Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, pero la historia sí.

No permito que se publique en cualquier tro lado.

Fafic dedicado a Patricia Gracia: mi mayor apoyo para el SasoSaku

y a la página Sasosaku Love por permitirme promocionar el fanfic.

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8

Una historia, muchas lagunas

Sasuke concluyó su movimiento con una estocada de su katana cerca de la nariz de Kakashi, quien trastabilló hasta caerse. Ambos respiraban acompasadamente, pero los ojos de Sasuke habían adquirido una oscuridad especial, una oscuridad que aparecía únicamente durante su entrenamiento. Él era quien había tenido los mejores resultados desde que habían iniciado el entrenamiento dos días atrás. Aún no podía maniobrar muy bien la katana y esquivar los golpes de Kakashi al mismo tiempo, pero estaba seguro de que pronto lo conseguiría.

Naruto soltó un alarido de desesperación en el siguiente vagón. Iruka lo estaba entrenando y no conseguía darle un solo golpe. Antes de usar la espada, le habían hecho jurar que debía mejorar su "taijutsu", como lo había llamado Gai, o mataría a todos por accidente.

— Has mejorado mucho. — le dijo Kakashi a Sasuke mientras se ponía de pie. —Pero estás descuidando tu espalda y tus piernas; no mires sólo el rostro, busca los puntos débiles y atácalos.

— Es muy difícil si además tengo que protegerme el cuello y los brazos. Sólo busco un ataque acertado entre los ojos. — respondió Sasuke desviando la mirada. — Sería más rápido matarlo de ese modo.

— Sin embargo, lo que buscamos es desarmarlo, no asesinarlo. — corrigió Kakashi. — Mírame, Sasuke. — ordenó, pero su alumno no obedeció hasta pasar varios segundos. — No somos nadie para juzgar las acciones de Sasori, así que no está en nuestras manos…

— Él nos asesinaría a la primera oportunidad que tuviera, Kakashi. ¿Ya olvidaste que fue tu padre el que asesinó a sus padres? Sólo quiere a Sakura para atraerte y matarte, no me parece prudente dejarlo con vida. Lo mataré si tengo la oportunidad.

— Eso te llevará al fracaso. Primeramente, debes conocer sus ataques para planificar una estrategia, y luego ponerla en práctica. Si atacas sin pensarlo, le estás dando la oportunidad a tu contrincante de leer el patrón de tus mandobles y eso sólo conseguirá que te mate de inmediato. Sé inteligente, Sasuke. Las peleas no se ganan por fuerza, sino por inteligencia. — advirtió con tono neutro. — Tenemos que salvar a Sakura sin permitir que nos maten, ¿comprendes?

— Hmph. — contestó desviando nuevamente la mirada. — Voy a recostarme un rato, me duele la cabeza. — dijo antes de descender por las pequeñas escaleras que daban a la ventana de la recámara de Sakura.

Apretó la mandíbula. Detestaba no haberla podido cuidar, detestaba haberla forzado de ese modo a no fallar, detestaba haberle fallado también a ella. Sakura sólo quería liberar a Konoha y él le había cargado en sus hombros la responsabilidad de su venganza, como si ella perteneciera también a los Uchiha y fuera su deber hacerse cargo de los asesinos del clan.

Se había cegado por la sed de venganza y eso había provocado que olvidara lo que de verdad importaba. Quizá Danzou ya le había quitado a su familia y su libertad, pero él debía cuidar lo que aún tenía, lo único que tenía: el equipo siete, sus únicos amigos. Lo único que podía hacer para arreglar el error que había cometido era rescatar a Sakura y si eso implicaba tener que asesinar a Sasori y a todos los miembros de Akatsuki, entonces lo haría, no tenía problema alguno en acabar con la vida de una o más personas.

Salió de la recámara de Sakura dando un portazo. No se detendría, a diferencia de Naruto o Kakashi, para admirar las cosas que Sakura había dejado; ella no era la ropa que usaba o los decorados de la habitación y lo único que le importaba rescatar era a Sakura en sí, no a sus propiedades.

Cruzó la pequeña sala del equipo siete en tres zancadas y entró a su cuarto casi arrancando la perilla de la puerta. Podía sentir el odio correr por sus venas. La impotencia, la vergüenza, la culpa, cada error cometido le recordaba lo cerca que estaba de ser la peor persona del planeta, el peor miembro del equipo siete. Se dio la vuelta para recargar la frente en la puerta y golpear sin mucha fuerza la pared a su lado antes de colocar las manos detrás de su nuca.

No era como si todavía sintiera algo de amor por Sakura, ni siquiera sabía si era eso lo que había sentido durante su noviazgo, sino que era el reproche que él se dirigía cada vez que se recordaba la promesa que hicieron Naruto y él la primera vez que vieron a Sakura llorar a causa de la lluvia: ambos cuidarían de su sonrisa.

— Tsk. — maldijo por lo bajo jalándose el cabello. Se había prometido no volver a perder a los seres que apreciaba y nuevamente había fallado. No sólo era incapaz de vengar a su familia, sino también de mantener una promesa.

— No creí que estuvieras tan abatido por la desaparición de una chica tan inútil como ésa, Sasuke-kun. — dijo una voz a varios metros de él, recargado en su armario y con los brazos cruzados.

Sasuke se dio la vuelta para enfrentar a su intruso. No lo conocía, no era alguien de Konoha y no entendía cómo demonios se había metido a su habitación. Cada tren estaba diseñado para evitar que un habitante fuera de la comunidad pudiera adentrarse en él… o al menos eso era lo que siempre les habían dicho.

— ¿Quién eres y cómo sabes mi nombre? — preguntó Sasuke desenvainando su katana. — Habla rápido o te cortaré la cabeza.

— Sasuke-kun, no creo que debamos llegar al extremo de pelear, tú y yo no somos enemigos, después de todo. Estoy aquí para proponerte un trato que estoy seguro te ayudará a despedirte de esos demonios que te carcomen. — susurró con una leve sonrisa. Sus ojos apenas se vislumbraban a través de sus gafas redondas. — No dices nada, ¿ah? ¿Es que estás interesado?

— Quiero la cabeza de Sasori de la Arena Roja en una bandeja de plata y no creo que la tengas entre tus ropas. — respondió Sasuke con obviedad. — Nada de lo que tengas, en ese caso, me puede interesar.

— ¿Y qué tal poder para matar a Sasori-kun? — cuestionó Kabuto divertido al ver el cambio en la expresión de Sasuke. — Poder suficiente para matar a Danzou y sus compinches, poder suficiente para salvar a Sakura Haruno y vengar a tu familia. ¿No es eso lo que más quieres, Sasuke-kun?

— Hmph. — contestó él sopesando la posibilidad de que fuera un subordinado de Danzou para probarlo. Sólo ellos podrían entrar y salir de los trenes cuando quisieran y si aceptaba el trato, seguramente lo mandarían matar de inmediato, considerándolo una amenaza para Danzou. — No, no me interesa. — dijo en medio de un suspiro de aburrimiento. — Ningún camino fácil me llevará a lo que deseo.

— ¿Y cuánto tiempo crees que tardes entrenando para estar a la altura de Sasori-kun? Ya pasaron casi seis semanas y nadie lo ha encontrado todavía. Es bastante bueno en lo que hace.

— ¿Qué te hace pensar que yo no estoy a su nivel? — siseó furioso. Detestaba que lo consideraran inferior a un niñato de su edad, que lo consideraran inferior a cualquier persona. Él era el habitante de su edad más capacitado en Konoha, por lo que no debían subestimarlo.

— Bueno, él no sólo puede maniobrar mejor una katana, sino puede hacer que sus marionetas también lo hagan con la misma maestría. Yo… sólo digo que tal vez necesitas un empujón para derrotarlo. Ya te lo dije: no soy tu enemigo, busco ser tu aliado.

— ¿Por qué quieres matar a Sasori?

— Oh, no, no quiero matarlo, el poder te lo otorgaremos y con él tú puedes hacer lo que se te plazca, pero no quiero matarlo.

— ¿Otorgaremos? ¿Tú y quién más?

Kabuto soltó una ligera carcajada de disculpa. No podía creer la ingenuidad de los habitantes en Konoha y los demás trenes: de verdad creían que el sistema sólo le pertenecía a Danzou, desconocían quién estaba detrás de todo eso, desconocían quién controlaba la población y desaparecía a las mejores piezas de los trenes. Desconocían al hombre más peligroso en esa sociedad tan torcida.

— Orochimaru-sama es un hombre muy cuidadoso, que prefiere mantenerse en las sombras y ocultar a sus discípulos de Danzou.

— ¿Acaso es su aliado? — espetó Sasuke apretando los puños. — ¿Quién es ese Orochimaru?

— Un hombre poderoso que puede darte la misma cantidad de poder a un costo muy bajo, algo que darías sin rechistar.

Sasuke entrecerró los ojos con desconfianza. Algo no marchaba bien en esa conversación. Si le estaba ofreciendo algo tan especial como poder ilimitado, entonces el costo no debía de ser tan bajo e ínfimo como lo planteaba. En ese caso, no sabía qué tanto podría dar para salvar a Sakura.

— ¿Cuál es?

— Tu sangre. — contestó casi con satisfacción.

— ¿Qué tanta? — cuestionó a pesar de adivinar la respuesta.

— Toda.

Claro, el precio de una vida por otra. Sasuke asesinaría a Danzou, pero a cambio debía entregar su sangre a un hombre cuyas intenciones desconocía. Tal vez aquel sujeto sólo era peor que Danzou; después de todo, no era normal que las personas pepenaran por sangre.

Confundido, ladeó la cabeza. Por supuesto que quería salvar a Sakura, por supuesto que sí, por supuesto que quería vengar a su familia, ¡demonios, claro que sí! Pero no creía que ésa fuera la manera correcta de hacerlo. No tenía la garantía de que ese hombre no lastimaría a Naruto o a Sakura y no podía arriesgarse a ello. Sin embargo, el deseo por el poder nublaba sus perspectivas.

Kabuto, mientras tanto, disfrutaba de los líos en la cabeza de Sasuke. Era consciente de la inteligencia que había demostrado, pero aún tenía suficientes oportunidades de convencerlo. Y si no lo conseguía en ese momento, sabía que pronto caería en la tentación. Hombres como Sasuke siempre estaban sedientos y Orochimaru le ofrecía un oasis sólo para él.

— ¡Cierra la boca, Naruto! — gritó Ino desde la sala del equipo siete. — No rescatarás a Sakura sólo hablando, debes entrenar y mantener tus pensamientos en ella y no en banalidades como el ramen. ¿Acaso crees que ella se convirtió en médico pensando en Sasuke-kun? — espetó harta de sus tonterías.

Entonces Sasuke se percató de las certeras palabras de Ino. Era verdad: Sakura nunca había buscado un camino fácil y si había dado cada gota de su sangre había sido con la esperanza de ayudar a los demás, de hacer el bien. Si Sakura era la mejor médico de Konoha había sido causa de su propio sudor.

La firmeza coloreó los ojos de Sasuke. La respuesta a la propuesta de Kabuto era evidente.

— Lárgate si es que no quieres que te mate. No soy ninguna marioneta y no me dejaré engatusar por nadie. — advirtió acercándose a él. — Abre la maldita ventana y vete.

Kabuto, sin ápice de asombro, se acercó a la ventana y tiró de ella para abrirla. Esa ventana sólo se abría bajo el contacto de alguien que tuviera el tatuaje de Konoha en el pecho, así que eso respondía a una de las preguntas de Sasuke: ese sujeto en algún momento había pertenecido a la Hoja.

— Nos vemos pronto, Sasuke-kun. — se despidió Kabuto antes de salirse del vagón.

Sasuke apretó los puños para evitar su impulso por arrojar la katana a la ventana con el fin de matar a ese desgraciado. Su cinismo le hartaba, le frustraba. No obstante, lo que más le molestaba era el hecho de que había sopesado la oportunidad que le había brindado. Como si Sakura estuviera perdiendo su tiempo en ese momento.


Sakura hizo un mohín ante la negativa de Sasori. Si Sasuke hubiera sabido lo que estaba pidiéndole a Sasori, no volvería a pensar que ella sólo hacía o decía cosas provechosas. Para Sasori, todo lo que tenía que ver con Sakura era una estupidez innecesaria para cualquiera que la rodeara.

— Pero no tengo más ropa; no puedo andar con una sola vestimenta durante cuarenta días. — chilló Sakura persiguiendo a Sasori desde su habitación hasta la salida.

— A mi parecer, lo has sobrellevado bastante bien. — contestó Sasori sin dedicarle un ápice de interés.

— Sí, pero es agotador tener que lavarla todas las mañanas.

— Lávala todas las noches, en ese caso. — respondió Sasori exasperándose a medio metro de la puerta.

— ¡No! Tú pasas la noche en tu habitación, maldito pervertido. — espetó Sakura molesta.

— Niña, de verdad, no me interesa verte ni con ropa ni sin ella, así que deja de pensar en ello, ¿quieres? — preguntó un segundo antes de salir y estrellarle la puerta en la nariz a Sakura.

Ella enfadada, refunfuñó algo acerca de los malos modales de Sasori. Quería salirse de ese lugar; lo haría apenas terminara el antídoto para Chiyo. Buscaría la manera de hacer dormir a Sasori para que no pudiera activar la trampa de la oz. No era tan inútil escondiéndose, así que esperaba que pudiera ocultarse hasta el regreso de Konoha. Entonces, se olvidaría de Sasori y su olor a madera que perfumaba cada centímetro por el que pisaba. Le detestaba a él y detestaba sus estúpidas marionetas que poco a poco llenaban la sala, por no mencionar su habitación apestada a aserrín a pesar de que Sasori limpiaba y desinfectaba toda la casa cada tercer día.

— No deberías ser tan dura con él, Sakura. — le dijo Chiyo despertándola de su berrinche. La anciana se encontraba sentada en una de las sillas del comedor y la miraba con cierto pesar. — Después de todo, dejó su trabajo a la mitad del proceso para ir a comprar los materiales que necesitas.

— Sí, pero sólo porque quiere que se recupere, Chiyo-bāsama. — respondió Sakura acomodándose las mallas bajo su falda. — Usted es su abuela, obviamente quiere evitar que muera.

— Claro, porque él quiere usarme para crear el veneno que calmará, o eso cree él, su corazón. Mi nieto sólo necesita la comprensión y el amor que sus padres no le pudieron dar.

— ¿Qué? — preguntó Sakura interesada. No podía negar que la historia de Sasori era algo que despertaba su curiosidad. — ¿A qué se refiere, Chiyo-bāsama?

— Sakura, no quiero que sientas lástima por Sasori o que intentes quererlo porque él no lo permitirá y aunque lo hiciera, no lo sacaría de su error. Asimismo, estoy segura que has escuchado peores historias que la de Sasori, pero lo que quiero es que al menos no lo odies: él ya tiene bastante oscuridad a su alrededor como para cargar con tu odio.

»Tienes que saber que él dice la verdad: no le interesas; por lo tanto, no te odia, mas tampoco le importan tus necesidades. Sasori disipó el interés en cualquier cosa luego de perder a su mejor amigo cuando apenas tenía catorce años. Ese chico fue su único amigo y la única persona que toleraba en su habitación. Komushi estuvo con él desde que nos encerraron en el tren, a unos meses de la muerte de los padres de Sasori. Komushi, a diferencia de Sasori, conservaba a su madre y ella lo adoraba. La amistad fue tan especial para mi nieto que en una ocasión, cuando Komushi perdió un brazo en un accidente, Sasori le colocó un brazo de madera, idéntico al que usa para sus marionetas; y tú sabes lo mucho que adora a sus títeres.

Sakura mantuvo el rostro agachado. Aunque Chiyo no la regañaba, ella no había alzado la mirada de sus pies. Quizá había prejuiciado a Sasori, quizá no se había molestado en comprenderlo, sólo lo había odiado sin más. Chiyo tenía razón, su historia era triste y su actitud comprensible. Era evidente que Sasori afirmaba que la eternidad residía en los títeres, no por el material con el que se hacían, sino porque no importaba cuántas veces los destruyeran, siempre podría repararlos o crear más. La inmortalidad vivía en su creación, no en sus materias primas.

— Comprendo. — dijo Sakura luego de varios segundos. — Lo siento mucho, Chiyo-bāsama.

La aludida asintió sin responderle. A raíz de la advertencia que Sakura había hecho días atrás, su relación se había ablandado mucho e incluso Chiyo había permitido un análisis completo sobre su cuerpo para entender mejor la funcionalidad del veneno y así tomar las medidas necesarias para atacarlo. Por esa razón, había tardado tres días con el fin de encontrar los ingredientes con los que prepararía el primer tratamiento, que consistía en incrementar los anticuerpos de Chiyo y recuperar los glóbulos rojos y así forzar que la circulación de la sangre continuara su camino normal. De esta manera, evitaría que sus manos siguieran perdiendo el color. El segundo tratamiento detendría las acciones del veneno y lo eliminaría en lo posible.

Sakura sabía que era imposible expulsar por completo el veneno, pero esperaba que pudiera alargar la vida de Chiyo tan siquiera un par de semanas. Si bien era cierto que el antídoto de Chiyo no había frenado el camino del veneno, sí lo había retrasado considerablemente.

Sin añadir más, Sakura se dirigió al pequeño espacio que Sasori le había asignado para trabajar, justo a la espalda de su propia mesa de trabajo. Sakura tomó algunos ingredientes enfrascados y los mezcló entre sí.

— ¿Qué haces? — preguntó Chiyo mirándola con curiosidad desde su asiento.

— Sasori no se alimenta muy bien; le estoy preparando vitaminas en forma de píldoras para que no caiga en desnutrición. — contestó ella tomando la jarra de agua que tenía sobre la mesa. — Sasori necesita más nutrientes para sus experimentos y no quiero atenderlo también a él. Estas píldoras nos evitarán ese suceso tan bochornoso.

Chiyo sonrió. Tal y como había deseado, Sakura no se compadecía de la historia de Sasori. Lo entendía y era capaz de asimilar con madurez lo que le ocurría. Por su parte, estaba segura de que no haría nada por frustrar a Sasori; al menos no conscientemente.

Cuando Sasori llegó, encontró a Sakura frente a su mesa de trabajo; trabajaba en algo que a él no le importaba. Dejó la bolsa de materiales sobre el comedor y continuó su trabajo con la enésima marioneta desde la llegada de Sakura.

Pasaron la tarde sin novedades o palabras. Mientras Sakura pensaba que el silencio era algo incómodo, Sasori agradeció a Kami más horas de paz. Chiyo, por su parte, se relajó; prefería el silencio a las constantes y patéticas discusiones entre Sasori y Sakura.

A las once de la noche, Chiyo se fue a dormir, Sasori se encerró en su recámara – evidentemente, sin desearle buenas noches a Sakura – y ella se quedó a preparar el primer antídoto para Chiyo. Cuando Sakura trabajaba, pocas veces se percataba de cómo las manecillas del reloj avanzaban con suma rapidez. Para ella sólo existía el mundo de su trabajo, algo similar le sucedía a Sasori. Pocas cosas podían sacarlo del ensimismamiento de la labor.

Entre esas pocas cosas, se encontraba la sed a las dos de la madrugada.

Sasori salió de su habitación con su usual pantalón negro de algodón que usaba como pijama y el torso completamente desnudo. Sus ojos tenían ese ligero acento de sueño, pero sus pasos eran tan firmes como de costumbre.

Se detuvo en seco al percatarse de que Sakura seguía despierta realizando el antídoto. Por lo regular, cuando Sasori salía por un vaso de agua, Sakura ya estaba profundamente dormida en alguno de los sillones.

Ella lo miró también, pero a diferencia de él, sus mejillas se encendieron tras vislumbrar sus pectorales – donde admiró una quemadura en forma de escorpión en el lado izquierdo – y su vientre pétreo. No poseía un cuerpo de infarto, mas sí era bastante atractivo a la vista. Prefirió desviar la mirada rápidamente hacia sus ojos para evitar que él hiciera un comentario de su insensatez.

— Sigues despierto. — le dijo nerviosa porque Sasori no dejaba de verla.

Sasori alzó una ceja. No podía haber dicho una cosa más obvia aunque lo hubiera querido. Finalmente, deshizo el contacto visual para seguir su camino hacia la cocina. Sakura se mordió el labio, indecisa por seguirlo o no. Tras dos segundos, cogió el traste que tenía a su derecha y se levantó. Después de todo, las píldoras soldado que había preparado eran para él.

Sasori, como era de esperarse, la ignoró cuando ella se colocó a su izquierda.

— He notado que no te alimentas como debieras. — comenzó Sakura algo nerviosa. Sasori llenó su vaso sin hacer alguna seña de haberla escuchado. — Y, bueno, si quieres que tu cuerpo soporte todo lo que le haces, será mejor que consumas nutrientes, Sasori. — continuó mientras alzaba el recipiente en el que varias decenas de pelotas cafés se asomaban.

Sasori las miró de reojo. Si esa mujer creía que él se metería a la boca algo hecho por ella, estaba muy equivocada.

— Es la segunda vez que preparo estas píldoras, pero la primera vez nos ayudó a sobrevivir a tres noches de entrenamiento. — explicó Sakura colocándole el traste frente a sus ojos. Él arrugó la nariz al percibir el olor tan desagradable que desprendían aquellas bolas. Aún con el vaso de agua en la mano derecha, la miró con extrañeza. — No son venenosos. — aseguró la muchacha con una diminuta, pero sincera sonrisa.

Sasori, sin embargo, no tomó ninguna "píldora" hasta asegurarse de que esas cosas no se moverían. La sostuvo sobre su rostro para mirarla con atención. Evidentemente, sus ojos no podrían detectar el veneno en caso de poseerlo – cosa que no dudaba por tratarse de un alimento preparado por la chica que vivía a base de molestarlo – pero nada perdía con intentarlo.

— Te ayudará a dormir mejor si la comes ahora. — insistió Sakura.

Sasori la miró una vez más antes de morder la píldora, llevándose una tercera parte de esa asquerosa pelotita. De inmediato, palideció al sentir el terrible sabor a hierro en su lengua y se obligó a tragar el bocado con el objeto de deshacerse de esa sensación desastrosa.

Se había equivocado días atrás: sí existía una persona que cocinaba peor que su abuela y, para su desgracia, era la mujer que se encontraba a un lado de él, todavía con esa burda sonrisa en su rostro. Sasori podía apostar, y eso no mejoraba nada, que la intención de Sakura había sido añadirle sabor a canela a esas "píldoras", mas había exagerado la porción.

— Sabe horrible. — dijo antes de beberse de un trago el agua en el vaso, disminuyendo así el ardor en su garganta.

Sakura hizo una mueca, ofendida.

— Las proteínas no saben precisamente a cereza. — se defendió ella. — Antepuse los nutrientes al buen sabor para ayudar más a tu organismo.

— Mi organismo te agradecería que no te preocuparas por él. — contestó Sasori llenando nuevamente el vaso. Un segundo más tarde, volvió a beber su contenido con rapidez.

Sakura no pudo reprimir una sonrisa. Al menos no la había dejado sola en la cocina, como creía que lo haría. Naruto también dijo – aunque con más sutileza, claro – que las píldoras soldado de Sakura no tenían un buen sabor, aunque a ella no le importó y Sasuke terminó por aceptarlas mientras no supieran a dulce.

Miró a Sasori engullir con suma tranquilidad. En ese momento, con las mejillas ligeramente ruborizadas por la canela en su lengua y la piel en su cuello moviéndose a la par de sus tragos, no le parecía estar observando al chico que siempre la hacía sentir inferior. Al mismo tiempo, no pudo evitar el resentimiento que la embargó después de la conversación mantenida con Chiyo.

— Chiyo me habló de ti. — le dijo Sakura una vez él enjuagó el vaso.

Sasori encarnó ligeramente una ceja un tanto incómodo. Ahí estaba la razón por la cual Sakura no lo estaba contradiciendo: seguramente, Chiyo lo había hecho quedar como un pobre huérfano en busca de amor. Anciana idiota.

— Me contó acerca de Komushi. — continuó algo nerviosa.

— Esa ridícula vieja desconoce gran parte de ese asunto. — contestó él dándose la vuelta para regresar a su habitación, pero Sakura, decidida a no renunciar a ese encuentro con Sasori, dio un paso adelante.

Era consciente de que no era sensato hablarle de cosas que posiblemente le generaban dolor, mas no podía quitarse de la cabeza ese asunto. No quería o buscaba que Sasori le hablara de su pasado, sólo quería disculparse por haberlo juzgado antes de conocerlo o intentar comprenderlo. No le ofrecería su amistad porque Chiyo tenía razón: él no lo permitiría; además, Sakura tampoco estaba segura de querer algún tipo de relación con Sasori.

— También me habló de tus padres. Sasori, perdóname, yo no sabía…

— ¿Y te dijo quién los asesinó, niña entrometida? — espetó Sasori interrumpiéndola.

Había girado el cuerpo con verdadero enojo. Nunca le había gustado que lo detuvieran cuando tenía planes, aunque a esa chica le encantaba exasperarlo.

— ¿Te dijo cuál es el objetivo de usarte luego de que trates a mi abuela? ¿Te dijo a quién envenenaré?

Sakura palideció ante el tono tan frío que Sasori utilizó. Él sonrió sintiéndose superior a ella a pesar de que eran prácticamente de la misma edad y no variaban mucho de estatura.

— No ¿verdad? — siseó.

— Sasori, yo no quiero meterme en tus asuntos, yo… — trató de disculparse aferrándose a la tela de su falda.

—Ya conociste parte de mi historia, no hay vuelta atrás. Además, ambos sabemos que esa vieja seguirá siendo una inútil le hagas lo que le hagas. Y yo necesito ese veneno para vengar la muerte de mis padres. ¿No sabes quién fue su asesino? Bueno, ya que estás tan interesada en mi deprimente pasado, te lo diré: Sakumo Hatake.

— ¿Sakumo Hatake, dices? Pero… es imposible que quieras matarlo a él: Kakashi-sensei es el único Hatake que queda. — respondió Sakura confundida.

— ¡Exacto! — dijo Sasori abriendo mucho los ojos cual despiadado hombre. — Morirá hasta el último Hatake.

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¡Hola!:

Merezco un pastelito, colgué el capítulo antes de las seis. Já, bueno, así debe ser, ¿no?

Bueno, en este capítulo las cosas se tensan por todos lados. Sasuke recibe la amable visita de Kabuto - no podía dejar a ese desgraciado fuera de esto - y la propuesta de unirse al lado oscuro. Por fortuna, Sasuke la ha rechazado porque cree que Sakura sólo hace cosas de provecho... como pedirle más ropa a Sasori, por ejemplo.

Y por el lado de nuestros bellos protagonistas, me parece que se notó el ambiente. Sakura ya conoce parte de la historia de Sasori y quiere remediar sus malos comportamientos hacia él. Adoro las píldoras soldado, reía mucho cada vez que veía esos capítulos donde Naruto o Sai se sentían asqueados por las vitaminas de Sakura. Y bueno, como que a Sasori no le agradó mucho que Sakura se entrometiera en su vida, ¿no? Fue algo cruel.

Les prometo que el siguiente capítulo será más divertido y, si no me equivoco, no habrán más protagónicos que nuestro trío en Artis gratia ars.

Les mando un abrazo.

Andreea Maca