Hola!!

Espero que les esté gustando la trama que lleva este fic. Espero sus comentarios!!


VIII

La mujer estaba nerviosa paseando arriba y abajo en el salón de su casa. La noche anterior había discutido con Yamada porque quería que pusiera la casa a su nombre y entonces se había enterado que la casa realmente estaba a nombre de Hisaki y aunque se casaran nunca le pertenecería. El hombre se había puesto muy violento, de hecho, había acabado golpeándola en una mejilla dejando una dolorosa inflamación, pero lo peor era saber lo que le había hecho a su hijo y que lo había consentido viéndole destrozar a su pequeño, lo único bueno que había tenido nunca y que la había ayudado a salir adelante. En esos momentos sonó el teléfono y la mujer lo descolgó temerosa a pesar de saber que Yamada estaba en la cárcel.

-¿Mamá? - preguntó cariñosamente Hisaki - ¿estás bien?

A Hisaki le latía rápidamente el corazón, si se enteraba que algo malo le había pasado sería capaz de levantar una denuncia mayor y hacer que el maldito Yamada se pudriera en la cárcel.

-¿Hisaki?.- susurró la mujer con una mezcla de alivio y tristeza.- Mi niño... ¿cómo estás?.- preguntó sin responder que a su propia pregunta.

-Mejor... mucho mejor. ¿Pero qué hay de ti? - insistió el chico feliz de escuchar la voz de su madre.

-Estoy... estoy bien hijo.- susurró la mujer sintiendo los ojos llenos de lágrimas.- ¿No vas a volver verdad?

-Claro que sí - dijo el chico - tengo que hablar contigo de muchas cosas, además no me fui por ti, sino por ese hombre. Llegaré en un rato más¿de acuerdo?

-De acuerdo.- respondió la mujer feliz al saber que tendría a su muchacho de nuevo en la casa con ella.

-Nos vemos después - dijo Hisaki y colgó el teléfono.

Si Kei no hubiera estado herido su alegría sería completa, pero nada más de recordar que su amado estaba herido y además era su culpa lo hacía sentir un poco mal. Volvió lo más pronto que pudo al lado de Kei, abrazándolo otra vez en cuanto lo vio.

Kei le abrazó de vuelta acariciándole la espalda a pesar de que cada vez se sentía más débil.

-¿Entonces tu madre vendrá?.- preguntó el moreno con voz cansada.

-Iré yo - respondió Hisaki con un poco de tristeza. Justo en ese momento deseaba poder dividirse en dos y poder estar en los dos lugares, con su madre y con Kei.

Morita salió de la habitación imaginando que los jóvenes tendrían un par de cosas que arreglar.

-¿Sabes algo? - murmuró Hisaki - siempre digo que te quiero proteger... pero siempre sucede al revés.

Kei casi dio un respingo ante la idea. No quería que Hisaki se fuera, no estaba en condiciones aún estaba herido y le habían dictaminado reposo, pero no iba a discutírselo, si quería irse y regresar a su casa no podía y no debía meterse.

-Es que no dejas de hacer tonterías.- susurró el moreno sintiéndose aún más cansado.

-Ya lo sé - Hisaki levantó la vista para besar los labios de Kei. -Tengo que ir con mamá... pero no quiero... ¡quiero estar contigo! - el rubio beso el cuello de Kei. -Me gustaría cuidarte como tú lo hiciste conmigo.

-No te preocupes... Yukiko me dará una mano en lo que no pueda arreglármelas solo.- le contestó acariciándole el cabello tragándose los ruegos para que no se marchara.

-Hablaré con mamá y vendré a verte diario... además que creo que debo mucha labor aquí - dijo Hisaki con una sonrisa pero percibiendo claramente el semblante triste del moreno. -Kei-kun - Hisaki acaricio los cabellos negros de su pareja - si algo te hubiera pasado... algo más grave... no sé que hubiera hecho.

-Pero no pasó así que no tienes por qué pensar en eso ahora...- le respondió serio observándole.- Deberías irte ya y sacar a tu mamá de la casa. Iros a un hotel o algo así... Shigeru debe estar rabioso y tal y como estás no puedes enfrentarle Hisaki.- le susurró Kei doliéndole en el alma saber que no le iba a tener con él todo el tiempo.

-Shigeru no puede hacer nada y tampoco puede entrar a la casa - respondió Hisaki. Clavó sus pupilas miel sobre la cara de Kei y volvió a abrazarlo con fuerza. -¡No quiero irme!

-Si tu mamá no viene aquí no tienes otra, Hisaki.- contestó el moreno arropándose debajo del futón.

-Kei-kun... no... no estás enfadado ¿verdad? - preguntó temeroso al ver la actitud negativa de Kei.

-No, no Hisaki, no estoy enfadado...de verdad que te entiendo.- le dijo sonriéndole débilmente antes de alargar un brazo y acariciarle la mejilla.

-¿Me lo prometes? - dijo Hisaki besando la mano de Kei - no voy a poder irme si te veo mal¿sabes? Ya bastante tengo que tener que dejarte solo, encima enojado... Kei-kun

-Tienes mi palabra, Hisaki... no estoy molesto... te lo aseguro.- le respondió aún manteniendo el débil gesto de su sonrisa.

Hisaki besó profundamente a Kei.

-Debes de estar agotado... descansa un poco y volveré tan pronto como haya hablado con mamá.

-Deberías dormir allí con ella, debe estar destrozada la pobre...- le susurró Kei después de corresponder a su beso.

-Pero quiero dormir contigo - dijo Hisaki - y ¿si te llevo a casa conmigo, así como tú lo hiciste?

-Hisaki, no puedo moverme y no creo que mi sensei lo consienta... además que tu madre puede no querer verme.- le comentó acariciando su mejilla.

-Es cierto... primero tengo que hablar con ella - dijo Hisaki ya razonando más la situación - no importa lo que sucede, pero vendré mañana¿de acuerdo?

-No tienes ni que pedírmelo Hisaki... pero pídele consentimiento al sensei... no puedes venir a verme si él no te lo consiente.- le susurró con cariño.

Hisaki hizo un puchero enfadado. Además de toda la desesperación que sentía, además tenía que esperar que el sensei lo aceptara en su casa todas las mañana para poder pasarla con Kei; y no olvidar decirle a su madre que no iría a la escuela sino que estaría con el moreno.

-Pues yo espero que sí acepte - Hisaki suspiró y volvió a besar a Kei. -Me voy antes de que se haga más tarde y mi madre se ataque.

-Ve con cuidado y llama un taxi aún no puedes caminar.- pidió el moreno con dulzura.- Espero verte mañana...

Hisaki sonrió antes de salir de la habitación y se dirigió con el maestro tenía que agradecerle su amabilidad

-¿Te vas entonces?.- preguntó el maestro con observándole al entrar sabiendo que seguro Kei estaba lastimado.

-Así es, sensei - Hisaki hizo una reverencia - me gustaría quedarme con él, pero... tengo que arreglar muchas cosas con mamá y hoy es el momento y el día.

-Lo entiendo... - respondió el anciano sonriéndole dejándole hablar él y esperando que continuara.

-Pero... quiero quedarme a su lado... cuidarlo como él hace conmigo - continuó Hisaki - ¿podría venir a verlo todos los días? Estoy seguro que mamá me dejará... con ella todo va a cambiar.

-Por supuesto que puedes venir a verlo... de hecho eso esperaba por tu parte.- le respondió Morita observándole teniendo la impresión de que algo le preocupaba.

-Además... me gustaría hacer algo para agradecerlo todo lo que hizo por mí - dijo Hisaki sin dejar de reverenciar al maestro - por favor, dígame en qué puedo ser útil

-No tienes nada más que hacer que cuidar a Kei... es más frágil de lo que parece.- susurró el anciano con dulzura.

-Por favor, sensei... - suplicó el muchacho - no deje que se deprima... lo que le pasó es mi culpa... recuérdele mientras no esté que siempre pienso en él...

-No te preocupes por eso.- susurró el mayor asintiendo con la cabeza...- Yo trataré de hacerlo lo mejor posible.

Hisaki levantó la cabeza con una gran sonrisa.

-Se lo agradezco mucho... ahora me voy o no sé que locura podrá hacer mamá.

El rubio volvió a reverenciar al maestro, se despidió de Yukiko pidiéndole que cuidara de Kei y después regreso a casa sintiendo que su corazón se quedaba en aquella casa y que realmente no le importaba mucho hablar con su madre.

La madre estaba aún paseando por el salón, había acomodado un poco la casa, la había limpiado e incluso había cocinado, pero estaba nerviosa en esperas de volver a ver a su niño. Hisaki entró a la casa, estar ahí aún le asfixiaba, pero en definitiva si no hablaba ese día con su madre corría el riesgo que todo su plan se fuera abajo.

-Ya llegué - anunció después de olfatear el olor a comida un poco chamuscada.

-Mi niño.- exclamó Helen saliendo a la carrera a abrazarle con dulzura.- ¿Cómo estás¿Dónde te metiste?.- preguntó tratando de asegurarse que no estaba más lastimado de cuando se fue.

-Fui al único lugar donde supe que me querían, mamá - dijo el chico soltándose del abrazo de su madre - fui con Kei Ushiba.

-Lo... lo llamé... me dijo que no estabas con él.- le dijo la madre observándole al ver como se zafaba de su abrazo.

-Yo le pedí que no te dijera - dijo Hisaki sentándose pesadamente en el sillón - no podía volver con ese hombre aquí.

-Lo lamento, hijo.- susurró Helen avergonzaba viendo lo lastimado que realmente estaba su niño y lo cansado que parecía.

-También Kei-kun está lastimado por culpa de ese hombre... pero tú no me quisiste escuchar - dijo Hisaki, no con la intención de hacer sentir culpable a su madre, sino para llegar a otro punto.

-Hijo yo... no me di cuenta...- susurró Helen sentándose en un sillón cercano a su hijo.

-Eso no tienes ni que decírmelo - respondió Hisaki sin volver la vista a su madre - pero no estoy aquí para culparte de nada... sino para hablar de lo que me gusta y lo que amo - continuó el muchacho firmemente sintiendo como su corazón palpitaba cada vez más rápido - Kei-kun... él no tenía nada que ver con nosotros y sin embargo siempre estuvo conmigo. Estuvo conmigo no sólo porque es mi único amigo, sino también por que él y yo tenemos un vínculo muy fuerte... yo diría eterno, aunque suene ridículo.

La madre le observaba escuchando lo que le estaba diciendo, realmente se le hacía complicado asimilar lo que le estaba diciendo su hijo; pero no podía juzgarle, no tenía derecho a juzgar después de lo ocurrido así que simplemente no dijo nada, tan solo le dejó seguir hablando con la vista fija en el muchacho.

-Quiero estar con Kei-kun, Mamá... y quiero volver a jugar kendo - dijo sin perder el tono firme en su voz - el kendo que jugaba Yamada no era kendo... él mató a mi padre... ese hombre nos hizo mucho daño... a ti, a mí, a Kei-kun, a papá - cariñosamente, Hisaki acarició la mejilla inflamada de su madre. -No quiero tomar medidas tan drásticas, pero si no me permites hacer lo que quiero me marcharé... te quiero demasiado... pero también quiero a Kei-kun y me gusta el kendo... ¡y quiero mi vida!

Helen no decía nada, no quería perder a su niño pero tampoco comprendía todo lo que la estaba pasando en tan poco tiempo, lo único que ella quería era una vida familiar normal y lo único que lograba era un hombre que se había aprovechado de ella y un hijo que exigía una vida independiente.

-¿Qué dices? - pregunto finalmente Hisaki después de un largo silencio - te quiero y me quedaré contigo... pero también quiero estar con Kei-kun... porque... yo lo amo, mamá.

-Haz lo que quieras Hisaki... es tu vida.- respondió finalmente Helen poniéndose en pie y acariciando ausente el cabello de su hijo antes de dejar un beso en la frente de éste y comenzar a subir las escaleras.

Hisaki no trató de detener a su madre. Él había sido sincero y sentía que ella no lo estaba siendo pero seguro aún estaba turbada por todo lo sucedido, la conocía y sabía que hablaría cuando tuviera ganas y aclarara sus ideas. El chico se quedo en la sala, se asomó por la ventana y observó como los primeros copos de nieve empezaban a caer.

Kei se acurró aún más bajo el futón, todo cuando su pierna lastimada le permitía. Añoraba a Hisaki, su calor, su olor, sentirle tan cerca de él; pero ahora éste estaba de vuelta en su casa y él, como tonto, se la había pasado esos días pensando en vivir siempre así con él, juntos el resto de su vida; sin embargo se iban a tener que acostumbrara a verse de vez en cuando, a ratos. Yukiko llamó a la puerta tímidamente. No lo había demostrado mucho, pero la chica estaba realmente preocupada por lo que sentía Kei tanto física como emocionalmente.

-¿Kei-san¿Estás dormido?

-Pasa Yuki.- susurró el moreno bajo el cobertor.- ¿Necesitas algo?.

-¡Tonto¿Cómo voy a necesitar algo de ti? Sólo quiero saber si te encuentras bien - dijo Yukiko sentándose a su lado.

-Si, aún me duele un poco pero supongo que es normal.- le respondió con una sonrisa.

-No me refería a tu pierna, tontito - refunfuñó la chica - me pidió que te hiciera compañía.

-No es necesario, Yuki.- le contestó el moreno.- Estoy bien, de verdad.

Yukiko se quedó en silencio un momento, no sabía realmente que decir y tampoco quería que Kei pensara que ella estaba ahí sólo porque Kei se lo había pedido. Carraspeó un poco antes de continuar.

-Suzuki-san se veía triste cuando se marchó.

-Dijo que no se quería ir - respondió Kei observándola - pero tenía que regresar con su madre... debe cuidar de ella.

-Yo sé que volverá - dijo Yukiko con una sonrisa - mi papá le dio permiso de regresar cuando quisiera.

-Lo sé, Yuki. Seguramente mañana a primera hora esté aquí de vuelta, pero eso no significa que no le eche de menos.- susurró con tristeza.

-Y seguro él a ti también te extraña mucho - respondió la chica - supongo que ahora todo va a estar bien¿no crees?

-Sí, supongo que sí - respondió el moreno observando a la muchacha.- Aunque tenga que volver a acostumbrarme a verle a ratos en vez de tenerle conmigo.

-Algún día podrán estar juntos los dos, Kei-kun... te lo aseguro - dijo la chica sin quitar la sonrisa – ahora, nada se interpone entre ustedes.

-Ya lo veremos Yuki- le respondió sonriéndole - Yuki... ¿me conseguirías un par de muletas para poder caminar?

-¡Claro! Pero por hoy será mejor que sigas descansando¿sabes? Debes estar agotado.

-Sí, sé que tengo que dormir un poco pero resulta complicado dormir sin él.- respondió en tono bajo arrebujándose contra el futón.- Además que la pierna me duele... cada vez más, la verdad.

-Eso es porque no te has tomado tu medicina - dijo la chica acercándole un vaso con agua y las pastillas - y dormir con él... Kei-kun... ¿cuántas veces dormiste con él? – preguntó un poco escandalizada.

-Las suficientes para haberme acostumbrado, Yuki.- le respondió Kei tomando la medicación y el agua sintiéndose súbitamente mareado.

Yukiko río por la respuesta de Kei, pero notó que cada vez estaba más pálido.

-Kei-san... mejor recuéstate, en verdad tampoco te ves bien.

-Es que no me siento bien - susurró sintiendo como todo le comenzaba a dar vueltas hasta el punto de sentir como se comenzaba a oscurecer todo.

Yukiko llamó a Kei, pero él ya no respondía, rápidamente se levantó y fue en busca de su padre. Morita llamó al doctor que llegó tan pronto como pudo. Yukiko explicó lo que había pasado y se sentía realmente nerviosa. Quizá en verdad Kei, necesitaba de Hisaki para poder vivir; ambos se habían vuelto muy dependientes uno del otro; sin embargo, la chica no lograba entender porque ella sentía que los comprendía perfectamente. El doctor retiró el futón para examinar de nuevo la pierna encontrándose el futón empapado en sangre. Morita trató de sacar a su hija de la habitación, pero la chica tenía una promesa que cumplir. El doctor, entonces, les explicó que Kei tenía una hemorragia porque la herida no había cerrado bien, pero que él se encargaría. Así, mientras el doctor limpiaba otra vez la herida, Morita logró mandar a su hija a dormir. Morita sabía perfectamente que los cortes de katana traían grandes complicaciones, no por nada hacía siglos, mataban a las personas con un solo golpe bien dado y aunque un golpe indebido, el de Yamada era perfecto.

-De verdad que rezo por su alumno, sensei – habló bajito el doctor aprovechando que la chica había salido.

-No está tan bien como se lo dijo a Yuki-chan¿verdad? - preguntó el hombre mirando fijamente al doctor - a mi me lo tiene que decir.

-La herida no es limpia, sensei... sería igual en un hospital... por eso la hemorragia... corre un grave riesgo de gangrena... usted sabe lo rápido que la gangrena se disemina... si llegásemos a ese extremo habría que amputar el miembro- explicó el hombre.

Morita-sensei asintió levemente, le preocupaba la salud del que en poco tiempo se había convertido en su alumno predilecto. Además, de que Kei era muy joven y con una exitosa carrera por delante, sin su pierna izquierda no quedaría nada de él.

-¿Algún tratamiento especial para que eso no ocurra?

-No dejar los vendajes húmedos ni sucios. La herida debe mantenerse limpia.- le explicó serio.- Pero no es una garantía de que no suceda.

-Doctor... tenemos que hacer lo posible por salvarlo... él no lo soportaría - dijo el maestro angustiado por su alumno.

-Ya lo estamos haciendo, Morita-san.- le comentó preocupado también sacando vendajes limpios de su maletín.- Por la mañana, al amanecer cámbienle la venda y que Yukiko-san lave las que tiene puestas, pueden usarlas de nuevo si está bien limpias – continuó explicando- controlen que no tenga fiebre y si lo tiene, aunque sea unas décimas, llámenme de nuevo.

-Así lo haremos - dijo el maestro - muchas gracias por sus atenciones.

Después de clase, Hisaki fue corriendo a ver a Kei. Deseaba mucho poder estrecharlo en sus brazos. Su madre no había hecho aún ningún comentario, y aunque lo hubiera hecho, no le importaba. Llegó al dojo y saludó al maestro con una gran sonrisa.

-Buenas tardes... vengo con Kei-kun.

-Pasa, muchacho, pero no lo abraces, déjalo descansar y no lo muevas.- comentó Morita preocupado por su alumno y viendo con un poco de desconfianza a Hisaki.

El chico asintió y se molestó un poco por tantas prohibiciones, pero el punto era ver a Kei. Subió hasta su habitación y abrió la puerta sin llamar.

-¡Kei-kun!

Kei abrió los ojos cansado mirando hacia la puerta con una sonrisa cansada.

-Buenas tardes Hisaki.- respondió con tono suave.

-¿Cómo estás? - preguntó Hisaki lleno de energía, besando lentamente a Kei.

-Cansado. El doctor tuvo que volver anoche - murmuró Kei correspondiendo el beso.- ¿y tu madre?

-Ella está bien... Yamada se atrevió a darle una cachetada, pero no pasó a mayores...le dije lo que pasaba entre nosotros y no dijo nada - comentó Hisaki rápidamente.

-Al menos no gritó.- respondió sonriéndole un poco más agradeciendo que no hiciera un mundo de la segunda visita del médico a horas intempestivas.

-¿A qué vino el médico? - dijo de pronto Hisaki - ¿te sentías mal?

-La herida comenzó a sangrar de nuevo... de hecho no me di cuenta hasta que me dejó sin sentido.- explicó Kei.

-¿¡Qué!? - Hisaki se cubrió la boca después del grito - ¿y ahora como te encuentras¿Ya cerró?

-El doctor volvió a coserla y yo estoy muy cansando.- le comentó sonriente.- pero estoy bien.

Hisaki besó a Kei otra vez. Le había dado un buen susto y nuevamente se sintió culpable de no haber estado a su lado en ese momento. Ahora entendía las prohibiciones y recordándolas miró cariñosamente a Kei y le acarició la pálida mejilla.

-Si quieres descansar... duerme, yo me quedo a tu lado.

-Gracias, Hisaki.- susurró recargando la cabeza un poco contra el rubio.- Y entonces tu madre ¿qué te dijo?..

-Que hiciera lo que quisiera - respondió acariciando el cabello de Kei - supongo que está triste y molesta... pero ahora no sé que decirle.

-Tendrás que darle tiempo para que se acostumbre a todo esto.- le susurró el moreno cerrando los ojos cómodamente.

-Te extrañé mucho, Kei - susurró el chico rubio acariciando la mejilla del moreno - no puedo vivir alejado de ti... sólo pienso en ti.

-Anoche no podía dormir sin ti... tenía frío a pesar de las frazadas... te me estás convirtiendo en indispensable.- le susurró con dulzura el moreno.- ¿Te recuestas y me abrazas?

Hisaki asintió y obedeció los deseos de Kei.

-No es justo que ahora que parece que podemos estar juntos ambos estemos lastimados - se quejó mientras abrazaba a Kei con delicadeza.

-Recuerda la promesa a mi sensei, Hisaki... no podríamos aunque pudiéramos.- susurró el moreno con simpatía.

-Pero te llevaría a nuestra casita - dijo Hisaki besando la frente del moreno - ahí te demostraría una y otra vez lo mucho que te amo.

-Oye, parece que sólo me lo puedes demostrar si tienes sexo conmigo.- le susurró acurrucándose contra él.

-Claro que no - Hisaki acaricio su espalda - pero es más divertido... además que no me gusta verte lastimado.

-Oh, sí, eso sí, es mucho más divertido.- le respondió con picardía.- pero la verdad me recuperaré pronto, mi vida.

-Eso espero... y no porque solo quiera tenerte otra vez... sino porque también podremos practicar juntos y divertirnos más - explicó Hisaki.

-Pero de momento, mi vida, estoy cansado - le susurró el muchacho moreno.- ¿Me abrazarías mientras doy una cabezada? - pidió apartando un poco el futón para que se metiera con él - realmente se me hace muy complicado dormir sin ti.

Hisaki asintió con una gran sonrisa y se recostó al lado de Kei para dormir a su lado. Tenía que admitir que él también lo extrañaba mucho.

-Te sonará raro... pero siento que esto ya lo había vivido - comentó atrayendo a Kei a su cuerpo.

-Yo también lo he vivido pero tengo la impresión que yo estaba mucho más angustiado.- susurró medio dormido ya agradeciendo poder dormir algo aunque fuera en la tarde - no quería que te fueras ayer.

-Ni yo quería irme - contestó Hisaki cerrando los ojos y acariciando con la yema de los dedo la mejilla de Kei - pero era necesario... y aunque no quiera, hoy también tendré que irme.

-Lo sé - susurró pesadamente el moreno- Si lo prefieres podemos hablar de algo... no sé, puedo tratar de dormirme cuando te vayas.- comentó Kei suponiendo que no era justo que el rubio viniera y él aprovechara a dormir.

-Lo único que quiero es que estés descansado y no triste... puedes dormir, por mí está bien - respondió el rubio cariñosamente.

Una espigada mujer caminaba nerviosa hasta detenerse a la puerta del dojo. Iba cargada con varios paquetes y no sabía muy bien que hacer, tocar a la puerta o salir corriendo de allí, finalmente optó por tocar. Yukiko fue a abrir dando saltos con su usual energía, abrió de golpe la puerta y se encontró con una mujer inglesa, Yukiko se sorprendió mucho y quedó maravillada con la mujer.

-Buenas tardes... ¿le puedo ayudar en algo? – dijo con una torpe reverencia.

-Busco a mi hijo... creo que está aquí.- comentó la mujer acomodando mejor los varios fardos que llevaba.

Yukiko miró por unos segundos a la señora preguntándose de quién era madre, hasta que recordó que Hisaki estaba ahí.

-¿Se... se refiere a Suzuki-san? - preguntó la chica temerosa.

-Sí, el mismo.- comentó Helen seria.- ¿podría verle?

-Sí... claro - la chica dudo un poco, pero hizo pasar al recibidor a la señora. -Espere aquí un minuto, lo llamaré.

Yukiko subió las escaleras corriendo y se detuvo en el cuarto de Kei.

-¡Kei-san!

Kei, que estaba dormido, entreabrió los ojos con cansancio y suspiró acababa de lograr dormirse., notó que Hisaki estaba también dormido a su lado y que se iba despertando igual que él.

-¿Qué sucede, Yukiko? – preguntó tratando de que su voz no notara la molestia que tenía.

La chica abrió la puerta, Hisaki también estaba despierto y se incorporó.

-Suzuki-san... es tu mamá... allá abajo.

Hisaki abrió los ojos sorprendido y buscó la mirada de Kei.

-¿Qué hace aquí?

-No tengo ni idea.- respondió el moreno preocupado mientras miraba a la chica.

-Dijo que quería ver a su hijo... y viene cargada de cosas pero no vi que trae en los paquetes - susurró la chica mirándoles nerviosa.

Hisaki suspiró, cansado de las locuras de su madre y más si se daban fuera de casa.

-Kei-kun... iré a ver que quiere... ya regreso.

Hisaki le dio un beso a Kei, acomodándolo lentamente en la cama, después salió con Yukiko rumbo al recibidor donde Helen esperaba.

-¿Qué haces aquí? - preguntó el chico en un tono bastante molesto en cuanto vio a su madre.

-Vine a traerte esto - susurró señalando los paquetes que había dejando en el suelo.- Yamada me dijo donde guardabas todo esto y también le añadí parte de tu ropa - añadió refiriéndose a su equipo de kendo y todo lo que se relacionaba con ello.

A Hisaki se le hizo raro que Yamada supiera de su escondite, pero no dijo nada, más se extrañó por el paquete de su madre.

-Pero...¿ a qué viene esto, mamá?

-Si entrenas aquí con Ushiba-san tendrás que tenerlo aquí, supongo.- respondió la mujer seria aún sin saber muy bien como encajar todo lo que estaba pasando pero segura de algo, no quería perder a su hijo.

-Pe... pero no tenías porque tráelo, yo lo iba a hacer -Hisaki se interrumpió. Comprendió que su madre le estaba dando luz verde para poder jugar kendo y estar con Kei, lo cual lo hizo tan feliz que abrazó a su madre y le llenó de besos la cara.

-¿Mamá, porqué siempre me haces esto?

La mujer correspondió al abrazo de su hijo sintiendo como las lágrimas corrían por sus mejillas liberando parte de la angustia que sentía.

-Tú solo ten cuidado - pidió por lo bajo aún temiendo perder a su niño en una maniobra como la que le arrebató al amor de su vida.

-Lo tendré, mamá - contestó Hisaki abrazando a su madre. -Ahora tengo que volver con Kei-kun... no está muy bien que digamos... pero se repondrá y más tarde voy contigo¿de acuerdo? - explicó Hisaki dándole un último beso a su madre en la frente

Helen le tomó de la muñeca dándole una pequeña cajita que también traía consigo y que contenía unas pastas inglesas, lo único que en realidad era capaz de cocinar decentemente.

-Dáselas de mi parte.- pidió Helen tratando de sonreírle.

Hisaki sonrió y asintió.

-Ve con cuidado, mamá - dijo el chico despidiéndose de la señora y volviendo con Kei.

Yukiko acompañó a Helen a la calle con una gran sonrisa.

-Los va a hacer muy felices, madame - dijo al chica recordando algo de cortesía occidental.

-¿Tú eres amiga se Ushiba-san?.- preguntó a Yukiko con amabilidad.

-Sí, así es - contestó la chica sintiéndose como se ruborizaba - también de Suzuki-san.

-¿Le va a cuidar, verdad?.- preguntó Helen al llegar a la puerta.- Va a tener cuidado de mi niño - añadió a su pregunta tratando de confirmar que Kei no iba a lastimar a Hisaki.

Yukiko se quedó callada unos segundos, no muy segura de responderle a la mujer lo que ella creía, pero Yukiko tampoco era de esas chicas mentirosas. Sonrió ampliamente y asintió orgullosa de Kei.

-Suzuki-san estará bien... ya lo protegió una vez y estoy segura que lo hará mil veces más - contestó con seguridad.

Hisaki subió muy animado a darle la sorpresa a Kei. Su madre había aceptado que Hisaki siguiera con el kendo y con Kei. Eso hacía infinitamente feliz al rubio, lo único que le faltaba era que Kei estuviera sano para poder los dos ir a celebrar a algún lugar y compartir ese momento tan especial sólo ellos dos, ya que, dentro de todo, era el triunfo de los dos.

Como Kei estaba cansado, Hisaki lo dejó dormir más y él también volvió a dormir un rato más. No había nada que disfrutaran más que estar uno al lado del otro, fuera dormidos o despiertos, los dos chicos sentían que desde que se habían cruzado, sus vidas no serían iguales si estuvieran separados. Quizá todo había pasado muy rápido, pero eso no les importaba; sólo querían compartir toda su vida juntos, con un sentimiento extraño de que tenían que hacer lo que tiempo atrás no habían conseguido.

Llegó la hora en la que Hisaki tuvo que volver a casa, le molestaba mucho tener que dividir así su tiempo, sobre todo, teniendo que dejar a Kei sólo, sin embargo, confiaba ciegamente en Yukiko, sabía que ella lo cuidaría mejor que cualquiera después de él, aunque a veces sentía que la chica era más efectiva que él.

Yukiko subió a curar la herida de Kei y cambiar los vendajes como había ordenado el doctor. Kei le informó que le seguía doliendo mucho pero no quería llamar al doctor a pesar de que Yukiko insistió. Finalmente el moreno optó por cambiar de tema, a uno más de su agrado: Hisaki. La chica aún se sentía un poco dolida cuando Kei hablaba de esa forma de Hisaki, pero al mismo tiempo se sentía estúpida por eso.

-¿Lo quieres mucho, verdad? - preguntó la chica quedándose quieta.

-Sí, mucho - susurró tratando de centrarse en otra cosa que no fuera su herida.

-La mamá de Suzuki-san me preguntó si cuidarías de él... le dije que era obvio... aunque parezca extraño, pero cuando los veo siento que están predestinados a estar juntos para siempre - comentó la chica con una sonrisa débil mientras seguía vendando lentamente.

-¿Quieres oír algo raro?.- preguntó observando a la muchacha.- creo que somos la reencarnación de dos samuraí...

-¿Crees en la reencarnación, Kei-san? - preguntó la chica extrañada - es extraño… en ti.

-No creía... - respondió serio - pero cada vez que le abrazo siento que lo llevo haciendo una eternidad... incluso a veces nos hemos cambiado el nombre sin querer... pero sonaba bien... es muy extraño.

Yukiko lo miró sin quitar una sonrisa.

-Quizá si lo sean... nadie sabe nada de eso y si ustedes lo creen es porque así es. ¿Quedó bien la venda?

-Está muy bien, Yukiko, gracias.- le respondió con cariño el moreno.

-Te traeré la cena y por fis, Kei-san...trata de dormir hoy... sé que lo extrañas, pero si no descansas no te recuperarás y él se pondrá triste - comentó la chica dándole un fraternal beso en la mejilla.

-Yuki... no tengo hambre.- le respondió sacando la caja de galletas que le había dado la madre de Hisaki y ofreciéndola una.- Me las mandó la madre de Hisaki... y me robaron el hambre.

Yukiko probó las galletas.

-¡Qué ricas están! Sabes, Kei-kun... la mamá de Suzuki-san es extraña... hoy que la vi me di cuenta que se preocupa mucho por él, pero sabiendo que dejó que lo golpearan...no lo sé... es extraño... no sé que pensar de ella realmente - comentó la chica.

-Puedes pensar que por amor se hacen muchas tonterías.- susurró el moreno sonriéndole a la chica cansadamente acomodándose un poco para dormir.

Yukiko ayudó a Kei a acomodarse.

-Kei-san, seguro es aburridísimo estar aquí...mañana te traeré algo para que te distraigas...¿te gustaría algún libro?

-Estaría bien sí, tal vez tu padre quiera prestarme alguno sobre filosofía de los que él tiene - sugirió el moreno bostezando.

-Claro... mañana te lo dejaré temprano aquí. Ahora descansa, Kei-san - la chica arropó cariñosamente a Kei y salió del cuarto.

Le dolía mucho ver a Kei tan deprimido, pero sabía que la única persona que le levantaba el ánimo no estaba ahí.

CONTINUARÁ...