Cortito pero necesario para continuar con la trama.


Capítulo 8

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Hermione

—¿Estás feliz de volver a casa, Crookshanks? —le preguntó Hermione al gato que estaba a punto de dormirse en el sofá. La bruja soltó un suspiro y se aferró a su taza de té. El sol se había escondido hacía varias horas y ella aun no conseguía sentir sueño. Todo lo contrario a Crookshanks, que se había quedado dormido plácidamente en ese sofá... donde tantas veces Harry la había esperado llegar.

Su mejor amigo volvió a su mente y Hermione no pudo evitar preguntarse que estaría haciendo en ese momento. ¿Estaría dormido? ¿O estaría tan poco somnoliento como ella? Habían pasado tantas cosas en esa semana que su mente no podía dejar de pensar. Se llevó la taza de té a los labios y dio un sorbo, mientras sus mejillas se teñían de rojo, como cada vez que recordaba la confesión de Harry. Sí, muchas cosas extrañas habían sucedido pero la más fuerte para ella había sido escuchar esas palabras de sus labios, ese beso...

Nunca había estado tan cerca de Harry como aquella vez. La había besado y Hermione todavía no podía interpretar que era lo que había sentido, todo había sido tan rápido. Harry le había pedido que no le diera muchas vueltas a ello, pero le era imposible no hacerlo.

Los siguientes días se presentó al Ministerio, hizo su trabajo, completo papeleos, atendió a magos importantes, pero su concentración era tan mala que hasta su secretaria lo notó.

—¿No ha pensado en pedirle unos días a Kingsley? —le preguntó preocupada mientras le servía café en su despacho —. Me haré cargo de todo lo que pueda, señorita Granger. Pareciera como si estuviera a millas de distancia, tal vez necesite descansar.

Hermione negó con la cabeza mientras firmaba papel tras papel.

—Sabes que no puedo. Ya me tomé varios días libres cuando Ron y yo... ya sabes —suspiró —. Si la jefa de Departamento hace esto, no sería de gran inspiración para los demás.

—Pero no está en condiciones, señorita —dijo con la mirada baja —. No sé cómo decirle esto, pero me ha entregado varios papeles incorrectos, otros sin firmar... Eso nunca había pasado desde que trabajo con usted.

Hermione la miró sorprendida.

—¡Catelyn! ¡Deberías habérmelo dicho antes! —la regañó pasándose las manos por ese cabello desordenado.

—Lo siento. No me atrevía, yo... sé que ha pasado por una situación muy difícil.

—Tráeme todo lo que he hecho mal y lo terminaré de arreglar hoy —le ordenó y su secretaria abrió los ojos como platos.

—Pero ya es tarde, señorita Granger. Todos se han ido a casa, ¿no debería hacer lo mismo?

—Tú solo tráeme los papeles y ve. Estaré bien.

Catelyn hizo lo que Hermione ordenó y la bruja se quedó gran parte de la noche trabajando, preguntándose desde cuando no quería volver a casa. Sabía perfectamente la respuesta, pero se negó a aceptar que aquello estuviera ocurriendo y solo se dedicó a trabajar.

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—Hermione... Hermione...

La voz de Harry la hizo abrir los ojos de a poco, se preguntó si estaba soñando. Harry ya no vivía más con ella, era imposible que estuviera en su cama... Pero al abrir completamente los ojos, se dio cuenta de que todavía seguía en el Ministerio. Su mejor amigo estaba inclinado hacia ella, con las manos apoyadas en sus hombros. Sorprendida, Hermione se levantó de un salto y tan abruptamente que le golpeó la cabeza a Harry.

—¡Merlín! —exclamó él llevándose una mano a la frente. Hermione se cubrió la boca.

—¡Oh, Harry! ¿Estás bien? —le preguntó rápidamente mientras él se frotaba la cabeza.

—Eso dolió —rio.

—¿Qué haces aquí? ¿Me he quedado dormida? —susurró mirando a su alrededor. Parecía que ya era de día.

—Tus empleados no se animaban a despertarte, así que me fueron a buscar —sonrió como si aquello fuera lo más divertido del mundo —. O te tienen demasiado respeto o miedo.

—Oh, cállate —rio ella. La primera risa en días.

—Ahora dime... Tu secretaria me ha dicho que has estado trabajando sin parar, ¿por qué? —le preguntó Harry preocupado y Hermione se encogió de hombros.

—Siempre he sido así. Lo sabes.

—Pero quedarte dormida de esa forma... —insistió y Hermione terminó por interrumpirlo, no quería escuchar más de ello:

—Mejor dime cómo estás. No me has escrito, estoy algo enfadada.

Harry la miró sorprendido. Pero era completamente cierto, no había hablado con él desde San Mungo y los días sin estar comunicados le parecieron eternos.

—Estoy bien. Siento no haberte escrito antes, ahora que he vuelto a la normalidad, Kingsley no me deja en paz ni un instante —suspiró —. Quiere que me encargue de ayudar a los nuevos aurores, chicos primerizos que apenas saben lo que hacen...

Otra vez Kingsley y su obsesión con el trabajo. Si lo veía lo iba a matar.

—Debería darte más tiempo de descanso —dijo enojada.

—Lo mismo digo para ti.

—Yo no me convertí en gato por un mes, Harry —frunció el ceño Hermione, haciéndolo reír.

—Pero has pasado por un shock emocional... ¿o me equivoco? Unas vacaciones te vendrían muy bien.

—Oh ya basta, Potter —dijo comenzando a ordenar los papeles que había dejado en su escritorio, mientras una sonrisa boba permanecía en su rostro. No entendía que le estaba pasando.

—¿Cómo está Crookshanks? ¿Se ha acostumbrado otra vez a tu casa?

Hermione asintió.

—Está feliz, usando el sofá todo el tiempo, comiendo y pidiendo caricias todo el rato. Sano y alegre como siempre —respondió ella.

—Me ha robado el sofá, eso no me alegra para nada —bromeó Harry —. Aunque sabes... ya he comenzado a extrañar a ese gato revoltoso.

¿Solo a Crookshanks extrañaba? Hermione se mordió los labios para no soltar tan estúpida pregunta. No quería burlarse de sus sentimientos, herirlo. Harry ya había pasado por demasiadas cosas.

—Él también te extraña —soltó y era totalmente cierto. A veces Crookshanks se ponía a maullar sin razón, ese lazo que había formado con Harry parecía ser indestructible.

Un silencio dominó la habitación, mientras Hermione no podía dejar de pensar...

"Puedes venir a verlo cuando quieras. Podríamos hacer té y comer las galletas de chocolate de la alacena, esas que tanto te gustan" Quería soltar, pero su boca parecía estar sellada.

—Creo que es mejor que vuelva al trabajo —carraspeó Harry caminando hacia la puerta.

—¡Espera! —salió de su boca, sin siquiera proponérselo. Su mejor amigo volteó y la miró sorprendido —. Yo... si tú... si tú quieres... podríamos... —balbuceó muy roja y sin poder formar una frase coherente —. Yo...

La puerta se abrió de repente y Kingsley se asomó.

—¡Harry! ¿Por qué te fuiste así? ¡Te necesitamos! ¡Rápido! —exclamó tomándolo del brazo y sacándolo de la habitación, sin siquiera dejar a Harry despedirse.

Hermione se quedó allí, inmóvil, sintiendo como su corazón latía rápidamente contra su pecho.

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Todavía el encuentro que había tenido con Harry en el despacho rondaba en su cabeza. Una poción para calmar su corazón, a Hermione le hubiera gustado que existiera una. Se acostó en la cama, sintiéndose asustada por esos pensamientos. Crookshanks no se acercó, prefirió quedarse en el sofá y Hermione se sintió más sola que nunca. Un nudo se le formó en la garganta mientras esa vieja película de vaqueros se reproducía en el televisor, esa misma que había visto con Harry cuando estaba dentro de Crookshanks. Se abrazó a la almohada.

No importaba cuantas veces repitiera ese "no" en su cabeza, o cuantas veces intentara bloquear esos sentimientos en su corazón... A Hermione no le gustaba mentir, o mentirse a sí misma.

Por eso aunque era doloroso y le provocaba miedo, comenzaba a reconocerlo:

Extrañaba a Harry y más que nunca.

...Continuará...

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