"Luchando contra lo imposible"
Capitulo 7: Oscuridad
Escuchaba a mi madre llorar, quería abrir los ojos y decirle que nada malo pasaba, pero el negro no quería desaparecer y me impedía abrir mis ojos.
Hice el esfuerzo necesario para abrirlos, hasta que lo conseguí.
Mire mi alrededor y me di cuenta que está en una sala del hospital.
Estaba conectada a miles de cables y tenía un respirador, me lo quise quitar pero la mano de mi madre se interpuso
-No, aun no cariño – la mire confundida, viendo como las lágrimas seguían cayendo por su hermoso rostro. Las limpie y trate de sonreír, pero me era imposible… Las imágenes venían a mí como un balde de agua frio. La maquina índico que mi corazón se acelero, y al instante entro la enfermera
-No pasa nada – dijo mi madre – puede retirarse – la enfermera gustosa salió.
-Hija… oh dios mío, como me has asustado – dijo ahora apoyándose en mi pecho – que ah sucedido – pregunto llorosa
-Nada mamá – mentí
-¿Cómo que nada?... ¡como que nada! – dijo ahora de pié con las manos en la cabeza – estas con anemia, entiendes, tienes que comer… oh por Dios, hija mía… no sabes el susto que me diste, por un momento creí que no te volvería a ver… - y de nuevo callo apoyada en mi pecho, trate de acariciar su cabello. – Me mentiste – dijo de pronto
-¿Por qué? – dije confundida
-Decías que comías, y no es cierto, tu no comes, tienes un desorden alimenticio enorme… y me niego a creer lo que dice el doctor – dijo marcando el seño
-Que es lo que dice el doctor – dije espantada
-Tienes anorexia… - dijo más bien como una afirmación
-Mamá… yo…
-La tienes… ¡oh por Dios! Creía que todo estaba bien – dijo ahora volviendo a las lagrimas – algo malo tuvo que dejar todo lo ocurrido – pensándolo bien… tenía razón, algo malo tenía que dejar
-Hija – dijo tomando mi mano que llevaba el suero – prométeme algo – dijo mirándome directamente a los ojos. Defectuosamente asentí con la cabeza – tienes que comer.
-No lo sé – dije sinceramente. Ella amargamente me miro y acaricio mi mejilla. Luego dio un largo suspiro
-Tu padre se ha preocupado… - dijo mirándome detenidamente – está aquí – el miedo y odio acumulado me invadió
-¡¿QUÉ, QUÉ? – Dije defectuosamente - ¡Que has hecho! Él no puede venir…
-Porque no puedo venir – dijo ahora frente a mí. Quería escupirlo, si quería escupirlo, quería golpearlo, si, también quería eso… era un odio e impotencia terrible
-Sal de aquí – dije desviando su mirada
-Yo me preocupo por ti hija – dijo acercándose a mí
-¡sal! – Grite – ahora
-¡No! – se atrevió a levantarme la vos. Note que mamá ya no estaba… sería mejor.
-Para que mierda vienes aquí… ah molestar, sabes realmente no hace falta – escupí en su cara – bastante ya HICISTE.-
-Hija… - dijo con un intento de vos tierna, cosa que no le salía – yo… yo estaba preocupado por ti, temía por ti
-Así – dije – igual temías de esa manera cuando intentaste matarme a mí y a mi madre – afirme secamente
-No… es distinto. Hija no te das cuenta que yo cambie – dijo marcando el seño – te juro que haría lo posible por recuperar tu confianza… la de tu madre me la estoy ganando de apoco, y quiero reparar todo el daño hecho – dijo sinceramente, pero notaba que aquella sinceridad no llegaba a sus ojos
-Trataré de creerte – dije sinceramente; ahora estaba confundida – Deberías empezar ayudando a mi madre con el dinero que nunca das para nuestros estudios y con el psiquiatra que ella necesita, por todo lo que ella sufrió por tu culpa – golpe bajo. Pensé
-¡de apoco! – me grito. Ahí estaba el ser sin corazón, parado ante mí. Quería ponerme de pie, levantar mi mano y plantársela en la cara. Hice el ademán para quedarme quieta en mi cama
-Sal de aquí viejo de mierda – dije – Sabes que todo lo que hiciste nunca te lo perdonaré. Quizás con él tiempo, si es que llegas a cambiar, mi pensamiento cambie, pero nunca por completo.
-Yo… - dijo impactado – al diablo – dijo acercándose a la puerta, veía en su cara la furia contenida. Sentía que en cualquier momento se abalanzaría ante mí y me mataría… no sería mala idea, acabaría con esto, con todo…
-Porque te quedas hay parado como un loco – dije – a cierto eres un loco enfermo – lo tenté. Vi como temblaba, sentía que tenia la intensión de retroceder y acabar conmigo, pero algo lo detuvo, me miro con odio por última vez y salió de la habitación…
Quizás quiera cambiar. Lo dudo.
-Hija… - dijo René entrando a la habitación
-Mamá quiero irme a casa. Estoy bien, vámonos por favor – dije con lágrimas en los ojos. Mi madre me abrazo y solo asintió con la cabeza. Me soltó y corrió fuera de la habitación
-Nos vamos – dijo pasándome un poco de ropa. Llego la enfermera y me saco todo el cablero. Algo indefensa me puse de pie, tome la ropa y la enfermera me indico donde estaba el baño. Mire mi rostro en el espejo y tenía unas ojeras enormes… santo dios que mal estaba. Moje mi rostro, y las lágrimas se mezclaban con el agua, me quite rápido esa fea bata que te dan en el hospital, poniéndome un pantalón de buzo con una musculosa negra.
-Listo – dije saliendo del baño, mamá me esperaba de pie, con mi chaqueta en su brazo. La tome y me la puse. Suspiré pesadamente cuando al fin nos encontrábamos fuera del hospital. Me di cuenta que aun las lágrimas no dejaban de caer, eran muchas cosas en tan poco tiempo. Necesitaba una conversación urgente con mi madre, no, no… necesitaba soledad.
-Necesitas algo – dijo mi madre mientras me tapaba con las frazadas de mi cama
-No mamá. Gracias – mamá salió de la habitación dejándome sola…
Aquel dolor en el pecho volvió, y cuando sentí el ruido de la puerta cerrar, deje que saliera el gran gemido que tenia escondido. Sabía algo; estaba mal. La luz de mi vida se había terminado, ya nada tenía sentido, y nada me importaba.
