustaba, pues realmente no comprendía que significaba todo aquel mundo de seres fantásticos y paisajes sacado de una pintura surrealista. Las dudas me corroían el cerebro, pero no podía permitir que eso me afectase demasiado.
Habíamos comenzado nuestro viaje sin tropiezos, dirigiéndonos siempre al norte como Agumon nos había dicho desde un principio. Tk y yo nos la pasabamos conversando durante todo el viaje como dos amigos de colegio. Ignorando la gravedad de la situación. Yo sabía que Tk si sabía de que trataba todo, pero prefería no hablar de ello para no perturbarme, puedo parecer muy duro y adaptable por fuera, pero siempre vivía con dudas y miedos.
Agumon y Patamon se la pasaron hablando sobre lo que habían hecho en el tiempo que no se habían visto, noté que Patamon no mencionaba para nada el entrenamiento de Tk, ni mucho menos su misión, inferí que querían mantener discreción sobre el tema. Agumon contaba que había pasado un año con Piyomon y Gabumon dedicándose a cosas triviales de lo que debía ser la vida normal de un digimon.
Todo iba viento en popa hasta que nuestro viaje se entorpeció. Habíamos llegado al océano. No se veía tierra a lo lejos y Tk y yo nos preocupamos sobre lo que debíamos hacer.
-¿Y si digievolucionó Tk? – Preguntó Patamon.- Podríamos cruzar el mar volando.
-No creo que eso sería lo más viable.- terció Tk.- No podrías con todos nosotros.
Un sentimiento me inundó. Necesitaba sentirme útil y mostrar que esa misión era mía y era mi responsabilidad cumplirla.
-¿Y que hay de ti Agumon? ¿Tu digievolución no vuela?- pregunté a mi compañero.
Agumon negó con la cabeza con preocupación y todos nos envolvimos en un turbio silencio. Cada quien pensaba rascándose el cerebro como podríamos atravesar el mar lo más rápido posible. Ninguna idea surgió y nos miramos desconsolados, en eso la expresión de preocupación de Tk cambio por una de seriedad. Una que yo nunca había visto antes. Me avergüenza decir que sentí miedo de mi mejor amigo, pero el tipo inspiraba temor. Sus cejas se fruncieron y su boca se torció. Confundido me le quedé viendo, temeroso de que yo hubiese hecho algo que lo enfadará. Entonces me di cuenta que su mirada se dirigía a el otro lado de la bahía. Pude ver algo a lo lejos, pero mis ojos no me permitieron observarlo con precisión pues estaba bastante distanciado de nosotros. Sin decir ni una palabra Tk comenzó a caminar en dirección a aquél lugar, con paso decidido y pesado.
-¿Qué ocurre Tk?- cuestioné dudando, pero el no me contestó. Sin más todos lo seguimos. Acercándonos al objetivo. Entre más cerca estaba, pude notar mejor lo que era. Era una enorme piedra gris en forma de caracol que estaba siendo rodeada por ocho digimon, de los cuales yo no tenía conocimiento. Cuando estuvimos enfrente, Tk, en una voz grave que no reconocí gritó.
-¿Qué rayos creen que están haciendo?- los digimon lo voltearon a ver con molestia. Eran más altos que los dos y su cuerpo era de color verde. Parecían aquellos vándalos que vivían cerca de mi casa dibujando graffitis en las paredes y que mi padre consideraba una perdida de oxigeno.
Había uno que se veía más rudo que los demás. Los otros eran de color verde, pero él era de un rojo sangre que me hacía pensar que realmente estaba cubierto de esta. Era un poco más alto y se veía que era el líder. Moviendo la cabeza con fastidio contestó arrastrando las palabras.
-¿A ti que te interesa niño? ¿Por qué no mejor te largas y nos dejas continuar sin molestias con nuestra insana diversión?- los demás rieron, pero Tk no pareció afectado en lo más mínimo. Después de unos segundos, mi amigo sonrió con malicia, haciendo que los digimon fruncieran el entrecejo.
-Me extraña que no se acuerden de mí. Yo si me acuerdo de ustedes. Al parecer cambiaron ya de líder, y los felicitó por que el pasado era un cobarde, pero pensándolo bien todos ustedes lo son.- la reacción de los digimon fue instantánea. Todos menos el líder parecieron recordarlo y dieron un paso atrás. El jefe no pareció darse cuenta y conectó su mirada con la de Tk por un minuto entero.
-¿Me estás retando pequeño idiota?- preguntó el digimon tratando de pararse lo más derecho posible pero su joroba se lo impedía.
-¿Y que si lo hago, Fugamon?- preguntó mi amigo sin esquivar su mirada.
Fugamon gruñó, y sin aviso se lanzó contra mi amigo, preparando su garrote, dispuesto a tirarle unos cuantos dientes a Tk. Este no pareció percatarse y estuve apunto de gritarle que se quitará del camino, pero con destreza y rapidez Tk alcanzó a agarrar el hueso con púas de Fugamon y lo destrozó de un apretón. Los ojos de Fugamon se abrieron como platos y el muy cobarde retrocedió, echando a correr al instante dejando a sus "amigos" anonadados. Al darse cuenta de la ausencia del más fuerte y de la mortal mirada de Tk, los otros salieron corriendo en la misma dirección que su patrón dejándonos totalmente solos. Al menos eso pensaba yo.
-Ya puedes salir, Shellmon.- dijo Tk volviendo a hacer el mismo sujeto amable y sonriente de siempre. Debajo de la enorme roca, un enorme ser rosa, a quien yo atribuía el nombre de Shellmon, salió a la luz. Este miró avergonzado a mi amigo y suspiró.
-Gracias niño elegido, esos malvivientes tenían tiempo molestándome.- dijo con pesadumbre.
-No te preocupes.- aclaró Tk con su usual sonrisa de niño inocente. – Ya no volverán, y no debes estar avergonzado por ello, todos necesitamos ayuda de vez en cuando.-
Shellmon pareció un poco más animado después de esta declaración y asintió con la cabeza. De repente pareció confundirse sobre algo y no perdió tiempo en interrogar a Tk.
-¿Qué haces aquí? Se supone que los niños elegidos ya no deberían estar aquí.-
-Pues, que puedo decir, quise quedarme un rato más.- Tk se río, pero pude sentir un deje de nostalgia en su voz.
Shellmon lo miró no menos confuso pero no preguntó ya nada más. Pareció entonces darse cuenta de mi presencia y me miró con fascinación.
-¿Y tú quien eres?- preguntó curioso.
-Soy Ryo Akiyama, soy un niño elegido también.- dije un poco sonrojado.
Shellmon pareció preocuparse ante esto.
-¿Es que acaso hay una nueva amenaza en el Digimundo?-
Tk y yo asentimos y procedí a contar la historia de Milleniumon y a donde nos dirigíamos. Shellmon pareció reflexionar por un momento y luego sonrío.
-Me gustaría pagarles este gran favor ¿Porque no me dejan llevarlos hasta ese continente en mi caparazón?-
Agumon me miró y me sonrió. Le sonreí de vuelta. Al parecer nuestro problema se hallaba resuelto.
No tengo mucha memoria de aquel viaje sobre el caparazón de Shellmon. Estaba agotado. Me quedé dormido al poco tiempo después de zarpar. Cuando me desperté Tk me sonrió y me dijo que faltaba muy poco para llegar. Todavía un poco mareado solo asentí y mi mente se puso en blanco. Se podría decir que estaba ido. No me di cuenta de lo que pasaba a mí alrededor hasta que tocamos tierra. Tk y Agumon se bajaron de un salto, siendo seguidos por Patamon sobrevolando la cabeza de Tk. Me bajé también de un brinco, pero caí mal y comí arena. Me levante sacudiéndome la cabeza y no del mejor humor. Voltee a ver a Tk mientras se despedía de Shellmon. Con torpeza me despedí yo también y el digimon rosado se internó en las profundas aguas del océano.
-¿Estas bien?- me preguntó Patamon con concierne.
Solo pude asentir y mirar a Tk con cuestionamiento ¿Ahora que? Tk me devolvió la mirada y luego examinó el lugar donde nos encontrábamos. Era una playa muy parecida a la que estábamos, pero a lo lejos no se veía nada más que arena. ¿Estábamos en un desierto? Los raros paisajes del Digimundo no me dejaban de impactar.
-¿Qué debemos hacer ahora Tk?- preguntó Patamon.
-Debemos buscar inmediatamente a ese tal Milleniumon, no se debe de hallar muy lejos de aquí, Shellmon me explicó hace poco que este continente es muy basto, pero no hay mucha vida en él, por lo que si encontramos civilización, encontramos a Milleniumon.- comentó mi amigo con sencillez.
Asentí entre emocionado y nervioso, esta experiencia seguía pareciendo fantástica a pesar de que tenía ya 3 meses en el Digimundo. Tk comenzó a andar con paso ligero hacía el norte, siendo seguido muy de cerca por Patamon quien sobrevolaba su cabeza, Agumon me volteó a ver confundido.
-¿Qué tienes Ryo?- preguntó preocupado.
-¿Eh? Nada, solo pensaba un poco.- dije riendo con las mejillas rojas. Que Agumon se preocupase por mi no siendo mi camarada me hacía sentir raro. Pero era un buen tipo de raro. Sonriendo, me decidí y comencé a correr tras Tk que ya iba algo lejos.
-¡Espérame!-
El desierto era inmenso. El calor era aún más. Volteaba hacía atrás jadeando, ya no se veía el mar a lo lejos. Teníamos aproximadamente 3 horas caminando y la caliente arena ya comenzaba a quemarme las plantas de los pies. Sabía que no me veía muy bien en ese momento. Sentí que mi caminar ya no era recto y seguro, sino encorvado y un poco tambaleado. Agumon parecía estar bien, un poco cansado, pero nada de gravedad. Patamon estaba en perfectas condiciones, volaba con lucidez y se mantenía en el aire, aunque yo debía admitir que estaba empapadísimo en sudor. Por último observé a Tk. Estaba en su mejor condición. Su cuerpo seguía recto y caminaba con destreza, jamás amenazando con caer, de su frente no rodaba ni una gota de sudor. Se veía demasiado pulcro para mi gusto. Entonces vi sus ojos, había algo en ellos que jamás había visto en otra persona. Era algo que diferenciaba a Tk de los demás y que no pude describir en ese momento, pero sabía que era algo en Takeru que lo hacía bueno. Un buen chico.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por mi amigo el cuál se paró en seco. Tenía los ojos como platos y el cuerpo tenso. Miraba hacía todos lados como si algo fuese a pasar.
-¿Qué ocurre Tk?- pregunté curioso.
-N..no lo sé… pero me pareció sentir una presencia…- murmuró con nervios.
-¿Una presencia? ¿Alguien esta cerca?- pregunté emocionado.
-Si, pero ese alguien, esta infestado de maldad.- esto lo dijo con una voz que me asustó, se le puso muy ronca y raposa. Asentí un poco temeroso.
-¿Qué es eso?-preguntó Agumon.
A lo lejos se veía algo bizarro. Sobre la blanca arena, había sobrepuesta un duna de arena amarilla. Aún con la suave brisa la arena de la duna no se movía en lo absoluto.
-Es un escondite.- dijo Tk un poco más calmado con cara calculadora.
-¿Qué dices?- pregunté con confusión.
-Lo que oíste, al parecer hay varios digimon buenos no muy poderosos, por esta área, en esa dirección.- mencionó señalando a la duna amarilla.- Y del otro lado.- exclamó señalando a la llanura.- Viene acercándose a gran velocidad, una energía enorme, fue la primera que sentí por su poder, es malvada, lo siento.- terminó comenzando a correr en dirección a la duna.-Síganme.- gritó y todos comenzamos a correr (o a volar) atrás de él. No muy seguros de lo que Tk planeaba. Llegó Tk a la duna y la comenzó a golpear como si tocase a una puerta desesperadamente.
-¡Abran! ¡Somos buenos! ¡Por favor!- gritó Takeru. Jamás lo había visto yo tan perturbado. Cansado de mucho tocar, cayó al suelo en su trasero quedando sentado mirando al piso. Su rostro lleno de furia.
De repente oímos algo. Alguien tocaba donde estaba sentado Tk. Takeru se levantó disparado. Una compuerta que había estado cubierta de arena se abrió. De ella salió un Terriermon. Parecía un conejo de largas orejas. Una de ellas se veía más pesada que mi brazo. Nos miró de arriba hacía abajo y se volvió a meter rapidísimo por donde salió, cerrando la puerta tras él.
-¡Espera!- gritó Tk.
En eso oímos un sonido mucho más fuerte que el primero. Miramos hacia todos lados. Lo imposible ocurrió. La enorme duna amarilla comenzó a moverse de su lugar hacía atrás. Dejando descubierto un enorme agujero al que no se le veía el fin. Me acerqué tratando de divisar el fondo pero había demasiada oscuridad.
-¡Ryo!- me llamó el rubio. Voltee a verlo y no me gustó lo que vi. Tk me miraba con decisión y luego su mirada se movía al agujero.
-¿¡Qu...é rayos, Tk? ¿Re…Realmente piensas saltar?- le pregunté preocupado.
Frunció el entrecejo y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro, no pude más que notar que había burla en su expresión.
"Estoy frito"
Rápidamente, Tk saltó. Me quedé con la boca abierta, sudando frío al saber lo que me esperaba. Traté de escuchar su cuerpo llegar al fondo pero no oí nada. Patamon me volteó a ver serio, luego sonrió y se internó también en la oscuridad. Empezaba a pensar que el mundo se había vuelto loco. Agumon me volteó a ver preocupado.
-¿Te encuentras bien, Ryo?-
-S..si, creo que lo mejor será…- mis palabras dejaron mi boca cuando voltee a ver el hoyo.
-¿Saltar?- preguntó tratando de ayudar a completar mi oración. Asentí y trague saliva, no debía de mostrar cobardía en esos momentos. Agumon confiaba en que yo sería capaz de lograr derrotar a Milleniummon, y ya estaba apunto de sucumbir ante un pequeño brinco.
"¿¡Pequeño brinco?!"
Agite la cabeza y le sonreí a Agumon. Regresándomela, mi compañero, me alargó la mano. Lo miré confundido.
-Hagamos esto juntos, Ryo. Como si fuésemos camaradas.- Con más ganas de llorar que antes, asentí torpemente y le tomé la mano. Nos quedamos viendo por unos segundos y luego Agumon procedió a hacer un conteo. Y a la cuenta de tres saltamos, sin poder evitar que un gritó de niña saliese por mi garganta.
Oí como llamaban mi nombre. Por un momento pensé que podría ser mi madre, diciendo que debía ir a la escuela, y que toda mi experiencia digital había sido un sueño. Pero la voz de mamá era más delgada y suave. Abrí los ojos con pereza. Divisé a Agumon que me miraba con preocupación. Yo me encontraba acostado en ese instante. Me incorporé y analice mis alrededores. Entonces un sonido de asombro salió de mi boca.
Estaba en un castillo. Un enorme castillo hecho del más fino y limpio hielo que yo hubiese visto en mi vida. Un camino que pasaba entre un río de lava ardiente llevaba a la entrada principal del palacio. Entonces recordé a Tk.
-Oye, Agumon. ¿Dónde está Tk?- pregunté levantándome y sacudiéndome la ropa.
-Aquí estoy.- oí la voz de mi amigo y voltee hacía donde provenía. Se encontraba más cerca aún que yo del palacio, mientras conversaba con un Terriermon, aparentemente el que nos había abierto la puerta. Agumon y yo nos dirigimos hacía donde él y Patamon se encontraban. Pude ver a Tk fruncir el entrecejo ante lo que decía Terriermon.
-Entonces será más difícil de lo que creí.- oí murmurar a Tk. Me volteó a ver y me observó por un instante.
-Al parecer hemos dado con un refugio.- comentó. No entendí que quería decir así lo mire con incógnita.
-Tk quiere decir, que aquí se esconde los digimon buenos que está siendo afectados por la amenaza de Milleniummon.- exclamó Patamon.
-Ya veo- murmuré, al parecer si era caso serio todo el suceso.
-Le preguntaba a Terriermon por su líder, seguramente él me podrá dar más información sobre lo que pasa.- retomó mi amigo dirigiendo su mirada al digimon conejo.
-Nuestro líder es Rinkmon, a pesar de que el es él más fuerte de todos nosotros, relativamente es un digimon débil y por lo tanto no nos puede defender de Milleniummon.- el digimon fue interrumpido por otro que le pegó un buen golpe en la cabeza haciendo que el Terriermon se quejará y se sobará después de mostrar una mueca de dolor.
-¿Por qué has hecho eso Lopmon?- preguntó con queja el Terriermon.
-¿Quién te crees tú para juzgar a nuestro jefe?- contestó con otra pregunta molesta la digimon.
-Lo lamento.- respondió Terriermon avergonzado.
Lopmon volteó entonces a ver a los visitantes.
-¿Y ustedes quienes son?- preguntó
-Somos viajeros.- contesté- nos gustaría hablar con Rinkmon.
Lopmon me observó con sospecha y perspicacia. Debo de admitir que me puso nervioso. Agumon intervino en ese momento.
-Somos buenos sujetos. Tratamos de librar al Digimundo de Milleniummon.- comentó con audacia. Lopmon reaccionó poniéndose verde y asintiendo con la cabeza. Escuchar aquél nombre parecía marearla.
-Síganme por favor.- exclamó echando a caminar en dirección a la entrada del castillo. Arrastrando de la mano, a su gemelo Terriermon.
La enorme entrada al castillo estaba hecha del más fino granizo que yo hubiese alguna vez tenido la oportunidad de ver. Lopmon abrió la puerta con solo murmurar una clave, que yo en ese momento no entendí. Con paso ligero, entramos todos siguiendo a los dos conejos digimon que parecer tan pequeños eran muy rápidos. Me resbalé unas cuantas veces y me costó guardar el equilibrio en otras. Agumon pasaba por los mismos inconvenientes. Patamon no tenía ningún problema pues el se la pasaba volando. Pero Tk caminaba como si el suelo fuese la más firme de las tierras.
Pasamos un largo pasillo, iluminado por el reflejo del hielo, no vimos ni una sola lámpara en el trayecto, pero la luz que habitaba en aquél intimidante palacio, inundaba hasta el más recóndito rincón del edificio. Al terminar el pasillo, otra enorme puerta se puso frente a nosotros. Lopmon la volvió a abrir usando sus palabras secretas y entramos sin más.
Frente a nosotros se hallaba un gran vestíbulo con postes dorados en las esquinas. Una larga alfombra roja daba excesiva elegancia al cuarto. Al fondo una enorme silla hecha del mismo hielo se encontraba dándonos la cara. Y sentada en ella se hallaba un curioso digimon con forma de súper-héroe mitad patinador artístico. Me imaginé que ese era el tal Rinkmon. No parecía ciertamente ser muy fuerte. El digimon nos sonrió con superioridad y se bajó de su silla. Patinó graciosamente hacía donde nos encontrábamos y nos miró de arriba abajo a ambos niños, ignorando nuestros digimon.
-Humanos… -murmuró.- que grata sorpresa, jamás había visto uno. ¿Vienen en mi busca? ¿Quieren que el poderoso Rinkmon los proteja de los peligros del Digimundo?- comentó con mucha arrogancia. Pude oír la leve risa de Terriermon, sabía yo que estaba tratando de ahogarla, pero un sonidito salió sin pena alguna de su hocico.
Rinkmon lo miró con furia, pero rápidamente volvió a ignorarlo. Se dirigió a mí y me tomó la mano, observando cada detalle en ella. Debo decir que me sentí nervioso e incomodo.
-Rinkmon, veníamos por información de Milleniummon.- terció Tk con seriedad.
Rinkmon soltó mi mano y se quedó viendo a Tk con sorpresa. Trató de guardar compostura y carraspeó.
-Ese es un tema que solo se maneja con personas a las que les incumbe la situación actual.- respondió bastante tranquilo, esto me enfureció.
-¡Mira Rinkmon! ¡Nosotros no tenemos tiempo para estupideces y mucho menos las de un granuja como tú! ¡Yo soy el niño destinado a derrotar a ese digimon malvado! ¡Así que por tu bien, será mejor que nos digas todo lo que sabes!- grité en su cara. Dejándolo más pálido de lo que ya era.
-Yo…- Rinkmon volteó a ver al suelo y luego subió la mirada con pesar.- No puedo decirles mucho, nadie sabe demasiado sobre él, excepto que es muy fuerte, nadie le ha podido derrotar, y los digimon se empiezan a poner nerviosos. No queremos que un Apocalipsis ocurra por culpa de un digimon tan estupido como él. Pero no podemos hacer nada, todos los que estamos aquí somos muy débiles. He oído que vive al norte de aquí. Obviamente en el suelo terrestre.- profirió Rinkmon avergonzado.
Un silencio incomodo se apodero de la sala. Nadie habló. Todos parecían reflexionar sobre las palabras de Rinkmon. Yo estuve apunto de pedirle perdón por haberle gritado. Pero Tk me interrumpió con un murmullo que apenas pude oír.
-Estoy preocupado Ryo, nunca había sentido una presencia tan poderosa. Ni con todo mi poder podría derrotar a un monstruo como él.- un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Si Tk no tenía el suficiente poder para derrotarlo ¿Cómo rayos lo haría yo?
Decidimos quedarnos un tiempo en aquél lugar para planear una estrategia de ataque, pues según Tk, al ganarnos el en fuerza, en lo que debíamos ganar forzosamente era en inteligencia y entonces si tendríamos una oportunidad.
Pasamos aproximadamente uno 3 meses escondidos en aquél refugio, siendo los protegidos de Rinkmon. Planeábamos día y noche como podíamos destruir a Milleniummon pero no encontrábamos una forma factible. Todo parecía en vano. Yo nunca había podido digievolucionar a Agumon, lo que resultaba ser otro obstáculo. Tk me decía que Agumon digievolucionaría solo cuando el tiempo fuera el correcto, pero yo no podía más que desesperarme. Quería pelear ya.
Todos los días se recibían cientos de huevos de digimon que habían sido asesinados por el cruel Milleniummon y su presencia hacía que la piel se me erizara. Tk se la pasaba escribiendo en servilletas cosas que según él se le ocurrían y que podrían resultar importantes en un futuro. Patamon y Agumon no hacían más que tratar de cuidar a los bebés que vivían en el asilo.
Un día Tk se veía más distante y pensativo que de costumbre, curioso decidí hablar con él, para averiguar que le molestaba. Resultó que según él, había ideado una manera de luchar contra nuestro enemigo. Emocionado me le quedé viendo.
-Temo que tendremos que hablarle a un amigo.- dijo con voz ronca.
-¿Un amigo dices?-pregunté confundido.
-Así es, se supone que el es un guerrero escogido por los dioses. No entiendo porque no han peleado contra Milleniummon.- murmuró mi amigo.- Tendremos que salir y llamarlo por su nombre, es la única forma en la que vendrá.- terminó mirándome a los ojos. Tragué saliva. Debíamos ya de regresar a tierra firme.
Salimos del refugio solo dos días después, tuvimos una fría despedida por parte de Rinkmon, y aunque Lopmon y Terriermon quisieron ir con nosotros, tuvimos que negarnos, pues claramente estarían más seguros en el palacio.
Salimos por un túnel que daba a la compuerta por la cuál habíamos visto a Terriermon la primera vez. Con trabajo salimos todos y nos sacudimos la arena del cuerpo. Entonces antes de que alguien pudiese decir cualquier cosa un malévola risa que hizo que mis piernas sintiesen un incomodo hormigueo se oyó.
Parado en la punta de la duna, con el sol en la espalda, se hallaba Milleniummon.
Su simple presencia hizo que retrocediese unos pasos. Su imagen podría haber aterrorizado hasta el más valiente. Tenía el cuerpo de Devimon, pero este se encontraba encorvado, sus dos largos pares de brazos llegan al piso, y su cabeza estaba cubierta por el casco de un Kabuterimon que así mismo cubría una gruesa melena azul. En su espalda se podía ver una sombra clara, que brillaba con colores blancos y dorados. Y encima de esta, los torpedos que Machinedramon poseía estaban tan brillantes, que parecían recién pulidos.
-¿Así que aquí se están refugiando esos desgraciados? – rugió con una voz casi tan grave como un contrabajo. Unas desagradables cosquillas habitaban mi nuca.
-¡Rize!¡Rize!- gritó Tk con todos sus pulmones, estaba muy nervioso y tenía miedo, igual que yo.
Nada apareció. Nada. Millenniumon soltó una fuerte carcajada.
-¿Rize? ¿Quién se supone que es ese? – río con ganas.
Tk y yo nos miramos, nadie había aparecido. Algo malo ocurría. Los guerreros elegidos de los dioses no nos ayudarían por razones fuera de nuestro conocimiento. ¿Qué podíamos hacer?
Rapidamente, Millenniumon pegó un salto, y aterrizó haciendo que la tierra temblase justo enfrente de nosotros. Se veía imponente, y hasta yo pude sentir la maldad que irradiaba de su aura.
Tk y yo nos congelamos en nuestro sitio. Estábamos perdidos.
-¡Agumon!- grité desesperado y con mucho miedo. -¿Puedes digievolucionar?- Agumon no contestó mi pregunta, se encontraba intimidado y tartamudeaba. Patamon se encontraba en un estado parecido, todos teníamos mucho miedo.
-¡Cobardes! ¿Nadie se enfrentará a mi?- preguntó con ira.- Si alguien no se decide, los mataré a todos en un santiamén.-
Tk pareció agarrar valor y dio un paso hacía delante. Una cara de concentración inundó sus facciones. De sus manos, comenzarón a salir calientes llamaradas, que lanzó con habilidad contra nuestro enemigo. Este las recibió y retrocedió un poco, pero no fue demasiado afectado.
-¿Cómo osas hacerme daño?- se quejó Millenniumon.- Te daré tu merecido maldito humano.-
Millenniummon se lanzó contra Tk. Este salto y evitó el ataque, pero yo estaba en la mira. Estirando el brazo me tomó por el tronco y apretó. Pude sentir como mis costillas comenzaban a ceder. Entonces grité. De dolor, de miedo, y de muchas otras cosas. No podía yo hacer esto. Yo no era igual que Tk, era un simple niño. Un simple niño. Entonces vi a Agumon que corría dirigiéndose a mí. Todo ocurría despacio. Demasiado despacio. Vi la preocupación y la tristeza en sus ojos. Y entonces me di cuenta. Si continuaba así, yo moriría. El pensamiento me atravezó el cerebro como un rayo. No podía morir en ese lugar. Aún no conocía a mi compañero digimon. Aún no lo conocía. Sentí un calor extraño en mi cuerpo. Venía de mi muslo derecho. Entonces recordé. En ese bolsillo se encontraba mi digivice.
-¡Agumon digivolves a Wargreymon!-
Agumon había digievolucionado y se veía majestuoso. Su fuerza irradiaba mi cuerpo. Millenniumon me soltó y caí con un golpe seco al piso. Pude incorporarme con trabajo para ver la pelea. Tk se acercó a mí y me tomó del brazo, tratando de ayudarme, pero yo no me di cuenta. Yo estaba impactado viendo que lo había logrado. Mi decisión había hecho posible la digievolución de Agumon. No era un inútil después de todo. Una delgada sonrisa se posó en mis labios.
La batalla era difícil, mas no imposible. Estaban muy reñidos, pero yo notaba que Millenniumon consideraba a Wargreymon como un molesto bicho. Tk me llamaba pero yo no comprendía lo que decía, era como si estuviese en un trance. Millenniumon golpeó a Wargreymon con tanta fuerza que lo tiró al suelo. No pude resistirme. Corrí en dirección a Wargreymon sin hacer caso a los gritos de Tk. Llegué con el dinosaurio y lo observé, simplemente estaba mareado. Entonces lo oí. Millenniumon estaba apunto de atacarme por la espalda.
-¡NOOO!- oí que alguien gritaba. Me tapé los oídos y cerré los ojos con fuerza esperando el golpe. Este nunca llegó. Me voltee tímidamente para observar lo sucedido. Mis ojos se abrieron como platos ante lo que aparentemente veía. Millenniumon estaba cubierto de hielo. Congelado. Sin movimiento alguno. Voltee a ver a Tk sorprendido. El solo se miraba las manos con asombro. Wargreymon se paró con esfuerzo y miró lo que pasaba. El no se imaginaba como Millenniumon se habia congelado. Pero no se puso a pensar mucho en ello.
-¡Great Tornado!.- convirtiéndose en tornado, taladró con sus garras a Millenniumon, atravesándolo y convirtiéndose en un DigiTama. Este cayó hacía mis manos, pero antes de que eso pasará este despareció de la nada.
Mire a Tk preocupado, pero el negó con la cabeza. Por ahora no debíamos de preocuparnos por aquél digimon malvado. Con una sonrisa Tk alargó su mano para agarrar la mía y darle un apretón amistoso. Se veía mucho más brillante que como lo había visto en los últimos días, como si un peso enorme se hubiese levantado de su espalda.
-Es hora de volver.- pronunció sonriendo.
No pude evitar yo también sonreír. Era verdad.
Agumon se separó de nosotros en el camino de regreso. La despedida fue amistosa y no triste como yo había creído que sería. A pesar de que Agumon me había acompañado de gran manera en los últimos meses, la conexión que yo pensaba debía haber entre digimon y camarada no existía entre nosotros, había ganado un amigo, pero no había encontrado aún a mi compañero. Agumon dijo que debía regresar con sus amigos digimon, pero le hicimos prometer no mencionará a Tk, siendo tan bonachón como de costumbre Agumon aceptó con una sonrisa. Internándose en un bosque.
Cuando llegamos a casa del Maestro Youta, este nos exigió que contáramos todos los detalles. Tk le sonrió con complicidad cuando mencionó que había "congelado" a Milleniummon. Youta lo felicitó al instante, pero Tk dijo que sino hubiese sido por mi, su mejor amigo, nada de eso hubiese ocurrido. Youta asintió y me dio las gracias. No entendí muy bien porque, pero las acepté de todas maneras sonriente. Había encontrado algo muy valioso en el Digimundo. Algo que yo sabía, jamás podría olvidar, y eso era el valor de la amistad.
Tks POV
Ocurrió poco después del regreso de nuestra travesía. Ryo y yo nos llevábamos mejor que nunca y yo no podía más que apreciar lo que había hecho por mí. Después de todo, sin él, yo jamás hubiese descubierto el poder de la amistad. Hielo. Que curioso era, que un sentimiento tan cálido, tuviese como resultado el poder del hielo. Definitivamente no pude más que acordarme de Matt y sonreír. Ahora lo comprendía, podía comprender a Matt. Mi sonrisa se esfumó cuando comencé a preguntarme que estaría haciendo en aquél momento. Mis pensamientos fueron interrumpidos por Liollmon, queme miraba fijamente.
-¿En que piensas Tk?- preguntó preocupado.
-Nada, nada importante Liollmon.- dije sonriéndole. Me encontraba muy feliz pues tenía un amigo de mi edad conmigo. Nada podría quebrar mi humor. Excepto exactamente lo que ocurrió después de la cena. Luego de haber comido hasta atragantarnos Youta nos hizo esperar un poco para conversar con todos. Ryo y yo nos miramos, pues no teníamos idea de lo que trataría todo el asunto. Mi Maestro se quedó callado por unos minutos. Reflexionando lo que iba a comentar. Entonces, sin avisar, comenzó a hablar.
-En el tiempo en el que estuvieron fuera tuve una visita. Gennai vino a verme.- empezó sin saber muy bien como seguir.- Me comentó algo que tengo que decirles a ustedes lo más pronto posible, no lo había hecho hasta el momento pues se que son grandes amigos y no sabía como lo tomarían. Millenniumon se encuentra en otra dimensión causando desastres en estos instantes.- paró en seco al ver nuestras expresiones.-Ryo debe seguirlo, es su deber detenerlo.-
-Entonces debemos seguir peleando contra él. Esta bien. No descansaremos hasta verlo en paz, no podemos dejar que lastime a nadie más. No importa si tenemos que ir a otra dimensión.- dijo Ryo mirándome buscando mi aprobación. Yo solo asentí, pensando lo mismo que él.
Youta nos miró y suspiró.
-Temo que así no podrán ser las cosas.- dijo mi Maestro-
-¿Qué quiere decir Maestro?- pregunté curioso.
-Ryo deberá ir solo, tú ya tienes otra misión a tu cargo Tk, no puedes ir.-
Voltee a ver a Ryo sorprendido, una ola de furia contra el Maestro comenzó a moverse en mi estomago. Ryo me miró, pero sus ojos no reflejaban el mismo enojo que yo. Sonrió y asintió. Me quedé frío.
-Creo que será lo mejor, no puedo tenerte salvándome todo el tiempo Tk, debo de cumplir con mi propósito por mi cuenta.-
Miré al piso confundido. Yo no quería separarme de Ryo. El se había convertido en mi mejor amigo. Y lo apreciaba bastante.
-Tk.- Patamon comenzó a hablarme.- Es lo mejor, tu ya tienes otra misión. Se podría decir que la misma que Ryo, pero en dimensiones distintas. Debes comprender que cada quien tiene una responsabilidad.-
Mire a Patamon y luego asentí con pena. Ryo me sonreía.
-Te extrañare mucho amigo.- dijo alargándome la mano, sacudiéndomela con fuerza.
Entonces paso. Ryo comenzó a desaparecer. Una luz cegadora comenzó a cubrir su cuerpo y a tragárselo. Ryo me sonrío y se despidió con la mano una última vez antes de desaparecer.
-Nos veremos pronto, estoy seguro.- fueron sus últimas palabras antes de deshacerse en el aire.
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Mj
