.
Por pedido está de nuevo online.
.
Primera publicación: 2013
Resubido: 28 de enero 2018
.
III
Las Ventajas de Estar Soltero
-Bajo Cero-
´*•.¸(*•.¸ ¸.•*´)¸.•*´ ´*•.¸(*•.¸ ¸.•*´)¸.•*´ ´*•.¸(*•.¸ ¸.•*´)¸.•*´
POV ASH
´*•.¸(*•.¸ ¸.•*´)¸.•*´
Estaba nervioso para que iba a mentir, realmente me levante con muchas ganas de volver el trato a atrás pero no podía acobardarme. No con Misty después de todo el avance que habíamos hecho… ni que fuera tonto.
¡See tengo la cara pero no lo soy! Creo…
Así que tras pedirle que me dejara solo. Le eché una mirada a mi celular desarmado sobre el velador y me dispuse a armarlo. ¿No sería muy difícil, no?
La batería tenía tres rayas… supuse que ahí iban las tres cositas del teléfono…
Puse la batería, la tapa y lo prendí. Cuando apareció mi imagen de fondo me la quede viendo un rato… En esa foto estaban todos mis amigos, aprovechando el uso de la tecnología, solo tenía que mover la pantalla de derecha a izquierda y la podía ver completa, claro que la imagen que más me gustaba era la que se veía como central, puesto que salíamos Misty, yo y detrás, mi Madre… es como si la foto hubiera sido tomada apropósito para que así se viera. Esa foto aunque tenía cinco años… me encantaba.
Lástima que fue cubierta por la cara sonriente de mi ex, cuando el teléfono empezó a sonar…
Debería haberla eliminado.
—¿Qué quieres? —le pregunté de manera cortante.
«Aún con Misty»
—Sip —respondí—, ¿algún problema?
«¿Te vas a quedar con ella? ¿No vas a volver?»
—Primero —le dije enumerando con los dedos, aunque no pudiera verme—, tú me terminaste a mí. Por ende, segundo, no voy a volver contigo y tercero… Sí, me voy a quedar con ella. Te lo vuelvo a repetir, ¿algún problema?
«No. Está bien, me rindo. Se feliz Ash.»
Y cortó.
¿Extrañó, no?
Pero así son todas las chicas en las que me fijo, ¡unas locas! Empezando por la que anda paseando con mi Pikachu. Ésta que me dice que me quiere, pero que es mejor jugar que tener una relación normal. ¡Genial! Creo que tengo un imán para mujeres locas. ¡Si señor!
Fui a comprar uno que otros víveres para preparar algo de comer, quería hacer algo acorde al traje que había elegido, así que me dispuse a hacerle de un excelente mayordomo.
Tras regresar de las compras, me puse a preparar el almuerzo, y luego me fui a poner el ridículo traje de mayordomo que consistía en una camisa blanca, moño blanco, pantalón y chaqueta larga negra, y guantes blancos. Parecía un muñequito de torta y deje de mirarme al espejo o me darían ganas de hacerme bullying a mí mismo.
¡Ay Misty las cosas que tengo que hacer por ti!
Bueno, cuando llegó espantada por encontrarse con un menú de pokémon de agua, le serví los omelette que había preparado que me quedaron de maravilla jajaja y que ella se comió muy gustosa para elevarme el ego.
Luego, se le ocurrió jugar a que yo era su mayordomo y ella mi jefa.
¡Pero esas locuras si me gustan!
Y me daba risa la cara de Misty cada vez que le llamaba "My Lady" era como que se sonrojaba y le daba algo raro porque incluso hasta perdió el equilibrio y se patinó del sillón.
Me agaché para ayudarla a levantar, pero la cercanía me condenó y mirar sus labios fue mi muerte. La besé, pero para mi suerte… ella respondió…
Luego de eso pasamos una tranquila tarde de películas, y estar acurrucado a su lado creo que fue lo mejor.
Pero ya era la hora de hacer el ridículo. ¡Un poco más de lo normal!
Empecé a quitarme los guantes pero Misty enseguida me detuvo con los ojos entrecerrados.
—¿Qué? —pregunté.
—Te quiero con el moño y los guantes… —ordenó.
—Misty —le dije con una sonrisa ladeada— desde cuándo tan perversa…
—¡No preguntes! —protestó volviendo a la silla desde donde me observaba.
Me desabroché el único botón de la chaqueta negra y me la quité lanzándosela, ella estaba muerta de la risa pero cuando empecé a desabrocharme los botones de mi camisa, ella volvió a levantarse para ayudarme en la labor, luego apoyó sus suaves manos en mi pecho, y tuve que cerrar los ojos para no irme del juego.
—Uf… —me dijo mientras movía sus manos por mi pecho hasta mis hombros para quitarme la camisa—, ¿ves? —dijo con la voz casi ahogada—, esto no podía hacerlo en un stripper…
—Misty… —susurré, pero ella se separó justo antes de que la atrapara entre mis brazos y ya no la soltara.
Continué, con la polera fuera, solo quedaba el pantalón que si no mal me dijo la mujer de la tienda tenía que tomarlo y jalar hacia delante. Así lo hice y quedé en bóxer, Misty me miró como si estuviera viendo el más suculento de los helados, y la verdad… Ya no podía con esto, me dejé caer resignado sobre la cama.
—¿Qué haces? —protestó levantándose nuevamente de la silla, pero solo estiré ambos brazos para mantenerla alejada de mí—. ¿Qué?
—Ya… ya basta —le pedí—. No más Misty…
—¿Por qué no? —volvió a protestar, ya estaba cansado del juego. Sinceramente ambos estábamos en distintos canales… como siempre…
—No creo que pueda detenerme si continuó —le conté resignado.
—¿A qué te refieres? —se sentó a mi lado y me abrazó, sentir su cuerpo pegado al mío no fue algo que me hiciera bien en este estado. Sentía que ardía por dentro, sentía que necesitaba calmar la sed que me provocaba esta mujer.
Y en ese momento, sentí sus labios en mi hombro y a lo largo de mi cuello. ¿Acaso quería matarme?
—Misty…
—Ash… —y cuando la miré no hubo tiempo para nada más, asalté su boca sin compasión y lentamente me recosté sobre ella recorriendo su cuerpo con mis manos. ¿Acaso me morí y estoy en el cielo?
Tener a Misty entre mis brazos era tan…
¡Ash! ¡No pienses!
Tomé a Misty en cuerpo y alma, porque realmente después de tenerla entre mis brazos descubrí a ciencia cierta las diferencias entre tener sexo y hacer el amor…
Sin dudas, por primera vez en mi vida, había hecho el amor… y descubrir que era la primera persona en la vida de Misty solo me confirmó que menos quería dejarla ahora. ¡No! Así se fuera al fondo del mar, al fondo del mar la seguiría hasta que se resignara a estar conmigo por el resto de nuestras vidas.
¡Lo juro!
…
Cuando me desperté al otro día sintiéndome el hombre más feliz del universo, giré sobre mi posición para ver a la mujer más hermosa del mundo… pero no estaba.
Desperezándome, me levanté pero no encontré a Misty en ningún lado de la cabaña.
—No me digas que… —maldije en voz alta. Tomé mi teléfono y empecé a marcar el de Misty, una, dos, quince veces y no respondió a ninguna de las llamadas.
¡Mujer loca!
Rápidamente busqué ropa, me vestí y guardé todo dentro del bolso que había traído. Luego, desperté a Pikachu y tras cerrar las cañerías de agua y gas, cerré la cabaña para volver a ciudad Celeste y que la tipeja ésta me escuchara.
Pero cuando llegué al centro pokémon por mis pokémon…
—¿Vas a retirar los de Misty también? —me preguntó Joy y la miré sorprendido. Misty no se había llevado a sus pokémon… Ok… ya tenía donde atacarla.
—Si enfermera —le afirmé, ésta se fue y regresó con las pokébola. Tras guardarlas en el bolso me despedí de la enfermera de cabello rosado y me encaminé a ciudad Celeste nuevamente.
Ya estaba sobre el bus cuando sonó mi teléfono.
«Gimnasio de Ciudad Celeste»
Con una sonrisa en mis labios, contesté.
—Ash Ketchum.
«¡¿Por qué tienes mis pokémon?!» me gritó molesta. Pero no le iba a dar el gusto.
—Porque huiste como rata y te fuiste sin tus pokémon… Pero no te preocupes, los cuidaran bien en el laboratorio del profesor Oak.
«¡No te atrevas!» me amenazó.
—¿Sabes? No te escuchó bien.
«¡Ash!» gruñó, pero corté la comunicación.
Se había ido y más encima se atreve a llamarme para regañarme… Oh no, ya no iba a dejar que siguiera teniendo el control.
Cuando llegué a ciudad Celeste, iba con todo el ánimo de decirle unas cuantas verdades en la cara. ¡Ahora me quedaba claro el porqué de su estúpida lista!
Ella se había vuelto una cobarde.
No había luchado como la sirenita de la película, se había vuelto espuma como la del libro de cuentos…
¡Ahhhh, ¿por qué es tan complicada esta mujer?!
Tomé el camino al gimnasio pero me arrepentí a medio camino. Estaba demasiado ofuscado y no quería decir cosas que lamentara después. Entré en una cafetería a tomar un café para pensar que haría, cuando la imagen frente a mí me dejó helado… toda mi sangre se había congelado en mis venas. Estaba bajo cero…
Frente a mí, mi extraviada sirena abrazada a Giorgio. ¡Si A Giorgio! ¡Incluso tenía su frente apoyada en la de él!
Oh Arceus, sentí muchas ganas de vomitar… ¿Acaso solo quería la experiencia de una aventura antes de volver con él? ¿Qué demonios?
No pude sostener más la mirada, tomé sus pokébola y me acerqué a la mesa continua a donde estaban muy acaramelados y las dejé ahí.
—¡Tus pokémon! —le dije con toda la rabia que había en mí, ella cortó el abrazo con Giorgio y me miró espantada. Claro, seguramente no esperaba verme ahí.
—¡Ash!
—No digas nada, no te preocupes. No sabrás más de mí —salí de ahí tan rápido que oí como detrás de mí, varias sillas se estrellaban contra el piso. Tomé aire y como no lo hacía hace mucho tiempo, corrí para alejarme de aquella ciudad antes de que me destruyera más de lo que me estaba.
Cuando me alejé lo suficiente volví mi mirada hacia ciudad Celeste.
Se dice que las cosas pasan por algo, ¿no?
Quizás era hora de simplemente… cerrar el capítulo... de terminar la historia.
