Hola hola ¿Qué tal?
Lamento haber olvidado el cap ayer como avisé en Facebook u.u espero que este cap lo compense n.n les agradezco a todos los que leen, dan fav y follow al fics, y a AnaM1707 por su comentario; pero no les entretengo mucho ¡A leer!
Capítulo 8: Caza
- Así que… - El sonido de los cuchillos serafín chocando matizó un poco la voz de Max - ¿Qué tal una competencia…de tiro con arco? - A pesar del cansancio, el brujo sonreía presuntuosamente. Había llegado algo tarde gracias a su conversación con Jocelyn; sin embargo, Alec no había aparecido en toda la tarde, solo Max llegó casi una hora después y desde entonces habían estado entrenando solos.
En algún momento Jace pasó para informarle que tendría que acudir a una misión esa noche y que Alec le informaría de los detalles "Si deja de profanar su escritorio" lo cual el pelirrojo no entendió y Max que apenas pudo contener la risa, no le explicó.
Así que ahora seguían allí, ya con casi cuatro horas entrenando.
- ¿Sabes tirar? – Preguntó Wil sorprendido, eran ya el cuarto día entrenando con Max y nunca lo había visto tomar un arco. Interceptó una estocada, arremetiendo contra el azul – Obvio que sabes tirar – Bufó.
- Y también sé usar el arco – Bromeó guiñándole un ojo; Wil casi se atraganta ruborizado y el chico azul rio - El arco fue lo primero que papá me enseñó a usar, pero no es mi arma favorita – Aseguró esquivando el golpe de Wil y apresando su brazo con el hueco de la articulación del codo para torcerlo y hacerle soltar el arma. Wil jadeó adolorido haciendo sonreír a Max con triunfo cosa que el pelirrojo aprovechó para barrerse derribándolo al suelo, girando sobre sí mismo para buscar una posición favorable a su brazo e inmovilizar a Max con una rodilla sobre su pecho, pero el azul alzó las caderas apresando el pecho de Wil con las piernas y con un impulso lo derribó hacía atrás incorporándose en el proceso hasta quedar sentado sobre su abdomen, inmovilizándolo. Max se inclinó hacia él, aun cuchillo en mano dejándolo muy cerca de su cuello y con sonrisa felina exclamó - ¡Gane!
- ¡No es justo! ¿Hay algo que no puedas hacer? – Se quejó el alemán.
- Runas – Respondió Max despreocupado soltando el cuchillo, pero sin apartarse. – Por lo demás soy todo perfección.
- Todo ego, dirás – Bromeó – Tienes que enseñarme ese movimiento.
- Tal vez la próxima semana - Ofreció
- ¿Por qué? No tengo nada que hacer este fin – Aseguró Wil – Y de todas formas dijiste que tus padres te echarían del loft, si te vas a quedar aquí hasta el lunes podemos…
- ¿Quedarme aquí? – Preguntó sorprendido por lo que el pelirrojo había asumido - Me voy esta noche a Los Ángeles – Explicó, Wil abrió la boca con sorpresa – Pasaré unos días con Tave.
- Ah…- Su voz decayó, Max estaba seguro que había desilusión en su mirada – Bueno…la próxima semana está bien… Puedes quitarte ya ¿No? – Le hizo ver. Max rio liberándolo y moviéndose para quedar sentando a su lado.
- ¿Te molestaste?
- No – Negó – Es genial que viajes, no es como que tengas la obligación de entrenarme o algo…le diré a tu padre que me enseñe – Balbuceó dispuesto a incorporarse. Max barrió una pierna haciéndolo caer sentado estrepitosamente. Wil se abalanzó sobre él enfrascándose de nuevo en una pequeña batalla.
Cerca de quince minutos después cuando Alec llegó acompañado por Magnus, llamó a la puerta del salón de entrenamiento sin respuesta alguna, entrando ambos luego; Max y Wil se separaban con las respiraciones agitadas.
- Wilhem ve a prepararte, tenemos una misión, saldremos a las diez en punto – Informó. El pelirrojo asintió, pero no se movió. Alec lo miró confundido, Wil estaba sentado en el suelo de espaldas a él y no volvió la mirada para verlo, intentando controlar su respiración desbocada - ¿Han estado entrenando todo este tiempo? No deben excederse y pasar todo el día aquí: no ganan nada agotándose de más.
- Vamos profesor, si Rositas no es capaz de aguantar un poquito de cansancio no merece llamarse Nefilim.
- Magnus – Lo riñó Alec mirando la espalda del pelirrojo confundido, no se había girado ni siquiera intentado corregir a Magnus con respecto a su apellido, al final fue Max quien habló, ignorando el comentario del brujo de ojos de gato.
- Descuida papá, nos gusta entrenar – Aseguró el joven brujo sonriéndole - ¿Verdad Wil?
- S... si – Aceptó incorporándose de inmediato para salir a prisa de la sala. Alec dudó si ir tras él, pero finalmente negó dirigiéndose a su esposo.
- Tú también debes ir a prepararte Magnus -Le instó.
- ¿Qué debería ponerme?
- ¿Vas de caza? – Preguntó Max sorprendido.
- Solo ponte un uniforme de Max o Rafael y…
- ¡Por supuesto que no! Soy Magnus Bane, exijo un uniforme magnifico como yo – Exclamó, su hijo rodó los ojos y su esposo que estaba por replicar, solo suspiró.
- Solo… ponte algo negro- Dijo Max entre risas.
- Algo que te permita moverte con comodidad – Dijo Alec casi a la vez.
- Si, si…. Ve a coordinar cosas aburridas con Jace mientras yo pienso en una buena vestimenta – Lo corrió. El Nefilim dudó dispuesto a salir de la sala. Debía hablar con Jace, porque consideraba que no necesitarían más refuerzos esa noche, había visto buenos avances en Wil esa semana y estaba seguro de que el pelirrojo actuaría a la altura de la misión. Volvió la mirada atrás por un segundo, hacia Magnus que había hecho aparecer una lima para arreglar sus uñas mientras discutía algo con Max. Suspiró, ojalá pudiera decir lo mismo del brujo.
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- Deberías quedarte - Sugirió Magnus apoyado sobre la isla de la cocina del Instituto; se había dirigido allá junto a Max luego de que Rositas se fuera a su habitación por su equipo de caza y Alec se fuese a buscar a Jace. En algún punto, mientras sus hijos le daban ideas para su ropa de caza, Max había mencionado el tema de sus planes de viaje para ese fin de semana con tal naturalidad como si esperase que ya todos lo supieran o al menos lo asumieran. – Acompañarnos de caza; ambos – Volvió la mirada a Rafael quien revisaba el refrigerador - ¿Qué dicen? Ustedes dos, su padre y yo; toda la familia contra los demonios.
- ¿Qué la misión no es de papá y Wil? – Lo molestó Max. Magnus frunció el ceño.
- Si, él también va – Gruñó de mala gana.
- Ya déjalo Pá – Exclamó Rafael sacando medio cuerpo de la nevera que había estado revisando, estaba descalzo y en pantalones de chándal y llevaba en la mano un tarro de mantequilla de maní y una cucharilla en la boca – Igual si se queda, tú y papá seguro lo corren antes de medianoche.
- Exacto. – Concordó el chico azul.
- De hecho, estoy seguro que le terminaran mostrando una escenita medio pornográfica a Wil.
- Exacto – Repitió; Magnus sonrió torcidamente, su hijo sí que lo conocía.
- Y sinceramente, yo tampoco quiero ir de caza con ustedes y terminar viéndola.
- Exacto.
- … Además, Max está desesperado por ir a apapachar a su querido Tavvy.
- Exact… ¿Qué? – Cayó en cuenta - ¿De qué diablos hablas?
- ¿Es a Los Ángeles dónde vas? – Preguntó Magnus de inmediato, sorprendido; sonriendo luego cómplice – Así que por eso tanta prisa en irte.
- La prisa es porque tengo asuntos pendientes allá – Gruñó.
- Espero que sea buscarte una novia, o un novio – Suspiró Rafael.
- Hace mucho que no sales con nadie – Comentó Magnus pensativo – ¿No pensaras en volverte monje o sí?
- ¡Claro que no!
- Que bueno – Suspiró aliviado con dramatismo para luego guiñarle un ojo cómplice – Porque estoy seguro que le gustas a Lisa, es una buena chica.
- ¿Lisa? ¿Qué demonios? – Gruñó - ¡Tiene quince años!
- Pero es muy bonita, y tiene una personalidad muy madura. – Continuó el brujo; Rafael asintió.
- Que ustedes dos vayan por la vida corrompiendo menores no significa que todos lo hagamos – Gruñó.
- Yo no corrompí a nadie – Se defendió Rafael de inmediato.
- Tu padre era mayor de edad – Aseguró Magnus; sus hijos enarcaron una ceja y él carraspeó – Bueno… estaba por cumplir dieciocho así que no cuenta.
- Con la edad que tienes, aun ahora tu relación con papá se puede considerar abuso de menores – Lo atacó el joven brujo.
- ¿Me estás llamando viejo, Maxwell? – Replicó.
- Cada quien entiende lo que quiere – Dijo encogiéndose de hombros; Rafael rio ante eso chocándole de manos. Magnus rodó los ojos.
- No desvíes la conversación, jovencito – Lo riñó – El asunto aquí es que tenemos meses sin conocerte una pareja.
- No sé de qué hablan porque ya lo conocen ¿no? – Dijo con obviedad. Rafael y Magnus se miraron desconcertados.
- ¡Espera! ¿En verdad tienes una relación? – Cuestionó Rafael.
Max no respondió de inmediato, mordió su emparedado masticando bien el bocado ante la mirada atenta de los dos morenos, y solo cuando tragó fue que habló.
- Yo no lo llamaría tanto así – Dijo – Pero sí, tengo un algo con alguien.
- ¡Lo sabía! – Saltó Rafe dando una palmada en el aire y saltando hacía su padre - ¡Págame mis cien dólares!
- ¿Qué demonios…? – Gruñó Max viendo a su padre aparecer un billete que le tendió a su hermano con reticencia.
- Le dije a Pá que tanto viaje tuyo a Los Ángeles y tantos "vine a visitar a Max" de Tave quedándose en el loft, eran por más que ponerse a chismear sobre los institutos.
- No pensé que te gustaran mayores que tu – Lamentó Magnus por haber perdido – Realmente esperaba que le dieras una oportunidad a Lisa – Admitió - Pero al menos Octavian es un buen chico.
- ¿Tave? ¿Que…? ¡Es mi parabatai!... bueno casi – Agregó en un refunfuño ante la mirada de censura de su padre.
- ¿Notaste que no lo negó? – Preguntó Rafael a Magnus, por lo bajo sin ocultar una risita cómplice como si el chico de los cuernos no estuviese presente. Max rodó los ojos moviendo su mano y la cuchara le quedó pegada a la lengua de su hermano - ¡Fá! ¡ife e me suefte!
- Max, nada de magia en tu hermano – Lo riñó Magnus chasqueando los dedos y liberando a su hijo mayor, volviendo luego hacía el menor para hablarle con un tono que intentaba ser serio – Está bien que salgas con Octavian, él es un buen chico y necesita una vida propia fuera de todos sus sobrinos.
- Ustedes también necesitan una, metiches.
- Tráelo para el desayuno del lunes - Propuso Rafael sonriente, ignorando su disgusto – Tiene que pedirme tu mano.
- ¿A ti? Yo soy su padre – Saltó Magnus.
- ¡Por Lilith! Como disfrutare vengarme de todo cuanto molestaste a Jocie – Rafael degustó cada una de sus palabras, él y Magnus tenían una similar sonrisa malvada, planeando como hacer sufrir al chico Blackthorn.
- ¡Por el ángel! ¡No los soporto! – Gruñó dejando el emparedado a medio acabar y con un movimiento de sus manos apareció su morral – Avísenle a papá que me fui sin despedirme por culpa de ustedes – Gruñó abriendo un portal en la cocina y marchándose rumbo al instituto de Los Ángeles, dejando a los dos hombres con idénticas sonrisas divertidas.
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Luego de que Max se fuera, Magnus y Rafael se habían ido a la sala de música a conversar; el menor había preparado sándwiches de mantequilla de maní para él y su padre y se habían sentado rodeados de instrumentos que ninguno de los dos tocaban para discutir del tema que a ambos les preocupaba por igual, el pelirrojo metiche.
Magnus tenía que dejar esa noche en claro quién era mejor compañero de caza para Alec, y Rafael no había dejado de darle consejos sobre las modificaciones de su ropa de caza, o sobre algunos trucos para tener estocadas certeras que enorgullecieran a su padre. Había intentado mantener al margen en todo momento lo que había visto la noche pasada en Juliana's; no tenía sentido alguno preocupar de más a su padre.
Cerca de las diez de la noche, cuando la puerta del salón de música se abrió, ambos habían dejado el tema del pelirrojo y ahora Bane aconsejaba a su hijo sobre cómo evitar enojar tanto a las mujeres, sin duda consejos que necesitaba actualmente debido a sus discusiones con Jocie.
- Magnus, es hora de irnos – Informó Alec al darse paso al lugar, estaba totalmente armado con cuchillos serafín y su fiel arco; tras él entró Wil ataviado también con su ropa de caza sobre la cual llevaba una chaqueta negra de cuero con líneas azules; al igual que Alec, tenía su arco y aljaba listo a la espalda, el bolsillo de esta última se veía abultado por algo; mientras que Magnus… el brujo era otra historia. – No te has preparado – Había reproche en su voz al ver a su esposo vestido tal y como lo había dejado antes.
- No seas exagerado papá – Dijo Rafael bebiendo de un vaso de té frio que su papá había hecho aparecer hacía poco – Pá se viste rápido – Alec soltó una risita sarcástica.
- Eso nunca ha pasado – Dijo; Magnus vistiéndose rápido era un mito más improbable que pie grande. – ¿Dónde está Max? Lo dejé a cargo de ayudarte con la ropa - Gruñó.
- Se fue con Octavian – Informó Magnus, Alec enarcó una ceja – Dijo que lamentaba no despedirse de ti, pero tenía prisa – Su tono que le decía que había algo más; y la risita burlona de Rafael se lo confirmó.
- Creo que se molestó porque pá y yo queremos hablar seriamente con Tave sobre su relación – Dijo intentando contener una risita.
- ¿Su qué? – Alec parpadeó confundido – ¿Maxwell sale con Octavian? – Rafael asintió.
- Deberías unirte a nosotros, vamos a asustarlo como nunca – Bromeó Magnus con una sonrisa maliciosa; Rafael asentía de acuerdo y Alec parpadeaba sin poder creer lo que oía; eran un par de niños.
Wil carraspeó atrayendo la atención de los Lightwood-Bane; Alec lo miró, el pelirrojo tenía una expresión llana, aunque parecía querer ocultar su incomodidad ante lo que escuchaba.
- Tenemos que irnos – Volvió el pelonegro al tema que le atañía, ya luego llamaría a Max por irse a Los Ángeles sin avisarle – Si no estás listo, te quedas Magnus.
- Pá – Exclamó Rafael de inmediato al brujo señalando con los ojos y la cabeza a Wil; porque lo último que ambos iban a dejar era que Alec se fuese solo con él.
- Está bien, está bien; estoy listo – Aseguró chasqueando los dedos para que de inmediato su ropa mudara a un conjunto de caza con algunas modificaciones tal como había advertido antes.
Alec casi se atraganta al verlo y no precisamente porque fuera la primera vez en veinte años que Magnus se vestía tan a prisa: El pantalón de cuero estaba tan ceñido que el ojos azules no estaba seguro si Magnus podría moverse siquiera, y pensaba en eso para no hacerlo en como las líneas del brujo se marcaban excesivamente, resaltando especialmente su entrepierna. Negó para sí; no, no podía enfocarse en ello o perdería la cabeza frente a los más jóvenes.
La camisa de Magnus era un modelo sin manga y cuello de tortuga que no solo ajustaba lo suficiente para distinguir los pezones y abdominales del brujo, sino que la tela a pesar de ser negra, era transparente y le permitía verlos realmente.
- ¿Magnus qué demonios…? - Ahogó Alec en medio de las risitas socarronas de su hijo mayor quien no apartaba la mirada de Wil que observaba al brujo totalmente sonrojado.
- Dijiste que podía hacer algunos arreglos – Se defendió.
- ¡Pensé que le pondrías purpurina! – Exclamó.
- Por favor Alexander, no puedo usar brillo en medio de una misión – Dijo con obviedad – Podría atraer la atención de los demonios.
- Ya llamas bastante la atención, pareces un stripper. – Lo acusó, Magnus sonrió con filo felino tomándolo de la chaqueta y acercándose a él sugerentemente.
- Puedo quitarme la ropa para ti, profesor
Wil que estaba al lado de ambos estranguló un gritito ahogándose con su saliva mientras se daba prisa en girarse para mirar a otro lado totalmente avergonzado mientras que Rafael reía aún más abiertamente por la reacción del extranjero y Alec se sonrojaba cual tomate, hasta las orejas.
- Magnus com…compórtate – Intentó mantener la compostura apartándolo un poco de sí.
- Pá se ve bien – Terció Rafael.
- Además, solo me dijeron que la ropa debía ser negra, y es negra – Se defendió el brujo – Puedo matar demonios de sobreexcitación - Aseguró chasqueando los dedos y apareciendo algunas runas hechas de maquillaje. Alec vio el extremo superior de una runa de bloqueo sobresalir de la tela del pantalón hacía el hueso de la cadera del brujo; la recorrió con los ojos mordiéndose el labio al imaginar a donde llegaría el extremo inferior.
- O a mí – Ahogó por lo bajo, negando con la cabeza para despejar la mente – Andando, vámonos ya – Dijo, dándose medio vuelta y haciéndole una seña a Wil para que también saliera; porque estaba de espaldas no vio a Rafael y Magnus chocarse los cinco satisfechos: Magnus había despertado el deseo de Alec frente a todos, frente a Rosenbauer; y esa noche estaba dispuesto a dejarle claro que su esposo era, de hecho, suyo.
- ¡Y no vuelvan hasta que me hagan otro hermanito! – Gritó Rafael, riendo al escuchar a lo lejos una queja de Alec. Magnus sonrió guiñándole un ojo a su hijo apresurándose luego a seguir a su esposo, chasqueando sus dedos una vez más, apareciendo una aljaba y un arco en su espalda: Alec era un arquero, Rosenbauer también y él no iba a quedarse atrás, aunque no pudiera dar un tiro ni mínimamente acertado sin hacer uso de su magia.
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- La transacción se hará de este lado del puente – Explicaba Alec, habían llegado al puente de Brooklyn, esa noche estaba anormalmente solitario aun para estar por dar la media noche; Wil y Magnus lo escuchaban con atención – Según nuestros informantes, los proveedores llegaran a la una en punto y enviaran una comisión a hacer la transacción; así que debemos sincronizarnos para esa hora.
Tanto él como Wil sincronizaron sus relojes para la hora indicada; Magnus chasqueó los dedos para aparecer en su muñeca, asegurándose de que combinara perfectamente con sus ropas.
- ¿Los mundanos cuándo llegarán? – Preguntó Wil.
- Probablemente algunos ya estén rondando el puente – Aseguró – Yo estaré del lado este para tratar de hacerme con los proveedores; Wil estarás a cargo de intervenir en la negociación en el extremo oeste, Magnus será tu apoyo.
- ¿Yo?... ¿a cargo? – El pelirrojo no pudo evitar su sorpresa.
- ¿¡Estas bromeando!? – Saltó Magnus ofendido. – Vine a la misión para estar contigo no para cuidar su trasero.
- Mejor deje al señor Lightwood a cargo, yo seré su apoyo – Insistió el más joven.
- Ambos vinieron a desarticular la banda de tráfico y para eso deben seguir ordenes – Dijo Alec rotundo, su voz no admitía replica – Y las ordenes ya fueron dadas. Wil te mantendrás oculto hasta que los compradores y proveedores se reúnan, no esperamos más de cinco o seis personas – El pelirrojo asintió no sin duda – Magnus estará vigilando desde aquella viga – La señaló – Ahí tendrás visión de toda la situación y podrás mantenerlo a salvo.
- Por supuesto; con mi excelente puntería – Ironizó ganándose una mirada de reproche del Nefilim mayor.
- Usa tu magia si es necesario – Le instruyó; Magnus masticó una queja que Alec ignoró – Con un poco de suerte podré atrapar al cabecilla mientras ustedes desarticulan al resto de la banda. – Wil asintió justo en el momento en que una alarma resonó en la noche. El pelirrojo se sobresaltó apresurándose en buscar entre sus ropas el celular para callar el sonido. – Wil apágalo, no puede sonar en medio de la misión.
El extranjero asintió, apagando el celular y volviendo a guardarlo; le había pedido a Jocie que pusiese esa alarma para la media noche con una idea en mente; buscó en el bolsillo de su aljaba a prisa.
- Bueno, vamos – Los instó Alec dispuesto a dirigirse al este cuando Wil lo alcanzó tendiéndole un recipiente plástico.
- Feliz Cumpleaños señor Alec – Dijo. Magnus giró el rostro de inmediato al oírlo ¿¡Quién se creía ese mocoso!? Él quería ser el primero en felicitar a Alec.
El ojos azules miró al muchacho con sorpresa, tomando el recipiente y abriéndolo para mirar su contenido con una sonrisa cálida: había pequeños buñuelos dorados. Alec tomó uno probándolo, sabían a canela y estaban muy buenos.
- Son Franzbrötchen – Explicó ligeramente avergonzado – La receta de mi abuela.
- ¿Tú los hiciste? – Preguntó sorprendido, Magnus se acercó para robar uno con mal talante, probándolo.
- Los he comido mejores – Gruñó el brujo arrojando el resto del panecillo por encima de su hombro; la sonrisa de Wil decayó de inmediato. Alec lo riñó con la mirada.
- Están deliciosos – Aseguró tomando el ultimo para comérselo.
- Si quiere…tengo en el instituto – Ofreció. – O puedo hacerle más, son perfectos para desayunar.
- Magnus y yo tenemos planes este fin de semana y no creo que nos pasemos por el instituto – Dijo con un ligero rubor.
- ¿Ah no? – Preguntó desilusionado.
- Pero te tomaré la palabra, ¿Qué tal si el lunes vienes a desayunar al loft y traes? Estoy seguro que a los chicos va a encantarle.
- ¿Desayunar con nosotros? – Se quejó Magnus.
- ¡Si, me encantaría! – Aseguró con emoción renovada; Alec lo abrazó cariñosamente por los hombros, alborotándole el cabello. Magnus masculló una maldición, ya era suficiente, no solo tendría que cuidarle el trasero a ese granjero de rosas, sino que estaba haciendo que Alec lo ignorara.
Se atravesó en medio de ambos obligándolos a separarse, pegándose a su esposo y tomándolo de la cintura para besarlo en los labios sin importarle lo cerca que Wil estaba.
- Magnus – Lo riñó Alec separándose.
- Lo siento ¿No estábamos en la hora de demostremos cariño al cumpleañero y olvidemos la misión? – Preguntó irónico. Alec se aclaró la garganta.
- Es hora de irnos, cada uno sabe lo que tiene que hacer – Dijo recomponiendo la compostura. Wil asintió solemne y Magnus rodó los ojos; esta misión no sería nada de lo que había esperado.
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Refunfuñó ¡Por Lilith! Como le estaba costando contenerse para no arrojar a ese alemán del puente por andarse de ofrecido; él había querido ser el primero en felicitar a su esposo, pero no, el chico se había adelantado y con un obsequio que sabía a Alec le había encantado porque los estúpidos panecillos le habían quedado bastante buenos aunque nunca lo admitiría en voz alta y además, Alec tenía un corazón de pollo, y todo lo que decía "lo hice con mis propias manos" era sinónimo de que él lo adoraría, después de todo todavía guardaba en el armario las manualidades de Rafael y Max cuando tenían seis o siete años.
Observó desde lo alto a Rosenbauer escondido entre las bases de los pilares del puente y tuvo que contener un estremecimiento cuando una brisa fría se sintió. Eso era absurdo, él estaba vestido para deslumbrar a su esposo, no para congelarse el trasero en las alturas.
Le dirigió una rápida mirada al pelirrojo, estaría bien: cualquiera podía hacer frente a unos pocos mundanos. Convocó un portal y sin pensarlo lo atravesó apareciendo más allá del extremo este del puente, a pocos metros detrás de donde Alec agazapado tras un carro estacionado, acechaba a un grupo de hombres lobos que parecían escoltar a un par de hadas.
Magnus sonrió traviesamente acercándose a él con el sigilo de un gato hasta quedar a escasos centímetros y…
- Buuuu – Exclamó Magnus con gracia al oído de su esposo; Alec se sobresaltó al no esperárselo volteándose hacía él de inmediato, causándole una risita divertida a Bane.
- ¿Magnus, que haces…? – Preguntó con el ceño fruncido volviendo la mirada hacía los submundos que había estado vigilando, los cuales comenzaban a moverse. Magnus acunó su mejilla con la mano, haciéndole volver la mirada hacía él.
- Feliz cumpleaños profesor – Dijo mordiendo su labio para jalarlo hacía sí y besarlo aferrándose a él cortándole el aliento, recorriendo su boca por completo, con deseo.
Alec jadeó excitado, mentiría si decía que desde que vio a Magnus en su "ropa de caza" no había tenido la mitad de la cabeza vagando en esos pantalones ceñidos, pero su otra mitad, la sensata, le recordaba que estaban en una misión y que se suponía que Magnus no debía estar allí sino cubriendo a Wil.
Magnus debió prever que el Nefilim iba a apartarse porque tomó la iniciativa tomando las manos de Alec para llevarlas a través de su cuerpo hasta su trasero mientras se pegaba más a él, restregando su cuerpo al del Nefilim, provocándolo y haciéndole olvidar cualquier intento de riña, dejando sus labios para besar su quijada, su cuello, y sonriendo con triunfo cuando al intentar contener un gemido se aferró al brujo; buscando de nuevo sus labios, devorándolos; permitiéndole a sus manos asirse a sus glúteos.
- Magnus… los submundos… - Insistió, Magnus siguió guiando las manos del ojos azules introduciéndolas en sus pantalones. Alec jadeó con sorpresa - ¿No tienes ropa interior? – El brujo sonrió peligrosamente.
- Ups…sabía que vestirme rápido haría que olvidara algo – Le guiñó un ojo mordiendo la piel de su clavícula
- No creo… no tenemos tiempo de…
- Entonces me daré prisa – Aseguró arremetiendo de pronto, rompiendo los botones de su chaqueta y jalando la camisa hacía arriba para despejar la piel de su abdomen la cual recorría con hambre. Alec se aferró al auto contra el que Magnus lo tenía acorralado, conteniendo el aliento al sentir que el brujo chasqueaba los dedos para deshacerse de su cinturón y abrir los pantalones.
Un suave pitido hizo respingar a Alec justo antes de que Magnus le bajara los pantalones, por un segundo su rostro se cargó de confusión, pero al siguiente, cuando un pequeño alboroto a lo lejos se dejó, Alec recordó porque había puesto esa alarma en su reloj. Se suponía que atacarían en ese momento y a juzgar por los gritos de los mundanos que inundaban la noche, Wil había continuado con él plan solo, contando con que Magnus estaría cubriéndolo sin saber que el brujo estaba allí casi al otro lado del puente bajándole los pantalones.
- No Magnus – Lo detuvo con voz seria apartando al brujo y arreglando sus pantalones, la chaqueta no tendría arreglo por lo que se la quitó arreglando un poco su camisa ante la mirada perpleja de su esposo – Estamos en una misión.
- Y eso lo hace más excitante – Dijo volviendo a acercarse a él - ¿No crees?
- No – Repitió con un tono de voz que no daba lugar a replica; el brujo abrió la boca con incredulidad y un poco de decepción – Haz un portal hasta el otro lado del puente – Ordenó; el brujo se cruzó de brazos.
- Se supone que soy un cazador de sombras, no un brujo – Refunfuñó.
- Entonces compórtate como tal y sigue las ordenes – Dijo serio – Wil está allá solo y necesita apoyo.
- Por supuesto, Wil… como digas – Bufó, estaba molesto, pero aun así creó el portal que Alec le pidió. El Nefilim no se detuvo a agradecerle, solo lo atravesó cuchillo serafín en mano, al segundo siguiente estaba en medio del caos: Wil realmente se había apegado al plan interviniendo justo antes de que realizaran el negocio de tráfico y estaban intentando evitar la detención enfrentándose a él.
Wil había inmovilizado ya a dos mundanos y Alec vio con horror a un tercero a lo lejos apuntándole con un arma. Se alarmó, se suponía que eso era precisamente lo que Magnus tenía que evitar: proteger a Wil con su magia cuando obviamente los mundanos estarían armados.
Tomó una flecha y apenas pensándolo disparó atravesando la muñeca del hombre haciéndole soltar el arma que se disparó al caer al suelo. La detonación sobresaltó a todos, incluyendo a Wil y Alec escuchó el jadeó de sorpresa de Magnus que acababa de pasar también a través del portal; no volteó a mirarlo, disparó una segunda flecha en el hombro del tirador para dejarlo fuera de combate y corrió hacia la batalla agradeciéndole a Raziel por haber llegado a tiempo para evitar una desgracia.
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Entró al loft dirigiéndose al sofá con cansancio; eran cerca de las tres de la mañana, habían tenido éxito esa noche en la misión capturando a la totalidad de la banda de trafico de comida de hadas y uno de ellos, mientras lo interrogaban en el instituto había dado el nombre del proveedor por lo que Jace estaría ocupado los próximos días dándole cacería; sin embargo, había algo que no lo dejaba sentirse bien con todo lo ocurrido esa noche.
Vio a Magnus entrar también; el brujo cerró la puerta del loft, se veía cansado y también algo disgustado. Alec suspiró, sabía que estar en una misión no había sido la idea del brujo para iniciar su cumpleaños, y lo último que quería era seguir empeorándolo con una discusión, pero esa noche Bane había ido muy lejos.
- Es suficiente. – dijo Alec serio, estaba bastante agotado: sin duda ya no era tan joven como antes.
- Estoy de acuerdo, estoy bastante cansado – Concedió el brujo chasqueando los dedos para cambiar su ropa "de caza" por un pantalón de chándal y una camisa manga larga de algodón; Alec enarcó una ceja sabía que Magnus se ponía esa clase de ropas cuando estaba enojado con él y sin duda haberlo rechazado no sería algo que olvidaría fácilmente – Prepararé algo de comer y luego me voy a duchar.
Alec lo detuvo tomándolo del brazo.
- Hablo en serio Magnus – Su tono no dejaba lugar a dudas de que lo hiciera – Es suficiente esta tontería de ser un Cazador de Sombras – No admitía replica – No solo me distrajiste y perdí al proveedor principal de la red de tráfico, sino que pusiste en riesgo a Wil hoy.
- ¿Puse en…? ¡No le pasó nada! – Refunfuñó.
- Porque actué rápido- Protestó.
- Oh claro, el heroico príncipe azul – Bufó. – Si te preocupaba tanto debiste quedarte cuidándole el trasero, ya que evidentemente te interesa más que el mío. – Alec se restregó el rostro, esa situación le estaba cansando.
- Te confié la misión de cuidarlo – Fue rotundo – Wil está en entrenamiento, su seguridad es mi responsabilidad y lo dejé a tu cuidado porque no puedo estar en todos lados a la vez y confío en ti más que en nadie, pero te comportaste como un inmaduro y pusiste en riesgo a ese jovencito. – El brujo bajó la mirada con cierta vergüenza debía admitir que no había creído que los mundanos estuviesen armados, para él que Alec lo dejara a cargo del pelirrojo había sido como una broma de mal gusto, prácticamente una burla después de la discusión que habían tenido en el despacho de Alec; no se le había ocurrido pensar que era en realidad, una demostración de su confianza por él. - Si de verdad quieres entrenar lo vas a hacer como se debe, como lo hizo Max – Continuó - En el instituto empezando de cero. No voy a seguir entrenándote y no irás a las misiones a menos que te comportes como un brujo experimentado y no como un inmaduro cazador de sombras.
- Vale… - Aceptó; estaba enojado, con Alec, con Rosenbauer y consigo mismo, pero al mismo tiempo sentía que no tenía energía para seguir manteniendo ese enojo: esa noche había querido superar al pelirrojo ante los ojos de Alec y solo había conseguido decepcionarlo y terminar de arruinar todo por completo.
Alec lo notó y suspiró, jalando un poco a Magnus de la mano para hacer que se sentara junto a él en el sofá.
- Es mi cumpleaños Mags – Dijo bajando la rigidez de su tono.
- Y lo estoy arruinando, lo sé – Susurró avergonzado.
- Yo no he dicho eso – Lo contradijo – Pero no quiero celebrarlo con un aprendiz de cazador de sombras – Aseguró acunando sus mejillas con las manos- Quiero disfrutarlo con mi esposo, el gran brujo de Brooklyn.
Magnus sonrió ante eso asintiendo en aceptación.
- Pues este brujo necesita ayuda para quitarse todo el maquillaje de las runas en la ducha – Dijo y Alec lo besó sonriendo aliviado: realmente había sido entretenido eso de ser el "profesor" de Magnus, pero como tutor de Wil sería irresponsable permitir que la situación de esa noche se repitiera.
_OO_OO_OO_
¿Qué les pareció? Espero les haya gustado; al menos todo salió bien, Wil no salió herido y Malec no discutió muuuuy en serio. La vestimenta Nefilim de Magnus, subí un fanart en fb del cual me inspiré por si quieren pasarse :)
El próximo capítulo se llama "Cumpleaños" Alec celebra los tan temidos (para Magnus) cuarenta, Malec tendrá una buena cena y veremos que planea hacer Rafael con los 100 dólares que le ganó a Magnus
Nos leemos pronto
Besos :3
