Todos los personajes pertenecen a JKR
N/T: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, Ariadi Potter, sólo lo traduzco del inglés con su permiso.
Capítulo 8: Una situación desagradable que se vuelve feliz:
A la mañana siguiente, Hermione tenía una visión más clara de los sucesos de ayer y sabía una cosa: Hermione Granger había encontrado a alguien que la igualara y las circunstancias eran tales que ninguno de ellos podía declarar sus sentimientos. Oh, el señor Malfoy intentó declarar los suyos, pero falló miserablemente. Ella declaró los suyos con su mano. Oh, eran infelices circunstancias, de hecho. Debía olvidarse del hombre y de su gesto duro, de sus anchos hombros y de su agradable pelo. Debía relegar la otra noche a su memoria y no pensar en ello otra vez. Difícilmente podía vivir con la vergüenza y el arrepentimiento que sentía. Encabezó hacia el desayuno, su tobillo ahora curado, su orgullo aún magullado.
-Bueno, lo hice –le contó Harry a Hermione y a Remus una vez en el desayuno-. Le he propuesto matrimonio a la señorita Weasley, ¡y ha aceptado!
-Enorabuena, Harry, hijo mío –dijo Remus. Se levantó para sacudir la mano del hombre. La sonrisa de Harry era contagiosa, así que Hermione tuvo que sonreír también.
-¿Qué piensas tú, prima? He escogido a una buena esposa? –preguntó él.
-Pareces perdidamente enamorado de ella y ella de ti. ¿Qué podría ser mejor? –preguntó Hermione. Estaba feliz por él, estaba feliz por los dos. Si solamente pudiera encontrar a un hombre al que no le importara, sus situaciones no eran iguales.
Ayer, después de darle una bofetada al señor Malfoy, él dijo:
-Bueno, ahora conozco sus sentimientos, ya que los siento intensamente en mi mejilla. No me quedaré mucho más. Me aseguraré de que el sirviente de Harry venga a ayudarla en la casa –con su mano en la mejilla, tocó el timbre y esperó por el mayordomo de espaldas a Hemione.
El mayordomo vino y Hermione le dijo:
-Manning, ¿le importaría darnos al señor Malfoy y a mí un momento? –el hombre hizo una reverencia a Hermione y cerró la puerta otra vez. Draco se giró hacia Hermione y ésta le dijo-: Me cuenta que no soy mejor que la suciedad de sus zapatos y espera que esté encantada. Siento haberle pegado, eso estuvo mal, pero usted también estaba equivocado. Dijo que quería ser mi amigo, posiblemente más, y aún me insulta en cualquier ocasión. ¿Cómo se sentiría usted? Yo soy un ser humano, con emociones y mal humor, y puedo decirle cómo me siento. Me siento entristecida por sus palabras. Me siento desconsolada. No hay nada que me gustaría más que ser su amiga o algo más, pero solo cuando y si me ve como su igual. No intentaré probarle lo que valgo, porque no debería tener que hacerlo, así que gracias y adiós –hizo sonar el timbre otra vez. Manning salió y la ayudó a entrar en la casa.
Draco se quedó allí y pensó en sus palabras, y no supo qué hacer.
Ahora ella estaba sentada mientras Harry hablaba sin parar de la boda que se celebraría en un mes y cómo la madre y el padre de Ginny se mudarían a la Mansión Potter, y ella sabía más que nunca que debía esforzarse por aprender, y rápido, pues en un mes estaría sin casa una vez más.
-Señor Lupin –dijo Hermione-, ¿cree que podría acompañarme a la casa de Snape para recibir mis lecciones?
-Pensaba que el señor Malfoy te llevaría –dijo él.
-Creo que cambió de opinión –dijo Hermione. O mejor, ella la cambió por él cuando le dio un bofetón. ¿Por qué, oh, por qué golpeó al hombre? Solo porque él fuera altanero y presumido no era razón para abofetearle. Era una razón para evitarle, pero no para abofetearle.
-¿Pasó algo que no me hayas contado entre el señor Malfoy y tú?
-Para nada, Harry –dijo ella.
-No sientes ningún afecto por él, ¿no? –preguntó. Ella le dedicó una expresión de asombro-. Lo siento, Hemione, pero la pregunta rogaba por salir.
-En ese caso –dijo Lupin-, les ruego que me disculpen. Me encontraré con usted a las diez en la gran escalera, señorita Granger –Lupin se levantó y abandonó la mesa.
-Hermione, estoy esperando –dijo Harry. Ella miró hacia abajo-. Soy tu único pariente varón, no, tu único pariente vivo, y tu bienestar es de la mayor importancia para mí. Dime, ¿te encuentras favorecida por el señor Malfoy?
-Para nada –le informó ella.
-Entonces dejaré el asunto en paz. Hay algo más que debo contarte, y las noticias son malas, me temo. Ron Weasley ha perseguido y ganado los afectos de otra. Tenía la esperanza de que mi buen amigo te atrajera, e igualmente tú a él, pero se encuentra enamorado de otra. De la señorita Lovegood, al parecer –dijo Harry, elevando sus cejas.
-¿Hay algo incorrecto con la pareja, Harry? –preguntó ella-. Si se preocupa el uno del otro y están bien juntos, ¿dónde está el daño?
-Tienes razón, Hermione, perdóname. Hablando de cosas menos serias, ¿recuerdas al hermano de Ron y Ginny, Fred? Uno de los gemelos.
-Le recuerdo –dijo ella, tomando un sorbo de té.
-Me pidió permiso para cortejarte. ¿Qué dirías a eso? –le preguntó.
-Harry, no le habrás dado permiso, ¿no? –le preguntó mientras se levantaba.
-Siéntate, Hermione. Le dije que me lo pensaría, y quería consultarte. Él es un buen hombre, posee si propia tienda y estarías bien servida y atendida, y sería un buen marido para ti.
-Pero yo no le amaría, ni él a mí –dijo ella.
-El amor llegaría con el tiempo –dijo él.
-¿Por qué a ti se te permite la cortesía de tener amor y matrimonio? ¿Es que yo no merezco la misma cortesía? Te prometo, primo, que cuando te cases encontraré mi propio destino, una profesión de algún tipo y un hogar de mi propiedad. No acapararé más tu amabilidad una vez seas un hombre casado, no busques ningún pretendiente más para mí –comenzó a salir del comedor. Harry también se levantó.
-¡Hermione, vuelve aquí! –dijo secamente. A ella nunca le había hablado en semejante tono. Volvió a la habitación.
-Perdóname, Harry. Haré lo que creas conveniente –dijo con una inclinación. Otra vez intentó salir de la habitación cuando él se precipitó sobre ella tan de repente que tiró su silla al suelo.
-Hermione, por favor, no asumas que actúo por otra cosa que no sea tu propio interés. Nunca te habría pedido que vinieras si sólo pretendía que te marcharas de nuevo. La Mansión Potter es tu hogar ahora, para siempre, si quieres que lo sea. Mi matrimonio con Ginny no lo hará diferente –dijo él. Puso sus manos en los hombros de ella.
-No lo hará diferente para ti –dijo ella-, pero quizá para ella sí. No puedes hablar por la futura señora Potter, señora de la casa.
-Hermione, por favor, quiero que sepas que si no deseas una unión con Fred Weasley, le diré que no, y me haré cargo plenamente del rechazo, Sólo piénsalo, pero elige con tu corazón y no con tu cabeza, por favor –le besó la frente y dejó la habitación.
Un rato después, estaba sentada en primer escalón, leyendo un libro sobre encantamientos que Remus le había dado, y estaba esperando a que él bajara las escaleras para llevarla a clase. El timbre de la puerta principal sonó.
-¡Yo abriré la puerta, Manning! –agarró la puerta y la abrió con una sonrisa para ver a un solemne señor Malfoy al otro lado, Cerró la puerta de nuevo, asombrada.
El timbre sonó otra vez. Manning camino hacia la entrada.
-Señorita, ¿quiere que abra la puerta?
-No, Manning, yo la abriré –dijo ella. Respiró hondo y la abrió de nuevo.
-Creo que prefiero que me abofetee a que me cierre la puerta en las narices, pero no estoy seguro. Ninguna es agradable –dijo él.
-Podría repetir ambas para que pueda dar una opinión con fundamento –dijo ella.
Él pensó que ella era divertida y encantadora, incluso si le había irritado.
-Hoy no, gracias –dijo él-. ¿Está lista para ir a la casa de mi padrino?
-¿Tiene la intención de llevarme?
-Otra vez no –dijo, más para sí mismo que a ella-. Como le dije una vez, soy un hombre de palabra. Me ofrecí a ser su tutor y eso haré. Le dije a mi padrino que yo la escoltaría hasta Spinner's end y eso haré. ¿Es alguno de estos conceptos demasiado difíciles para su entendimiento?
-Le golpeé ayer –dijo ella.
-Estoy enterado, tanto como mi mejilla. También sé que me lo merecía, ligeramente. Fue incorrecto decir que usted no era digna de mí, y estaba equivocado al asumir que querría verme como algo más que un amigo. Me gustaría empezar de nuevo, si podemos –hizo una reverencia y dijo-: Soy el señor Draco Malfoy, de la Mansión Malfoy, primer y único hijo de los difuntos Lucius y Narcissa Malfoy. Es un honor y un privilegio conocerla.
Ella acercó la mano a él y éste tocó las puntas de sus dedos y los sostuvo suavemente en su mano. Ella bajó ligeramente la cabeza y, con su mano todavía en la de él, dijo:
-Soy Hermione Jean Granger, de Kent, hija de los difuntos Henry y Jane Granger, prima de el señor Harry Potter, del Valle de Godric. Es un honor no abofetearle.
Él sonrió y besó su mano.
-¿Nos vamos?
-Debería decírselo a Remus, ya que él iba a llevarme, necesito cambiarme de ropa –dijo ella. Corrió a entrar de nuevo en la casa y momentos después había vuelto. Se había puesto un sombrero de ala ancha de paja con un lazo rojo y un vestido de color rosa con un modesto corpiño.
-¿Se cambió de atuendo? –preguntó él. Ella miró hacia abajo. Ahora sentía vergüenza de haberlo hecho. Él añadió rápidamente-: Me alegra que lo hiciera, pues ese vestido le sienta bien. ¿Nos aparecemos?
-¿Qué le parece si hacemos una aparición conjunta? –preguntó ella.
-¿Es una excusa para tocar mi brazo? –preguntó él, divertido.
-Señor, me ofende que piense tal cosa –dijo con una sonrisa cálida. Él la cogió del brazo y les apareció en Spinner's end.
La casa de Spinner's end era oscura y siniestra.
-¿El señor Snape vive aquí? –dijo Hermione.
-Sí, pero sólo en los meses de verano y vacaciones. Es profesor en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería durante el año –replicó Draco-. Usted no acudió a esa escuela, ¿no?
-No, mi madre era reacia a dejarme ir tan lejos, así que el padrino de Harry, Sirius, encontró una pequeña escuela para niñas, el Colegio Lakewood para chicas, en Londres. Sin embargo, solo fui dos años. Una vez que mi madre se casó, me hizo volver a casa –dijo Hermione.
-¿Por qué?
-Mi padrastro no estaba al tanto de lo que yo era. Mi madre no quería arriesgar su matrimonio o nuestro hogar. En el pueblo no estaban bien vistas las cosas mágicas. Me permitió continuar mi educación muggle, leyendo, escribiendo, apreciando el arte, pero eso fue todo.
-Eso es horrible –dijo él.
-Mi madre hizo lo que creyó mejor. Tenía que asegurar nuestro futuro y, para ella, encontrar otro marido era la única forma de hacerlo. Él también era un buen hombre –dijo Hermione.
-Buena cosa que, tan pronto como murió su madre, él se casara de nuevo y le hiciera encontrar su propio camino en el mundo sin una dote o una recomendación –dijo Draco-. Le ruego me disculpe, señorita, pero ese no es un buen hombre –Draco empezó a caminar hacia la casa, pero ella se mantuvo donde estaba. Él caminó hacia ella y dijo-: Le garantizo que si llega tarde mi padrino no será lo suficientemente amable para seguir enseñándola.
-¿Y se supone que debo entrar ahí por mi propio pie?
-¿Tiene miedo? –preguntó con una sonrisa torcida.
-Es bastante formal, pero no diría que estoy asustada. Aprensiva sí –ella se acercó dos pasos a la puerta.
Él dio dos pasos, de manera que estaba muy cerca de la chica, e inclinó rostro hacia el de ella. Levantó el ala del sombrero y dijo en un tono bajo:
-Entonces tendré que quedarme para protegerla, incluso si no está asustada –su aliento se sentía cálido contra su cara. Ella le miró a los ojos y notó por primera vez que eran plateados. Un color de ojos muy extraño.
-No necesito protección, pero sí un acompañante –dijo ella. Él permaneció cerca de ella y ésta puso su mano en la solapa de su chaqueta oscura y se inclinó de puntillas-. Sin embargo, si usted tiene miedo, haré lo que esté en mi poder para protegerle –volvió a posar su peso en los talones.
Él no pudo evitar sonreír. Le sostuvo la mirada y la sonrisa de ella rivalizaba con la suya propia. Snape estaba en el marco de la puerta y dijo:
-¿Ustedes dos planean mirarse el uno al otro todo el día o deberíamos empezar nuestra clase?
Severus Snape encontró que Hermione Granger era irritante, molesta y una de las mujeres más brillantes, no, de las personas más brillantes que había conocido. Ella ya sabía mucho sobre la elaboración de pociones, aparentemente de manera autodidacta o por libros. Draco sabía que la elaboración de pociones era mejor aprenderla con la práctica que leyendo, así que él también estaba impresionado.
Después de la lección, Snape hizo que su sirviente preparara el almuerzo. Hermione le preguntó sobre Hogwarts y Snape le dio un libro para que lo leyera: Historia de Hogwarts. Él le contó todo sobre a escuela de magia y ella estaba absorta con su historia.
-¿Crees que alguna vez me podrían dar el trabajo de profesora? –dijo ella.
-Quizás algún dia, si continúas estudiando –dijo Snape. Ciertamente, él nunca lo descartaría como una posibilidad para la joven.
Cuando ella y Draco se marcharon, empezaron a caminar sendero abajo.
-¿Por qué preguntaste por un trabajo en Hogwarts? –preguntó Draco.
-Harry va a casarse a finales de verano. Debo encontrar un lugar para entonces. Me dijo que era bienvenida en su casa, pero él quiere que sus suegros vivan allí también. Creo que sería incómodo –dijo ella.
Él hizo una mueca.
-Creo que sería horrible, ¡vivir con todos esos Weasleys!
Ella sonrió.
-¿Qué sabe de Fred Weasley?
-Todo lo que sé del tipo es que tiene el pelo rojo –dijo Draco.
-Él le pidió permiso a Harry para cortejarme –Draco dejó de caminar. ¿Qué fue lo que ella dijo? Ella se volvió hacia él-. ¿Señor Malfoy? –preguntó-. ¿Pasa algo?
-¿Qué fue lo que el señor Potter le contestó al canalla? –preguntó él.
-Dijo que la decisión era mía. Si le rechazo, él le dirá que no –caminó hacia Draco y dijo:- ¿Qué cree que debería decirle?
-¿Por qué me pregunta a mí? –preguntó Draco con el ceño fruncido.
-Somos amigos. ¿No fue eso lo que decidimos esta mañana? Te pregunto tu opinión del asunto como mi amigo.
-Depende de tu corazón. ¿Qué te dice? –preguntó él. Ahora estaba más cerca. Ella ni siquiera se había dado cuenta de que se había acercado más. Eso era porque estaba perdida en sus ojos plateados.
-Mi corazón me dice que espere al amor, pero no todo el mundo es lo bastante afortunado para encontrarlo –dijo ella. Miró hacia abajo. El cerró el hueco que les separaba, alcanzó su sombrero y se lo quitó. El lazo rojo, que estaba flojo, se deshizo. Él sostuvo el sombrero a su lado.
Los largos y finos dedos de su otra mano, todo músculos y tendones, se elevaron para acariciar su rostro. Una brisa de verano le movió el pelo en su cara y él lo retiró.
-Tengo miedo de decir algo –admitió él.
-¿Y eso por qué? –inquirió ella.
-Podría golpearme otra vez –sonrió. Sus nudillos rozaron la mejilla de la chica, y luego se movieron por su brazo desnudo para atrapar su mano-. No se case sin amor, señorita Granger. Usted se merece amor.
-Todos lo merecemos –dijo ella simplemente.
-Si sólo fuera así de fácil –dijo él. Retiró su mano de la de ella y, cogiendo el sombrero con las dos manos, lo colocó de nuevo en su cabeza-. Quizás pueda ver su casa desde aquí. Yo tengo otro compromiso.
-¿Podría señalarme el camino hacia la mansión Potter? –preguntó ella.
Él sonrió.
-Sé que lleva su varita, ya que la usó en la lección de hoy, así que aparézcase allí. Estoy seguro de que la protección de la casa no le prohibirá entrar, como hace conmigo.
De repente parecía aprensiva otra vez. Ella asintió y dijo:
-Por supuesto, aparición. Bueno, buen día, señor Malfoy, gracias –él asintió y se apareció de vuelta en la Mansión Malfoy.
Aparición. Ella nunca había aprendido a aparecerse. Sentía vergüenza de decírselo a alguien mágico. También tenía miedo de intentarlo por sí misma. Sabía que acarrearía resultados desastrosos. Continuó caminando sendero abajo. Esperaba que el pueblo estuviera en la dirección a la que iba y, una vez allí, encontraría a alguien que la llevara a la Mansión Potter.
Draco llegó a la Mansión Malfoy y se dio cuenta de que no había quedado con Hermione para la próxima clase. Quería empezar con lo primero mañana por la tarde. Quizás aún no se había aparecido en la Mansión Potter. Se apareció de vuelta a donde la había dejado y, de hecho, la vio caminando sendero abajo en una dirección completamente errónea.
La llamó.
-Señorita Granger, ¿puedo preguntar a dónde va?
Ella se dio la vuelta y dijo mientras el corría hacia ella:
-Hace un día maravilloso, pensé que podría ir caminando al pueblo y luego a la Mansión Potter.
-El pueblo está en el otro lado. Tiene un sentido de la orientación muy malo, ¿no? –dijo a la vez que apuntaba hacia detrás.
-Oh, gracias, señor. ¿Hay alguna razón para que volviera?
-Quiero empezar nuestras clases mañana. Puedes traer al señor Lupin si lo crees conveniente. Ajustaré mis protecciones para dejarla entrar. Simplemente aparézcase allí en la tarde, si está de acuerdo –dijo él.
-Me parece bien –dijo despacio.
La miró con los ojos entrecerrados. Algo se le ocurrió. No debía ser capaz de aparecerse. Sólo había recibido dos años de educación mágica. Por supuesto que ella no podía aparecerse. Eso podía ser otra cosa más que podía enseñarle.
-Creo que enviaré mi carruaje a por usted en vez de eso, si usted quisiera –le ahorraría la vergüenza de averiguar su secreto.
Ella sonrió ampliamente.
-Eso me gustaría, señor –dijo ella.
-Hasta mañana, señorita, e intente no perderse cada dos por tres y, por favor, no acepte ninguna proposición del señor Weasley.
-¿Y qué pasa si me ofrece algo que está por encima de cualquier cosa? –dijo bromeando.
-Me gustaría ver que le puede ofrecer que le tiente –dijo, y luego: -¿De verdad quiere dar ese paseo? Si está cansada puedo aparecerla de vuelta a la Mansión Potter. Tengo tiempo antes de mi compromiso.
-¿Está seguro de que no busca simplemente una excusa para sostener mi brazo? –dijo ella, recordando lo que él había dicho antes.
-Por supuesto que sí, ¿es que había alguna duda? –preguntó con una sonrisa.
Le ofreció el brazo y ella puso su mano encima cuidadosamente. Acarició el paño fino de su chaqueta, levantó la vista hacia sus ojos y dijo:
-Usted sabe mi secreto, ¿no?
-¿Qué secreto? ¿Qué usted está secretamente enamorada de mí o que no puede aparecerse? –dijo él. Ella se sonrojó. Cuánto había esperado él para ver ese sonrojo otra vez-. De todas formas me doy cuenta de que sólo una de esas afirmaciones es la verdad.
-Por supuesto, porque SÍ que sé como aparecerme –dijo bromeando con una sonrisa maliciosa.
-Ah, ya veo. Pensaba que esa era la mentira. Es bueno saberlo, señorita Granger, es muy bueno saberlo –la mano de Hermione continuaba descansando en su brazo. Él puso su otra mano encima y la apareció en la Mansión Potter.
Una vez allí, el hizo una reverencia y dijo:
-Recuerde, no acepte proposiciones de ningún tipo –"a menos que las hagas yo" pensó en su cabeza.
-Intentaré resistirme –dijo antes de que se desapareciera. Ella giró en el sitio y corrió a entrar en la casa. ¿Cómo podía un día que empezó de manera tan desdichada terminar como uno de los mejores de su vida? Realmente, las cosas no tenían mucho sentido aquí en el Valle de Godric y por una vez estaba feliz de ese hecho.
(N/A: En el siguiente capítulo: Draco enseña a Hermione unas cuantas cosas y aprende otras él mismo)
N/T: les agradecería que me avisaran si opinan que algo no está bien traducido o cometo alguna incoherencia.
Si a alguien le interesa leer la historia en inglés (Arrogance and Ignorance), dejar un review directamente en el original para que la autora lo reciba de forma directa o ver el profile de la autora (AnneM. Oliver) puede hacerlo a través de My Favourites en mi profile. Yo le haré llegar algunos de los reviews, de todas formas.
Por otra parte, les pido disculpas por haber tardado tanto en actualizar.
